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¿Es el Mossad tan efectivo como dicen? Anatomía de un servicio de inteligencia entre éxitos y derrotas

El Mossad nació en un contexto de amenaza permanente y forjó una reputación sostenida en la discreción, la audacia y la anticipación. En este artículo, Artiom Vnebraci Popa examina cómo sus éxitos, fallos y transformaciones internas han convertido al servicio israelí en uno de los más estudiados del mundo y en una pieza clave para entender la seguridad de Israel y su influencia global.

El Mossad se considera uno de los servicios de inteligencia más estudiados del panorama de seguridad global contemporánea. Fue fundado en una época convulsa bajo la constante amenaza al Estado de Israel.

Su formalización se definió por el establecimiento de una línea de defensa operativa mediante la recopilación de inteligencia en terreno hostil. Este contexto específico, formuló una doctrina caracterizada por la discreción y la prevención acelerada.

Historia y consolidación del Mossad

La creación del Mossad fue establecida por Ben-Gurión gracias al consejo de Rueven Shiloah. Su funcionamiento inicial se basaba en anclar de forma coordinada las operaciones de inteligencia militar (Aman), la seguridad nacional (Shin Bet) y el departamento del Ministerio de Asuntos Exteriores.

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Durante sus inicios, el Mossad estudió y aprehendió fórmulas de inteligencia gracias a la CIA estadounidense o el MI-6 británico. Sus campos más allegados fueron el de la inteligencia humana (HUMINT) y la detección de señales (SIGINT). A esto se le sumó una amplia red de colaboradores informales y voluntarias que proporcionaron apoyo y coordinación civil en operaciones globales.

Esta formulación organizativa definió una estrategia de maximización de herramientas más que limitadas mediante la movilización del entorno local y supranacional sin precedente alguno. 

Operaciones exitosas del Mossad

Gran parte de la percepción del éxito del Mossad deviene por su amplio arsenal de aciertos operativos históricos. El más emblemático y de película fue la captura en 1960 de Adolf Eichman en Argentina. Asimismo, un grupo reducido de agentes operativos lograron secuestrarlo, llevarlo de forma sutil a Israel y contener un juicio por parte de los poderes judiciales israelíes.

Otra operación importante fue la Operación Entebbe en 1976. El Mossad aportó inteligencia sustancial sobre el secuestro del avión Air France, el traslado de los rehenes israelíes a Uganda y la estrategia arquitectónica de las defensas del aeropuerto por parte del régimen de Idi Amin. El resultado final fue la liberación de la mayoría de los cautivos, la muerte de un único operativo (el hermano de Benjamin Netanyahu) y el refuerzo activo de la imagen internacional del Mossad.

Por otro lado, en el terreno científico, el Mossad ha formulado durante más de 40 años un programa de sabotaje constante del programa atómico iraní. Esto abarca desde asesinato de científicos iranís clave hasta los ciberataques Stuxnet.

Pero anterior a esta tendencia, existía ya la Operación Plumbat que buscaba la sustracción de material radioactivo para su posterior investigación.

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También,la Operación Cólera de Dios (lanzada tras el asesinato de los atletas israelíes en 1972 en Múnich) mostró otra particularidad de este servicio de inteligencia: su globalización operativa al perseguir a los causantes del ataque en varios países del continente europeo y de la Península Arábiga. Durante años ejecutó operaciones contra miembros del Septiembre Negro, que reforzaron la imagen de la implacabilidad de su alcance. 

Fracasos operativos

Ningún análisis académicamente riguroso de las operaciones del Mossad puede ignorar sus fallas. Probablemente el caso más perverso es el de Lillehammer en 1973. En una constante persecución de los responsables de la masacre de Múnich, un equipo de operativos del Mossad confundió a Ahmed Bouchiki (un camarero marroquí que volvía del cine con su esposa) con Ali Hassan Salameh (líder de Septiembre Negro). Lo asesinaron creyendo que eliminaron a uno de los operativos del atentado del 1972.

Esto provocó una mala imagen internacional de Israel y del Mossad, y tuvo un costo enorme donde múltiples agentes fueron arrestados (aunque no fueron juzgados), los contactos fueron descubiertos y se hubo de desmontar una amplia parte de su red en el continente europeo.

Salameh sería asesinado en el 1979, pero de nuevo, con algunas víctimas colaterales. Con todo ello, cabe remarcar que el director del Mossad de aquel entonces (Zvi Zamir), asumió la total responsabilidad.

Otro duro golpe llegaría unos meses después: la Guerra de Yom Kippur. El 6 de octubre de 1973, Egipto y Siria atacaron de forma coordinada a Israel por sorpresa. La inteligencia militar israelí calculó erróneamente que ciertas alertas tempranas no se materializarían (como que Egipto no actuaría sin sistemas armamentísticos soviéticos y Siria no se involucraría sin la coordinación egipcia). Tal marco mental llevó a ignorar señales precedentes y a subestimar la operatividad (y el engaño) de ambos países.

Y es en tiempos contemporáneos donde devino el golpe más doloroso. El ataque de Hamas el 7 de octubre del 2023. El Mossad no anticipó el ataque correctamente por basarse en una hipertecnologización y no contar que sus vecinos usarían la inteligencia humana como antaño definía al servicio de inteligencia israelí.

El error puso de manifiesto la subestimación de los grupos de guerrilla asimétrica al asumir que tal asimetría imposibilitaría el cruce de líneas rojas.

El ataque de Hamás sorprendió incluso a los más veteranos de la inteligencia militar. Desde ese momento, en los servicios de inteligencia y de seguridad israelíes ha resurgido la pregunta sobre cómo se ha de enfocar sus operaciones en este nuevo siglo.

El Mossad como marca global de implacabilidad

El Mossad ha sabido jugar perfectamente al juego de percepciones, constituyendo su imagen como marca global de eficacia, implacabilidad, acceso y miedo. Su reputación basada en una supuesta omnipotencia se formula como arma estratégica y disuasoria.

De esta forma, el Mossad podría permitirse incluso ser un servicio de inteligencia regular pero no puede permitirse no ser excelente en relaciones públicas.

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Así, la comunicación del servicio de inteligencia israelí funciona en base a la disuasión psicológica (sus operaciones generan temor), la propaganda activa de sus éxitos (ejemplo: Eli Cohen en la serieThe Spy) y el silencio sutil de sus fracasos, el uso de la industria del entretenimiento para reforzar su imagen y una amplia presencia en el ciberespacio que promueve operaciones psicológicas en los medios digitales.

En definitiva, el Mossad funciona a su vez como aparato operativo y como industria creadora de percepción manufacturada, donde el mito es igual de estratégico como la propia inteligencia.

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Un año de la caída de al-Assad: transición incierta y nuevo orden en Siria

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Este artículo Artiom Vnebraci Popa analiza el primer año tras la caída del régimen de Bashar al-Assad en Siria. Examina cómo se consolidó el poder de HTS, las tensiones internas y externas del nuevo gobierno, y las implicaciones regionales e internacionales de esta reconfiguración.

El 8 de diciembre de 2024, el colapso total del régimen de al-Assad tuvo lugar durante la ofensiva militar promovida por Hay’at Tahrir al-Sham (HTS) y la Sala de Operaciones del Sur. Fue el fin de más de 50 años de mandato dinástico caracterizado por narcocapitalismo, clientelismo, corrupción y represión (muerte y tortura incluida) de la disidencia.

Pero lo realmente interesante de tal «transición» fue la velocidad de esta. Durante años el conflicto mantenía una definición congelada y, en cuestión de semanas, el aparato estatal fue desmoronado y superado. Desde el inicio del asalto (que no de los preparativos), las fuerzas rebeldes llegaron desde Alepo hasta Damasco en once días. Las instituciones y fuerzas públicas colapsaron, colaboraron o simplemente no intervinieron. Esto reveló la seria problemática de un Estado con autoridad parcial y muchos vacíos de poder.

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La controvertida llegada del HTS al gobierno y su parcial reconocimiento internacional representan no solo un cambio de liderazgo. También marcan una fractura comparable a la Revolución iraní, la invasión de Irak o las diferentes primaveras árabes.

¿Por qué cayó el gobierno de Al-Assad?

La vertiginosidad del colapso del régimen de la dinastía Al-Assad se debía en gran parte a características multidimensionales. Por un lado, la degradación de las instituciones públicas, el desempleo, la poca prospectiva de futuro y la inseguridad regional formularon una amplia base de descontento. Esto, combinado con políticas extractivistas por parte de las élites sirias, combinado con sanciones internacionales, redujo el PIB del país a menos de la mitad de su valor inicial en 2010. Ocho de cada diez sirios vivían en situación de precariedad.

Por otro, la mala preparación tanto técnica como operativa por parte de las fuerzas oficialistas sirias fue una de las vulnerabilidades logísticas más fundamentales. Rusia e Irán habían mandado cantidades notables de material militar al gobierno de al-Assad, pero décadas de corrupción sistémica posibilitaron la descomposición institucional y la reventa de tales materiales, que nunca acababan de llegar a las fuerzas de seguridad. Esta cleptocracia estructural por parte de las élites oficiales sirias fue la causa de la indisposición técnico-operativa de los militares.

A su vez, el ataque de Hamás a Israel el 7 de octubre de 2023 cambió activamente la política exterior israelí. El Estado judío buscó debilitar el Eje de la Resistencia liderado por Teherán vía operaciones militares y financiación quirúrgica. Desde ataques aéreos a Yemen, la guerra de guerrillas contra Hezbollah en el Líbano, la ocupación de Gaza y el intercambio de misiles con Irán fueron (y son) una modalidad estratégica que busca debilitar varios actores coordinados simultáneamente (generando caos y posible rechazo futuro a la cosmovisión iraní). Así, la degradación de tales aliados regionales del régimen sirio oficialista privó al mismo de su garante de seguridad más continuista.

De forma simultánea, la Federación Rusa se encontraba cada vez más enfrascada en la guerra de Ucrania. Esto desviaba sus recursos adjudicados a política exterior. Los propios analistas iraníes avisaron a Assad sobre la posibilidad de una rebelión de HTS. Sin embargo, esta advertencia llegó bastante tarde para revertir dinámicas comunitarias y operacionales que tardaron años en fraguar.

