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Arabia Saudita frente a los hutíes: por qué la superioridad militar no garantiza la victoria

Análisis

Franco Alfonso
Franco Alfonso
Franco Alfonso es periodista y analista en la política internacional, la geopolítica y los conflictos. En sus trabajos aborda fenómenos como la guerra asimétrica, el papel de los actores estatales y no estatales, las disputas por el control territorial y las rutas estratégicas, así como la influencia de las potencias regionales e internacionales en los conflictos. Su análisis sobre Yemen examina la evolución del conflicto, la capacidad de adaptación de los hutíes y la importancia geopolítica del mar Rojo y del estrecho de Bab al-Mandeb.

Yemen vuelve a demostrar los límites del poder convencional frente a una fuerza asimétrica, disciplinada y fuertemente arraigada en el territorio.

La contienda en la península arábiga se ha convertido en el caso de estudio más dramático del siglo XXI sobre los límites del poder militar convencional. En este artículo, Franco Alfonso explica las claves de un enfrentamiento profundamente desigual. De un lado se encuentra Arabia Saudí, una potencia que destina más de 80 000 millones de dólares anuales a su defensa y cuenta con sistemas de armas sofisticados, aviación moderna y recursos económicos abrumadores. Del otro lado se sitúa la milicia de los hutíes (Ansar Alá), un actor no estatal que opera bajo un régimen severo de sanciones y en una de las zonas más empobrecidas de la Tierra.

A pesar de esta desproporción abismal, más de una década después de su entrada en la guerra, Riad sigue sin conseguir una victoria decisiva. La reciente ofensiva hutí ha demostrado que la superioridad tecnológica y económica no garantiza el control del territorio ni la derrota de un enemigo capaz de emplear métodos asimétricos con extrema disciplina. El resultado estratégico reciente es demoledor: la pérdida del control de toda la fachada costera del mar Rojo en Yemen, incluyendo el estratégico puerto de Moca y el acceso a Bab el-Mandeb.

Limitaciones estructurales y fallas de inteligencia saudíes

El problema saudí no reside únicamente en la capacidad del adversario, sino en su propia incapacidad para convertir la ventaja convencional en resultados estratégicos. El volumen de armamento de última generación no equivale a capacidad operativa real. Las Fuerzas Armadas saudíes carecen de experiencia sólida en la conducción autónoma de operaciones de combate y dependen históricamente de contratistas, instructores y personal extranjero. Además, existe una limitación de diseño político interno: la monarquía saudí ha mantenido su ejército deliberadamente pequeño y fragmentado para minimizar el riesgo de golpes de Estado, una estructura que protege al régimen en tiempos de paz, pero resulta ineficaz en una guerra prolongada.

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Esta fragilidad estructural se ha visto agravada por fallas catastróficas de inteligencia. Durante la ofensiva de septiembre y octubre de 2026, los mandos saudíes subestimaron sistemáticamente los preparativos hutíes. Riad fue incapaz de anticipar la magnitud de la operación, lo que permitió que Ansar Alá concentrara de forma discreta a unos 100.000  combatientes. Esta sorpresa estratégica rompió las líneas defensivas oficialistas de manera irremediable.

Más que una guerrilla: herencia militar y asimetría de vanguardia

Un aspecto clave que explica la parálisis militar del reino reside en las propias debilidades estructurales de sus fuerzas armadas. Históricamente, el diseño estratégico del estamento militar saudí ha estado condicionado por la seguridad interna del régimen monárquico.

Para mitigar el riesgo constante de posibles golpes de Estado o alzamientos internos en sus propias filas, las fuerzas armadas del reino han mantenido tradicionalmente una escala reducida y una fragmentación deliberada de su cadena de mando. Como resultado, el ejército carece de la experiencia táctica autónoma, la flexibilidad operativa a gran escala y la doctrina de combate terrestre idónea para sostener una guerra de desgaste prolongada más allá de sus fronteras.

Presentar a Ansar Alá exclusivamente como una guerrilla insurgente simplifica su estructura real y explica los errores de cálculo de la coalición. Durante el inicio de la guerra civil en 2014, los hutíes lograron que 46 de las 88 brigadas del antiguo Ejército yemení se alinearan con ellos. Esta absorción les proporcionó no solo armamento moderno, sino también conocimientos tácticos y estructuras operativas heredadas del Estado, lo que les ha permitido consolidar instituciones de gobierno en las zonas que controlan.

