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Belarús: la última dictadura de Europa bajo el poder de Lukashenko

Análisis

G.R
G.R
Trabaja en el sector de la seguridad y defensa. Compagina su empleo con el estudio del Grado Universitario en Relaciones Internacionales y el Máster Profesional de Analista Internacional y Geopolítico de LISA Institute. Habla cuatro idiomas con fluidez: castellano, ruso, inglés y francés

La visita de Svetlana Tijanóvskaya a España en 2026 reabre el foco sobre Belarús, un país clave marcado por la represión de Lukashenko y su vínculo con Rusia. Este análisis explica su papel en el tablero geopolítico actual.

Tras la visita en abril del 2026 de la política opositora bielorrusa Svetlana Tijanovkskaya a España, quien se reunió tanto con el ministro de Asuntos Exteriores José Manuel Albares como con el presidente del Gobierno Pedro Sánchez Castejón, se ha vuelto a poner en el foco público la inusual situación de este pequeño país centroeuropeo cuyo nombre, Belarús, se asocia directamente al área de influencia rusa en el viejo continente.

A pesar de ser, en la práctica, un país aliado de la Federación Rusa, la República de Belarús merece un análisis alejado de los tópicos que circunscriben el comportamiento de este Estado a meras aserciones de la política del gigante ruso.

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Debido a sus particularidades geográficas, históricas y políticas y, como factor diferenciador, al gobierno personalista y represor de Alexander Lukashenko, conocido coloquialmente este último como «el último dictador de Europa«, se hace patente la gran cantidad de matices existentes en este espacio del crisol europeo.

Autoría de la fotografía:Pool Moncloa/Fernando Calvo.

Belarús: a caballo entre Europa y Rusia

Es habitual para los hispanohablantes sentir extrañeza al escuchar el término Belarús, ya que el empleado habitualmente es Bielorrusia. Esta distinción nominativa es un debate fraguado originariamente en el contexto de la expansión imperialista y conquista de terceros territorios por parte de la Rusia zarista entre los siglos XVII y XIX. 

Aunque la denominación oficial de este país en el seno de la ONU y en todas las organizaciones internacionales de las que forma parte es República de Belarús, la influencia de los vestigios imperiales rusos aún es latente y se refleja en el término Bielorrusia.

Es menester aclarar que ambos términos existen tanto en el idioma ruso como en el bielorruso, siendo Bielorrusia una deformación del término originario acuñado por la Rusia imperial debido a su parecido fonético, en lenguas eslavas como el ruso y bielorruso, a la conjunción de «Rusia blanca» (en ruso Белая Россия). Es de esta forma que se genera una sutil pero directa asociación entre el gigante euroasiático y su derecho impostado a poseer las tierras centroeuropeas, especialmente las bielorrusas, como propias a través del lenguaje.

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Es la conceptualización, en ocasiones errónea, de las ideas a través del lenguaje la que genera, da forma y cimienta la realidad. De esta manera, se da pie a narrativas simplistas que la deforman, una técnica empleada con asiduidad por parte de la Rusia contemporánea en sus operaciones de información e influencia a lo largo de todo el globo, no únicamente en Europa como fenómeno aislado.

Además, Belarús comparte su historia con las actuales Polonia y Lituania. Esto se debe a que estas tres entidades, hoy conformadas como Estados plenamente diferenciados, formaban parte de un único Estado nación, lo que explica las grandes similaridades culturales y lingüísticas entre estos vecinos: la Mancomunidad Polaca – Lituana o República de las Dos Naciones (en bielorruso Рэч Паспалітая), cuyo territorio abarcaba gran parte de la actual Belarús. 

Autoría de la fotografía: Sir_Cat_Angry (Reddit)

La independencia de Belarús en 1994 y la transición de su etapa como una de las repúblicas fundadoras de la URSS en 1922 junto a la RSS de Ucrania, la RSFS de Rusia y la RSFS de Transcaucasia, tiene un precedente importante con su breve independencia del Imperio Ruso entre 1918 y 1919.

El último dictador de Europa

Alexander Lukashenko es el presidente actual de la República de Belarús y ejerce como mandatario de la misma ininterrumpidamente desde el año 1994. Consideradas como las únicas elecciones verdaderamente libres de su historia, las presidenciales del año 1994 estuvieron marcadas por el ascenso al poder de Lukashenko, quien enarboló un discurso anticorrupción y, tras su victoria, propuso por referéndum cambiar la bandera que históricamente correspondía a Belarús (tres franjas horizontales de color blanco, rojo y blanco) a un calco de la soviética en el año 95 y reformar la constitución en el año 96, atribuyendo diversas competencias a su persona en un intento exitoso de centralización del poder.

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Autoría de la fotografía: @paleblue.earth (Instagram).

Se dice que Vladimir Putin aprendió de Alexander Lukashenko su playbook, ya que bajo el mandato del bielorruso ha ido desapareciendo todo atisbo de oposición desde los años 90, el papel de las fuerzas policiales y militares ha ido cobrando cada vez mayor importancia y las elecciones siempre las ha ganado él, cada vez con un mayor porcentaje. En declaraciones del propio Lukashenko, este afirma haberse bajado el porcentaje de votos recibido en unas elecciones para parecer «más democrático» a ojos de la Unión Europea.

Las relaciones de Putin y Lukashenko se enmarcan en un contexto de cooperación e intentos de integración supranacional de ambos países en el llamado Estado de la Unión. Debido al interés de Lukashenko en conservar su propia independencia, este ejerce una política a dos bandas entre Occidente y Rusia cuando le interesa como demuestra su papel en los Acuerdos de Minsk en 2014 y 2015 o sus relaciones con Donald Trump al haber aceptado la invitación de este último para formar parte de la Board of Peace en 2026.

Los sucesivos fraudes electorales que hasta 2020 caracterizaron las dinámicas bielorrusas dieron lugar a un enésimo intento de manipulación de los resultados electorales en Belarús tras las elecciones en 2020 a las que se presentó Svetlana Tijanovskaya en sustitución de su marido Sergei, candidato opositor encarcelado ese mismo año.

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Los resultados derivaron en la mayor ola de protestas hasta nunca antes vista en el país europeo, a la que Lukashenko respondió con una represión brutal y una criminalización que perdura hasta día de hoy de todo lo que recuerde a las fallidas, por ahora, aspiraciones democráticas del pueblo bielorruso.

Autoría de la fotografía: @Lela L (Pexels).


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