spot_img

El terrorismo en el Sahel: pasado, presente y escenarios futuros

Análisis

Francisco Javier Peña Hernández
Francisco Javier Peña Hernández
Alumno certificado del Curso de Experto en Análisis de Inteligencia y del Máster Profesional de Analista de Inteligencia de LISA Institute. Con experiencia en distintos sectores como la ciberseguridad corporativa y el análisis de datos.

Durante la última década, el Sahel se ha consolidado como uno de los principales focos de violencia terrorista a escala global. En este artículo, el alumni del Máster Profesional de Analista de Inteligencia de LISA Institute, Francisco Javier Peña analiza cómo, especialmente tras el colapso del Estado libio en 2012, diversos grupos yihadistas han encontrado en la región un entorno favorable para su expansión.

La combinación de gobiernos inestables, fronteras débiles y conflictos locales de larga duración han permitido la rápida implementación de organizaciones terroristas vinculadas al radicalismo islamista

La presencia del terrorismo en el Sahel no es un fenómeno repentino, sino el resultado de una evolución histórica extensa y compleja. A lo largo del siglo XX, la región atravesó las fases de la descolonización europea, un proceso mal ejecutado que definió los países con fronteras artificiales y derivó en importantes divisiones políticas, étnicas y sociales.

➡️ Te puede interesar: Influencia del cambio climático y escasez de recursos naturales en la región del Sahel

Estas condiciones sentaron las bases para la aparición de movimientos armados de carácter político e identitario que, con el paso del tiempo, evolucionaron hacia formas de insurgencia yihadista.

Contextualización del terrorismo en el Sahel

Uno de los puntos de inflexión más relevantes fue la guerra civil argelina (1992-2002). Tras la cancelación de las elecciones legislativas de finales de 1991 por parte del gobierno argelino y la detención de cientos de militantes del Frente Islámico de Salvación (FIS), organización de corte islamista que había ganado la primera ronda de votaciones con cerca del 50% de los votos, se desencadenó una ola de enfrentamientos entre el Estado argelino y los partidarios del FIS. Durante este conflicto surgieron organizaciones como el Movimiento Islámico Armado (MIA), el Grupo Islámico Armado (GIA) y el Ejército Islámico de Salvación (AIS). 

La fragmentación de estos grupos, motivada tanto por disputas estratégicas como por divergencias ideológicas, estableció un patrón que posteriormente se repetirá también en otros movimientos yihadistas de la región. De este contexto surgió el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC), que más tarde adoptaría el nombre de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), convirtiéndose en el principal referente del yihadismo regional y en un actor clave para la extensión del terrorismo en el Sahel.

➡️ Te puede interesar: La influencia de China en el Sahel: poder blando, inversión y seguridad

Otro acontecimiento decisivo para entender la proliferación del terrorismo en el Sahel fue la caída del dictador libio Muamar el Gadafi en 2011. Durante décadas, el régimen libio había actuado como una herramienta de contención relativa, controlando los flujos de armas, movimientos insurgentes y dinámicas migratorias en el norte de África y parte del Sahel.

Por tanto, su colapso provocó una dispersión masiva de armamento y combatientes por toda la región. De hecho, la muerte del dictador no afectó únicamente a Libia, también Mali sufrió una grave crisis política y de seguridad en 2012 que permitió el asentamiento de distintos grupos yihadistas por todo su territorio, consolidándose en la actualidad como uno de los puntos calientes de la región.

Desde el punto de vista ideológico, el terrorismo en el Sahel se fundamenta principalmente en el salafismo yihadista, una corriente del islam suní que fomenta el uso de la violencia para instaurar un orden político-religioso basado en una interpretación extremista de la sharía (la ley islámica). Esta ideología bebe de diversas influencias, como el salafismo wahabí, la experiencia de la yihad afgana y las aportaciones de referentes radicales del siglo XX, pero se distancia del islamismo político tradicional y de movimientos como los Hermanos Musulmanes (Egipto, 1928).

➡️ Te puede interesar: Límites y restricciones de la lucha antiterrorista a nivel global

Sin embargo, esta ideología no se establece de manera homogénea en toda la región. Los grupos yihadistas adaptan su discurso a los contextos de cada población, instrumentalizando identidades étnicas y conflictos ya existentes.

