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Perestroika: la contrarrevolución a la Revolución de Octubre

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A cuarenta años del ascenso de Gorbachov, la perestroika sigue siendo objeto de debate. ¿Fue una oportunidad desperdiciada o el inicio inevitable del colapso soviético? En este artículo, Miquel Ribas, alumni del Máster Profesional de Analista Internacional y Geopolítico y el Curso de Experto en China de LISA Institute, explora sus reformas, contradicciones y consecuencias históricas.

Si bien hasta el momento se ha hablado de la perestroika como concepto rector de las reformas de Gorbachov, no se ha aportado una definición clara a la pregunta: ¿Qué es (o fue) la perestroika? Se trata de un concepto difuso que aún es difícil de definir.

Gorbachov, por ejemplo, la describía así: «Perestroika significa la superación de un proceso de estancamiento…, la iniciativa de las masas…, la intensificación generalizada de la economía soviética…, la resulta adaptación de medios científicos… etc.»

De esta descripción surgen muchas generalidades, sin una definición concreta. Esto permite deducir la falta de ideas claras sobre lo que se pretendía generar. En cierto modo, la perestroika podría definirse, en esencia, como un intento de responder a los múltiples problemas que aquejaban al sistema soviético en todos los ámbitos.

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La llegada de Yakovlev alteró la dinámica de la perestroika. En este contexto, se buscó profundizar las reformas ya directamente orientadas a introducir gradualmente elementos de una economía mixta. Estas medidas incluyeron la aprobación de la Ley de Salarios en 1987, que buscaba incentivar el aumento de la productividad mediante el incremento salarial.

Otro aspecto del reformismo se manifestó en el sector agrícola a través de la reforma agraria de 1986. Esta reforma transformó la estructura agrícola de la economía soviética, basada en granjas colectivas (koljoses), para introducir progresivamente empresas mixtas o cooperativas agrícolas. Finalmente, en 1988, se aprobó una ley que permitía la descentralización de las empresas estatales. Esta medida otorgó mayor autonomía y redujo su dependencia del Plan Estatal de Desarrollo Agrícola vinculado al GOSPLAN.

Todo esto se realizó con el objetivo de lograr mayores incrementos de productividad y producción en la industria ligera, con el fin de frenar el creciente desabastecimiento de productos básicos. Estas reformas, no obstante, no estuvieron exentas de errores notables. Uno de los más significativos fue intentar impulsar mecanismos propios de una economía de mercado en un sistema que llevaba setenta años bajo reglas de planificación centralizada. Por tanto, el conocimiento del funcionamiento del mercado era meramente superficial o incluso inexistente.

A nivel político, se amplió el marco de libertades de los ciudadanos y de la sociedad civil, lo cual constituyó la base de la popularidad de Gorbachov. Se cometió un error significativo durante la perestroika, y esto probablemente explica la diferencia entre la Reforma y Apertura de Deng Xiaoping en China y la de Rusia.

La filosofía de la perestroika fue, en esencia, una revolución. Se basaba en la humanidad, en su libertad de elección y en la posibilidad de desarrollar sus propios valores, de modo que todo estuviera orientado a su expansión.

De igual manera, con la perestroika se criticó el monolitismo como factor que condujo a la corrupción y al partido único basado en el poder personal. También se cuestionó un sistema de relaciones sociales fundado en la verticalidad y la sumisión, no en la igualdad. La perestroika, en este sentido, rompió con los principios y estructuras sociales y de poder que habían regido a Rusia a lo largo de su historia.

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Sin embargo, la expansión de las libertades y derechos ciudadanos, junto con la relajación de la censura y la represión, propició el auge de fenómenos que hasta entonces habían permanecido latentes, pero silenciados, en la historia de la URSS. El factor más inquietante fue el surgimiento de nacionalismos, tanto en Rusia como en la periferia. Esto implicó una ruptura entre el poder central y el de las repúblicas.

Al mismo tiempo, los desfavorables resultados obtenidos durante los años de la perestroika, sumados al compromiso con mayores libertades y la apertura de la glasnost, agravaron las tensiones. Estas tensiones crecieron cuando los líderes republicanos comenzaron a cuestionar los beneficios de permanecer en la Unión.

Perestroika y la ruptura interna del PCUS

Asimismo, en el PCUS, a nivel interno, tuvo lugar una fragmentación entre quienes comenzaban a desertar, como Boris Yeltsin. Él abandonó el PCUS para defender una «Plataforma» o «Unión Democrática» (transformada posteriormente en «Rusia Democrática»), cuya actividad se basaba en la «oposición al orden vigente» y en la defensa de los derechos humanos y de los disidentes.

Todo ello dentro de un marco multipartidista que estaba incluido en la Constitución Soviética. La introducción de la pluralidad, a partir de la presencia de fuerzas políticas alternativas al PCUS, generó un desafío sin precedentes al monopolio del poder del partido. Frente a estas corrientes, emergieron grupos más conservadores y defensores del comunismo ortodoxo, encarnados en el grupo Unión (Soyuz).

Asimismo dentro de Rusia, surgieron formaciones nacionalistas, como la formación política Recuerdo (Pamiat), heredera del movimiento nacionalista de derecha de la Unión del Pueblo Ruso y las Centurias Negras, grupos políticos vinculados al fascismo.

Al mismo tiempo surgió el Partido Comunista Ruso (PCR), considerado como una escisión del PUCS. El PCR devino una combinación heterodoxa de nacionalismo ruso y estalinismo crítica con la política de la URSS de subvencionar a otras repúblicas a costa de la pérdida de bienestar del pueblo ruso al tiempo que se oponía a las reformas de Gorbachov y Yakovlev.

La decisión de otorgar a la República Socialista Federativa Soviética de Rusia (RSFSR) un rango de entidad política marcó un cambio significativo. Hasta la era Gorbachov, esto no se había concedido debido a la asimetría territorial, demográfica y económica. Esta decisión permitió el ascenso político de Boris Yeltsin, quien ganó las elecciones contra los candidatos respaldados por el Kremlin, reflejando el hartazgo de la población con los dirigentes comunistas.

Al mismo tiempo, en este nuevo contexto, estallaron manifestaciones masivas contra el PCUS en las principales ciudades de la URSS. Esto proporcionó a Yeltsin una plataforma muy relevante para denunciar los privilegios de los que disfrutaban los miembros de la nomanklatura soviética y la corrupción dentro del PCUS.

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Este hecho se reflejó en el lema de Ligachov dirigido a Yeltsin: «Boris, no tienes razón» (Борис, ты не прав) al referirse a la separación de Yeltsin de la política soviética, que tuvo lugar en 1987.

Yeltsin, con un gran capital político en Rusia (principalmente en Moscú) gracias a sus victorias electorales desde 1989, buscó nuevos acuerdos entre el Gobierno de la Federación Rusa y el Gobierno soviético. Dichos acuerdos se centraron en la elaboración de un plan económico conocido como el «Programa de 500 Días», cuyo objetivo era la transición a una economía de mercado en un plazo de 500 días.

Con ello se pretendía obtener una rápida transformación económica y social tras décadas de un sistema económico basado en la planificación centralizada. El plan, no obstante, fracasó debido a la división entre el Gobierno ruso y el soviético. Además, a lo largo de este año, Gorbachov y Yeltsin acordaron una nueva estructura de poder que privó al PCUS del monopolio de autoridad que había disfrutado hasta entonces.

La historia también fue objeto de revisión. La libertad de prensa y la libertad de pensamiento en la sociedad civil comenzaron a generar críticas al pasado soviético. Si bien al comienzo de la era Gorbachov las críticas se centraron en el sistema estalinista y en el estancamiento de Brézhnev como responsables de los males del país, se intentó exonerar a Lenin de sus errores.

Sin embargo, en la etapa final de la perestroika, surgió una revisión histórica que afectó incluso a la figura del fundador del Estado soviético. A Lenin se le acusó de instaurar un régimen de violencia y arbitrariedad como elementos vertebradores. También se le responsabilizó por la represión que llevó a cabo contra la Iglesia Ortodoxa.

