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La geopolítica del café: un viaje desde sus orígenes hasta su impacto global

Análisis

Carmen Revilla
Carmen Revilla
Estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad Rey Juan Carlos. Entusiasta de la geopolítica, el análisis de conflictos, el derecho internacional, y los movimientos sociales.

El café no es solo una bebida, sino una fuerza que ha moldeado economías y culturas a lo largo de la historia. La industria del café impacta significativamente las economías locales, pero también genera preocupaciones ambientales y de derechos humanos, como la deforestación y el trabajo infantil. Este artículo explora la historia del café, su mercado actual y su impacto global, además del rol de organizaciones como la Organización Internacional del Café.

La historia del café comienza, según los historiadores, en el Cuerno de África, en la provincia etíope de Kaffa sobre el siglo IX. Cuenta la leyenda que un pastor etíope observó cómo sus cabras obtenían especial energía tras comer unas bayas parecidas a las cerezas. Viendo el efecto que tenían en sus cabras, el pastor decidió probar las cerezas de café, descubriendo así sus propiedades estimulantes. 

Aunque la fábula del pastor no sea más que un mito, se sabe con certeza que los esclavos provenientes de Sudán y que eran trasladados a Yemen y Arabia, se comían la parte más carnosa de las bayas del café para soportar las duras labores a las que estaban sometidos. Los esclavos eran transportados por el mar Rojo hasta el puerto yemení de «Moca», palabra que se ha convertido en sinónimo de café. Así, gracias a la afluencia de esclavos, el grano de café fue introducido en Yemen donde se empezó a cultivar alrededor del siglo XV.

El cultivo del café se extendió por toda la península arábiga, que por aquel entonces era parte del Imperio Otomano. Así, en el siglo XVI, se introduce el café en la corte del sultán Süleyman, el cual quedó tan sorprendido que demandó a su personal de palacio que buscase una manera de prepararlo que lo hiciera más agradable para el consumo. Recordemos que hasta entonces el grano de café se consumía molido y mezclado con grasa animal. Este fue el origen del reconocido café turco que es patrimonio cultural inmaterial de la humanidad según la UNESCO.

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Los otomanos intentaron mantener el monopolio del cultivo de café con rigurosas políticas que prohibían exportar granos fértiles. De esta manera, impedían que otras potencias pudieran lucrarse del creciente mercado que se estaba generando en torno al café. Esto fue así hasta inicios del siglo XVI, cuando unos holandeses consiguieron hacerse con unos granos fértiles y cultivarlos en invernaderos en Holanda.

Fueron precisamente los holandeses quienes, aprovechando la expansión colonial, comenzaron a cultivar café en sus colonias situadas en las actuales India e Indonesia. Las condiciones climáticas y las amplias extensiones de terreno de las colonias favorecieron el rápido desarrollo de la producción holandesa, que pronto se convirtió en la principal suministradora de café de Europa. Aunque tanto los franceses como los ingleses duplicaron el método de cultivo holandés en algunas de sus colonias, fueron también los holandeses quienes propagaron el cultivo del café por América Central y del Sur.

El café como actor social

Desde que se popularizó su consumo en el Imperio Otomano, el café se ha convertido en más que una simple bebida. En 1554 comenzaron a abrirse las primeras cafeterías en Estambul que pronto se convertirían en el centro de reunión de las élites culturales y políticas. Este mismo modelo se duplicó en Europa a lo largo del siglo XVII y XVIII a medida que el café se popularizaba.

Los cafés y cafeterías, tanto en Europa como en el Imperio Otomano, se convirtieron en lugares de debate e intercambio de ideas donde se desarrollarían las principales ideas de la Ilustración. Este fenómeno incomodaba a las clases dirigentes, quienes prohibieron y derogaron en numerosas ocasiones el consumo de café y la reunión en cafeterías.

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A pesar de su óptica intelectual, la historia del café no se entiende sin la esclavitud. Los esclavos han tenido un papel fundamental en el desarrollo de la industria cafetera no solo porque fueron quienes introdujeron el fruto de café en la Península Arábiga, sino porque también eran la mano de obra que soportaba las severas condiciones de las plantaciones coloniales. 

