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¿Por qué Israel y Estados Unidos son aliados históricos?

De un reconocimiento simbólico en 1948 a una simbiosis política, militar y tecnológica que ha resistido guerras, crisis y cambios de gobierno.

La alianza entre Israel y Estados Unidos no es un simple acuerdo de conveniencia, sino el resultado de décadas de convergencia histórica, estratégica y política. A lo largo de los años, esa relación ha pasado de un apoyo inicial casi simbólico a una simbiosis política, militar y tecnológica muy difícil de romper.

Un comienzo cargado de simbolismo

El 14 de mayo de 1948, pocos minutos después de que David Ben-Gurión anunciara la creación del Estado de Israel, Washington se convirtió en el primer país en reconocerlo de facto. Ese gesto del presidente Harry Truman tuvo un enorme peso político y moral, ya que se interpretó como una forma de respaldar la creación de un hogar nacional judío poco después del Holocausto y frente a un entorno regional abiertamente hostil.

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En esos primeros años, el apoyo era sobre todo diplomático y político, con ayudas económicas limitadas y mucha prudencia, porque Estados Unidos no quería romper puentes con los productores árabes de petróleo. Sin embargo, las bases emocionales y simbólicas de la relación quedaron fijadas desde el primer día.

De relación especial a socio estratégico

En los años sesenta y setenta se consolida el salto cualitativo. Kennedy autoriza las primeras ventas importantes de armamento, y tras la Guerra de los Seis Días de 1967 Israel demuestra su capacidad militar frente a varios ejércitos árabes a la vez.

Esa victoria, y más tarde la guerra de 1973, convencen a buena parte del establishment estadounidense de que Israel podía ser un pilar militar fiable en una región clave para la energía y la seguridad global.

A partir de Reagan, la relación se formaliza como especial y luego como estratégica. Acuerdos de cooperación militar, ejercicios conjuntos y el estatus de aliado principal no perteneciente a la OTAN reflejan que Israel ya no es solo un país amigo, sino parte de la arquitectura de seguridad de Estados Unidos en Oriente Medio.

Ayuda militar, tecnología e inteligencia

La alianza se ve con claridad en los números. Israel es, en conjunto, el principal receptor de ayuda exterior estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial, especialmente en el terreno militar. Esa ayuda no es unidireccional.

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A cambio, Israel aporta a Estados Unidos inteligencia detallada sobre una de las zonas más inestables del planeta, experiencia en operaciones antiterroristas y un ecosistema tecnológico puntero, desde sistemas antimisiles hasta ciberseguridad.

Muchas de esas innovaciones acaban integradas en las fuerzas armadas y en el sector de defensa estadounidenses, lo que refuerza la idea de una relación de beneficio mutuo, no solo de protección unilateral.

Valores compartidos y política interna

Washington presenta a Israel de forma constante como una democracia cercana a los valores occidentales en un entorno dominado por autocracias o regímenes inestables. Ese relato ha calado en buena parte de la opinión pública y de la clase política estadounidense, y funciona como justificación moral de una alianza muy costosa y muy visible.

Al mismo tiempo, la relación está atravesada por factores internos de Estados Unidos. El apoyo a Israel es uno de los consensos más sólidos entre demócratas y republicanos en el Congreso, impulsado por el peso político de parte de la comunidad judía, el respaldo de sectores evangélicos y el trabajo de poderosos grupos de presión proisraelíes. Eso convierte el apoyo a Israel en una postura casi obligada para muchos dirigentes que no quieren pagar costes electorales por cuestionarla.

Un vínculo sólido, pero no incondicional

Nada de esto significa que la relación sea idílica. Ha habido choques históricos por los asentamientos en Cisjordania, por la guerra de Líbano de 1982, por el proceso de paz con los palestinos o por la política hacia Irán. En la actualidad, existe un debate muy intenso sobre las acciones del gobierno israelí. Y eso también hace visibles las diferencias entre Washington y Jerusalén.

Sin embargo, cada crisis ha confirmado la misma conclusión. Y es que las tensiones pueden modificar el tono, pero rara vez alteran el fondo. Estados Unidos sigue viendo en Israel a su socio militar y político más estable en Oriente Medio, e Israel sigue dependiendo en buena medida del paraguas diplomático, financiero y tecnológico de Washington.

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Por eso, cuando hablamos de ambos países, no basta con decir que son aliados. Hablamos de una relación que, con el tiempo, se ha acercado más a la idea de simbiosis que a la de una simple alianza circunstancial.

Zelenski ofrece formación antidrones a países del Golfo a cambio de mediación ante Moscú

El presidente ucraniano condiciona la cooperación militar antidrones con naciones del Golfo a una intermediación diplomática efectiva ante Putin que busque un alto el fuego.

Ucrania está dispuesta a enviar expertos en defensa aérea a los países del Golfo Pérsico, condicionando ese apoyo a que dichos gobiernos actúen como intermediarios ante el Kremlin para lograr un alto el fuego. Así lo reveló el presidente Volodímir Zelenski al diario italiano Corriere della Sera, quien planteó la posibilidad de desplegar a militares ucranianos con experiencia en la neutralización de drones y misiles de fabricación iraní. «Quienes defienden nuestros cielos podrán ir a enseñar cómo defenderse de los iraníes», declaró el mandatario.

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Zelenski precisó que, en las últimas horas, mantuvo conversaciones con autoridades de Emiratos Árabes Unidos y tiene previsto establecer contactos con otras naciones de Oriente Próximo. Los interlocutores regionales mostraron interés prioritario en sistemas y estrategias de protección del espacio aéreo, ante el creciente uso de aeronaves no tripuladas iraníes en operaciones militares. Sin embargo, el presidente ucraniano explicó que cualquier asistencia quedaría supeditada a un acuerdo efectivo de cese de hostilidades: «Pero si nos están lanzando misiles, con todo respeto, nosotros estamos aquí y vamos a defender nuestro Estado».

Intercambio de capacidades militares

La propuesta contempla una «cooperación estratégica» comparable a la que Ucrania mantiene con países europeos, con intercambio de recursos militares y programas conjuntos de formación. Zelenski expuso también un modelo de intercambio recíproco: «Si nos dan misiles PAK-3, les daremos interceptores». Además, advirtió sobre un riesgo adicional: si el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán se extiende, el flujo de armas y sistemas antimísiles que reciben los ucranianos de sus aliados podría reducirse por el aumento de la demanda global.

