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Rusia y la guerra híbrida: la doctrina Gerasimov

La estrategia militar rusa ha evolucionado más allá del enfrentamiento convencional. La doctrina Gerasimov redefine el uso del poder en conflictos contemporáneos. En este artículo, Darío Calvo explica cómo los ciberataques, la desinformación y las operaciones encubiertas conforman hoy el núcleo de la guerra híbrida.

En 2013, el jefe del Estado Mayor de la Defensa de la Federación de Rusia, el general Valeri Gerasimov, escribió El valor de la ciencia en la anticipación. El artículo fue publicado en la revista Voyenno-Promyshlennyy Kurier, de gran relevancia para la comunidad militar rusa. En él, Gerasimov describe lo que podría considerarse como el concepto de guerra híbrida desde la perspectiva rusa, lo cual resulta especialmente interesante.

Afirma que las reglas de la guerra han cambiado. En la actualidad, los medios no militares son tan importantes (o incluso más) que los militares para alcanzar ciertos objetivos estratégicos. Además, expone cómo Rusia interpreta que los países occidentales aplicaron una guerra híbrida durante las revueltas del norte de África, en el contexto de la llamada Primavera Árabe.

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Esta nueva forma de hacer la guerra fue utilizada por la Federación de Rusia en la guerra de Georgia de 2006 y en la guerra de Ucrania de 2012. La posterior anexión de Crimea le permitió, además, asegurar una salida al Mediterráneo. La doctrina Gerasimov propone una nueva forma de instrumentar la estrategia militar. Utiliza todos los métodos que posee el Estado para alcanzar los objetivos definidos por la estrategia nacional.

El concepto de guerra híbrida

Gerasimov utiliza el concepto de «guerra híbrida» o sus derivados en un sentido diferente al habitual en Occidente. Para Frank Hoffman, considerado el padre del concepto, la guerra híbrida «incorpora diversas formas de hacer la guerra. Incluye medios convencionales, tácticas y formaciones irregulares, atentados terroristas —con violencia y coerción indiscriminadas— y desorden criminal».

Es decir, en la guerra híbrida se combinan acciones militares convencionales con otras propias de la guerra irregular. En cambio, para Gerasimov, los «métodos híbridos» son justamente aquellos que van más allá de lo militar tradicional. Él entiende que la combinación de acciones tradicionales con lo que llama «acciones híbridas» (lo que en Occidente se entiende como guerra híbrida) es una característica general de los conflictos armados contemporáneos.

La doctrina Gerasimov postula que una ventaja de las acciones híbridas es que dificultan la identificación de la agresión por parte del oponente. En ese terreno difuso entre la paz y la guerra, los Estados pueden amenazarse y agredirse sin recurrir, en un inicio, a medios militares. Estos pueden incorporarse en una segunda etapa, capitalizando los avances logrados mediante medidas económicas, políticas, comunicacionales y otras.

Moscú ha aplicado esta lógica bajo el concepto de guerra no lineal o doctrina Gerasimov. Algunos ejemplos incluyen el ciberataque a Estonia en 2007 y la guerra en Georgia un año después. Sin embargo, el caso emblemático fue la crisis de Ucrania en 2014.

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Allí, el Kremlin explotó intensamente los planos psicológico y mediático, incluidas las redes sociales. Logró así varios objetivos: desacreditar a su oponente, erosionar su imagen internacional, explotar los clivajes étnicos para fragmentar el cuerpo social ucraniano, maximizar los logros de los rebeldes prorrusos en el oriente del país y envolver en misterio las acciones de sus propias unidades de combate.

De forma paralela, se desarrollaron acciones bélicas ejecutadas por fuerzas especiales rusas o milicias locales. En términos de estrategia militar rusa, estos hechos se inscriben en el concepto de maskirovka (enmascaramiento). Este alude a operaciones de engaño y distracción que optimizan las acciones militares propias mediante el «factor sorpresa» y la confusión del adversario.

La doctrina también se sustenta en una hipótesis central: cuanto más acciones indirectas realice un Estado sobre sus objetivos, menor será la necesidad de ejecutar acciones directas. Gerasimov considera que los conflictos armados ya no pueden ser afrontados exclusivamente por actores militares.

Hoy el campo de batalla es multidimensional. Aunque la conducción de la guerra siempre ha sido político-militar, su ejecución ha trascendido lo estrictamente operacional. Por ello, Gerasimov detalla varias acciones que forman parte de la doctrina rusa contemporánea de guerra:

En el plano estratégico: uso de métodos no militares para alcanzar objetivos políticos y estratégicos; aplicación de medidas políticas, económicas, informativas, humanitarias; explotación del malestar social y uso de medidas encubiertas.

En el plano operacional: integración de capacidades de mando, control y apoyo; operaciones dinámicas; pausas tácticas y operacionales para ocultar al enemigo; uso masivo de tecnologías de información y de fuerzas; operaciones remotas sin contacto; conducción que diluye los niveles ofensivos y defensivos; empleo de armas de precisión; operaciones asimétricas como subversión, fuerzas especiales y guerra de información.

A modo de conclusión

El momento unipolar posterior a la Guerra Fría marcó el cenit tecnológico-militar de Estados Unidos. Fue entonces cuando se impuso la idea de que la Humanidad asistía a una «Revolución en los Asuntos Militares» (RMA), basada en innovaciones tecnológicas.

