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Rutte asegura que la OTAN vigilará «de cerca» el mar Negro tras los ataques con drones frente a Bulgaria

El secretario general de la Alianza habló con el primer ministro búlgaro, Rumen Radev, después de que Sofía pidiera ayuda a la OTAN y a la UE por el hundimiento de un buque comercial.

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, aseguró este martes que la Alianza seguirá «vigilando de cerca» la seguridad en el mar Negro y adaptará sus medidas de disuasión y defensa «según sea necesario». Su mensaje llega después de los ataques con drones de la madrugada contra varios buques comerciales cerca de las aguas territoriales de Bulgaria.

Rutte publicó su declaración en redes sociales tras hablar con el primer ministro búlgaro, Rumen Radev. «Ya hemos reforzado nuestra presencia en el flanco oriental y seguiremos vigilando la situación de seguridad, adaptando nuestra postura de disuasión y defensa según sea necesario», afirmó. Durante la llamada, ambos trataron los últimos ataques contra barcos mercantes. Rutte garantizó además que la OTAN «seguirá trabajando estrechamente con nuestros aliados en el mar Negro». Sin embargo, no anunció nuevas medidas concretas.

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Las palabras del dirigente se producen después de que el Gobierno búlgaro pidiera asistencia a la OTAN y a la Unión Europea. Los ataques alcanzaron a dos buques comerciales próximos a la costa búlgara. Uno de ellos se hundió, mientras que el otro sufrió daños por el impacto de varios drones.

Según las autoridades búlgaras, los equipos de rescate evacuaron a los 15 tripulantes del «Chelsea 3», un buque de propiedad ucraniana y bandera maltesa. Tres drones lo golpearon cuando navegaba a unas 18 millas de Byala. El segundo barco, situado a unas 17 millas de Krapets, se hundió tras otro ataque en la misma zona. Hasta ahora, el Ejecutivo búlgaro solo ha informado del rescate de uno de sus tripulantes.

La Defensa como pilar del Estado: ocho conclusiones de Enrique Silvela sobre España y el nuevo orden mundial

La competencia entre China y Estados Unidos, el ascenso de nuevas potencias, los cambios demográficos y la transformación tecnológica están redefiniendo el escenario internacional. En la primera Masterclass del ciclo «Las claves estratégicas de la Defensa de España en 2026», el general de división Enrique Silvela analizó por qué la Defensa será cada vez más importante y qué papel debe desempeñar España ante un orden mundial más inestable. Este episodio forma parte del Ciclo de Cultura de Defensa: las claves estratégicas de la Defensa de España en 2026, producido por LISA Institute con el apoyo de la Secretaría General de Política de Defensa (SEGENPOL) y DICOES.

El sistema internacional atraviesa una transformación que va mucho más allá de un cambio en el equilibrio de poder entre las grandes potencias. La competencia entre diferentes modelos políticos y económicos, el desarrollo tecnológico y las nuevas dinámicas demográficas están modificando las relaciones internacionales y planteando importantes desafíos para la seguridad de los Estados.

Estas fueron algunas de las principales cuestiones abordadas durante la Masterclass «La Defensa como pilar del Estado: España ante el nuevo orden mundial en 2026», celebrada el 3 de septiembre de 2026 y organizada por LISA Institute con el apoyo de la Secretaría General de Política de Defensa (SEGENPOL) y la División de Coordinación y Estudios de Seguridad y Defensa (DICOES).

La sesión contó con la participación de Enrique Silvela Díaz-Criado, general de división del Ejército de Tierra y director de DICOES, en una conversación conducida por Ángel Gómez de Ágreda, coronel retirado del Ejército del Aire y analista geopolítico.

A lo largo del encuentro, ambos expertos reflexionaron sobre la evolución del orden internacional, el papel de China, Rusia y las potencias emergentes, las consecuencias del envejecimiento demográfico y la importancia de adaptar las capacidades militares a los nuevos escenarios de conflicto.

A continuación, recogemos las ocho principales conclusiones de la sesión.

1. El orden mundial está cambiando, pero la estabilidad y las reglas siguen siendo fundamentales

Uno de los primeros planteamientos de Enrique Silvela fue que el debate sobre el orden mundial no debería centrarse exclusivamente en si el sistema internacional es unipolar, bipolar o multipolar.

Según explicó, lo verdaderamente relevante es la capacidad de ese orden para ofrecer estabilidad, previsibilidad y unas reglas que faciliten las relaciones entre los Estados.

El sistema internacional establecido después de la Segunda Guerra Mundial, sustentado en instituciones multilaterales y en un determinado modelo económico y político, atraviesa actualmente una etapa de cuestionamiento.

Este proceso responde tanto a las debilidades internas del propio sistema como al desafío que representan potencias como China y Rusia.

Para Silvela, la principal preocupación no es únicamente el cambio en la distribución del poder, sino la posibilidad de que un orden basado en normas sea sustituido por otro en el que predominen las relaciones de fuerza y las esferas de influencia.

2. China y Rusia cuestionan el orden internacional, pero utilizan estrategias diferentes

La competencia entre China y Estados Unidos ocupó una parte importante de la conversación.

Silvela distinguió tres estrategias mediante las cuales los países pueden responder al liderazgo de una potencia dominante: la emulación, la compensación y la innovación.

La primera consiste en reproducir el modelo de quienes han alcanzado una posición de liderazgo. La segunda busca competir mediante estrategias asimétricas, trasladando la confrontación a ámbitos donde las ventajas del adversario son menores.

La tercera pretende desarrollar un modelo alternativo.

Según el general, China representa el principal ejemplo de innovación sistémica, al proponer un capitalismo de Estado que compite con el capitalismo liberal occidental.

Rusia, por su parte, recurriría en mayor medida a la coerción y al poder militar para tratar de recuperar su influencia regional.

La diferencia resulta fundamental: no se trataría únicamente de determinar qué país liderará el sistema internacional, sino de establecer qué modelo de organización política, económica y estratégica tendrá mayor capacidad de influencia.

Durante la sesión también se destacó que el modelo chino resulta atractivo para determinados gobiernos, especialmente por su capacidad de combinar desarrollo económico y centralización política, aunque los ponentes señalaron las diferencias existentes entre ese sistema y los principios de la democracia liberal.

3. El crecimiento económico y la tecnología están redistribuyendo el poder mundial

Otro de los factores identificados fue la progresiva reducción de la ventaja económica y tecnológica que Occidente mantuvo durante buena parte de la historia reciente.

Silvela explicó que el crecimiento de la productividad en las economías occidentales se ha ralentizado, mientras que otras regiones han experimentado importantes avances económicos, científicos y tecnológicos.

Este proceso contribuye a reducir las diferencias de poder entre los Estados.

La incorporación de nuevos países al comercio internacional y su creciente capacidad de innovación han permitido que economías emergentes incrementen su influencia.

En este contexto, la inteligencia artificial aparece como una tecnología potencialmente transformadora.

Sin embargo, ambos ponentes señalaron que todavía existe incertidumbre sobre su capacidad para generar un nuevo ciclo de crecimiento de la productividad y sobre el retorno de las inversiones que está movilizando.

La conclusión es que la superioridad estratégica no dependerá solamente del desarrollo tecnológico, sino también de la capacidad para integrar las innovaciones y convertirlas en ventajas económicas, políticas y militares.

4. El Sur Global gana autonomía en un escenario internacional más competitivo

La transformación del orden internacional también está favoreciendo la aparición de nuevos actores con una mayor capacidad de influencia.

Durante la Masterclass se mencionaron países como India, Indonesia, Brasil y México, cuyas dimensiones demográficas y económicas les permiten adquirir un mayor protagonismo.

Según Silvela, estas potencias muestran una creciente capacidad para defender sus propios intereses y adoptar posiciones internacionales sin alinearse necesariamente con Estados Unidos, China o Rusia.

África también fue objeto de análisis.

El general destacó su importancia demográfica y el potencial asociado a sus recursos naturales, aunque advirtió de que, en numerosos países, el crecimiento de la población no ha venido acompañado de un incremento equivalente de la renta por habitante.

En su análisis, la dificultad para consolidar una clase media amplia, junto con los problemas de inestabilidad y aprovechamiento de los recursos, limita por ahora la influencia internacional de distintas economías africanas.

El desarrollo económico, la educación y la capacidad de generar innovación serán factores determinantes para convertir el potencial demográfico en poder estratégico.

5. La demografía será uno de los grandes factores de seguridad del siglo XXI

El envejecimiento de la población y la reducción de las tasas de natalidad constituyeron otro de los ejes centrales de la conversación.

