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El rearme de Japón

Análisis

Miquel Haro
Miquel Haro
Graduado en Estudios de Asia Oriental por la Universidad Autónoma de Barcelona con especialidad en lengua China y mención en Economía y Sociedad. Doble Máster en Geopolítica y Estudios de Asia Oriental por la Charles University UK de Praga y la National Taiwan University de Taiwán.

El papel de Japón es clave en el futuro de la geopolítica en el este de Asia. Las tensiones entre Estados Unidos y China están más vivas que nunca y la política de hedging que lleva a cabo el país del sol naciente hace que sea difícil prever cuáles van a ser sus próximos movimientos estratégicos.

Para el primer ministro japonés, Fumio Kishida, las primeras maniobras del año y de su mandato podrían ser lo que estabilizara la seguridad de Japón y su propio liderazgo, o la completa ruptura de ambos. Y es que el peso que tiene el actor nipón es crucial para el futuro desarrollo del este de Asia.

Desde el inicio del crecimiento de China hasta alcanzar el “rango” de segunda potencia mundial, Estados Unidos ha estado buscando la forma de compensar el equilibrio de poder. El objetivo ya no sería solo mantener la hegemonía (actualmente complicada en favor de una pluralidad de actores regionales) sino el de mantener su influencia y sus intereses en la región, más específicamente en el conflicto activo en el mar del sur de China.

Japón utiliza a su aliado estadounidense como apoyo en las tensiones abiertas con China sobre las islas llamadas en japonés “Senkaku” y en chino “Diaoyu” que tienen en disputa directa. Ambos países se apoyan en sus intereses respecto a la isla de Taiwán, el territorio autogobernado que China ve como una región que debe retornar a sus fronteras y que Estados Unidos y Japón pugnan por mantener en su autonomía.

Sobre el mar del sur de China, el gran dragón de Asia reclama en la zona de soberanía lo que se traduce como “la línea formada por nueve guiones” que engloba prácticamente en su totalidad el territorio navegable desde la zona sur del archipiélago japonés hasta el estrecho de Malacca.

Pero Japón, en su condición de archipiélago, puede reclamar el mismo territorio como soberano invocando la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CNUSDM). Esta sería, por tanto, la herramienta indirecta para que los Estados Unidos ejercieran presión sobre el conflicto.

La semana pasada el Secretario de Estado Blinken, el Secretario de Defensa Austin, el Ministro de Relaciones Exteriores Hayashi y el Ministro de Defensa Kishi convocaron el Comité Consultivo de Seguridad Estados Unidos-Japón virtualmente. Los Ministros reafirmaron firmemente su compromiso con una región “libre y abierta del Indopacífico” y reconocieron el “papel crítico de la Alianza Estados Unidos-Japón como piedra angular de la paz, la seguridad y la prosperidad regionales”.

Por su parte, Japón reiteró su determinación de reforzar fundamentalmente sus capacidades de defensa para reforzar su defensa nacional y contribuir a la paz y la estabilidad regionales. Los Estados Unidos acogieron con beneplácito la determinación de Japón y expresaron su determinación de optimizar su postura y capacidades en el Indopacífico, como se expresó en la Revisión Global de la Postura recientemente completada.

Estados Unidos también reiteró su compromiso inquebrantable con la defensa de Japón bajo el Tratado de Cooperación y Seguridad Mutuas entre Estados Unidos y Japón, utilizando toda su gama de capacidades, incluida la nuclear. Las dos partes afirmaron la importancia crítica de garantizar que la disuasión prolongada de los Estados Unidos siga siendo creíble y resistente.

Además, los jefes de Gobierno de Japón y Australia firmaron un importante acuerdo de defensa recientemente que permite una cooperación más estrecha entre sus fuerzas armadas y que constituye una respuesta a la creciente presencia de China en la región del Indo-Pacífico. Aunque China no fue mencionada por su nombre, su presencia estuvo implícita. El embajador japonés en Australia, Shingo Yamagami, dijo que “a la luz del deteriorado ambiente de seguridad, lo que Japón y Australia pueden hacer juntos primero que todo es aumentar la disuasión”.

