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Claude Mythos detecta más de 10.000 vulnerabilidades críticas en un mes

Anthropic ha identificado más de 10.000 vulnerabilidades críticas con Claude Mythos Preview, su modelo de IA para ciberseguridad.

Anthropic ha identificado más de 10.000 vulnerabilidades críticas en distintos servicios gracias a Claude Mythos Preview, su modelo de inteligencia artificial especializado en ciberseguridad. La tecnológica ha anunciado además que pondrá algunas de sus herramientas de seguridad a disposición de clientes que cumplan los requisitos necesarios.

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El modelo fue presentado a principios de abril en el marco del Proyecto Glasswing, una iniciativa que reúne a compañías como Amazon Web Services, Apple, Google, Microsoft y Nvidia con el objetivo de proteger «el software más crítico del mundo». Su misión es la de identificar vulnerabilidades de alta gravedad en los principales sistemas operativos y navegadores web. Tras apenas un mes de uso, los resultados superaron las expectativas iniciales.

Resultados por compañía

Entre los socios que han participado en las pruebas, Cloudflare encontró 2.000 errores en sus sistemas críticos, 400 de ellos de alta o crítica gravedad, con una tasa de falsos positivos que la compañía considera «mejor que la de los evaluadores humanos». Por su parte, Mozilla descubrió y corrigió 271 vulnerabilidades en Firefox 150, lo que supone diez veces más fallos que los hallados en Firefox 148 con Claude Opus 4.6. Asimismo, el Instituto de Seguridad de IA del Reino Unido informó de que Mythos Preview es «el primer modelo capaz de resolver de principio a fin sus dos escenarios cibernéticos», basados en situaciones de ciberataques en múltiples etapas.

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El modelo también demostró capacidades más allá del análisis de código. Mythos Preview detectó y previno una transferencia bancaria fraudulenta de 1,5 millones de dólares en uno de los bancos asociados al proyecto, después de que un ciberdelincuente comprometiera la cuenta de correo electrónico de un cliente y realizara llamadas telefónicas fraudulentas. En paralelo, el análisis de 1.000 proyectos de código abierto arrojó un total de 23.019 vulnerabilidades, de las cuales 6.202 eran de gravedad alta o crítica, con un 90,6% de verdaderos positivos entre las evaluadas en detalle.

El reto pendiente: corregir más rápido

Sin embargo, Anthropic ha señalado una brecha entre la «relativa facilidad para encontrar vulnerabilidades» y la dificultad que presentan los proveedores para corregirlas. De media, un error de alta o crítica gravedad detectado por Mythos Preview tarda dos semanas en corregirse. De los 530 errores notificados a responsables de proyectos de código abierto, solo 75 han sido parcheados hasta la fecha. «Superar este desafío con éxito hará que nuestro software sea mucho más seguro», ha sentenciado la compañía.

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Ante esta situación, Anthropic ha lanzado Claude Security en versión beta pública para usuarios de Claude Enterprise, una herramienta que analiza bases de código en busca de vulnerabilidades y genera propuestas de solución. No obstante, Mythos Preview seguirá sin estar disponible para el público general, ya que, según la propia empresa, ninguna compañía ha desarrollado medidas de seguridad «lo suficientemente sólidas como para evitar el mal uso de dichos modelos y los graves daños que podrían causar». «En un futuro próximo, una vez que hayamos desarrollado las medidas de seguridad mucho más sólidas que necesitamos, esperamos lanzar al público los modelos de la clase Mythos», ha concluido Anthropic.

Cuando el miedo sustituye al voto: inseguridad, crimen organizado y democracia en Perú

El avance del crimen organizado y la expansión del miedo cotidiano empiezan a alterar la forma en que miles de ciudadanos peruanos viven, desconfían y afrontan incluso los procesos electorales. Thais Armengol alumna del Máster Profesional de Analista de Inteligencia, analiza cómo la inseguridad está transformando la relación entre ciudadanía, democracia y percepción del Estado en Perú.

El constitucionalista Martín Polo Cueva lleva años reflexionando sobre democracia deliberativa y desgaste institucional. Luis Alberto Toribio, especialista en homicidios, sicariato e inteligencia penitenciaria, conoce el problema desde investigaciones criminales.

Sus recorridos son distintos, pero ambos coinciden en una idea incómoda: el miedo ya no permanece únicamente en la calle. Empieza también a instalarse en la relación entre ciudadanía y democracia.

El país que aprende a cerrar antes

La erosión democrática rara vez comienza con un gran estruendo. Antes de convertirse en consigna, se vuelve costumbre: una tienda que baja la persiana más temprano, una ruta que deja de tomarse, una denuncia que no se presenta porque denunciar también puede ser una forma de exponerse. Hay un momento en que la vida pública empieza a encogerse sin que nadie lo anuncie oficialmente, y allí, el miedo deja de ser sólo una emoción privada para convertirse en un principio de organización social. 

Polo Cueva llega a ese diagnóstico por una vía que podría parecer lejana y, sin embargo, termina siendo íntimamente peruana. «Cuando me llegaron tus preguntas, se me ha hecho necesario retomar la lectura de Habermas y Ratzinger, y su interesante debate sobre la democracia delibetariva. De igual modo, volver a escuchar la última entrevista de José Mujica con BBC Mundo, espero que pueda ayudarte», señala el constitucionalista.

No habla desde una abstracción ornamental. Vuelve a esa conversación intelectual porque necesita nombrar un problema que ya no cabe en el lenguaje habitual del debate público: qué ocurre con el ciudadano cuando el miedo entra en su cálculo político, qué le pasa al voto cuando deja de nacer de la deliberación y empieza a salir de la intemperie.

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Ahí es donde el lenguaje de Toribio baja la discusión a tierra. Lo que en Polo Cueva aparece como quiebra del ciudadano deliberante, en el especialista en homicidios, aparece como un método de control que se aprende, se perfecciona y se administra. “El crimen opera con lógica empresarial”, resume Toribio.

Y remata con una idea que no describe sólo el funcionamiento de las economías criminales, sino también su ambición social: «Controlar el miedo también es controlar territorios». No se trata únicamente de matar, cobrar o amedrentar. Se trata de ordenar la vida alrededor de la amenaza, de enseñar a una comunidad qué puede hacer, qué debe callar y hasta qué punto conviene seguir creyendo en el Estado cuando el Estado parece llegar siempre después.

Cuando la legalidad retrocede

Por eso la pregunta de fondo quizá no sea cuánto delito puede soportar una sociedad, sino qué sucede con su arquitectura moral y política cuando la legalidad empieza a perder terreno en la imaginación cotidiana. En el análisis de Polo Cueva, el problema no se agota en la eficacia policial ni en la gestión del gobierno de turno.

Lo que se daña es algo anterior y más frágil: la disposición del ciudadano a reconocerse parte de una comunidad política que todavía merece confianza. Su formulación es severa y conviene leerla despacio: “Como señala JUAN FERNANDO SEGOVIA, el derecho positivo no puede crear por sí mismo las virtudes cívicas; necesita un sustrato ético prepolítico que la inseguridad erosiona”. Esa frase explica por qué un país puede conservar leyes, instituciones y procedimientos formales, y aun así empezar a vaciarse por dentro. 

Toribio nombra el mismo proceso con un vocabulario más descarnado. “El miedo termina reemplazando a la legalidad”, dice. La frase impresiona porque no exagera: describe el instante en que la norma deja de ser la referencia efectiva de la vida común y cede su lugar a otra pedagogía, la del cálculo, el silencio, la obediencia preventiva. Cuando eso ocurre, la ciudadanía pierde también una cierta idea de pertenencia. Deja de esperar justicia y empieza a conformarse con sobrevivir. 