Silvela advirtió de que los cambios demográficos tendrán consecuencias directas sobre las economías, los movimientos migratorios y la capacidad militar de los Estados.

El incremento de la población de mayor edad puede generar nuevas presiones sobre los sistemas económicos y sociales, al tiempo que disminuye el número de personas en edad laboral.

También puede reducir la disponibilidad de efectivos para las Fuerzas Armadas.

En el caso de China, los ponentes destacaron las consecuencias a largo plazo del envejecimiento demográfico y de la política del hijo único. En contraste, África continuará experimentando un crecimiento poblacional importante, aunque sus tasas de natalidad también estén descendiendo.

Estos desequilibrios podrían modificar los flujos migratorios internacionales.

En el ámbito militar, los avances tecnológicos permitirán incorporar perfiles más diversos para determinadas funciones.

El manejo de drones y otros sistemas no tripulados, por ejemplo, no exige las mismas capacidades físicas que algunas especialidades militares tradicionales.

No obstante, la tecnología no eliminará la importancia del factor humano ni la necesidad de disponer de personal formado y preparado.

6. La Unión Europea y las grandes corporaciones tendrán un papel relevante

El nuevo equilibrio internacional no estará determinado exclusivamente por las grandes potencias.

Silvela defendió que la Unión Europea representa una herramienta imprescindible para que los Estados europeos puedan mantener su capacidad de influencia.

A su juicio, los países europeos difícilmente podrán competir de manera individual con las grandes potencias del sistema internacional.

Por eso, la cooperación y las alianzas adquieren una importancia estratégica creciente, pese a las dificultades que existen para alcanzar posiciones comunes.

Durante la conversación también se abordó el papel de las grandes corporaciones multinacionales.

El general planteó que su creciente capacidad económica y sus intereses políticos podrían permitirles alcanzar, a largo plazo, niveles de influencia comparables a los de determinados Estados.

Se trata de un escenario prospectivo que refleja hasta qué punto el poder internacional podría distribuirse entre actores estatales y no estatales.

7. La Defensa será cada vez más importante ante el aumento de la inestabilidad

Una de las conclusiones centrales de la Masterclass fue que la Defensa continuará siendo un pilar fundamental del Estado y adquirirá una importancia creciente en los próximos años.

Silvela vinculó esta tendencia con la transición entre órdenes internacionales, un proceso que puede generar desequilibrios, rivalidades y conflictos.

Las guerras y crisis de Ucrania y Oriente Medio, así como los conflictos del Sahel, fueron utilizados para ilustrar los desafíos de seguridad existentes.

El general defendió la necesidad de mantener mecanismos multilaterales de diálogo que permitan resolver las disputas por vías políticas y diplomáticas.

Sin embargo, consideró igualmente necesario que los Estados dispongan de capacidades militares suficientes y creíbles para respaldar sus compromisos de seguridad.

En este sentido, destacó la importancia de la disuasión.

El objetivo principal del fortalecimiento de las Fuerzas Armadas no sería recurrir a la guerra, sino disponer de una capacidad que permita evitarla.

Por tanto, la inversión en Defensa debe interpretarse también como un instrumento para reforzar la estabilidad y prevenir posibles conflictos.

8. España debe reforzar sus alianzas e invertir en capacidades militares eficaces

La última parte del encuentro estuvo dedicada al papel de España en este nuevo escenario internacional.

Silvela destacó que, como potencia media, España necesita apoyarse en sus alianzas y en los mecanismos de cooperación internacional para defender sus intereses y preservar su autonomía estratégica.

La OTAN, la Unión Europea y el multilateralismo constituyen elementos esenciales de esta estrategia.

Sin embargo, subrayó que la cooperación política debe estar respaldada por capacidades de Defensa adecuadas.

En este punto, el general insistió en que la inversión militar no debe valorarse exclusivamente mediante un porcentaje del PIB, sino también por su calidad, eficacia y resultados.

La modernización de las Fuerzas Armadas implica incorporar nuevas tecnologías, adaptar la doctrina, mejorar las comunicaciones y preparar al personal para los desafíos actuales.

Los drones y los sistemas tecnológicos capaces de acelerar la toma de decisiones deben combinarse con las capacidades convencionales, como la artillería y los carros de combate.

No se trata de sustituir automáticamente unas herramientas por otras, sino de integrarlas para mejorar la eficacia operativa.

El general también defendió que la superioridad tecnológica debe permitir desarrollar operaciones más rápidas y eficaces, reduciendo en la medida de lo posible los costes humanos de los conflictos.

Conclusión: la Defensa como garantía de seguridad y autonomía estratégica

La primera Masterclass del ciclo dejó una idea central: la transformación del orden internacional obliga a reconsiderar el papel que desempeña la Defensa en la seguridad de los Estados.

El ascenso de nuevas potencias, la competencia entre modelos políticos y económicos, el desarrollo de tecnologías disruptivas y los cambios demográficos están configurando un entorno estratégico más complejo.

Para España, el desafío consiste en combinar una política exterior basada en el diálogo y la cooperación internacional con unas Fuerzas Armadas preparadas para afrontar las nuevas amenazas.

La capacidad de disuasión, la modernización tecnológica, la formación del personal y la participación en alianzas serán elementos fundamentales para mantener la seguridad y la autonomía estratégica del país.

Como resumió Enrique Silvela durante la sesión al referirse a la inversión militar:

«No es cuestión de cantidad. Es cuestión de calidad y de eficacia».

Descarga las principales conclusiones de la Masterclass en PDF 👇🏼

Además…

La masterclass «La Defensa como pilar del Estado: España ante el nuevo orden mundial en 2026»  forma parte del Ciclo de Cultura de Defensa: las claves estratégicas de la Defensa de España en 2026, producido por LISA Institute con el apoyo de la Secretaría General de Política de Defensa (SEGENPOL) y DICOES.

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Anthropic bloquea el acceso a internet en todas las evaluaciones internas de sus modelos de IA

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La compañía mantendrá la medida hasta verificar que puede contener a sus agentes tras detectar conductas como el envío de una pista falsa a la policía de Filadelfia.

Anthropic ha bloqueado el acceso a internet en todas las evaluaciones internas de sus modelos de IA. La medida seguirá en vigor hasta que el laboratorio verifique que puede supervisar y contener a sus agentes sin que escapen del entorno de pruebas ni intenten ejecutar ataques.

La compañía detalló el viernes 9 de octubre, en una publicación, varios comportamientos no deseados de su modelo Claude. Uno de ellos fue el envío a la policía de Filadelfia (EE. UU.) de una pista falsa sobre un asesinato sin resolver. Este acontecimiento llevó a Anthropic a reforzar la seguridad y a cerrar el acceso a la Red en todas las pruebas de sus agentes.

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Anthropic ya había desconectado internet en algunas evaluaciones de ciberseguridad de mayor riesgo, pero ahora amplía el bloqueo. «Aunque el impacto de esos comportamientos fue mínimo […] ahora hemos decidido expandirlo a todas nuestras evaluaciones internas hasta que tengamos confirmado que nuestras medidas de seguridad y monitorización realmente son capaces de detener este tipo de comportamientos», señala la empresa sobre una cadena de incidentes detectada en una revisión iniciada en julio. El informe añade otras conductas problemáticas: explotación de vulnerabilidades de software, como inyecciones SQL o de comandos en sitios de terceros, envío de formularios sin autorización, uso de acortadores de URL para esquivar límites de longitud y saltos de restricciones de acceso en páginas gubernamentales.

Según el laboratorio, estas conductas surgieron en muchos casos ante tareas ambiguas o imposibles. «Nosotros y otros hemos observado que cuando a los modelos se les dan tareas imposibles de completar, persiguen estrategias no deseadas y, a veces, desalineadas para lograr sus objetivos», afirma. Asimismo, los hechos guardan paralelismos con incidentes atribuidos a agentes de OpenAI, que en ocasiones obligaron a los creadores de ChatGPT a pausar el entrenamiento de uno de sus modelos de frontera por múltiples ataques, entre ellos el «hackeo» de sitios web del Gobierno de EE. UU. y accesos masivos a una web de la ONU.

La geopolítica de la vivienda: capital, territorio y soberanía en la nueva economía global

Sergio Estrada, alumno del Máster Profesional de Analista de Inteligencia de LISA Institute, analiza cómo la doble naturaleza de la vivienda, como hogar y como activo financiero, la ha convertido en un espacio de disputa por las rentas y el control del territorio, con España como laboratorio de una transformación que plantea la necesidad de una soberanía habitacional.