De hecho, al igual que ocurre en Oriente Medio, las distintas interpretaciones de la sharía constituyen la principal fuente de conflicto entre los diferentes grupos terroristas que actúan en la región. En cualquier caso, el marco ideológico no explica por sí solo la adhesión de combatientes a estas organizaciones. Existen factores estructurales determinantes, como la exclusión política y social de amplios sectores de la población, los abusos cometidos por las fuerzas de seguridad estatales y las milicias locales, la ausencia de un Estado de derecho efectivo y las profundas desigualdades socioeconómicas.

Entre todos estos factores clave para entender la expansión del terrorismo en el Sahel, destaca la debilidad estructural de los Estados de la región. Muchos gobiernos carecen de la capacidad material para ejercer un control efectivo sobre todo su territorio, especialmente en zonas rurales y fronterizas.

Esta ausencia del Estado se traduce en una considerable falta de seguridad, justicia y servicios básicos, generando vacíos de poder que son aprovechados por los grupos terroristas para asentarse entre las comunidades locales. A esta debilidad institucional se le suma una profunda crisis socioeconómica generalizada.

El Sahel es una de las regiones más pobres del mundo, con altos índices de desempleo, pobreza y desigualdad. El rápido crecimiento demográfico, combinado con la escasez de oportunidades reales, genera un entorno favorable para la radicalización y el reclutamiento por parte de las organizaciones yihadistas. Por último, la existencia previa de organizaciones criminales ha facilitado la consolidación del terrorismo, al proporcionar financiación, logística y alianzas estratégicas a través del tráfico de armas, personas, drogas y la explotación de recursos naturales.

Descripción de los principales grupos terroristas del Sahel

La organización terrorista más influyente en el Sahel es el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin, JNIM). Fundado en el año 2017 en el contexto de la guerra de Mali, JNIM surgió como resultado de la fusión de varias organizaciones yihadistas, entre ellas Ansar Dine, Al Qaeda en el Magreb Islámico, Katiba Macina y Al Murabitun. Esta unificación respondió a la necesidad de coordinar esfuerzos frente a la presión militar internacional y de reforzar la presencia de Al Qaeda en la región. 

➡️ Te puede interesar: Los grupos terroristas más peligrosos del mundo

JNIM aplica una estrategia ideológica basada en el salafismo yihadista, combinando la lucha armada con mecanismos de gobernanza informal. Su estructura descentralizada le permite responder con rapidez a sus amenazas militares y operar de manera flexible. Entre sus líderes destacan Iyad Ag Ghali, figura clave del yihadismo tuareg, y Amadou Koufa, líder de Katiba Macina. El grupo actúa principalmente en Mali, Burkina Faso y Níger, aunque en los últimos años han extendido su influencia hacia países costeros del golfo de Guinea.

A nivel operativo, JNIM combina ataques armados contra fuerzas estatales con estrategias de control social. Una vez asentado en una zona determinada, el grupo terrorista hace las veces de administrador desarrollando tareas como la gestión impuestos, la impartición de justicia y la negociación con líderes locales. Esto les permite consolidar su autoridad de una forma más consistente que otras organizaciones. 

El principal rival de JNIM en la región es el Estado Islámico en el Sahel (ISSP), Conocido inicialmente como Estado Islámico en el Gran Sáhara, ISSP surgió en el año 2015 como resultado de una escisión de Al Murabitun, alineándose rápidamente con el autodeterminado Estado Islámico.

A nivel ideológico, ISSP mantiene una visión aún más extremista del salafismo yihadista, diferenciándose de JNIM por su escasa disposición a negociar con las comunidades locales y por el uso sistemático de la violencia extrema, incluyendo entre sus actos la matanza indiscriminada de civiles. 

ISSP concentra su actividad en la triple frontera entre Mali, Burkina Faso y Níger, uno de los puntos más inestables del Sahel. Debido a su estrategia de violencia extrema, la organización terrorista encuentra mayores dificultades para consolidar su control territorial, lo que se traduce en una presencia más volátil que la de JNIM. No obstante, mantiene una elevada capacidad operativa, destacando por la realización de emboscadas complejas y la eliminación selectiva de líderes locales y militares.