Entre ellas se encuentran las comunicaciones vía satélite, municiones de precisión guiadas por GPS, tecnología stealth (que hace indetectables al radar los medios que la incorporan), vehículos remotamente pilotados y sistemas digitalizados de mando y control.

Estos avances prometían otorgar «superioridad informativa», cambiar la naturaleza misma de los conflictos armados, disipar para siempre la «niebla de la guerra», reducir los daños colaterales al mínimo y asegurar una victoria inocua al actor tecnológicamente superior.

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En palabras de Clausewitz: «La Guerra no es más que un duelo en una escala más amplia… La guerra constituye, por tanto, un acto de fuerza que se lleva a cabo para obligar al adversario a acatar nuestra voluntad… La guerra no es simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político, una continuación de las relaciones políticas, una gestión de las mismas por otros medios» (Clausewitz 1983 [1832]).

Al comenzar el siglo XXI nos enfrentamos a una realidad inquietante: una interacción novedosa y compleja de factores que incrementan el riesgo de nuevos tipos de conflictos armados. También dan lugar a explosiones de violencia sin precedentes. Esta era, marcada por la globalización y la rápida evolución tecnológica, ha transformado la esencia misma de la guerra. Como resultado, emergen dinámicas bélicas radicalmente distintas a las del pasado.

En este contexto, surgen diversas perspectivas que buscan definir y comprender la naturaleza del conflicto bélico moderno. Estas posturas, muchas veces divergentes, intentan analizar sus causas, consecuencias y características distintivas. Abarcan desde el análisis geoestratégico hasta el estudio de sus impactos sociales y humanitarios.

La proliferación de actores no estatales, el uso de ciberarmas y la difuminación de las fronteras entre conflictos internos e internacionales complejizan aún más el panorama. Esta intrincada ecuación del peligro exige un análisis profundo y multidisciplinario, orientado a anticipar y mitigar sus efectos devastadores.

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La Casa Blanca revoca licencias de seguridad a decenas de empleados de Inteligencia

La directora de Inteligencia de Estados Unidos, Tulsi Gabbard, acusa a los exfuncionarios de manipular información clasificada y les acusa de abuso de confianza por participar en la investigación de la injerencia rusa en 2016.

La directora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Tulsi Gabbard, anunció el 19 de agosto la revocación de las licencias de seguridad de 37 funcionarios y exfuncionarios vinculados a los servicios de Inteligencia. La medida, tomada bajo la dirección de Donald Trump, se fundamenta en diferentes acusaciones de manipulación política, filtración de información clasificada y violaciones graves de las normas de seguridad. Según explicó en la red social X, los implicados «han abusado de la confianza pública al politizar y manipular la inteligencia».

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Gabbard enfatizó la naturaleza restrictiva de este tipo de permisos al indicar que «contar con una autorización de seguridad es un privilegio, no un derecho». Además, también acusó a los afectados de haber «traicionado su juramento a la Constitución» y de haber puesto intereses personales por encima de los estadounidenses. Con este mensaje, quiso remarcar que, en su opinión, estas conductas representan una ruptura con la misión y los principios de los servicios de Inteligencia.

De acuerdo con lo publicado por The New York Times, la mayoría de las personas señaladas participaron directamente en la investigación sobre la interferencia rusa en las elecciones presidenciales de 2016. Además, trabajaron en el seguimiento de otras amenazas extranjeras contra el sistema electoral estadounidense. Por ello, la decisión supone un golpe a un grupo de profesionales vinculados a algunos de los episodios más delicados de la política de seguridad nacional en los últimos años.

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Casi cuatro centenares de trabajadores humanitarios fallecieron en 2024

La ONU alerta de 383 cooperantes asesinados y denuncia la impunidad en los ataques. Gaza concentró casi la mitad de las muertes.

La ONU informó que 383 trabajadores humanitarios fueron asesinados en 2024 a causa de conflictos armados, la cifra más alta registrada desde que existen registros. Casi la mitad de esas muertes, unas 180, tuvieron lugar en la Franja de Gaza. El organismo recordó que en lo que va de 2025 ya se contabilizan 265 fallecidos, lo que confirma que la «tendencia nefasta» continúa.

En un comunicado por el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, Naciones Unidas indicó que durante 2024 otros 308 humanitarios resultaron heridos, 125 fueron secuestrados y 45 detenidos. La mayoría de ellos «fueron atacados en acto de servicio o en sus hogares». El informe refleja un incremento del 31% respecto a 2023, cuando se documentaron 293 muertes.

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Tom Fletcher, secretario general adjunto de la ONU para Asuntos Humanitarios, condenó la violencia contra los cooperantes. «Un solo ataque contra un trabajador humanitario es un ataque contra todos nosotros y contra las personas a las que servimos», declaró. Además, insistió en que «los ataques de esta magnitud, sin ninguna rendición de cuentas, son una vergonzosa muestra de la inacción y la apatía internacionales».

El funcionario exigió que «quienes ostentan poder e influencia actúen en defensa de la humanidad, protejan a los civiles y al personal humanitario y exijan responsabilidades a los responsables». Asimismo, subrayó que este comportamiento se repite sin sanciones y con impunidad para los perpetradores.

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De acuerdo con los datos presentados, los ataques aumentaron en 21 países durante 2024 en comparación con el año anterior. La ONU señaló que en la mayoría de los casos los responsables fueron agentes estatales, lo que incrementa la preocupación sobre la falta de protección en contextos oficiales.