La fragmentación de la economía mundial está transformando la vivienda en un espacio de disputa por la propiedad, las rentas y el control del territorio. La crisis global de la vivienda suele presentarse como un problema de oferta insuficiente, precios elevados o dificultades de acceso. Sin embargo, estas explicaciones dejan fuera una cuestión fundamental: quién controla la vivienda y qué función cumple dentro de la economía.

Durante las últimas décadas, la liberalización de los mercados permitió incorporar el suelo y el parque residencial a los circuitos internacionales de inversión. Una vivienda dejó de ser únicamente un lugar donde vivir para convertirse también en un activo capaz de preservar patrimonio, generar rentas y producir plusvalías. Esta transformación ha situado sobre un mismo recurso a actores con necesidades diferentes: quienes necesitan una vivienda para vivir y quienes pueden adquirirla para obtener un rendimiento económico. La tensión entre ambas funciones constituye una de las claves de la actual crisis habitacional y permite entender por qué la vivienda se ha convertido también en una cuestión de poder económico y territorial.

Capital, territorio y vivienda

Cuando el capital puede desplazarse internacionalmente, los activos que no pueden deslocalizarse adquieren un valor estratégico. El suelo es uno de ellos. Una parcela no puede trasladarse a otra jurisdicción, pero su valor depende de procesos económicos que pueden estar determinados por flujos de capital procedentes del exterior, decisiones de inversión, transformaciones urbanísticas o cambios en los usos del territorio.

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El territorio genera valor de forma colectiva, mientras que la propiedad del suelo permite concentrar individualmente una parte de las rentas asociadas a ese valor. Una nueva infraestructura, una estación de transporte, una transformación urbanística o la concentración de actividad económica en una determinada ciudad pueden incrementar el valor de determinados terrenos y viviendas sin que ese incremento dependa exclusivamente de la actuación de sus propietarios.

La vivienda ocupa una posición particular dentro de este proceso porque cumple simultáneamente dos funciones. Es, por un lado, una condición indispensable para la reproducción de la vida cotidiana y, por otro, un activo mediante el que es posible acumular riqueza, obtener rentas y preservar patrimonio.

Esta doble naturaleza genera una contradicción cada vez más visible. Para quien necesita una vivienda, su valor está relacionado principalmente con la posibilidad de habitarla. Para quien la adquiere como inversión, su importancia depende de su capacidad para generar una rentabilidad futura. Cuando ambas lógicas operan sobre un mercado con una oferta limitada y una fuerte concentración territorial de la demanda, el acceso a la vivienda puede quedar subordinado a criterios de rentabilidad.

Por ello, el mercado residencial no constituye únicamente un mecanismo de asignación de viviendas. También funciona como un mecanismo de distribución de riqueza y poder económico, con efectos directos sobre la estructura social y territorial.

La financiarización de la vivienda y el control de los activos

La transformación de la vivienda en activo financiero se ha intensificado con la entrada de nuevos actores en los mercados residenciales. Fondos de inversión, sociedades inmobiliarias, grandes propietarios y otros inversores institucionales pueden adquirir viviendas con objetivos diferentes a los de un comprador que busca únicamente una residencia.

La cuestión no reside en considerar a todos estos actores como equivalentes. Una familia que compra una segunda vivienda, un pequeño propietario que alquila un inmueble y un fondo internacional que gestiona miles de activos forman parte del mismo mercado, pero disponen de capacidades económicas y estrategias diferentes.

La concentración de la propiedad puede reforzar esas diferencias. Cuando un número reducido de actores controla una cantidad significativa de viviendas en determinados mercados, aumenta su capacidad para decidir sobre precios, condiciones de alquiler, rehabilitación o venta de los inmuebles. Al mismo tiempo, la vivienda puede convertirse en un mecanismo de transmisión intergeneracional de riqueza, favoreciendo a quienes ya poseen activos frente a quienes dependen exclusivamente de sus ingresos laborales.

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La dimensión geopolítica aparece cuando estas dinámicas atraviesan las fronteras nacionales y afectan a la capacidad de los Estados para conocer y supervisar quién controla determinados activos. El capital inmobiliario puede proceder de fondos internacionales, sociedades radicadas en diferentes jurisdicciones o estructuras corporativas cuya propiedad efectiva no resulta evidente.

En determinados casos, la adquisición de activos próximos a infraestructuras críticas, instalaciones militares o centros de decisión política puede adquirir una dimensión de seguridad. De ahí la importancia de la inteligencia financiera y de los mecanismos destinados a identificar beneficiarios efectivos, rastrear flujos de capital y supervisar determinadas inversiones estratégicas.

La cuestión, por tanto, no es considerar la inversión internacional como una amenaza en sí misma, sino determinar cuándo la propiedad de un activo situado en un territorio concreto deja de ser exclusivamente una operación económica y pasa a afectar a intereses estratégicos. Es precisamente en ese punto donde la vivienda y el suelo adquieren una dimensión geopolítica.

Vivienda, reproducción económica y desigualdad

La vivienda no solo determina las condiciones de vida de los hogares. También condiciona el funcionamiento del mercado laboral, la movilidad de los trabajadores y la distribución territorial de la actividad económica. Cuando determinados territorios concentran empleo, servicios e infraestructuras, pero el coste de la vivienda aumenta más rápidamente que los ingresos, se genera una contradicción entre la localización de la actividad económica y la posibilidad de residir cerca de ella.

En España, esta presión resulta especialmente visible. En 2024, un hogar que accedía a una vivienda debía dedicar, en términos agregados, el equivalente a 6,8 años de su renta neta para adquirirla. Entre los menores de 35 años, el esfuerzo alcanzaba los 7,1 años, mientras que entre la población extranjera se situaba en 7,6 años. Las diferencias territoriales también son significativas: el esfuerzo alcanzaba 9,7 años en Madrid, 9 años en Barcelona y 10 años en Málaga.

Estas cifras permiten observar que el problema no se distribuye de manera homogénea. Las zonas con mayor concentración de actividad económica, empleo, turismo y demanda internacional son también aquellas donde la vivienda puede convertirse en un recurso especialmente escaso y costoso.

El problema tiene además una dimensión productiva. Si trabajadores esenciales para una economía urbana, como el personal sanitario, docentes, trabajadores de la hostelería, transporte o servicios, no pueden asumir el coste de residir cerca de sus puestos de trabajo, la presión sobre la vivienda termina afectando al funcionamiento de la propia economía local.

La desigualdad habitacional no produce automáticamente inestabilidad política, pero puede alimentar malestar social y aumentar la vulnerabilidad de sociedades ya sometidas a otras tensiones económicas. La cuestión fundamental no es únicamente cuánto cuesta construir una vivienda, sino qué determina su precio, quién puede acceder a ella y quién obtiene los ingresos derivados de su propiedad.

España como laboratorio de la transformación residencial

España constituye un caso especialmente relevante para observar estas dinámicas. La crisis financiera de 2008 provocó una profunda reestructuración del mercado inmobiliario y modificó el papel desempeñado por bancos, promotores, inversores y administraciones públicas.

Durante los años posteriores, el parque inmobiliario español fue incorporándose progresivamente a nuevas estrategias de inversión. La aparición y expansión de las SOCIMI, la entrada de capital institucional y la creciente importancia de la inversión extranjera coincidieron con una transformación de determinados mercados urbanos y turísticos.

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Madrid y Barcelona concentran buena parte de estas dinámicas, aunque sus efectos también son visibles en las zonas costeras y en los archipiélagos. En estos espacios confluyen diferentes fuentes de demanda: población residente, nuevos hogares, trabajadores desplazados, compradores extranjeros, alquiler temporal y actividad turística. La vivienda deja así de responder a una única función y pasa a competir entre distintos usos económicamente rentables. 

El turismo español no puede entenderse únicamente como una actividad económica. También constituye un factor de proyección exterior y una dimensión estratégica del territorio. El turismo español funciona también como instrumento de proyección internacional y como activo estratégico, aunque su elevada importancia económica puede generar al mismo tiempo determinadas vulnerabilidades. 

Esta dimensión resulta especialmente relevante cuando el turismo interactúa con el mercado residencial. La llegada de visitantes incrementa la demanda de alojamiento y genera actividad económica, pero en determinados mercados también puede aumentar la competencia por el suelo y por el parque residencial. El conflicto no surge, por tanto, entre turismo y vivienda de manera abstracta, sino cuando distintos usos económicos compiten por un mismo espacio limitado. 

El fenómeno de la vivienda turística resulta especialmente significativo. En mayo de 2025 se contabilizaban 381.837 viviendas turísticas en España, con una concentración especialmente elevada en Andalucía, Comunidad Valenciana, Cataluña, Canarias y Baleares. Estas cinco comunidades reunían aproximadamente el 80 % del total.