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Por último, Zelenski recalcó ante Corriere della Sera que Ucrania enfrenta limitaciones materiales por el desgaste de los bombardeos rusos, por lo que prioriza acuerdos que incluyan una cooperación efectiva y una compensación en defensa. Las conversaciones con los líderes emiratíes apuntan, según el propio mandatario, a buscar soluciones mutuas ante amenazas aéreas comunes, siempre partiendo de una intermediación diplomática real ante el Kremlin. «Estos chicos que hoy protegen nuestro cielo podrán ir y proteger o enseñar cómo proteger al mundo de los ataques iraníes», concluyó el presidente ucraniano.

EEUU hunde un buque de guerra iraní con torpedo por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial

El secretario de Defensa Pete Hegseth confirma el uso de un torpedo Mark 48 en el primer ataque de este tipo desde 1945.

El Pentágono confirma el primer ataque con torpedo de un submarino estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial, al hundir un buque de guerra iraní en aguas internacionales del océano Índico, frente a las costas de Sri Lanka. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, lo anunció este miércoles en rueda de prensa junto al jefe del Estado Mayor, Dan Caine. «Un submarino estadounidense hundió un buque de guerra iraní. Se encontraba en aguas internacionales y fue hundido por un torpedo», declaró Hegseth. El ataque forma parte de la operación militar lanzada contra Irán el pasado sábado.

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Hegseth calificó el suceso de «una muerte silenciosa» y lo describió como el «primer hundimiento de un barco enemigo por un torpedo desde la Segunda Guerra Mundial». A su juicio, este episodio evidencia la voluntad de Washington de librar y ganar la guerra. Por su parte, Caine amplió el balance y precisó que el Ejército ha «destruido» más de 20 medios navales iraníes, incluyendo esta embarcación. «Por primera vez desde 1945, un submarino de ataque rápido de la Armada de los Estados Unidos ha hundido un buque de combate enemigo utilizando un único torpedo Mark 48 para lograr un efecto inmediato, enviando el buque de guerra al fondo del mar», detalló.

EE.UU. reivindica su alcance militar global

El jefe del Estado Mayor subrayó además el alcance de la operación. «Cazar, localizar y destruir a un buque desplegado fuera de su zona es algo que solo Estados Unidos puede hacer a esta escala», afirmó Caine, insistiendo en que la acción demuestra «el alcance global de Estados Unidos». El torpedo empleado, el Mark 48, permitió ejecutar el ataque con un único disparo.

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Mientras tanto, las labores de rescate continúan frente a las costas de Sri Lanka. La Armada ceilandesa confirmó el rescate de entre 32 y 35 tripulantes del buque hundido a 40 millas náuticas (unos 74 kilómetros) al sur de la isla. Los cálculos apuntan a que hasta 180 personas navegaban a bordo, por lo que cerca de 150 siguen desaparecidas.

La Guardia Revolucionaria de Irán afirma tener el control total del estrecho de Ormuz

El bloqueo iraní del estrecho de Ormuz ya ha provocado el alza del precio del petróleo a nivel mundial. Teherán advierte de que la crisis económica se prolongará varias semanas.

Irán declara el cierre total del estrecho de Ormuz tras la ofensiva lanzada el pasado 28 de febrero por Estados Unidos e Israel contra el país asiático. El viceportavoz de la Armada de la Guardia Revolucionaria, Mohamad Akbarzadé, confirmó este miércoles 4 de marzo que «en estos momentos, el estrecho de Ormuz está controlado completamente por la Armada de la República Islámica» y que la vía «está bajo condiciones de guerra desde su inicio hasta su final».

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El paso de buques por la zona es, según Akbarzadé, «imposible». Además, Teherán ya ha comunicado al sistema internacional de navegación la prohibición de tránsito y ha actuado contra quienes la ignoran. «Multitud de petroleros que ignoraron estas advertencias han sido alcanzados por proyectiles», explicó el portavoz, recogido por la agencia iraní Fars. El bloqueo afecta a una de las vías marítimas más estratégicas para el comercio mundial de petróleo.

Irán advierte de una crisis económica mundial

Las consecuencias económicas son, según Irán, ya visibles. Akbarzadé señaló que «este paso importante y estratégico por parte de la República Islámica ha provocado un alza de los precios del petróleo en el mundo y ha tenido un impacto sin precedentes en las economías de varios países, especialmente Estados Unidos y miembros de la Unión Europea». Asimismo, advirtió de que «la economía mundial hará frente a una grave crisis» durante varias semanas más.

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En cuanto al origen del conflicto, el portavoz responsabilizó directamente a los líderes occidentales: «La estupidez de Trump y Netanyahu, que iniciaron esta guerra, han provocado problemas en la región y afectado la economía mundial». Por su parte, la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel ha causado miles de muertos en Irán, entre ellos el líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, y varios ministros y altos mandos militares, según confirmó este martes la Media Luna Roja.

Trump rechaza a Reza Pahlavi como sucesor en Irán

El presidente estadounidense descartó a Reza Pahlavi como sucesor en Irán y anunció la destrucción del aparato militar del régimen ayatolá.

El presidente estadounidense Donald Trump descartó este martes que Reza Pahlavi, heredero dinástico del derrocado sah iraní, sea la figura adecuada para dirigir Irán tras el colapso del régimen actual. En declaraciones desde el Despacho Oval junto al canciller alemán Friedrich Merz, Trump apuntó que prefiere a alguien surgido desde el interior del país. «Alguien que esté allí, que sea popular, si es que existe esa persona», afirmó. Aunque reconoció que Pahlavi «parece una persona muy agradable», dejó claro que su perfil no encaja con lo que Washington busca.

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La situación se complica, no obstante, porque varios perfiles que la Administración estadounidense había valorado han perecido en los bombardeos de los últimos días. Trump lo reconoció sin rodeos: «Muy pronto, no conoceremos a nadie». A pesar de ello, el mandatario aspira a que un líder «más moderado» asuma el control del país. En el extremo opuesto, advirtió, el escenario más negativo sería que emergiera alguien igual de radical que el ayatolá Alí Jamenei, muerto durante los ataques del pasado sábado.