El voto reactivo

Cuando esa lección se traslada al terreno electoral, la democracia entra en una zona de peligro menos visible que el autoritarismo declarado: la del voto defensivo. Polo Cueva lo formula sin rodeos: “La desesperación lleva a votar «contra» algo, no «a favor» de un proyecto”. Lo que aquí se quiebra es la premisa misma de la deliberación: la idea de que el ciudadano llega a la política como sujeto libre y no como rehén de una amenaza.

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Ese desplazamiento ayuda a entender por qué el voto puede ir perdiendo densidad cívica sin dejar de ser formalmente libre. El ciudadano sigue entrando a la cabina; lo que cambia es la sustancia de su decisión. Polo Cueva lo lleva más lejos todavía cuando advierte: “Así, el ciudadano peruano no vota racionalmente por propuestas de gobierno, sino reactivamente por quien prometa orden inmediato o apelando a la memoria”. Lo que en otras circunstancias sería una discusión sobre programas, aquí se reduce con facilidad a una sola promesa: que alguien devuelva, de cualquier manera, una sensación elemental de orden. 

Y allí Toribio vuelve a aterrizar la teoría con una precisión áspera. Si el crimen “opera con lógica empresarial”, entonces la demanda de orden no surge de una abstracción ideológica, sino de una experiencia cotidiana de sometimiento. El ciudadano no imagina el desorden: lo vive. Lo huele en la extorsión, lo intuye en la amenaza. Por eso la deriva puede ser tan peligrosa. No porque la gente desee menos democracia en el plano declarativo, sino porque una parte de la sociedad empieza a aceptar que ciertas garantías estorben si a cambio alguien promete eficacia inmediata. 

La esperanza como último dique

Frente a ese paisaje, Polo Cueva insiste en una palabra que puede sonar frágil: esperanza. No una esperanza vacía, sentimental, sino una que vuelva verosímil la idea de que la democracia aún puede producir cambio. “La democracia, dice citando a Churchill, es «la mejor porquería que hemos inventado» precisamente porque asegura una fórmula para cambiar al gobierno”. La fuerza de esa cita está en que no idealiza la democracia; la defiende precisamente porque la considera imperfecta. 

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Toribio no habla de esperanza en esos términos, pero su diagnóstico la vuelve imprescindible por otra vía. Si las organizaciones criminales se adaptan antes que el Estado, si logran instalar otra legalidad de facto, entonces la reconstrucción democrática tendrá que ser también una reconstrucción de presencia. No bastará con condenar moralmente la violencia. Habrá que volver creíble la idea de que la ley todavía puede llegar antes que la amenaza; que la ciudadanía no está condenada a elegir entre el abandono y la fuerza desnuda.

Hay, en ese cruce entre ambos lenguajes, una idea que termina imponiéndose con gravedad: la inseguridad no sólo mata, empobrece o disciplina; también educa políticamente, y casi siempre en la peor dirección. Enseña a desconfiar, a replegarse.

Por eso la advertencia de Polo Cueva suena urgente: “La lección de Mujica es clara: la democracia no sobrevive sin esperanza, y la esperanza no florece donde el miedo decide y la política se ha rendido ante el mercado”. En un país donde el crimen organizado disputa territorio, tiempo y obediencia, la pregunta democrática más seria no es quién gana una elección, sino qué tipo de ciudadano llega a ella después de haber vivido demasiado tiempo bajo la pedagogía del miedo.

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Bolivia en llamas: bloqueos, muertos y la exigencia de renuncia que sacude al presidente Rodrigo Paz

Una crisis que empezó con demandas salariales ha derivado en la mayor convulsión social del país en años, con carreteras cortadas, desabastecimiento y el diálogo roto.

Bolivia atraviesa uno de los momentos más graves de su historia reciente. Desde principios de mayo de 2026, el país andino vive una escalada de protestas que ha paralizado sus principales arterias viales, generado escasez de alimentos y medicamentos, y puesto en jaque al presidente Rodrigo Paz Pereira, quien lleva apenas seis meses en el poder. Lo que comenzó como un pliego de demandas económicas se ha transformado en un grito colectivo, la dimisión del presidente.

¿Cómo empezaron las protestas en Bolivia en 2026?

Las movilizaciones fueron convocadas inicialmente por la Central Obrera Boliviana (COB) y otros sectores sindicales y campesinos con demandas de carácter económico y sectorial, entre ellas el incremento salarial del 20%, mejoras en el abastecimiento de combustible y la derogación de la Ley 1720.

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Sin embargo, el descontento venía gestándose desde antes. El deterioro acelerado del gobierno comenzó tras algunos problemas concretos de gestión económica. Aunque gran parte de la población aceptó el aumento del precio de los combustibles y el retiro parcial de los subsidios, el verdadero golpe político fue la crisis por la llamada «gasolina basura», donde la venta de combustible en mal estado generó una profunda desazón en los bolivianos, que además terminaron pagando más por un producto que dañó sus vehículos y motores.

Quiénes protestan y qué exigen

Desde inicios de mayo de 2026, varios sectores se han levantado contra el Gobierno de Paz. Obreros, campesinos, maestros de escuela, indígenas y transportistas exigen aumentos salariales, estabilización de la economía, la no privatización de empresas e incluso la renuncia del presidente.

A este frente amplio se sumaron, además, los seguidores del expresidente Evo Morales. La denominada Marcha por la Vida para salvar Bolivia aglutina a sectores campesinos, indígenas y obreros leales a Morales que se oponen a las medidas económicas de Paz. La marcha partió desde la población de Caracollo, en el departamento de Oruro, a 188 kilómetros al sur de La Paz.

Por su parte, el líder de la COB, Mario Argollo, declaró a la agencia AFP: «Salgamos a las calles a protestar porque lastimosamente el gobierno central no va a entender de otra manera». Aunque Paz logró acuerdos parciales con obreros de El Alto y maestros urbanos, la COB y los cocaleros aliados del exmandatario rechazaron cualquier negociación que no incluyera la renuncia.

El impacto humanitario y económico de los bloqueos

Las consecuencias sobre la población civil son, sin duda, las más alarmantes. Tras dos semanas de cierre de rutas se han vaciado los mercados de La Paz y agotado las reservas vitales de oxígeno hospitalario. El gobierno informó que al menos tres personas murieron después de que los vehículos de emergencia no pudieran llegar a los centros médicos.

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En términos económicos, este sector reporta pérdidas diarias que superan los 720.000 dólares, una cifra que se suma a los 150 millones de bolivianos que el sector turístico ha dejado de percibir desde el inicio de las medidas de presión. Asimismo, la situación se agravó aún más cuando Argentina envió un avión con abastecimiento de alimentos, a petición del propio Gobierno boliviano.

La respuesta del Gobierno y el diálogo roto

Ante el avance de las protestas, el Ejecutivo desplegó un importante operativo de seguridad. Desde la madrugada del 16 de mayo, más de 3.500 policías y militares intentaron dispersar las manifestaciones, con al menos 57 personas detenidas en ese operativo. Además, la Fiscalía boliviana confirmó una orden de aprehensión contra el líder de la COB, Mario Argollo, acusado de instigación pública a delinquir y terrorismo.

No obstante, las medidas de fuerza no lograron calmar los ánimos. El jueves 21 de mayo, el diálogo entre las agrupaciones sociales y el gobierno quedó definitivamente roto, después de que las organizaciones denunciaran que el Ejecutivo no atendió sus demandas. En respuesta, volvieron a marchar hacia el centro de La Paz para exigir la renuncia del presidente. Como gesto de apertura, Rodrigo Paz anunció cambios en su gabinete, aunque por el momento no han bastado para frenar la presión de la calle.

¿Qué viene ahora para Bolivia?

