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Las intervenciones más importantes de Estados Unidos en América

Análisis

Rubén Asenjo
Rubén Asenjo
Periodista apasionado por la actualidad internacional y la geopolítica. Escribo para entender el mundo en constante cambio y compartir perspectivas que despierten la reflexión y el debate. Comprometido con la búsqueda de la verdad y las historias que impacten e inspiren.

Desde la ocupación de Cuba en 1898 hasta la intervención en Venezuela en 2026: cómo Estados Unidos ha moldeado la historia política de América mediante invasiones, golpes de estado y operaciones encubiertas.

Durante la historia moderna, Estados Unidos ha ejercido una influencia militar decisiva en los asuntos internos de América, dejando un rastro de intervenciones que han moldeado en gran medida la historia política del continente. Desde invasiones directas hasta operaciones encubiertas diseñadas por agencias de inteligencia, Washington ha utilizado consistentemente la fuerza militar como instrumento de política exterior para proteger sus intereses económicos, estratégicos e ideológicos. Este patrón de intervención, que aumentó durante la Guerra Fría, continúa en la geopolítica regional contemporánea con el objetivo último de quitar toda influencia a China y Rusia del continente.

Cuba: el inicio de la hegemonía estadounidense en el Caribe (1898)

La guerra hispano-estadounidense de 1898 marcó el punto de ruptura en la región. Tras la explosión del USS Maine en La Habana, Estados Unidos entró en combate contra España, ostensiblemente para apoyar la independencia cubana. Sin embargo, la ocupación militar que siguió entre 1898 y 1902 reveló otras intenciones.

Los gobiernos estadounidenses no liberaron solo a Cuba, sino que la subordinaron mediante la Enmienda Platt, que legitimaba las intervenciones futuras en los asuntos internos de la isla. Este mecanismo constitucional permitió a Washington intervenir militarmente en Cuba en múltiples ocasiones y ejercer un control de facto sobre sus decisiones de política exterior.

Nicaragua: la ocupación de dos décadas y las guerras bananeras

El desembarco de marines estadounidenses en Nicaragua el 4 de agosto de 1912 inició una ocupación que se extendería hasta 1933. La justificación oficial fue proteger los intereses de ciudadanos estadounidenses durante una crisis política interna, pero la realidad era más compleja. Estados Unidos buscaba asegurar que ningún régimen centroamericano desafiara su dominio geopolítico en la región, especialmente después de haber fracasado en sus esfuerzos por obtener el control de un futuro canal interoceánico.

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Durante estos 21 años, Washington respaldó al presidente Adolfo Díaz, una figura política que servía los intereses estadounidenses sobre los de su propio pueblo. La ocupación militar, conocida retrospectivamente como parte de las «Guerras Bananeras», estableció un precedente preocupante en el que Estados Unidos estaba dispuesto a mantener tropas en suelo latinoamericano durante períodos prolongados para garantizar gobiernos dóciles.

México: Veracruz y la Expedición Punitiva contra Pancho Villa

La intervención estadounidense en México durante el tumultuoso período 1914-1917 demostró el alcance de la injerencia estadounidense en las revoluciones ajenas. El 21 de abril de 1914, tras el llamado «incidente de Tampico», el presidente Woodrow Wilson ordenó la ocupación del puerto de Veracruz, arguyendo la necesidad de impedir que armas alemanas llegaran a las fuerzas del gobierno mexicano de Victoriano Huerta. La ocupación duró hasta noviembre de ese mismo año, durante la cual más de 300 mexicanos (soldados y civiles) perdieron sus vidas.

Años más tarde, tras el ataque de Pancho Villa a Columbus, Nuevo México, en 1916, Estados Unidos lanzó la Expedición Punitiva, una campaña militar de 10.000 soldados bajo el mando del general John J. Pershing. Aunque los estadounidenses nunca capturaron a Villa, la expedición penetró 600 kilómetros tierra adentro en territorio mexicano, demostrando la disposición de Washington a violar la soberanía nacional en persecución de objetivos militares.

Haití: de la ocupación colonial a la intervención democrática

La ocupación estadounidense de Haití comenzó el 28 de julio de 1915, cuando 330 marines desembarcaron en Puerto Príncipe bajo las órdenes del presidente Woodrow Wilson. La justificación oficial (proteger intereses estadounidenses y restaurar la estabilidad) enmascaraba una realidad más siniestra. Durante los 19 años siguientes, Estados Unidos controló las aduanas, el sistema financiero y las instituciones administrativas haitianas, asegurando que el 40% de los ingresos nacionales se destinara al pago de deudas con bancos estadounidenses y franceses.

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Casi un siglo después, el 19 de septiembre de 1994, Estados Unidos volvió a intervenir en Haití mediante la Operación «Uphold Democracy», desembarcando tropas para derrocar una junta militar que había depuesto al presidente electo Jean-Bertrand Aristide. Aunque esta intervención se presentó como una acción humanitaria para restaurar la democracia, reflejaba el patrón consistente de que Estados Unidos intervenía militarmente siempre que percibía que sus intereses o su influencia regional estaban amenazados.