Trump desmiente a Rubio sobre el origen del ataque

Sobre el origen de la ofensiva, Trump desmintió que la decisión respondiera al propósito de frenar una acción israelí en solitario, contradiciendo de forma implícita lo sugerido el lunes por el secretario de Estado Marco Rubio. Según el presidente, la lógica fue estrictamente preventiva: «Iban a atacar si no lo hacíamos». Asimismo, condenó que Irán hubiera dirigido su respuesta contra objetivos civiles de países vecinos que mantenían relaciones al menos neutrales con Teherán, calificando esta conducta como expresión del «nivel de maldad» del régimen iraní.

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En cuanto al balance militar, Trump describió los resultados como devastadores. La Armada, la Fuerza Aérea y el resto del sistema defensivo iraní han sido, según sus palabras, «eliminados». «Prácticamente todo lo que tenían ha quedado destruido», declaró. Ante este contexto, pidió a los civiles iraníes que aplacen cualquier movilización callejera: «Es peligroso estar ahí fuera. Están cayendo muchas bombas».

Por qué el bloqueo del Estrecho de Ormuz dispara el gas y el petróleo en España y Europa

El Estrecho de Ormuz está a unos 5.660 kilómetros de Madrid. Parece lejos y sin apenas impacto en España, pero en esos 30 kilómetros de mar se concentra uno de los puntos estratégicos más importantes del planeta.

Por ese corredor transita alrededor del 20% del petróleo y del gas que se transporta por vía marítima en el mundo. Tras los recientes ataques de Estados Unidos contra Irán, el tráfico de buques se ha reducido de forma drástica. Cuando ese paso se frena, el mercado interpreta que el grifo puede cerrarse y los precios reaccionan al alza.

Aunque sólo el 5% del petróleo y el 2% del gas que consume España cruzan el Estrecho de Ormuz, el impacto en los precios no depende de ese porcentaje. El crudo se paga en un mercado global. Cuando aumenta el riesgo en el principal cuello de botella del Golfo, el barril sube para todos, aunque el suministro físico llegue por otra ruta. Los ataques a buques, la retirada de aseguradoras y los desvíos más largos elevan los costes logísticos y tensan las cotizaciones.

Según Reuters, Citi prevé el Brent entre 80 y 90 dólares a corto plazo y otras firmas no descartan que supere los 100 dólares si el bloqueo se prolonga. JPMorgan, además, ha alertado de una fuerte caída de los volúmenes que atraviesan la zona, un factor que presiona aún más al mercado.

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Con el Brent en torno a 100 dólares, los combustibles en España podrían acercarse a 1,8 euros por litro, frente a los niveles habituales de 1,45 – 1,55 euros que se registraban antes de la crisis. El ajuste no sería inmediato, pero terminaría reflejándose en el surtidor.

Cómo está el mercado del gas tras la tensión en el Estrecho de Ormuz

El gas preocupa más que el petróleo por una razón clara: necesita infraestructuras específicas y Europa utiliza su precio como referencia para fijar gran parte de la electricidad. Ahí entra Qatar. El país, situado en el Golfo Pérsico y dependiente del Estrecho de Ormuz para exportar, es uno de los mayores vendedores mundiales de gas natural licuado. Si sus metaneros no pueden salir, la oferta internacional se reduce de inmediato y el mercado reacciona.

El indicador de referencia en Europa, el TTF neerlandés, ha reaccionado con fuerza. El lunes llegó a registrar subidas cercanas al 50% antes de moderarse, en una jornada de extrema volatilidad que recordó a los momentos más tensos de 2022. Ese movimiento encarece contratos, dispara coberturas y eleva las previsiones para las próximas semanas, según recogen varios medios económicos europeos.

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España parte con dos ventajas. La primera es su red de regasificadoras, que permite recibir cargamentos desde distintos orígenes. La segunda es Argelia, que mantiene el envío de gas a través del Medgaz sin pasar por Ormuz. Esa combinación refuerza el suministro físico. Sin embargo, aunque el gas llegue desde Estados Unidos, Nigeria o Argelia, el precio en Europa oscila cuando el mercado teme escasez de buques, fletes más caros o problemas logísticos.

El comparador energético Kelisto calcula que un bloqueo que dispare el gas podría encarecer hasta un 50% el término de energía del PVPC. Eso supondría que un recibo medio pase de 47 a 64 euros al mes, unos 17 euros más.

La factura del gas doméstico no afecta igual a todos. Quien tenga la TUR verá el ajuste en la próxima revisión trimestral, salvo que el Gobierno limite la subida como hizo en otras crisis. Quien tenga una tarifa indexada o renueve contrato en el mercado libre lo notará antes.

Si el Estrecho de Ormuz no recupera la normalidad, la presión no se quedará en la energía. El transporte, los alimentos y cualquier cadena de costes ligada al combustible acabarán reflejando ese encarecimiento.

Quién recibe el petróleo y el gas que cruzan el Estrecho de Ormuz

Según datos de la U.S. Energy Information Administration (EIA), cerca del 70% del crudo que pasa por Ormuz acaba en cuatro países:

  • China
  • India
  • Japón
  • Corea del Sur

En el caso del gas natural licuado (GNL), la concentración es aún mayor. Aproximadamente el 80% del GNL que cruza el estrecho se dirige a Asia, especialmente a:

  • China
  • India
  • Japón
  • Corea del Sur
  • Singapur

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Europa también recibe parte de esos flujos, especialmente gas natural licuado procedente de Qatar, aunque en menor proporción que Asia. Países como Italia, Francia, Reino Unido, Bélgica o Países Bajos figuran entre los destinos europeos habituales de esos cargamentos, que llegan en forma de GNL a sus plantas de regasificación.

Esto es clave porque, aunque España tenga baja dependencia directa, si Asia compite por cargamentos alternativos cuando Ormuz se bloquea, los precios globales suben para todos. El mercado no funciona por proximidad geográfica, sino por oferta y demanda mundial.

Armas del futuro: ¿la inteligencia artificial definirá la seguridad y la defensa del siglo XXI?

La inteligencia artificial ya no es solo una herramienta tecnológica. Se ha convertido en un factor estructural de poder que redefine la seguridad y la defensa. En este artículo, Irene García, alumna del Máster Profesional de Ciberseguridad, Ciberinteligencia y Ciberdefensa de LISA Institute, analiza cómo su convergencia con la biotecnología y la neurociencia transformará los conflictos hacia 2040-2050.

