InteligenciaHot spots o cómo prevenir la delincuencia repetitiva

Hot spots o cómo prevenir la delincuencia repetitiva

Análisis

Daniel Bruns Ledesma
Daniel Bruns Ledesma
Oficial de la policía local, graduado en criminología y máster en análisis y prevención del delito. Profesor asociado del Grado en Criminología de la Universidad de Girona y consultor en criminología y seguridad pública.

A través de una estrategia policial enfocada en prevenir, las administraciones serán capaces de identificar los hot spots o puntos calientes y concentrar sus recursos en estas áreas donde es más probable que ocurra un crimen.

Los cuerpos policiales, tradicionalmente, han confiado en exceso en un modelo estándar de prácticas policiales basadas en el incremento de los efectivos policiales, patrullaje aleatorio, respuesta rápida a los incidentes y persecución y detención de delincuentes. Sin embargo, más de tres décadas de e investigación criminológica demuestran la baja efectividad de estas técnicas policiales tradicionales.

Las evidencias disponibles se muestran poco consistentes al afirmar que un mayor aumento de efectivos policiales conduce a una disminución de la delincuencia. Más bien los cambios observados en las tasas de delincuencia guardarían relación con los cambios organizativos y tácticos en las corporaciones. El patrullaje aleatorio tampoco tiene un efecto significativo en la disminución del delito.

La razón es simple: un delito, en términos estadísticos, es un incidente relativamente raro y las probabilidades de que una patrulla esté en el lugar adecuado en el momento justo son escasas. Por otro lado, la respuesta rápida a los requerimientos por delitos tiene un efecto mínimo en la tasa de esclarecimiento. La mayoría de los delitos (cerca del 75% según algunos estudios) se descubren pasado un cierto tiempo, lo que confiere a los delincuentes un tiempo valiosísimo para evitar ser aprehendidos. 

Este modelo tradicional de policía ha sido criticado por ser incapaz de aportar soluciones a los problemas delictivos repetitivos que afectan a la calidad de vida de los ciudadanos. Los mismos funcionarios de policía se desmoralizan al tener que lidiar diariamente con la sensación de que su trabajo resulta inútil.

Así, Herman Goldstein desarrolló, a finales de los años de 70, lo que se conoce como la POP (Policing Oriented for Problems), es decir, la Policía Orientada a la Solución de Problemas. De forma muy resumida, lo que Goldstein planteaba es que las políticas de seguridad y su gestión deben focalizarse hacia los problemas a través de una estrategia preventiva, y no simplemente atender los incidentes.

La policía de puntos calientes o Hots spots policing forma parte de una de estas estrategias. Aunque no existe una definición unánime, los puntos calientes se definen como lugares pequeños donde la delincuencia es tan frecuente que es altamente predecible, al menos durante un período de un año. A través de una estrategia policial enfocada, las administraciones deben ser capaces de identificar los hot spots o puntos calientes y concentrar sus recursos en estas áreas donde es más probable que ocurra el crimen.

La efectividad de la vigilancia policial de hot spots

La evidencia disponible sobre la efectividad de las prácticas policiales basadas en la vigilancia de puntos calientes o hot spots es especialmente fuerte. En los últimos años, académicos y profesionales han demostrado los beneficios de concentrar los esfuerzos de prevención en los puntos críticos donde se concentra la delincuencia. Unos pocos lugares pequeños son generadores de la mitad de los problemas de delincuencia y, por lo tanto, si se puede prevenir la delincuencia en estos sitios, se podrá reducir la delincuencia total.

La revisión de la efectividad efectuada por el National Research Council, señaló que “los estudios que centraron los recursos policiales en puntos críticos del crimen proporcionaron la evidencia colectiva más sólida de le efectividad policial que ahora está disponible”. Más tarde, Anthony Braga, criminólogo estadounidense, llegó a una conclusión similar en su metaanálisis, en el que en la gran mayoría de casos analizados (19 de 25), se encontró un resultado estadísticamente significativo, lo que sugiere que cuando la policía se concentra en los puntos críticos de delitos puede tener un impacto beneficioso significativo sobre el crimen.

La revisión efectuada por Braga mostró una reducción general de la delincuencia y el desorden cuando se implementan intervenciones policiales de este tipo. Las mayores reducciones se encuentran en delitos de drogas, delitos violentos y en delitos de desorden, con reducciones menores, pero estadísticamente significativas y positivas en los delitos contra la propiedad.

Si unas pocas personas o unos pocos lugares son responsables de la mayoría de los delitos o trastornos, actuar de forma concentrada sobre ellas eliminándolos debería reducir el delito. Aunque parece un principio sólido puede tener consecuencias no deseadas y negativas. Las estrategias basadas únicamente en torno a los Hot Spot Policing o la Broken Windows, basadas ambas en la concentración de efectivos policiales en territorio concretos y una intensiva aplicación de la ley, pueden llegar a provocar cierta sensación de asedio policial entre los residentes.