Sobre esta base militar, han desarrollado una guerra asimétrica y tecnológicamente  avanzada. Los hutíes aprovechan su conocimiento del terreno, la alta movilidad y la dispersión de fuerzas para anular los ataques aéreos saudíes, demostrando que destruir posiciones concretas no desmantela una estructura político-militar arraigada. Han integrado el uso de drones, misiles balísticos multietapa e incluso herramientas de inteligencia artificial para clonar voces de mandos rivales, desatando el caos psicológico en las filas enemigas y forzando repliegues masivos.

El factor geográfico y la autodestrucción de la coalición

La geografía de Yemen —un complejo entramado de zonas montañosas y áreas desérticas— favorece abiertamente la defensa asimétrica. El dominio militar en este país pertenece a quien controla las cumbres estratégicas, como las de Kabbob. Para que Arabia Saudí transformara su innegable superioridad aérea en control territorial efectivo, necesitaría desplegar y mantener fuerzas terrestres capaces de ocupar y administrar el terreno montañoso del noroeste, punto donde su estrategia encuentra un límite infranqueable.

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Ante la imposibilidad de desplegar sus propias fuerzas terrestres a gran escala, Riad depende de formaciones yemeníes locales que sostienen al Gobierno reconocido internacionalmente. Sin embargo, estas fuerzas están profundamente divididas por intereses territoriales, personales y políticos incompatibles, exacerbados por la rivalidad entre Arabia Saudí (que busca un Yemen unificado) y los Emiratos Árabes Unidos (que respaldan la independencia del sur).

Las consecuencias de esta fragmentación quedaron expuestas de forma dramática en la ofensiva de 2026: la caída de Hays provocó el colapso inmediato de las tropas respaldadas por Riad en la costa occidental. En su retirada caótica, las fuerzas gubernamentales abandonaron abundante armamento avanzado de origen estadounidense y saudí, que cayó directamente en manos rebeldes y les permitió tomar Moca.

El dilema de la escalada: la pinza energética y el aislamiento de Riad

La captura del litoral costero y el avance sobre el estrecho de Bab el-Mandeb han proporcionado a los hutíes una herramienta de presión geopolítica de alcance global. Al posicionarse sobre la arteria que conecta el océano Índico con el mar Rojo, Ansar Alá amenaza directamente el transporte petrolero saudí y el comercio mundial, sumando una dimensión económica devastadora a la guerra.

Este control consolida una temida «pinza energética» en coordinación con Irán: mientras Teherán tiene capacidad de presión sobre el estrecho de Ormuz, su aliado hutí controla Bab el-Mandeb. Aunque Ansar Alá conserva su autonomía política local, esta alianza regional eleva exponencialmente el coste del conflicto para Arabia Saudí.

Riad se encuentra aislado en su encrucijada táctica. Washington y sus aliados europeos, conscientes del riesgo, han evitado comprometer tropas de combate terrestre y no están dispuestos a respaldar una contraofensiva directa. Así, la monarquía saudí enfrenta un dilema sin solución aparente: intensificar la guerra implica arriesgarse a una escalada militar regional catastrófica con Irán, mientras que buscar una salida negociada supone aceptar su derrota fáctica y reconocer la capacidad de Ansar Alá para dictar las condiciones.

Yemen ha demostrado definitivamente que, en la guerra asimétrica del siglo XXI, la superioridad tecnológica y financiera es inútil si el adversario controla el territorio, mantiene una férrea cohesión institucional y tiene la paciencia para prolongar el conflicto hasta convertir la ventaja del enemigo en una carga estratégica insostenible.

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Arabia Saudí encabeza uno de los presupuestos de defensa más cuantiosos del mundo, cuenta con el respaldo directo de Estados Unidos y despliega armamento altamente sofisticado (como los cazas F-35). No obstante, tras más de una década de intervención en Yemen, uno de los Estados más empobrecidos de la región, Riad sigue sin poder doblegar a los rebeldes hutíes. Este aparente contrasentido militar obedece a un entramado profundo de factores estratégicos, geopolíticos, humanos e institucionales que desbordan la simple superioridad numérica o presupuestaria.

