En este artículo, Álvaro Caverni, alumno del Máster Profesional de Analista de Inteligencia de LISA Institute analiza el papel que siguen desempeñando las fuentes humanas en un entorno dominado por la tecnología y el análisis masivo de datos.
Vivimos en la era de la información y la tecnología, un período que ha traído un volumen de datos sin precedentes y ha impulsado el desarrollo de métodos innovadores de obtención de inteligencia. Disciplinas como la obtención de Inteligencia de Fuentes Abiertas (OSINT) ha experimentado un auge notable, democratizando el acceso a la información y permitiendo análisis de diferentes contextos en tiempo real.
Un ejemplo ilustrativo es el trabajo de comunidades como el sitio web Oryx, que se ha destacado en la guerra de Ucrania por el minucioso seguimiento y el conteo de pérdidas de material militar ruso, respaldando cada entrada con imágenes y vídeos para su validación.
Esta revolución tecnológica ha dotado a las disciplinas como la Inteligencia de Señales (SIGINT), la Inteligencia de Imágenes (IMINT) y el propio OSINT de una capacidad sin igual para medir y monitorizar las capacidades del objeto del análisis, es decir, sus despliegues, infraestructuras, TTPs…
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Sin embargo, a pesar de la irrupción de estas nuevas tecnologías, la Inteligencia de Fuentes Humanas (HUMINT) continúa siendo una de las maneras más efectivas de obtener y contrastar información, especialmente si se realiza con fuentes adecuadas. La dimensión cualitativa resulta elusiva para los algoritmos y los sensores a menudo no pueden captar se complementa.
El HUMINT se distingue como la única disciplina capaz de penetrar esta dimensión, revelando planes subyacentes, dinámicas ocultas y motivaciones que residen en el plano más subjetivo. Además, actúa como un validador crítico, contrastando la veracidad de los datos masivos generados por el resto de las disciplinas. Esta necesidad se extiende al entorno digital, donde el ciberhumint se enfoca en obtener información a través de interacciones humanas y comunicaciones en el ciberespacio, correlacionando fuentes humanas y datos tecnológicos para mejorar la precisión de la ciberinteligencia.
Estudio de caso I: La catástrofe del 7 de octubre en Israel y el papel del HUMINT
El ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023 es un ejemplo paradigmático de la sorpresa estratégica lograda mediante una exitosa campaña de engaño y una confianza desmedida en la superioridad técnica.
El análisis preliminar indica que el ataque no fue el resultado de un único fallo, sino de una acumulación de problemas en los niveles político y de inteligencia. El factor más crucial fue la adhesión a una concepción estratégica defectuosa. Esta evaluación asumía que Hamas resultaba disuadido de buscar una confrontación militar violenta y se estaría centrando en el gobierno de Gaza. Esta creencia se reforzó porque Hamas había evitado eventos de luchas previas (como en mayo de 2023).
Esta adhesión al pensamiento de grupo (groupthink) se tradujo en una sobre-dependencia en la superioridad tecnológica, incluyendo el sofisticado sistema de sensores que separaba la Franja de Gaza. La sobreestimación de estas capacidades técnicas llevó a un déficit en la apreciación de la creatividad y competencia operativa de Hamas. Asimismo, la capacidad del Shin Bet (la agencia de inteligencia doméstica) para ejecutar HUMINT dentro de Gaza se había visto significativamente afectada tras la retirada de 2005 y la toma de poder por Hamas en 2007. Esto generó una peligrosa brecha de inteligencia en la esfera de la intención.
La campaña de engaño de Hamas
Hamas neutralizó intencionalmente los puntos fuertes de Israel (basados principalmente en la tecnología) con una campaña de engaño metódica:
Evasión de SIGINT: Para la planificación de la operación, los operativos de Hamas recurrieron al uso de líneas telefónicas cableadas instaladas en los túneles, neutralizando la capacidad de Israel para interceptar sus comunicaciones digitales.
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Refuerzo de la falsa calma: Hamas buscó reforzar la sensación de disuasión comunicando deliberadamente, a través de canales que asumían vigilados, su deseo de evitar el conflicto. También se detectó que proporcionaban información sobre la Yihad Islámica Palestina (PIJ) para aumentar la credibilidad de su postura de observador.
Señuelos operacionales: Hamas organizó protestas en la frontera que cesaron intencionalmente una semana antes del ataque, lo que se interpretó como una señal de calma restaurada. Este cese de actividad sirvió como un señuelo temporal para distraer y disminuir los niveles de alerta del IDF, que incluso reasignó fuerzas a Cisjordania.
Desoyendo las advertencias del HUMINT
La información que indicaba la intención de Hamas sí existía, pero fue consistentemente desestimada. Las IDF tuvieron en su poder por más de un año el documento «Jericho Wall,» que detallaba un plan de invasión que coincidía con los eventos del 7 de octubre.
