CiberseguridadGuerras híbridas, la gran amenaza del siglo XXI

Guerras híbridas, la gran amenaza del siglo XXI

Análisis

Álvaro de Argüelles
Álvaro de Argüelles
Doble Grado en Estudios Internacionales y Derecho en la UC3M. Interesado en Oriente Próximo y el Norte de África, especialmente en Libia. Colabora en prensa escrita, radio y televisión, además de haber publicado varios textos académicos.

Aunque el término apareció originalmente vinculado a la guerra de Líbano de 2007, hoy está principalmente asociado a Rusia, que en los últimos años ha protagonizado decenas de ataques “no convencionales” contra los intereses de Occidente a lo largo de todo el planeta.

Fue en 2007 cuando Frank Hoffman, académico y militar estadounidense, utilizó por primera vez el término “guerra híbrida” para describir el conflicto en el Líbano entre el ejército israelí contra Hezbolá. Sin embargo, a partir de 2014, año en el que Moscú desplegó de manera extraoficial su ejército en la península ucraniana de Crimea, el término está relacionado especialmente con Rusia. Desde entonces hemos presenciado numerosos ataques híbridos.

Entre ellos destacamos la manipulación electoral en las elecciones presidenciales estadounidenses de 2016, así como cientos de ciberataques y virus informáticos como Pegasus y, finalmente, las crisis migratorias en Ceuta y Melilla y en Bielorussia en 2021, ambas deliberadamente provocadas. 

La OTAN trata de encontrar la forma de dar respuesta a estas amenazas, que en muchas ocasiones no se rigen por las normas de derecho internacional y se aprovechan de debilidades sistémicas de las democracias liberales. 

Líbano, el primer conflicto híbrido

A pesar de que existen muchas maneras de explicar el concepto de guerra híbrida, quizá la más sencilla sea ofreciendo una definición negativa, esto es, como cualquier alternativa a un conflicto tradicional entre dos o más ejércitos profesionales y caracterizado por el uso de la fuerza letal para hacerse con el control de un determinado territorio. 

En este sentido, el término podría incluir guerras contra actores no estatales y organizaciones terroristas, así como cualquier ataque no convencional con independencia del responsable, por ejemplo, los ciberataques.  

El concepto se empleó por primera vez en relación con la guerra del Líbano de 2007, precisamente por enfrentar a un ejército profesional, el israelí, contra un grupo insurgente religioso como Hezbolá. Gracias a una letal combinación de armamento iraní, el uso de explosivos improvisados, y la existencia de una vasta red de túneles, la organización chií fue capaz de derrotar a las fuerzas armadas hebreas a pesar de la inferioridad tecnológica y numérica. 

Más adelante, se habló también del Estado Islámico como un grupo híbrido, algo que para algunos académicos ha difuminado la distinción entre éste y otros conceptos como el de guerrilla o terrorismo. Quizá la novedad radica precisamente en la capacidad del ISIS de combinar atentados como los de París de 2015 con escaramuzas militares y ataques de degaste, así como con auténticas batallas y situaciones de conflicto abierto. 

En este sentido, el Estado Islámico ha sido capaz de infligir daño a sus rivales en una gran variedad de contextos y tipos de terrenos, desde zonas rurales y desérticas a núcleos urbanos, incluidas capitales europeas. 

A pesar de ello, desde 2014 el término aparece casi exclusivamente ligado a Rusia, cuando Moscú envió a miles de sus soldados para invadir la península de Crimea. Para construir la narrativa de una oposición autóctona al gobierno ucraniano, pero sobre todo para entorpecer la respuesta que organizaciones internacionales como la Unión Europea o la OTAN podían dar a la ofensiva, el gobierno de Putin desplegó a los conocidos como little green men, soldados sin el uniforme oficial de la federación rusa que no obstante eran reconocibles por el armamento que empleaban. 

Desde entonces, Rusia ha seguido buscando formas de atacar a Occidente que no pasen por un enfrentamiento militar directo, lo que podría tener un desenlace fatal para cualquiera de ambos bandos, incluida una catástrofe nuclear

Combatientes a sueldo, ciberataques y manipulación electoral: un fenómeno complejo 

Junto a la invasión de Crimea, Rusia ha seguido interviniendo militarmente y de manera extraoficial en otros países a través de distintos medios. Destacan en particular las compañías de mercenarios, como el grupo Wagner, que ha estado presente, además de en Ucrania, en Siria y varios países de África, como Libia y Mali. Además de ser relativamente baratos, el empleo de combatientes a sueldo tiene numerosas ventajas prácticas, por ejemplo, evitar el desgaste de la opinión pública asociado con el despliegue de tropas

Finalmente, al igual que los “hombres de verde” en Ucrania, los mercenarios no se rigen por las mismas normas de derecho internacional a la hora de luchar, ni queda siempre claro qué Estado es responsable de sus actos y cuáles deben ser las consecuencias políticas y legales. 