Esta creciente crítica a Lenin se reflejó después del 28º Congreso del PCUS, cuando muchas estatuas, monumentos y monolitos del líder bolchevique fueron derribados o destruidos por los consejos municipales locales. Algo similar ocurrió con los de Nicolás II durante la Revolución de Octubre. Estos eventos de rechazo hacia Lenin reflejaron el hartazgo y la desafección de la población hacia el PCUS.

Esto sucedió cuando el partido dio su apoyo a la plataforma democrática liderada por los seguidores de Yeltsin. Esta legitimación popular permitió a Yeltsin cerrar medios de comunicación alineados con el PCUS, como el Pravda.

Los resultados económicos tampoco contribuyeron a reforzar la legitimidad del Gobierno de Gorbachov. El fracaso de las reformas económicas queda ilustrado por la disminución de los ingresos y del PNB. Además, en 1989, el déficit presupuestario alcanzó casi 100 000 millones de rublos y la deuda externa, 40 000 millones. La financiación mediante el aumento de la deuda externa y los déficits presupuestarios no se ajustó al ritmo de mejora en la oferta de bienes de consumo básicos.

La URSS continuó experimentando escasez de productos básicos como refrigeradores o lavadoras, cuadernos, bolígrafos y productos de limpieza e higiene, además del racionamiento de alimentos. Igualmente, persistía el problema de la mala calidad de la vivienda, junto con el bajo poder adquisitivo de los jubilados. La mala situación económica se intensificó en las 58 huelgas de mineros que tuvieron lugar a lo largo del año 1989.

Todo esto condujo a una pérdida de legitimidad del PCUS como fuerza gobernante, que siguió debilitándose con el auge de los nacionalismos que exigían la disolución de la URSS. Gorbachov organizó un referéndum para consultar si los ciudadanos querían preservar el Estado soviético con reformas que otorgaran mayor autonomía a cada república. El objetivo era reemplazar el concepto político de Unión de Repúblicas Socialistas por el de Unión de Estados Soberanos. El resultado fue favorable, con un 76 % de apoyo.

Por otra parte, en junio de 1991, durante el XXVIII Congreso del PCUS (el último de su historia), se decidió que el partido renunciaría a su papel dirigente. Esto estaba reflejado en el artículo VI de la Constitución soviética. A partir de entonces, los comunistas aceptaron presentarse a elecciones compitiendo con otras fuerzas políticas. Este acto significó, de iure, la derogación de la piedra angular del sistema político vigente desde la Revolución y la firma del Tratado de la Unión en 1922.

Este acontecimiento impulsó a los sectores más conservadores y ortodoxos del PCUS a organizar un golpe de Estado contra Gorbachov. El intento pretendía frenar las reformas impulsadas por la perestroika y preservar la URSS, aprovechando las vacaciones del presidente en Crimea. El golpe fue frustrado y abortado por Yeltsin, quien se subió a un tanque frente a la Casa Blanca en Moscú. Desde allí, defendió la legitimidad del Gobierno soviético frente a los golpistas.

Este acontecimiento inclinó la balanza hacia la destrucción de la URSS. El papel de Yeltsin en la detención del golpe reforzó su popularidad, en un contexto donde ya gozaba de legitimidad tras su respaldo electoral. Esto lo convirtió en la figura política más popular de Rusia.

Gorbachov, en cambio, fue incapaz de contrarrestar el ascenso de Yeltsin ni revertir el colapso de las estructuras del PCUS. Aunque adoptó algunas decisiones, como la detención de los responsables del golpe —entre ellos Gennady Yanayev, su principal ideólogo—, su margen de maniobra era ya muy limitado.

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Yeltsin utilizó su cargo de presidente de la RSFSR para apoyar decretos que prohibieron las actividades del PCUS en esa república. Muchas de sus oficinas fueron clausuradas. Al mismo tiempo, contó con el apoyo de los líderes de las tres repúblicas eslavas (Ucrania y Bielorrusia) para firmar el Tratado de Belavezha. Este acuerdo puso fin a la URSS con la declaración de independencia de las tres repúblicas más representativas: Rusia, Ucrania y Bielorrusia, firmantes del Tratado Fundacional de 1922.

Frente a esto, Gorbachov, cada vez más solo y aislado, gobernaba un país que, de facto, ya no existía. Finalmente, tuvo que aceptar la realidad y dimitir de sus funciones como presidente de la URSS el día de Navidad de 1991. Su dimisión significó el fin de la URSS y la independencia de 15 repúblicas. También marcó el cierre definitivo del orden mundial surgido en la Cumbre de Yalta.

Política exterior: el nuevo pensamiento 

Algunos de los resultados positivos alcanzados durante la perestroika tuvieron lugar en el campo de la política exterior. Estos cambios se produjeron dentro de una nueva doctrina impulsada por el Kremlin. Dicha doctrina rompía con los paradigmas de política exterior soviética que habían regido el sistema de relaciones internacionales desde la guerra de Corea. En esencia, el «nuevo pensamiento» de Gorbachov buscaba un cambio sustancial en la gestión de los asuntos internacionales.

Promovía la resolución de conflictos políticos mediante la diplomacia y el diálogo, y renunciaba al uso de la violencia. También implicaba dejar de usar la intervención militar del Ejército Rojo en los estados satélites de la URSS. El «nuevo pensamiento» se enmarcaba, además, en un proceso de desideologización progresiva de las relaciones internacionales.

En este nuevo contexto, es importante destacar, una vez más, la influencia de Aleksander Yakovlev. Para Yakovlev, el principal error de la URSS tras el fin de la Segunda Guerra Mundial fue asumir un papel en el sistema internacional equivalente al de Estados Unidos. En opinión del ideólogo de las reformas de Gorbachov, la decisión de ejercer como superpotencia comparable a Estados Unidos, buscando expandir su influencia e ideología a nivel mundial, fue un error estratégico. Esto llevó al Estado soviético a destinar una gran cantidad de recursos a la política exterior. Tales recursos se desviaron del objetivo de mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos.

Al mismo tiempo, Yakovlev definía la carrera armamentista como una «competencia absolutamente inútil impuesta por los respectivos complejos militar-industrial de ambas superpotencias». Se trataba de renunciar, como argumenta la periodista Pilar Bonet, al imperialismo. La alternativa era reemplazarlo por un modelo humanista de relaciones internacionales basadas en el respeto mutuo. Esto se vio reflejado en iniciativas como la «Casa Común europea» o la aprobación de la Carta de París para una nueva Europa.

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Las victorias de Gorbachov incluyen el impulso de negociaciones con Washington para iniciar el desarme, mediante cumbres como la de Reikiavik y la firma del Tratado INF. Este acuerdo eliminó toda una clase de arsenales nucleares y convencionales de alcance intermedio y corto, y trajo estabilidad al continente europeo (Taibo, 1995, pág. 80). De igual manera, este nuevo enfoque representó una ruptura con la Doctrina Brézhnev.

Permitió a los países del Pacto de Varsovia elegir su propio camino, en un contexto donde la URSS no intervendría militarmente en los procesos internos. Este enfoque condujo a la caída del Muro de Berlín, la reunificación de Alemania y las transiciones políticas pacíficas en Europa del Este. También implicó la mejora de las relaciones con estados asiáticos, en el marco del discurso de Vladivostok pronunciado en 1986. Del mismo modo, la URSS se retiró de todos los conflictos en los que había estado involucrada al inicio del mandato de Gorbachov. Fue especialmente significativa la retirada de las tropas soviéticas de Afganistán.

A pesar de la mejora en las relaciones con los países del llamado bloque occidental o capitalista, muchos de ellos, como Estados Unidos o el Reino Unido, mantuvieron cierto escepticismo. La mayoría se negó a proporcionar asistencia financiera a Moscú sin garantías de que la URSS adoptaría los principios de una economía de libre mercado. Solo así permitirían la entrada de capital extranjero (occidental).