Por su parte, Save the Children recordó que desde el año 2000, cada día al menos un trabajador humanitario ha sido asesinado, herido, secuestrado o detenido. La ONG señaló que 2025 se perfila como uno de los años más mortíferos para el sector. Según la base de datos AWSD, se han documentado más de 8.500 ataques graves contra personal humanitario en este periodo. La organización alertó que «ser cooperante es cada vez más peligroso, y los riesgos aumentan año tras año, a pesar de que el Derecho Internacional prohíbe estos ataques».

Los incendios forestales más devastadores de la historia reciente

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Análisis de los incendios forestales más significativos de las últimas décadas en cuanto a extensión, víctimas y daños.

La historia de la humanidad está profundamente ligada al fuego, pero cuando este se descontrola en forma de incendio forestal, las consecuencias son trágicas para el medio ambiente, los ecosistemas y las comunidades humanas. A lo largo del tiempo, diferentes regiones han sufrido algunos de los peores incendios forestales registrados, dejando cicatrices imborrables tanto en el paisaje como en la memoria colectiva.

Qué es un incendio forestal

Un incendio forestal es un fuego no controlado que se propaga con rapidez a través de áreas naturales, como bosques, pastizales o montañas. Sus causas pueden ser naturales, como los rayos, o provocadas por el ser humano, de manera accidental o intencionada. Lo que distingue a estos eventos es su enorme capacidad destructiva, capaz de arrasar miles de hectáreas en poco tiempo, poner en riesgo la fauna y desplazar a poblaciones enteras. En la actualidad, el cambio climático, junto a la sequía y las temperaturas extremas, ha incrementado el riesgo y la frecuencia de estos desastres.

Los incendios forestales más devastadores

Incendios de Australia «Black Summer» (2019-2020)

Los incendios del «Verano Negro» australiano se convirtieron en una de las tragedias naturales más devastadoras de la historia moderna. Esta catástrofe comenzó en septiembre de 2019 y se extendió hasta marzo de 2020, arrasando más de 24 millones de hectáreas en el sudeste de Australia. El balance humano fue trágico: 33 personas fallecieron de forma directa y casi 450 más murieron por los efectos de la inhalación de humo. El impacto en la fauna fue devastador, con la muerte o desplazamiento forzado de aproximadamente 3 mil millones de animales. Además, alrededor de 3.500 viviendas fueron completamente destruidas. Las condiciones extremas fueron causadas por temperaturas récord, sequía prolongada y vientos fuertes, todo ello intensificado por el cambio climático.

Incendios de la Taiga Siberiana (2003)

En 2003 se produjo uno de los incendios forestales más extensos de la historia de la humanidad en los bosques de taiga de Siberia oriental. Este gigantesco incendio destruyó varios millones de hectáreas de tierra, extendiéndose desde Siberia hasta el Lejano Oriente ruso, el norte de China y el norte de Mongolia. La magnitud del desastre fue tal que enviaron una columna de humo que llegó hasta ciudades de Japón, a miles de kilómetros de distancia. Aunque las cifras exactas de víctimas no están completamente documentadas debido a la vastedad y lejanía de la región afectada, este incendio representó una pérdida ecológica incalculable para uno de los ecosistemas forestales más importantes del planeta.

Incendio Camp Fire, California (2018)

El incendio Camp Fire se convirtió en el más mortífero y destructivo en la historia de California. Comenzó el 8 de noviembre de 2018 cerca de Paradise, una ciudad de 26.000 habitantes al norte de Sacramento. El fuego fue causado por el fallo de una línea eléctrica de casi un siglo de antigüedad que generó chispas sobre el pasto seco. En solo 18 días, el incendio causó la muerte de 85 personas y destruyó 18.793 estructuras, incluyendo más de 10.000 casas. La ciudad de Paradise quedó prácticamente arrasada, con pérdidas estimadas en 16.500 millones de dólares. La mayoría de las víctimas fueron personas mayores que no pudieron escapar a tiempo: 84 de las 85 víctimas identificadas tenían más de 50 años.

Incendio de Mati, Grecia (2018)

El 23 de julio de 2018, Grecia vivió el incendio más mortífero de su historia en la localidad costera de Mati, cerca de Atenas. El fuego, alimentado por vientos huracanados de hasta 124 kilómetros por hora, se propagó con una velocidad devastadora. En pocas horas, el incendio causó la muerte de 104 personas y dejó más de 140 heridas. La tragedia se concentró especialmente cerca del mar, donde los rescatistas encontraron 26 cadáveres aparentemente abrazándose unos a otros mientras morían, atrapados por las llamas cuando intentaban escapar. El incendio arrasó más de 14 kilómetros cuadrados de territorio y destruyó o dañó más de 3.000 viviendas. La velocidad del fuego fue tal que muchas personas quedaron atrapadas en sus vehículos mientras intentaban huir.

Incendio de Pedrógão Grande, Portugal (2017)

Ocurrido entre el 17 y 24 de junio de 2017, se convirtió en la tragedia forestal más mortífera de la historia de Portugal. El fuego comenzó durante una intensa ola de calor, con temperaturas superiores a 40 °C, y fue potencialmente desencadenado por una tormenta eléctrica. El incendio causó la muerte de 66 personas y dejó 254 heridos. La tragedia más devastadora ocurrió en la carretera nacional N236-1, donde casi 50 personas murieron atrapadas en sus vehículos cuando las llamas invadieron repentinamente la vía. Otras 30 personas murieron carbonizadas en sus coches, mientras que 17 más fallecieron intentando huir a pie. El incendio arrasó aproximadamente 45.000 hectáreas y requirió la movilización de más de 1.700 bomberos de Portugal, España, Francia, Marruecos e Italia.