Bolivia se encuentra en una encrucijada histórica. Con decenas de piquetes activos en todo el país, la mayoría concentrados en el departamento de La Paz, y con los campesinos de la Federación Túpac Katari manteniendo «bloqueos indefinidos», la salida a la crisis no parece cercana. El presidente Paz, que puso fin a casi veinte años de gobiernos de izquierda en Bolivia, enfrenta ahora la prueba más dura de su mandato, la de reconducir el diálogo o arriesgarse a una crisis de gobernabilidad sin precedentes en su breve etapa al frente del país.

El Gran Marruecos: ¿utopía o realidad?

La ideología del Gran Marruecos sigue marcando parte de la política exterior marroquí y mantiene abiertos varios focos de tensión en el norte de África. En este artículo se analiza cómo las reivindicaciones sobre Ceuta, Melilla o el Sáhara Occidental reflejan una estrategia geopolítica basada en presión diplomática, ambición territorial y alianzas internacionales.

La Unión Europea, organización supranacional en la que se integra España además de 26 países vecinos y aliados en 2026, posee sus fronteras exteriores en el sur más allá del mar Mediterráneo. Son las ciudades autónomas españolas de Ceuta y Melilla las que, desde el continente africano, materializan el límite entre la UE y África, más concretamente con el Reino de Marruecos. 

Estas ciudades, cuyo estatus legal es incuestionable debido a la plena soberanía del Reino de España sobre las mismas es, sin embargo, puesta en duda por la administración marroquí. Los postulados irredentistas son los que han caracterizado la política exterior de la dinastía alauita desde bien entrado el siglo XX y que han sido empleados como catalizador de las aspiraciones nacionalistas del país magrebí.

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Enmarcados en esta línea, han cuestionado abiertamente las plazas de soberanía española en el continente africano y, en ocasiones, el archipiélago canario. Todos estos movimientos de presión se enmarcan dentro de la ideología del Gran Marruecos.

¿Qué persigue la ideología del Gran Marruecos?

Esta ideología tiene sus primeros esbozos a mediados del siglo XX de la mano del teórico Allal El Fasi, aunque es puesta en práctica a través de acciones reales, más allá de las meras reivindicaciones verbales, tan pronto como nace el Estado moderno marroquí en 1956. 

Bandera de Marruecos. Autor: A. H. (Pexels)

Todos los monarcas alauitas, desde Mohamed V en cuanto se independizó Marruecos en el año 1956 pasando por Hassan II hasta llegar, en la actualidad, al propio Mohamed VI, han sido capaces de mantener una continuidad real y efectiva en lo que al expansionismo territorial de su país se refiere.

En el marco de esta ideología que combina elementos nacionalistas y religiosos suníes al objeto de justificar una ampliación de las fronteras propias a costa de las ajenas, Marruecos reivindica una serie de tierras que hoy no le pertenecen. Sin embargo, como ha demostrado la historia reciente a través de acciones como la Marcha Verde en 1975, estos territorios pueden pasar más pronto que tarde a ser administrados por la administración marroquí.

La ideología del Gran Marruecos tiene como fin último ampliar las fronteras del reino alauita reivindicando territorios como el Sáhara Occidental, partes de Argelia y las ciudades españolas de Ceuta y Melilla. En ocasiones incluso se llega a cuestionar veladamente la soberanía española sobre las Canarias.

A pesar de haber tenido esta política algún fracaso en su palmarés como la reacción firme y decidida de recuperar el islote de Perejil por parte del gobierno de Aznar tras la invasión por parte de gendarmes marroquíes de este pequeño territorio español en julio de 2002, resulta de interés ahondar en la osadía y perspicacia de la diplomacia marroquí.

Esta ha dado sus frutos en diversas ocasiones como demuestran estrategias de presión como la de la silla vacía en la Unión Africana como respuesta a la presencia de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) o las políticas de acercamiento a Israel, poco ortodoxas entre los países musulmanes. Esta última apuesta ha conseguido dotar a Marruecos de sistemas de armamentos que, sumados a los suministrados por los norteamericanos, coexisten en perfecta sincronía con estos y superan técnica y numéricamente a aquellos operados por sus adversarios: Argelia y el Frente Polisario.

Además, Marruecos puede llegar a ser el principal adversario potencial estratégico de España, nación con la que está recortando cada vez más la brecha tecnológica y militar. Esto queda patente con el empleo del software espía israelí Pegasus o la adquisición de artillería de misiles de largo alcance tipo HIMARS, aún gestionándose, o aeronaves de quinta generación por encima de las capacidades españolas, como la adquisición de nuevos F-16 block 72 (Viper) y la actualización de los ya existentes a esta nueva variante. 

Ejercicios militares anuales African Lion, organizados por Estados Unidos con la participación de, entre otros, Marruecos (foto del U.S Department of Defense).

La táctica internacional: el quid pro quo

Marruecos ha sido capaz de sacar un gran partido a su relación especial con los Estados Unidos de América. Esto se debe a que fue uno de los primeros países (sultanato en aquel entonces) en reconocer a los recién creados EE.UU. Esto no fue a través de una declaración de reconocimiento directa sino que se hizo por medio de la autorización de acceso a los puertos marroquíes a los navíos de bandera estadounidense.

Esta narrativa de haber sido «el primer país en reconocer la independencia de los EE.UU» le ha granjeado un estatus privilegiado en sus relaciones con el gigante transatlántico desde el comienzo, lo que ha derivado en el posicionamiento de Marruecos como socio preferente en África para los norteamericanos tanto en materia comercial como militar. Esto se debe a una serie de factores entre los que destacan la inmejorable posición geográfica para la proyección estadounidense, la estabilidad política, la moderación religiosa, el aperturismo y el supuesto rechazo y lucha contra las organizaciones terroristas salafistas como Al-Qaeda en la región.

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La instrumentalización de la inmigración ilegal como arma de presión a España y a la Unión Europea no afecta a los intereses de Estados Unidos en la zona, por lo que es tolerable para la administración norteamericana.

El arquitecto de los mayores avances en la política exterior actual de Marruecos ha sido el ministro de exteriores Nasser Bourita, figura que ha encabezado el la normalización de las relaciones de Marruecos con el Estado de Israel a través de su adhesión a los Acuerdos de Abraham. Esta sinergia derivó asimismo en el reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, contraviniendo de esta manera las resoluciones de la ONU al respecto al considerarlo territorio no autónomo pendiente de descolonización.

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El tráfico de bots supera al humano en Internet y dispara los ataques impulsados por IA

El 53% del tráfico en Internet ya es automatizado. El informe Bad Bot 2026 revela el auge de los ataques con inteligencia artificial, que ponen en riesgo la seguridad digital, especialmente en APIs y servicios financieros.

El tráfico automatizado ya supera al humano en Internet y redefine el funcionamiento de la red. Según el informe Bad Bot 2026 de Thales, el 53 por ciento del tráfico global ya no es humano, frente al 47 por ciento de actividad humana. Además, el 40 por ciento del tráfico automatizado corresponde a ‘bots’ maliciosos, lo que implica que una parte significativa de las interacciones digitales responde a intenciones adversas. En este contexto, la compañía asegura haber bloqueado 17,2 billones de peticiones de ‘bots’, reflejo de la magnitud del fenómeno.

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El informe identifica tres transformaciones clave: el predominio de la automatización, la aparición de agentes de IA como nueva categoría de tráfico y el aumento de ataques dirigidos a APIs y sistemas de identidad. De hecho, en 2025 los ataques de ‘bots’ impulsados por IA se multiplicaron por 12,5, pasando de 2 millones a 25 millones. Por primera vez, estos agentes de IA se sitúan como la tercera categoría de tráfico automatizado, interactuando directamente con aplicaciones y APIs en nombre de usuarios reales para ejecutar tareas o extraer datos.