Transición, estrategia y sectarismo tras la caída de al-Assad en Siria

La consecutiva victoria de HTS y el establecimiento del gobierno de transición bajo el personalismo de Ahmed al-Sharaa (antes conocido como Abu Mohammed al-Golani) se han caracterizado por tensiones de base. Estas tensiones surgen entre proyecciones inclusivas narradas en el discurso y las realidades tercas del aparato político-militar de los nuevos líderes del país.

El Mando de HTS estableció de forma rápida el control sobre Damasco y otras áreas estratégicas, iniciando un realineamiento político. La nueva Declaración Constitucional del 13 de marzo otorgó a al-Sharaa grandes poderes ejecutivos para los siguientes cinco años.

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Esto ha comenzado a generar preocupaciones sobre si la fase de transición es realmente una reforma democrática genuina. O si, por el contrario, es una forma gradual de institucionalización de la dominación política de HTS. HTS y el Gobierno de Salvación controlan directamente ministerios estratégicos, empresas públicas, política exterior, poder judicial y territorios con recursos clave. También dominan la apertura al Mediterráneo Oriental. Esto contradice las promesas de pluralismo y descentralización.

La designación oficial de al-Sharaa como presidente en enero de 2025, aunque formulada en un marco de inclusión y respeto hacia las minorías étnico-religiosas de Siria, fue recibida con escepticismo. Varias comunidades que históricamente se alinearon con el régimen de al-Assad manifestaron cierto rechazo ante esta designación.

Se reportaron múltiples incidentes y asesinatos de personas pertenecientes a grupos minoritarios en Siria, como los alauitas, los drusos y los cristianos. Desde el nuevo oficialismo se afirmó que tales bajas fueron provocadas por «fuerzas residuales» de los tradicionalistas pro-Assad. Sin embargo, algunos grupos responsables de estas atrocidades fueron reconocidos como miembros de las nuevas Fuerzas Armadas interinas.

De esta forma, el desafío futuro radica en la capacidad evolutiva de HTS desde una organización yihadista con vínculos a Al-Qaeda en un actor internacional capaz de absorber un Estado multiétnico y multiconfesional.

¿Y qué pasa con los kurdos?

La cuestión kurda constituye uno de los desafíos más complicados de la transición siria. El 10 de marzo de 2025, Mazloum Abdi (nuevo comandante de las Fuerzas Democráticas Sirias kurdas) firmó un acuerdo para formular las bases de un plan de integración del ejército rebelde kurdo en el nuevo ejército sirio. Este principio de acuerdo fue bienvenido por la ONU, EE. UU. y la UE.

Sin embargo, las barreras y límites para implementar tal plan son múltiples. El nuevo gobierno de Damasco y las FDS se diferencian en cuanto a cómo se debe gobernar: de forma centralizada o descentralizada. También, el grado de integración militar es un punto conflictivo. Las FDS no se niegan a la interiorización en el nuevo gobierno, pero desean permanecer semiautónomas (algo que Damasco no puede permitir en su narrativa unificadora).

Hasta diciembre de 2025, ha habido muchos incumplimientos operativos por parte de Damasco en relación con las promesas hechas a las FDS. A su vez, el control de las FDS sobre áreas con mayorías árabes se ha convertido en un caldo de cultivo para el nuevo gobierno sirio. Sin embargo, los regimientos kurdos no piensan ceder tan fácilmente algo que han «cuidado» durante años.

Por su parte, Turquía se opone a un federalismo al estilo iraquí en Siria. Además, exige que las FDS se integren al nuevo gobierno y que se expulse del país a los combatientes asociados al PKK.

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Esto pone en tesitura a Damasco, ya que muchos de estos y estas combatientes fueron los que ayudaron a tumbar el régimen de Al-Assad. Expulsarlos sería enviar un mensaje contradictorio. Si la excusa para derrocar a la dinastía Assad fue que no cuidaban a sus propios ciudadanos, ¿qué mensaje transmite HTS si expulsa, por petición de actores extranjeros, a sus propios «revolucionarios»?

De momento, la integración y el acuerdo se encuentran congelados. Las FDS tienen preocupaciones sobre el trato que reciben grupos étnicos minoritarios, como los alauitas y los drusos, por parte del ejército sirio.

En septiembre de 2025, el presidente sirio ha afirmado que Turquía podría tomar acción militar contra las FDS si no se logra la integración con rapidez. Esto se traduce en una forma de presión sobre los kurdos sirios para que acepten con rapidez términos desfavorables.

Implicaciones regionales e internacionales tras la caída de al-Assad y la reconfiguración del poder territorial sirio

Esta nueva transformación del poderío territorial en Siria ha propiciado una reconfiguración geopolítica interesante. Turquía proyecta a Siria como pieza necesaria en su visión neo-otomana. Estados Unidos reduce ciertos compromisos militares sin dejar de lado la lucha contra el ISIS.

Israel busca la consolidación de un Estado tapón o zona de amortiguamiento que no contenga amplia influencia iraní. Los Estados del Golfo intentan reinsertar a Siria en una gobernanza regional más estable. Y Rusia junto con Irán intentan reconvertir y limitar la magnitud de sus pérdidas.

Tal reconfiguración se caracteriza por unatransición no solo interina y nacional, sino también basada en un sistema regional multipolar. En este escenario, actores intermedios como Turquía, Arabia Saudita, Qatar, Emiratos Árabes Unidos e Israel ejercen una autonomía emergente frente a potencias que tradicionalmente dominaban la región.

La limitada capacidad de Teherán y Moscú para contener la caída del régimen baazista expuso debilidades en su estrategia y en su influencia. Esto debilitó la narrativa de un bloque cohesionado y capaz de antagonizar el orden occidental. Como respuesta, Irán y Rusia formularon un nuevo pacto reactivo que busca reforzar la cooperación en defensa, tras perder el Levante como posible espacio de dominio.

Rusia se encuentra en reorientación de su influencia hacia África, como forma compensatoria de la pérdida de influencia en Oriente Próximo. A pesar de ello, y el rechazo del nuevo gobierno de Damasco hacia la política de acogida de Al-Assad y su familia en Moscú, las dos bases operativas de las fuerzas rusas seguirán operando por el cierre de un nuevo contrato energético necesario para Siria.

A su vez, Estados Unidos comienza a enfrentar un dilema estratégico. Se tambalea entre reducir cierta presencia militar, pero tampoco quiere ceder terreno al ISIS ni a competidores regionales.

De momento, el gobierno sirio se aproxima a Washington mediante la cooperación antiterrorista y la formación en guerra de guerrillas para las fuerzas militares estadounidenses. La reunión entre Trump y al-Sharaa simbolizó esta fase. También promovió el levantamiento de sanciones bajo la Ley Caesar y la reapertura de la embajada siria en Washington.

Por otro lado, tal arquitectura política emergente en el Próximo Oriente tiene consecuencias fundamentales para otros nodos de conflicto. En Yemen, la contracción del eje iraní reduce capacidad de apoyo a los hutíes, obligándolos a adoptar tácticas reactivas. En el Líbano, la pérdida del corredor sirio-libanés ha debilitado considerablemente la economía logística de Hezbollah.

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Hamás, por otro lado, observa cómo gran parte del respaldo regional a sus políticas se encuentra en erosión acelerada. Los múltiples Estados del Golfo se enfocan en la reconstrucción siria, inversión e infraestructura, posibilitando la contención de rivalidades inter-sunitas.

Por su parte, Israel ha celebrado la caída de Assad, ya que esto representa una reducción de las capacidades militares sirias. También implica la disminución de la infraestructura iraní y el desabastecimiento de grupos militares proxy.

A su vez, la expansión gradual de asentamientos en los Altos del Golán refuerza la percepción de una ventana histórica. Israel ve esta oportunidad como clave para consolidar posiciones geoestratégicas a largo plazo.

En contrapartida, Irán ha devenido como el gran perdedor geopolítico. Ha perdido el corredor sirio-libanés, el comercio y control del tráfico de captagón y las capacidades de amortiguamiento de sus fuerzas proxies.

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A esta estructura panorámica se suma la evolución de la retórica de HTS. Su narrativa inclusiva, junto con la decisión de ciertos actores internacionales de suavizar la designación terrorista sobre su líder, puede interpretarse como parte de un proceso gradual de legitimación.

Esto genera tensiones jurídicas sin precedentes. La flexibilización de las caracterizaciones políticas vinculadas al extremismo puede abrir espacios para normalizar actores con un pasado reciente profundamente ligado al yihadismo radical.

El problema se agrava cuando parte de sus miembros provienen de antiguos grupos yihadistas vinculados a Al-Qaeda. Muchos de ellos mantienen un marco ideológico distante de los modelos liberales de gobernanza.

Pero la legitimación parcial de HTS no puede ser entendida y responsabilizada únicamente a cuestiones interinas. Este tipo de justificaciones se enmarca en dinámicas de realismo político. En ellas, actores estatales y privados priorizan el control territorial y la estabilidad a corto plazo sobre criterios democráticos estrictos.

Esta lógica explica por qué Estados Unidos ha optado por recibir oficialmente al nuevo funcionario sirio, a pesar de su vinculación pasada con organizaciones consideradas terroristas por su país anfitrión.

Así, la dinámica inconsistente y selectiva de la terminología «terrorista» se convierte en un marco que depende del valor de un actor en un contexto determinado. Muchos de los «amigos» de al-Sharaa seguirán siendo considerados prescindibles porque no tienen el mismo valor estratégico que tiene el actual presidente sirio.

Por su parte, la Unión Europea también se ha sumado a tal reorganización geopolítica. Sus visitas y colaboración con el nuevo gobierno de transición, junto a paquetes financieros aprobados para la reconstrucción, responden al interés europeo por estabilizar fronteras, contener flujos migratorios y evitar una reactivación del terrorismo en su periferia.

El levantamiento de sanciones y la apertura de programas técnicos, tanto en infraestructura como en educación, responden a una táctica que privilegia cierta estabilidad regional por encima de los valores democráticos.

Siria, lejos de estabilizarse, se convierte en un espacio de ensayo para nuevas formas de influencia. Allí, los límites entre el realismo geopolítico y la hipocresía normativa se vuelven cada vez más difusos.