Las consecuencias ambientales y sociales

Las secuelas de un incendio forestal no terminan cuando se apagan las llamas. La pérdida de biodiversidad, la erosión del suelo y la contaminación del aire duran años. Además, las regiones afectadas pueden ver amenazada su economía, especialmente aquellas que dependen de la agricultura, el turismo o la ganadería. En muchos casos, la reconstrucción lleva décadas y las familias cargan con un trauma difícil de superar.

Cómo prevenir y reducir el riesgo

Aunque la naturaleza es impredecible, la prevención sigue siendo la mejor herramienta. Entre las medidas más efectivas están la correcta gestión de los bosques, la limpieza de áreas rurales, la concienciación ciudadana y el uso de tecnología para la detección temprana. La cooperación internacional también es clave, porque los incendios no solo afectan a un país, sino que impactan en el planeta entero.


España, entre la ley y el fuego: por qué la legislación no frena los incendios

España arde cada verano pese a contar con una de las legislaciones más avanzadas en materia ambiental de Europa. La brecha entre lo que dicen las normas y lo que ocurre en el terreno revela un problema estructural: leyes que no se aplican, recursos insuficientes y una gestión fragmentada. Este artículo analiza por qué el marco jurídico no logra detener la devastación de los incendios forestales y qué cambios serían necesarios para transformar la prevención en una realidad.

Cada verano, España vive bajo la amenaza del fuego. El año 2025 ha marcado un punto de inflexión social: los datos del Ministerio para la Transición Ecológica y del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS), confirman que el país ha sufrido uno de los años más peligrosos en décadas en materia de incendios forestales, con cientos de miles de hectáreas arrasadas. Esta situación vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de un marco legal y de gestión más efectivo.

Récord histórico de hectáreas quemadas en España, 2025. Fuente: J. Aguirre (El Mundo) con datos de EFFIS Copernicus.

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Un marco legal insuficiente en España

El Código Penal castiga los incendios con severidad, sobre todo cuando ponen en riesgo vidas humanas: en esos casos las penas pueden llegar hasta 20 años de prisión. Cuando afectan a montes o masas forestales, las condenas van de 1 a 5 años de cárcel, que aumentan hasta 6 años si el daño es especialmente grave (gran extensión, ecosistemas protegidos o ánimo de lucro). Incluso se sanciona prender fuego a los propios bienes si con ello se busca un beneficio económico o se causa un riesgo al entorno.

En casos de negligencia grave, como una quema agrícola mal controlada, la ley también prevé castigos, aunque en un rango inferior. Además, se imponen multas económicas que pueden llegar a varios miles de euros.

Pese a este marco penal relativamente estricto, la práctica demuestra que las condenas no bastan para frenar los incendios: la dificultad está en la prevención, la vigilancia y la aplicación rigurosa de las sanciones.

A ello se suma la Ley de Montes de 2003, reformada en 2015, que prohíbe recalificar terrenos incendiados durante 30 años, salvo excepciones por ‘razones de interés general’. Estas excepciones, interpretadas de manera desigual por las comunidades autónomas, han alimentado sospechas de vínculos entre incendios y proyectos urbanísticos, debilitando una norma que en teoría busca proteger el monte.

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Negligencias y malas prácticas

Más allá de los incendios provocados, numerosas negligencias agrícolas y forestales son responsables de un alto porcentaje de los siniestros. Entre ellas destacan las quemas mal controladas o el abandono de montes con exceso de biomasa. Aunque la ley prevé sanciones por imprudencias, estas son menos severas que las de los incendios intencionales. Los expertos subrayan que una mayor vigilancia y una aplicación rigurosa de sanciones reducirían drásticamente el número de incendios.

Según la Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono (ARBA), desde 2012 a 2018, de los 100.000 incendios anuales de media que ocurrieron, apenas un 2 % llegaron a ser investigados. De los 15.397 juicios incoados (o iniciados con un expediente judicial), solo el 6 % alcanzó fase de calificación y el 5 % acabó en sentencia. En total, según ARBA, apenas se dictaron 73 condenas de prisión esos años, una cifra mínima atribuida a la falta de medios y a la dificultad para reunir pruebas.

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El talón de Aquiles: la gestión del territorio

El problema central en España no es tanto la falta de leyes como la ausencia de gestión activa. Según la Red Estatal de Montes Públicos (REMP), España cuenta con alrededor de 9 millones de hectáreas de montes públicos, lo que representa el 30 % de la superficie forestal nacional. Aunque la normativa obliga a conservarlos en buen estado, la despoblación y la falta de recursos humanos y financieros provoca que gran parte de estos espacios queden abandonados, sin limpieza de biomasa ni cortafuegos, acumulando un combustible latente que multiplica el riesgo de incendios.

La situación es similar en los montes privados, que representan dos tercios de la superficie forestal española. Muchos pertenecen a pequeños propietarios que carecen de incentivos económicos para invertir en labores preventivas. La ley contempla planes de gestión sostenible, pero rara vez se aplican en la práctica.

Mapa Forestal de España y de Montes de Utilidad Pública (abril, 2024). Fuente: Red Estatal de Montes Públicos de España.

