ActualidadEl impacto real de un alto el fuego

El impacto real de un alto el fuego

Análisis

Paula Gómez Moñiz
Paula Gómez Moñiz
Estudiante de Relaciones Internacionales interesada en Geopolítica y Derechos Humanos. Actualmente realizando prácticas como Analista Internacional en LISA News.

Yemen o Etiopía han sido algunos de los países donde hemos visto un alto el fuego recientemente. En este artículo te explicamos en qué consiste este cese de hostilidades y qué implicaciones tiene analizando casos reales.

Con la llegada del mes del Ramadán se ha establecido un periodo de tregua en Yemen. Este fin de semana entró en vigor un alto el fuego de dos meses de duración en una guerra que lleva activa más de siete años en el país acordado por las partes en el conflicto mediante la negociación de la ONU.

La tregua alcanzada permite, entre otros aspectos, suspender las operaciones militares ofensivas, el acceso a los puertos de Hudaydah de buques con combustible, la reanudación de los vuelos comerciales desde y hacia el aeropuerto de Saná a destinos predeterminados de la región y el reinicio de las negociaciones para abrir carreteras en Taez y otras gobernaciones. Sin embargo, no ha durado mucho y los huthis han acusado este domingo a Arabía Saudí de romper el alto el fuego con un bombardeo en la provincia de Sada que ha dejado al menos tres fallecidos y con nuevos ataques en la ciudad portuaria de Hodeida.

Otro alto el fuego que hemos presenciado este mes en el panorama internacional ha sido en Etiopía el pasado 25 de marzo entre el Gobierno y el Frente Popular de la Liberación de Tigré (TPLF). Esta es la primera vez que se declara una “tregua humanitaria indefinida” en la región tras el estallido del conflicto a finales de 2020 en la zona norte del país. En este caso también hay indicios de que este acuerdo se está violando, según las organizaciones de derechos humanos, debido al aumento de tensiones en la región.

Además este domingo el grupo rebelde congoleño, Movimiento del 23 de Marzo (M23), uno de los grupos rebeldes más importantes de República Democrática del Congo, también ha declarado un alto el fuego unilateral para apaciguar la tensión en el territorio de Rutshuru, donde los combates de los últimos días han provocado un éxodo de la población a Uganda.

Para entender realmente qué implica la declaración del “fin de hostilidades” en un país y poder tratar de analizar si significará un acuerdo a largo plazo, tenemos que entender bien qué se establece en este tipo de acuerdos y tener como marco qué es lo que ha ocurrido cuando en otros momentos de la historia éste ha sido fructífero y ha llevado a un entendimiento real de las partes.

¿Qué es un alto el fuego? Diferencias con la tregua y el armisticio

En un contexto bélico solemos encontrar los términos alto el fuego, tregua y armisticio. A nivel general coinciden en un mismo punto: un cese de hostilidades para disminuir las consecuencias humanitarias de los conflictos. Sin embargo, es importante conocer las diferencias conceptuales para saber de que nos hablan cuando se utilizan.

Una tregua consiste en un acuerdo que interrumpe las agresiones de manera específica y por un periodo de tiempo, no implica necesariamente la voluntad de terminar con el conflicto, sino de un pacto entre combatientes ya sea por trasladar un herido o sepultar un fallecido. También es considerado como un “descanso”.

Ha habido a lo largo de grandes guerras periodos en los que se ha establecido una tregua temporal. Esto sucedió en la Primera Guerra Mundial, en forma de “respeto” a la nochebuena de 1914. Tras solo unos meses del comienzo del conflicto, el bando alemán colocó árboles iluminados en las trincheras, y los aliados respondieron uniéndose al cese de hostilidades de manera espontánea. Este suceso fue denominado como la “Tregua Navidad de la Primera Guerra Mundial”.

Tras este periodo de “paz” en la trinchera se retomó la actividad bélica a la llegada del nuevo año, teniendo un ejemplo claro de qué significa la tregua. Fue un acuerdo entre ambos bandos de combatientes para dejar las hostilidades de forma mutua “nadie quería seguir con la guerra, pero los superiores sí”, explica el historiador Stanley Weintraub en su libro “Silent Night”.

El armisticio por su parte, se trata de una suspensión de las acciones bélicas que se pacta entre los pueblos o ejércitos que toman partida en el conflicto, es una detención de las agresiones entre combatientes. Se puede fijar su temporalidad, y es más utilizado en conflictos armados internacionales para intentar negociar una paz duradera. Si alguna de las partes rompe el armisticio, la otra puede denunciar su violación e incluso reactivar las hostilidades.