Discusiones acerca de la perestroika cuarenta años después

Cuarenta años después de la llegada al poder de Gorbachov, continúa el debate sobre si fue posible salvar la URSS y el sistema marxista, o si su colapso era inevitable. Hasta cierto punto, el contexto histórico demuestra que el sistema requería una reforma significativa. La ortodoxia desarrollada desde la Revolución de Octubre no era sostenible. La perestroika fracasó por cinco razones principales:

  1. Cambio de sistema económico sin conocimiento del funcionamiento del modelo económico que se quería implantar (economía de mercado o capitalista). 
  2. El crecimiento progresivo del capitalismo y la transmisión de valores alternativos al socialismo oficialista marcaron una tendencia difícil de revertir. Entre estos valores estaban los humanistas, los ecologistas e incluso elementos mercantiles derivados de las reformas en las estructuras de propiedad de las empresas.
  3. El papel del PCUS, quien mantuvo su esencia de única fuerza real (vanguardista) manteniendo a la sociedad civil subordinada a él.
  4. Ruptura negociada entre diferentes fuerzas políticas, así como de instituciones que en el pasado jugaron un papel clave en preservar la estructura del régimen. Entre ellas destacaban las fuerzas armadas soviéticas.
  5. Incapacidad del PCUS, a lo largo de sus setenta años de monopolio del poder político, para solucionar el dilema étnico y las divergencias entre centro y periferia.

A pesar de quienes consideran (como el presidente ruso Vladimir Putin o el líder chino Xi Jinping) que la preservación de la URSS habría sido posible, y que, en el caso de Xi, la disolución fue consecuencia de la falta de voluntad de los dirigentes soviéticos para continuar con sus reformas, hay una conclusión que parece obvia.

El Estado soviético surgido tras la perestroika no habría tenido nada que ver con el concebido por Lenin y los bolcheviques tras la Revolución de Octubre. Un ejemplo de ello fue el XIII Plan Quinquenal, que nunca se implementó. Este plan propugnaba la transición de una economía planificada a una economía social de mercado, rompiendo con la matriz principal de la economía soviética bajo los bolcheviques.

La perestroika implicó una ruptura con la arquitectura estatal diseñada por los bolcheviques de tres elementos principales:

  1. El desplazamiento del centro vital del poder político del PCUS hacia una estructura gubernamental elegida democráticamente.
  2. Transferencia de la economía desde una base administrativa fuertemente centralizada y autoritaria hacia un sistema más flexible y descentralizado.
  3. Descentralización de las relaciones reciprocas entre diversos componentes nacionales sometidos, a menudo al nacionalismo ruso, tanto en la etapa zarista como en la soviética.

En suma, se trató de una ruptura con la mayoría de los principios que establecieron los bolcheviques al fundar el Estado soviético. Este hecho lleva a considerar a la perestroika como la contrarrevolución que surgió frente a la Revolución de Octubre. En ella, el líder populista que supo persuadir a las masas contra el aparato estatal del PCUS fue Boris Yeltsin. Esto contrasta con la situación de 1917, cuando fue Lenin quien logró movilizar a las masas para alzarse contra el Gobierno Provisional.

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Sin embargo, a pesar de todas las críticas que puedan surgir en torno al período de Gorbachov, este no es una excepción en la historia de la URSS. Al fin y al cabo, todos los liderazgos soviéticos son contradictorios. Reflejan el ser de la URSS como Estado y como superpotencia. Un Estado difícil de definir, pero que ha sido, en esencia, el resultado de una agridulce amalgama de grandes éxitos y estrepitosos fracasos. Dada la descomposición y el colapso del sistema marxista-leninista, estos últimos parecen haber prevalecido sobre los primeros.

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Francia multa a Google y Shein por violar la Ley de Cookies

El regulador francés impone sanciones récord a los dos gigantes digitales por incumplir la normativa de consentimiento en Internet. Google afronta su tercera multa millonaria en Francia mientras Shein anuncia que apelará la decisión.

La Comisión Nacional de Informática y Libertades (CNIL) impuso a principios de septiembre sanciones históricas contra Google y Shein por incumplir la normativa francesa y europea de cookies. El regulador multó al gigante de las búsquedas con 325 millones de euros y al minorista de moda rápida con 150 millones, en lo que calificó como una de las medidas más severas aplicadas hasta la fecha. Según detalló la autoridad, ambas compañías instalaron cookies publicitarias sin obtener el consentimiento libre e informado de sus decenas de millones de usuarios en Francia.

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El regulador explicó que las cookies son archivos esenciales para la publicidad digital, pero recordó que su instalación sin permisos claros vulnera la ley. En el caso de Shein, la CNIL denunció que la compañía llegó a recopilar datos masivos a través de los dispositivos de 12 millones de usuarios mensuales en el país, sin proporcionar información adecuada ni opciones claras para retirar el consentimiento. «Hemos actualizado nuestros sistemas en conformidad con los requisitos franceses y europeos», respondió Shein, que anunció además que apelará la decisión por considerarla «totalmente desproporcionada».

Peor situación para Google

La situación de Google está considerada aún más grave debido a los antecedentes. La CNIL recordó que ya había sancionado a la empresa en 2020 con 100 millones de euros y en 2021 con otros 150 millones. En esta ocasión, los fiscales llegaron incluso a pedir una multa superior, de 520 millones. El organismo detalló que el buscador aplicó un «muro de cookies» al obligar a aceptar rastreadores al crear una cuenta y añadió que no explicó de forma suficiente las implicaciones de esa práctica. «Estamos estudiando la decisión y recordamos que ya hemos atendido a demandas previas del regulador», indicó Google.

Además, la autoridad francesa destacó el impacto de Google en su servicio de correo Gmail, donde 53 millones de usuarios en Francia se vieron expuestos a anuncios insertados en sus bandejas de entrada sin consentimiento previo. La CNIL calificó esa práctica como «prospección directa», lo que según la jurisprudencia europea requiere autorización explícita. Este punto se añadió a la lista de «negligencias» atribuidas por el organismo a la multinacional estadounidense, que deberá cumplir con una serie de obligaciones en un plazo máximo de seis meses.

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Finalmente, la CNIL advirtió que, en caso de no adaptarse a las exigencias dentro de ese período, Google y su filial irlandesa enfrentarán sanciones adicionales de 100.000 euros por cada día de retraso. Mientras tanto, el regulador defendió la contundencia de las multas como parte de una «estrategia general» que ha aplicado en los últimos cinco años contra plataformas de gran alcance. Con estas resoluciones, el organismo busca alinear a los principales actores del mercado digital respecto al respeto de los derechos de los usuarios franceses.

¿Por qué a Rusia le conviene que Ucrania entre en la Unión Europea?

Te explicamos cinco razones estratégicas por las que al Kremlin le convendría la entrada de Kiev en la UE y por qué puede ser aceptable para sus intereses económicos y geopolíticos.

Aunque Vladímir Putin ha presentado la ampliación de la OTAN como una «línea roja», el propio presidente ruso repite desde febrero de 2025 que «nunca nos hemos opuesto a la posible adhesión de Ucrania a la Unión Europea». Detrás de esa aparente apertura hay, al menos, cinco cálculos estratégicos que explican por qué Moscú podría ver con buenos ojos (o, al menos, tolerar) la entrada de Kiev en la UE.

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Desmarcar OTAN y UE para fijar la verdadera «línea roja»

  • El Kremlin asume que la OTAN es un bloque militar hostil con Rusia. La UE, en cambio, es un proyecto político-económico sin cláusula de defensa automática al estilo del Artículo 5 de la Alianza, lo que supone de facto una integración sin paraguas militar.
  • Al aceptar públicamente la opción europea, Putin refuerza su narrativa de que el verdadero problema es la expansión militar occidental, no la integración económica de Ucrania.
  • Además, el mensaje busca dividir a los socios occidentales: «Si queréis asociación económica, Rusia no lo impide. Lo intolerable es el paraguas militar».

Convertir la membresía en moneda de cambio negociadora

  • El jefe del Kremlin menciona una y otra vez la posibilidad de «garantías de seguridad» para Kiev que no incluyan la OTAN.
  • Permitir que Ucrania avance hacia la UE (pero no hacia la OTAN) crea un terreno intermedio susceptible de convertirse en un gran pacto de seguridad europeo en el que Moscú exigiría concesiones (levantamiento gradual de sanciones, reconocimiento de control sobre ciertos territorios, etc.).