Granada: la Operación Furia Urgente en plena Guerra Fría

El 25 de octubre de 1983, Estados Unidos invadió la pequeña isla caribeña de Granada en la llamada Operación «Furia Urgente». Washington justificó la invasión de 7.000 tropas argumentando la necesidad de proteger a ciudadanos estadounidenses, restaurar la democracia y prevenir que la isla se convirtiera en una «base cubano-soviética». Sin embargo, documentos desclasificados y análisis históricos muestran que la invasión fue fundamentalmente un acto de dominación ideológica durante la Guerra Fría.

El gobierno de Maurice Bishop, que mantenía relaciones cercanas con Cuba y la Unión Soviética, representaba exactamente lo que Washington temía: un régimen de izquierda en su esfera de influencia. La operación militar causó aproximadamente 70 muertes granadinas, incluidos civiles cubanos que trabajaban en la construcción de un aeropuerto. La invasión fue la primera operación militar estadounidense de gran escala desde Vietnam, mostrando la disposición de Washington a usar la fuerza militar directamente en la región.

Panamá: la captura de un antiguo aliado

La noche del 20 de diciembre de 1989, la Operación «Causa Justa» fue lanzada contra Panamá bajo el mando del presidente George H. W. Bush. Tras el despliegue de 27.000 soldados, Estados Unidos invadió un país cuyo gobernante, el general Manuel Noriega, había sido durante años un activo de la CIA. El objetivo declarado era arrestar a Noriega por narcotráfico. Sin embargo, el objetivo real era asegurar el control estadounidense sobre el Canal de Panamá y eliminar un régimen que se había vuelto impredecible.

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La invasión dejó entre 2.000 y 3.000 muertos civiles. Las Fuerzas de Defensa de Panamá se disolvieron, y se instaló un gobierno civil que respondía a los intereses estadounidenses. El precedente fue que Estados Unidos había demostrado su disposición a capturar físicamente a un jefe de estado extranjero y someterlo a juicio estadounidense, sentando un patrón peligroso que reaparecería décadas después en Venezuela.

Venezuela: de los golpes encubiertos a la intervención abierta

Las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela han sido excepcionalmente tensas desde la llegada al poder de Hugo Chávez en 1998. El 11 de abril de 2002, un golpe de estado derrocó temporalmente a Chávez. Documentos desclasificados señalaron posteriormente que altos funcionarios estadounidenses, incluido el subsecretario de Estado Otto Reich, no solo estaban conscientes de la conspiración golpista, sino que colaboraban activamente con sus arquitectos civiles y militares.

Aunque Chávez fue restaurado al poder por una insurrección popular después de solo 48 horas, el golpe estableció un precedente importante, en el cual Estados Unidos había demostrado su capacidad y disposición para orquestar la sustitución de un presidente democráticamente electo. Durante los años siguientes, la administración estadounidense aumentó una «guerra híbrida» contra Venezuela, utilizando las sanciones económicas, la diplomacia coercitiva y el apoyo a movimientos de oposición contra el chavismo.

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El 3 de enero de 2026, esta estrategia de presión culminó en una intervención militar abierta sin precedentes. El presidente Donald Trump ordenó la Operación «Determinación Absoluta», un ataque directo contra Venezuela que incluyó bombardeos en Caracas y otras zonas estratégicas. Durante la operación, Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, fueron capturados y trasladados a Nueva York para enfrentar cargos federales por narcoterrorismo. Trump declaró públicamente que Estados Unidos «gobernará» a Venezuela durante una «transición segura», asumiendo de facto el control del país.

Intervenciones en el Cono Sur: la Operación Cóndor

Durante la década de 1970 y 1980, Estados Unidos patrocinó y apoyó una serie coordinada de golpes de estado en el Cono Sur bajo la sombrilla de la Operación Cóndor. Aunque documentos desclasificados muestran que el papel estadounidense en Cóndor fue controvertido, la evidencia plantea que Washington financió y proporcionó entrenamiento para la represión en múltiples países simultáneamente.

Perú

La intervención estadounidense en Perú comenzó tempranamente durante la Guerra Fría. En 1963, la CIA apoyó directamente el golpe que derrocó al presidente democrático Francisco Velasco Ibarra. Durante el gobierno de Fernando Belaúnde Terry, Estados Unidos envió equipos de Boinas Verdes para operaciones contrainsurgentes en regiones remotas. Más recientemente, en 1990, operativos estadounidenses respaldaron implícitamente el autogolpe del presidente Alberto Fujimori.