Como ejemplo encontramos los acuerdos de armisticio de 1949 que se comenzaron a firmar en 1949 entre Israel y sus vecinos: Egipto, Líbano, Jordania y Siria, con el motivo de poner fin de manera formal la guerra árabe-israelí. Este conflicto terminó tras las negociaciones en un “ambiente de paz” temporal, que consiguió poner fin a las hostilidades entre las partes de manera definitiva. De hecho, podemos apreciar la creación de alianzas recientemente entre las partes de este conflicto, como se ha visto en la Cumbre del Neguev.

Por último, un alto al fuego acoge la pausa momentánea o definitiva de la acción militar, y puede ser consecuencia de la aplicación de una tregua o armisticio. Ante esta decisión, suele demostrarse la intención de ejercer diálogo entre combatientes, considerado muchas veces “un primer paso” hacia una paz formalizada. 

Este concepto puede ser aplicado de manera unilateral, como en el caso de organizaciones terroristas como ETA, que en 2011 emitió un comunicado en el que puso fin a las hostilidades; pero también puede darse de manera bilateral, y es el caso actual de Yemen, donde se acordó el cese de hostilidades por parte tanto de los hutíes como de la coalición saudí.

En la guerra de Bosnia, en 1995, la intervención de la OTAN consiguió imponer un alto al fuego que se estableció con los Acuerdos de Dayton. Este conflicto supuso un capítulo muy “cruel” en los Balcanes, y la imposición del cese de las hostilidades no acabó con el conflicto, sino que supuso su “congelación”.

En este caso, la injerencia internacional en la resolución del conflicto no fue de ayuda. El objetivo de la consecución de la paz no se basaba en la igualdad ni la distensión, ya que trataron de aumentar la superioridad militar de la Federación de Bosnia.

Con el intento de que uno de los dos bandos consiguiera la victoria, no se habilitó un buen contexto que permitiese el dialogo igualitario para así, poder llegar a un acuerdo de reconciliación para las partes del conflicto. La actuación de las organizaciones internacionales que se vieron involucradas, solo ayudó a mantener las actitudes beligerantes; por lo que “no todo vale” para intentar imponer el fin de las agresiones entre bandos en un conflicto, hay una labor mucho más allá del cese inmediato de las hostilidades.

Una petición de alto al fuego global vino por parte del Secretario General Antonio Guterres en el contexto de la pandemia en 2020. Guterres hizo un llamamiento dirigido a “todos los rincones del mundo” con el objetivo de centralizar una lucha común: la COVID-19. A parte de acabar con el virus, esta pausa de hostilidades, podría dar la oportunidad de salvar vidas, abrir puertas a la diplomacia y dar esperanza a las partes más vulnerables ante la enfermedad.

La propuesta fue respaldada por 180 países, el Consejo de Seguridad, las organizaciones regionales, los grupos de la sociedad civil, los defensores de la paz y millones de ciudadanos del mundo; no obstante, guerras como la de Siria, Yemen, Irak y Afganistán no vieron cambios, sino al contrario.

Considerando los esfuerzos centrados en acabar con el COVID-19, las guerrillas, grupos radicales y milicias optaron por aprovechar la emergencia sanitaria para avanzar en sus objetivos tanto militares como políticos, contribuyendo a una intensificación de los enfrentamientos. Encontrando otro caso de petición de alto el fuego que quedó en palabras, quedándose estancado como un intento fallido.

Otro caso fracaso en el fin de la beligerancia entre partes, lo encontramos ni más ni menos en la actualidad, donde la guerra de Ucrania no ha pillado por “sorpresa“, sino que en la zona se han precedido conflictos de manera continua e incluso después de un alto al fuego establecido entre las partes. 

Cuando Rusia se anexiona de manera unilateral la península de Crimea, estalla posteriormente un conflicto en la zona del Donbás entre Kiev y los sectores prorrusos. Se llegaron a proclamar las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk con apoyo no oficial de Rusia, las milicias “rebeldes” llegaron a controlar una parte del territorio.

Esta guerra civil quedó “congelada” con los tratados de Minsk de febrero de 2015, firmados entre Ucrania y Rusia con la mediación de Francia y Alemania; sin embargo, el acuerdo del cese de las hostilidades se ha roto en varias ocasiones y ha derivado en la guerra actual en la que nos encontramos, donde ambos países han roto con los acuerdos firmados en Bielorrusia en su “intento” de paz.