La aceleración del desarrollo de la inteligencia artificial se produce en un contexto internacional caracterizado por la fragmentación del orden liberal, la intensificación de la rivalidad entre grandes potencias y la proliferación de amenazas híbridas. En este entorno, la IA no actúa únicamente como una tecnología facilitadora, sino como un factor estructurante del poder, comparable en impacto histórico a la pólvora, la energía nuclear o Internet.

A diferencia de revoluciones tecnológicas anteriores, la IA posee una característica distintiva: su capacidad de aprendizaje autónomo y escalabilidad exponencial, lo que dificulta su control normativo y multiplica los efectos no intencionados. Esto obliga a los Estados y organizaciones internacionales a replantear conceptos clásicos como disuasión, superioridad militar, soberanía tecnológica y control de armamentos. 

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Desde la perspectiva prospectiva, el horizonte 2040-2050 no debe entenderse como una fecha lejana, sino como un punto de convergencia de tendencias ya visibles hoy: automatización del ciclo de inteligencia, delegación progresiva de decisiones críticas a sistemas algorítmicos y creciente dependencia de infraestructuras digitales vulnerables. La anticipación estratégica se convierte, por tanto, en un elemento central de la seguridad nacional. 

Inteligencia artificial como multiplicador estratégico

La IA reconfigura los cuatro pilares de la seguridad:

  • Inteligencia: algoritmos de análisis masivo convierten la información en predicciones accionables. El coronel D. Javier Nievas, (Nievas, 2023) en su docencia en HUMINT en LISA Institute, enfatiza que la fusión entre IA y la inteligencia humana será la clave de la detección temprana. La incorporación de la IA al ciclo de inteligencia transforma radicalmente las fases de obtención, análisis y difusión. La explotación de grandes volúmenes de datos abiertos, sensores, redes sociales y fuentes técnicas permite identificar patrones débiles que escaparían al análisis humano tradicional.
    • Sin embargo, esta aparente superioridad analítica encierra riesgos críticos: sesgos algorítmicos, manipulación de datos de entrenamiento y dependencia excesiva de sistemas opacos (black box systems). Por ello, la inteligencia del futuro no será puramente artificial ni puramente humana, sino una inteligencia híbrida, donde la validación contextual, cultural y ética seguirá siendo responsabilidad del analista humano.
  • Defensa cibernética: IA entrenada para anticipar ataques invisibles antes de que afecten a infraestructuras críticas. En este ámbito, la IA introduce una dinámica de confrontación permanente y automatizada. Los ataques y defensas evolucionan en tiempo real, reduciendo el umbral de entrada al conflicto y difuminando la distinción entre tiempos de paz y guerra.
    • La protección de infraestructuras críticas -energía, transporte, salud, finanzas- dependerá cada vez más de sistemas de IA capaces de detectar anomalías antes de que se materialicen los efectos físicos. No obstante, esta dependencia genera una paradoja: cuanto más sofisticada es la defensa algorítmica, mayor es el impacto potencial de su fallo o compromiso. 
  • Operaciones militares: decisiones algorítmicas reducen segundos vitales en combate, aunque sin control humano el riesgo ético y estratégico es inmenso. La automatización de funciones tácticas y operativas modifica profundamente la naturaleza del combate. En los conflictos futuros, la superioridad no se medirá únicamente en plataformas o armamento, sino en la calidad del software, los datos y los modelos de decisión.
    • Los sistemas autónomos permitirán operar en entornos negados, saturados o altamente letales, reduciendo la exposición humana directa. Sin embargo, también incrementan el riesgo de escaladas no intencionadas, especialmente cuando dos sistemas algorítmicos adversarios interactúan sin mediación humana. 

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  • Narrativas y legitimidad: como enseña el coronel D. Juan Bustamante, (Bustamante, 2024) experto en comunicación estratégica, la IA puede amplificar campañas de desinformación y moldear percepciones públicas. El dominio cognitivo emerge como un campo de batalla decisivo. La IA permite personalizar mensajes, amplificar emociones y erosionar la confianza institucional a gran escala. La manipulación informativa deja de ser masiva para convertirse en micro dirigida, adaptada a perfiles psicológicos individuales.
    • La legitimidad política y social se convierte así en un objeto estratégico. La capacidad de influir en percepciones puede ser tan decisiva como el control del terrorismo físico, especialmente en democracias abiertas. 
Imagen 1. AI in Aerospace and Defense Market Expected [Gráfico], Elaboración: Precedence Research, 2025, https://www.precedenceresearch.com

Más allá de su impacto sectorial, la IA actúa como un multiplicador transversal que interconecta dominios tradicionalmente separados. La inteligencia artificial no sustituye capacidades existentes, sino que redefine su velocidad, alcance y profundidad, alterando la relación entre información, decisión y acción.

En términos estratégicos, la IA comprime el tiempo. La denominada decision-making advantage se convierte en un factor crítico: quien procese antes, comprenda mejor y actúe más rápido obtendrá una ventaja decisiva, incluso frente a adversarios numéricamente superiores. Esto introduce una presión estructural hacia la automatización, con el riesgo inherente de reducir los márgenes de control humano.

Asimismo, la integración de la IA en sistemas de mando y control plantea dilemas doctrinales: ¿hasta qué punto permitirse que un algoritmo priorice objetivos, asigne recursos o recomiende respuestas letales? La tensión entre eficacia operativa y responsabilidad política se intensifica, especialmente en escenarios de alta ambigüedad o escalada rápida. 

Escenarios prospectivos de la inteligencia artificial (2040-2050)

Escenario 1 – Gobernanza algorítmica cooperativa (optimista):

Se establece un Tratado de Ginebra Digital(Tratado de Ginebra, 1949) que regula armas autónomas y algoritmos militares. La IA se convierte en un instrumento de cooperación multilateral. 

Escenario 2 – Conflictos algorítmicos (intermedio):

Las potencias despliegan IA para competir en ciberespacio, espacio ultraterrestre y biotecnología. Los ejércitos libran “guerras invisibles” entre algoritmos más que entre soldados.

Escenario 3 – Ruptura bio-digital (pesimista):

La convergencia de IA, biotecnología y computación cuántica abre riesgos sin precedentes: manipulación genética dirigida por IA, encriptación obsoleta y colapso de sistemas críticos. 

Imagen 2. Artificial Intelligence in Cibersecurity Market [Gráfico], Elaboración: por MarketsandMarkets, 2023, https://www.marketsandmarkets.com

Los tres escenarios planteados no son excluyentes, sino trayectorias coexistentes. Es probable que el sistema internacional experimente simultáneamente cooperación normativa limitada, competencia estratégica intensa y rupturas disruptivas en sectores específicos.