La expansión del uso turístico no explica por sí sola el incremento de los precios residenciales, pero introduce una competencia adicional por un recurso limitado. Allí donde una vivienda puede generar una rentabilidad superior mediante el alquiler turístico o temporal, los incentivos económicos pueden favorecer ese uso frente al residencial permanente.

El propio Banco de España ha señalado que la expansión del alquiler se ha concentrado especialmente entre jóvenes, población de origen extranjero y zonas urbanas y turísticas. Desde 2015, los precios del alquiler han aumentado con especial intensidad en las grandes áreas urbanas, en un contexto en el que el crecimiento de la demanda ha superado al de la oferta. El organismo también identifica como factores relevantes los usos alternativos de las viviendas, como el alquiler turístico, por habitaciones o temporal, además del reducido parque de alquiler social y la limitada presencia de inversión institucional en determinadas áreas. Esto no significa que el turismo o la inversión extranjera sean negativos por definición. La inversión exterior constituye una parte importante de la economía española. En 2024, el stock de inversión extranjera directa productiva en España alcanzó los 627.795 millones de euros, mientras que las empresas con participación extranjera empleaban a más de dos millones de personas.

La cuestión relevante es, por tanto, otra: cómo se distribuyen los beneficios de esos flujos de capital y qué efectos producen sobre el territorio. El problema aparece cuando determinados usos económicamente rentables desplazan otros usos necesarios para la reproducción social y productiva de las ciudades. Desde esta perspectiva, la política de vivienda no consiste en cerrar la economía nacional a los flujos internacionales, sino en conservar la capacidad del Estado para orientar los usos del territorio, distribuir los beneficios y limitar determinadas externalidades cuando estas comprometen el acceso residencial.

Hacia una soberanía habitacional

La vivienda permite introducir una cuestión más amplia: la capacidad de una sociedad para decidir sobre las condiciones materiales que hacen posible su reproducción. En este contexto puede hablarse de soberanía habitacional como la capacidad de una sociedad para garantizar que el acceso a la vivienda no quede completamente condicionado por factores sobre los que carece de capacidad de decisión.

Esto no implica aislar el mercado residencial de los flujos internacionales de capital. Significa mantener instrumentos suficientes para decidir qué usos se dan al suelo, qué tipo de vivienda se construye, quién puede acceder a ella y bajo qué condiciones se desarrollan las inversiones.

Las políticas públicas pueden actuar en diferentes niveles: ampliación del parque de vivienda pública, regulación de los mercados tensionados, limitación de determinados usos turísticos cuando comprometen la disponibilidad residencial, fiscalidad sobre determinados activos infrautilizados o supervisión de adquisiciones que puedan presentar una relevancia estratégica.

La soberanía habitacional también está relacionada con la capacidad productiva. Construir viviendas requiere acero, aluminio, cemento, cobre, energía, maquinaria y componentes procedentes de cadenas de suministro nacionales e internacionales. Una política de vivienda que ignore estas dependencias puede encontrarse con límites materiales incluso cuando exista voluntad de incrementar la oferta.

En 2024 se terminaron en España 100.980 viviendas nuevas, la cifra más elevada en doce años y un 13,1 % superior a la de 2023. Sin embargo, incrementar la construcción no garantiza por sí mismo resolver el problema habitacional. La vivienda adicional debe localizarse allí donde existe demanda residencial, responder a las necesidades de los hogares y mantenerse dentro de unos niveles de precio compatibles con los ingresos.

De lo contrario, puede producirse una paradoja: aumentar el número de viviendas sin modificar sustancialmente las condiciones de acceso. No toda oferta es equivalente, porque una vivienda construida en el lugar equivocado, orientada a un uso diferente o inaccesible económicamente no resuelve necesariamente la necesidad residencial.

La cuestión afecta también a la seguridad económica. La resiliencia de un Estado no depende únicamente de sus capacidades militares, energéticas o industriales. También depende de que sus trabajadores puedan residir cerca de los principales centros productivos, de que las ciudades puedan mantener los servicios necesarios y de que las cadenas de suministro asociadas a la construcción no estén expuestas a vulnerabilidades excesivas.

Una cuestión de poder sobre el territorio

Hablar de geopolítica de la vivienda no significa convertir cualquier subida de precios en un problema de seguridad. Significa reconocer que el control sobre activos territorialmente inmóviles puede producir efectos económicos, sociales y estratégicos que trascienden al propietario y al inmueble concreto.

La vivienda constituye un punto de encuentro entre capital y territorio. El capital puede desplazarse entre países y mercados, pero necesita localizarse físicamente cuando busca controlar suelo o activos inmobiliarios. Esa característica convierte al territorio residencial en un espacio donde confluyen decisiones económicas privadas y capacidades de regulación públicas.

La tensión fundamental se encuentra en la doble naturaleza de la vivienda: hogar y activo. Cuando predomina la segunda función sobre la primera, el acceso residencial queda sometido de manera creciente a la capacidad de pago y a la rentabilidad esperada de los propietarios. Cuando las instituciones consiguen equilibrar ambas funciones, la vivienda puede actuar simultáneamente como espacio de reproducción social, activo económico y elemento de estabilidad territorial.

Por ello, la cuestión central no es simplemente cuántas viviendas existen, sino quién controla los activos residenciales, qué rentas generan, hacia dónde se dirige el capital y qué capacidad conserva el Estado para intervenir sobre esos procesos.

En un escenario internacional caracterizado por la movilidad del capital y la permanencia física del territorio, estas preguntas convierten a la vivienda en mucho más que una cuestión inmobiliaria. La convierten en un problema de poder económico, cohesión social y soberanía estratégica.

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Operación Vivaldi: la contraofensiva con la que Ucrania ha roto el plan ruso en el Donbás

La campaña ucraniana al norte de Limán ha recuperado terreno, deshecho un saliente ruso y complicado la ofensiva de Moscú contra Sloviansk y Kramatorsk. Sin embargo, su alcance sigue siendo local y todavía no supone un vuelco definitivo de la guerra.

Durante meses, Ucrania preparó en silencio una contraofensiva en uno de los sectores más delicados del Donbás. La bautizó Operación Vivaldi, en alusión a las cuatro estaciones del compositor italiano y a las cuatro fases previstas por sus planificadores. Tres de esas «estaciones» ya han sido reveladas. Sin embargo, la cuarta continúa todavía bajo secreto militar. El escenario es el eje de Limán, en el norte de la provincia de Donetsk, donde Rusia había formado un saliente —una penetración de sus posiciones dentro del frente contrario— que amenazaba la retaguardia ucraniana.

Ubicación de Limán

El resultado tiene importancia más allá de los kilómetros recuperados. Las fuerzas ucranianas han eliminado buena parte del saliente ruso al norte de Limán, han penetrado posiciones fortificadas y han frustrado, por ahora, la pinza septentrional con la que Moscú pretendía envolver el cinturón defensivo de Sloviansk y Kramatorsk. El Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW) considera que la operación ha restablecido ciertos elementos de maniobra táctica en un frente dominado por drones, minas y pequeños avances de desgaste.

Qué es la Operación Vivaldi

La Operación Vivaldi es una campaña ofensiva dirigida por el Tercer Cuerpo de Ejército ucraniano, bajo el mando del general Andrii Biletskyi, y apoyada por unidades adyacentes. Comenzó meses antes de su confirmación pública, que llegó a mediados de septiembre de 2026. Su objetivo inicial era estabilizar el frente de Limán, destruir los grupos rusos infiltrados y reducir el saliente creado por unidades de los ejércitos rusos 20.º y 25.º.

Limán no es una localidad cualquiera. Su entorno conecta las aproximaciones septentrionales a Sloviansk y Kramatorsk, dos de las principales ciudades que Ucrania conserva en Donetsk. Rusia pretendía tomar Limán, cruzar el río Donets y combinar ese movimiento con la presión ejercida desde Dobropillia y el sur. En términos sencillos, Moscú buscaba formar una gran tenaza alrededor del llamado «cinturón de fortalezas» ucraniano, compuesto por varios núcleos urbanos defendidos y conectados entre sí.

Por tanto, Vivaldi no tenía por objetivo en sí conquistar grandes extensiones. Simplemente era una operación para quitar a Rusia una plataforma de ataque, proteger la retaguardia del Donbás ucraniano y obligar al enemigo a reorganizarse. El propio Gobierno de Kiev asegura que Moscú tuvo que trasladar refuerzos al sector, debilitando otras zonas del frente. No obstante, esta última afirmación procede de fuentes oficiales ucranianas y no puede medirse de forma independiente en toda su extensión.