Preservar el rol de Rusia como proveedor energético y corredor de tránsito

  • Una Ucrania dentro del mercado único necesitará inversión en redes eléctricas, gas y ferrocarril compatibles con los estándares de la UE.
  • Las compañías rusas pueden presentarse como socios naturales (por proximidad física y experiencia) para modernizar o seguir utilizando rutas de exportación de gas y petróleo hacia la UE, pese a la actual política de diversificación europea.

Diluir el nacionalismo antirruso con la «europeización» institucional

  • El ingreso obligaría a Kiev a armonizar legislación, sistemas judiciales y prácticas administrativas con Bruselas.
  • Moscú apostaría a que el largo y tecnocrático proceso de aproximación europea reduzca el fervor nacionalista de guerra y disperse la agenda política interna de Ucrania, haciéndola más predecible y, eventualmente, más abierta a compromisos bilaterales.

Debilitar la cohesión sancionadora dentro de la UE

  • Incorporar a un país devastado por la guerra y con enormes necesidades financieras, obligaría a la UE a destinar ingentes recursos a su reconstrucción.
  • En un contexto de fatiga presupuestaria, algunos Estados miembros podrían mostrarse más reacios a mantener (o ampliar) los paquetes de sanciones contra Rusia, una vez que Ucrania se siente protegida dentro del bloque y la guerra se congele.

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En síntesis, aceptar la ruta europea de Kiev permite a Putin redefinir el conflicto como una cuestión de arquitectura de seguridad (OTAN), no de esfera económica. Esa distinción le brinda palancas para negociar, oportunidades para seguir influyendo en la economía regional y la posibilidad de erosionar la unidad occidental sobre las sanciones, todo sin conceder la garantía militar que más teme: el paraguas atlántico.

¿Rusia y China seguirán siendo aliados? Prospectiva sobre una hermandad con fecha de caducidad

La alianza entre Rusia y China aparenta solidez, pero es desigual. Beijing gana influencia en el Lejano Oriente ruso. En este análisis, Artiom Vnebraci Popa expone cómo el vínculo se vuelve estratégico, pero también frágil.

La narrativa oficial entre Moscú y Beijing afirma a ambos países como base pilar alternativa al sistema global dominado por Occidente. Así, las imágenes televisivas de maniobras militares, las visitas oficiales, el turismo interestatal y las cumbres bilaterales parecen querer reforzar el relato de una alianza sólida. Una alianza basada en la amistad y los valores compartidos. Pero sin ir más lejos, la historia y el análisis geopolítico muestran más bien un pacto pragmático, moldeado por circunstancias del contexto y temporales, en vez de una hermandad ideológica.

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Bajo la retórica de cooperación, la República Popular China mantiene un claro interés estratégico de influencia en áreas rusas poco pobladas y ricas en recursos, como el Lejano Oriente, Siberia y el Ártico. Así, estas regiones podrían convertirse en un escenario de gradual penetración económica, influencia política y colonización de facto.

Alianza por necesidad, no por afinidad

La cooperación sino-rusa actual ha sido configurada sobre la forma de exclusión mutua que ambas potencias experimentan frente a Occidente. Tras la anexión de Crimea y la imposición de sanciones occidentales, Rusia ha debido de buscar nuevos mercados. China, con su amplia demanda de energía y materias primas, ha sido el socio ideal: compra gas, petróleo y minerales masivamente.

Para Beijing, Rusia es una pieza más (aunque pragmática) en su tablero geopolítico: un proveedor de recursos estratégicos y un actor estatal que desvía la atención político-militar de Occidente hacia la guerra de Ucrania. De esta forma, la República Popular China puede concentrar su estrategia de influencia regional en el Índo-Pacífico.

Sin embargo, esta «hermandad» carece de un fundamento sólido. El modelo ruso se basa en un estatismo centralista de corte nacional vinculado a la extracción de recursos. El modelo chino, en cambio, es un autoritarismo tecnocrático con una economía orientada al control de cadenas de suministro globales.

El análisis estratégico se refiere a este tipo de alianzas como cooperaciones negativas: uniones por antagonización y por lo que ambos actores rechazan. Pero esto las hace especialmente frágiles ante cambios en la arena internacional.

Heridas y espinas históricas

Las tensiones sino-rusas no nacen de la contemporaneidad, sino de un pasado lleno de tratos desiguales. En el siglo XIX, cuando China atravesaba su «era de humillación» bajo presión de potencias europeas, el Imperio ruso aprovechó la debilidad de la dinastía Qing para expandir su frontera oriental. Así, bajo el Tratado de Aigún (1858) y la Convención de Pekín (1860), China cedió alrededor de 600.000 km², incluyendo territorios estratégicos con acceso al mar, como Vladivostok.

También, a finales del siglo XIX, Rusia obtuvo derechos de construcción y control del ferrocarril transmanchuriano. Por último, incluso bajo la ideología compartida del comunismo, las relaciones sino-rusas se deterioraron hasta llegar a enfrentamientos armados mínimos en la isla Zhenbao/Damansky.

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En la memoria china, tanto popular como militar, tales cesiones son parte de espinas históricas aún clavadas. La narrativa oficial rara vez lo menciona por cuestiones diplomáticas de neutralidad. Sin embargo, los mapas escolares chinos y ciertos discursos nacionalistas siguen recordando que el Lejano Oriente ruso le fue arrebatado a China durante una etapa de debilidad. Para el Kremlin, esta constatación histórica es incómoda. Sabe que su socio más apegado en la actualidad nunca ha terminado de renunciar a la idea de que tales tierras puedan volver a orbitar bajo su influencia.

Desequilibrio demográfico-económico en el Lejano Oriente ruso y refugio climático

El Lejano Oriente ruso (una vasta región que supera en tamaño a toda la Unión Europea), enfrenta un notable desequilibrio demográfico y económico frente a su vecino chino. A pesar de una extensión de más de 6 millones de km², alberga menos de 8 millones de habitantes. Esto representa una densidad poblacional mínima y unas condiciones de inversión económica en desventaja (y no aprovechadas). 

A su vez, al otro lado de la frontera, las provincias chinas de Heilongjiang, Jilin y Liaoning concentran más de 100 millones de personas en un espacio mucho más reducido. Esta diferencia no es solo una cuestión de estadística numérica. Mientras la Federación Rusa mantiene negocios basados en el extractivismo de recursos, con problemáticas logísticas de conectividad y servicios, la República Popular China busca diversificar su población.

También quiere ampliar sus espacios geográficos, promover su aparato productivo y tejer una red de infraestructura moderna aún más amplia. Cabe destacar que, en las ciudades rusas cercanas a la frontera, el mercado chino integra formalmente el yuan. Además, los negocios y las señalizaciones se escriben en mandarín, y el comercio bilateral de materias primas sigue en auge. Tal situación ha comenzado a alertar al Kremlin, que percibe el riesgo de que la influencia económica china devenga, a largo plazo, en un dominio geopolítico indirecto sobre regiones clave.

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A este panorama se le ha de añadir un interés geoestratégico creciente por parte de diversos países hacia el Lejano Oriente ruso, Siberia y el Ártico. Con el avance del cambio climático, vastas zonas de estas regiones, antes consideradas inhóspitas, han empezado a percibirse como potenciales espacios habitables y económicamente viables. El deshielo gradual abrirá nuevas rutas marítimas en el Ártico, como la Ruta Marítima del Norte, y facilitará el acceso a recursos naturales antes inaccesibles.

Esta transformación convierte el Extremo Oriente ruso en una región codiciada. No solo por su valor energético, sino también como refugio climático en un mundo afectado por olas de calor extremo, escasez hídrica y desertificación. En tal contexto, la escasa presencia poblacional rusa y el debilitado control económico del Kremlin sobre su propio territorio oriental aumentan su vulnerabilidad. Esto lo expone a posibles dinámicas de ocupación simbólica, inversión externa y/o dependencia estratégica.

