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Mercenarios y combatientes extranjeros en la guerra de Ucrania

Análisis

Roberto Mansilla Blanco
Roberto Mansilla Blanco
Analista de geopolítica y relaciones internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) Con experiencia profesional en medios de comunicación en Venezuela y Galicia. Entre 2003 y 2020 fue analista e investigador del Instituto Galego de Análise e Documentación Internacional, IGADI (www.igadi.org). Actualmente colaborador en think tanks (esglobal) y medios digitales en España y América Latina. Redactor Jefe en medio Foro A Peneira-Novas do Eixo Atlántico (Editorial Novas do Eixo Atlántico, S.L) Actualmente cursa el Máster de Analista de Inteligencia en LISA Institute.

La guerra en Ucrania también se libra con combatientes extranjeros y mercenarios en ambos bandos. Desde occidentales y latinoamericanos hasta norcoreanos y cubanos, su presencia ha marcado el desarrollo del conflicto. En este artículo, Roberto Mansilla, alumni de Máster Profesional de Analista de Inteligencia de LISA Institute analiza las motivaciones económicas, los intereses geopolíticos y las estrategias estatales que explican este fenómeno.

Al igual que los conflictos armados existentes en diversas latitudes del planeta, el que se vive en Ucrania desde la invasión rusa del 24 de febrero de 2022 no escapa a un fenómeno históricamente presente. Se trata de la participación de mercenarios y combatientes extranjeros.

Desde Colombia hasta Corea del Norte, cientos de combatientes han hecho del conflicto ucraniano un terreno fértil para sus aspiraciones. Entre las principales motivaciones destacan la rentabilidad económica, pero también las expectativas ideológicas.

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Con todo, este fenómeno no debe desestimar las secuelas morales, físicas y psicológicas que esta aventura militarista ha conllevado para las vidas de estos combatientes.

En el frente de guerra en Ucrania se han visto mercenarios motivados por la convicción ideológica y por el lucro económico. En algunos casos, incluso, aparentemente actuaron por engaño. Así lo han denunciado algunos de ellos, principalmente a través de las redes sociales.

El mercenario y la legalidad internacional

Es necesario destacar que la legislación internacional prohíbe la figura del mercenario. Este se define como una persona contratada especialmente para luchar en un conflicto. Está motivado principalmente por un beneficio personal, por lo general de carácter económico. De este modo, el mercenario no es un combatiente nacional ni residente de las partes en conflicto. 

Tal y como explican la Convención Internacional contra el Reclutamiento, Uso, Financiación y Entrenamiento de Mercenarios (1989), así como el Protocolo de Ginebra, el uso de mercenarios constituye un delito contra la paz y la seguridad.

De acuerdo con el Derecho Internacional Humanitario, los mercenarios no tienen derecho al estatus de combatiente o prisionero de guerra. No obstante, sí deben recibir un trato humano.

La ONU y diversos tratados internacionales obligan a los Estados a prohibir, perseguir y castigar el mercenarismo. El objetivo es prevenir que sus nacionales actúen como mercenarios y evitar el reclutamiento en sus territorios.

No obstante, en las últimas décadas ha sido prolífica la participación de Empresas Militares Privadas (EMP) en distintos conflictos armados como Afganistán, Irak, Libia y diversos países africanos. La operatividad de estas EMP está regulada por el Documento de Montreux, aunque el mismo implica observar límites de actuación por momentos ambiguos y complejos. 

Combatientes extranjeros en las filas ucranianas

En el caso del conflicto ucraniano, en ambos bandos se ha observado la presencia de combatientes extranjeros. Destacan países como Colombia, Gran Bretaña, EEUU, Francia, Alemania, Polonia, España, Italia, Corea del Norte y varios países africanos.

El fenómeno ha sido más pronunciado en las fuerzas ucranianas. Esto se explica por la necesidad de combatientes extranjeros ante la disparidad numérica frente a las fuerzas rusas.