La anatomía de la resistencia: orígenes y profesionalización hutí

Para comprender la fortaleza actual del movimiento (que se autodenomina Ansar Alá y es originario de una tribu del norte de Yemen) es necesario remontarse a su evolución durante las últimas dos décadas. Tras capturar la capital, Saná, en 2014 en el marco de una brutal guerra civil, el grupo consolidó una estructura militar sumamente,

Los hutíes acumularon una amplia preparación y entrenamiento a lo largo de casi veinte años. Su transformación técnica y táctica se nutrió directamente del soporte de la Guardia Revolucionaria de Irán (IRGC) y de Hezbolá. Además, en los últimos años impulsaron masivas campañas de reclutamiento en aldeas y comunidades de diversas gobernaciones, concentrando sus fuerzas hacia el oeste del país. En septiembre de 2026, los insurgentes lograron conquistar gran parte de la costa yemení sobre el mar Rojo, adquiriendo una capacidad potencial para bloquear rutas comerciales globales.

La trampa de la guerra asimétrica frente al músculo saudí

Sobre el papel, las métricas tradicionales sugieren un equilibrio demográfico, pero un desequilibrio militar abismal: ambos bandos cuentan con una población aproximada de 35 millones de habitantes, y las fuerzas activas de Arabia Saudí ascienden a unos 250 000 efectivos frente a los 350 000 que estimativamente movilizan los hutíes. Sin embargo,  en los conflictos modernos importan menos los soldados que la estrategia, el gasto y la capacidad operativa real.

Riad se encuentra entre los diez países con mayor gasto militar del mundo, superando los 80 000 millones de dólares anuales, y recientemente gestionó la adquisición de una flota de cazas F-35 por 25 000 millones. En contraste, los hutíes operan bajo los principios de la guerra asimétrica: no pretenden replicar las capacidades saudíes tanque por tanque o avión por avión, ya que su objetivo no es derrotar frontalmente al reino, sino frustrar sus metas estratégicas e imponer costos insostenibles. Factores intangibles como la disciplina, la cultura de combate, la estrategia y la cohesión decisoria juegan a favor de los insurgentes.

Fragmentación interna y debilidad en la coalición antihutí

La debilidad de Riad también responde a fracturas profundas en su propio bando. La coalición que combate a los hutíes carece de un mando unificado; está integrada por el gobierno reconocido internacionalmente, facciones tribales y diversos grupos armados con prioridades e intereses profundamente divergentes. Los hutíes han demostrado una gran habilidad táctica para explotar estas grietas internas.

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A nivel internacional, el frente diplomático y militar tampoco muestra una línea monolítica. Mientras Arabia Saudí reclama apoyo exterior, los reportes diplomáticos reflejan vacilaciones en Washington (con señales de contención en acciones militares directas por parte de la administración estadounidense), al tiempo que los hutíes buscan canales de diálogo directo con EE. UU. a cambio de prometer no atacar embarcaciones norteamericanas en el mar Rojo. Aunque potencias europeas como el Reino Unido y Francia, así como la nueva alianza de seguridad de Pakistán y Turquía, respaldan a Riad, la falta de una estrategia internacional unificada debilita la posición saudí.

El dilema existencial de Riad y el drama humanitario

Los hutíes continuarán utilizando su control territorial y su posición de fuerza para extraer mayores concesiones económicas, militares y políticas de cara a cualquier negociación futura. Para Arabia Saudí, las opciones son cada vez más estrechas y complejas: o asumen el costo de una escalada militar frontal asumiendo las represalias hutíes, o ceden y negocian desde una posición de debilidad, lo que sentaría un precedente peligroso frente a otros grupos respaldados por Irán en la región.

Mientras la disputa geopolítica continúa estancada, el precio más devastador lo experimenta la población civil de Yemen. Con una economía colapsada, escasez crítica de alimentos y medicinas, y más de 130 000 desplazados internos recientes a causa de la última escalada bélica, los yemeníes sufren la pérdida de sus hogares y medios de subsistencia en una crisis humanitaria que no termina.

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