La estrategia china de influencia regional exterior

Beijing ha perfeccionado un modelo de proyección de poder basado en la inversión masiva, el control de recursos y la creación de dependencia económica (evitando el uso directo de la fuerza). Este tipo de estrategia probada en América Latina, el sudeste asiático y África, son adaptadas al modelo estatal ruso y a su territorialidad geográfica.

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Por ejemplo, el gasoducto Power of Siberia canaliza el suministro energético a la República Popular China mediante contratos difíciles de renegociar para Moscú, debido a la pérdida de socios compradores. Por otro lado, empresas chinas han comenzado a arrendar grandes extensiones de tierras agrícolas con la retórica de seguridad alimenticia. Sin embargo, en realidad, esta táctica económica responde más bien al establecimiento de comunidades rurales chinas en territorio ruso. A su vez, la construcción de infraestructura financiada con capital chino facilita el comercio y la logística, pero también implica un riesgo estratégico con posibles implicaciones militares en caso de crisis.

De esta forma, si tales dinámicas se mantienen, el gobierno chino podría comenzar a consolidar formas sutiles de colonización de facto. La dominación no llegaría con soldados y grandes batallas, sino a través del control de cadenas de suministro, el crédito y las infraestructuras críticas. Así, el soft power chino articulado a largo plazo, podría transformar una región lejana de Rusia en una extensión silenciosa de su zona de influencia.

3 escenarios prospectivos de conclusión

Horizonte: 2030

Escenario 1: Continuidad asimétrica

Rusia y China mantienen su alianza estratégica, pero la dependencia rusa es más alta. Moscú profundiza su vínculo con Beijing debido a las sanciones occidentales y su condición de Estado paria. En el Lejano Oriente ruso y Siberia, la presencia económica y demográfica china se normaliza. Las empresas chinas consolidan el control sobre sectores clave como agricultura, infraestructura y energía. Al mismo tiempo, las comunidades rurales chinas aumentan exponencialmente.

Moscú mantendría la soberanía formal de tales territorios, pero perdería funcionalidad operativa. De esta forma, la Federación Rusa se encontraría en una jaula dorada estratégica: necesitaría a China para sobrevivir, pero se vería cada vez más condicionada a aceptar términos de Beijing. 

Horizonte: 2035

Escenario 2: Fricción por soberanía y reacción regional

Sectores ultranacionalistas rusos y los oligarcas tecnócratas obligan al Kremlin a reducir los acuerdos con China y a reformar su presencia económico-militar en la región (y en las fronteras sino-rusas). Las concesiones territoriales son paulatinamente negadas, los arrendamientos agrícolas son revocados y el uso del yuan restringido en mercados locales. Esto genera tensiones diplomáticas con Beijing y China interpreta estas acciones como traición a su «cooperación estratégica». Las tensiones económicas se traducen en disputas comerciales y sabotajes indirectos en infraestructuras clave. Rusia «gana» cierta soberanía, pero su economía se ve más debilitada.

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En respuesta, la República Popular China intensifica su presión en foros multilaterales y promueve una narrativa de «aislamiento internacional parcial» para debilitar la imagen de la Federación Rusa. El Lejano Oriente y Siberia se convierten en un espacio de contención mutua. Sin embargo, China sigue sin promover una belicidad narrativa abierta, debido a su necesidad de acceso al Ártico y su antagonismo con Occidente.

Horizonte: 2035-2040

Escenario 3: Re-acercamiento ruso a Occidente y erosión del eje con China

Ante el desgaste de la guerra en Ucrania, nuevas administraciones estadounidenses y nuevos intereses rusos comerciales impulsan un giro diplomático hacia Occidente. Se alivian las sanciones, se habla de cooperación económico-militar en el Ártico, se atraen inversiones occidentales y la economía rusa es estabilizada.

La Unión Europea, en busca de autonomía estratégica frente a Estados Unidos y con el objetivo de contener la influencia china en Eurasia, África y Latinoamérica, acepta restablecer relaciones económicas parciales con Rusia bajo condiciones políticas. Este giro debilita el eje Moscú-Beijing. La República Popular China, que había consolidado redes de influencia en el Ártico, Siberia y el Lejano Oriente, ve cómo Rusia restringe acuerdos de infraestructura. Además, renegocia contratos energéticos para diversificar su economía hacia Europa, Estados Unidos, Oriente Medio y Asia Central.

A nivel internacional, esto rompe el frente común sino-ruso frente a Occidente. En la política interna rusa, el acercamiento a Europa genera divisiones. Una élite tecnocrática ve en ello una oportunidad de modernización. En cambio, sectores patrióticos temen que Rusia vuelva a depender del bloque occidental. Para China, este escenario representa una amenaza estratégica: la pérdida de un socio territorial clave, el freno a su expansión hacia el norte y una Europa fortalecida en su contención de Beijing.

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¿Qué son las salvaguardias nucleares y por qué se han vuelto una prioridad para la UE?

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Las salvaguardias nucleares son un pilar clave para la Unión Europea, pues garantizan un uso pacífico y seguro de la energía nuclear. En este artículo, Javier Pera explica su origen, desarrollo e implementación, los actores internacionales implicados y por qué son hoy una prioridad estratégica para la UE.

Las salvaguardias nucleares constituyen un término muy común en el ámbito de la seguridad energética, pero escasamente reconocido para el público general. Sin embargo, su trascendencia geopolítica en el inestable tablero internacional es enorme.

Salvaguardias nucleares: origen y definición

Las salvaguardias nucleares son mecanismos de control internacional aplicados en instalaciones nucleares. Garantizan que el uso de cualquier material nuclear no tenga fines militares.

De este modo, por medio de acuerdos internacionales de salvaguardia se asegura que el uso de las instalaciones nucleares es puramente pacífico. 

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Entre los diferentes objetivos pacíficos generalmente reconocidos por las salvaguardias se encuentra un amplio abanico de casos. Aunque los más comunes y evidentes son la producción de energía eléctrica, el uso médico en diagnósticos o tratamientos, (como la radiología), o la investigación científica, hay otros más usos de material nuclear catalogados como legítimos.

El uso de material nuclear también puede tener una aplicación industrial. Algunos ejemplos son las radiografías para comprobar materiales o el cálculo de la densidad de elementos. También se emplea en la medición de la irradiación para preservar alimentos.

En la agricultura su uso también es común, por ejemplo, para controlar plagas o mejorar el rendimiento de los cultivos. Por otro lado, en el sector de la exploración espacial se utilizan baterías nucleares, o mejor conocidos como generadores termoeléctricos radioisótopos para naves espaciales. En el cuidado medioambiental, concretamente en el estudio del clima y el seguimiento de la contaminación se hace uso de material nuclear. Finalmente, con el objetivo de responder ante emergencias, la detección de la radiación es clave.

A pesar de la designación clara de los usos nucleares civiles y pacíficos según los acuerdos internacionales, algunos actores continúan produciendo energía nuclear con fines militares y armamentísticos.

Naciones Unidas reconoce oficialmente a nueve potencias en posesión de armas nucleares. Su arsenal e inventario se clasifica en función de la disposición de cabezas (u ojivas) nucleares desplegadas, almacenadas y retiradas. Estos países son los cinco miembros permanentes de la ONU (Rusia, Estados Unidos, China, Francia y Reino Unido), junto a India, Pakistán, Israel y Corea del Norte.

Más allá de estas potencias, otros actores internacionales han sido acusados de disponer o intentar producir armamento nuclear. En este grupo se señalan tanto a Estados como a organizaciones terroristas.

El caso más paradigmático y reciente es Irán. A través del enriquecimiento de uranio, ha sobrepasado el uso civil de su material nuclear con el objetivo de desarrollar armamento propio. Por esta razón, ha sido señalado por gran parte de la comunidad internacional. Estas prácticas ilícitas son perseguidas por distintos actores internacionales mediante la puesta en marcha de mecanismos de salvaguardias nucleares.

El origen de las salvaguardias nucleares, o al menos de los esfuerzos por evitar escaladas nucleares y la aparición de nuevos actores con armamento nuclear, se remonta a la Guerra Fría.

En la fase del conflicto donde se alcanzó el punto álgido de disuasión, la escalada militar y nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética era muy elevada. En ese contexto, el estadounidense Donald Brennan propuso la doctrina «MAD» (Mutual Assured Destruction).