En el mismo vacío legal se mueven los ciberataques, una nueva forma de hacer la guerra que aparece de forma natural conforme se desarrolla la tecnología y surgen nuevos ámbitos de interacción humana. En el caso de los ataques informáticos es todavía más difícil rastrear a los responsables, además de poder causar daños multimillonarios y dar acceso a información crítica con un nivel de profundidad que hasta hace años parecía impensable.

Mención especial merece el virus Pegasus, desarrollado por la compañía israelí NSO Group, que se ha usado para perseguir a opositores y espiar a jefes de Estado y de Gobierno en más de diez países, incluido el presidente francés Macron

Relacionado también con las nuevas tecnologías, el arsenal híbrido incluye las campañas de desinformación y de manipulación electoral, algo que una vez más tiene a Moscú como uno de sus principales responsables. Entre los ejemplos más notables, Rusia interfirió en las elecciones presidenciales de Estados Unidos en favor de Donald Trump a través de miles de troles,así como de varios ataques contra los servidores del Partido Demócrata. 

Igualmente, aunque la desinformación rusa en el Brexit no ha quedado probada,  sabemos que el Kremlin trató de favorecer el “sí” a la independencia de Escocia en 2014. A este preocupante fenómeno se une la noticia, en diciembre de 2021, de que China estaría invirtiendo millones de euros para manipular Facebook y Twitter y conseguir una mayor reputación e influencia internacional. 

La migración, nuevo arma en el arsenal híbrido 

La década de 2010 ha tenido como uno de sus principales fenómenos las conocidas como crisis de refugiados y de emigrantes en Europa. Ya en el año 2013, la UE vivió un primer momento de tensión cuando el presidente turco Erdoğan advirtió de que permitiría la entrada de refugiados sirios a territorio comunitario si no recibía ayuda por parte de la Unión. 

En esa ocasión, Turquía era una de las partes perjudicadas del conflicto humanitario en el país vecino, teniendo, por tanto, intereses para su resolución. Este 2021, sin embargo, hemos presenciado como algunos gobiernos han provocado de forma deliberada movimientos migratorios con la intención de obtener unos fines políticos concretos, representando así una nueva forma de ataque híbrido contra la soberanía de un país. 

El primer ejemplo lo constituye la crisis de Ceuta y Melilla, cuando a principios de año el gobierno marroquí “engañó” a miles de jóvenes con falsas excursiones escolares y promesas como que verían jugar a Cristiano Ronaldo para así llevarles a la frontera con España, todo ello para presionar a Madrid por haber permitido la entrada del líder del Frente Polisario

En la misma línea, a finales de año Bielorrusia hizo lo mismo con miles de personas provenientes de Oriente Próximo con la expectativa de entrar en territorio europeo y así tratar de conseguir que se levantaran las sanciones que pesan sobre el gobierno de Lukashenko. 

En este sentido, el uso de la migración como arma política guarda cierta relación con las campañas de manipulación y desinformación antes mencionadas y es que, al margen de los riesgos concretos que pueda representar la llegada masiva y no controlada de personas a la Unión Europea, lo que se busca ante todo es generar polarización y fractura social

Así, otro rasgo común de las amenazas híbridas es que se aprovechan de la fragilidad de las democracias occidentales. Además, Occidente no cuenta con los mecanismos legales para responder en tanto que esta clase de acciones no satisfacen la definición tradicional de ataque, y tampoco queda clara cuál sería la respuesta legítima y proporcional, de forma que la UE se ve limitada a la imposición de sanciones. 

Desde hace meses, la OTAN lleva a cabo entrenamientos específicos para responder a este tipo de ataques, además de crear equipos con expertos civiles y militares encargados, por ejemplo, de rastrear los culpables de ataques informáticos y descubrir los fallos que lo han hecho posible. 

En todo caso, queda por delante un trabajo legal y político para crear los mecanismos oportunos para responder a los ataques híbridos y, sobre todo en lo relativo a la manipulación en las redes sociales, trabajar para conseguir una sociedad resiliente y más informada. 

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Álvaro de Argüelles

Doble Grado en Estudios Internacionales y Derecho en la UC3M. Interesado en Oriente Próximo y el Norte de África, especialmente en Libia. Colabora en prensa escrita, radio y televisión, además de haber publicado varios textos académicos.

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4 COMENTARIOS

  1. la mezcla de irregularidad con convencionalidad se ajusta a las que podríamos llamar nueva guerra híbrida, incluye también el campo de poder de la comunicación estratégica.

  2. “Sin embargo, a partir de 2004, año en el que Moscú desplegó de manera extraoficial su ejército en la península ucraniana de Crimea…”
    Puede ser que haya una errata y sea 2014?

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