¿Qué debe hacer Siria para su estabilización?

a) Transparencia y justicia por las atrocidades cometidas

Para que el proyecto inclusivo de HTS evolucione, es necesario un mecanismo transparente de justicia. Esto implicaría juzgar a los responsables de los asesinatos de alauitas, drusos y cristianos de las nuevas Fuerzas Armadas interinas, junto a la creación de comisiones vinculantes que reconozcan crímenes de lesa humanidad del anterior régimen como también del nuevo aparato militar.

A su vez, se ha de garantizar derechos culturales y confesionales básicos a las minorías. Esto evitaría la lógica selectiva que históricamente ha dificultado la reconciliación nacional siria.

b) Integración inter-étnico

El nuevo gobierno no solo ha de reconocer la pluralidad étnica de su territorio, sino poner en marcha mecanismos de descentralización adminsitratica, garantizar la representación política de kurdos, cristianos drusos y árabes de múltiples escuelas teológicas. A su vez, la integración de las varias milicias en el órgano central ha de ser de primera necesidad (pero se ha de conseguir por medios diplomáticos e incentivos).

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c) Repatriación gradual de la diáspora y de los desplazados

Más del 55% de la población siria vive fuera del país. Para revertir tal efecto se han de crear garantías de no persecución y retorno para personas desplazadas, como reconocer la identidad híbrida y de doble ciudadanía desarrollada por la juventud siria en la diáspora.

d) Reconstrucción económica diversificada

Se ha de posibilitar la construcción de servicios básicos como agua y alimento, sanidad, educación, infraestructura y electricidad. Para ello, los acuerdos energéticos formulados con los rusos pueden ser un buen inventivo de inicio. A su vez, atraer la inversión de los Estados del Golfo en agricultura, puertos, infraestructura y también de Israel en capacidad hídrica junto a la desalinización es de primera necesidad.

Por último, pero no menos importante, se ha de intervenir en la infraestructura de la vivienda para posibilitar (aunque bajo el umbral de la pobreza) una mínima vivienda y evitar el vacío dejado por el narcoestado baazista por parte de mafias locales.

e) Seguir con la diplomacia internacional

La evolución del modelo diplomático basado en la convergencia occidental ya ha dado sus primeros frutos al nuevo gobierno sirio (aunque sea en base a acceso mediático). Damasco debe seguir invirtiendo en su fuerza diplomática diversificada para potenciar su alcance global.

Así, si el gobierno logra reducir el peso de señores de la guerra, de redes del captagón y de estructuras económico-religiosas paralelas, podría emerger un modelo económico funcional, aunque limitado.

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Cómo funciona la guerra cognitiva y por qué es una amenaza real

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En este artículo, Carlos Mira explora cómo la manipulación informativa se ha convertido en un arma estratégica. Analiza la guerra cognitiva, sus métodos y sus impactos. Expone casos concretos y detalla el papel de la geointeligencia.

Una de las cosas que siempre me han dicho es que la verdad cambia según quien la mire. Está es una afirmación que siempre me ha parecido terriblemente ambigua, falaz y verdadera.

La verdad solo puede ser una, si no ya no sería verdad, sino opinión, pero cuando elevamos las opiniones y los sesgos cognitivos o ideológicos al rango de verdades, se convierten en expresiones como «mi verdad». Hoy, esas verdades personales (opiniones sesgadas) se arman, se enfrentan, seducen, alteran y escalan en las mentes de las personas en una pugna llamada «guerra cognitiva» (Iriarte, 2025).

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Y es que ahora, uno de los dominios fundamentales de la guerra es la mente, y lo que se busca en ella es hacernos a todos participes de contiendas ajenas que otros nos presentan como propias, bombardeando nuestro cerebro con mensajes convenientemente preparados para producir una respuesta que sea favorable a intereses particulares (Aznar, 2021).

¿Y por qué se hace eso? Porque 95% de nuestras decisiones son automáticas o inconscientes, lo que nos hace vulnerables a manipulación emocional y sesgos cognitivos (Zaltman, 2016; Kahneman, 2011). Por lo tanto, esa concepción de racionalidad que nos fundamenta como personas no es tal, lo que nos transforma de «seres racionales» a «seres con aspiraciones racionales».

La manipulación, como todos sabemos, está a la orden del día y creo que es necesario introducir estos dos conceptos que a mi entender son fundamentales en esta cuestión: missinformation, que hace referencia a publicación de información errónea de manera inconsciente y legítima, porque todos podemos equivocarnos; y luego esta disinformation, que hace referencia a la publicación de información errónea de manera consciente, con el objetivo de cumplir unos propósitos.

Aquí entra todo el espectro de manipulaciones al que, nosotros como sociedad, nos vemos sometidos: medias verdades, mentiras flagrantes, Deepfakes, memes, actos de falsa bandera, etc. 

Esta realidad en la que vivimos se puede ver en hechos separados que conforman un marco cada vez más completo que dibuja esta guerra soterrada de intereses que se libra en las mentes de los ciudadanos de cada vez más países.

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Un primer ejemplo es que China invierte más de 10.000 millones de dólares anuales en medios estatales internacionales. Su objetivo es moldear narrativas globales y contrarrestar críticas sobre temas como Xinjiang o Taiwán (Gadzala Tirziu, 2024). Otro caso es que el Centro de Excelencia StratCom de la OTAN señaló en 2023 que «la mente humana es el nuevo dominio de operaciones».

Además, entre 2022 y 2024, la creación y uso de deepfakes políticos creció un 550%. Hubo un aumento notable en su uso para desinformación en conflictos y campañas electorales (Sensity AI, 2024). Por último, el Global Disinformation Index detectó en 2023 más de 150 campañas coordinadas de desinformación con alcance transnacional. La mayoría estaban vinculadas a actores estatales (GDI, 2023).

La siguiente pregunta es, ¿y esto cómo se hace? 

La guerra cognitiva no es magia negra ni un truco nuevo: es la manipulación de siempre, llevada a una escala y velocidad que nunca habíamos visto. La diferencia ya no está en el método, sino en el alcance y en la capacidad de llegar al teléfono, la televisión y la mente de millones de personas a la vez.

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Todo empieza por un objetivo. Puede ser tan amplio como expulsar a un país de una región estratégica. Pensemos en un caso hipotético: interesa que Francia abandone el Sahel para que otro actor internacional ocupe ese espacio y se convierta en la potencia dominante en la zona.

No se envían tanques, sino titulares; no se bloquean rutas comerciales, sino que se bloquea la confianza pública en la misión. Se amplifican errores, se difunden imágenes de abusos, se fabrican testimonios que parecen legítimos y se alimenta, día a día, la narrativa de que «Francia es el problema, no la solución».

Otras veces el objetivo es más quirúrgico: reducir el voto a un adversario político en un segmento concreto de la población. Por ejemplo, debilitar su apoyo en la clase obrera de las ciudades de más de cincuenta mil habitantes. Se empieza por detectar frustraciones reales (precariedad, falta de vivienda, servicios públicos saturados) y se atribuyen a la supuesta ineficacia o corrupción del rival.

A partir de ahí, se diseñan mensajes emocionales y fáciles de compartir: un vídeo en redes, un meme, un gráfico alarmista. No importa tanto que sea cierto como que suene convincente y se repita lo suficiente para convertirse en «sentido común».

Y también hay batallas puramente comerciales. Un competidor en el mercado de comida rápida que quiere que bajes ventas en pueblos donde te gana terreno no necesita mejorar su hamburguesa: puede bastar con que circule un vídeo (falso pero creíble) mostrando una supuesta contaminación en uno de tus locales. A partir de ahí, los comentarios negativos y las reseñas falsas hacen el resto, erosionando tu imagen sin que hayas cambiado una sola receta.

Definido el objetivo, se busca la grieta: la división social, el resentimiento latente, el miedo, la frustración… Ese es el punto de ruptura, el eslabón débil sobre el que se va a golpear una y otra vez (Aznar, 2021). Y aquí es donde entra la ingeniería de la percepción: elegir la narrativa que mejor explote esa grieta y vestirla con las formas que más penetran (una noticia manipulada, un vídeo viral, un deepfake, un meme aparentemente inocente).

Luego, se siembra y se amplifica. Ya no hace falta un periódico entero: basta con un ejército de cuentas falsas, un puñado de influencers afines o una red de medios controlados. El algoritmo hace el resto, empujando el mensaje a quien es más proclive a creerlo. Y, si la tecnología lo permite, se afina aún más: segmentación geográfica, perfiles demográficos, intereses… el equivalente digital a dejar el panfleto en la puerta exacta.

Y todo esto se mide. Se monitorizan las reacciones, se ajustan las palabras, se cambian las imágenes. Porque la guerra cognitiva, como toda guerra, es dinámica: se adapta al terreno, reacciona a la defensa y siempre busca la próxima debilidad.

No hay una sola receta, pero sí un patrón. Primero se decide qué se quiere cambiar en la mente del otro. Luego se elige la herida que se va a tocar. Después, se diseña el golpe para que parezca inevitable. Y cuando la idea ya se ha instalado, el resto (la opinión pública, la percepción de los hechos, incluso la memoria) se reorganiza sola.

Al final, la guerra cognitiva, tiene una manifestación física, no solo mental o digital, por lo que si la guerra cognitiva trata de moldear cómo pensamos, la geointeligencia trata de entender dónde esas ideas se mueven, cómo se concentran y por qué prosperan en unos lugares y no en otros. 

En manos defensivas, la geointeligencia o una maniobra informativa son un escudo. Permite ver el mapa de la influencia: dónde aparecen los primeros brotes de desinformación, qué comunidades están siendo objetivo, qué infraestructuras informativas se usan para amplificar el mensaje. Con esa lectura, se puede actuar antes de que el mensaje eche raíces: reforzar presencia institucional, desplegar comunicación estratégica o fortalecer la resiliencia comunitaria.

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En manos ofensivas, la misma capacidad se convierte en bisturí. Sirve para localizar grietas geográficas y sociales, aislar comunidades vulnerables y lanzar mensajes diseñados a medida. No es lanzar un mensaje al mundo, sino a la coordenada exacta donde es más probable que cale.

Y es aquí donde conviene recordar que la geointeligencia, como cualquier herramienta, no tiene moral propia. Puede servir para cuidar o para herir. Lo que marca la diferencia no son los datos ni el mapa, sino el armazón moral de quien decide cómo usarlos. Porque, al final, las herramientas dibujan el terreno… pero somos nosotros quienes decidimos si ese terreno se llena de puentes o de trincheras.