Según este principio, cualquier ataque nuclear de una superpotencia provocaría un contraataque devastador. Esto causaría la aniquilación mutua y un desastre mundial. Esta noción derivó en un periodo de distensión y acercamiento entre ambos bloques a partir de 1962. El temor a la escalada y la conciencia sobre el desmesurado gasto armamentístico favorecieron este cambio.

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Durante esa fase de distensión, en 1970 entró en vigor el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP). Este acuerdo internacional buscaba frenar la propagación de armamento nuclear, impulsar la cooperación en el uso pacífico de la energía nuclear y promover el desarme. El tratado fue prorrogado indefinidamente en 1995 y continúa vigente en la actualidad. No obstante, su persistencia futura plantea serias dudas.

La pérdida de confianza hacia las organizaciones internacionales y el derecho internacional, junto al rearme militar global y el ascenso de nuevas potencias, limita la protección internacional frente al uso militar de la energía nuclear. Como consecuencia, ha aumentado la necesidad de impulsar nuevos mecanismos de control, como las salvaguardias.

Los actores internacionales implicados en la seguridad nuclear

La Organización de las Naciones Unidas no solo se compromete con la seguridad nuclear global desde el derecho internacional a través del Tratado de No Proliferación Nuclear. También, por medio de la IAEA (Organismo Internacional de Energía Atómica), promueve el uso de tecnologías nucleares con fines pacíficos y en condiciones de seguridad tecnológica y física. De este modo, se declara como el centro mundial de cooperación en el ámbito nuclear.

El EURATOM (Comunidad Europea de Energía Atómica) coordina los programas de investigación de energía nuclear dentro de la Unión Europea. Su objetivo inicial en 1957 fue fomentar el desarrollo energético nuclear para reducir la dependencia y cubrir el déficit de recursos como carbón y petróleo. En la actualidad, también garantiza la aplicación pacífica de la energía nuclear en Europa.

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Además de la cooperación y la coordinación, ambos organismos persiguen objetivos de concienciación y difusión sobre el uso correcto de la energía nuclear. Algunos ejemplos de estas labores son publicaciones sobre dónde depositar combustibles gastados de forma no contaminante o materiales de apoyo para contrarrestar la desinformación en torno a la energía nuclear.

Paralelamente, la Comisión Europea dispone de hasta cinco centros de investigación científica y técnica. Estos centros, denominados Joint Research Centre (JRC), están especializados en distintas materias. A partir de ellos, la Comisión Europea transforma resultados científicos en políticas. La sede del JRC en Karlsruhe, Alemania, es el principal centro europeo de investigación y seguridad nuclear.

Su objetivo es garantizar un uso seguro y eficiente de la energía nuclear en el continente. Para ello desarrolla investigación, entrenamiento y estandarización. Entre sus prácticas destacan la gestión de residuos, la vigilancia de la radiación ambiental y el análisis del combustible nuclear. Además, el JRC de Karlsruhe juega un rol fundamental en la implementación del Programa de Investigación y Entrenamiento de Euratom.

En relación con el entrenamiento nuclear en Europa, el JRC de Karlsruhe ha puesto en marcha el programa EUSECTRA (Centro Europeo de Formación en Seguridad Nuclear). Este centro instruye a funcionarios de primera línea (como policías, agentes de aduanas y responsables de seguridad), así como a formadores y expertos. El objetivo es enseñar cómo detectar y responder al tráfico ilícito de materiales nucleares u otros materiales radiactivos.

¿Cuál es el interés de la Unión Europea en garantizar la seguridad nuclear?

La cooperación y seguridad nuclear se ha convertido en un ámbito prioritario para la Unión Europea, siendo diversos los motivos por este interés tan profundo.

Desde el punto de vista geopolítico, la proliferación nuclear en regiones cercanas como Oriente Medio o el Norte de África amenaza directamente la estabilidad europea. Más allá de consideraciones éticas o legales, el surgimiento de potencias regionales capaces de vulnerar el marco jurídico nuclear internacional representa un riesgo para la integridad de Europa.

En los ámbitos económicos y tecnológicos, la Unión Europea promueve el uso de la energía nuclear con fines pacíficos. Garantizar la confianza en la cooperación tecnológica y energética, así como proteger las cadenas de suministro, refuerza su competitividad global. Al mismo tiempo, la Unión Europea defiende una transición ecológica y energética en la que la apuesta por fuentes renovables y por la nuclear es prioritaria. En este proceso de descarbonización, la energía nuclear para producir electricidad se ha vuelto cada vez más común en el Viejo Continente.

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Desde la perspectiva normativa e identitaria, la participación de la Unión Europea en la IAEA y el rol de EURATOM muestran su compromiso con un orden internacional basado en reglas. La proliferación de actores nucleares ilegítimos no solo amenaza la estabilidad europea. También pone en riesgo sus valores, su identidad y su concepción normativa.

La presencia de Francia como potencia nuclear oficial en la Unión Europea juega un papel fundamental en la defensa de la seguridad nuclear. Proteger a Francia frente a nuevos actores nucleares ilegales garantiza que no disminuya su capacidad disuasoria, y con ello, la de Europa en su conjunto.

En definitiva, las salvaguardias nucleares no son un concepto abstracto reservado a expertos. Son un mecanismo esencial para garantizar la estabilidad internacional, la seguridad europea y la protección de la vida cotidiana. La Unión Europea ha comprendido que asegurar el uso pacífico de la energía nuclear refuerza su papel como actor global y protege su futuro energético, económico y geopolítico.



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Putin invita a Zelenski a Moscú para celebrar una reunión bilateral

El mandatario ruso aseguró desde China que «si Zelenski está listo, que venga a Moscú» para una cita bilateral entre ambos.

El presidente de Rusia ha propuesto una reunión bilateral en Moscú junto con su homólogo ucraniano, Volodímir Zelenski, después de que Putin admitiera que «evitó» cualquier concesión sobre la invasión iniciada en febrero de 2022. «Si Zelenski está listo, que venga a Moscú», declaró en una rueda de prensa, donde además reconoció que Donald Trump le pidió expresamente aceptar este encuentro que, en teoría, debía cerrarse en dos semanas.

Desde China, Putin reafirmó que «sigue en pie» una invitación para que el propio Trump visite Moscú. No obstante, admitió que no hay plan alguno al respecto y, aun así, elogió el papel de los mediadores actuales, entre ellos el enviado estadounidense Steve Witkoff.

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En relación con la guerra, el mandatario dejó abierta la posibilidad de un fin con «una solución aceptable» si prevalece «el sentido común». En el terreno, explicó, las Fuerzas Armadas de Rusia tienen la iniciativa y «avanzan en todas direcciones», mientras que la parte ucraniana «se limita a tapar huecos».

Sin embargo, el líder ruso recalcó que las garantías de seguridad que reclama Zelenski cruzan líneas rojas para Moscú. «La seguridad de un país no puede garantizarse a expensas de otro», alegó, criticando además la posible incorporación de Ucrania a la OTAN, y advirtió que transferir a Ucrania activos rusos congelados por sanciones podría causar «un daño inmenso» a la economía mundial.

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La problemática del deepfake y la IA en la seguridad de las comunicaciones

Los deepfakes representan una de las amenazas más disruptivas en la seguridad digital actual. Su capacidad para crear falsificaciones realistas desafía la confianza en la información. El CEO de Quantum Babylon y alumno certificado del Máster Profesional de Analista de Inteligencia de LISA Institute, Juan Pablo Castillo Cubillo, analiza su impacto, riesgos y el papel de la inteligencia artificial en este fenómeno.

En la actualidad vivimos en una era de hiperconectividad. Cualquier acción puede cruzar el globo gracias a las autopistas que Internet ha proporcionado, sin importar el convulso devenir geopolítico de los últimos tiempos.

Todo lo sucedido demuestra que cualquier tipo de información, por minúscula o insignificante que parezca, es solo una pieza de un gran puzle. Terceras partes interesadas buscan completarlo con un objetivo: utilizarlo en su favor. Por esta razón, la seguridad en las comunicaciones se ha convertido en un elemento crucial. Afecta por igual al ámbito empresarial, militar e institucional.

