ActualidadLas otras "invasiones", más allá de Ucrania

Las otras “invasiones”, más allá de Ucrania

Análisis

Paula Gómez Moñiz
Paula Gómez Moñiz
Estudiante de Relaciones Internacionales interesada en Geopolítica y Derechos Humanos. Actualmente realizando prácticas como Analista Internacional en LISA News.

Con la invasión de Ucrania, parece que otros conflictos que siguen latentes caen en el olvido, siendo en su mayoría provocados por procesos de invasión o injerencia internacional mal ejecutados. Estados Unidos o Rusia también han formado parte de ellos.

El concepto de invasión, tal y como lo describe la RAE se define como la “ocupación anormal o irregular de un lugar; la entrada injustificada en funciones ajenas; o la involucración de una irrupción o entrada por la fuerza”.

Actualmente encontramos este tipo de conflictos territoriales en todo el mundo, como la ocupación turca de la zona norte tanto de Siria como de Chipre, la intervención militar en Yemen, las disputas fronterizas entre Armenia y Azerbaiyán por la región de Nagorno Karabaj, la ocupación del Sáhara Occidental, e incluso podríamos llegar a incluir a las poblaciones indígenas del amazonas que se están viendo amenazadas por el avance de invasores vinculados a las guerrillas y el crimen organizado sobre sus territorios.

Estos son solo unos breves ejemplos de disputas territoriales enquistadas y “olvidadas” en su mayoría que siguen ocurriendo en la actualidad y a las que la invasión de Ucrania les resta aún más protagonismo. A continuación vamos a destacar cuatro conflictos de Oriente Medio que se encuentran enquistados y a los que no se les prevé una solución a corto plazo.

SIRIA

Las protestas que surgieron desde los grupos opositores al gobierno de Bashar al Assad en la Primavera Árabe demandando más democracia, mejora económica y justicia social, desencadenaron en un enfrentamiento abierto entre facciones. Esta guerra ha provocado el éxodo de refugiados más grande desde la Segunda Guerra Mundial, pudiendo llegar a ser superado por Ucrania si el conflicto se prolongara.

El principal problema del descontento social se producía porque la familia al Assad es chií, mientras la mayoría de la población es suní. Otro grupo que se une a la oposición del régimen es el pueblo kurdo, también de mayoría suní, y eternamente condenados a represiones en los países en los que se encuentra la comunidad.

Desde el principio, los rebeldes sirios obtenían apoyo por la frontera turca, mientras que los vecinos chiíes como Irán y la milicia libanesa de Hezbolah apoyaban al régimen. La ONU condenó el uso de armas químicas por parte de las fuerzas del gobierno. En 2015, Rusia interviene en el conflicto, siendo una de las fuerzas más decisivas en el conflicto; y como era de esperar, en medio de este caos apareció el ISIS que empieza a desplegarse en la zona, agravando la ya difícil situación.

La aspiración del pueblo kurdo es el reconocimiento internacional de un territorio propio. Estos, como estrategia, prefirieron quedarse al margen del conflicto para concentrarse en ganar autonomía y crear un territorio autonómico en el kurdistan sirio: rojava.

El gobierno sirio no reconoce dicha autonomía, sin embargo, fue apoyada por Rusia y Estados Unidos, al verlos como fuertes aliados en la lucha contra el ISIS. El gobierno de Donald Trump llegó a enviar armamento para el pueblo kurdo; no obstante, en 2019 se retiró de la zona, dejando paso al gobierno de Ankara.

Según el Real Instituto Elcano, antes de su marcha, EEUU acordó con Turquía el establecimiento de una zona de seguridad en la frontera bajo vigilancia conjunta, pero las “las largas” que le fue dando el gobierno estadounidense provocó que el país otomano la instalara de manera unilateral.

El gobierno turco, ha rechazado sistemáticamente cualquier movimiento que aliente una unión kurda del territorio que comprende las fronteras de Irak, Irán, Siria y Turquía, por lo que cataloga al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) como “terroristas”, y, por consecuencia, a los kurdos de la frontera turco-siria, hallando aquí una “excusa” de sus ataques en la zona.