Cómo Ucrania rompió las líneas rusas

La ruptura no comenzó con columnas de blindados avanzando de frente. Primero, Ucrania trató de aislar el campo de batalla. Sus drones atacaron rutas, depósitos, vehículos de suministro, centros de mando y posiciones de guerra electrónica rusas a profundidades que el Tercer Cuerpo situó inicialmente en 50 kilómetros y, después, hasta en 120. El objetivo era dejar a las tropas de primera línea con menos combustible, munición, comunicaciones y protección frente a los aparatos ucranianos.

Al mismo tiempo, Kiev impuso un fuerte silencio informativo y combatió los medios de reconocimiento enemigos. Esto redujo la capacidad rusa para interpretar lo que estaba ocurriendo. Según el ISW, la seguridad operacional, el engaño y la degradación de la guerra electrónica rusa permitieron a Ucrania alcanzar sorpresa táctica y una ventaja local con drones, algo poco frecuente en una guerra donde cualquier concentración de fuerzas suele ser detectada y atacada con rapidez.

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En la tercera fase, Ucrania simuló que su golpe principal avanzaría desde Shandryholove hacia Zelena Dolyna. Rusia envió reservas a ese eje, mientras el ataque real se concentraba sobre Nove, considerado el principal centro ruso del saliente. A continuación, las unidades ucranianas penetraron las posiciones más resistentes y recuperaron Nove, Ridkodub y Katerynivka, además de restablecer el control de Karpivka y Novomykhailivka.

Conviene precisar qué significa aquí «romper las líneas rusas». No se produjo un colapso general del frente del Donbás, sino una brecha táctica localizada que permitió superar fortificaciones, conquistar varios núcleos y desarticular el dispositivo ruso al norte de Limán. Associated Press informó de «rupturas» en la región de Donetsk, mientras el ISW verificó los avances ucranianos y la ausencia de progresos rusos en el sector durante los contraataques.

Drones y blindados robotizados

La tecnología fue uno de los rasgos más llamativos de Vivaldi. Ucrania empleó vehículos terrestres no tripulados para reconocimiento, desminado, sabotaje y ataque. En una de las acciones divulgadas, grandes drones aéreos transportaron sistemas robóticos armados hasta diez kilómetros detrás de las posiciones rusas. Además, antiguos transportes blindados soviéticos fueron transformados en vehículos «kamikaze», cargados con explosivos y enviados sin tripulación contra fortificaciones y nodos de comunicaciones.

La maniobra cumplía dos funciones. En primer lugar, destruir posiciones difíciles sin exponer a una tripulación y, posteriormente, confundir al adversario. El Tercer Cuerpo sostiene que los soldados rusos interpretaron inicialmente esos blindados como refuerzos propios. Tras las explosiones, las tropas de asalto pudieron avanzar sobre defensas debilitadas. Vivaldi muestra así una posible fórmula ucraniana para recuperar la capacidad ofensiva: cegar al enemigo, interrumpir su logística, sustituir personas por máquinas en los puntos de mayor riesgo y solo entonces introducir a la infantería.

Esto no convierte a los robots en un arma milagrosa. Su eficacia dependió de una preparación extensa, comunicaciones redundantes, superioridad local de drones y errores rusos de mando. De hecho, fuentes ultranacionalistas rusas citadas por el ISW culparon a la cultura de los «informes bonitos» —partes exageradamente optimistas enviados a los superiores— de ocultar los avances ucranianos y retrasar el envío correcto de reservas.

Cuánto territorio recuperó Ucrania

Las cifras requieren cautela. El Tercer Cuerpo y la Presidencia ucraniana afirmaron que las tres primeras fases permitieron recuperar el control de 176 kilómetros cuadrados, incluidos 51 durante la tercera. Kiev también declaró más de 5.000 bajas rusas entre muertos y heridos y alrededor de 250 prisioneros. No obstante, estos son datos oficiales de una de las partes en guerra y no existe una verificación pública independiente completa de las bajas.

El ISW, basándose en evidencias abiertas y geolocalizadas, calculó que Vivaldi había liberado al menos 147 kilómetros cuadrados. Reuters recogió posteriormente una cifra más baja atribuida al propio Volodímir Zelenski, con alrededor de 140 kilómetros cuadrados. La diferencia puede responder a criterios distintos entre el terreno limpiado de infiltrados, el territorio plenamente liberado y la superficie bajo control restablecido. Por ello, la formulación más rigurosa es que Ucrania ha recuperado entre 140 y 176 kilómetros cuadrados, mientras la estimación independiente mínima se sitúa en 147.

Consecuencias para la guerra

La primera consecuencia es defensiva. Al reducir el saliente de Limán, Ucrania ha alejado el riesgo inmediato de que Rusia alcance la retaguardia de Sloviansk y Kramatorsk desde el norte. El ISW sostiene que la gran maniobra de envolvimiento desde Limán y Dobropillia quedó perturbada y que el nuevo escenario también puede dificultar un ataque frontal ruso contra Sloviansk desde el este.

La segunda es operativa. Moscú debe reconstruir su logística, reforzar nuevas posiciones y gastar reservas en un sector donde esperaba avanzar. Cada unidad trasladada a Limán deja de estar disponible en otros ejes. Además, Rusia pierde terreno elevado, rutas y puntos de lanzamiento de drones que podían apoyar su presión sobre el cinturón urbano del Donbás. No obstante, las fuerzas rusas conservan capacidad ofensiva en otros sectores, especialmente hacia Kostiantynivka, Dobropillia y el sur del dispositivo ucraniano.

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La tercera consecuencia afecta a la doctrina militar. Vivaldi demuestra que el frente no es completamente inmóvil y que todavía puede abrirse espacio para la maniobra si antes se neutralizan drones, guerra electrónica, logística y mando. Para Ucrania, que dispone de menos personal que Rusia, el uso combinado de robots, ataques de profundidad y engaño ofrece una manera de reducir bajas propias. Sin embargo, repetir ese modelo exigirá tiempo, munición, vehículos no tripulados y condiciones locales favorables.

Finalmente, la operación tiene un efecto político. Contradice la narrativa de que la caída total del Donbás es inevitable y proporciona a Kiev un éxito visible con el que defender que la ayuda militar occidental todavía puede cambiar la situación sobre el terreno. Aun así, Vivaldi no constituye por sí sola un punto de inflexión estratégico, ya que ha frustrado un plan ruso en un sector y revertido meses de avances locales, pero no ha destruido la capacidad de Moscú para continuar la guerra ni ha alterado el equilibrio global de fuerzas.

Qué puede ocurrir ahora

El cuarto «movimiento» de Vivaldi no se ha explicado públicamente. La Presidencia ucraniana confirmó que existen planes para una cuarta fase, pero no reveló sus objetivos. Es razonable esperar que Kiev intente consolidar el terreno recuperado, empujar a las fuerzas rusas hacia barreras naturales y ampliar la presión sobre sus rutas. A pesar de ello, cualquier objetivo más concreto sería especulativo.

Rusia, por su parte, tratará de frenar la operación con refuerzos, drones, artillería y bombas planeadoras contra las concentraciones ucranianas y sus nodos logísticos. El peligro para Kiev consiste en avanzar más allá de su cobertura y convertir un éxito calculado en una posición difícil de abastecer. La verdadera medida de Vivaldi no será solo cuánto territorio haya recuperado, sino si Ucrania logra conservarlo y si obliga a Rusia a abandonar o retrasar su campaña contra Sloviansk y Kramatorsk.

Por ahora, la conclusión es más concreta que grandilocuente, pues Ucrania ha demostrado que todavía puede preparar una ofensiva con secreto, quebrar defensas rusas y recuperar la iniciativa local. No ha ganado la guerra en Limán, pero sí ha roto una de las piezas del plan ruso para conquistar el resto del Donbás.

¿Por qué se han disparado las operaciones de inteligencia en Europa?

Detenciones por espionaje, servicios secretos con licencia para el sabotaje, soldados alertados sobre agentes infiltrados. En los últimos tiempos, Europa vive una sucesión de episodios que parecen sacados de la Guerra Fría. En este artículo, Álvaro Caverni, alumno del Máster Profesional de Analista de Inteligencia de LISA Institute, analiza este fenómeno. La pregunta de fondo no es solo qué está pasando, sino si realmente ha aumentado el espionaje o si, simplemente, lo que ha cambiado es la voluntad de hacerlo público.

Ucrania, el catalizador del cambio de paradigma

La invasión rusa de Crimea en 2014 y la posterior guerra de Ucrania bien podrían suponer la consolidación de un nuevo paradigma en el terreno de las operaciones encubiertas. Este tipo de acciones, con una amplia panoplia de opciones como el sabotaje, la desinformación y el espionaje, están a la orden del día. En este nuevo contexto, Rusia necesita vigilar la ayuda militar occidental, preparar sabotajes contra infraestructuras y neutralizar a opositores en el exilio. Ese nivel de exigencia ha forzado tanto a Moscú como a sus adversarios a intensificar la actividad de inteligencia, y ha convertido a Europa oriental en el epicentro de la confrontación encubierta.