La salvaguarda de información confidencial y la preservación de la integridad en las transmisiones de datos aseguran la continuidad operativa. También resultan determinantes para mantener una ventaja competitiva y estratégica en escenarios cada vez más complejos y exigentes.

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Hoy, las fronteras entre aliados y enemigos se han desdibujado definitivamente. Esto se debe, en parte, a la llegada de Trump a la Casa Blanca, su actitud ante el conflicto en Ucrania, su «guerra arancelaria» y su desdén hacia socios económicos y aliados. Todo ello plantea un nuevo e incierto escenario para la protección de Europa.

Definición y contexto de los deepfakes

Para entender el alcance del campo de la seguridad de las comunicaciones es necesario exponer las medidas y tecnologías que salvaguardan la información transmitida por canales digitales.

El éxito de la seguridad en las comunicaciones reside en su capacidad para prevenir accesos no autorizados, asegurar la confidencialidad y preservar la integridad de los datos. También protege los centros de información.

En los ámbitos mencionados, un mínimo fallo de seguridad puede desencadenar efectos catastróficos. Estos van desde la pérdida de vidas en situaciones de conflicto hasta el colapso financiero de una organización.

En el entorno militar e institucional, esta protección es clave para resguardar órdenes operativas y datos críticos. Su vulnerabilidad podría comprometer directamente la seguridad nacional. En el sector empresarial resulta igualmente esencial. Permite proteger activos como la propiedad intelectual, los datos sensibles de clientes y la información financiera, elementos fundamentales para la estabilidad y la competitividad de las organizaciones.

Un nuevo mundo donde un centro de datos es un punto estratégico tan sensible como una central nuclear

En este nuevo contexto post-globalización, la interdependencia económica y tecnológica persiste. Sin embargo, convive con tensiones geopolíticas y rivalidades estratégicas. En este escenario, los centros de datos han adquirido una relevancia comparable a infraestructuras críticas como las centrales nucleares.

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Esta sensibilidad estratégica se explica por varias razones clave. Los centros de datos almacenan y procesan grandes volúmenes de información personal, gubernamental, financiera y militar. Estos datos son el «combustible» que alimenta la economía mundial.

En un escenario de rivalidad entre EE.UU., China y la UE, controlar los centros de datos equivale a ejercer soberanía sobre la información. Hoy este recurso es tan vital como la energía nuclear.

Un ataque a un centro de datos podría paralizar servicios esenciales e infraestructuras críticas. Entre ellos se incluyen redes eléctricas, sistemas de salud, transporte, defensa y comunicaciones militares. También afectaría a las transacciones financieras y cadenas de suministro. La lista es interminable.

Todo esto los convierte en blancos prioritarios para ciberataques, sabotajes o espionaje por parte de estados rivales y grupos delictivos. Incluso más que una central nuclear, que en una guerra suele ser más respetada por el riesgo global de contaminación. En esta nueva era, el concepto de objetivo estratégico está cambiando.

Nuevos modelos para los nuevos tiempos

Hay que tener en cuenta que las líneas que delimitan sectores ya no se restringen a un campo de batalla físico ni a oficinas corporativas. Han migrado al terreno virtual, donde la velocidad y sofisticación de los ataques exige respuestas tecnológicas innovadoras. La esfera digital ha adelantado a la física desde un punto de vista estratégico. Ahora llega un nuevo escalón marcado por la inteligencia artificial.

La IA puede analizar grandes volúmenes de datos en tiempo real, identificar patrones y prever amenazas. Está revolucionando campos que antes se creían controlados, como la seguridad en las comunicaciones. En las Fuerzas Armadas ya se emplea para la defensa cibernética, mejorando la detección y neutralización de ataques antes de que causen daños.

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En el ámbito empresarial, protege infraestructuras críticas y redes de comunicación. También automatiza la respuesta ante incidentes. Sin embargo, es un arma de doble filo. Todas las amenazas que puede mitigar, también puede generarlas. Entender esto es crucial.

La integración de estas tecnologías está creando un nuevo paradigma. Las lecciones aprendidas en distintos sectores se combinan para desarrollar modelos más robustos y adaptativos. La colaboración entre humanos y máquinas permite anticiparse a amenazas emergentes y mitigar riesgos en un entorno cambiante. Los nuevos tiempos exigen no solo nuevas tecnologías, sino también nuevas formas de pensar la seguridad. La inteligencia artificial ocupa un rol central en la protección de la información, en la capacidad ofensiva y en la continuidad operativa.

La problemática del deepfake y la IA

Destaca una amenaza sobre el resto por su naturaleza novedosa y virtual: el fenómeno de los deepfakes. Estas técnicas se basan en la manipulación audiovisual impulsada por algoritmos de aprendizaje profundo. Permiten crear material falso —vídeos, audios o imágenes— prácticamente indistinguible de la realidad.

Si bien la IA ofrece grandes beneficios en la creación y análisis de imágenes, un uso malintencionado puede tener efectos devastadores debido a su enorme efectividad. En este contexto, la capacidad para detectar y contrarrestar los deepfakes se ha convertido en un desafío clave. Solo así se protege la integridad de la información y se evita la desinformación masiva.

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Para comprender la dimensión de esta problemática, se pueden ejemplificar algunos casos:

  • Phishing hiperrealista. Es una nueva corriente que emplea IA para elaborar correos y mensajes falsos. Resulta muy difícil distinguirlos de comunicaciones reales, ya que simulan direcciones, números de teléfono, voz e imagen de agentes legítimos.
  • Deepfakes para fraudes. Siguen la misma metodología en la creación de contenido falso. Estas herramientas facilitan la suplantación digital de identidades mediante clonación de voz, reconfiguración del rostro o ataques de inyección y presentación.
  • Ataques automatizados. El desarrollo de programas maliciosos busca detectar vulnerabilidades y explotarlas. Muchas veces se basan en hábitos digitales, como compras en fechas señaladas o la visita a páginas recurrentes. Los deepfakes automatizados facilitan ataques de bajo costo. Al ser masivos y dirigidos contra rutinas, hacen que las víctimas bajen la guardia y resulten más fáciles de engañar.


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Estados Unidos acaba con una embarcación y once narcotraficantes procedentes de Venezuela

Trump confirma un bombardeo en el Caribe contra un barco procedente de Venezuela y asegura que once «terroristas» murieron en la operación. Maduro acusa a Marco Rubio y a Estados Unidos de usar la lucha antidrogas como pretexto para quedarse con el petróleo venezolano. Washington afirma que la embarcación atacada operaba bajo el Tren de Aragua.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, informó que el Ejército estadounidense llevó a cabo un ataque contra una embarcación en aguas del Caribe que provenía de Venezuela y transportaba drogas. Según explicó desde el Despacho Oval, la operación terminó con la muerte de once personas, a las que calificó como «terroristas». Además, destacó que ningún militar norteamericano resultó herido en el operativo. «Acabamos de, en los últimos minutos, disparar a un barco que transportaba drogas».

Trump amplió los detalles mediante la red social Truth Social, donde publicó un vídeo del bombardeo y advirtió: «Por favor, que esto sirva de aviso a cualquiera que esté considerando traer drogas a Estados Unidos». El mandatario señaló que el objetivo era un grupo vinculado al Tren de Aragua, al que definió como «narcoterroristas». También precisó que la acción se realizó bajo el área de responsabilidad del Mando Sur de Estados Unidos (SOUTHCOM).

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El dirigente estadounidense explicó que, según Washington, el Tren de Aragua está catalogado como organización terrorista extranjera. «Opera bajo el control (del presidente venezolano) Nicolás Maduro y es responsable de asesinatos en masa, tráfico de drogas, tráfico sexual y actos de violencia y terrorismo en Estados Unidos y el hemisferio occidental», puntualizó. En ese sentido, reforzó la conexión entre el tráfico de narcóticos y la estructura de poder en Venezuela.