Murat Nisancioglu, periodista de la BBC turca, declaraba hace unos años que en esta guerra “ha habido un constante cambio de alianzas y de pactos, y quienes tienen el control son las potencias”. Nisancioglu concluye que, al final, “la decisión estaba en manos de Estados Unidos y Rusia”, pero, tras el abandono estadounidense, Turquía le releva en esa “balanza”.

La Agencia árabe Siria de Noticias (SANA) el diciembre pasado denunció bombardeos contra localidades de la provincia kurda de Hasakeh. En enero de este año, volvió a reportar nuevos ataques por parte de fuerzas turcas en varias localidades del norte de Siria.

El presidente Biden, se ha mostrado “prokurdo” un termino muy confuso, sin embargo debe ser cauteloso en la articulación de su política de injerencia en la zona, si desea volver al terreno, para evitar “malentendidos” que puedan ocasionar inestabilidad en la región, ya que Turquía está totalmente en contra de cualquier apoyo que se le pueda dar al pueblo kurdo; tampoco hay que olvidar que el gobierno de Erdogan es aliado y miembro de la OTAN.  

Sin embargo, con el panorama internacional ante el que nos encontramos, la cuestión del Kurdistán quedará silenciada de nuevo y en segundo plano para centrar todos los esfuerzos tanto mediáticos como disuasorios a nivel político o militar en la invasión Ucraniana.

SAHARA OCCIDENTAL

Desde que España abandonó el territorio saharaui tras la Marcha Verde en 1975, el Frente Polisario reclamó la independencia soberana de la República Árabe Saharaui Democrática; sin embargo, Marruecos siempre se ha negado a que este territorio se saliera del control de sus fronteras.

Este conflicto se ha mostrado estancado debido a la negación de ambas partes a mover sus posturas, el Frente Polisario busca la celebración de un referéndum de autodeterminación, mientras que lo que le ofrece el país marroquí es una autonomía del territorio pero bajo su soberanía.

Con estas palabras, en febrero de este año, Mansur Omar, representante del frente, intenta provocar una reacción del rey Mohamed VI de Marruecos a través de un tweet: “Marruecos se está desangrando silenciosamente en la guerra contra la república saharaui. Hay decenas de oficiales y soldados marroquíes que caen diariamente en el muro de la vergüenza. Hasta cuando seguirá M6 callando a la madres y esposas de esos soldados.”

Más de treinta años de disputa territorial por el reconocimiento internacional de la zona, y ataques que, a pesar de los intentos de “alto al fuego” desde ambos bandos, observamos que no cesan.

A finales de 2020, Estados Unidos dio el paso de reconocer abiertamente la autoridad marroquí sobre el territorio a cambio de que Marruecos estableciera relaciones diplomáticas con Israel. Un paso que puede decantar la balanza a favor de la monarquía africana de cara al futuro.

La falta de reconocimiento internacional conlleva una situación “extrema” de supervivencia. Sin embargo, el Polisario no cambia de opinión y sigue exigiendo la convocatoria de un referéndum para conocer realmente la voluntad del pueblo saharaui.

PALESTINA

Uno de los conflictos más duraderos de la historia por reconocimiento territorial lo hallamos en Oriente Medio, con la “ocupación” de los territorios de la franja de Gaza y Cisjordania.

La “invasión” israelí en Palestina se remonta a mitad del siglo pasado, estas dos naciones llevan en conflicto por el territorio más de 100 años; sin embargo, dado los hechos recientes en Europa, parece que esta disputa territorial ahora mismo “no existe”, cuando realmente no ha cesado desde su inicio.

En 1947 se intentó proponer el “Plan de Partición” de Palestina, acabando con el mandato británico en la zona e instando a la división de la zona en dos estados: Palestina e Israel, uno árabe y el otro judío, con Jerusalén bajo administración internacional.