En esta guerra, la primera línea no está en las fronteras ni en las pantallas, sino en nuestra propia conciencia. Podemos tener las mejores herramientas, los mapas más precisos y los análisis más sofisticados, pero si el armazón moral que los sostiene es débil, acabarán sirviendo a cualquier propósito, incluso al que juramos combatir.

La geointeligencia, el análisis de datos, la tecnología… todo eso son medios, no fines. Lo que cuenta es el uso que hacemos de ellos y la responsabilidad de proteger no solo nuestra mente, sino también la de quienes nos rodean.

Porque al final, la guerra cognitiva se gana o se pierde en un terreno muy concreto: el que compartimos con nuestros vecinos. Y en ese terreno, cuidar es también defender.

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Ataque de fuerza bruta: qué es y cómo defenderse

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Conoce cómo identificar y proteger tus sistemas ante uno de los ataques más comunes en ciberseguridad.

La seguridad digital se enfrenta constantemente a múltiples amenazas, y una de las más persistentes es el ataque de fuerza bruta. Este tipo de ataque puede poner en riesgo tanto a usuarios individuales como a grandes organizaciones, por lo que conocer sus características y formas de defensa resulta fundamental para proteger la información.

¿Qué es un ataque de fuerza bruta?

Un ataque de fuerza bruta es un método utilizado por ciberdelincuentes que consiste en probar sistemáticamente todas las combinaciones posibles de contraseñas o claves hasta encontrar la correcta. No se basa en vulnerabilidades técnicas específicas, sino en la capacidad de probar muchas combinaciones de forma rápida hasta acceder a un sistema o cuenta protegida por contraseña. Este tipo de ataque suele ser exitoso cuando las contraseñas son débiles o predecibles, ya que la potencia de cálculo puede descifrarlas mediante ensayo y error.​

¿Cómo defenderse del ataque de fuerza bruta?

La defensa contra los ataques de fuerza bruta requiere una estrategia combinada que incluya:

  • Políticas de contraseñas seguras: elegir contraseñas largas, complejas y únicas, preferentemente con una mezcla de letras mayúsculas, minúsculas, números y símbolos. Se recomienda una longitud ideal entre 15 y 20 caracteres para dificultar la adivinación por fuerza bruta.
  • Autenticación multifactor (MFA): añadir capas adicionales de seguridad que requieran más que solo la contraseña para acceder, como códigos enviados al teléfono, biometría, o autenticadores específicos. Esto hace casi imposible que un atacante consiga acceso aun con la contraseña.
  • Bloqueo de cuentas y limitación de intentos: activar mecanismos que bloqueen temporalmente cuentas tras varios intentos fallidos evita que los atacantes prueben muchas combinaciones en poco tiempo.
  • Monitoreo y bloqueo de direcciones IP sospechosas: identificar y bloquear accesos desde IP con patrones maliciosos previene los intentos antes de que lleguen a realizarse.
  • Uso de gestores de contraseñas: para crear y almacenar contraseñas robustas evitando que los usuarios reutilicen contraseñas débiles.

Diferencias entre el ataque de fuerza bruta y el relleno de credenciales

CaracterísticaAtaque de fuerza brutaRelleno de credenciales
MétodoPrueba sistemática de todas las combinaciones posibles de contraseñasUso de listas de nombres de usuario y contraseñas filtradas de otras brechas
DependenciaDepende de probar muchas combinaciones hasta acertarDepende del comportamiento del usuario, que reutiliza credenciales
VelocidadPuede ser lento y consume recursosMás rápido, ya que usa datos reales previamente filtrados
ObjetivoDescifrar cualquier contraseña posibleAcceder con credenciales existentes para otros servicios
Defensa específicaContraseñas robustas, bloqueo de intentos, MFAControl estricto de reutilización de contraseñas, MFA

Otros aspectos importantes sobre el ataque de fuerza bruta

  • Tipos de ataques de fuerza bruta incluyen el ataque de diccionario (uso de palabras comunes), ataque híbrido (combinaciones de palabras con números y símbolos) y ataques inversos (buscar nombres de usuario para una contraseña dada).
  • No se basa en vulnerabilidades técnicas del sistema, sino en la debilidad o repetición de contraseñas por parte de los usuarios.
  • Es fundamental educar a los usuarios para evitar contraseñas fáciles o reutilizadas y promover hábitos de seguridad adecuados.
  • Sistemas y servidores deben implementar barreras técnicas, como firewalls y reglas específicas para detectar patrones típicos de fuerza bruta.
  • Contar con certificados SSL también ayuda a proteger las comunicaciones y dificulta los intentos de interceptación o manipulación durante los ataques.

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Dugin, Putin y La «Teoría de la Complejidad» como fundamento de la multipolaridad global

En este artículo, Martín Álvarez analiza la visión geopolítica de Alexandr Dugin, centrada en la defensa de un orden multipolar. El autor explora cómo Dugin interpreta las protestas sociales y el auge del soberanismo como fracturas del liberalismo occidental, y cómo recurre a la teoría de la complejidad para justificar la expansión de la influencia rusa.

Alexandr Dugin, uno de los ideólogos rusos más próximos a Putin, sostiene que el mundo se dirige hacia un escenario multipolar liderado por grandes civilizaciones soberanas. Desde esta óptica, interpreta las protestas en países como Georgia como injerencias externas y ve en el auge del soberanismo en Europa del Este un signo de ruptura con el orden liberal occidental.

La multipolaridad y los grandes estados-civilización en la visión geopolítica de Dugin

En una entrevista reciente, Alexandr Dugin, influyente intelectual ruso conocido por ser uno de los principales asesores de Putin, desgrana su interpretación del discurso del presidente ruso pronunciado en el  foro anual del Club de Discusión Valdai.

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Dugin comienza su análisis subrayando una distinción que considera crucial entre el presidente estadounidense Donald Trump y Putin.

Mientras que los discursos del primero se caracterizan como «memes» (fragmentos descontextualizados, sin coherencia ni trascendencia, donde «dice algo gracioso, baila, salta, guiña el ojo, amenaza, asusta y luego se retracta»), los de Putin forman un proyecto filosófico más amplio y sistemático que se despliega con el tiempo.

Es así como el líder ruso ha venido profundizando en la multipolaridad como nuevo eje geopolítico internacional.

Se ha abandonado, según Dugin, el antiguo «mundo bipolar» o «unipolar», así como el «sistema westfaliano de estados-nación, donde cara uno supuestamente es soberano, pero en realidad no lo es». En contraposición, el nuevo modelo geopolítico internacional debe guiarse por la multipolaridad en la que los polos son los grandes «estados-civilización» verdaderamente soberanos. 

Dugin traza un paralelismo histórico con la época previa al colonialismo, cuando existían civilizaciones-estado como el Califato Islámico, la civilización india, el Imperio chino, los reinos africanos, los imperios de Europa Occidental y el Imperio Ruso-Bizantino.

Esta última referencia reviste una significancia doctrinal particular en su ideología, ya que evoca la teoría de Moscú como la Tercera Roma. Este concepto articula la legitimidad histórica de la Rusia moderna como sucesora imperial tras el colapso de Roma y Bizancio.

Este discurso multipolar promueve estructuras geopolíticas horizontales entre alianzas de centros de poder (Rusia, China, India), en detrimento de la unipolaridad estadounidense y su liberalismo globalista. La nueva arquitectura mundial no sería una jerarquía centrada en Occidente, sino una constelación de espacios civilizacionales. En cada uno, se preservaría la autonomía estratégica y la identidad cultural de sus respectivos polos.

La teoría de la complejidad según Dugin

Para Dugin, «Putin está trazando esta transición, no solo teóricamente sino también en la práctica» hacia los estados-civilización. Para ello, el discurso del presidente ruso se apoya en la Teoría de la Complejidad, desarrollada por el pensador francés Edgar Morin.

Según esta teoría, la realidad no opera mediante procesos lineales simples de causa y efecto. En cambio, existe una red de interconexiones e incertidumbre, donde pequeñas acciones pueden generar consecuencias impredecibles y significativas. Dugin ilustra esto con un ejemplo concreto: los efectos que puede tener una simple persona con un iPhone.

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Esta sofisticada elaboración teórica que Dugin articula constituye un velo intelectual que permite al pensamiento ruso justificar la expansión de su esfera de influencia.

Convergiendo con los postulados del realismo ofensivo de autores como John Mearsheimer, esta retórica de la complejidad respalda la necesidad de proteger la identidad rusa. Parte de una realidad en la que cualquier agente internacional, por pequeño o aparentemente irrelevante que sea, puede tener capacidad disruptiva.

En otras palabras, la filosofía de la complejidad se convierte en un instrumento conceptual que legitima tanto el refuerzo defensivo como las iniciativas estratégicas ofensivas.

Putin, ‘poli bueno’; Medvedev, ‘poli malo’

Para Dugin, «cada uno tiene su papel». Muestra a Putin como un líder reflexivo, teórico y con rasgos filosóficos, «amable y flexible en sus declaraciones».

Por otro lado, Medvedev es el líder duro, brusco y «a veces poco diplomático» que resulta necesario para encajar con la mentalidad occidental. Responde directamente a líderes como Trump con comentarios breves, incisivos y precisos.

Dugin y la situación en Georgia: ‘masas desarraigadas y mentalmente débiles’

Dugin menciona la situación en Georgia para ilustrar su tesis sobre la injerencia occidental. Según él, las actuales protestas del país no son expresiones legítimas de la sociedad civil, sino intentos orquestados por Occidente para derrocar gobiernos «indeseados».

Afirma que no se busca crear una oposición real, sino movilizar «elementos libres» de la población: personas marginales, «locos», predicadores callejeros y «quienes han cambiado su orientación sexual». Los describe como «fragmentos volubles», «átomos dispersos» incapaces de articular una política constructiva, reduciendo las movilizaciones a «masas desarraigadas y mentalmente débiles».

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Paradójicamente, Dugin recurre a la Teoría de la Complejidad para sostener que incluso «la escoria sin valor» puede alterar el destino de un país o la geopolítica global. Este argumento revela una contradicción: parte de una visión sofisticada sobre la interconexión internacional para terminar descalificando los movimientos sociales como irracionales y patológicos.