El ataque fue corroborado por el secretario de Estado, Marco Rubio, quien aseguró que la embarcación atacada estaba «siendo operada por una organización narcoterrorista sancionada por Washington». Por otra parte, el presidente venezolano, Nicolás Maduro, había denunciado ante la CELAC la presencia de hasta ocho barcos de guerra y un submarino nuclear de Estados Unidos en aguas cercanas a su país, lo que enmarcó el incidente en un clima de fuerte tensión regional.

Nicolás Maduro lo achaca a las «ambiciones petroleras» de Estados Unidos

El presidente de Venezuela reaccionó al ataque anunciado por Washington acusando directamente a Donald Trump y, sobre todo, al secretario de Estado, Marco Rubio, de buscar el control de los recursos energéticos venezolanos. «Ellos vienen de verdad por el petróleo venezolano, lo quieren gratis, por el gas, pero ese petróleo no le pertenece a Maduro, y menos a los gringos, les pertenece a ustedes ese petróleo», afirmó en un discurso transmitido tras conocerse la operación militar estadounidense contra una embarcación procedente del país latinoamericano.

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El mandatario fue más allá y responsabilizó a Rubio de dirigir la política exterior de la Casa Blanca. «La juventud de Estados Unidos no cree las mentiras del mandamás de la Casa Blanca, Marco Rubio, porque el que manda (…) es Marco Rubio, la mafia de Miami que le quiere llenar las manos de sangre al presidente Donald Trump», denunció. Asimismo, señaló que detrás del ataque no solo estaba el interés energético, sino también la intención de frenar lo que denominó «el Proyecto de Simón Bolívar, el Proyecto Revolucionario del Socialismo del siglo XXI».

En su intervención, Maduro enfatizó que Venezuela ofrece un modelo opuesto al de Washington. «No quieren es que la juventud de Estados Unidos ponga sus ojos en Venezuela, donde hay una democracia territorial», sostuvo, al tiempo que recalcó que el presupuesto nacional se destina a decisiones populares y no a guerras. Frente a las acusaciones de narcotráfico, replicó: «En Venezuela va a haber paz, con soberanía, con pueblo, con igualdad, con democracia, con libertad, y no han podido ni podrán jamás».

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Mientras tanto, Marco Rubio defendió la ofensiva militar al indicar que el cargamento de drogas tenía como posibles destinos Trinidad, otros países del Caribe, Puerto Rico y el territorio continental de Estados Unidos, aunque también parte llegaba a Europa. «Por eso (los buques militares estadounidenses) están allí en una misión antidrogas, y seguirán operando», advirtió. Al ser consultado sobre una futura acción en Venezuela, insistió: «Combatiremos a los cárteles dondequiera que estén y dondequiera que operen contra los intereses de Estados Unidos», sin entrar en detalles sobre la base legal de la operación.

El Congreso de Estados Unidos publica miles de páginas sobre el caso Epstein

La Cámara Baja difunde más de 33.000 páginas sobre el caso Epstein tras presiones políticas. Parte de los documentos incluyen interrogatorios a Ghislaine Maxwell y vídeos desde la celda del magnate.

El Congreso de Estados Unidos ha hecho públicos este martes más de 33.000 documentos relacionados con Jeffrey Epstein, delincuente sexual condenado y fallecido en prisión. El paquete de archivos, entregado previamente por el Departamento de Justicia, surge tras varias disputas entre legisladores republicanos. La difusión corresponde al Comité de Supervisión y Reforma de la Cámara de Representantes, aunque no incluye la totalidad del material disponible. En total, se han liberado 33.295 páginas a solicitud de James Comer, republicano por Kentucky, tras una moción apoyada en su momento por el Partido Demócrata.

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En los documentos figuran registros judiciales, grabaciones de vídeo en el exterior de la celda de Epstein y de su residencia en Florida, así como audios del interrogatorio a Ghislaine Maxwell, conducido por el fiscal Todd Blanche, de acuerdo con el diario The Hill. Sin embargo, la bancada demócrata ha señalado que la mayoría de estos materiales ya estaban disponibles previamente. En ese sentido, han cuestionado la utilidad de la publicación parcial del archivo, considerando que gran parte de la información «ya se había hecho pública».

Prometen continuar la investigación

El presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, también republicano, ha destacado los avances en este proceso. «Ya se han recopilado 34.000 documentos de Epstein», declaró, al tiempo que recalcó: «No nos detendremos ahí». Según explicó, su partido planea un análisis detallado de los textos y grabaciones, con el fin de esclarecer posibles responsabilidades y asegurar la integridad del procedimiento legislativo en torno a este caso.

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Durante su intervención, Johnson defendió que los legisladores tienen un doble objetivo. «Este es el principio, no el fin, y los estamos revisando con mucho cuidado», señaló. Explicó que la prioridad es doble. En primer lugar, hacer justicia para quienes participaron en lo que denominó los «males de Epstein y su encubrimiento» y, al mismo tiempo, «proteger a las víctimas inocentes».

Los cambios de opinión de Trump

El debate nacional ha crecido tras los cambios de postura de Donald Trump respecto a la publicación de los archivos. Trump, acusado por el movimiento MAGA de «falta de transparencia», permitió recientemente la divulgación de casi 400 páginas con el interrogatorio completo de Maxwell. Aun así, en distintas ocasiones insistió en dar «carpetazo» al caso, al interpretarlo como un ataque político contra su Gobierno. No obstante, sectores de sus propias filas lo presionaron para facilitar más documentos.

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Jeffrey Epstein había sido arrestado en julio de 2019 por cargos de tráfico y abuso sexual contra decenas de menores en los primeros años de la década de 2000. Su red de contactos incluyó a figuras de gran notoriedad internacional como el príncipe Andrés de Inglaterra, el expresidente Bill Clinton y el propio Trump. Poco después de su detención, Epstein fue hallado ahorcado en su celda, un hecho que reforzó la polémica en torno a sus relaciones políticas y los intentos de aclarar el papel de sus allegados.

Dinamarca admite que un condenado por yihadismo en España era agente secreto

El Tribunal Supremo obliga a los servicios secretos a admitir la colaboración de Ahmed Samsam en Siria, y la Inteligencia danesa confirma que el condenado en España por yihadismo actuó como informante y agente encubierto.

Los servicios de inteligencia de Dinamarca reconocieron este martes que Ahmed Samsam, condenado en 2018 en España por yihadismo, trabajaba en realidad como agente secreto. La confirmación llegó tras un fallo del Tribunal Supremo danés, que estableció probado que el ciudadano colaboró con dichas agencias durante sus viajes a Siria en 2013 y 2014. Según la decisión judicial, existía interés jurídico en que quedara constancia de esa relación formal y remunerada con el Estado.

En un comunicado conjunto, el Servicio de Inteligencia Exterior (FE) y el de Seguridad Nacional (PET) admitieron que Samsam «cooperó con los servicios de inteligencia en relación con sus viajes a Siria en 2013 y 2014, y que recibió honorarios y otros beneficios a cambio de proporcionar información sobre combatientes sirios daneses». Se trata de una declaración inédita en la que las autoridades, forzadas por una resolución judicial, han hecho público un vínculo que hasta ahora negaban reconocer oficialmente.

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Aun con esta admisión, los organismos recalcaron que «como servicios de Inteligencia, no tienen la obligación de confirmar o negar públicamente sus capacidades y fuentes». Además, explicaron que la confidencialidad es un principio básico de su labor, aunque el Supremo concluyó que, de manera excepcional, debía prevalecer el interés del ciudadano para acreditar la relación. «Vimos que el Supremo considera excepcionalmente que la consideración de la confidencialidad del trabajo de la Inteligencia debe priorizar el interés del ciudadano», explicaron en su nota.

La trayectoria judicial del caso comenzó en 2018, cuando la Audiencia Nacional española condenó a Samsam a ocho años de prisión. Fue detenido en Málaga al considerarse que había integrado una organización terrorista vinculada a Estado Islámico y que había viajado al menos tres veces a Siria para combatir. Posteriormente, cumplió varios años de la pena en cárceles españolas hasta que en diciembre de 2020 fue trasladado a Dinamarca para continuar la condena en su país de origen.

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