Las APIs, en el centro de los ataques

En paralelo, las APIs se consolidan como objetivo prioritario para los atacantes. El 27 por ciento de los ataques de ‘bots’ ya se dirigen a estas interfaces, esenciales en la conexión entre aplicaciones y servidores. A diferencia de los métodos tradicionales de detección, los nuevos ataques impulsados por IA evitan generar anomalías, utilizando autenticaciones válidas y solicitudes aparentemente legítimas. Esto dificulta su identificación y aumenta su eficacia, especialmente en sectores críticos como el financiero, que concentra el 24 por ciento de los ataques y el 46 por ciento de los incidentes.

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El director regional de Ventas para Iberia en Thales Cybersecurity Products, Eutimio Fernández, advierte que «estamos ante una transformación profunda del panorama de amenazas. La IA no está inventando nuevos tipos de ataques, sino potenciando los existentes a una velocidad y escala que los controles tradicionales no pueden absorber». Además, el informe señala que el fraude en cuentas de usuario creció un 70 por ciento interanual y alerta sobre el auge de agentes de IA que no se identifican como tales, con un 85 por ciento del tráfico asociado a ‘crawlers’ y un 15 por ciento a ‘fetchers’, algunos de los cuales ya activan mecanismos de detección de actividad maliciosa.

Masterclass | Geopolítica iberoamericana en tiempos de gran complejidad

Geopolítica iberoamericana en tiempos de gran complejidad

Masterclass organizada por LISA Institute

Quién participa

 👤Lorena Oyarzún Serrano, profesora asociada y directora de la Escuela de Gobierno y Gestión Pública de la Facultad de Gobierno de la Universidad de Chile.

En el ámbito profesional es profesora asociada y directora de la Escuela de Gobierno y Gestión Pública de la Facultad de Gobierno de la Universidad de Chile. Trayectoria consolidada en el estudio de la política internacional, con especialización en regionalismo, política exterior de Chile, migraciones internacionales y relaciones entre la Unión Europea y América Latina. Ha publicado en editoriales y revistas académicas de referencia (Oxford Research Encyclopedia, Routledge, Palgrave Macmillan, Springer, Latin American Policy, Colombia Internacional y Foreign Affairs Latinoamérica) y ha sido investigadora visitante en Sciences Po, Universidad Complutense de Madrid y FLACSO-Ecuador.

En lo académico es doctora en Relaciones Internacionales por la Universidad Autónoma de Barcelona.

👤 Guillermo Gándara Fierro, Director Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Prospectiva.

  • A nivel profesional, Director Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Prospectiva. Es profesor, investigador y consultor experto en metodologías para el estudio de futuros. Director ejecutivo de la Red Iberoamericana de Prospectiva (RIBER) y Presidente del Nodo Mexicano – The Millennium Project A. C. Miembro de consejos directivos del Millennium Project y de la Red Mexicana de Futuros; miembro fundador de RIBER y de la Red Mexicana de Futuros. Integra redes y asociaciones especializadas como The Millennium Project, World Future Studies Federation, World Future Society Capítulo Mexicano o Constelación de Futuristas TEC, entre otras. Aporta 35 años de experiencia trabajando con sociedad civil, gobiernos y empresas en diseño y construcción de futuros. Ha sido profesor titular del Tecnológico de Monterrey durante 25 años y profesor invitado en diversas instituciones internacionales, incluyendo LISA Institute. Dirigió la Maestría en Prospectiva Estratégica del Tecnológico de Monterrey (2007–2012).
  • A nivel académico, es doctor en Economía. Maestro en Economía Regional y Urbana (Universidad Autónoma de Barcelona), Maestro en Economía Aplicada, Maestro en Administración e Ingeniero Industrial (Tecnológico de Monterrey). Reconocimiento al Sentido Humano 2016 y Premios a la Labor Docente y de Investigación (2006 y 2012).

👤 Daniel Villegas (@DanielVillegas). Director general de LISA Institute.

En el ámbito profesional, es fundador y director general de LISA Institute. Es asesor en materia de seguridad, inteligencia y ciberseguridad para diversas empresas e instituciones públicas, tanto en Europa como en América. A su vez, es consultor en proyectos para la OTAN, ONU y Unión Europea. Anteriormente, fue responsable de seguridad y análisis en la Unidad de Seguridad y Protección Civil de Metro de Barcelona.

Académicamente, es licenciado en Criminología (UIC), graduado en Prevención y Seguridad Integral y posgrado superior en Gestión y Derecho de la Seguridad (EPSI), máster en Mundo Árabe e Islámico (UB), máster oficial en Terrorismo (UNIR), máster en Análisis de Inteligencia (UAB), máster en Cybersecurity Management (UPC), CISA y CSX (ISACA).

👤 Jordi Serra, director académico del área de prospectiva y estrategia de LISA Institute.

  • A nivel profesional, es experto en prospectiva, estrategia e inteligencia para múltiples empresas e instituciones públicas. Director académico del área de prospectiva y estrategia de LISA Institute y director del Máster Profesional de Analista Estratégico y Prospectiva de LISA Institute. Deputy Director del Center for Postnormal Policy & Future Studies. Miembro del Comité Editorial Internacional de la revista Futures. Vicepresidente del Chapter Iberoamericano de la World Future Studies Federation.
  • A nivel académico, es licenciado en Derecho (UB). Master of Arts en Ciencia Política (Futuros alternativos) por la Univ. de Hawaii (EEUU). Doctor en comunicación por Blanquerna – Universitat Ramon Llull.

Qué aprenderás en esta masterclass

Vivimos un momento VUCA o postnormal y uno de los ámbitos donde más se nota es en la geopolítica. La fluidez se ha convertido en la norma y nos vemos sumidos en un estado de perplejidad casi permanente ante lo que acontece. La incertidumbre, especialmente en lo relativo a la seguridad, se extiende y la necesidad de poder disponer de previsiones fiables se hace más acuciante.

En este contexto más y más organismos internacionales recurren a la prospectiva en busca de respuestas. En Europa, la Unión Europea busca fortalecer las competencias en prospectiva de sus distintos organismos y, en el ámbito internacional, la OTAN desarrolla programas formativos para sus estados miembros

La masterclass «Geopolítica iberoamericana en tiempos de gran complejidad»  aportará elementos de análisis desde la prospectiva, la estrategia, la geopolítica y la seguridad para enriquecer un debate que es cada vez más necesarios. Por un lado, se explorará la especificidad de Iberoamérica, incluyendo las implicaciones de la errática política exterior americana; por el otro se intentará ver que respuestas se pueden dar desde la prospectiva a los retos que suponen la situación actual

Además, la masterclass servirá para anunciar el acuerdo de colaboración entre LISA Institute y RIBER para la promoción y desarrollo de la prospectiva en Iberoamérica.

Objetivos de aprendizaje

  • Aprenderás a identificar los principales vectores de cambio geopolítico que están reconfigurando el espacio iberoamericano.
  • Desarrollarás criterios para evaluar impactos (políticos, económicos y de seguridad) en escenarios de alta incertidumbre.
  • Comprenderás cómo se entrelazan las dinámicas internas de los países con la competencia entre potencias.
  • Analizarás las relaciones UE–América Latina y su evolución en el nuevo ciclo de rivalidad estratégica global.
  • Interpretarás el papel de las migraciones internacionales como factor geopolítico y de gobernanza.
  • Aplicarás metodologías de prospectiva para construir escenarios plausibles y detectar señales tempranas.
  • Fortalecerás tu capacidad de lectura estratégica para anticipar escenarios a corto y medio plazo.
  • Mejorarás la toma de decisiones mediante preguntas clave, variables críticas e hipótesis de futuro.

