Un cambio de escenario en una toma de posesión rara vez es casualidad, y menos cuando rompe una tradición de más de un siglo. El nuevo presidente colombiano optó por Cali y el Cantón Militar Pichincha en lugar de Bogotá, un gesto que ya anticipaba hacia dónde se orientaría su primer discurso. En este artículo, la alumna del Máster Profesional de Analista Estratégico y Prospectivo, Ingrid Amador, analiza cómo ese gesto se tradujo en ruptura con Cuba y Nicaragua, fin de los diálogos de paz y adhesión inmediata al Escudo de las Américas, y cómo la reacción de Washington no tardó en llegar.
El 7 de agosto, Abelardo de la Espriella tomó posesión como presidente de Colombia en el coliseo universitario de Cali, rompiendo la tradición centenaria de hacerlo en Bogotá. Quien elige desde dónde se transmite el poder está diciendo a quién se dirige. No fue el Capitolio ni la Plaza de Bolívar. Fue una arena universitaria y, enseguida, el Cantón Militar Pichincha. El destinatario del gesto no era el Congreso.
Lo siguiente importa más que el escenario. En su primer discurso anunció el fin de los diálogos de paz, la adhesión al Escudo de las Américas, la ruptura con Cuba y Nicaragua, un listado de grupos narcoterroristas y la construcción de megacárceles. Washington respondió el mismo día. Su Departamento de Estado publicó un documento titulado «A New Era in U.S.-Colombia Relations», que celebra la entrada de Colombia al Escudo y anuncia que, trabajando con el Congreso, pretende destinar 1.000 millones de dólares en un paquete de seguridad.
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Conviene leer despacio esa intención, porque no es una partida aprobada. Por lo tanto, esa es la primera prueba del alineamiento. Si el dinero pasa por el Congreso estadounidense, la relación se vuelve una estructura difícil de revertir en 2030. En cambio, si se queda en el trámite, fue un gesto
El mapa hemisférico queda con tres bloques
El primero es el de los alineados. Antes de la ceremonia, De la Espriella mantuvo reuniones bilaterales con Javier Milei, José Antonio Kast, Daniel Noboa, Santiago Peña y José Raúl Mulino. El segundo es el de las ausencias con peso de Brasil y México, que no fueron invitados al Escudo, así que la iniciativa no representa a toda América Latina ni borra las divisiones de la región. El tercero es el vacío venezolano. Desde la captura de Nicolás Maduro en enero, Washington presiona al gobierno de Delcy Rodríguez e impulsa un diálogo que arrancó el 1 de agosto con una parte de la oposición reconocida por Estados Unidos. Colombia deja de observar esa transición desde la orilla. Pasa a ser retaguardia operativa de un proceso que no controla.
Si la seguridad queda amarrada con Estados Unidos, la variable crítica pasa a ser Europa. La semana previa a la posesión dejó una señal a considerar: once países quedaron fuera de la lista inicial de invitados y hubo que convocarlos a última hora. Un memorando interno firmado por Patricia Cortés, quien dirige la Dirección de Europa dentro del Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia, y revelado por Noticias RCN, advirtió que varios de esos Estados pesan en decisiones que interesan a Colombia, entre ellas la exención de visado Schengen.
El gobierno entrante lo atribuyó a trámites heredados. Además, su director de Protocolo dijo que esos países no habían presentado cartas credenciales. En el listado que recopiló el propio equipo de De la Espriella figuran como acreditados. Las dos versiones no encajan.
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Además, De la Espriella anunció, aún como presidente electo, el cierre de catorce embajadas, tres de ellas en países de la Unión Europea, alegando austeridad. El vicecanciller saliente advirtió que no se ha medido bien el peso de esa relación y, según la delegación de la UE, el bloque es el tercer socio comercial de Colombia y su segunda fuente de inversión extranjera directa. Un fallo de protocolo podríamos considerarlo ruido. Pero un fallo de protocolo, más cierres de misiones, más silencio sobre Bruselas, empieza a parecer un patrón. Con un contrapeso, España envió al rey Felipe VI, presencia habitual en las investiduras iberoamericanas, señal de que el canal institucional sigue abierto.
Tres incertidumbres definirán el cuatrienio
La profundidad del alineamiento. La capacidad de bloqueo interno, porque el margen fue de unos 251.000 votos, según el escrutinio del CNE, menos de un punto, y Cepeda ya planteó un muro de contención desde su curul de oposición. Y la reacción europea, hoy la más subestimada de las tres.
Para quien trabaja entre Europa y América Latina, hay indicadores concretos que vigilar estos seis meses: si la primera visita oficial a Europa llega antes o después de la segunda a Washington; si aparece un acto formal de adhesión al Escudo o el anuncio se queda en discurso; si el Congreso estadounidense aprueba los 1.000 millones y en qué tramos; cualquier movimiento en el régimen de visados o en el Acuerdo Comercial UE-Colombia; y la primera vuelta brasileña del 4 de octubre, que dirá si el Escudo se consolida como una estructura del hemisferio o se queda en una coalición parcial. Colombia fue socio previsible durante veinte años y bisagra autónoma durante cuatro. Lo que empieza ahora se decide, en buena parte, fuera de Bogotá.
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