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La gobernanza algorítmica cooperativa podría avanzar en ámbitos concretos (transparencia, ética, auditoría), mientras que la carrera por la superioridad tecnológica continúe sin freno en otros dominios. Esta asimetría generará zonas grises de regulación y espacios de oportunidad para actores estatales y no estatales. 

Riesgos y oportunidades de la inteligencia artificial

Riesgos clave:

  • Armas autónomas sin control humano.
  • Dependencia tecnológica de proveedores extranjeros.
  • Manipulación informativa algorítmica y polarización social. 
  • Amenazas híbridas bio-digitales.

Oportunidades:

  • Refuerzo de la resiliencia nacional.
  • Capacidad predictiva en migraciones, terrorismo o ciberataques.
  • Mayor cooperación internacional en auditorías algorítmicas.

Como advierte Pedro Baños, profesor y geoestratega, «La batalla del futuro se librará en torno al control de los datos y de los cerebros» (Baños, 2021).

El principal riesgo estratégico no reside únicamente en el uso malicioso de la IA, sino en la asimetría de capacidades. Estados, empresas y grupos con acceso privilegiado a datos, talento y computación concentrará poder de forma desproporcionada.

Al mismo tiempo, la IA ofrece oportunidades para Estados medianos que adopten estrategias inteligentes de especialización, cooperación y regulación avanzada. La clave no será competir en volumen, sino en calidad institucional, ética y resiliencia.

Imagen 3. AI in Cibersecurity Market [Gráfico], Elaboración: Grand View Research, 2023, https://www.grandviewresearch.com

Formación y aplicabilidad: el papel de LISA Institute

La prospectiva sólo es útil si se convierte en competencia aplicada. En este sentido, en LISA Institute ha estructurado programas que preparan a los profesionales para escenarios de alta incertidumbre:

  • HUMINT y Contrainteligencia (D. Javier Nievas):  cómo integrar la inteligencia humana con algoritmos para anticipar amenazas híbridas. 
  • Comunicación Estratégica (D. Juan Bustamante): técnicas para contrarrestar campañas de desinformación potenciadas por IA.
  • Ciberinteligencia y Prospectiva: cursos de especialistas en terrorismo, criminología y ciberseguridad que abordan directamente el impacto de la IA en infraestructuras críticas. 
  • Geopolítica y Seguridad Internacional (Pedro Baños):  análisis de rivalidades sistémicas (EE.EE.-China-Rusia) y su relación con tecnologías disruptivas. (Este último con libros y análisis para el trabajo autónomo).

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Estos módulos constituyen un ecosistema formativo que permite aplicar la prospectiva a casos reales, desde la protección de fronteras hasta la anticipación de ciberataques. La formación en IA aplicada a seguridad no debe limitarse al dominio técnico. Requiere una aproximación integral que combine análisis estratégico, ética, derecho internacional y comprensión sociopolítica.

El profesional del futuro deberá ser capaz de dialogar con ingenieros, decisores políticos y operadores sobre una base conceptual. La prospectiva aplicada permite transformar la incertidumbre en ventaja competitiva, siempre que se traduzca en doctrina, procedimientos y capacidades reales. 

Imagen 4. GenAI Security Threat Statistics [Gráfico], Elaboración: Layer X Security, 2025, https://layerxsecurity.com

Recomendaciones estratégicas

1.- Defensa Algorítmica Híbrida: integrar IA, HUMINT, ciberseguridad y bioseguridad en una doctrina nacional.

2.- Observatorio Algorítmico Internacional: con participación de centros como LISA y Elcano (entre otras), para auditar riesgos futuros.

3.- Formación ética y técnica: consolidar másteres y cursos especializados en IA aplicada a defensa y derechos humanos.

4.- Diplomacia tecnológica: liderar propuestas de tratados internacionales que regulen la IA militar.

5.- Resiliencia ciudadana: educar a la sociedad en riesgos de desinformación y manipulación algorítmica.

Las recomendaciones propuestas deben entenderse como un marco dinámico, adaptable a la evolución tecnológica. La creación de observatorios algorítmicos y la diplomacia tecnológica no son objetivos finales, sino procesos continuos que requieren cooperación internacional sostenida y voluntad política.

Conclusiones: inteligencia artificial y convergencia bio-digital

La innovación tecnológica con mayor impacto en seguridad y defensa hacia 2040-2050 será la convergencia de inteligencia artificial con biotecnología y neurociencia aplicada. No hablamos únicamente de máquinas más inteligentes, sino de un entramado bio-digital capaz de transformar la naturaleza misma de los conflictos.

La IA cuántica permitirá procesar y descifrar en segundo lugar lo que hoy requiere años, rompiendo el paradigma de la encriptación y generando un nuevo espacio de vulnerabilidad. La biotecnología, asistida por algoritmos, abrirá la puerta a patógenos diseñados con precisión o a terapias selectivas aplicables tanto a la salud como a la guerra biológica. La neurociencia, combinada con IA, dará lugar a interfaces cerebro-máquina que expandirá la ciberguerra hasta el terreno cognitivo, donde el control de percepciones y emociones será tan decisivo como el control territorial. 

Esta convergencia representa un cisne negro anunciado: sabemos que su desarrollo es inevitable, pero subestimamos su velocidad y magnitud. La prospectiva nos alerta de que la próxima gran revolución en seguridad no será solo tecnológica, sino epistemológica: redefinirá que significa “defensa” cuando los campos de batalla sean invisibles, híbridos y cognitivos. 

Aquí radica la urgencia de formar profesionales capaces de anticipar y gestionar estos retos. Todo ello puede conseguirse preparando a futuros analistas en HUMINT, contrainteligencia, comunicación estratégica y geopolítica aplicada. Que, a su vez, se proporcione una dimensión estratégica global que permita situar estos riesgos en el tablero internacional. 

En definitiva, la innovación que más transformará la seguridad y la defensa no será una sola tecnología aislada, sino la simbiosis entre IA, biotecnología y neurociencia. Quien domine esa convergencia tendrá la llave no sólo de los ejércitos del futuro sino del poder sobre lo más humano: la vida y la mente.