Lo que hacen otros países: penas y medidas

El panorama internacional es diverso, pero ofrece lecciones valiosas. Algunos ejemplos son:

  • Portugal: contempla el delito de incêndio florestal, con penas de 1 a 8 años de cárcel y la prohibición de recalificar suelos quemados durante 10 años.
  • Francia: prevé hasta 15 años de prisión y multas de hasta 150.000 euros. Además, prohíbe el pastoreo en las zonas afectadas durante una década.
  • Alemania: las sanciones son más bajas en el § 306 del Código Penal alemán, con un máximo de 3 años de cárcel, y no existen prohibiciones urbanísticas específicas.
  • Argentina: establece prohibiciones de recalificación durante 30 años en bosques y hasta 60 años en humedales.
  • Chile: castiga los incendios intencionales con penas que pueden alcanzar desde 5 hasta 20 años de cárcel.
  • México: aplica penas de 2 a 10 años.
  • Países nórdicos: la incidencia es menor gracias sus temperaturas más moderadas y a una gestión forestal intensiva. Además, las penas por negligencia en Suecia pueden llegar hasta 6 años de cárcel.
  • Estados Unidos: en terrenos federales, los incendios intencionales (denominados arson) pueden acarrear hasta 30 años de prisión y multas millonarias en Estados como Florida.

La lección del informe de la FAO

El informe de la FAO sobre políticas de incendios forestales (1999) concluye que las leyes son eficaces únicamente cuando se acompañan de una aplicación real, sin excepciones, y de una gestión activa del territorio. El estudio destaca que países como Portugal y Francia han reducido riesgos al imponer obligaciones legales a los propietarios, como mantener fajas de seguridad y limpiar la vegetación alrededor de las viviendas. 

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Conclusión: leyes, gestión y formación social

La experiencia internacional demuestra que la combinación de sanciones firmes, prohibiciones absolutas de recalificación y una gestión preventiva estructural funciona. Francia, Portugal o los países nórdicos son ejemplos claros. En España, en cambio, la falta de prevención, la escasa implicación de los propietarios privados y el abandono de montes públicos por falta de recursos dibujan un panorama crítico.

Pero la solución no puede limitarse a leyes más duras o a más medios técnicos: la formación y la concienciación ciudadana deben convertirse en el eje de la prevención. Una sociedad informada sobre los riesgos del fuego y sobre las prácticas seguras en actividades agrícolas, forestales y urbanísticas es capaz de reducir de manera decisiva el número de siniestros. Involucrar a agricultores, ganaderos, gestores forestales, administraciones locales y ciudadanía en general en programas de formación y sensibilización es tan urgente como reforzar el marco legal.

Blindar la prohibición de recalificación, endurecer las penas en supuestos graves, sancionar con firmeza las malas prácticas agrícolas y forestales, simplificar la normativa y dotar de recursos a la gestión pública son medidas necesarias. Pero solo mediante una educación ambiental constante y transversal, España podrá frenar un problema que cada verano amenaza la vida de las personas, la seguridad de los pueblos y la supervivencia de los ecosistemas.


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Los 10 hackers más peligrosos de la historia

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Este artículo revela quiénes fueron los hackers más peligrosos de la historia, cómo llevaron a cabo sus ataques y por qué sus acciones sacudieron a gobiernos y grandes empresas.

Internet es un mundo lleno de oportunidades, de información al instante y conexiones que hace unos años ni soñábamos. Pero con todo lo bueno, también vienen los riesgos. Porque donde hay datos, hay interés. Y donde hay sistemas abiertos, siempre hay alguien intentando entrar.

En ese escenario nacieron los hackers más temidos de las últimas décadas. Algunos lo hacían por curiosidad, otros por dinero, poder o ideología. Lo cierto es que todos pusieron en jaque a gobiernos, grandes empresas y hasta a los propios servicios de inteligencia. Y lo hicieron desde una habitación, con un teclado y una conexión.

Los 10 hackers más peligrosos de la historia: quiénes son y qué hicieron

1. Kevin Mitnick

Considerado el «hacker más buscado» de su tiempo, empezó de adolescente y llegó a colarse en el sistema del NORAD. No buscaba dinero, solo demostrar que podía hacerlo. Pasó años huyendo del FBI hasta que lo atraparon. Luego se convirtió en consultor de seguridad, pero dejó claro que con ingenio y teléfono se puede tumbar casi cualquier sistema.

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2. Anonymous

No es una persona, es un enjambre. Surgió en foros como 4chan y se convirtió en un símbolo de protesta global. Atacaron la Iglesia de la Cienciología, gobiernos, bancos y multinacionales. Sus máscaras de Guy Fawkes son ya icono pop. No tienen líderes, ni reglas. Justo por eso son impredecibles y difíciles de frenar.

3. Adrian Lamo

Saltó a la fama tras colarse en la intranet del New York Times y en otras grandes compañías. Se hacía llamar «el hacker vagabundo» porque vivía con una mochila y sin dirección fija. Terminó entregando a Chelsea Manning, lo que le valió respeto de unos y rechazo de otros.

4. Albert González

Lideró uno de los mayores robos de tarjetas de crédito de la historia. Más de 180 millones de registros. Jugó en los dos bandos: primero como hacker, luego como informante del Servicio Secreto… y mientras tanto seguía robando datos a lo grande. El fraude superó los 250 millones de dólares.