En realidad, esta simplificación cumple una función ideológica: deslegitimar cualquier protesta democrática en el espacio postsoviético, presentándola como una amenaza caótica impulsada por fuerzas externas.

La interpretación de Dugin reduce el movimiento ciudadano georgiano a una conspiración externa, ignorando las causas internas. Entre ellas destacan las denuncias de fraude electoral, la suspensión de negociaciones con la UE y el rechazo a la deriva prorrusa del gobierno de Sueño Georgiano.

La reconfiguración de los Estados del Este de Europa

Dugin analiza la evolución política en Europa del Este, comenzando por la República Checa, donde Andrej Babiš ha llegado al poder. Aunque no es prorruso, Dugin señala que su enfoque «dista de la hostilidad abierta hacia Rusia que caracterizaba a gobiernos anteriores».
Interpreta esto como un giro hacia la lógica pragmática del interés y la soberanía nacional.

El pensador extiende esta idea a Polonia, afirmando que incluso un país «que nada tiene de prorruso» está priorizando su soberanía frente al proyecto europeo. Para reforzar su argumento, cita a BogdanovLa Gran Europa del Este») y su tesis sobre la formación de una geopolítica independiente de Europa Occidental, que conduciría a una comunidad soberana en Europa del Este. Dugin interpreta esta ola soberanista como una fractura del proyecto de integración europea, lo que considera positivo para la multipolaridad.

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Este discurso, aunque revestido de pragmatismo, encubre una estrategia revisionista: debilitar la cohesión de la UE y fomentar espacios autónomos que reduzcan la influencia euroatlántica. Desde una perspectiva geopolítica clásica, esta dinámica conecta con la advertencia de Halford Mackinder sobre la importancia del «eje del Este europeo» como puerta del Heartland: quien controle esta franja condiciona el equilibrio global. 

La narrativa duginiana instrumentaliza el soberanismo para legitimar un orden multipolar que erosiona el marco normativo europeo y normaliza la competencia de esferas de influencia.ee.

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LISA promueve la prospectiva estratégica y el talento humano en Expodefensa en Colombia

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LISA Institute participó en Expodefensa 2025, el principal encuentro de Seguridad y Defensa de Latinoamérica celebrado en Bogotá, en una ponencia estratégica sobre innovación, prospectiva y preparación ante el Entorno Operativo 2050. Durante el evento, Daniel Villegas expuso los desafíos que enfrentan gobiernos, Fuerzas Armadas y organizaciones críticas en un contexto marcado por la volatilidad, la infoxicación y la aceleración tecnológica, destacando la necesidad de anticipación, talento especializado y autonomía estratégica.

Del 1 al 3 de diciembre de 2025, LISA Institute ha participado en Expodefensa 2025, el evento más relevante de Seguridad y Defensa en América Latina, celebrado en el centro de convenciones Corferias en Bogotá. En esta edición, que reúne a más de 230 expositores de casi 30 países, se espera la asistencia de miles de visitantes interesados en nuevas tecnologías, cooperación internacional, soluciones de defensa y seguridad multidominio.

Durante la feria, el director general de LISA Institute, Daniel Villegas, ofreció la ponencia “Innovar para proteger: cómo potenciar la Seguridad Nacional y la Defensa”, en la que abordó los grandes retos actuales del entorno de seguridad, derivados de la volatilidad, la complejidad, la infoxicación y los cambios tecnológicos, y presentó su propuesta estratégica para anticipar el futuro mediante prospectiva, talento, doctrina y capacidad operativa.

Principales desafíos globales hacia 2050 que condicionan la Seguridad, Defensa y las Organizaciones Críticas

Villegas parte del diagnóstico de que vivimos en una era VUCA (volátil, incierta, compleja y ambigua), caracterizada por fenómenos estructurales que impactan de forma simultánea a la seguridad, el estado y el sector privado. Entre los desafíos que definió:

  • Volatilidad e incertidumbre crecientes en escenarios globales y locales.
  • Infoxicación como obstáculo para la anticipación y el análisis.
  • Aumento de la complejidad operativa y necesidad de especialización transversal.
  • Realidad glocal: interrelación entre dinámicas globales y locales.
  • Policrisis y riesgo permanente.
  • Multiplicación de actores relevantes (estatales, no estatales, híbridos).
  • Capacidades y objetivos en rápida transformación.
  • Interdependencias que erosionan autonomía estratégica.
  • Urgencia constante para decidir y actuar con anticipación.
  • Disrupción tecnológica acelerada: IA, ciber, espacio, autonomía digital.

Este marco, según Villegas, exige una revisión profunda del enfoque tradicional de defensa y seguridad: no basta con reactivo, sino anticipación, estrategia y adaptación continua.

Cinco consecuencias estratégicas para la Seguridad y Defensa

A partir de esos desafíos, la ponencia identificó cinco impactos clave que ya están moldeando el panorama de seguridad y que marcan la urgencia de innovar:

  • Necesidad urgente de talento especializado, híbrido e interoperable: gente que entienda tanto la operación como la tecnología, con formación continua y visión estratégica.
  • Amenazas híbridas difíciles de detectar y atribuir: mezclas de ciberataques, desinformación, crimen organizado, actores estatales y no estatales.
  • Infoxicación que paraliza la toma de decisiones: la sobrecarga informativa reduce la capacidad de anticipar riesgos.
  • Tecnología evoluciona más rápido que doctrinas y normas: brechas crecientes entre capacidades técnicas y regulación/organización.
  • Multiplicación de actores hostiles y pérdida de autonomía estratégica: dependencia exterior, presión geopolítica, vulnerabilidades industriales.

Cinco líneas estratégicas para innovar sin morir en el intento

En su presentación, Villegas propuso un marco metodológico y operativo para que la innovación sea realmente una capacidad estratégica, no simplemente acumulación de herramientas. Las cinco líneas clave son:

  1. Definir el Entorno Operativo 2050, mediante análisis prospectivos que permitan anticipar actores, amenazas, capacidades y escenarios.
  2. Integrar tecnología con doctrina, procedimientos y personas, dotando de coherencia operativa a la innovación.
  3. Acelerar la adopción tecnológica a través de pilotajes rápidos, pruebas de concepto ágiles y ciclos de aprendizaje de semanas en lugar de años.
  4. Desarrollar talento híbrido y formación continua: ingenieros, analistas y líderes capaces de operar en entornos complejos, multidominio e interconectados.
  5. Reducir dependencias externas y reforzar autonomía estratégica: invertir en capacidades propias, resiliencia industrial, ciberresiliencia y desarrollo nacional.

Por qué la participación de LISA Institute en Expodefensa 2025 es especialmente relevante

  • Porque Expodefensa 2025 se consolida como el hub de referencia en América Latina para la industria de la defensa, con una oferta multidominio y un enfoque en innovación, cooperación internacional e industria nacional.
  • Porque el contexto global y regional exige un replanteamiento estratégico: amenazas híbridas, riesgos cibernéticos, vulnerabilidades estructurales y disrupciones tecnológicas requieren un enfoque prospectivo, multidisciplinar, resiliente.
  • Porque la visión que propone LISA Institute (anticipación, integración tecnología-doctrina-talento, autonomía estratégica) coincide plenamente con los objetivos declarados de Expodefensa 2025: fortalecer las capacidades nacionales, promover innovación y consolidar alianzas estratégicas.

Recursos complementarios sobre Prospectiva y Estrategia

Ransomware: qué es y cómo prevenirlo

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Protege tu información con estos consejos esenciales para prevenir ataques de ransomware y mantener tus datos a salvo.

La amenaza del ransomware se ha convertido en una de las preocupaciones principales para usuarios y empresas a nivel global. Los ciberdelincuentes continúan perfeccionando sus métodos para secuestrar información y exigir rescates, generando graves consecuencias económicas y de seguridad. Aunque en muchas ocasiones se habla del impacto de estos ataques, protegerse depende de entender cómo funcionan y aplicar prácticas adecuadas que minimicen el riesgo.

¿Qué es el ransomware?

El ransomware es un tipo de malware que los delincuentes usan para bloquear el acceso a los archivos o sistemas de una persona u organización. Una vez que el ransomware ha infectado un dispositivo, cifra o restringe el acceso a la información, y los atacantes exigen un pago (rescate) para liberar los datos. Este tipo de ataques puede llegar a cualquier usuario, desde particulares hasta grandes empresas, y es una de las amenazas más extendidas en la actualidad por su potencial dañino.

¿Cómo prevenir un ataque de ransomware?

Prevenir el ransomware no es complicado si se siguen ciertas recomendaciones básicas. Es fundamental evitar abrir enlaces o archivos adjuntos de correos electrónicos sospechosos o desconocidos, ya que suelen ser la vía más común para la entrada del malware. Mantener el sistema operativo y todos los programas actualizados con los últimos parches de seguridad cierra muchas puertas a los atacantes. También es recomendable utilizar software antivirus y herramientas específicas antiransomware que detectan y bloquean posibles amenazas.

Además, hacer copias de seguridad frecuentes de los datos importantes y almacenarlas de forma segura, preferiblemente fuera del equipo principal o en la nube con buena protección, permite restaurar la información sin necesidad de pagar rescate en caso de un ataque. La implementación de prácticas de ciberseguridad como la autenticación en dos pasos (2FA) para cuentas, el uso de contraseñas robustas y la formación continua para reconocer intentos de phishing son claves para fortalecer la defensa.

Riesgos comunes y formas de ataque

Los ataques de ransomware pueden llegar a través de varias vías: correos electrónicos de phishing con enlaces o archivos maliciosos, descargas de software infectado desde sitios no oficiales, vulnerabilidades sin parchear en aplicaciones o sistemas operativos, y dispositivos externos como memorias USB contaminadas. Algunos tipos de ransomware incluso usan técnicas avanzadas para escapar de detección o propagarse por redes completas, aumentando el impacto.

Consecuencias de un ataque de ransomware

Las consecuencias van más allá de la pérdida temporal de acceso a los datos. Las empresas pueden enfrentar interrupciones en sus operaciones, daños en su reputación, pérdidas financieras derivadas del rescate o la recuperación, y problemas legales si la información comprometida incluye datos personales. En muchos casos, pagar el rescate no garantiza la devolución completa ni segura de la información.