Rusia: de la vigilancia al intento de asesinato

Polonia ilustra bien la escalada. Como último ejemplo reciente, a principios de agosto, sus servicios frustraron un complot para asesinar en Varsovia a un ciudadano estadounidense de origen ucraniano, con un sospechoso ruso detenido el día 7 y colaboración directa de Washington. Este caso es el último de una lista amplia en Francia, Lituania o Alemania, países que han denunciado tramas similares contra opositores y militares ucranianos en los últimos meses.

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La Agencia de Seguridad Interior polaca certifica la magnitud del fenómeno: solo en dos años abrió tantas investigaciones por espionaje como en las tres décadas anteriores juntas. Austria, por su parte, ha dado un paso inusual: el Ministerio de Defensa envió a todos sus soldados los nombres y fotografías de 21 presuntos agentes rusos bajo cobertura diplomática, pidiéndoles que reporten cualquier contacto. Un estudio de la agencia sueca de investigación para la defensa (FOI), que analizó setenta condenas por espionaje en Europa entre 2008 y 2024, confirma que Rusia concentra la mayoría de los casos, muy por delante de China, Irán o Turquía.

China: redes más discretas, mismo objetivo

El espionaje chino sigue una lógica distinta: discreción, paciencia y cobertura civil. En febrero, Grecia y Francia destaparon casos paralelos de oficiales militares acusados de entregar información clasificada a China. En los últimos dos años, más de treinta agentes han sido descubiertos operando en Europa. El Ministerio de Seguridad del Estado chino recluta habitualmente mediante ofertas de empleo falsas en portales como LinkedIn, consultoras de fachada y estudiantes becados, evitando el perfil diplomático que resulta más evidente. Es una amenaza menos visible que la rusa, pero de una escala que varias agencias europeas consideran ya superior.

Alemania rompe un tabú histórico

El ejemplo más significativo de respuesta institucional es Alemania. El Gobierno de Friedrich Merz aprobó en agosto un proyecto de ley que amplía radicalmente las competencias del BND y del BfV: podrán intervenir sistemas informáticos de atacantes, interrumpir infraestructuras hostiles en el extranjero y, en escenarios de amenaza de guerra, ejecutar sabotajes fuera de sus fronteras. El ministro del Interior, Alexander Dobrindt, lo resumió sin rodeos: convertir los servicios alemanes en «servicios secretos genuinos», al nivel de sus aliados.

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La reforma revierte una restricción nacida del trauma de la Gestapo y la Stasi, que durante décadas impidió a Alemania combinar vigilancia y capacidad de acción. Que Berlín renuncie a esa cautela retrata mejor que cualquier otro dato el nuevo umbral de amenaza percibido en Europa.

¿Más espionaje o más visibilidad?

Cabe una lectura alternativa de los hechos. Las operaciones de inteligencia siempre han existido, pero ha cambiado la decisión política de exponerlas. Publicar los nombres de agentes, anunciar complots frustrados o detallar reformas legales cumple una función de disuasión y de preparación de la opinión pública, no solo informativa.

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Ese giro también transforma el propio juego. Al saberse expuestos, los servicios rivales recurren a agentes desechables, reclutamiento digital y actores no estatales, más difíciles de atribuir. La transparencia, pensada como defensa, obliga al adversario a mutar. En inteligencia, hacer visible la amenaza nunca es un gesto neutral.

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Imputado un militar en activo de la Marina Real británica por espiar para una potencia extranjera

Teddy Young, de 24 años, está bajo custodia acusado de violar la Ley de Seguridad Nacional; la Policía descarta relación con el incidente de la base de Fairford.

Un miembro en activo de la Marina Real británica, Teddy Young, de 24 años, ha sido imputado por obtener información «protegida» y espiar para un país extranjero, según anunciaron este jueves las fuerzas de seguridad del Reino Unido. Las autoridades no han precisado de qué Estado se trata. Young, vecino de Bedfordshire, está acusado de violar la Ley de Seguridad Nacional y permanece bajo custodia a la espera de comparecer ante la Justicia.

Helen Flanagan, jefa de la unidad de Contraterrorismo de la Policía Metropolitana de Londres, calificó el caso como «cargos muy graves contra un miembro que sirve actualmente en las Fuerzas Armadas». Además, descartó cualquier relación con el incidente reciente en la base aérea de Fairford, que acoge presencia militar estadounidense y ha derivado en la detención de siete sospechosos.

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Según la BBC, la detención se produjo en el domicilio del joven, en Bedfordshire, un condado del sur del país situado entre Oxford y Cambridge. Los cargos cubren el periodo comprendido entre el 26 de noviembre de 2024 y el 21 de mayo de 2025, durante el cual se habrían llevado a cabo acciones dirigidas a «la filtración de información bajo protección».

La Policía sostiene que el militar habría «obtenido, copiado, grabado y retenido información protegida con la intención de beneficiar a una potencia extranjera», a sabiendas o debiendo saber que ello resultaría perjudicial para la seguridad y los intereses británicos. Flanagan precisó que se trabajó «de forma muy coordinada con los miembros del Ministerio de defensa» durante la investigación, con el fin de adoptar las medidas adecuadas para «mitigar cualquier riesgo potencial vinculado a este asunto».

Alerta por posible peste neumónica en Rusia: qué se sabe realmente del caso de Irkutsk

La muerte de una trabajadora de un instituto antipeste ha activado cuarentenas y una investigación internacional, pero hasta ahora no existe confirmación oficial de un brote.

La alarma sanitaria surgida en Siberia ha devuelto a la actualidad una enfermedad asociada a las grandes epidemias del pasado. Sin embargo, hablar ya de un brote de peste neumónica en Rusia no se ajusta a las pruebas disponibles. Lo que existe, a 8 de octubre de 2026, es una muerte por neumonía de causa desconocida, cerca de 200 contactos inicialmente aislados y varias preguntas que Moscú todavía debe aclarar ante la Organización Mundial de la Salud (OMS).

¿Hay un brote confirmado en Rusia?

No. Las autoridades rusas no han confirmado ningún caso de peste en la región de Irkutsk, mientras que la OMS asegura que aún desconoce qué agente causó la muerte investigada. Por tanto, la expresión más precisa es «posible caso de peste neumónica» o «alerta sanitaria», no brote confirmado.

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Además, el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC) afirma que no se han comunicado contagios secundarios ni existen indicios de transmisión sostenida entre personas. Este dato reduce el riesgo inmediato, aunque no despeja la incógnita sobre el origen de la infección.

Cómo comenzó la alerta en Irkutsk

El episodio se conoció tras la muerte, el 2 de octubre, de una trabajadora de 28 años del Instituto de Investigación Antipeste de Irkutsk, en Siberia. La mujer había sido hospitalizada con una neumonía grave y los primeros relatos difundidos en medios apuntaron, sin confirmación, a una posible exposición accidental en el laboratorio.

Ante la sospecha de una infección peligrosa, las autoridades activaron medidas extraordinarias. Rusia comunicó a la OMS que unas 200 personas habían sido puestas en cuarentena, mientras el hospital donde falleció la trabajadora quedó sometido a restricciones preventivas.

No obstante, Rospotrebnadzor, el organismo ruso de vigilancia sanitaria, sostiene que la empleada murió por una «neumonía de etiología no determinada». También asegura que los análisis no detectaron microorganismos relacionados con su trabajo y que las inspecciones no hallaron accidentes durante la manipulación de patógenos.

Qué revelaron las pruebas

Según la última información divulgada por Rospotrebnadzor, más del 90% de los contactos ya había terminado el seguimiento médico y casi 5.000 análisis no habían identificado microorganismos peligrosos. Tampoco se notificaron alteraciones de salud vinculadas a una infección grave entre esas personas.

En una fase anterior del operativo se detectaron dos casos de COVID-19 y dos infecciones por rinovirus entre los contactos, pero ningún otro agente infeccioso. Estos resultados respaldan la idea de que, por ahora, no existe una cadena conocida de transmisión de peste.

Aun así, queda pendiente la cuestión principal: qué provocó exactamente la neumonía mortal. La OMS ha solicitado conocer qué pruebas se realizaron, qué patógenos fueron analizados y por qué se adoptaron medidas sanitarias tan amplias. También ha pedido verificar las informaciones sobre una supuesta segunda empleada con neumonía de origen desconocido.

