spot_img

Irán, entre la teocracia y la nación

Análisis

Miguel Á. Melián
Miguel Á. Melián
Analista internacional, investigador y consultor especializado en geopolítica, seguridad y defensa internacional. Su enfoque se centra en el análisis de la competición estratégica entre grandes potencias, el equilibrio de poder global y la evolución del orden internacional en un contexto marcado por la creciente fragmentación geopolítica y la intensificación de las rivalidades interestatales. Participa como analista y colaborador en distintos medios y espacios especializados en geopolítica, seguridad y política internacional. A lo largo de su trayectoria ha combinado investigación, análisis y consultoría en instituciones internacionales, organismos públicos y entidades especializadas en asuntos internacionales y asuntos públicos. Graduado en Relaciones Internacionales por la Universidad Rey Juan Carlos, ha complementado su formación con estudios de máster en Inteligencia, Diplomacia, Relaciones Internacionales, Negocios Internacionales y Ciencia Política y Gestión Pública. Comprender el escenario internacional exige combinar historia, estrategia y visión de largo plazo. Y hoy esa idea sigue más viva que nunca.

Más allá del choque militar, Irán atraviesa una crisis de identidad que puede definir su futuro. La eliminación de buena parte de su cúpula ha abierto una pugna interna por el poder, donde la Guardia Revolucionaria Islámica se perfila como el actor mejor posicionado para capitalizar el vacío. En este artículo, Miguel Ángel Melián analiza si Irán seguirá siendo una causa religiosa o se reconstituye como Estado-nación, ahora que la clave ya no está en ganar la guerra.

La cuestión de qué destino escoge una nación la determinan un conjunto de factores sociales, culturales, políticos e institucionales, todos ellos influidos profundamente por la historia. Irán está ahora mismo viviendo, de forma simultánea en varios frentes, una encrucijada acerca de lo que quiere ser: si una causa religiosa o un Estado. El inicio de la operación militar el pasado 28 de febrero abrió la puerta a que se produjeran diversos debates profundos en la estructura del país persa, y uno de los más fundamentales es el relativo a su futuro en el medio-largo plazo. En este sentido, es fundamental recordar que la historia marca el carácter de los países. 

Una sociedad milenaria que resiste

En primera instancia, es necesario resaltar que la sociedad iraní resistirá a este régimen religioso. Esta población milenaria tiene raíces profundas lo suficientemente sólidas para sobrevivir a casi cualquier elemento transformador, ya provenga de forma externa o interna. En este sentido, el estado de cosas previo al conflicto era bastante inestable en términos económicos, político-religiosos y sociales. Las protestas de inicio de año marcaron indudablemente un punto de inflexión para esta generación de iraníes. Con decenas de miles de compatriotas fallecidos en las últimas protestas, la posibilidad de un cambio de régimen de tipo bottom-up parecía una realidad. Tanto que, como factor determinante para dar comienzo a la acción militar, el tándem Estados Unidos-Israel veía con buenos ojos este contexto, convirtiéndose en un escenario a explotar con esta ofensiva. 

​➡️ Te puede interesar: Guerra híbrida en Medio Oriente: la participación silenciosa de los Five Eyes en el conflicto Israel-Irán

Ambos países sabían que la revolución social es la única vía plausible para derrocar al régimen de los ayatolás sin situar tropas en suelo iraní. Un principio básico de la diplomacia coercitiva visible a lo largo del conflicto, donde las partes atacantes se han mostrado reacias a situar este tema en el foco más allá de emplearlo como arma negociadora. Atendiendo a los resultados, el fracaso de este planteamiento, observado en los primeros días de la ofensiva militar, cristalizó en lo contrario, en un fenómeno conocido como rally ‘round the flag que ha enfatizado la conexión profunda de la sociedad iraní. Conviene, sin embargo, no leer esta cohesión como un desmentido, sino como un paréntesis. El efecto de bandera es, por definición, de vida corta, ya que opera mientras persiste el estímulo externo y se disipa cuando éste se atenúa y reflorece el malestar estructural previo.

La decapitación y el ascenso de la Guardia

La decapitación de la cúpula iraní marca aquí el punto de inflexión decisivo, porque actúa sobre esa brecha. Si la cohesión opera hacia afuera frente al agresor, la eliminación del liderazgo abre la fractura hacia adentro. El hecho de que un número considerable de religiosos, militares y políticos, entremezclados entre sí en la mayoría de los casos, se neutralizaran, da pie a una discusión interna de qué debe ser el país persa y, sobre todo, bajo qué liderazgo debe dar respuesta a esta pregunta. Donde el marco de negociación con la potencia hegemónica se convirtió en un entorno idóneo para medir el poder de cada facción que lucha por el poder. Tras casi medio siglo bajo el yugo religioso extremista, hay un actor que ha consolidado su posición en este turbulento escenario, la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC).

Este cuerpo militar de élite activó desde el comienzo el sistema de defensa estratégico iraní con la denominada estrategia mosaico. Actualmente, coordina los proxies del régimen, controla el aparato militar iraní (actúa de facto como un ejército regular, hasta el punto de que recibe más financiación que las Fuerzas Armadas oficiales) y domina más de un tercio de la economía iraní. Además de supervisar gran parte del programa nuclear, influye de forma decisiva en el estado de las negociaciones con Estados Unidos, un actor, en suma, todopoderoso y omnipresente en Irán. 

¿Quién heredará el Estado?

La pregunta, por tanto, no se resolverá en las capitales atacantes, sino en la definición que Irán haga de sí mismo. Si la nación persa opta por ser Estado, recupera el sustrato nacional (milenario, preexistente al régimen) sobre el que la teocracia se superpuso y un poder que extrae su legitimidad de constituir una causa, y no una comunidad política, se queda sin cimientos en el momento en que esa causa se agota. Ahí reside la puerta al cambio de régimen. No en la derrota militar, sino en el vaciamiento ideológico que sigue a la decapitación de su cúpula.

​➡️ Te puede interesar: Irán ante el umbral del cambio: crisis del orden islámico y el retorno simbólico del legado Pahlavi 

Conviene, no obstante, no confundir el fin de la causa religiosa con el fin del régimen. La IRGC, consciente de esta deriva, dispone de margen para ensayar un giro profundo al poder desprenderse del ropaje revolucionario y reconstituirse como guardián del Estado-nación iraní, mutando de teocracia a autocracia nacionalista-militar. Sería la continuidad del poder mediante la sustitución de la identidad. Si esto lo capitaliza la sociedad, se podría abrir un proceso bottom-up de apertura. Por el contrario, si la capitaliza la Guardia, se consolida un nacionalismo armado sin ayatolás, no desapareciendo. La cuestión genuinamente abierta es si Irán seguirá siendo una causa o, en su defecto, quién heredará el Estado.

➡️ Si quieres adquirir conocimientos sobre Geopolítica y análisis internacional, te recomendamos los siguientes cursos formativos:

Artículos relacionados

Masterclass y eventos relacionados

Formación relacionada

spot_img

Actualidad

Dejar respuesta:

Por favor, introduce tu comentario!
Introduce tu nombre aquí

spot_img