Audiencia objetivo

Esta masterclass ha sido confeccionada para aquellos que trabajan o aspiran a trabajar como:

  • Analista de inteligencia y entorno estratégico
  • Analista de geopolítica y relaciones internacionales
  • Consultor/a de riesgo país y riesgo político
  • Responsable de seguridad corporativa y análisis de amenazas
  • Profesional de asuntos públicos, advocacy y relaciones institucionales
  • Responsable de estrategia y desarrollo internacional
  • Investigador/a o docente en estudios internacionales y políticas públicas
  • Profesional de cooperación internacional y proyectos multilaterales
  • Periodista o analista especializado en política internacional Profesional de prospectiva, foresight y planificación estratégica

Además…

La masterclass «Geopolítica iberoamericana en tiempos de gran complejidad»  forma parte de la serie de los más de 35 webinars en directo que LISA Institute y LISA News han organizado este año en el contexto del Máster Profesional de Analista Estratégico y Prospectiva de LISA Institute.

Si no quieres perderte otros eventos y actividades relacionados con la Inteligencia, Internacional, DD HH y Ciberseguridad que van a ocurrir próximamente, pincha aquí.

Negación operativa avanzada: supresión criptográfica del dato, trazabilidad de ciclo de vida y neutralización de recuperación en infraestructuras OTAN

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En este artículo, Rafael Chust explica cómo la seguridad en infraestructuras OTAN ya no depende solo del cifrado, sino también de la capacidad de neutralizar información sensible antes de que pueda ser explotada por actores adversarios.

La protección del dato dentro de la OTAN, la Organización del Tratado del Atlántico Norte, se fundamenta en un conjunto de acuerdos de estandarización conocidos como STANAG, que establecen cómo deben implementarse los mecanismos de seguridad, interoperabilidad y gestión de la información entre las naciones aliadas.

Estos acuerdos no son documentos teóricos, sino normas operativas que determinan cómo debe protegerse la información en reposo, en tránsito y durante todo su ciclo de vida. Las Allied Joint Publications, o AJP, complementan estos acuerdos proporcionando doctrina conjunta para operaciones, comunicaciones y seguridad de la información, especialmente en el ámbito de los CIS, los Communications and Information Systems, y de INFOSEC, la Information Security.

En este marco doctrinal, la protección del dato no es un acto puntual, sino un proceso continuo que comienza en el momento en que la información se genera y termina únicamente cuando se garantiza que ya no puede ser recuperada por ningún actor, autorizado o no.

La criptografía de almacenamiento constituye la primera capa de defensa en este proceso. Su función es transformar la información en un volumen cifrado cuya lectura depende exclusivamente de la clave autorizada. En entornos OTAN se emplea AES, el Advanced Encryption Standard, porque es un estándar internacional robusto, ampliamente auditado y compatible con los requisitos de interoperabilidad definidos en los STANAG y las AJP.

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Para evitar patrones que puedan ser explotados en análisis forense, se utilizan modos de operación como XTS, el XEX-based Tweaked CodeBook mode with ciphertext Stealing, que introduce variaciones dependientes de la posición física del bloque y evita que dos bloques idénticos generen resultados idénticos. Esto reduce la superficie de exposición y dificulta la extracción de información a partir de patrones repetitivos.

Sin embargo, el cifrado por sí solo no garantiza la seguridad. La verdadera fortaleza del sistema reside en la gestión de claves. En infraestructuras OTAN se emplea una jerarquía compuesta por la DEK, la Data Encryption Key, que cifra directamente los datos; la KEK, la Key Encryption Key, que protege a la DEK; y una clave maestra alojada en un HSM, un Hardware Security Module, que es un dispositivo certificado diseñado para custodiar claves criptográficas y ejecutar operaciones sensibles sin exponerlas.

Esta arquitectura permite rotar, revocar o destruir claves sin necesidad de reescribir volúmenes completos, lo que evita que un compromiso parcial se convierta en un fallo sistémico. Además, los HSM utilizados en entornos OTAN deben cumplir requisitos de seguridad definidos en estándares aliados y en certificaciones reconocidas internacionalmente, lo que garantiza que las claves no puedan ser extraídas ni manipuladas.

Los métodos tradicionales de eliminación de datos, como la sobrescritura o el formateo, funcionaban razonablemente bien en discos magnéticos, pero no garantizan la eliminación completa en tecnologías modernas. En los SSD, los mecanismos internos de wear leveling y over‑provisioning impiden asegurar que todos los bloques se sobrescriban, lo que deja restos de información en zonas inaccesibles para el sistema operativo.

En infraestructuras cloud, la ausencia de control físico sobre el hardware hace imposible verificar la destrucción del soporte. Por estas razones, los STANAG que regulan la eliminación segura del dato establecen que estos métodos no son suficientes para garantizar la no recuperabilidad en entornos actuales.

Supresión criptográfica y destrucción de claves 

La supresión criptográfica, definida en los principios de STANAG 4774 y STANAG 4778, es el mecanismo doctrinalmente aceptado para garantizar la neutralización del dato. Su fundamento es sencillo: si los datos están cifrados y se destruye la clave, el contenido queda inutilizable. El procedimiento consiste en identificar la clave asociada al volumen, acceder al HSM que la custodia y ejecutar la orden de borrado seguro conforme a los comandos autorizados. Una vez eliminada la clave, la información se convierte en un conjunto de bits sin valor práctico.

La magnitud del espacio de claves de AES‑256 hace inviable su recuperación por fuerza bruta incluso para actores con capacidades avanzadas. Este enfoque es rápido, verificable y no degrada el hardware, lo que lo convierte en el mecanismo recomendado para infraestructuras críticas, nodos tácticos y entornos cloud.

El borrado seguro constituye el mecanismo esencial que garantiza que un dispositivo perdido, capturado o abandonado no aporte ninguna ventaja operativa al adversario, porque convierte la información almacenada en un elemento criptográficamente inaccesible incluso si el enemigo dispone de capacidades forenses avanzadas.

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La doctrina aliada establece que la negación al adversario es un requisito de misión y que la pérdida de un solo dispositivo puede comprometer información multinacional, por lo que la protección del dato debe asegurar trazabilidad completa del ciclo de vida, destrucción irreversible de las claves y plena interoperabilidad entre naciones.

Cuando el dispositivo incorpora cifrado robusto y el procedimiento de borrado destruye de forma inmediata y verificable las claves que protegen los datos, el contenido permanece matemáticamente irrecuperable: aunque el adversario extraiga chips, clone memorias o intente ingeniería inversa, solo encontrará bloques cifrados sin posibilidad de reconstrucción. 

Esta neutralización del contenido implica también la neutralización de la cadena de explotación, porque el enemigo no puede obtener credenciales, configuraciones, rutas de acceso ni información operativa que le permita replicar o comprometer sistemas aliados.

Para que esta negación sea doctrinalmente válida, la trazabilidad debe registrar quién generó la información, quién la accedió, qué claves la protegían y en qué momento se destruyeron, manteniendo evidencias verificables conforme a los requisitos de auditoría establecidos en las AJP de seguridad CIS, que exigen registros íntegros y mecanismos de supervisión capaces de demostrar que los procedimientos se ejecutaron correctamente. 

El resultado operativo es que la pérdida física del dispositivo deja de constituir una brecha: la información queda neutralizada, el adversario no obtiene inteligencia y la interoperabilidad aliada se mantiene porque todos los actores aplican mecanismos equivalentes de protección, destrucción y verificación.

El catálogo NIAPC: Garantía de interoperabilidad y certificación 

La OTAN mantiene un catálogo oficial denominado NIAPC, el NATO Information Assurance Product Catalogue. Este catálogo existe realmente y recoge productos (hardware, software y soluciones criptográficas) que han sido evaluados y acreditados para su uso en entornos OTAN. El NIAPC incluye información sobre fabricantes aprobados, productos certificados, niveles de acreditación y conformidad con STANAG aplicables.