A pesar de que la inteligencia había recopilado simulacros (IMINT/SIGINT) que se apegaban al plan «Jericho Wall», y una suboficial de la Unidad 8200 de SIGINT advirtió explícitamente sobre la capacidad de Hamas para ejecutarlo, sus superiores lo desestimaron como «aspiracional» y «totalmente imaginativo».
Israel contaba con mecanismos organizacionales para desafiar el consenso, como la unidad Devil’s Advocate («Ipcha Mistabra»). Sin embargo, las cuatro advertencias emitidas por esta unidad en las tres semanas previas al ataque, que señalaban procesos fundamentales que cambiaban la situación estratégica, fueron ignoradas por la cúpula política y militar. El desafío se volvió una rutina o ritual, y la cultura institucional careció de la humildad necesaria para que las voces disidentes y el contexto humano (HUMINT, análisis de bajo nivel) superaran el sesgo arraigado y la arrogancia tecnológica.
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La lección principal de este caso es que el error fue, en última instancia, un fallo humano en la interpretación y la diseminación, magnificado por el exceso de confianza en que la tecnología compensa el déficit de acceso a la intención.
La vulnerabilidad del OSINT
La Inteligencia de Fuentes Abiertas (OSINT) se ha consolidado como una fuente vital de información, especialmente en conflictos modernos, pero su inmediatez y accesibilidad la convierten a su vez en un vector de ataque para operaciones de engaño. Cuando los actores adversarios son profesionales y tienen los recursos y el interés en la decepción activa, confiar en OSINT como información verificada puede llevar a graves fallos y al desperdicio de recursos.
La decepción profesional se centra en manipular la percepción del adversario mediante el uso de señuelos y la falsificación de datos. El objetivo es confundir o reforzar una idea contraproducente en la mente del observador.
En el contexto de la guerra en Ucrania, ambos ejércitos recurren a diversas estratagemas para tratar de confundir a los observadores. El célebre analista Michael Kofman apuntaba a la vuelta de uno de sus viajes a Ucrania, que la gran mayoría de los puestos, trincheras y puntos que parecen defensivos en las inmediaciones del frente, son falsos. Según este analista, con gran experiencia en el conflicto, y contactos de alto nivel, la línea del frente, y las posiciones de las tropas presentes, no se corresponden en absoluto con lo observado por los analistas de fuentes abiertas. Estas manifestaciones tienen cierto sentido, ya que con la sensorización del campo de batalla, un punto defensivo visible está abocado al fracaso.
Otro ejemplo de cómo el engaño ataca la objetividad de los datos abiertos y públicos, como los sistemas de seguimiento de vuelos (Flight Radar y similares), se observó en la Operación Midnight Hammer, un ataque aéreo de Estados Unidos contra las instalaciones nucleares de Irán. Para garantizar la sorpresa táctica, la operación se centró en manipular la percepción del despliegue:
El engaño OSINT: Un paquete de seis bombarderos stealth B-2 partió de EE. UU. y se dejó entrever que se dirigían hacia el oeste, con destino a Guam. Esta trayectoria falsa, probablemente rastreable a través de datos públicos de transpondedores, sirvió como un señuelo táctico para desviar la atención de la inteligencia iraní y de los analistas de OSINT.
La trayectoria real: Mientras tanto, el paquete de ataque principal, compuesto por bombarderos B-2 Spirit, procedió silenciosamente hacia el este con comunicaciones mínimas, volando de manera indetectable para los sistemas iraníes.
El ataque, que empleó tácticas de engaño adicionales al ingresar al espacio aéreo iraní, fue una sorpresa total. Los cazas iraníes no volaron y sus sistemas de misiles tierra-aire no detectaron los aviones. Este caso demuestra que los adversarios profesionales manipulan activamente la transparencia del OSINT para generar ambigüedad o reducir la credibilidad de diversas herramientas.
Conclusiones: el papel clave del HUMINT
Los fallos estratégicos expuestos, particularmente el 7 de octubre, demuestran que en la era de la saturación de datos técnicos, el valor cualitativo y el contexto proporcionado por la Inteligencia de Fuentes Humanas (HUMINT) es más crítico que nunca.
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El TechINT (SIGINT, IMINT, OSINT) proporciona una visión casi perfecta de la Capacidad del adversario, pero es inherentemente vulnerable a la decepción diseñada para neutralizar los sensores. El HUMINT, aunque difícil de obtener y de alto riesgo, es la única disciplina capaz de revelar la intención del adversario y de proveer el contexto sociopolítico y motivacional que el TechINT no puede ofrecer.
La lección aprendida de los recientes fallos estratégicos es que, incluso en la era de la inteligencia artificial, los drones y el análisis cuantitativo, la guerra sigue siendo un asunto fundamentalmente humano, y la clave para evitar la sorpresa reside en el acceso a la mente del adversario, no solo a su maquinaria.
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