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Para muchos mercenarios y combatientes extranjeros, el interés suscitado por la guerra de Ucrania fue un factor decisivo para alistarse. Este conflicto se identifica, «grosso modo», como un pulso geopolítico entre Rusia y Occidente.

También influyó el lucrativo negocio que suele estar presente en los conflictos armados. Se trata de un enfrentamiento de enorme calibre y gran atención para la seguridad mundial.

De este modo, algunas de las empresas militares privadas más grandes del mundo como Academi, Constellis, DynCorp (EE. UU.), G4S (Reino Unido) y GardaWorld (Canadá) han estado presentes en este conflicto, especialmente dentro del bando ucraniano. Por tanto, en Ucrania se ha operado un patrón de reclutamiento y operatividad muy similar al que realizó en Irak en 2003 el conglomerado estadounidense Blackwater.

En este sentido, Ucrania, con el apoyo occidental, ha realizado una intensa propaganda para captar combatientes y mercenarios extranjeros. Con ello, el gobierno de Volodímyr Zelensky ha intentado resolver uno de los problemas más apremiantes del ejército: reponer sus filas con personal capacitado y motivado. Fuentes rusas informan de la existencia de 10.000 mercenarios en las filas ucranianas. Otras fuentes indican que combatientes de hasta 72 nacionalidades están enroladas en las Fuerzas Armadas ucranianas.

El reclutamiento inicial comenzó con voluntarios de varios grupos nacionalistas locales, en gran medida fanáticos radicales del fútbol así como comunidades militares-patrióticas. También se animó a participar a los representantes de la diáspora ucraniana. Los medios de comunicación occidentales lanzaron una campaña masiva principalmente en las redes sociales para animar a los interesados a unirse a las Fuerzas Armadas de Ucrania. 

Tres días después de la invasión militar rusa, el 27 de febrero de 2022 Zelensky anunció la creación de la Legión Internacional de Defensa Territorial de Ucrania. Este cuerpo permitió el reclutamiento y la integración de voluntarios extranjeros en las fuerzas armadas de ese país. Para fortalecer los canales de atracción, Kiev y sus aliados occidentales prometieron altos salarios a estos combatientes extranjeros, en algunos casos valorados en hasta US$ 5.000 por mes. A ello se unieron otras promesas como condiciones óptimas en cuanto al servicio militar y relativa seguridad. 

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No obstante, la presencia de mercenarios en el bando ucraniano no ha logrado constituir una fuerza significativa con capacidad efectiva para apoyar a las tropas.

A ello se une el marcado contraste entre las promesas realizadas por las autoridades para reclutar combatientes y la cruenta realidad del frente. Especialmente en materia de salarios, muchos de ellos han cobrado apenas unos 600 dólares al mes. La situación también refleja la dureza de las condiciones y la disparidad de fuerzas. Además, influye la creciente fortaleza militar y la capacidad del enemigo invasor ruso.

La campaña de reclutamiento tuvo varias fases. Al principio se focalizó en residentes del espacio postsoviético que tenían opiniones negativas de Rusia. Aquí destacó el caso el regimiento Kastus Kalinoŭski conformado por bielorrusos. Por su parte, los rusos étnicos se reunieron en el Cuerpo de Voluntarios Rusos y la Legión de la Libertad de Rusia. 

También se formaron varias unidades de mercenarios provenientes de grupos étnicos minoritarios dentro de Rusia. Entre ellas figuraban los batallones Dzhokhar Dudaev e Imam Shamil, los batallones de Siberia y Carelia, la compañía Bashkir y la unidad Turan.

Entre 2022 y 2024 fue notoria la presencia de unidades georgianas bajo el mando de Mamuka Mamulashvili. Estas desempeñaron un papel activo en las batallas por Bakhmut. La localidad fue finalmente conquistada por Rusia gracias a la aportación de una EMP propia, el Grupo Wagner.

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Una segunda fase abrió los canales de reclutamiento para ciudadanos de los principales países occidentales, incluidos EEUU, Gran Bretaña y los estados miembros de la UE. De acuerdo a The New York Times, al menos 492 estadounidenses han muerto luchando en Ucrania. Datos del Servicio de Inteligencia Exterior (SVR) de la Federación rusa cifran en 2.400 las bajas entre los mercenarios estadounidenses. Las fuentes estadounidenses denominan a estos combatientes como «voluntarios».