Recuperación milagrosa y redirección por “necesidad estratégica”

Tras la rendición de 1945, Japón se convirtió en aliado de los Estados Unidos de América. Fue bajo su tutela que el 3 de mayo de 1947 entra en vigor una nueva constitución en la que se incluye el representativo articulo 9.

Este artículo no solamente convierte a Japón en el primer estado moderno con una constitución abiertamente pacifista, sino que le impide de forma fáctica defenderse a sí mismo sin depender de los Estados Unidos.

Consecuentemente, se firmarán los consiguientes pactos, el Tratado de Paz de San Francisco y el Acuerdo de Mutua Seguridad entre Estados Unidos y Japón en el año 1951. Este último estipula la obligación de Estados Unidos de defender al Estado japonés de cualquier agresión exterior. La intención inicial era que Japón no dispusiera de un ejército nacional ni de capacidad armamentística hasta que así lo considerara Estados Unidos.

Sin embargo, los planes iniciales de Estados Unidos para Japón se verían alterados con el estallido de la Guerra Fría (1947-1991) y gracias a la “proxy war” entre Corea del Norte y Corea del Sur (1951-1953) que hacía rivales indirectos a China y a Estados Unidos.

En vista de las crecientes tensiones entre ambos conflictos, el país norteamericano tuvo que “aceptar” que Japón se reindustrializara no solo a nivel económico ordinario, sino que también tuvo que ayudar al país nipón a recuperar sus capacidades de industria armamentística y modernizar todo su sistema militar.

Estados Unidos quería poder colaborar en la guerra contra Corea del Sur sin declarar un conflicto abierto en contra de un país del bloque comunista, de modo que admitiría la fundación de las ahora conocidas como Fuerzas de Autodefensa de Japón. A su vez impulsaría el conocido como “milagro japonés“.

Entre el trauma de la espada y el problema del pacifismo

Desde entonces Japón ha utilizado sus fuerzas en apoyo de misiones humanitarias o de mantenimiento de paz internacional, o para colaborar en los esfuerzos de guerra estadounidense ha contribuido económicamente en diversas compañas militares.

Con el paso del tiempo la situación se ha sentido como “injusta” para los intereses de los Estados Unidos el tener un aliado tan plenamente dependiente que no colaboraba aportando hombres en sus conflictos internacionales y que, desde su punto de vista, no “pagaba” lo suficiente para mantener las fuerzas militares establecidas en Japón para su protección. Además, no podía tampoco combatir de forma directa ni llevar el propio peso de sus intereses geopolíticos.

Cabe señalar que también para los japoneses resultaba “irónico” que cuando se desplazaban a zonas en conflicto, como Irak, sufrían grandes bajas por carecer de autorización para disparar primero. En esta situación llegó al poder el ministro Shizo Abe (2012), el ministro que más años ha gobernado Japón y el primer gobernante que intenta maniobrar sobre el artículo 9 de la constitución japonesa.

Lo que dentro de sus fronteras sería aplaudido por personalidades como Ozawa Ichiro, quien frente a las presiones de los contrarios a la idea y aquellos que infravaloraban el posible poder militar de Japón declaraba: “Sería sencillo para nosotros producir cabezas nucleares (…). Si nos ponemos serios, jamás se nos derrotará en términos de poder militar”.

Pero el plan que destacaba el exministro y que le hizo ganar las elecciones no era de índole militar, su punta de lanza fue el concepto conocido como “Abeconomics”. Un sistema que él mismo llamaba “tres flechas” para revitalizar la economía de Japón. En él se incluía una mayor flexibilidad monetaria, una política ágil de estímulos fiscales y una estrategia de crecimiento que estimulara la inversión privada.

Con estas políticas “keynesianas” pretendía dinamizar la economía japonesa que sufría un estancamiento histórico. Con estas políticas tan “populares” consiguió que el gran público no prestara demasiada atención a otras de sus ambiciones.

La empresa fue abiertamente aplaudida y respaldada por el presidente Donald Trump quien, a parte de valorar los cambios económicos de Japón, valoraba de forma muy positiva las ambiciones de Abe de circuncindar el artículo seis y poder convertir a Japón en un actor internacional más. Este repetía como mantra que Japón debía ser capaz de defenderse a sí mismo y que no podía seguir dependiendo de los Estados Unidos. Se podría decir que Japón “le hizo caso”.