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La erosión del pensamiento: por qué pensar no es consumir información y sus implicaciones para el análisis de inteligencia

En la era digital, confundimos estar informados con pensar. La sobreabundancia de datos crea una ilusión de actividad mental que puede erosionar el pensamiento crítico. En este artículo, Artiom Vnebraci Popa, alumno del Máster Profesional de Analista Estratégico y Prospectivo de LISA Institute analiza cómo el consumo constante de información puede sustituir al pensamiento profundo.

Existe cierta confusión en nuestra época que amenaza la esencia misma del pensamiento crítico: creemos que estar informados equivale a pensar. Esta falsa equivalencia no es semántica, sino representa una transformación profunda en nuestra relación con el conocimiento y con nuestra propia capacidad cognitiva.

En un mundo donde podemos acceder instantáneamente a casi cualquier fragmento de información, donde los datos fluyen sin cesar a través de nuestras pantallas y donde la actualización constante se ha convertido en una norma social, hemos perdido de vista una verdad fundamental: la acumulación de información no solo no es pensamiento, sino que puede ser su antítesis.

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Esta distinción no es trivial, especialmente para quienes dependen del pensamiento analítico profundo para su trabajo (como los analistas de inteligencia, cuyas decisiones pueden tener consecuencias geopolíticas, de seguridad nacional o empresarial de enorme magnitud).

El problema radica en que el consumo de información y el acto de pensar operan en temporalidades, estructuras y finalidades completamente diferentes. Consumir información es un acto reactivo (siendo un estado de recepción para que el flujo informativo entre en nuestro sistema cognitivo). Pensar, por el contrario, es un acto reflexivo que requiere cerrar ese estado de recepción temporalmente para procesar, conectar, interpretar y dotar de sentido a lo recibido.

El pensamiento real exige lo que el ecosistema digital elimina: distancia temporal respecto al estímulo, silencio cognitivo que permita la escucha interior, tiempo no productivo donde las ideas puedan sedimentarse, y la capacidad crucial de interrumpir el flujo externo para permitir el flujo interno.

La arquitectura de nuestras plataformas digitales, sin embargo, se encuentra específicamente diseñada para impedir tales espacios vacíos donde el pensamiento estructurado podría emerger. Cada scroll, cada notificación, cada estímulo diseñado para capturar nuestra atención funciona como un impedimento para la sedimentación de la experiencia, disolviendo la continuidad necesaria para que el pensamiento profundo pueda desarrollarse.

El resultado es paradójico y preocupante: aunque parezca que sabemos más que nunca, en realidad pensamos menos, porque la información nos llega más rápido de lo que nuestra conciencia puede metabolizarla, procesarla y convertirla en comprensión genuina.

La «mímica» del pensamiento: cuando la actividad mental oculta la pasividad cognitiva

La situación se complica porque el consumo intensivo de información produce una sensación convincente de actividad mental. Leemos artículos, visualizamos gráficos, comentamos publicaciones, compartimos contenido, y todo esto genera una experiencia subjetiva de estar «haciendo algo» con nuestra mente. Esta experiencia no es completamente falsa (por supuesto existe actividad neuronal, procesamiento de símbolos, respuestas emocionales y cognitivas).

Sin embargo, en la gran mayoría de los casos, se trata de una actividad sin elaboración cognitiva profunda o un tipo de «mímica del pensamiento». Es como la diferencia entre caminar por un museo mirando superficialmente cada obra para poder decir que lo hemos visitado versus detenerse frente a una sola pintura durante una hora, permitiendo que nos revele sus capas de significado. Ambas actividades involucran «mirar», pero la calidad y profundidad de la experiencia cognitiva son radicalmente diferentes.

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Esta ilusión cognitiva del consumo es lo que filósofos contemporáneos como Byung-Chul Han han descrito como una colonización de la atención, mientras que Bernard Stiegler lo enmarca en términos de una proletarización del conocimiento: la pérdida progresiva del saber-pensar sustituido por el saber-consumir. La mente ya no elige autónomamente en qué pensar, sobre qué detenerse, qué explorar en profundidad. En su lugar, se encuentra constantemente reaccionando a estímulos que el entorno digital le impone con una persistencia algorítmica perfectamente calibrada para mantener la atención cautiva.

Sentimos que pensamos porque estamos ocupados mentalmente o porque hay un flujo constante de actividad consciente, pero esta ocupación no debe confundirse con la elaboración genuina de pensamiento propio. El resultado es una mente paradójicamente hiperactiva pero pasiva: llena de ruido informacional, saturada de estímulos, vibrante de actividad superficial, pero esencialmente vacía de pensamiento propio, de esa reflexión que permite no solo saber qué está pasando, sino comprender por qué importa, cómo se conecta con otras realidades, qué significa realmente.

Esta distinción tiene consecuencias pragmáticas inmediatas. Para un analista de inteligencia, por ejemplo, la diferencia entre consumir información y pensar puede ser la diferencia entre identificar patrones significativos y «perderse» en el ruido informativo. Un analista puede leer cientos de informes, revisar miles de señales interceptadas, monitorear docenas de fuentes en tiempo real, y sin embargo, no llegar a comprender la dinámica subyacente de una situación porque nunca tuvo el espacio cognitivo para que los patrones sedimentaran.

La información sin el proceso del pensamiento es simplemente un ruido más organizado, y por consiguiente: el pensamiento sin tiempo para desarrollarse es imposible.

La arquitectura de la interrupción: cómo el diseño digital destruye el razonamiento sosegado

El pensamiento profundo (capaz de comprender sistemas complejos, anticipar consecuencias no lineales y generar nuevas síntesis) requiere tiempo no productivo: momentos de aparente inactividad donde la mente divaga, asocia y conecta ideas. Sin esas pausas, no existe una posible comprensión ni creatividad. Las plataformas digitales actuales eliminan deliberadamente esos espacios.

En la economía de la atención, cada segundo de desconexión es una pérdida de datos y monetización. Los algoritmos no buscan favorecer la comprensión, sino maximizar el tiempo de permanencia y la interacción. Así, el entorno digital contemporáneo es estructuralmente incompatible con el pensamiento reflexivo.

La psicología cognitiva confirma sus efectos: la atención sostenida y la memoria de trabajo -bases del pensamiento complejo- se degradan bajo interrupciones constantes. Cada cambio de foco deja un «residuo atencional» que reduce la capacidad cognitiva disponible. La sobrecarga informativa, además, inhibe la abstracción y el procesamiento profundo, sustituyéndolos por un «scrolling cognitivo» superficial que impide integrar la información en conocimiento.