La existencia de este catálogo permite a las naciones aliadas seleccionar productos que cumplen los requisitos de seguridad y que han sido evaluados conforme a criterios comunes, lo que facilita la interoperabilidad y reduce el riesgo asociado a la adquisición de soluciones no verificadas.

El NIAPC se consulta a través del NIAPC Portal, accesible para personal autorizado de las naciones aliadas. La versión pública del catálogo es NATO UNCLASSIFIED y muestra únicamente productos cuya acreditación no implica información clasificada. La versión completa requiere credenciales OTAN y se utiliza en procesos de adquisición, despliegue y evaluación de seguridad. Para conocer qué fabricantes están incluidos en el catálogo, se debe acceder al portal NIAPC mediante los canales oficiales de la OTAN.

Los productos acreditados aparecen listados por categoría (cifrado, almacenamiento seguro, HSM, comunicaciones seguras, etc.) junto con su estado de certificación y su conformidad con los STANAG correspondientes. Este catálogo no solo identifica productos aprobados, sino que también establece qué soluciones pueden emplearse en infraestructuras clasificadas y bajo qué condiciones.

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La existencia del NIAPC garantiza que los productos utilizados en entornos OTAN han sido sometidos a evaluaciones rigurosas y cumplen los requisitos de seguridad establecidos por la Alianza. Esto es especialmente importante en el ámbito de la criptografía, donde la confianza en los mecanismos de protección depende de la verificación independiente y de la conformidad con estándares reconocidos.

La acreditación de productos no es un proceso permanente; los fabricantes deben mantener sus certificaciones y actualizar sus productos conforme a los cambios en los STANAG y las AJP. Esto asegura que las soluciones empleadas en infraestructuras aliadas se mantengan actualizadas frente a nuevas amenazas y vulnerabilidades.

En conjunto, la criptografía de almacenamiento, la gestión jerárquica de claves, la supresión criptográfica y el uso de productos acreditados en el NIAPC conforman un marco coherente y verificable para garantizar la protección del dato en infraestructuras OTAN.

Este marco no es opcional; es un requisito doctrinal que asegura que la información aliada permanezca protegida durante todo su ciclo de vida y que, cuando sea necesario, pueda ser neutralizada de forma irreversible para impedir su recuperación por parte de actores no autorizados.

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Lo que la Orden de Malta y la Santa Sede revelan sobre el poder en el siglo XXI

La Orden de Malta y la Santa Sede mantienen influencia diplomática global pese a no contar con un territorio soberano propio. En este artículo, el alumno del Máster Profesional de Analista Internacional y Geopolítico de LISA Institute, Álvaro Aguilar del Hierro explica cómo su papel en conflictos y negociaciones internacionales demuestra que el poder en el siglo XXI no depende únicamente de las fronteras.

La Orden Soberana de Malta mantiene relaciones diplomáticas plenas con más de 110 países, emite sus propios pasaportes y despliega operaciones humanitarias en más de 120 países, incluyendo Ucrania y Gaza.

La Santa Sede lo hace con 184 Estados y ocupa un asiento como observadora permanente en las Naciones Unidas. Ambas firman tratados internacionales vinculantes y envían y reciben representantes con pleno rango de embajador. 

Sin embargo, ninguna de las dos posee territorio soberano en sentido estricto. Esta situación, lejos de parecer una curiosidad jurídica, refleja una realidad distinta que reconfigura la concepción de Estado. 

Qué define realmente a un Estado soberano

La referencia habitual cuando se discute qué hace falta para ser un Estado soberano es la Convención de Montevideo de 1933, que fija cuatro condiciones: población permanente, territorio definido, gobierno efectivo y capacidad para relacionarse con otros Estados. Es un marco útil para ordenar el debate, pero no describe la totalidad de lo que ocurre en el sistema internacional. 

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La Orden de Malta y la Santa Sede son los ejemplos más longevos y mejor documentados de entidades que ejercen derechos y asumen obligaciones propias de los Estados sin cumplir, al menos no de forma completa, con ese criterio territorial.

Lo que sostiene su presencia reside en el reconocimiento mutuo. Para ser sujeto de derecho internacional basta con tener derechos y deberes dentro de ese ordenamiento, y ese estatus no lo otorga la geografía, sino la aceptación de los demás actores del sistema. En ese sentido, la soberanía es menos un hecho físico que una atribución colectiva, algo que los Estados deciden conceder o retirar en función de criterios que incluyen la utilidad, la legitimidad histórica y la confianza institucional acumulada.

Dos modelos de soberanía sin territorio

La Orden de Malta se fundó en Jerusalén hacia 1099 con una vocación hospitalaria y militar, y fue durante siglos una potencia soberana reconocida. Tuvo territorio en Rodas y más tarde en la propia isla de Malta, con moneda propia y siendo parte de tratados con las principales potencias europeas. Tras la conquista de Napoleón, la Orden se instaló en Roma y comenzó a abandonar progresivamente su dimensión militar para concentrar toda su actividad en la asistencia humanitaria y médica. 

A día de hoy, sus dos sedes en Roma gozan de extraterritorialidad, el mismo estatus jurídico que una embajada, pero no constituyen territorio soberano. Lo que sostiene su reconocimiento internacional es la soberanía funcional acumulada durante siglos y una red de relaciones diplomáticas que ningún golpe geopolítico ha conseguido desmantelar.

La Santa Sede llegó a esa misma posición por un camino opuesto, ya que nunca necesitó el territorio para existir como actor internacional. Su personalidad jurídica es anterior e independiente del Estado de la Ciudad del Vaticano, creado en 1929 por los Pactos de Letrán con una función expresamente instrumental, dotando a la Santa Sede de independencia material. 

Sin embargo, su legitimidad internacional descansa en una soberanía espiritual reconocida históricamente por prácticamente toda la comunidad internacional, que le atribuye el derecho a enviar y recibir embajadores, la capacidad de firmar tratados y la legitimación para actuar ante organismos jurisdiccionales internacionales, las mismas prerrogativas que un Estado soberano sostenidas sin territorio.

Presencia real en los conflictos del presente

La supervivencia de estas dos entidades no es meramente formal. Su actividad en los conflictos actuales ilustra con precisión qué tipo de poder han construido y por qué ese poder resulta difícil de sustituir por otros actores.

La Orden de Malta opera en Ucrania desde mucho antes de la invasión rusa de 2022, y desde entonces ha desplegado el mayor esfuerzo humanitario conjunto de su historia reciente, con presencia en más de 60 localidades del país. Su organización internacional, Malteser International, distribuye alimentos, material médico y apoyo psicológico tanto dentro de Ucrania como en los países que acogen a los refugiados.

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Paralelamente, la red diplomática de la Orden ha intervenido en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y en la Conferencia de Seguridad de Múnich para exigir el respeto al derecho humanitario internacional, algo que su condición de sujeto reconocido del derecho internacional hace posible de una manera que las organizaciones no gubernamentales convencionales no pueden replicar.

En Gaza, en colaboración con el Patriarcado Latino de Jerusalén, la Orden comenzó en mayo de 2024 a distribuir ayuda de primera necesidad a través de la parroquia católica de Ciudad de Gaza, y gestiona el Hospital de la Sagrada Familia en la misma zona, el principal centro ginecológico y obstétrico de la región.

La influencia de la Santa Sede opera en una escala distinta, pero con una proyección comparable. Su red de nunciaturas cubre prácticamente toda la comunidad internacional con apenas un centenar de diplomáticos profesionales, una eficiencia que ninguna potencia convencional puede igualar. La razón está en que la Santa Sede no compite con los Estados en sus propios términos, ya que no tiene ambiciones territoriales, no defiende intereses económicos y su credencial de neutralidad es percibida como genuina por actores que difícilmente aceptarían sentarse a la misma mesa. 