Esta sensación de permanente control puede llevar a los habitantes a distanciarse de la policía y a cuestionar su legitimidad. De esta forma, Kochel y Weisburd, sugieren una acción combinada que incluya policía focalizada (Hot Spots) y policía orientada a la solución de problemas. Básicamente lo que señalan es que si se hace partícipes a los vecinos explicándoles los motivos de las intervenciones y la importancia de su implicación en la solución – en lugar de actuar agresivamente sin dar ninguna explicación de los motivos que argumentan tal intervención-, estos verán con mejores ojos las actuaciones, aumentará la legitimidad, y los resultados serán más positivos.

La efectividad del trabajo policial requiere de una acción combinada de enfoque policial y acercamiento a la comunidad. Los modelos policiales menos efectivos carecen de ambos elementos. Si se utilizan enfoques policiales basados en la comunidad de una forma genérica, sin un enfoque concentrado en los puntos críticos donde se concentran los problemas será difícil llegar a los puntos y a las personas que requieren de mayor atención.

Si la atención se concentra estrictamente en los puntos calientes de la delincuencia con una estricta aplicación de la ley, su efectividad será limitada. Las agencias policiales deben tomar consciencia de la necesidad de utilizar métodos analíticos ajustados a los problemas reales, en la elaboración de tácticas policiales y estrategias de prevención.

Teorías influyentes en el análisis criminal de los hot spots

El interés reciente en el análisis criminal de los hot spots se debe en parte a los cambios e innovaciones en las administraciones policiales producidas en las últimas tres décadas, y en el auge de las teorías criminológicas que enfatizan la importancia del “lugar” en la comprensión del delito. Son diversas las teorías que han influido en el estudio del crimen basado en el lugar.

Teoría de las actividades rutinarias. Sugiere que el crimen ocurre cuando un delincuente motivado, un objetivo adecuado y la falta de un guardián capaz, convergen en el espacio y tiempo. Los delincuentes eligen o encuentran sus víctimas u objetivos dentro de su espacio de actividades cotidianas, y no tiende a desplazarse demasiado lejos para cometer los delitos.

Teoría de la prevención situacional del delito. El crimen y el desorden público se encuentran influidos por ciertos condicionantes físicos y ambientales del entorno, y estos se pueden prevenir a partir de intervenciones que modifiquen las oportunidades. Por ejemplo, se pueden evitar los robos al interior de vehículos en un callejón oscuro mejorando la iluminación.

Teoría de las ventanas rotas. La popular teoría ha sido fuente de inspiración para el diseño de políticas de seguridad en multitud de organizaciones policiales, siendo quizás el caso más paradigmático el de la ciudad de Nueva York. Según esta, acciones menores o incivilidades como tirar basura en la calle, orinar, beber alcohol en lugares no permitidos, pintar grafitis, y la suciedad en general, transmiten la sensación de que los residentes son poco cuidadosos con su entorno y que todo está permitido.

La falta de mantenimiento del entorno y las incivilidades son percibidas por los residentes como una falta de aceptación de las mínimas normas de convivencia. Se instala una sensación de ansiedad generalizada, y un abandono de los espacios públicos (parques, plazas, calles, etc.) que ya no resultan agradables. Y progresivamente, las calles van quedando a merced de los comportamientos marginales e ilícitos propiciando la aparición de nuevos delitos.

Teoría de la oportunidad. Señala el comportamiento individual como producto de una interacción entre la persona y el entorno físico. Cuando los delincuentes quieren cometer un delito, buscan una oportunidad o un objetivo práctico. En ese sentido, algunos entornos ofrecen mayores oportunidades delictivas que otros. Por ejemplo, algunas zonas de ocio nocturno donde se concentran multitud de jóvenes bajo los efectos del alcohol y de las sustancias presentan mayor riesgo de peleas y agresiones que otros.

Teoría de la desorganización social. Sugiere que el crimen ocurre con mayor frecuencia en zonas donde se concentran condiciones ecológicas adversas como pobreza, movilidad de los residentes, heterogeneidad cultural, deterioro físico y existencia de delincuencia adulta. La comunidad sufre mayores dificultades para canalizar sus actividades convencionales y efectuar el control de las actividades desviadas de los jóvenes. Estas condiciones de “desorganización social” explican por qué en algunos barrios de la misma ciudad se concentra mas delincuencia que en otros.

Teoría de los patrones delictivos. El crimen se concentra dentro de un contexto geográfico determinado. La teoría se centra específicamente en los lugares y la falta de control social u otras medidas de tutela que se necesitan informalmente para controlar el crimen. Por ejemplo, un vecindario suburbano puede convertirse en un punto caliente para robos porque algunas casas tienen protección inadecuada y en determinados momentos del día no hay nadie en casa para proteger la propiedad.

Daniel Bruns Ledesma

Oficial de la policía local, graduado en criminología y máster en análisis y prevención del delito. Profesor asociado del Grado en Criminología de la Universidad de Girona y consultor en criminología y seguridad pública.

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