5. Matthew Bevan y Richard Pryce

Hackers británicos que llegaron demasiado lejos. Accedieron a redes militares de EE.UU. y Corea del Sur, y casi provocan un incidente internacional. Uno de ellos aseguraba que solo buscaba pruebas sobre ovnis. Lo cierto es que demostraron que hasta los sistemas de defensa más cerrados tienen puntos débiles.

6. Jeanson James Ancheta

Su especialidad no eran los datos, sino los botnets. Infectó más de 400.000 ordenadores y los alquilaba para lanzar ataques masivos o instalar adware. Fue el primero en ir a prisión en EE.UU. por usar esta técnica. Lo suyo era negocio, sin romanticismos ni causas políticas.

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7. Michael Calce (Mafiaboy)

Con solo 15 años paralizó Yahoo, Amazon, eBay y CNN en una semana. Lo hizo desde el ordenador de su casa en Canadá, usando ataques DDoS. Fue un aviso que sacudió a toda la industria: si un adolescente podía tumbar a las grandes, nadie estaba a salvo.

8. Kevin Poulsen

Hackeó ARPANET con 17 años. Luego manipuló un concurso de radio para llevarse un Porsche, asegurándose de ser la llamada número 102. Fue condenado y, tras cumplir su pena, se convirtió en periodista especializado en ciberseguridad. Hoy escribe en Wired, pero su pasado lo sigue acompañando.

9. Jonathan James

El más joven de todos. Con 15 años entró en sistemas del Departamento de Defensa de EE.UU. y accedió a datos sensibles. Fue el primer menor condenado por delitos de cibercrimen en ese país. Años después, acosado por nuevas sospechas, se quitó la vida. En su nota de suicidio dejó una dura crítica al sistema judicial.

10. ASTRA

Nunca se supo su identidad. Solo que era un matemático griego de unos 58 años cuando fue detenido. Llevaba años robando secretos militares del grupo Dassault y vendiéndolos por el mundo. Las pérdidas rondaron los 360 millones de dólares. A día de hoy, sigue siendo un misterio quién era realmente.

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Estos diez nombres no son solo parte de la historia de Internet. Son señales de alerta. Cada uno mostró hasta dónde se puede llegar con un teclado y conocimientos. Hoy, con el auge de los grupos APT y las guerras cibernéticas, sus huellas sirven para entender un mundo en el que las batallas ya no se libran con misiles, sino con código.

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Google asegura que la gran mayoría de desarrolladores de videojuegos usan IA

Una encuesta de Google Cloud muestra cómo la IA está redefiniendo la creación de videojuegos, y cómo los desarrolladores adoptan esta tecnología de manera forzada.

Una encuesta elaborada por The Harris Poll para Google Cloud revela que el 90% de los desarrolladores de videojuegos ya emplean inteligencia artificial en su flujo de trabajo. Según los resultados, un 97% reconoce que la IA generativa está remodelando la industria, no solo por innovación, sino también porque el sector enfrenta crecientes costes de producción, un mercado saturado y jugadores que prefieren títulos antiguos.

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El estudio muestra además que la herramienta se utiliza principalmente para automatizar tareas repetitivas, explorar nuevas mecánicas de juego y experimentar con géneros, aunque algunos encuestados señalaron que también se aplica en la generación de código, soporte de guiones y traducciones. «La encuesta indica que la IA ya no es un concepto futurista para la industria de los juegos, es una realidad actual que está impulsando la innovación», afirmó Jack Buser, director global de la división de juegos de Google Cloud.

Buser añadió que la IA generativa permite «crear experiencias de jugador más receptivas e inmersivas y acelerar los ciclos de desarrollo», lo que otorga a los creativos la capacidad de superar limitaciones técnicas y explorar nuevos horizontes. Sin embargo, el propio informe reconoce que no todos los desarrolladores la adoptan por convicción. Muchos lo hacen porque sus empresas lo consideran requisito y temen quedar rezagados en un entorno competitivo que ya gira en torno a esta tecnología.

La incertidumbre de la IA

En paralelo, la situación laboral en la industria refleja tensiones. Varios programadores aseguran que su papel se ha transformado en el de «editores de código», supervisando y corrigiendo el trabajo generado por IA. A la vez, persiste la preocupación por el riesgo de sustitución de empleos, temor reforzado tras varios despidos en algunas compañías por el auge de la IA. La presidenta de la división de desarrolladores de Microsoft, Julia Liuson, remarcó en un memorando interno que «el uso de la IA ya no es opcional».

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La polémica aumentó cuando un alto directivo de Xbox publicó en LinkedIn que los empleados despedidos debían recurrir a la IA para buscar trabajo, mensaje que observadores identificaron como generado por IA. Al mismo tiempo, otras compañías tecnológicas están reduciendo personal, incluso con balances positivos, al reorganizar sus estrategias en torno a esta herramienta. «La IA eliminará categorías de trabajo enteras», advirtió Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, lo que refleja un futuro incierto para una parte del sector.

Fondos reservados en España: origen, uso y control

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Los fondos reservados son partidas del Estado destinadas a operaciones que requieren confidencialidad, especialmente en el ámbito de la inteligencia y la seguridad nacional. Su utilización genera debate entre la necesidad de transparencia y el deber de secreto, ya que en España están regulados por ley y sujetos a control parlamentario. En este artículo, el alumno del Máster Profesional de Analista de Inteligencia de LISA Institute, James C. Hyden, explica su origen, uso y supervisión.