La paradoja cognitiva de la era digital: libertad aparente y determinación del pensamiento

La era digital revela una paradoja profunda: cuanto más libre parece nuestro acceso a la información, más condicionado se vuelve nuestro modo de pensar. Este fenómeno subvierte el modelo clásico de libertad cognitiva, donde la amenaza provenía de la restricción informativa y la censura estatal. En ese marco, la libertad se medía por la cantidad y diversidad de información disponible. Sin embargo, en el entorno contemporáneo, la abundancia misma de información emerge como un nuevo mecanismo de control.

La libertad de pensamiento ya no depende del acceso ilimitado, sino de la capacidad de sustraerse al flujo constante, de ejercer una atención deliberada y de mantener distancia crítica frente a la sobreexposición informacional. En este contexto, la verdadera autonomía cognitiva reside en la facultad de detenerse, seleccionar y procesar con profundidad, más que en la posibilidad de consumir sin límite.

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La saturación informativa actúa como una forma de censura por abundancia o censura por ruido: no restringe el discurso, sino que lo diluye. No elimina ideas, sino que las desactiva mediante su inserción en un flujo incesante donde ninguna puede mantenerse en foco el tiempo suficiente para ser comprendida. Esta dinámica transforma la censura de un acto de prohibición en un proceso de distracción estructural. 

Implicaciones específicas para analistas de inteligencia: de la información a la comprensión

En el ámbito del análisis de inteligencia -ya sea en contextos de seguridad nacional, inteligencia competitiva, geopolítica o ciberseguridad- la distinción entre consumir información y producir comprensión no es una cuestión menor, sino un factor decisivo de efectividad operativa.

La tarea esencial del analista no consiste en acumular datos, sino en transformarlos en conocimiento útil, en identificar patrones donde otros solo perciben fragmentos, en anticipar desarrollos antes de que se materialicen y en separar la señal significativa del ruido irrelevante. Estas capacidades no dependen de la cantidad de información disponible, sino de la calidad del pensamiento aplicado a su interpretación.

Una de las funciones más críticas en este proceso es la anticipación estratégica, que requiere lo que los teóricos de la inteligencia, como Richards Heuer, denominan «imaginación analítica«: la habilidad de concebir escenarios plausibles aún no ocurridos, de conectar dinámicas aparentemente inconexas y de cuestionar las suposiciones implícitas que guían la interpretación de los hechos. Dicha imaginación no surge del consumo pasivo de más información, sino del pensamiento activo y reflexivo que permite establecer conexiones nuevas, revisar premisas y explorar alternativas.

Sin embargo, el entorno digital contemporáneo (marcado por la sobreexposición, la interrupción constante y la presión de la inmediatez) socava precisamente las condiciones que hacen posible este tipo de pensamiento. La cultura del “siempre actualizado”, propia de los ecosistemas informativos actuales, produce una fragmentación atencional que impide los procesos de incubación cognitiva de los que depende la comprensión profunda.

La literatura sobre análisis de inteligencia ha mostrado que los sesgos cognitivos (como el sesgo de confirmación, el pensamiento grupal o la falacia de la conjunción) constituyen amenazas permanentes a la objetividad analítica. Bajo condiciones de sobrecarga informacional, estos sesgos no solo persisten, sino que se amplifican. La atención dispersa y el exceso de estímulos reducen el tiempo disponible para el razonamiento deliberativo, empujando al analista a depender de procesos heurísticos y atajos mentales.

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Estos mecanismos, aunque eficientes en situaciones de urgencia, son también los canales por los cuales los sesgos cognitivos operan con mayor fuerza. En consecuencia, la abundancia de información no elimina el error, sino que lo reproduce a una escala mayor: el analista sobreexpuesto se vuelve más propenso a confirmar lo que ya cree, a ignorar datos que contradicen su marco conceptual y a interpretar la realidad dentro de narrativas preexistentes.

A ello se suma el efecto de ciertas dinámicas organizacionales que, lejos de mitigar estos problemas, tienden a acentuarlos. En muchas instituciones dedicadas al análisis de inteligencia, la cultura de trabajo valora la actualización constante, la inmediatez y la producción continua de informes como indicadores de eficiencia. Este énfasis en la productividad informacional resulta comprensible en contextos de alta demanda y vigilancia permanente, pero tiene un costo oculto: al premiar la velocidad sobre la profundidad, erosiona las condiciones necesarias para el pensamiento estratégico.

Los analistas más experimentados coinciden en que sus mejores hallazgos no provienen de consumir más datos, sino de detenerse a pensar sobre la información ya disponible, de revisitar problemas desde perspectivas distintas, y de permitir que la experiencia tácita y la intuición analítica trabajen sin la presión de la inmediatez.

El problema ya no es la escasez de información, sino su sobreabundancia. La dificultad consiste en distinguir la señal del ruido en océanos de datos generados por sistemas de vigilancia masiva, redes sociales y fuentes abiertas. Incluso con acceso a volúmenes sin precedentes de información, la ausencia de tiempo cognitivo y espacio reflexivo convierte esa abundancia en una forma de parálisis. Peor aún, la saturación informativa puede ser explotada deliberadamente como estrategia de contrainteligencia o desinformación.

En lugar de ocultar información, un actor hostil puede optar por producir ruido: inundar el entorno con datos ambiguos, contradictorios o parcialmente veraces hasta que la señal relevante se diluya. En este escenario, la verdad no se niega, se disuelve. El control informacional ya no requiere censurar, sino distraer.

En última instancia, el desafío para los profesionales de la inteligencia no reside en acceder a más información, sino en preservar las condiciones cognitivas y organizacionales que posibilitan la comprensión. En una época dominada por la interrupción y la velocidad, pensar se convierte en un acto contracultural, pero también en el recurso más estratégico.

Recuperar el tiempo para la reflexión no es un lujo intelectual: es una necesidad operativa en un ecosistema donde la abundancia de datos amenaza con sustituir la comprensión por la mera acumulación.

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El Gobierno libanés prohíbe la actividad militar de Hezbolá y exige la entrega de armas

El primer ministro libanés Nawaf Salam exige a Hezbolá deponer las armas y actuar solo como partido político, mientras Israel rechaza frenar su ofensiva sobre el país.