La industria del café se sustentaba gracias al comercio triangular: las empresas europeas importaban esclavos africanos a las plantaciones de América y el Caribe. Esta práctica es una de las mayores responsables de la diáspora africana. Brasil, una de las principales potencias cafeteras, fue de los últimos países en abolir la esclavitud en el año 1888. Sin embargo, para entonces se calcula que 4 millones de esclavos fueron traídos desde África.

El café también fue un actor de cambio durante la Revolución Industrial. Las propiedades estimulantes de esta bebida permitirán a la clase obrera adaptarse a las largas jornadas de trabajo sin desfallecer. El café dotó a los obreros de más horas útiles, las cuales no solo dispararon la productividad, sino que también incentivaron otras actividades no relacionadas con el trabajo, como las reuniones en los cafés anteriormente mencionados. 

La industria cafetera del siglo XXI

El café se ha convertido en una de las bebidas más consumidas en todo el mundo, por lo que su industria se encuentra en constante crecimiento. Aunque en 2023 llegaron a consumirse 173 millones de sacos de 60 kg, se espera que para 2024 la cifra aumente a 180 millones de sacos.

Heredero de la época colonial, Brasil es el mayor productor de café del mundo. Si bien casi la mitad de la producción mundial de café proviene únicamente de América del Sur, Brasil es sin duda la que más aporta a dicha producción, con una media de 66.300 miles de sacos de 60 kg al año. Aunque los otros dos mayores productores son Vietnam y Colombia, sus producciones se encuentran muy por debajo de la de Brasil, 27.500 y 11.500 respectivamente.

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Puede que los orígenes del café sean africanos, pero en la actualidad, el mayor negocio de café se encuentra en América. No hay duda que el dominio en términos productivos se encuentra en el sur del continente. Sin embargo, es Estados Unidos el país que más ingresos genera gracias a la industria cafetera.  Mientras que Brasil registró 7.223 millones en beneficios, Estados Unidos le superó con 10.500 millones.

Estados Unidos no es solo el principal importador de café del mundo, sino que también es sede de una de las cadenas de cafeterías con mayor expansión internacional, Starbucks.  Además, la mayor empresa tostadora de café del mundo, Nestlé, firmó un contrato millonario con Starbucks para comercializar sus productos.

Impacto de la industria cafetera

La industria del café genera un impacto significativo en la economía local de los países y regiones productoras. Desde el cultivo hasta el consumo del café, se crean puestos de trabajo en todas las etapas. No obstante, el cultivo y producción del café, y su constante crecimiento, trae consigo ciertas externalidades.

El medio ambiente es una de las principales víctimas de la industria cafetera. La deforestación, la erosión del suelo, o la contaminación del agua, pueden ser algunas de las consecuencias de una producción masiva y descontrolada. También, el consumo individualizado del café ha fomentado que cada vez se generen más residuos como plásticos o cápsulas de aluminio. Cada minuto se desechan 13,500 cápsulas de aluminio y plástico que tardarán más de un siglo en degradarse.

En materia de derechos humanos, la industria cafetera presenta varias problemáticas. El trabajo infantil es una práctica común en el cultivo del café. La subida del precio de este producto incita a que las familias con menos recursos saquen a sus hijos de la escuela y les pongan a trabajar. Un estudio realizado en Brasil revela que en las regiones productoras de café las tasas de trabajo infantil han aumentado un 7% desde 2019.

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La industria del café también participa de lo que se conoce como «esclavitud moderna»Este término se refiere a las personas que están obligadas por coerción a trabajar en unas condiciones infrahumanas y de abuso de poder. Brasil, al ser el principal productor de café, también es donde se da especialmente este fenómeno. En 2016, empresas como Nestlé admitieron haber adquirido los granos de café en plantaciones brasileñas denunciadas por utilizar el trabajo infantil y la esclavitud moderna en la producción de sus cultivos. 

La Organización Internacional del Café (OIC)

Con el fin de promover y fortalecer una expansión sostenible del sector cafetero, en 1963, en el seno de Naciones Unidas, se creó la Organización Internacional del Café (OIC). La OIC es la única organización intergubernamental que reúne a los gobiernos importadores y exportadores. Además, representa el 93% de la producción y el 63% de consumo mundiales de café.

Esta organización constituye un foro único donde participan no solo los gobiernos, sino también los distintos actores del sector privado, socios de desarrollo y la sociedad civil. La OIC tiene la misión de trasladar los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas a la industria cafetera, aumentando así su resiliencia y sostenibilidad.

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