spot_img

Irán frente a Estados Unidos e Israel: origen y claves de un conflicto que vuelve a escalar

Análisis

Francisco Javier Peña Hernández
Francisco Javier Peña Hernández
Alumno certificado del Curso de Experto en Análisis de Inteligencia y del Máster Profesional de Analista de Inteligencia de LISA Institute. Con experiencia en distintos sectores como la ciberseguridad corporativa y el análisis de datos.

Los recientes ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán marcan una nueva escalada en un conflicto que se arrastra desde hace décadas.  En este artículo, el alumni del Máster Profesional de Analista de Inteligencia de LISA Institute, Francisco Javier Peña analiza cómo esta ofensiva ha debilitado al liderazgo del régimen de los ayatolás y vuelve a situar a Oriente Medio en un escenario de alta tensión geopolítica.

Los recientes ataques de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica de Irán han supuesto un duro golpe contra el gobierno autoritario de los ayatolás. Si bien Irán ha demostrado tener la capacidad de atacar el territorio israelí y diversas bases americanas ubicadas en Oriente Medio, la muerte del ayatolá Alí Jameneí y de buena parte del poder político-militar iraní deja al régimen en una situación crítica.

​➡️ Te puede interesar: ¿Por qué Israel y Estados Unidos son aliados históricos?

Sin embargo, el conflicto entre estas potencias no es nuevo, puesto que viene derivado de décadas de enfrentamientos por hacerse con el control del poder regional.

La primera gran intervención de Estados Unidos en el país ocurrió en 1953, cuando el primer ministro iraní Mohammad Mosaddeq fue derrocado mediante una operación encubierta organizada por la CIA y el MI6 británico debido a su decisión de nacionalizar la industria petrolera.

De esta forma, se restauró el poder absoluto del sha de Persia, Reza Pahlavi, y se consolidó la alineación de Irán con el bloque occidental durante la Guerra Fría. Para Washington, la intervención respondía a la lógica de la contención del comunismo soviético y a la protección de los intereses energéticos en el país.

Durante las décadas siguientes, el régimen del sha impulsó un proceso acelerado de modernización económica y occidentalización política que generó profundas tensiones internas. El descontento social, la represión política y la percepción de una fuerte dependencia exterior alimentaron un movimiento revolucionario que culminó en 1979 con la caída de la monarquía y la instauración de la República Islámica.

Bajo el liderazgo del ayatolá Ruhollah Jomeini, el nuevo régimen redefinió la identidad del Estado iraní como una potencia antiimperialsitas y abiertamente hostil a Estados Unidos e Israel. Eventos como la toma de la embajada estadounidense en Teherán y la crisis de los rehenes entre 1979 y 1981 sellaron la ruptura total con la Casa Blanca y transformaron la rivalidad estratégica en un enfrentamiento ideológico.

En el caso de Israel, tras la Revolución Islámica, el nuevo régimen iraní pasó a considerar al Estado hebreo como una entidad ilegítima cuya existencia contradecía los principios ideológicos del gobierno de los ayatolás, de mayoría chií. Desde entonces, la retórica oficial iraní ha combinado el rechazo político al Estado israelí con el apoyo activo a actores armados que combaten contra él.

Entre estos actores destacan Hezbolá en el Líbano, Hamás en Gaza, y los Hutíes en Yemen. El respaldo financiero, logístico y militar iraní a estas organizaciones forma parte de una estrategia orientada a proyectar su poder indirectamente y a rodear a Israel mediante una red de aliados armados. Para Jerusalén, esta estrategia representa una amenaza existencial, no solo por el poder militar acumulado en la región, sino porque también se asocia a una narrativa iraní que cuestiona su legitimidad como Estado.

​➡️ Te puede interesar: Por qué el bloqueo del Estrecho de Ormuz dispara el gas y el petróleo en España y Europa

Desde el punto de vista estratégico, Irán ha desarrollado una doctrina de expansión de su influencia regional que busca consolidar un eje geopolítico que conecte Teherán con el Mediterráneo oriental a través de Irak, Siria y Líbano. La invasión estadounidense de Irak en 2003 alteró considerablemente el equilibrio regional, aunque amplió el margen de maniobra iraní, ya que con la caída de Saddam Hussein se eliminaba a uno de sus principales adversarios y se abría la puerta a un sistema político iraquí en el que los partidos chiíes adquirieron un peso mucho mayor.

La guerra civil siria iniciada en 2011 también fue aprovechada por los gobernantes iraníes. El respaldo al régimen de Bashar al-Assad permitió a Teherán consolidar su presencia militar en territorio sirio y reforzar sus movimientos hacia el Líbano. Para Israel, esta expansión supuso la creación de un corredor militar hostil en su frontera norte, lo que motivó una campaña prolongada de ataques aéreos contra posiciones iraníes y depósitos de armas en Siria.

Estados Unidos, por su parte, ha oscilado entre la confrontación directa y los intentos de contención diplomática. En este sentido, el ejemplo más significativo fue el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), firmado en 2015 bajo la presidencia de Barack Obama y con la participación de otras potencias como Francia, China y Rusia.

El acuerdo imponía limitaciones estrictas al programa nuclear iraní a cambio del levantamiento gradual de diversas sanciones económicas aplicadas previamente. Sin embargo, tanto para Israel como para diversos sectores estadounidenses, el acuerdo no abordaba de forma sustancial el programa iraní de misiles balísticos ni su actividad militar en la región.

La retirada unilateral del acuerdo por parte de Estados Unidos durante la primera presidencia de Donald Trump reactivó la contundente política de sanciones económicas. Ante esto, Irán respondió incrementando progresivamente su nivel de enriquecimiento de uranio y reforzando su actividad en la región a través de sus fuerzas proxy. Aunque no se generaron enfrentamientos directos entre ambas potencias, esta nueva fase incrementó la tensión política y diplomática en la región. De hecho, el factor nuclear constituye uno de los aspectos más críticos del conflicto.

​➡️ Te puede interesar: Irán ante el umbral del cambio: crisis del orden islámico y el retorno simbólico del legado Pahlavi 

Desde Israel se considera inaceptable que Irán adquiera capacidades militares de carácter nuclear, asumiendo que ello amenazaría directamente su seguridad y al equilibrio regional de Oriente Medio. Los ayatolás, por su parte, sostienen oficialmente que su programa tiene fines civiles, aunque la falta de transparencia del régimen iraní no ayuda a rebajar las sospechas sobre sus capacidades de desarrollo de armas nucleares. 

En definitiva, los ataques producidos en los últimos días demuestran la facilidad con la que este conflicto regional puede escalar. Aunque la nueva fase militar pueda contenerse en el corto plazo, es poco probable que la rivalidad estratégica entre Estados Unidos, Israel e Irán desaparezca si no existe un cambio de régimen en el Estado iraní.

Mientras Teherán mantenga sus aspiraciones de consolidarse como potencia regional y continúe desafiando a las demandas de Washington y Jerusalén, este conflicto se mantendrá como el principal factor de inestabilidad en Oriente Medio.

➡️ Si quieres adquirir conocimientos sobre Geopolítica y análisis internacional, te recomendamos los siguientes cursos formativos:

Artículos relacionados

Masterclass y eventos relacionados

Formación relacionada

spot_img

Actualidad

Dejar respuesta:

Por favor, introduce tu comentario!
Introduce tu nombre aquí

spot_img