➡️ Te puede interesar: ¿Qué es el Centro Europeo contra el Terrorismo?

En un segundo plano encontramos otras organizaciones yihadistas que actúan como grupos de apoyo y que se encuentran integradas de forma parcial o total en las estructuras de ISSP y JNIM. Entre ellas destacan:

  • Ansarul Islam: organización yihadista formada en Burkina Faso en el año 2016. Surgió como respuesta a las malas condiciones económicas y sociales del norte del país. Aunque mantiene vínculos operativos con JNIM, conserva cierta autonomía y ha desempleado un papel importante en la expansión del terrorismo dentro de sus fronteras.
  • Katiba Macina: actualmente integrada en JNIM, opera principalmente en el centro de Mali. Se conoce a este grupo por la instrumentalización de conflictos locales para reclutar combatientes y justificar sus ataques contra fuerzas gubernamentales y milicias rivales.
  • Al Qaeda en el Magreb Islámico: aunque ha perdido protagonismo, sigue siendo un actor clave en el panorama terrorista del Sahel. Su papel como precursor ideológico ha sido fundamental para la consolidación de los grupos yihadistas actuales.

La retirada occidental y la inestabilidad política en el Sahel

En los últimos años, la dinámica del terrorismo en el Sahel se ha visto profundamente alterada por el progresivo fin de la presencia militar occidental en la región. La retirada de las fuerzas europeas (principalmente francesas), y la finalización de la misión de la ONU en Mali (MINUSMA), tras el cierre de la operación Barkhane, han generado un vacío de seguridad en amplias zonas del territorio. Aunque estas misiones habían sido objeto de críticas por su reducida eficacia y por el rechazo de buena parte de la población local, su salida ha dejado a los Estados de la región completamente vulnerables frente a los grupos yihadistas.

➡️ Te puede interesar: Masterclass | Terrorismo yihadista: grupos, organizaciones y análisis de la amenaza a nivel global

La ausencia de fuerzas occidentales sobre el terreno ha tenido varias consecuencias estratégicas. En primer lugar, ha reducido de forma notable las capacidades de inteligencia, vigilancia y reconocimiento, así como el apoyo aéreo y logístico del que dependían los ejércitos locales.

Esto ha permitido a organizaciones como JNIM y el Estado Islámico en el Sahel ampliar su libertad de actuación, intensificar ataques y ocupar territorios previamente disputados. En segundo lugar, la retirada ha tenido un efecto simbólico, al ser interpretada por los grupos terroristas como una victoria estratégica frente a los actores externos.

Paralelamente, la inestabilidad política crónica de los países del Sahel ha actuado como un multiplicador de la amenaza terrorista. Mali, Burkina Faso y Níger han experimentado en los últimos años una sucesión de golpes de Estado y cambios forzados de liderazgo que han debilitado aún más la legitimidad de los gobiernos. La concentración del poder en juntas militares, la suspensión de los procesos democráticos y la falta de consensos internos han reducido la capacidad movilización social contra el terrorismo.

Esta inestabilidad gubernamental tiene un impacto directo en la lucha contra los grupos yihadistas. Las fuerzas armadas nacionales, a menudo mal equipadas y con problemas de cohesión interna, se ven obligadas a asumir un rol central en conflictos con escasos recursos y baja confianza ciudadana. Además, los abusos cometidos por las fuerzas de seguridad y milicias aliadas han contribuido a empeorar la imagen de los gobiernos, facilitando el discurso y la narrativa de los grupos terroristas como supuestos defensores frente a la opresión del Estado.

A este contexto se le suma un proceso de realineamiento geopolítico. El deterioro de las relaciones con los socios occidentales ha llevado a los gobiernos del Sahel a buscar nuevos aliados en materia de seguridad.

Actores como Emiratos Árabes Unidos, China y especialmente Rusia, tanto por la vía diplomática como a través de los Africa Corps (anteriormente conocidos como Grupo Wagner), han tratado de ocupar esa posición como nuevos aliados estratégicos. En este contexto, los grupos terroristas han demostrado una importante capacidad de adaptación, aprovechando tanto el vacío de poder como la fragmentación política para consolidar su influencia.