Entre 2013 y 2014, el Vaticano medió durante dieciocho meses en secreto entre Cuba y Estados Unidos, facilitando el proceso que culminó en el restablecimiento de relaciones diplomáticas rotas desde 1961. Raúl Castro reconoció públicamente ese papel en su discurso del 17 de diciembre de 2014. 

La mediación funcionó precisamente porque la Santa Sede podía ofrecer acceso simultáneo a ambas partes sin despertar las suspicacias que habría generado cualquier potencia con intereses propios en la región.

Lo que estos casos revelan sobre el orden internacional

La supervivencia y la relevancia actual de la Orden de Malta y la Santa Sede apuntan a algo que los conflictos contemporáneos hacen más urgente de entender. El modelo westfaliano de Estado, basado en la combinación de territorio, población y gobierno, sigue siendo el elemento central del sistema internacional, pero no lo agota. 

Existen formas de subjetividad internacional que se sostienen sobre bases distintas, las cuales, lejos de ser residuos históricos en proceso de extinción, configuran actores capaces de intervenir en los conflictos del presente. 

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En un momento en que la soberanía se disputa militarmente en Ucrania, en que el reconocimiento de Palestina divide a los países europeos y en que el estatuto de Taiwán representa una tensión acumulada del sistema internacional, resulta relevante observar qué es lo que ha permitido a estas dos entidades mantener su reconocimiento durante siglos sin un metro cuadrado de territorio soberano. 

El territorio puede ser invadido, la soberanía nacional puede ser cuestionada desde el exterior y el reconocimiento de un gobierno puede convertirse en instrumento de presión entre potencias, pero estas dos figuras demuestran que ninguno de esos vectores de vulnerabilidad los afecta de la misma manera, porque su posición en el sistema no depende de ninguno de ellos.

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Estados Unidos despliega el portaaviones Nimitz en el Caribe en plena tensión con Cuba

El USS Nimitz llega al Caribe en plena presión sobre Cuba. Rubio acusa al aparato económico militar cubano y propone un cambio de relación entre ambos países.

Estados Unidos despliega el portaaviones Nimitz en el Caribe en medio de una escalada de tensiones con Cuba. El Comando Sur de Estados Unidos (SOUTHCOM) anunció este miércoles 20 de mayo la llegada del USS Nimitz a aguas del mar Caribe, acompañado del destructor USS Gridley y el buque logístico USNS Patuxent. El movimiento se produce en un momento de máxima presión sobre La Habana, con nuevas sanciones impuestas ese mismo día contra el Gobierno cubano.

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En paralelo al despliegue naval, el secretario de Estado Marco Rubio lanzó un mensaje directo al pueblo cubano para proponerle una «nueva relación» al margen de sus autoridades. Rubio acusó al conglomerado militar GAESA de controlar el 70% de la economía de la isla y de acumular 18.000 millones de dólares en activos. «La verdadera razón por la que no tienen electricidad, combustible ni alimentos es porque quienes controlan su país han saqueado miles de millones de dólares, pero nada ha sido utilizado para ayudar al pueblo», afirmó el secretario de Estado en un vídeo en español publicado en redes sociales.

Raúl Castro, imputado

A esto se añadió, también este miércoles, la imputación del expresidente Raúl Castro por parte del Departamento de Justicia de Estados Unidos por el derribo en 1996 de dos aviones civiles de la organización Hermanos al Rescate en aguas internacionales, un incidente en el que murieron tres estadounidenses y un residente en ese país.

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El presidente cubano Miguel Díaz-Canel manifestó que la acusación contra Castro busca «justificar» una posible agresión militar. Díaz-Canel la calificó además de «evidencia» de la «soberbia y la frustración» que, según defendió, «le provoca a los representantes del imperio, la inquebrantable firmeza de la Revolución cubana y la unidad y fortaleza moral de su liderazgo». El SOUTHCOM, por su parte, definió el USS Nimitz como «el paradigma de la preparación y la presencia, de un alcance y letalidad sin igual, y de la ventaja estratégica».

El despertar del Ártico: nuevas rutas comerciales y soberanía

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Durante décadas, el Ártico fue visto como una región aislada y marcada por la cooperación científica. En este artículo, Samuel Soriano, alumno del Máster Profesional de Analista Internacional y Geopolítico de LISA Institute, analiza cómo el deshielo está cambiando ese equilibrio y abriendo una nueva disputa global por rutas comerciales, recursos energéticos y control estratégico en una de las zonas más sensibles del planeta.

El Ártico ha dejado de ser una periferia geográfica para convertirse en un centro de gravedad de la geopolítica contemporánea. Históricamente definido por su inaccesibilidad y por un marco de cooperación científica excepcional, el Gran Norte enfrenta hoy una transformación dual: un cambio físico acelerado y una redefinición de los intereses estratégicos nacionales. 

El aumento de las temperaturas en la región, que progresa a un ritmo sustancialmente superior a la media global, está eliminando la barrera física que protegía el santuario polar. Este fenómeno, conocido como amplificación ártica, está reconfigurando no solo la ecología regional, sino la arquitectura de seguridad global. La desaparición del permafrost y la reducción de la capa de hielo están abriendo espacios que antes eran dominio exclusivo de la exploración científica, permitiendo ahora la entrada de actores comerciales y militares.  

Este fenómeno no solo implica un desafío ambiental de magnitud planetaria, sino que actúa como un catalizador para la competencia por el control de nuevos espacios de soberanía. La transición de un Ártico «congelado y cooperativo» hacia uno «líquido y competitivo» plantea interrogantes fundamentales sobre la vigencia del Derecho Internacional y la capacidad de las instituciones multilaterales para gestionar la fragmentación de intereses entre las grandes potencias. 

Geoeconomía de las rutas polares: ¿hacia un nuevo orden marítimo? 

La apertura estacional de las aguas árticas ofrece alternativas disruptivas a las arterias tradicionales del comercio global. El análisis de estas rutas debe realizarse bajo el prisma de la eficiencia logística y la autonomía estratégica.

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La viabilidad comercial de estas vías no depende únicamente de la ausencia de hielo, sino de la creación de una infraestructura de apoyo que incluya puertos de refugio, estaciones de búsqueda y rescate y una red de satélites de comunicación que hoy sigue siendo precaria en estas latitudes extremas.  

La ruta del Mar del Norte (NSR) 

La ruta del Mar del Norte, que discurre a lo largo de la costa siberiana, es la vía más desarrollada. Reduce la distancia entre los puertos del norte de Europa y Asia Oriental en aproximadamente un 42%, acortando los tiempos de tránsito en unos 12 a 15 días respecto a la ruta tradicional por el Canal de Suez. Sin embargo, la NSR no es solo un atajo geográfico; es una herramienta de proyección de poder para el Kremlin.

Rusia ha promulgado legislación interna que exige el uso de sus propios rompehielos y la presencia de prácticos nacionales para navegar por estas aguas, que considera en gran parte aguas interiores. Esta interpretación jurídica es rechazada por Estados Unidos y la Unión Europea, quienes defienden el estatus de paso internacional, lo que convierte a la NSR en un foco de tensión constante sobre la libertad de navegación. 

El control de facto de esta ruta por parte de la Federación de Rusia le otorga una capacidad de supervisión sobre el flujo comercial euroasiático, configurando un nodo de poder logístico que desafía la libertad de navegación promovida por otras potencias. 

El paso del Noroeste (NWP) y la ruta Transpolar (TSR) 

Mientras que el paso del Noroeste presenta una mayor complejidad administrativa en aguas canadienses y una geografía plagada de archipiélagos que dificulta la navegación comercial de gran calado, la ruta Transpolar surge como la proyección a largo plazo más ambiciosa.