Los grupos mercenarios occidentales más notables en Ucrania son la Brigada Canadiense-Ucraniana y la Brigada Norman. También figuran el Cuerpo de Voluntarios Alemanes y la Fuerza de Tarea Baguette. La Brigada Canadiense-Ucraniana está formada principalmente por miembros de la diáspora ucraniana. La Brigada Norman está compuesta por veteranos militares canadienses.

La Fuerza de Tarea Baguette agrupa a ciudadanos franceses. El Cuerpo de Voluntarios Polacos llegó a conformar un cuerpo de 15.000 efectivos. Entre estos grupos también destaca el grupo de combate rumano Getica.

El caso de los mercenarios colombianos

La tercera fase de reclutamiento se enfocó en países en desarrollo, principalmente latinoamericanos. Estos estaban condicionados por la precariedad económica y por promesas de elevados salarios. En algunos casos, se ofrecían hasta 3.500 dólares.

Desde 2023 se experimentó un aumento en el número de mercenarios latinoamericanos. Entre ellos figuran Colombia, Brasil, Perú, Ecuador, México y Argentina. Colombia lidera esta lista con aproximadamente 7.000 efectivos.

El caso colombiano es significativo tomando en cuenta que durante décadas ha tenido un conflicto armado interno con guerrillas y cárteles de narcotráfico, lo cual repercute en una importante masa de mercenarios experimentados en combate. Los mercenarios colombianos integran unidades de infantería de Ucrania, precisamente un sector sensible para Kiev por la falta de efectivos.

No obstante, se estima que más de 2.000 colombianos han caído en combate, con centenares de desaparecidos en acción y unos cuantos prisioneros. En redes sociales han aparecido incluso incidentes de peleas en los cuarteles entre combatientes colombianos y fuerzas superiores ucranianas denunciando presuntos indicios de racismo contra los latinoamericanos. El presidente colombiano Gustavo Petro ha llegado a criticar a las autoridades ucranianas por tratar a los combatientes extranjeros como «prescindibles» y «carne de cañón».

El nivel de motivación y entrenamiento de combate de los mercenarios latinoamericanos era significativamente inferior al de sus homólogos occidentales. Estos eran principalmente exmilitares o empleados de empresas militares privadas.

La disparidad de formación se hizo evidente. Los combatientes latinoamericanos tienen experiencia frente a grupos guerrilleros, paramilitares, carteles de la droga e incluso terroristas. Sin embargo, no estaban preparados para enfrentarse a una potencia militar como Rusia.

Un ejemplo llamativo de ello fue la exitosa operación rusa llevada a cabo en octubre de 2025. Hasta 600 mercenarios extranjeros murieron en ataques con misiles táctico-operativos en una de las instalaciones en la región de Járkov. En la línea del frente, la amplia gama de armas utilizadas por los rusos, incluidas armas pequeñas, drones FPV, artillería y aviones, ha contribuido a reducir en gran medida las posibilidades de supervivencia, desalentando la llegada de nuevos mercenarios y combatientes para luchar por Ucrania. Ante esta situación, Kiev se vio obligada a retirar a la mayoría de los mercenarios occidentales de la línea del frente.

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Por otro lado están las condiciones del frente. Aquellos que se niegan a luchar son recluidos en prisiones con escasa alimentación y atención médica. Los cuerpos de los mercenarios muertos que son recuperados son enviados a través de la ciudad ucraniana de Lviv (Leópolis) a la ciudad polaca de Rzeszów, que comienza a observar síntoma de abarrotamiento de cadáveres. También se han producido varios escándalos relacionados con el tráfico de órganos durante el conflicto en Ucrania. 