Herramientas y soluciones para la defensa activa

Existen programas antivirus con módulos específicos para detectar ransomware antes de que cifren archivos, así como soluciones de seguridad para correos electrónicos que bloquean mensajes sospechosos. También la gestión adecuada de accesos, la segmentación de redes y las auditorías regulares ayudan a identificar debilidades y prevenir infecciones. Mantener una cultura de ciberseguridad en la organización a través de formación y protocolos claros para el manejo de datos y accesos es fundamental para minimizar riesgos.

El ransomware es una amenaza en aumento, pero con información, prevención y buenas prácticas es posible proteger tanto datos personales como activos empresariales valiosos, evitando daños irreparables y garantizando la continuidad. La clave está en adoptar una estrategia integral que considere tanto la tecnología como el factor humano en la defensa.

Por qué democratizar la mirada de futuro: introducción aplicada a la prospectiva estratégica

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En este artículo, la alumna del Máster Profesional de Analista Estratégico y Prospectivo, Ingrid Amador, explica por qué la prospectiva estratégica ya no es un lujo, sino una necesidad organizacional. Se analizan casos públicos y privados, y se plantea cómo pasar del discurso a la práctica. También se aborda la importancia de democratizar la mirada de futuro en las organizaciones.

En muchas organizaciones el futuro se invoca constantemente en los discursos, pero se evapora en la práctica. La prospectiva estratégica ofrece algo más que un «Plan 2050» (visión a largo plazo): invita a los líderes a decidir hoy con varios futuros plausibles en mente y a abrir esa conversación al conjunto de la organización. No se trata de adivinar lo que viene, sino para construir, entre todos, los futuros en los que vale la pena trabajar y vivir.

El hueco entre el discurso y la práctica en la prospectiva

He visto durante 27 años una escena que probablemente te resulta familiar. Reunión de dirección, café en mano, presentación abierta en la pantalla. Alguien pasa las diapositivas de un plan estratégico a tres o cinco años ( hoy ya es considerado corto plazo). Se habla de objetivos, de crecimiento, de eficiencia.

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Se mencionan tendencias, especialmente de mercado, como quien recita una letanía: digitalización, automatización, sostenibilidad, inteligencia artificial.  Todo el mundo asiente, se anotan un par de cosas… y al final aparece la frase comodín: «el mundo está cambiando cada vez más rápido».

La reunión termina, vuelven los mensaje urgentes, el Excel, el cierre de mes. Y el futuro – ese futuro del que acabamos de hablar – se evapora de la conversación hasta la próxima sesión estratégica. 

Siempre me ha llamado lo atención ese hueco, y porque no decirlo preocupación: esa distancia entre lo mucho que invocamos el futuro en los discursos y lo poco que lo trabajamos de verdad en la práctica. Nos decimos que el entorno es incierto, que «hay que anticiparse», que la disrupción está a la vuelta de la esquina… pero el día a día de muchas organizaciones sigue atrapado en la lógica casi exclusiva de corto plazo. Apagar fuegos, cumplir el presupuesto, sacar adelante el trimestre. Y ya ni siquiera el escaso tiempo permite pensar y tener una visión clara de ese futuro. 

Por qué los gobiernos entendieron algo que el sector privado olvidó

Mientras las empresas privadas intentaban «adaptarse» como podían, hubo un actor que entendió hace ya casi medio siglo que no podía permitirse vivir improvisando: los gobiernos. Mucho antes de que hablaramos de startups o transformación digital, en distintos países surgieron unidades especializadas en mirar más lejos: oficinas de prospectiva, consejos de futuro, laboratorios de escenarios. Algunas nacieron en plena Guerra Fría, otras tras crisis energéticas o económicas. La idea de fondo era siempre la misma: si vas a tomar decisiones que afectan a millones de personas durante décadas, no puedes pensar solo en el próximo ciclo electoral. 

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Como un dato que me parece relevante también en el marco público de nuestro país y de la importancia de la prospectiva, pocos conocen que «en 1976, España fue pionera. Adolfo Suárez, recién llegado a la Presidencia durante la Transición, crea el Instituto de Prospectiva dentro del Ministerio de la Presidencia. No era un think tank marginal, que se dedicara a realizar investigaciones y análisis independientes sobre temas específicos en política, economía o tecnología; era un organismo central con Director, Consejo Asesor, y Centro de Estudios Avanzados, con mandato explícito de estudiar» con carácter multidisciplinar, los problemas del futuro». Se enfocó en la economía, tecnología y defensa. Tuvo un papel importante en la Transición. Pero desapareció en 1982, víctima de cambios políticos.

España redescubre lo que olvidó sobre la prospectiva

En 2020, el Gobierno de España crea la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia, ubicada en el Palacio de La Moncloa y reportando directamente al Presidente. «La oficina esta integrada por un equipo multidisciplinar de investigadores con formación en economía, historia, sociología. En 2021, publica España 2050, basado en el análisis de centenares de series de datos (más de 500) y más de 1.600 publicaciones científicas, según el propio informe España 2050

«Durante la Presidencia Española de la Unión Europea en 2023, la Oficina lidera el proyecto «Resilient EU2030», elaborado con más de 250 expertos y coordinación de 80 ministerios de los 27 Estados miembros.»

¿Por qué revivió España lo que había muerto en 1982? Porque la aceleración del cambio tecnológico, geopolítico y climático hizo obvio que no anticipar era un lujo que no se podía permitir. 

Mientras tanto, el sector privado iba por otro camino. No porque los líderes empresariales fueran menos previsores, sino porque jugaban con reglas distintas. Un Estado puede invertir en infraestructuras, que se amortizan en veinte o treinta años; una empresa cotizada tiene que explicar sus resultados cada tres meses.

Un gobierno sabe que la institución seguirá existiendo cuando este ministro ya no esté; un CEO medio dura su puesto unos pocos años y será evaluado por lo que ocurra durante ese periodo. No es insensatez, es arquitectura de incentivos: cuando todo te empuja a demostrar resultados inmediatos, dedicar recursos a pensar en futuros a diez o quince años se percibe como un lujo. 

Y sin embargo, aquí aparece un punto decisivo: las primera personas que tienen que dejar de ver el futuro como un lujo son justamente los líderes. No se puede pedir a la organización que piense en «futuros plausibles» si quienes toman las decisiones estratégicas solo miran el trimestre.

La adopción de la prospectiva estratégica no empieza en un taller creativo, empieza en el comité de dirección: en como se formulan las preguntas, que tipo de información se considera relevante, qué horizonte temporal se tiene en mente cuando se aprueba una inversión (por ejemplo, vemos como las comités de dirección se frustran con el ROI de la Inteligencia Artificial porque piensan en el corto plazo), una alianza o una reestructuración. 

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Si la alta dirección no incorpora explícitamente el largo plazo y los futuros plausibles en su forma de decidir, todo lo demás se convierte en ejercicio superficial. Integrar la prospectiva como disciplina activa desencadena una transformación disruptiva en la estructura y el modelo de gestión de la organización o empresa

La prospectiva como modo de vida, no como un ejercicio superficial

Durante años muchas empresas pudieron permitirse un modelo reactivo ante el cambio: primero ocurría algo importante en el entorno, luego ya veríamos como ajustar. En un mundo más lento, esa lógica funcionaba. Hoy, en cambio, los shocks tecnológicos, regulatorios, climaticos o geopolíticos reconfiguran sectores en cuestión de meses.

Lo que antes se veía como «tendencias interesantes» se ha convertido en cambios que afectan de lleno el día a día. Reaccionar tarde ya no significa solo perder cuota de mercado; puede significar perder relevancia, talento o sentido mismo de la organización. Esa es la gravedad. Lo que durante tiempo fue una ventaja competitiva para unos pocos la capacidad de anticipar empieza a ser un requisito mínimo para sobrevivir. 

Aquí es donde entra la prospectiva estratégica, entendida de otra manera. No como un informe grueso que se presenta cada cinco años, no como un ejercicio esotérico reservado a «gurus del futuro», dicho con cierta ironía, ni con un flamante “Plan 2050” que se lanza con un gran evento y duerme en el cajón.

La prospectiva tiene sentido cuando se convierte en un modo de pensar y de conversar, integrado en la vida real de la organización. Y cuando ese horizonte de largo plazo se traduce en una cadena de decisiones y acciones concretas (la estrategia) que conectan el hoy con los futuros plausibles, paso a paso. 

De la torre de control al radar distribuido

En este punto aparece la idea que, para mí, lo cambia todo: democratizar la mirada de futuro. Durante demasiado tiempo, el futuro se ha discutido en espacios muy cerrados, comités ejecutivos, consejos de administración, despachos de consultoría, últimamente en labs de innovación aislados del resto de la organización. 

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El resultado una especie de «torre de control del futuro» donde pocos miran el radar y el resto se limita a recibir instrucciones concretas… cuando las hay. 

Las señales también están en la periferia y no solo en las ‘megatendencias

La experiencia no solo en la prospectiva, inclusive en la estrategia muestra algo distinto: las señales más interesantes no suelen aparecer en la torre de control, sino en la periferia. El comercial que escucha que los clientes empiezan a preguntar otra cosa. La persona de atención al cliente que percibe un cambio sutil en las quejas.

El equipo de tecnología que intuye que una herramienta hay experimental va a cambiar la forma de trabajar. La filial en un país que ya vive con normalidad algo que otros mercados todavía ve como extravagante. Democratizar la mirada de futuro significa dar método y espacio a todo eso, en lugar de dejarlo en el terreno de la anécdota. Sin quitar importancia a la prospectiva en el marco estratégico de la organización (a largo plazo). 

Pero esa democratización solo es creíble si arriba ha habido un cambio previo. Primero, la dirección adopta la prospectiva como criterio de decisión; después la abre al resto de la organización.

Si los líderes no utilizan escenarios y futuros plausibles para cuestionar sus propias apuestas, difícilmente la gente se creerá que vale la pena traer señales, ideas y perspectivas nuevas. En cambio, cuando se ve claramente que lo que se decide en la cúpula incorpora contextos, riesgos y oportunidades a largo plazo, entonces si tiene sentido invitar a la organización a sumar miradas. 