Qué es la peste neumónica

La peste es una infección causada por la bacteria Yersinia pestis, presente normalmente en pequeños mamíferos y sus pulgas. Su forma neumónica afecta a los pulmones y puede transmitirse mediante gotículas respiratorias expulsadas por una persona enferma, especialmente durante un contacto cercano.

Se trata de una enfermedad grave, ya que sin tratamiento puede avanzar rápidamente y resultar mortal. Sin embargo, los antibióticos y la atención de apoyo son eficaces cuando el diagnóstico y el tratamiento llegan a tiempo. La respuesta sanitaria incluye aislar a los pacientes, localizar a sus contactos y administrar profilaxis antibiótica cuando corresponde.

Cuál es el riesgo actual

Con los datos conocidos, no hay señales de una amenaza sanitaria extendida dentro o fuera de Rusia. El ECDC mantiene la vigilancia, pero explica la ausencia de casos secundarios. Por su parte, las autoridades rusas afirman que no existe riesgo epidémico para la población de Irkutsk.

Ahora bien, la OMS reconoce que no puede completar su evaluación mientras falte información clínica y de laboratorio. En consecuencia, el escenario exige gran prudencia en dos direcciones. En primer lugar, evitar el alarmismo sobre una epidemia no demostrada y, al mismo tiempo, reclamar datos completos y transparentes que permitan cerrar la investigación.

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Por ahora, la formulación más rigurosa es que Rusia investiga una muerte por neumonía de origen desconocido en un instituto antipeste y que no hay un brote de peste neumónica confirmado. La evolución de los contactos y la publicación de los resultados definitivos determinarán si la alerta queda en un episodio aislado o requiere una respuesta diferente.

Estados Unidos abandona Erbil: consecuencias para Irak y Oriente Medio

EE. UU. abandona oficialmente Irak. El pasado 30 de septiembre concluyó la Operación Resolución Inherente, lanzada en coalición en 2014 contra el Daesh en Irak y Siria, que retomaba una presencia iniciada en 2003 y pausada desde 2011. En este artículo, Miguel Á. Melián Negrín analiza si Bagdad logrará convertirse en un contrapeso real a Teherán.

Sin embargo, la retirada trasciende lo militar. El abandono de la base de Erbil marca un punto de inflexión en un entorno profundamente inestable y complejo, y plantea más preguntas que respuestas. Para EE.UU., esta decisión, avalada por las dos últimas administraciones, cristaliza un modelo de relación con la región basado en el pragmatismo estratégico. Para Irak, supone la oportunidad de medir su soberanía, su estabilidad y sus opciones reales de desarrollo en un momento clave para el equilibrio de poder regional, con más actores en juego con el foco puesto en Bagdad.

¿Qué se juega Irak en este contexto?

Irak vive un momento de profunda división reafirmado por las elecciones de noviembre de 2025. La influencia de los kurdos y de las milicias chiíes sigue dificultando el consenso y, por ende, la conformación de un gobierno representativo. La estabilidad política pende de un hilo, aunque ningún actor desea un estallido de violencia civil que complicaría aún más el contexto. Así, la tensión es palpable mientras cada facción de la élite iraquí defiende sus intereses ante el vacío estratégico que deja EE.UU.

Comprender este vacío es esencial, ya que el repliegue estadounidense puede ser un arma de doble filo. Por un lado, las autoridades iraquíes podrían aprovecharlo para impulsar su soberanía y su desarrollo bajo la máxima securitaria, es decir, construir pilares de seguridad sólidos que cimienten el resto. Por otro lado, este vacío se posiciona en el foco de otras potencias regionales, principalmente Irán y Turquía.

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Para Irán, el teatro iraquí es especialmente importante. Irak es una pieza fundamental del eje de resistencia y del sistema de defensa mosaico iraní, y Teherán apoya a las milicias chiíes para alcanzar sus objetivos y desestabilizar el país. Asimismo, ejerce presión mediante sus lazos comerciales y energéticos —es el primer socio comercial y suministrador de gas natural—, y este vacío puede ser una ventana de oportunidad para ampliar su poder en el país vecino. Un objetivo perseguido desde el fin de la guerra entre ambos en 1988.

Turquía también tiene puesto el foco en el país. Coincidiendo con la retirada estadounidense, Ankara firmó un importante acuerdo bilateral de seguridad para incrementar su influencia a través del poder blando, un modelo que Erdogan ya aplica en Siria y busca replicar en Irak para afianzar su rol como potencia regional, tanto en términos religiosos como geopolíticos. Este enfoque parece que cuenta con el respaldo de Washington —que ya mantiene cierta complacencia similar en Siria—, mientras Turquía intenta estabilizar su relación con los kurdos y defender los intereses que comparte con los estadounidenses.

Estados Unidos se repliega, no abandona

Para la potencia hegemónica, este movimiento tiene un significado más profundo. En un contexto de desestabilización máxima y regionalización del conflicto con Irán, EE.UU. remodela su aproximación al cuestionarse su capacidad para proteger a sus aliados regionales. El enfoque estratégico que refleja esta retirada descansa en una reconfiguración de su visión exterior que busca desentenderse de la intervención —y presencia— directa en el desarrollo de los países para aplicar una aproximación más pragmática de sus intereses nacionales y de seguridad en la región para centrarse en su esfera de influencia más inmediata. 

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La operación, que finaliza en Irak pero no para Siria, se traspasa a Jordania para seguir controlando la acción terrorista en un momento crítico para la estabilidad del gobierno sirio de Al-Shaara, un actor que cristaliza el pragmatismo estadounidense. En este sentido, la retirada física estadounidense no implica la no colaboración estadounidense-iraquí. Washington seguirá siendo determinante en el futuro iraquí. Tanto es así que seguirá controlando gran parte de los ingresos por ventas de petróleo iraquí —a través de la Reserva Federal de Nueva York y que representan el 90% del presupuesto anual de Bagdad— y siendo el principal suministrador de inteligencia, ya sea para la lucha antiterrorista como para reducir la influencia de las milicias chiíes. Por lo que EE.UU. no se desentenderá de sus intereses en Irak, sino que lo hará de su intervención directa en el desarrollo del país.

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Un tablero en recomposición

El teatro iraquí seguirá siendo fundamental para el equilibrio regional. La salida estadounidense abre varios frentes geopolíticos a vigilar: la pugna entre Irán y Turquía por ocupar el vacío; la capacidad de las milicias chiíes para condicionar la gobernabilidad y la evolución del Daesh en la frontera con Siria. Al mismo tiempo, la decisión de Washington refuerza la idea de un repliegue estratégico, no de un abandono. EE.UU. profundiza en su interés por tener presencia en la región conforme a sus intereses nacionales, con menor exposición a los riesgos y apoyándose en acuerdos bilaterales de seguridad. Con todo, la cuestión más importante es si Irak será capaz de impulsar su soberanía hasta convertirse, además, en un contrapoder a Irán.

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Tres indicadores para medir el cambio de rumbo del sistema eléctrico dominicano

República Dominicana ha conseguido atraer inversión para aumentar su generación renovable. La siguiente prueba será demostrar que el sistema puede integrar, transportar y entregar esa energía de forma eficiente. En este artículo, Ingrid Amador, alumna del Máster Profesional de Analista Estratégico y Prospectivo de LISA Institute, y Raykel Sánchez analizan por qué el cuello de botella del sistema eléctrico dominicano ya no está en la generación, sino en la red, las pérdidas de distribución y el curtailment.

República Dominicana se encuentra ante una paradoja cada vez más relevante para su sistema eléctrico. Mientras la inversión continúa aumentando la capacidad de generación, las restricciones que determinan cuánto de esa energía puede ser integrada, transportada y entregada adquieren una importancia creciente. Durante años, una de las principales preocupaciones estuvo asociada a la necesidad de incorporar nueva capacidad para atender una demanda en expansión. Ahora, a medida que llegan nuevos proyectos y aumenta el peso de las energías renovables, la cuestión empieza a desplazarse hacia los eslabones que conectan esa generación con el consumidor.

La inversión ya llegó; ahora comienza la segunda prueba

La evolución de la inversión europea ayuda a explicar este cambio. ACCIONA Energía puso en operación en 2025 Cotoperí Solar, un complejo de 162,6 MWp en La Romana, y mantiene una participación del 51 % en el proyecto. La compañía ya había desarrollado Calabaza I, de 58 MWp, y su documentación de financiación sostenible registra 100 millones de dólares para Cotoperí y 57 millones para Pedro Corto, de 82,7 MWp.

