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La crisis del multilateralismo, ¿fruto de la ausencia de conversación pública mundial?

Análisis

Teresa Hernández
Teresa Hernández
Graduada en Relaciones Internacionales y Comunicación Global con especialidad en Derecho internacional y Diplomacia. Actualmente compatibilizo el Máster Profesional en Analista Internacional y Geopolítico de LISA Institute con la oposición a la Carrera Diplomática española.

El multilateralismo sigue siendo una pieza clave para entender cómo los Estados dialogan, cooperan y enfrentan desafíos comunes en un mundo cada vez más complejo. En este artículo, Teresa Hernández, alumna del Máster Profesional de Analista Internacional y Geopolítico de LISA Institute analiza cómo este modelo se inspira en la idea de entendimiento a través de la comunicación y qué implicaciones tiene su evolución en el escenario global actual.

Jürgen Habermas sostenía que la racionalidad consiste en emplear la comunicación como un medio para alcanzar el entendimiento. El sociólogo y filósofo alemán dedicó una gran parte de su obra a enfatizar la importancia del diálogo para construir la sociedad y la democracia.

Para construir la sociedad, el diálogo ha de estar basado en la escucha activa, los argumentos sopesados y reflexionados y el respeto hacia la contraparte.  

¿Qué es el multilateralismo y cuál es su vínculo con las organizaciones internacionales?

En este sentido, el multilateralismo, entendido como un sistema de organización de los Estados que consiste en fomentar marcos de diálogo para alcanzar el mayor grado de satisfacción y cooperación posible entre los distintos Estados, hunde sus raíces en la voluntad de entendimiento.

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El multilateralismo tiene por objeto alcanzar la acción concertada del mayor número de Estados en un ámbito determinado para perseguir objetivos comunes. Por tanto, la voluntad de entendimiento y la necesidad de dialogo subyacen en los orígenes del multilateralismo y, por extensión, en el de las organizaciones internacionales.

La necesidad de establecer marcos comunes de diálogo y encuentro de manera periódica a fin de gestionar unos intereses dio lugar a la institucionalización de las organizaciones internacionales cuyo origen a nivel institucional se remonta al siglo XIX. 

El siglo XX, que fue testigo de las mayores catástrofes de la historia de la humanidad con las dos guerras mundiales como telón de fondo, presenció también los mayores avances conjuntos de una gran parte de Estados, propulsados por la proliferación de las organizaciones internacionales. La Liga de Naciones, aunque fallida, sembró el camino para lo que constituiría la clave de bóveda del multilateralismo , la Organización de las Naciones Unidas (ONU). 

A menudo criticada hoy en día por su parálisis en el Consejo de Seguridad, cabe destacar que la ONU sigue constituyendo el único foro global y con reuniones periódicas en el que tiene cabida el mayor número de Estados del mundo, 193 de los 50 que firmaron la Carta de San Francisco en 1945. Por eso, hablar de multilateralismo y de diálogo es hablar de Naciones Unidas.  

Además, en un alegato a favor de la ONU, se debe poner el acento en que ésta constituye un «archipiélago de organizaciones» en palabras del politólogo Ghassan Salamé. Los avances sanitarios,  alimentarios,  de gestión de refugiados y de calidad de vida de la población mundial no habrían sido posibles sin la labor de la OMS,  la FAO, UNICEF,  el PNUD y un largo etcétera.

La creación de las más de 70 «islas» de este «archipiélago» (entre las agencias y los programas de la ONU)  fue fruto de un impulso de cooperación propulsado por la voluntad de entendimiento de la segunda mitad del siglo XX.

Esta proliferación de organizaciones internacionales reflejó el entendimiento a través de la comunicación para cooperar y alcanzar fines comunes. Y estas representan la institucionalización del dialogo con normas de participación, respeto a las contrapartes,  y exigencia de argumentos para sostener una posición determinada. 

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A este respecto,  el profesor Manuel Díez de Velasco afirmaba que, en efecto, uno de los mayores atributos de las organizaciones internacionales es su capacidad para impulsar espacios de diálogo y de encuentro de manera periódica. Se podría afirmar que sin multilateralismo no hay «esfera pública» internacional,  y por lo tanto,  no hay conversación pública mundial.

¿Qué repercusiones tiene un multilateralismo fragmentado?

Con un multilateralismo fragmentado, las esferas públicas se fragmentan. Esto no quiere decir que existan posiciones distintas o divergentes respecto a un asunto determinado. Al contrario,  la fragmentación del multilateralismo implica un aumento de las cámaras de eco entre los afines y un deterioro del diálogo entre posiciones distintas. En un mayor grado, este paradigma da lugar a una ausencia de la conversación pública mundial.  

El deterioro del diálogo está impulsado por la «era de lo efímero» siguiendo a  Gilles Lipovetsky. No hay espacio ni tiempo de reflexión ni de establecer una hoja de ruta sólida,  la volatilidad empuja a una fragmentación del discurso público, no hay tiempo de escuchar activamente

Tampoco hay paciencia. La inmediatez y la aceleración que nos trae la tecnología pasa factura en la política.  Lo tecnológico es político, pero lo político no es tecnológico, es social. Y lo social, implica sociedad,  espacio público,  diálogo,  contraposición de punto de vista y escucha activa.  

El multilateralismo,  como sistema político internacional implica una conversación mundial,  unas normas de entendimiento comunes y unos mismos marcos conceptuales.  Si no existe conversación mundial, ¿entenderemos  lo mismo por vocablos que definen nuestra era como «riesgo» «incertidumbre»  «desafío» o «polarización«? La escala de prioridades diverge ,  pero los retos a los que se enfrenta la humanidad siguen intactos.  A título de ejemplo ¿en qué prioridad de la conversación pública mundial está el cambio climático? Es evidente que, en un estilo orteguiano, cada Estado tiene su circunstancia y la tiene que salvar.

No obstante, las consecuencias del cambio climático son globales y tarde o temprano afectarán a todos los Estados mientras vivamos en la misma Tierra. Esto se traslada al resto de retos.  

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De la misma manera, en ausencia de conversación pública mundial, la división aumenta, el sistema multipolar fragmentado se acrecienta y los esfuerzos por parte de algunos Estados para hacer frente a desafíos caen en vano si no hay cooperación y diálogo con el mayor número de Estados. Las crisis, los desafíos y la incertidumbre hablan una lengua global en tanto que sus repercusiones nos afectan a todos.

Por lo tanto, se debe revindicar el «espíritu de diálogo» tal y como enunciaba el lema del foro de Davos 2026. Del mismo modo que el diálogo es fundamental para construir sociedad, el multilateralismo es fundamental para construir conversación pública global


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