➡️ Te puede interesar: Del Grupo Wagner a Africa Corps: la evolución de la presencia paramilitar rusa en el Sahel

Además, los países del Sahel han buscado nuevas fórmulas de cooperación regional, como la Alianza de Estados del Sahel (AES). Iniciativas como esta reflejan un intento de recuperar el control estratégico, aunque enfrentan importantes vulnerabilidades en términos de recursos y coordinación.

Escenarios prospectivos sobre la evolución del terrorismo en el Sahel (2026 – 2030)

La evolución del terrorismo yihadista en el Sahel durante los próximos años dependerá en gran medida de la implicación de la comunidad internacional y de la capacidad de los gobiernos locales de hacer frente de forma coordinada a esta amenaza. A continuación, se presentan varios escenarios prospectivos en función del equilibrio entre la presión estatal y la capacidad de adaptación de las organizaciones terroristas.

Escenario 1: Expansión territorial yihadista y adaptación estratégica

En este escenario, los principales grupos como JNIM y el ISSP, logran ampliar su control territorial aprovechando la debilidad de los ejércitos locales y el vacío de poder generado por la salida de las fuerzas occidentales. Las fuerzas yihadistas, ya asentadas en torno a la triple frontera entre Mali, Burkina Faso y Níger, extienden su rango de actividad en los países próximos al Golfo de Guinea, principalmente Costa de Marfil, Ghana, Togo y Benín, provocando un deterioro significativo de la ya deteriorada seguridad regional.

Escenario 2: Crisis internas y competencia entre organizaciones terroristas

En este caso, la presión coordinada de las juntas militares, las tensiones internas y la competencia por recursos y legitimidad ideológica provocan divisiones dentro de los grupos terroristas. Se intensifican los enfrentamientos entre facciones vinculadas a Al Qaeda y al Estado Islámico, lo que debilita su coordinación estratégica y operativa, generando a su vez picos de violencia.

El Sahel se convertiría en un espacio de conflicto crónico de baja intensidad, con múltiples actores armados y una elevada vulnerabilidad de la población civil.

Escenario 3: Internacionalización del conflicto

En este escenario, los grupos terroristas amplían sus redes logísticas, de financiación y reclutamiento, conectando el Sahel con otras zonas como África Occidental y con organizaciones afines en Oriente Medio. Esta expansión del terrorismo incrementa la percepción del Sahel como una amenaza directa para Europa, lo que podría traducirse en una mayor implicación de actores internacionales a través de nuevas estrategias de cooperación antiterrorista con los Estados locales.

Conclusión

El terrorismo en el Sahel constituye un fenómeno complejo y multidimensional, profundamente arraigado en problemas estructurales de carácter político, económico y social. Organizaciones como JNIM y el Estado Islámico en el Sahel han demostrado una notable capacidad para explotar las debilidades del entorno y adaptarse a contextos cambiantes y exigentes. 

➡️ Te puede interesar: El Sahel como tablero geopolítico: riesgos para la Seguridad Nacional española

Las consecuencias humanitarias de esta situación son devastadoras. Millones de personas se ven obligadas a desplazarse cada año, con un acceso extremadamente limitado a servicios básicos y sometidas a altos niveles de inseguridad. En numerosas zonas, las actividades agrícolas y comerciales se encuentran paralizadas, agravando el riesgo de hambrunas y los índices de pobreza.

En el plano político, la violencia terrorista ha contribuido a la militarización del poder y a la erosión de la legitimidad institucional. Desde una perspectiva económica y social, el terrorismo ha frenado el desarrollado, destruido infraestructuras y debilitado la cohesión comunitaria.

Por tanto, la estabilización del Sahel no solo dependerá de la capacidad de los Estados y de la comunidad internacional para abordar de forma conjunta una amenaza tan extendida por toda la región, sino también de poder atender a las causas estructurales de la misma.

➡️ Si quieres adentrarte en la Criminología y adquirir habilidades profesionales, te recomendamos los siguientes programas formativos:

Artículos relacionados

Masterclass y eventos relacionados

Formación relacionada

spot_img

Actualidad

Dejar respuesta:

Por favor, introduce tu comentario!
Introduce tu nombre aquí

spot_img