A Abe solo le hacía falta otra excusa para abordar uno de los grandes legados que quería dejar a su país. Aún sin un ejército ordinario, Japón alcanzó el TOP 5 a nivel mundial en relación a poder militar. Este es un reflejo de su poder tecnológico, de investigación y de desarrollo.

Entre la amenaza china y la dependencia económica del país

Sin embargo, Abe no pudo completar su proyecto. Solo puedo aprobar, tras intensos debates la Ley de Autodefensa en el año 2014. Aún así, el tema provocaba tantas asperezas entre los parlamentarios japoneses que en la forma final se vivió un aparatoso altercado en el Parlamento Japonés que enfrentó a detractores y defensores de la ley.

Desde su modificación se han implementado dos nuevas leyes fundamentadas en el derecho de los países a la autodefensa descrito en el artículo 51 de la carta de fundación de Naciones Unidas.

A partir de ellas, Japón podría aportar apoyo logístico a los países que actúan en misiones de mantenimiento de la paz bajo auspicio de las Naciones Unidas, y también actuar en apoyo, sin especificar su tipo, de aquellos países que estén bajo ataque en función de un criterio de interés geopolítico.

Abe, debido a estas nuevas leyes, perdió mucho apoyo y la única forma en la que pudo prolongar su estancia en el poder fue desviando la atención pública hacia las reformas económicas y otros problemas domésticos. Pero la carrera armamentística de Japón ya se había puesto en marca y el nuevo primer ministro, Fumio Kishida, no muestra ninguna intención de revertir las reformas de su antecesor.

Su planteamiento de legislatura se compone a la vez de una nueva forma de gobierno con la promesa de un “nuevo capitalismo”. Basado en la redistribución de la riqueza, sus objetivos son el limar las diferencias de poder adquisitivo entre clases sociales, reforzar la clase media y ofrecer un enfoque favorezca a las pymes. No se han hecho esperar las acusaciones de socialismo o comunismo a este plan.

Por otra parte, en el plano internacional, no se desvía demasiado de su antecesor. Éste basa su discurso en la forma de pensamiento denominada Free and Open Indo-Pacific a partir del derecho de la libertad de navegación contemplado en la CNSDUM. El argumento sigue siendo que, si China amenazara la libertad de navegación, Japón intervendría.

Kishida también tiene planes de acercamiento a Estados Unidos con más reuniones y ha aumentado el gasto para sustentar las fuerzas norteamericanas establecidas en el país. Ha cambiado el nombre del fondo destinado a ello de “Fondo simpatía” a “Fondo para el refuerzo a la Alianza”.

Algunas voces internacionales lo han visto con muy buenos ojos y sostienen que el cambio de Japón para convertirse en un potencia capaz de defender sus propios intereses internacionales será claramente beneficioso para Estados Unidos y que su antagonismo a China está cada vez más claro.

Sin embargo, el primer ministro japonés continúa diciendo que deben mantenerse puentes de diálogo y buenas relaciones con China, de la que depende económicamente, y el cambio a largo plazo hacia Estados Unidos podría salir caro.

Estados Unidos no sufriría su primer desengaño con un aliado al que impulsa a proteger sus intereses pensando que lo hará respetando también los suyos. Que un actor busque sus propios intereses implica que puede pasar a perjudicar los de Estados Unidos también.

Japón, en realidad, no se desvía de su estrategia de hedging. Por ejemplo, firmando por un lado el tratado RCEP en favor de China o en favor de Estados Unidos. Lo que está por ver es con quién acabará efectuando su “bandwagonig” o “asociación final”.

Miquel Haro

Graduado en Estudios de Asia Oriental por la Universidad Autónoma de
Barcelona con especialidad en lengua China y mención en Economía y Sociedad. Doble Máster en Geopolítica y Estudios de Asia Oriental por la Charles University UK de Praga y la National Taiwan University de Taiwán.

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4 COMENTARIOS

  1. Interesante artículo, muy enriquecedor y curioso para ver si Japón consigue esa independencia de los Estados Unidos que parece que no se atreven o atrevían ni siquiera a plantearse no hace tanto tiempo.

    veremos que tiene que decir Australia en ese pacto firmado, sospechosamente con la participación ¿Fantasma? De china.

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