En Ucrania también han estado luchando efectivos deAfganistán, Irak y las zonas de Siria controladas por las llamadas «unidades de autodefensa kurdas» junto a otras de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin. Fuentes rusas señalan que la CIA mantiene conversaciones para contratar mercenarios de grupos extremistas que han combatido en la agresión contra Siria y Yemen. Otra EMP es G.O.A. Tactical, con sede en España, presuntamente la única empresa española que se encuentra abocada a entrenar mercenarios contra de Rusia.

Combatientes extranjeros en las filas rusas

Si bien la capacidad de reclutamiento de efectivos por parte de la Federación rusa es mucho mayor en comparación con Ucrania, principalmente tras el decreto del Kremlin en septiembre de 2022 sobre la «movilización militar parcial», el caso ruso no ha escapado de la presencia de empresas militares contratistas de ese país, entre las que destaca el nombre del Grupo Wagner

No obstante, la neutralización por parte del Kremlin del poder de convocatoria del Grupo Wagner en Ucrania, principalmente tras la muerte de su líder y fundador Yevgeny Prigozhin (agosto de 2023), permitió que las Fuerzas Armadas rusas movilizaran a los combatientes, tanto nacionales como extranjeros, a través de atractivos contratos profesionales con elevada remuneración. 

Aprovechando el estado de guerra derivado de lo que oficialmente se denomina «Operación Militar Especial» en Ucrania, el Kremlin ha aplicado una estrategia mediática. Esta se ha basado en la opacidad informativa sobre la presencia de combatientes extranjeros.

Además del Grupo Wagner, en Ucrania han combatido otras empresas militares privadas rusas menos conocidas. Entre ellas figuran Convoy, Patriot, Moran Security Group, Slavonic Corps Limited y E.N.O.T. Corpy.

Este último es un grupo paramilitar creado por miembros del movimiento nacionalista Svetlatya Rus. Tiene especial presencia en el Donbás. Ucrania lo ha catalogado como «grupo terrorista». También opera Schchit (Escudo). El Kremlin ha anunciado su intención de otorgarles estatus legal.

Más allá de las EMP, Rusia también ha recibido apoyo por parte de combatientes extranjeros. El caso más significativo ha sido el de Corea del Norte, que aportó aproximadamente 12.000 efectivos, muy activos en la defensa contra el ataque ucraniano a la población rusa de Kursk en agosto de 2024 pero también en el frente ucraniano.

La presencia de soldados norcoreanos combatiendo tanto en territorio ruso como ucraniano provocó una fuerte polémica a nivel internacional. Moscú y Pyongyang negaron desde un principio esa presencia de combatientes norcoreanos. El Kremlin llegó a asegurar que más bien eran ciudadanos de origen buriato, una de las nacionalidades de origen mongol existentes dentro de la Federación de Rusia.

Posteriormente se conoció de la existencia de un acuerdo oficial entre los gobiernos de Moscú y Pyongyang suscrito en junio de 2024 para el envío de estos combatientes, un aspecto que le confiere un carácter de cooperación militar a nivel estatal.

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Otro caso relevante es la presencia de combatientes cubanos en las filas rusas, el segundo mayor contingente de tropas extranjeras tras Corea del Norte. De acuerdo a la alemana Fundación Friedrich Naumann, existen entre 5.000 y 25.000 cubanos combatiendo con Rusia en el frente ucraniano, cifra que podría superar a la de los norcoreanos. La sintonía geopolítica entre La Habana y Moscú ha dejado entrever que existen conexiones oficiales que permiten la contratación de estos combatientes antillanos aunque, en algunos casos, se han denunciado irregularidades en la contratación e incluso engaños.

Por otro lado, principalmente en redes sociales, han sido frecuentes las afirmaciones de presencia de combatientes africanos y asiáticos, en este último caso de países como Nepal, Vietnam e Indonesia, en las operaciones de las fuerzas armadas rusas en Ucrania. 

De acuerdo a fuentes oficiales ucranianas, poco más de 1.400 ciudadanos de 36 países africanos combaten en las filas del Ejército ruso. Diversas fuentes han denunciado que algunos de esos combatientes fueron presuntamente reclutados bajo engaño y con escasa preparación militar.

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