Los fondos reservados son partidas presupuestarias del Estado destinadas a financiar actividades que, por su naturaleza, requieren confidencialidad. Su carácter secreto despierta debates entre la necesidad de preservar la seguridad y la exigencia de transparencia.

Se emplean principalmente en operaciones de inteligencia, seguridad nacional y protección de intereses estratégicos. Aunque muchos detalles permanecen confidenciales, su uso está regulado legalmente y sujeto a un sistema específico de control parlamentario.

Marco legal

Los fondos reservados en España se regulan a través de la Ley 11/1995, de 11 de mayo, reguladora de la utilización y control de los créditos destinados a gastos reservados. 

Según el artículo 1 de esta norma, estos fondos están destinados a la defensa y seguridad del Estado y dichos gastos se caracterizan respecto a los demás gastos públicos por la prohibición de publicidad y por estar dotados de un especial sistema de justificación y control. 

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Solo pueden consignarse créditos reservados en los ministerios de Asuntos Exteriores, Justicia, Interior, Defensa y el Centro Nacional de Inteligencia. 

Fuentes de financiación

Los fondos reservados se incluyen en los Presupuestos Generales del Estado, especificados como créditos diferenciados de cada ejercicio presupuestario. Deberán ser aprobados en el último trimestre del año anterior. El Centro Nacional de Inteligencia, dependiente del ministerio de Defensa, se nutre con aproximadamente un 70% de estos fondos. 

Usos y finalidades

Estos fondos sirven para fines como inteligencia, seguridad, lucha antiterrorista y protección de intereses en el exterior. Su naturaleza confidencial impide detallar casos específicos en su mayoría ni su cantidad. En la historia de España se han conocido varios casos polémicos por abuso y mala gestión de los fondos reservados. 

Uno de los casos más conocidos, es la famosa Operación Kitchen, en la que se relaciona al entonces ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, junto con el excomisario José Villarejo con la finalidad de sustraer documentos sensibles a Luis Bárcenas durante su ingreso en prisión. Esta operación fue financiada con fondos reservados. 

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Otro caso fue, el aumento de patrimonio del entonces exdirector de la Guardia Civil, Luis Roldán, el cual cobraba sobresueldos a costa de los fondos reservados.

Mecanismos de control y supervisión

La ley establece una Comisión de Control de los créditos destinados a gastos reservados, también llamada, Comisión de Secretos Oficiales, presidida por el Congreso, donde representantes con acceso a secretos oficiales supervisan semestralmente el uso de estos fondos. 

El Centro Nacional de Inteligencia y los ministerios informan periódicamente en esta comisión, cuyas sesiones son secretas. Sin embargo, esta comisión ha estado inactiva en algunos periodos recientes. 

Los fondos reservados constituyen una herramienta clave para la seguridad nacional de España, aunque su naturaleza opaca exige un equilibrio sensible entre eficacia operativa y control democrático. Uno de los objetivos principales para el futuro es reforzar la transparencia sin comprometer la seguridad. 

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Qué es la diplomacia verde y para qué sirve

Descubre qué es la diplomacia verde, por qué lidera la lucha climática y cómo abre oportunidades económicas sostenibles en todo el mundo. Si quieres aprender más sobre esta materia, te recomendamos el Curso de Experto en Diplomacia y Multilateralismo de LISA Institute.

En un mundo donde la emergencia climática acapara más portadas y agendas políticas, la diplomacia verde se ha convertido en la pieza clave para que los países impulsen soluciones ambientales de manera coordinada. Entender qué es la diplomacia verde, cómo funciona y por qué ya no es opcional, sino que resulta esencial para gobiernos, empresas y ciudadanía que buscan liderar la transición hacia una economía baja en carbono. Descubre a continuación cómo esta estrategia de política exterior sostenible redefine las relaciones internacionales y abre oportunidades económicas sin precedentes.

Qué es la diplomacia verde

La diplomacia verde es la estrategia mediante la cual los Estados y los organismos internacionales ponen el medioambiente en el centro de sus relaciones exteriores. No se trata solo de firmar acuerdos climáticos. También implica coordinar políticas públicas, comercio, cooperación y ayuda al desarrollo para alcanzar objetivos como la descarbonización, la protección de la biodiversidad y la transición energética. En pocas palabras, es usar la política exterior como palanca para acelerar la acción climática mundial.

¿Por qué nace la diplomacia verde?

  • Cambio climático como riesgo compartido: los fenómenos extremos no reconocen fronteras y afectan a la estabilidad económica y social de todos los países.
  • Presión ciudadana y empresarial: la opinión pública exige soluciones, mientras las empresas buscan reglas claras para invertir en tecnologías limpias.
  • Oportunidad económica: las cadenas de valor verdes (desde las renovables hasta la movilidad eléctrica) generan empleo y atraen inversión.
  • Competencia geopolítica: liderar la transición energética refuerza la influencia internacional de un país y reduce la dependencia de combustibles fósiles importados.

Para qué sirve la diplomacia verde

  • Cumplir los objetivos climáticos internacionales.
  • Movilizar financiación pública y privada para proyectos de mitigación y resiliencia.
  • Extender estándares ambientales en los tratados comerciales, incentivando que los socios adopten el Acuerdo de París y los ODS.
  • Reducir la dependencia de combustibles fósiles y, con ello, los riesgos geopolíticos ligados a la energía.
  • Apoyar a los países más vulnerables con transferencia tecnológica y cooperación al desarrollo, favoreciendo una transición justa.