Anticipar también es renunciar

Claro que democratizar la mirada de futuro no es solo recoger señales: también es atreverse a jugar con ellas. Cuando una organización se acostumbra a explorar escenarios (no desde la obsesión de acertar) sino desde la curiosidad por comprender, se vuelve más difícil caer en la trampa del «esto aquí nunca va a pasar» o del «siempre lo hemos hecho así».

De repente, ya no hay un único relato futuro, sino varias historias plausibles sobre como podrian evolucionar el mercado, la tecnología, la regulación, las personas. Y en ese plural, es decir «futuros» se abre el espacio práctico: revisar las decisiones presentes a la luz de esos caminos posibles. 

  • ¿Se convertirá la prospectiva en una disciplina presente en todos los ámbitos de la organización, cada uno con su especialidad pero con una mirada de futuro?
  • Tal vez por eso el mercado empieza a demandar prospectivistas.
  • ¿Llegará a ser una competencia implícita en todas las especialidades profesionales?
  • Y en ese contexto, ¿podría convertirse en un valor diferencial entre la inteligencia humana y la artificial en el entorno laboral?

Y es quizá el punto donde la prospectiva se vuelve incómoda, pero también poderosa. Porque anticipar no es solo imaginar, también es renunciar.

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Aceptar que hay líneas de negocio con fecha de caducidad implica decidir cuándo y cómo salir de ellas. También supone reconocer que ciertas capacidades, hoy accesorias, serán mañana centrales, y por tanto conviene invertir en ellas antes de que sea tarde.

Además, requiere asumir que algunos atajos útiles en el corto plazo generan futuros indeseables, y tener el coraje de decir «no».

Aquí encaja de nuevo la idea del ‘Plan 2050’. Un plan de largo plazo que solo describe una foto ideal de las oportunidades, sin incorporar los contextos hostiles y las amenazas que habrá que gestionar, es pura fantasía.  

Y un plan que, aun siendo técnicamente sólido, se traduce en decisiones de presupuesto, de talento, de alianzas o de modelo de negocio en 2026, 2027 y 2028, es solo un relato.  

El reto de la prospectiva estratégica es justamente lo contrario: construir visiones de futuro que incluyan oportunidades y riesgos, y hacer que cada área de la organización pueda responder a una pregunta sencilla pero exigente: «¿qué estoy haciendo hoy que contribuya, aunque sea un poco, a que ese futuro plausible sea más real para nosotros?»

La dimensión emocional del futuro en la prospectiva

Todo esto tiene una dimensión profundamente humana. En muchas empresas hablar de futuro genera más miedo que entusiasmo. La inteligencia artificial se vive como una amenaza, la automatización como recorte, la regulación como obstáculo, el clima como catástrofe inevitable.

Cuando el futuro solo aparece como una colección de amenazas, es comprensible que la reacción espontánea sea no querer mirar demasiado lejos y refugiarse en lo conocido. Democratizar la mirada de futuro también significa cambiar esa relación emocional: pasar del «esto nos va a arrastrar» al «esto viene, ¿cómo nos preparamos juntos?»

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Cuando las personas participan en la conversación de futuro, no como espectadores, sino como parte activa del radar y de la construcción de escenarios, cambia algo en nuestra manera de estar en la organización.

Se recupera la sensación de pertenencia: lo que hago hoy importa no solo para la organización sino también para el mundo en el que voy a vivir dentro de unos años.  Empezamos a preguntarnos qué futuros queremos hacer probables y cuáles queremos evitar. 

Reescribir la conversación estratégica

Si volvemos al inicio, quizá podríamos reescribir la escena de esa reunión estratégica . Imaginar que, cuando alguien dice «el mundo esta cambiando rápido», no se queda en un lugar común, sino abre una conversación distinta: ¿dónde estamos viendo ese cambio en pequeño?, ¿qué nos está contando nuestros clientes, nuestros equipos, nuestros datos? ¿qué pequeñas decisiones podríamos tomar hoy que nos preparen mejor para distintos futuros? 

Al final, la pregunta no es si el mundo va a cambiar, eso lo damos por hecho, sino quién queremos ser como organización cuando esos cambios se consoliden y que oportunidades trae y que amenazas deberemos gestionar.

No se escribe en un Plan 2050 aislado: se construye día a día, cuando los líderes deciden con futuros plausibles en la cabeza, y la organización entera se acostumbra a mirar hacia adelante no para adivinar, si no para hacer que ciertos futuros sean, simplemente, más posibles.

Los futuros se construyen, y en esa tarea todos contamos. Las tecnologías disruptivas nos empujan y, en plena era de la inteligencia artificial, se redefine el papel del ser humano.

Conservaremos nuestra ventaja si aprendemos y adoptamos esta disciplina, respaldada con el método científico, que nos permite diseñar lo desconocido: la prospectiva.

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¿Es Guatemala un país seguro para personas migrantes devueltas desde Estados Unidos?

Guatemala no reúne las condiciones para actuar como tercer país seguro para personas migrantes devueltas desde Estados Unidos. Su Estado presenta una gobernanza débil, instituciones fragmentadas y un sistema de asilo ineficaz, con tiempos de respuesta de hasta dos años. La violencia, la impunidad y la pobreza extrema agravan la falta de protección. La economía depende de remesas y del comercio con Estados Unidos y el cambio climático impulsa más migraciones. Además, las personas en tránsito enfrentan robos, extorsiones y abusos de autoridades y crimen organizado. En este Trabajo Final de Máster (TFM) del Máster Profesional de Analista Internacional y Geopolítico de LISA Institute, el alumni Andrés Arnal explica cómo estas limitaciones estructurales hacen inviable este modelo en el corto y mediano plazo.

El Trabajo Final de Máster (TFM) del Máster Profesional de Analista Internacional y Geopolítico de LISA Institute consiste en la elaboración de un Informe de Análisis Internacional real y profesional, en forma y contenido, en el que se apliquen los conocimientos adquiridos y las habilidades desarrolladas en el Máster, simulando un entorno profesional real. El alumno, a mitad del Máster, debe proponer:

  1. Una temática de TFM sobre algún país, conflicto o tema de análisis dentro de una de las siguientes regiones geoestratégicas del mundo (Unión Europea y Federación Rusa, Oriente Medio y África, Oriente Medio y África, América del Norte y América del Sur y Asia-Pacífico).
  2. Un destinatario real (ficticio o no) del Informe que realizará, con el objetivo de aportar un valor concreto a una empresa o una institución pública real, a elección del alumno.

Durante el Máster Profesional de Analista Internacional y Geopolítico se aprenden y practican múltiples técnicas y métodos de obtención y análisis internacional y geopolítico. Estas metodologías deberán ser utilizadas por el alumno para investigar, analizar y realizar el Informe de Análisis Internacional de forma profesional, siempre con la ayuda, soporte y acompañamiento de un Mentor, experto en la temática o región escogida por el alumno.

Esta metodología docente inmersiva, simulando entornos profesionales reales, permite al alumno desarrollar habilidades clave y obtener un aprendizaje único que le servirá a nivel profesional.

Desde LISA News, para contribuir al conocimiento colectivo y para impulsar la carrera profesional de los alumnos de LISA Institute, difundimos de forma limitada algunos de los TFM, destacando los resultados y conclusiones a los que han llegado en sus Informes de Análisis Internacional.

Si quieres saber más sobre cómo se redacta un Informe de Análisis Internacional o como se lleva a cabo un Análisis geopolítico, te recomendamos visualizar las más de 50 Masterclass organizadas cada año por LISA Institute, en el contexto del Máster Profesional de Analista Internacional y Geopolítico.

Si quieres formarte en Análisis Internacional o Geopolítica a nivel profesional puedes realizar el Curso de Analista Internacional (3 meses), otros cursos de ámbito internacional y geopolítica o directamente el programa formativo más completo: el Máster Profesional de Analista Internacional y Geopolítico (9 meses).


Título: Establecimiento de Guatemala como tercer país seguro

Alumno: Andrés Arnal

Tutora: Pablo Toro

Fecha de entrega: julio 2025

Itinerario: América Latina


🌐 Informe de Análisis Internacional 🌐

Resumen ejecutivo

Guatemala, pese a avances recientes en materia de inversión extranjera y fortalecimiento del Estado de derecho, no presenta actualmente las condiciones necesarias para actuar como tercer país seguro para personas migrantes y solicitantes de asilo devueltos desde Estados Unidos.

La falta de capacidad operativa del Estado, los elevados índices de violencia, impunidad y pobreza, así como una estructura administrativa ineficiente para procesar solicitudes de protección internacional, hacen inviable —en el corto y mediano plazo— este modelo de externalización fronteriza promovido por el país americano.

El presente informe desgrana las principales conclusiones del análisis realizado mediante las metodologías PESTEL y DAFO y entrevistas a actores destacados en la materia presentes en el terreno.

Resultados claves del análisis

Un estado débil con limitaciones en la gobernanza

El sistema institucional guatemalteco presenta una fragilidad significativa que impide una gobernanza nacional efectiva. Una debilidad estatal marcada por un sistema político y de partidos volátil y fragmentado, un gobierno dividido internamente que cuenta con una fuerte oposición parlamentaria y local, y un sistema judicial cuya independencia está comprometida y que ejerce una permanente ofensiva autoritaria contra el ejecutivo.

Una administración pública debilitada y con escasa capacidad operativa no es capaz de garantizar la seguridad de los ciudadanos, canalizar sus demandas y desarrollar un estado social y de bienestar fuerte. En este marco, la política migratoria del país es deficiente. El sistema de asilo es ineficaz y la estructura administrativa para la gestión de casos es lenta, con tasas de resolución del 10% y tiempos de respuesta de hasta dos años. Las solicitudes sólo se pueden tramitar en la capital- una de las zonas con tasas de violencia más elevadas del país- y que carece de la estructura de asistencia social suficiente para garantizar un sustento vital a las personas que esperan la resolución de sus casos.

Además de la falta de capacidades técnicas en materia de asilo, los cinco centros de recepción del país, y el programa gubernamental Regresa a Casa carecen de recursos y alcance para garantizar la reintegración digna de las personas deportadas, muchas de las cuales carecen de redes de apoyo o condiciones mínimas de vida al regresar.