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Akuo ofrece otro ejemplo. Su planta solar Matrisol, de 53 MW, cuenta con un contrato de compraventa de electricidad a largo plazo con Cervecería Nacional Dominicana que contribuyó a garantizar la viabilidad económica del proyecto. TotalEnergies, por su parte, adquirió en julio de 2025 el 50 % del portafolio renovable de AES Dominicana, con más de 1 GW de proyectos solares, eólicos y de almacenamiento. De ese volumen, 410 MW estaban operativos o en construcción y más de 500 MW se encontraban en desarrollo.

La sucesión de estas operaciones muestra que República Dominicana ha conseguido crear mecanismos capaces de atraer capital hacia la generación. Existen recursos renovables, demanda eléctrica, contratos de largo plazo y estructuras financieras capaces de sostener inversiones de escala. Pero ese éxito está provocando un aumento rápido de la generación solar y eólica. Por consiguiente, el valor de una nueva planta depende también de la capacidad del sistema para absorber y transportar la electricidad producida.

El curtailment, que describe la reducción o limitación de generación disponible que no puede ser inyectada al sistema, constituye una señal de este cambio. Un estudio sectorial de AABI estimó que en 2025 se dejaron de aprovechar 189.057 MWh de energía renovable no convencional por restricciones técnicas, con un impacto económico estimado en unos 30 millones de dólares. Esta cifra, al no proceder de una publicación del Organismo Coordinador, debe considerarse una estimación sectorial y no un dato oficial del operador del sistema.

La importancia del fenómeno no reside únicamente en la energía que deja de aprovecharse. Una planta puede estar construida, disponer del recurso necesario y tener un contrato de venta de electricidad, pero su rentabilidad depende también de que la red pueda recibir y transportar la energía producida. Transmisión, almacenamiento, flexibilidad y gestión de la red dejan así de ser cuestiones exclusivamente técnicas para convertirse en variables que afectan a la economía de los nuevos proyectos.

El cuello de botella ya no está solo en la generación

La generación constituye solo el primer eslabón de una cadena que incluye transmisión, distribución y comercialización. Para que un megavatio instalado se traduzca en servicio eléctrico efectivo, debe poder transportarse, distribuirse, facturarse y cobrarse. La diferencia entre capacidad instalada y capacidad efectiva de servicio adquiere especial relevancia en un sistema que, al mismo tiempo que incorpora nueva generación, continúa enfrentando desafíos en distribución y comercialización.

Los datos oficiales muestran que la electricidad inyectada al SENI continúa creciendo. Entre enero y mayo de 2026 se inyectaron 9.393,4 GWh, 287 GWh más que en el mismo período del año anterior. El Ministerio de Energía y Minas publica estos datos junto con indicadores de generación, transmisión, distribución y desempeño económico del sector.

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El aumento de la energía inyectada, sin embargo, no permite por sí solo determinar si el sistema mejora en eficiencia o calidad de servicio. Para ello es necesario observar qué ocurre después de la generación. Las pérdidas de las distribuidoras constituyen una variable especialmente relevante porque permiten evaluar el funcionamiento del tramo encargado de llevar la electricidad al consumidor y convertirla en ingresos para el sistema. El Ministerio publica de forma periódica información específica sobre distribución y comercialización de Edenorte, Edesur y Edeeste, incluyendo indicadores operativos, financieros y de calidad del servicio.

La misma lógica se aplica a la infraestructura. Los procesos de contratación muestran la existencia de decisiones de inversión, pero solo su ejecución puede modificar las condiciones físicas del sistema. La información recopilada para este análisis identificó 30 procesos relacionados con necesidades del sistema durante 2025 y 2026, de los cuales al menos 23 habían sido adjudicados, aunque una parte importante todavía no había iniciado su ejecución; el conjunto de las licitaciones alcanzaba 15.897 millones de pesos dominicanos, aproximadamente unos 271 millones de dólares.

En un sistema sometido simultáneamente a crecimiento de demanda, incorporación de renovables y necesidad de modernización de redes, el tiempo entre la decisión de inversión y la entrada en funcionamiento de la infraestructura puede determinar la capacidad del sistema para acompañar el crecimiento de la generación.

Tres señales para saber si el sistema está cambiando

De esta evolución pueden extraerse tres variables especialmente útiles para observar si el sistema está entrando en una nueva etapa. La primera es la ejecución real frente a la adjudicación. No es cuando se anuncia, sino cuando comienza efectivamente a construirse, con qué ritmo y cuándo entra en operación. Una mejora sostenida mostraría que las decisiones de inversión se están traduciendo en activos capaces de modificar las condiciones físicas del sistema.

La segunda es la evolución de las pérdidas de las distribuidoras. Una reducción sostenida de las pérdidas técnicas y comerciales mostraría una mejora en la capacidad para transformar electricidad suministrada en electricidad comercializada y cobrada. Si, por el contrario, las pérdidas permanecen elevadas mientras aumenta la generación, el crecimiento de la capacidad instalada tendría un efecto limitado sobre la sostenibilidad económica del sistema.

La tercera es el curtailment mensual de energía renovable. Si la capacidad renovable aumenta y el volumen de energía restringida permanece estable o disminuye, ello sería compatible con una mejora de la capacidad de transmisión, almacenamiento y gestión de la red. Si aumenta de forma persistente junto con la capacidad instalada, la generación estaría creciendo con mayor rapidez  que la capacidad de integración del sistema.

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La relevancia del curtailment no es exclusivamente técnica. Para un proyecto renovable respaldado por un PPA, la posibilidad de entregar la energía contratada forma parte de su estructura económica. Las restricciones de red pueden afectar a los ingresos esperados y convertirse en una variable relevante para la financiación de nuevos proyectos. La experiencia de Matrisol muestra el papel que puede desempeñar un PPA en la viabilidad de una planta, mientras que la incorporación de almacenamiento al portafolio de AES Dominicana refleja la creciente importancia de gestionar la intermitencia.

La utilidad de estos tres indicadores aumenta cuando se observan conjuntamente. Si la ejecución de infraestructura aumenta, las pérdidas disminuyen y el curtailment se mantiene controlado pese al crecimiento renovable, los datos serían compatibles con una mejora de la capacidad de integración del sistema. Si la capacidad instalada continúa creciendo mientras las infraestructuras se retrasan, las pérdidas permanecen elevadas y aumenta la energía que no puede ser absorbida, la expansión de la generación estaría avanzando más deprisa que la capacidad efectiva del sistema.

La próxima prueba será convertir megavatios en servicio

Esta diferencia será especialmente relevante hacia 2030. El Ministerio de Energía y Minas ha proyectado un aumento significativo de la capacidad renovable y de la capacidad de generación necesaria para acompañar el crecimiento de la demanda. En paralelo, sus boletines de generación muestran que el SENI ya contaba con 7.432 MW de capacidad instalada en marzo de 2026, mientras que la disponibilidad promedio del parque se situó en 3.675 MW.

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La primera etapa de la transición energética dominicana ha demostrado que existe capacidad para atraer capital hacia activos de generación. La siguiente puede ampliar el campo de inversión hacia los elementos que permiten integrar esos activos, como la transmisión, almacenamiento, digitalización, modernización de redes y gestión de la demanda. El portafolio de TotalEnergies resulta ilustrativo porque combina generación renovable con almacenamiento para afrontar la intermitencia y mejorar la estabilidad de la red.

El desafío hacia 2030 no consiste en elegir entre aumentar la generación o mejorar la red. La expansión requiere ambas cosas, pero la velocidad relativa de cada una puede determinar el resultado. Un sistema que incorpora generación más rápidamente de lo que desarrolla su capacidad de transmisión, distribución y flexibilidad puede acumular capacidad potencial sin obtener una mejora equivalente en el servicio.

Por el contrario, si la infraestructura avanza al ritmo de la nueva generación, las pérdidas de distribución disminuyen y la red consigue absorber una proporción creciente de la energía renovable disponible, el crecimiento de la capacidad instalada comenzará a traducirse en una mayor capacidad efectiva del sistema.

La cuestión central de la transición eléctrica dominicana está pasando así de la generación a la integración. Los megavatios seguirán siendo una medida necesaria de la expansión, pero ya no serán suficientes para explicar el funcionamiento del sistema. La evolución de la infraestructura ejecutada, de las pérdidas de las distribuidoras y del curtailment permitirá observar si la nueva capacidad está siendo acompañada por las condiciones físicas, financieras e institucionales necesarias para convertirla en servicio.

La señal de cambio de rumbo no estará únicamente en la próxima planta inaugurada ni en el siguiente récord de capacidad renovable. Estará en la capacidad del sistema para hacer que esa energía llegue a donde se necesita, cuando se necesita y en condiciones que permitan sostener la inversión que hizo posible su generación.

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