Principales herramientas de la diplomacia verde

  • Acuerdos multilaterales: cumbres climáticas (COP), Convenio de Diversidad Biológica, Objetivos de Desarrollo Sostenible.
  • Finanzas sostenibles: fondos verdes, bonos de carbono y bancos de desarrollo que priorizan proyectos bajos en emisiones.
  • Transferencia tecnológica: licencias de energías renovables y programas de capacitación y cooperación científica.
  • Diplomacia comercial: cláusulas ambientales en tratados de libre comercio o impuestos fronterizos al carbono.

Retos pendientes de la diplomacia verde

  • Brecha Norte-Sur: algunos países cuentan con más recursos que otros para subirse al tren de la transición ecológica, y esa desigualdad suele provocar fricciones cuando toca hablar de dinero y tecnología.
  • Credibilidad: la diplomacia verde debe traducirse en acciones concretas, porque los anuncios vacíos erosionan la confianza.
  • Seguridad energética: equilibrar la urgencia climática con la estabilidad del suministro sigue siendo un desafío, especialmente durante las crisis geopolíticas.

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La geopolítica de los animales: conflictos fronterizos y diplomacia verde

En un mundo donde la diplomacia suele pensarse entre tratados y cancillerías, los animales también se han convertido en inesperados protagonistas de conflictos internacionales. Desde gansos que cruzan fronteras y despiertan tensiones, hasta elefantes cuyas rutas migratorias generan disputas regionales, la fauna revela la fragilidad de los acuerdos multilaterales frente a los intereses nacionales. Este artículo explora cómo la diplomacia verde busca transformar la biodiversidad en un puente de cooperación antes de que se convierta en fuente de nuevas crisis.

Un ganso en el punto de mira

En el verano de 2025, un ánsares chico sueco (de una población estimada en apenas 100 individuos en toda Escandinavia, según el Swedish Ornithological Society) cruzó hacia Noruega. Para Suecia, era el resultado de décadas de inversión en conservación. Para Noruega, un riesgo genético para su propia población de unos 200 ejemplares. La orden fue tajante: disparar al intruso. El incidente generó tensiones diplomáticas, recordando un episodio similar ocurrido en 2015, cuando un caso idéntico provocó un cruce de declaraciones entre ambos gobiernos.

Crisis fronterizas por fauna salvaje

La historia está repleta de ejemplos en los que animales han desencadenado disputas internacionales. En 2016, India y Nepal intercambiaron acusaciones por la caza furtiva de rinocerontes que cruzaban libremente la frontera entre sus parques nacionales, según datos de WWF. En 2018, la decisión de Botswana de levantar la prohibición de caza de elefantes alteró las rutas migratorias de manadas que superan los 130.000 ejemplares, provocando protestas en Zimbabue y Namibia. En Europa, el lobo gris, protegido en Francia y con control letal autorizado en Italia, ha sido motivo de fricciones recurrentes documentadas por la Comisión Europea.

Conflictos de distinta naturaleza

No todas las tensiones derivan de la conservación. El castor canadiense, introducido en Tierra del Fuego en los años 40, ha colonizado ambos lados de la frontera entre Argentina y Chile, superando los 100.000 individuos y causando pérdidas millonarias en bosques nativos, según el Ministerio de Medio Ambiente de Chile. En Europa, los gansos del Nilo, considerados especie invasora por la Unión Europea, han generado disputas entre gobiernos locales sobre quién debe asumir los costes de su control.

Infografía del medio de comunicación MetroLibre, fuente GEF Castor y la Universidad de Chile.

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La política interna como factor decisivo

Estos casos muestran que, aunque existan marcos internacionales como la Convención de Bonn sobre Especies Migratorias o el Convenio de Berna, la política interna y la presión de sectores locales (ganaderos, agricultores, cazadores) suelen prevalecer. Las decisiones sobre conservación o control dependen en gran medida de los intereses nacionales y de la percepción pública, más que de los compromisos adquiridos en foros multilaterales. Este desajuste entre acuerdos y realidad es uno de los retos que busca abordar la llamada diplomacia verde, un enfoque que promueve el uso de la política exterior para prevenir conflictos ambientales y facilitar la cooperación, aunque su aplicación práctica se enfrenta a importantes limitaciones.

Hacia mecanismos de prevención de conflictos

Para evitar que un animal desencadene una crisis diplomática, los expertos recomiendan fortalecer protocolos de actuación rápida y canales bilaterales de comunicación, ya sea para la conservación de especies en peligro, como de control de especies invasoras. Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), una gestión coordinada y basada en datos científicos reduce el riesgo de que incidentes como el del ganso sueco o el de los elefantes africanos escalen a disputas políticas que erosionen las relaciones entre países.

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Conclusión

Incluir la flora y la fauna en las políticas exteriores y en los acuerdos multilaterales no es solo una cuestión ambiental, sino de estabilidad y seguridad internacional. La biodiversidad, especialmente cuando se trata de especies migratorias o transfronterizas, puede convertirse en un factor de tensión diplomática si no existe una gestión coordinada.

Tal y como señala la Convención de Bonn, la cooperación internacional en materia de conservación previene conflictos y favorece soluciones sostenibles que equilibran la protección ambiental con las necesidades económicas y sociales de cada país. Integrar estos aspectos en la agenda política global es clave para anticipar y resolver disputas antes de que escalen, protegiendo tanto los ecosistemas como las relaciones entre naciones.


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