Desde que las potencias occidentales dieron el visto bueno a la instauración de un Estado judío en Palestina a través del movimiento sionista, los ataques entre seguidores del Islam y del Judaísmo por hacerse con el control del territorio denominado como “Tierra Santa” no han cesado.

Desde entonces siempre se han sucedido disputas fundamentadas por la religión y diferencias entre estos dos grupos étnicos por el control del territorio. El objetivo siempre ha sido obtener el reconocimiento fuera de las fronteras del territorio, según el Real Instituto Elcano, lo ideal o el objetivo de cada uno es “propiciar un doble reconocimiento: de Palestina por los europeos y otros; y de Israel por el mundo árabe”.

Sin embargo, no se considera que haya una solución a corto plazo para este conflicto, y, aún menos, observando la creciente radicalización de ambas partes y la injerencia internacional que se viene dando desde principios de la disputa territorial.

No se puede negar el sufrimiento de la población judía a lo largo de la historia. Sin embargo, hay activistas y defensores de los derechos humanos que denuncian que, desde Israel, están realizando prácticamente la misma labor que hicieron los líderes antisemitistas durante el siglo XIX, en este caso, con la comunidad árabe.

El 20 de enero de este año, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA), condenó específicamente la demolición de la casa de la familia “Salhiyya”. Esto sucedió justo en el barrio que poco más de medio año antes se denunció la violación de derechos de sus habitantes. Se informa en el comunicado de la organización que las fuerzas israelíes fueron las encargadas de asaltar la casa de esta familia de refugiados palestinos a las 3 de la madrugada, mientras dormían y en presencia de un niño pequeño y una anciana. 

Se denuncia desde la organización que este no es el caso de una familia aislada, sino que se estima que al menos 218 hogares palestinos en todo Jerusalén Este, están en riesgo de desplazamiento por las autoridades israelíes.

La ONU quiso hacer un llamamiento a las autoridades israelíes para cesar estas acciones en Cisjordania y Jerusalén Este, ya que reitera la labor del Derecho Internacional Humanitario, el cual prohíbe explícitamente el traslado forzoso de personas protegidas, así como la destrucción de bienes inmuebles o personales pertenecientes individual o colectivamente a personas privadas, en este caso por parte de Israel como potencia ocupante.

“Está estrictamente prohibido, excepto cuando tales medidas sean absolutamente necesarias por razones militares imperativas, o para la seguridad de la población bajo ocupación”. Quiso especificar UNRWA, la cual también quiso hacer un llamamiento a las autoridades israelíes garantizar la protección de los refugiados de Palestina y de los civiles en Cisjordania, incluyendo Jerusalén Este.

“Todas las personas tienen derecho a una vivienda segura y a vivir en paz y con dignidad” recalca desde la organización, un derecho que parece que “no todo el mundo tiene claro”. “El desplazamiento forzoso y las demoliciones administrativas, contrarias al derecho internacional, deben terminar”, declaró Philippe Lazzarini, Comisionado General UNRWA, tras presenciar la situación que se vive en el barrio.

Sin embargo, el 20 de febrero volvemos a encontrar otra declaración de la misma comisión, exponiendo nuevas amenazas de desalojo para el mes de marzo, algo que ha aumentado tensiones y ha provocado enfrentamientos entre residentes palestinos y “colonos” israelíes. Pruebas de que el conflicto sigue latente aunque no se le de la visivilidad que merece.

YEMEN

A finales del siglo pasado, la unificación de la zona norte y sur del país por Ali Abdullah Saleh en los años noventa, aumentó la influencia religiosa de Arabia Saudí en la zona, algo que no agradó a los seguidores del zaidismo, vertiente chií del islam, y religión que es seguida por alrededor del 40% de la población yemení.

Esta influencia provocó un movimiento de insurgencia en el norte del país, en la frontera con Arabia Saudí, los hutíes. Este grupo consideraba la influencia de su vecino como una amenaza a esta minoría religiosa, por lo que en 2009 desató una ofensiva sin éxito contra el gobierno central.

