El Gobierno federal de Somalia tomó por la fuerza Baidoa el 30 de marzo de 2026, tras la ruptura del Estado del Suroeste con Mogadiscio. En este artículo, el alumni del Máster Profesional de Analista Internacional y Geopolítico de LISA Institute, Andrés Fuentalba explica las claves de esta operación y sus implicaciones. La intervención forzó la dimisión del presidente regional y marca un punto de inflexión que cuestiona la viabilidad del sistema federal somalí.
La crisis federal en Somalia está llegando a un punto de no retorno. A mediados de marzo de 2026, el Estado del Suroeste de Somalia dejó de reconocer a la autoridad central de Mogadiscio, sumándose a Jubalandia y Puntlandia como tres de los seis estados federales que no reconocen la autoridad central.
Como consecuencia, el 30 de marzo, el Ejército Nacional de Somalia decidió tomar Baidoa, la capital del Estado del Suroeste, obligando la dimisión forzada del presidente Abdiaziz Hassan Mohamed Laftagareen.
Hassan Sheikh Mohamud, presidente del Gobierno Federal, impuso así lo que la diplomacia no pudo, marcando un precedente claro:cualquier desviación de un estado federal puede corregirse por la fuerza. Lo intentó en 2024 con Jubalandia, pero sufrió una humillante derrota que obligó a sus tropas a replegarse; esta vez, el éxito en el Suroeste cambia por completo la ecuación y diversos analistas señalan este hecho como una fractura irreparable en el federalismo somalí.
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Para comprender la gravedad de la situación, es necesario dar un contexto histórico del Estado del Suroeste y por qué su ruptura con Mogadiscio quiebra la premisa del sistema federal implantado desde 2012.
Estado del Suroeste: contexto histórico
El Estado del Suroeste nació de la resistencia del clan Rahanweyn durante la guerra civil. En 1995, tras la invasión de Bay y Bakool por lasmilicias de Mohamed Farah Aidid, se fundó elEjército de Resistencia de Rahanweyn (RRA), liderado por el coronelHassan Muhammad Nur Shatigadud.
El RRA recuperó Baidoa en 1999, y el 1 de abril de 2002, Shatigadud proclamó el Estado de la Somalia Suroccidental, la tercera administración autónoma tras Somalilandia y Puntlandia. Las disputas internas provocaron su disolución en 2005, pero fue restablecido formalmente en noviembre de 2014 como estado miembro federal compuesto por las regiones de Bay, Bakool y Bajo Shabelle. En diciembre de 2018, Laftagareen fue elegido presidente en unas elecciones controvertidas, marcadas por el arresto de su rival Mukhtar Robow y el despliegue de tropas etíopes.
Crisis política con el Gobierno Federal
Laftagareen gobernó más de siete años y mantuvo una estrecha alianza con Hassan Sheikh Mohamud, ocupando la vicepresidencia del Partido Justicia y Solidaridad (JSP). Esta alianza se fracturó tras la aprobación de enmiendas constitucionales que extendieron los mandatos federales de cuatro a cinco años, rechazadas por la oposición y varios estados miembros. El 17 de marzo, Laftagareen suspendió toda cooperación con Mogadiscio. Al día siguiente renunció al JSP y el Estado impuso una suspensión total del tráfico aéreo comercial.
La escalada se aceleró rápidamente. Tropas del Ejército Nacional, incluyendo unidades de élite entrenadas por Turquía, avanzaron sobre Baidoa. El parlamento regional reeligió apresuradamente a Laftagareen, pero Mogadiscio declaró la votación ilegal. El 30 de marzo, las fuerzas federales tomaron Baidoa. Laftagareen dimitió y abandonó la ciudad rumbo a Nairobi, Kenia. El ministro de Finanzas, Ahmed Mohamed Hussein, fue designado presidente interino. Naciones Unidas advirtió que los enfrentamientos desplazaron a más de 45.000 personas.
Consecuencias: la fractura del federalismo
Diversos analistas han señalado que esta coyuntura supone uno de los quiebres más importantes en el sistema federal somalí implantado desde la Constitución provisional de 2012. Si bien la convulsa política interna de Somalia ha sufrido crisis significativas (la fractura con Puntlandia, la suspensión de relaciones con Jubalandia y el fallido intento de tomar Ras Kamboni en 2024), el éxito de Hassan Sheikh Mohamud en deponer a Laftagareen mediante una operación militar marca un antes y un después. Por primera vez desde 2012, el gobierno central demuestra que puede derrocar a un presidente regional por la fuerza e imponer uno afín.
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Un ensayo publicado por la plataforma de análisis político Isha Qarsoon en WardherNews ofrece una de las lecturas más contundentes de lo ocurrido. Según el análisis, el federalismo funcional exige tres condiciones simultáneas: un centro lo suficientemente fuerte para ejercer autoridad nacional, regiones con autonomía genuina sobre sus asuntos internos y confianza mutua entre todos los actores.
Esa confianza es lo que permite que las regiones cedan gradualmente capacidad militar al centro, a cambio de la garantía de que este no la empleará en su contra. Lo sucedido en Baidoa, argumenta el ensayo, destruyó precisamente esa condición: si el gobierno central demuestra que utilizará el ejército contra los estados que se resistan, cada dirigente regional concluirá que desarmar sus propias fuerzas equivale a un suicidio político.
En el ensayo se plantea además, queel sistema federal somalí ha alcanzado un punto de contradicción irreparable. En palabras de la propia plataforma: «Un sistema constitucional cuyos requisitos fundamentales se anulan mutuamente (donde el centro no tolera regiones genuinamente autónomas y las regiones no ceden capacidad militar al centro) no está en crisis. Está acabado«.
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En definitiva, lo ocurrido en Baidoa ha puesto contra las cuerdas tanto a los estados federales como al propio gobierno central. Con el mandato parlamentario expirando a partir del 14 de abril y la presidencia el 15 de mayo, la intervención funciona como advertencia directa a Hirshabelle y Galmudug (cuyas dirigencias han expresado un creciente descontento con las decisiones de Mogadiscio) y a Puntlandia y Jubalandia, que ya conformaron junto a la oposición el Consejo del Futuro de Somalia, plataforma al que el Suroeste se disponía a sumarse antes de la caída de Laftagareen.
Lo que suceda tras esta fractura dependerá de si Hassan Sheikh Mohamud sigue empeñado enextender su mandato e impedir por la fuerza cualquier desviación de un estado federal fuera de la agenda de Mogadiscio. Si las regiones continúan su camino hacia la autonomía plena, Somalia podría verse encaminada hacia un archipiélago de entidades de facto.
Pero si el gobierno central recurre al mismo instrumento que empleó en Baidoa, los fantasmas de la guerra civil amenazan con volver, esta vez con fuerzas regionales organizadas y respaldadas por potencias externas.
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