Brasil

El golpe militar de 1964 contra el presidente João Goulart fue apoyado activamente por Estados Unidos. Documentos desclasificados revelaron que la CIA proporcionó una red de comunicaciones mediante la cual los oficiales militares brasileños podían conspirar sin comprometerse públicamente. La Operación «Gran Hermano», una fuerza estadounidense preparada por la administración Kennedy y continuada bajo Lyndon Johnson, estaba lista para proporcionar apoyo logístico y militar directo a los golpistas. Aunque finalmente no fue necesaria, su mera existencia demostraba el compromiso estadounidense con el derrocamiento de un gobierno de izquierda.​

Bolivia

Estados Unidos apoyó activamente el golpe de Hugo Banzer en 1971, proporcionando armamento anual y entrenamiento en contrainsurgencia. En 2019, cuando Evo Morales fue derrocado, documentos plantean nuevamente la participación de agencias estadounidenses y organizaciones internacionales afines a Washington.

Paraguay

Alfredo Stroessner se mantuvo en el poder durante 35 años (1954-1989) como uno de los aliados más confiables de Estados Unidos en América Latina. Durante su dictadura, Washington proporcionó aproximadamente 750.000 dólares anuales en equipamiento militar y entrenó a más de 2.000 oficiales militares paraguayos en contrainsurgencia. Stroessner se jactaba de que el embajador estadounidense era «como un miembro adicional de su gabinete». En 1989, durante el golpe de Estado contra Stroessner, Estados Unidos fue uno de sus principales aliados​​ debido a su duro anticomunismo. Esto permitió a Paraguay recibir una gran asistencia económica y militar.

Uruguay

El 27 de junio de 1973, el presidente Juan María Bordaberry disolvió el Congreso nacional, iniciando una dictadura civil-militar que duraría hasta 1985. Estados Unidos manipuló el proceso electoral de 1971 que llevó a Bordaberry al poder, y que el país brindó apoyo tácito a la ruptura constitucional. La dictadura uruguaya se convirtió en un componente clave de la Operación Cóndor.

Argentina

El 24 de marzo de 1976, un golpe militar liderado por el general Jorge Rafael Videla derrocó el gobierno constitucional de Isabel Perón. El gobierno estadounidense conocía los planes golpistas con semanas de anticipación y comunicó «discretamente» a los militares argentinos que Washington reconocería al nuevo régimen. El secretario de Estado Henry Kissinger reunido con Videla en octubre de 1976, aseguró al dictador que Estados Unidos deseaba «ayudarlo, no perjudicarlo». La dictadura argentina resultante asesinó a aproximadamente 30.000 personas durante sus siete años en el poder.

Chile

La intervención estadounidense en Chile fue la más documentada y explícita. Tras la elección de Salvador Allende en 1970, el presidente Richard Nixon ordenó directamente a la CIA implementar operaciones para prevenir que asumiera la presidencia o, si lo hacía, derrocarlo. Henry Kissinger, el consejero de Seguridad Nacional, presidió un comité dedicado a planificar la desestabilización chilena.

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​La CIA ejecutó el «Plan Track I», que intenta persuadir al congreso chileno para que reasignara la presidencia a Eduardo Frei, y el «Plan Track II», que buscaba movilizar a las fuerzas armadas para un golpe. Cuando ambos planes fracasaron, la CIA se centró en crear el «clima golpista» mediante el financiamiento de periódicos de oposición, apoyo a huelgas antirrégimen y provisión de armas a militares conspiradores.

El 11 de septiembre de 1973, Pinochet ejecutó un golpe sangriento que resultó en la muerte de Allende y aproximadamente 3.000 civiles durante el golpe mismo. Kissinger comunicó al presidente Nixon que el golpe era un «éxito». Durante los 17 años siguientes de dictadura, Pinochet ejecutaría a decenas de miles de personas y desaparecería a miles de otras.

El patrón subyacente: ideología, intereses económicos y control hegemónico

Observando estas intervenciones en perspectiva histórica, emergen patrones claros. Aunque Washington siempre ha justificado sus acciones mediante narrativas como el anticomunismo, la protección de ciudadanos o la restauración democrática, la realidad es diferente. El gigante norteamericano ha invertido recursos enormes en asegurar que ningún país de América escape a su esfera de influencia.

La mayoría de intervenciones ocurrieron durante la Guerra Fría, cuando la ideología anticomunista proporcionaba una justificación aceptable. Sin embargo, las intervenciones han continuado después del colapso soviético, demostrando que el anticomunismo era más un pretexto que una causa profunda. Los intereses económicos (control de recursos naturales, acceso a mercados, protección de inversiones empresariales) han permanecido consistentes.

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Desde 1898 hasta 2026, Estados Unidos ha utilizado un arsenal completo de herramientas para mantener su hegemonía: invasiones directas, ocupaciones militares, apoyo a golpes de estado, financiamiento de gobiernos dóciles, entrenamiento de fuerzas de seguridad represivas y operaciones de inteligencia encubiertas. Aunque los métodos han evolucionado, el objetivo fundamental era y es asegurar que la región permanezca bajo la influencia estadounidense.

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