A diferencia de las rutas costeras, la TSR cruzaría por el centro del Océano Ártico en aguas internacionales, fuera de las jurisdicciones nacionales, una vez que el espesor del hielo lo permita de forma sostenida. Esta ruta representaría la verdadera internacionalización del Ártico, ya que evitaría el pago de peajes y la supervisión de las guardias costeras nacionales de Rusia o Canadá.  

La pugna por los recursos y la seguridad energética 

El interés estratégico en el Ártico reside en su potencial como reserva de recursos extractivos. Según el Servicio Geológico de los EE.UU., la región alberga el 22% de los recursos de hidrocarburos no descubiertos del mundo, incluyendo un 13% del petróleo y un 30% del gas natural.

Estas cifras han desatado una «fiebre del oro» energética, aunque los costes de extracción en condiciones extremas siguen siendo un freno para muchas compañías occidentales, especialmente tras la imposición de sanciones tecnológicas a Rusia.  

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El desarrollo del proyecto Yamal LNG es un ejemplo de cómo la tecnología de licuefacción de gas permite a Rusia pivotar sus exportaciones desde los mercados europeos hacia los asiáticos. La licuefacción permite convertir el gas en un recurso móvil, eliminando la dependencia de los gasoductos fijos y otorgando a los países productores una mayor flexibilidad geopolítica. Este viraje hacia el Este es una respuesta directa a la reconfiguración del mercado energético mundial tras el conflicto en Ucrania, consolidando a China como el principal socio financiero y tecnológico en la aventura extractiva rusa. 

No obstante, la viabilidad de dicha extracción enfrenta una paradoja estructural: su explotación depende de un deshielo que ella misma acelera. Este círculo vicioso de retroalimentación climática plantea serias dudas sobre la sostenibilidad a largo plazo de estos proyectos. Las infraestructuras construidas sobre el permafrost, incluyendo refinerías y oleoductos, están sufriendo daños estructurales debido al hundimiento del terreno provocado por el deshielo, lo que incrementa el riesgo de desastres ecológicos masivos.  

Asimismo, el subsuelo ártico es rico en minerales críticos y tierras raras, fundamentales para la transición verde. Cobalto, níquel y cobre son esenciales para la fabricación de baterías y tecnologías renovables. El control sobre este suministro otorga una ventaja competitiva en la carrera por la descarbonización global, transformando la geología ártica en un factor de seguridad nacional.

La dependencia de las cadenas de suministro globales ha hecho que potencias como Estados Unidos y la UE miren hacia el Ártico como una fuente segura de recursos que garantice su autonomía estratégica frente al cuasi-monopolio chino. El control sobre este suministro otorga una ventaja competitiva en la carrera por no depender del carbón, transformando la geología ártica en un factor de seguridad nacional. 

Marco jurídico y actores estratégicos 

El Ártico se rige por la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR). Las fricciones y disputas aparecen cuando se permite reclamar derechos sobre la plataforma continental extendida más allá de las 200 millas náuticas. La Dorsal de Lomonósov, disputada por Rusia, Canadá y Dinamarca, es el centro de este conflicto legal.  

Este relieve submarino es la clave para reclamar la soberanía sobre el lecho marino del mismísimo Polo Norte. La Comisión de Límites de la Plataforma Continental de la ONU se enfrenta al reto de arbitrar reclamaciones que se solapan y que tienen profundas implicaciones económicas sobre los derechos de pesca y minería submarina.  

Aunque las potencias han aumentado su retórica militar, hasta la fecha todos los actores han optado por el legalismo procedimental ante la ONU. Sin embargo, la «diplomacia de los rompehielos» está ganando terreno. Rusia posee la mayor flota de rompehielos nucleares del mundo, un activo que no tiene oposición y que utiliza para imponer su soberanía de facto.

Mientras tanto, la OTAN ha incrementado sus ejercicios en el flanco norte, y la entrada de Finlandia y Suecia en la Alianza ha transformado el Consejo Ártico: ahora todos sus miembros, excepto Rusia, son parte de la OTAN, lo que polariza irremediablemente el foro. Por otro lado, China, autodefinida como un «Estado cerca del Ártico», utiliza la «ruta de la Seda Polar» para financiar infraestructuras críticas, asegurando su participación en el futuro gobierno regional mediante la diplomacia científica y económica. 

Dimensión social, seguridad humana e impacto ambiental 

La geopolítica ártica no puede omitir a sus cuatro millones de habitantes. El impacto en los pueblos indígenas, como los Inuit o Saami, es crítico. Estas comunidades están en la primera línea del cambio climático. El deshielo altera su seguridad alimentaria al modificar las rutas migratorias de los animales de caza y dificultar la pesca tradicional.

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La erosión costera está obligando al desplazamiento de comunidades enteras, creando los primeros «refugiados climáticos» del Ártico. El deshielo altera su seguridad alimentaria y sus modos de vida tradicionales. La apertura de rutas comerciales introduce riesgos de contaminación acústica y derrames de hidrocarburos en ecosistemas extremadamente frágiles, donde una limpieza de crudo sería técnicamente imposible debido a las bajas temperaturas.  

El caso de Groenlandia ilustra el dilema entre la autonomía política financiada por la minería y la preservación ambiental. Su gobierno local se debate entre atraer inversiones extranjeras (principalmente chinas y australianas) para lograr la independencia económica de Copenhague, o proteger el medio ambiente que sustenta su identidad cultural. Este dilema ético sobre si la emancipación de un pueblo debe financiarse mediante industrias de extracción que aceleran el cambio climático es uno de los debates políticos más intensos actualmente. 

La Unión Europea y España: el papel de los observadores 

La Unión Europea busca equilibrar su necesidad de minerales críticos y energía con la protección climática. La UE se posiciona como un «corredor de normas», intentando exportar sus estándares ambientales a la región, aunque su influencia política real es limitada frente a los estados costeros. Su estrategia se centra en la inversión en investigación climática y en la promoción de un santuario marino en las aguas del Océano Ártico central.  

España, como Estado observador en el Consejo Ártico desde 2006, articula su presencia mediante la diplomacia científica y su capacidad industrial naval y le otorga una voz autorizada en foros científicos internacionales. Entender que el Ártico afecta la estabilidad climática del Mediterráneo es vital. El deshielo del Ártico altera la corriente en chorro, lo que se traduce en fenómenos meteorológicos extremos en la Península Ibérica, como sequías prolongadas o tormentas inusuales. Por tanto, el Ártico no es una preocupación lejana, sino una cuestión de seguridad climática nacional. 

Conclusión: la paradoja de la fragmentación polar 

El análisis permite concluir que el Ártico se encuentra en un estado de fragilidad sistémica. La gobernanza regional, encarnada en el Consejo Ártico, se ha visto erosionada por la ruptura diplomática derivada del contexto geopolítico europeo, deteniendo la cooperación en áreas críticas como la respuesta a desastres ambientales. Sin un foro donde Rusia y Occidente se sienten a dialogar, el riesgo de accidentes militares o desastres ambientales aumenta exponencialmente.  

La paradoja ártica reside en que la misma crisis climática que abre nuevas oportunidades comerciales está desestabilizando el orden de seguridad establecido desde la Guerra Fría. Lo que antes era un espacio de «excepcionalismo», donde la ciencia unía a los enemigos, hoy es un tablero de ajedrez en el que se dirime la supremacía energética y tecnológica del presente y del futuro.

La soberanía fragmentada y la militarización defensiva sugieren que el futuro del Ártico dependerá de la capacidad de los Estados para reformular un multilateralismo que hoy parece complicado de conseguir dada la crisis existente.  

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