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Qué es el sportswashing y cómo lo usa el Mundial de fútbol 2026 en Estados Unidos, México y Canadá

Análisis

Sofia Narváez
Sofia Narváez
Editora SEO en LISA News. Graduada en Periodismo Multimedia por la Universidad Francisco de Vitoria. Máster en Periodismo Multiplataforma en la Universidad Loyola y CNN Academy.

El Mundial 2026 que disputan 48 selecciones en Estados Unidos, México y Canadá mueve 11 mil millones de dólares y la atención de medio planeta. Tres países anfitriones con contextos políticos y sociales muy distintos comparten, sin embargo, una misma acusación: usar el torneo para proyectar una imagen pública que no se corresponde con lo que ocurre fuera de los estadios. La práctica tiene nombre, sportswashing o blanqueamiento deportivo, y lleva décadas funcionando.

El término define la estrategia por la que gobiernos, corporaciones o individuos utilizan el deporte para limpiar su reputación. La mecánica es siempre la misma, asociar la imagen propia a los valores positivos del deporte de masas mientras se desvía el foco de problemas graves, ya sean violaciones de derechos humanos, crisis internas o corrupción.

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No es un fenómeno nuevo, el Mundial de Italia de 1934 y los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936 sirvieron a Mussolini y a Hitler con el mismo propósito. El de Argentina de 1978 hizo lo propio durante la dictadura militar. Lo que cambia en 2026 es que los señalados son democracias occidentales.

Cómo opera el sportswashing en el Mundial de fútbol 2026

La FIFA firmó una gran alianza con Saudi Aramco, la petrolera estatal saudí, lo que investigadores de la Universidad de Loughborough califican como una doble forma de blanqueamiento, reputacional y medioambiental a la vez. El formato de 48 equipos repartidos en tres países enormes dispara las emisiones de CO₂ por desplazamientos, mientras los estadios lucen mensajes de compromiso ecológico.

A ello se suma el modelo de precios, según las investigaciones abiertas por las fiscalías de Nueva York y Nueva Jersey, la FIFA aplicó tarifas dinámicas que llevaron el precio medio de las entradas a tres veces el coste de Qatar 2022, con algunas localidades que superaron los 2.000 dólares en fases eliminatorias.

Por otra parte, la relación entre el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y Donald Trump ha concentrado buena parte de las críticas. Infantino entregó a Trump un «Premio de la Paz de la FIFA» que activistas y expertos de la Universidad de Bristol describen como un gesto diseñado para limpiar la imagen internacional del Gobierno estadounidense.

México y el sportswashing en el Mundial de fútbol

En México el contraste entre la fiesta y la realidad es especialmente visible. Grupos de madres que buscan a personas desaparecidas protestaron frente al Estadio Azteca mientras los medios oficiales enfocaban las cámaras hacia los goles. En Guadalajara, una de las sedes, hubo balaceras y bloqueos de cárteles en zonas próximas al estadio durante semanas previas al torneo.

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El Gobierno desplegó miles de soldados para proteger a los turistas. Varios sindicatos acusaron a las autoridades de impedir la inspección de las obras de remodelación del Azteca, donde trabajadores habrían operado en condiciones deficientes. Los precios de las entradas dejaron además a la mayoría de los aficionados mexicanos fuera del torneo de su propio país.

El sportswashing en Estados Unidos durante el Mundial 2026

Estados Unidos vende el torneo como una gran fiesta de unidad global mientras despliega agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) dentro y fuera de los estadios, algo que el Departamento de Seguridad Nacional confirmó sin ambages. En ciudades sede como Dallas, comunidades de inmigrantes expresaron abiertamente el temor a ser detenidas o deportadas durante los meses del torneo. Human Rights Watch califica el evento como un festival político que oculta tensiones sociales bajo el brillo del fútbol.

Los casos concretos refuerzan esa lectura. El árbitro somalí Omar Artan fue rechazado en el aeropuerto de Miami con sus papeles en regla. La selección de Irán tuvo que acampar en Tijuana y cruzar la frontera cada día para disputar sus partidos, al no poder hospedarse en territorio estadounidense por las restricciones migratorias de la administración Trump. Más del 40% de las solicitudes de visado de turismo procedentes de once países clasificados fueron denegadas, según datos del Departamento de Estado, lo que dejó las tribunas casi en exclusiva para públicos con mayor poder adquisitivo.

Cómo afecta el sportswashing a Canadá

Canadá, que proyecta hacia el exterior una imagen de país abierto e inclusivo, acumula denuncias similares. El Centro de Investigación de Derechos Humanos documentó operaciones de limpieza urbana en Vancouver y Toronto: las autoridades desplazaron a la fuerza a personas sin hogar de las zonas turísticas y de los alrededores del BC Place.

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Los concejales locales rechazaron propuestas para rastrear esos desplazamientos o ampliar refugios durante el torneo. El coste total de acoger sólo trece partidos entre Vancouver y Toronto superó los 1.100 millones de dólares, cifra que las ciudades asumieron bajo contratos con la FIFA que incluían escoltas policiales exclusivas para directivos y remodelaciones de lujo financiadas con impuestos públicos.

La delegación iraní fue detenida y devuelta en el aeropuerto de Toronto pese a contar con visados válidos. Tras los partidos de la selección, el jugador Moïse Bombito denunció cientos de insultos racistas en redes sociales sin que las autoridades respondieran.

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