El Consejo de Ministros de Líbano ha decidido este lunes 2 de marzo prohibir toda actividad militar del partido-milicia chií Hezbolá y ha exigido al grupo la entrega completa de sus armamentos. La decisión llega en un contexto de escalada regional tras la ofensiva sorpresa lanzada el sábado por Estados Unidos e Israel contra Irán, que desencadenó una oleada de bombardeos israelíes en respuesta al disparo de proyectiles desde territorio libanés.

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Tras «largas reuniones en el palacio presidencial», el Consejo tomó la resolución de vetar cualquier operación armada del grupo y condenó «cualquier ataque perpetrado desde territorio libanés». El primer ministro Nawaf Salam fue directo en su rueda de prensa posterior: «Hezbolá debe rendirse y entregar todas las armas que continúan ilegalmente en poder del grupo para pasar a formar solo un partido político».

Salam reivindica el monopolio estatal de las armas

La postura del Ejecutivo fue contundente en materia de soberanía. Salam declaró que «la decisión entre la guerra y paz depende única y exclusivamente del Estado» y subrayó que «el Estado libanés declara su rechazo absoluto, sin ambigüedad ni interpretación alguna, a cualquier acción militar o de seguridad lanzada desde territorio libanés fuera del marco de sus instituciones legítimas». Además, ordenó a las fuerzas de seguridad «detener a los que toman este tipo de medidas».

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En paralelo, el Consejo dirigió también una exigencia hacia Israel. El texto aprobado insta a «obtener un compromiso claro y definitivo de la parte israelí de cesar todos los ataques contra el territorio libanés» y declara «plena disposición a reanudar las negociaciones sobre este asunto con participación civil y auspicios internacionales». Asimismo, instruyó al Ministerio de Exteriores a «intensificar los contactos diplomáticos con la comunidad internacional» para activar las resoluciones internacionales pertinentes.

Hezbolá e Israel rechazan las condiciones libanesas

Sin embargo, la medida choca con la resistencia de las partes implicadas. Israel insiste en que Hezbolá «se rearma más rápidamente de lo que es desarmado», mientras que el propio partido-milicia ha rechazado cualquier proceso de desarme sin el fin previo de la ocupación israelí de Líbano. A ello se suma que, a mediados de febrero, las fuerzas libanesas calculaban que completar la segunda fase del plan de desarme llevaría entre cuatro y ocho meses más.

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El contexto que precipitó estas decisiones es el asesinato del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, durante los ataques de Estados Unidos e Israel, lo que provocó el disparo de proyectiles desde Líbano por parte de Hezbolá como represalia. Israel respondió con una campaña ofensiva que dejó decenas de muertos, elevando la tensión regional hasta forzar al Gobierno libanés a actuar con urgencia ante el riesgo de verse arrastrado a un conflicto de mayor escala.

Así se gestó la operación que acabó con el ayatolá Alí Jamenei

La CIA vigiló durante meses cada movimiento del líder supremo hasta encontrar la ventana perfecta.

Nadie lo vio venir. O más bien, nadie quiso verlo venir. Porque ahora, con la distancia de las horas, queda claro que esto no fue un golpe de suerte ni un acto impulsivo. Fue el resultado de meses de espera, de paciencia fría, de esa clase de silencio que solo precede a algo muy grande.

Un hombre vigilado sin saberlo

La CIA llevaba tiempo detrás de Jamenei. No de manera ruidosa, sino con la discreción de quien sabe que el momento llegará y no quiere espantarlo. Interceptaciones de comunicaciones, análisis de patrones, satélites. El aparato de inteligencia estadounidense fue tejiendo, hilo a hilo, un retrato exacto de los movimientos del líder supremo de Irán. Un hombre de 86 años que gobernaba desde 1989 y que, paradójicamente, se creía el más protegido del mundo. Sin embargo, el sábado 28 de febrero, esa red de información dio su fruto.

La reunión que lo cambió todo

Jamenei convocó una reunión de urgencia en su complejo residencial en el centro de Teherán. Estarían allí, sentados a su alrededor, los hombres más poderosos del régimen. Una sola habitación. Una sola oportunidad.

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La CIA transmitió el dato a Israel de inmediato. Y algo cambió en los planes. El ataque, concebido inicialmente para ejecutarse de noche, se adelantó. No podían esperar. Esa ventana no volvería a abrirse.

Cuando despegaron los aviones

Era poco más de las seis de la mañana, hora israelí, cuando los cazas levantaron el vuelo. En el otro lado del mundo, en Mar-a-Lago, Trump y su equipo seguían la operación en tiempo real, con los ojos fijos en las pantallas.

A las 9:40, hora local en Teherán, los misiles impactaron sobre el complejo. Según el New York Times, Israel empleó cerca de treinta bombas de alta penetración para atravesar el búnker subterráneo donde se encontraba el ayatolá, una estructura diseñada precisamente para ese tipo de ataques. Sin embargo, la magnitud del ataque no fue suficiente para protegerle.

Murieron Jamenei y todos los que estaban con él. También su hija, su yerno y su nieto. El edificio que fue símbolo del poder absoluto del régimen de los ayatolás quedó reducido a escombros en cuestión de minutos.

Las horas de mentira

Posterior al ataque, el régimen intentó ganar tiempo. La televisión pública iraní aseguró durante horas que el líder supremo estaba «a salvo y bien». Sus portavoces repetían el mensaje con la insistencia de quien sabe que nadie les cree. Pero la imagen ya había llegado a Tel Aviv y a Washington. El cuerpo de Jamenei, recuperado entre los escombros, confirmaba lo que los iraníes aún no querían admitir.

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Trump lo anunció como solo él sabe hacerlo, sin matices ni protocolos diplomáticos: «Jamenei, una de las personas más malvadas de la Historia, está muerto». Netanyahu, más medido en las formas pero igual de contundente, lo calificó de «poderoso asalto sorpresa» al corazón de Teherán.

El comunicado que nadie quería leer

El domingo por la mañana, un presentador de la televisión iraní tomó el micrófono con gesto serio y leyó en voz alta lo que el régimen había intentado negar durante más de doce horas. El ayatolá Alí Jamenei había «alcanzado el martirio». Irán decretó cuarenta días de luto nacional. La Guardia Revolucionaria prometió venganza «dura y decisiva».

Pero esas palabras sonaban distintas esta vez. Porque el hombre que durante treinta y siete años lideró Irán ya no estaba.​ Murió donde siempre vivió, dentro de su propia fortaleza. Y fue precisamente eso, su rutina, su confianza en que nadie se atrevería, lo que lo delató.