A comienzos de 2011 los levantamientos derivados de la primavera árabe dan un papel clave a este grupo en la oposición al gobierno. Este era uno de los pocos con poder militar, y consiguieron el control pleno de la ciudad de Sadaa y territorios de alrededor, escalando su poder hasta que en 2014 se apoderaron de la capital, Sanaa, considerado un golpe de estado en toda regla.

Saleh ayudó a los hutíes a derrocar al presidente Hadi, con el objetivo de quitar la influencia saudí del gobierno, sin embargo, este dio un giro a los acontecimientos cuando, en un intento para hacerse con el control de el país en su totalidad, vuelve a mostrarse a favor de la familia Saud.

El expresidente Hadi es entonces el que pide una intervención militar por parte del gobierno de Riad, en el cual se encuentra exiliado. El país decide lanzar la “Operación Tormenta Decisiva” en coalición con Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait, Bahréin, Jordania, Sudán, Marruecos y hasta Pakistán, de vertiente suní, para arrebatarle el control a los hutíes.

Esta operación se presentó como una solución definitiva a la disputa por el poder, sin embargo, ya lo auguraba el Instituto Elcano “ni Riad, ni sus ocasionales compañeros de viaje tienen medios ni voluntad suficiente para producir resultados definitivos sobre el terreno” esta vez los hutis, determinantes en el transcurso de la sociedad yemení, tenían el apoyo de la minoría zaidí así como los críticos del régimen de Hadi.

El apoyo de Irán al grupo hutí despierta en Estados Unidos la “necesidad” de involucrarse en el conflicto, según el Centro de Asuntos Internacionales de Barcelona(CIDOB). Este se limitó a suministrar armas, apoyo logístico y de inteligencia a la coalición árabe. La Administración de Obama advirtió a Irán, “debe dejar de proveer a los hutíes”.

Finalmente, la lucha en Yemen se ha convertido en una guerra por el poder de Oriente Medio y Estados Unidos aseguraba verse en la “obligación” de actuar de manera conjunta con la coalición árabe para limitar el auge de Irán en la zona, observando el acercamiento que está teniendo este con Irak, Siria y Líbano.

El grupo de países árabes quiere contrarrestar el poder de la principal potencia chií; mientras que Occidente, incluyendo también a Reino Unido y Francia (que es conocido que han prestado apoyo al gobierno), lo hacen por motivos de seguridad internacional, para reducir la presencia de grupos terroristas en la zona.

Este grupo opuso una resistencia que la coalición no se esperaba, lo que ha permitido que el conflicto se alargue desde que empezó en 2014, No obstante, el conflicto en sí no es lo que más vidas se está llevando por delante, sino las consecuencias indirectas como la intensa hambruna o las necesidades higiénico-sanitarias ante brotes de enfermedades como el cólera o la pandemia del COVID-19 que se han dado simultáneamente.

Según un informe de Naciones Unidas para el Desarrollo de finales de 2021, si el conflicto se acabara a principios de este año, se podría erradicar la pobreza extrema que afecta a 15,6 millones de personas para 2050, y convertirse en una potencia mediana.

Sin embargo, ACNUR denunció que en enero de 2022, “un civil moría o resultaba herido cada hora”, más del 92% de la población desplazada por el conflicto no tiene fuentes de ingresos “dos de cada tres yemeníes necesitan ayuda humanitaria para sobrevivir” alertaba la organización.

Estos datos sumados a la actual crisis en Ucrania, que acapara la agencia internacional, no ayuda a imaginar un panorama de mejora en los próximos meses para Yemen, algo que prevé que empeore si aún se puede más, la peor crisis humanitaria de la historia en la que se ve inmerso el país.

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Paula Gómez Moñiz

Estudiante de Relaciones Internacionales interesada en Geopolítica y Derechos Humanos. Actualmente realizando prácticas como Analista Internacional en LISA News.

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