Dependencia económica y desigualdad estructural

El país enfrenta una profunda vulnerabilidad económica estructural. El 59,3% de la población vive en situación de pobreza y el 23,4% en pobreza extrema. La desnutrición crónica infantil afecta a la mitad (48,9%) de los niños menores de cinco años, especialmente en zonas rurales e indígenas. La baja carga tributaria (11,9% del PIB, el nivel más bajo de la región) y los elevados niveles de economía informal impiden desarrollar políticas públicas sólidas.

Aunque el país mantiene una deuda pública baja, el gasto social sigue siendo insuficiente, y la desconfianza ciudadana hacia el sistema público dificulta acometer un programa político que implique un aumento de la inversión social.

La economía depende de forma significativa de las remesas, que suponen más del 19% del PIB, y del comercio con Estados Unidos, lo que refuerza una relación de dependencia estructural. Aunque ambos elementos han beneficiado la economía del país, estos constituyen al mismo tiempo una importante fuente de vulnerabilidad. Además, la débil estructura productiva y la fuerte dependencia del sector primario, que representa el 9,4% del PIB y ocupa al 29,2% de la población, puede verse afectado negativamente ante el auge del proteccionismo en su principal mercado de exportación, Estados Unidos.

A ello se le suma las cada vez más destacadas consecuencias del cambio climático, que afectan de manera imperante en el corredor seco de Guatemala y que constituyen una de las principales causas de la migración del país.

Desafíos humanitarios y de seguridad

El 85% de las personas migrantes que transitan por Guatemala han sufrido algún incidente en el país, principalmente robo, amenazas y extorsiones. A estos abusos sistemáticos perpetrados tanto por parte de las autoridades como por parte del crimen organizado y la delincuencia común, se le suman agresiones, desapariciones forzadas, secuestros y violencia sexual. Estos datos reflejan que Gua-temala es uno de los países con más incidentes reportados y más peligrosos de toda la ruta migratoria latinoamericana.

La situación de seguridad interna es crítica: las vulneraciones sistemáticas contra personas en movilidad se producen en uno de los países más violentos del mundo, en el que la tasa nacional de homicidios es de 16,1 asesinatos por cada cien mil habitantes.

La cada vez mayor penetración del crimen organizado transnacional en Guatemala y las crecientes tensiones en la frontera con México y la región de Chiapas han cambiado el modelo de coyotaje en Guatemala. Durante los últimos años, los traficantes de personas se han aliado con los carteles del narcotráfico, lo que representa un riesgo para quienes utilizan estas redes y un desafío para las autoridades que intentan combatirlos.

Conclusiones

La experiencia del Acuerdo de Cooperación de Asilo (ACA) implementado entre 2019-2021, evidenció que Guatemala no podía garantizar condiciones mínimas de seguridad ni procedimientos adecuados para los solicitantes de asilo. Estos programas han sido en gran medida ineficaces tanto para frenar la llegada de personas migrantes como para mejorar las condiciones de los retornados y los solicitantes de asilo.

A pesar de ciertas mejoras en materia económica, de inversiones en infraestructura y de consolidación del estado de derecho, actualmente el país no cumple con los criterios establecidos por la comunidad internacional para brindar protección efectiva y segura.

La escasez de financiación, las limitaciones institucionales, la violencia generalizada, y la incapacidad para garantizar las necesidades de los retornados y los solicitantes de asilo hacen inviable, en el corto y mediano plazo, que Guatemala actúe como tercer país seguro.

Los desafíos estructurales que padece Guatemala y, por ende, las causas principales que producen los flujos migratorios, persisten. Son estos mismos desafíos los que impiden que el país esté preparado para actuar como tercer país seguro.

🌐 Memoria del Informe 🌐

Para una mayor comprensión de este Trabajo Final de Máster (TFM) realizado en el contexto del Máster Profesional de Analista Internacional y Geopolítico de LISA Institute, a continuación puedes consultar la memoria del Informe, en la que se muestran todas las fases realizadas: Fase de Dirección y Planificación, Fase de Obtención, Fase de Tratamiento de la Información, Fase de Análisis, Fase de Difusión y Fase de Retroalimentación.

Relleno de credenciales: en qué consiste y cómo evitar este ataque cibernético

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Por qué repetir contraseñas puede abrir la puerta a los ciberdelincuentes y qué hacer para proteger tus cuentas.

La vida digital obliga a memorizar decenas de usuarios y contraseñas. Entre redes sociales, banca online, compras por Internet o plataformas de entretenimiento, gestionar tantas claves se vuelve un reto y, con frecuencia, se termina repitiendo la misma combinación en diferentes servicios. Esa costumbre, que parece inofensiva y práctica, se ha convertido en uno de los grandes aliados de los ciberdelincuentes. El relleno de credenciales aprovecha precisamente ese hábito para atacar de forma masiva, silenciosa y muy rentable. Entender cómo funciona este método y qué medidas sencillas ayudan a frenarlo es clave para reducir riesgos en el día a día.

¿Qué es el relleno de credenciales?

El relleno de credenciales es un tipo de ataque en el que una persona atacante utiliza listas de usuarios y contraseñas robadas en una filtración de datos para probarlas automáticamente en otros servicios y páginas web. No intenta adivinar una clave nueva, sino aprovechar combinaciones que ya se sabe que funcionan en algún sitio para ver si se han reutilizado en otros.​

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Este método se apoya en un hecho muy común: millones de personas repiten la misma contraseña en distintos servicios, a veces cambiando solo un número o un símbolo. Si una de esas plataformas sufre una brecha de datos y la información acaba a la venta en la web oscura o dark web, los atacantes pueden reutilizar esas credenciales para acceder a cuentas de correo, redes sociales, banca o tiendas online, entre otros.​

¿Cómo funciona un ataque de relleno de credenciales?

El ataque empieza cuando alguien consigue una base de datos con correos electrónicos o nombres de usuario y sus contraseñas, generalmente procedentes de fugas de información de servicios online. Esa información se carga en programas automáticos que prueban pares de usuario y contraseña en muchas webs y aplicaciones diferentes.​

Estos intentos se lanzan a gran escala, usando bots y redes de equipos infectados para simular inicios de sesión normales y evitar bloqueos. Aunque solo un pequeño porcentaje de las combinaciones funcione, el volumen es tan grande que el resultado puede ser miles de cuentas comprometidas, listas para fraude, robo de identidad o venta a terceros.​

¿Por qué es tan peligroso?

El relleno de credenciales es peligroso porque usa datos reales de usuarios, por lo que muchos sistemas de seguridad interpretan esos accesos como legítimos. No hay necesidad de romper contraseñas complejas. Basta con que alguien haya repetido la misma clave en varios sitios.​

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Además, los atacantes pueden actuar de forma discreta: entrar, revisar información, cambiar datos de contacto o realizar pequeñas compras para no levantar sospechas. A esto se suma el impacto económico para empresas y personas, con pérdidas por fraudes, sanciones regulatorias y daño reputacional cuando se filtran datos sensibles.​

¿Cómo evitar este ataque cibernético?

La forma más eficaz de frenar el relleno de credenciales es dejar de reutilizar las mismas contraseñas en diferentes servicios. Cada cuenta importante (correo, banca, redes, compras) debe tener una clave única, larga y difícil de adivinar, idealmente gestionada a través de un gestor de contraseñas que permita crearlas y almacenarlas de forma segura.

También es fundamental activar la autenticación en dos pasos (2FA o MFA) siempre que sea posible. Esta medida añade una capa extra (como un código enviado al móvil o una aplicación de verificación) que bloquea el acceso aunque alguien conozca usuario y contraseña.

Buenas prácticas para usuarios

Para reducir el riesgo de ser víctima de relleno de credenciales en la vida diaria, ayudan varias pautas sencillas:

  • Usar contraseñas distintas para cada servicio importante, evitando patrones fáciles como fechas de nacimiento, nombres propios o combinaciones muy comunes.
  • Emplear un gestor de contraseñas para no tener que memorizar todas las claves y poder generar combinaciones largas y aleatorias.
  • Activar alertas de inicio de sesión y revisar con frecuencia los accesos recientes en correo, redes sociales y banca online.
  • Cambiar inmediatamente las contraseñas si un servicio avisa de filtración de datos o si una herramienta de comprobación indica que una dirección de correo aparece en una violación de seguridad.

Medidas recomendadas para empresas y organizaciones

Las organizaciones pueden reducir mucho el impacto del relleno de credenciales si refuerzan sus sistemas de autenticación y detección de accesos anómalos.​ Entre las medidas habituales destacan: limitar el número de intentos de inicio de sesión, aplicar retos como captchas ante comportamientos sospechosos, implementar la autenticación multifactor y supervisar los patrones de tráfico inusuales, como muchos accesos fallidos desde la misma dirección de Internet. Formar al personal en el uso de contraseñas seguras y en la gestión de incidentes también es clave para reducir el éxito de estos ataques.​

Señales de que puedes estar afectado

El relleno de credenciales suele pasar desapercibido al principio, pero hay indicios que conviene vigilar. Cambios en datos de contacto que no se han realizado, correos de «nuevo inicio de sesión» desde lugares extraños, movimientos no reconocidos en cuentas financieras o mensajes enviados desde tus propias redes sociales sin tu conocimiento pueden apuntar a un acceso no autorizado.​

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Si aparece alguna de estas señales, es prudente cambiar de inmediato las contraseñas de los servicios afectados, activar o revisar la autenticación en dos pasos y revisar la actividad reciente en busca de acciones sospechosas. En servicios financieros, además, es importante avisar al proveedor para que pueda bloquear movimientos y reforzar la protección de la cuenta.​

Relleno de credenciales y otros ataques similares

El relleno de credenciales se diferencia de otros ataques de contraseñas, como la fuerza bruta o el password spraying, en que parte de credenciales ya robadas y no de intentos de adivinarlas desde cero. En fuerza bruta se prueban muchas combinaciones posibles hasta dar con la adecuada, mientras que en el rociado de contraseñas se usan pocas claves muy comunes contra muchas cuentas distintas.​

El relleno de credenciales es especialmente eficiente porque se apoya en la costumbre de repetir contraseñas y puede automatizarse a gran escala con poco esfuerzo técnico. Esa combinación de volumen, automatización y uso de datos reales explica por qué sigue siendo una amenaza tan extendida para personas, empresas y administraciones.​