El alto el fuego en Yemen

En esta última semana hemos presenciado en Yemen, como el grupo militante hutí anunció una tregua de tres días, una proposición a la que ha respondido la coalición saudí con la detención de las operaciones militares a partir del miércoles 30 de marzo, tras una petición del Secretario General del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG).

El líder del CCG hizo un llamamiento a todas las partes del conflicto para detener las operaciones dentro del territorio. Entre las razones de este alto al fuego encontramos el comienzo de las consultas para la paz Yemen-Yemen bajo el marco de la ONU y el CCG que dan comienzo con el mes sagrado para los musulmanes, en el que se celebra el Ramadán.

La ONU ha estado trabajando con ambos bandos para intentar asegurar un acuerdo de paz que alivie la grave crisis humanitaria en la que se ve sumergida el país del golfo; No obstante, este conflicto lleva estancado desde que en 2016 ambos lados se sentaron a negociar sobre una solución política integral en Kuwait con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas.

El Enviado Especial de la ONU para Yemen, Hans Grundberg, anunció el viernes 1 de abril la aceptación de una tregua de dos meses por parte de ambos bandos. Con este acuerdo, partir del 2 de abril, se detuvieron todas las operaciones militares ofensivas aéreas, terrestres y marítimas tanto dentro como fuera de Yemen.

El responsable de la organización ha declarado que la tregua puede renovarse a más de dos meses si ambas partes están de acuerdo; y también ha mostrado su “orgullo” tras conseguir este paso en el conflicto dentro de su oficina, algo que según él, debería haberse dado hace mucho tiempo. Este cese temporal de hostilidades es considerado como “la esperanza de que es posible poner fin a este conflicto”, y para ello, el funcionario ha querido agradecer tanto a las partes internacionales como a las regionales.

Desde la agencia gubernamental de noticias de Arabia Saudí, se informa de que el establecimiento del alto el fuego “busca crear un buen ambiente de negociación para que las rondas de consultas sean exitosas”. Otro objetivo del cese de hostilidades es ayudar a aliviar el sufrimiento del pueblo yemení durante el mes sagrado del Ramadán. El Secretario General del CCG insiste en la asistencia del líder hutí Ansar Allah para que discuta con “sus hermanos yemeníes” y dar prioridad al interés del país y su población.

El portavoz oficial de la coalición liderada por Arabia Saudí anunció el cese de las operaciones militares a partir del 30 de marzo, “en apoyo de todos los esfuerzos para alcanzar una resolución integral y sostenible del conflicto”. A pesar de observar la voluntad de alcanzar un acuerdo desde ambas partes, en el mismo comunicado, el Comando de Fuerzas Conjuntas de la Coalición ha reafirmado su posición de apoyo al “gobierno legítimo de Yemen”, tanto en sus posiciones políticas como en medidas militares.

Por parte de los hutíes también se aprecia la intención de llegar a acuerdos en las negociaciones, dejando claro que quieren convertir la declaración del fin de hostilidades en un compromiso final y permanente, a lo que añaden que será posible solo si los saudíes “ponen fin al sedio y detienen sus incursiones de una vez por todas”.

La declaración del discurso de la coalición, nos deja una vista desalentadora respecto a la resolución del conflicto, ya que no muestran una intención clara de cambiar en algún aspecto  su postura y seguir apoyando al gobierno; y es justo lo que les piden los hutíes, que paren de “entrometerse” en el conflicto yemení.

¿Se ha acabado el alto el fuego en Etiopía?

La guerra que comenzó el 4 de noviembre de 2020, se produjo tras el lanzamiento de una ofensiva ordenada por el primer ministro etíope Abiy Ahmed, hacia el partido del frente, el cual gobierna en la región norte. Este actuó como represalia a un ataque hacia la base militar de Tigray, en medio de una escalada de tensiones políticas y derivando al conflicto en el que nos encontramos a día de hoy. 

El 25 de marzo, se produjo un anuncio de alto al fuego por parte de los “rebeldes”, solo horas más tarde de la declaración del gobierno etíope del establecimiento de “tregua humanitaria indefinida”. El régimen etíope explicó que esta tregua se establecía para permitir el libre flujo de ayuda humanitaria, poniendo fin a la situación de “bloqueo de facto” que se describió la Organización de las Naciones Unidas.

El Frente estableció que, si se dan las circunstancias adecuadas para que su pueblo reciba la asistencia humanitaria acorde con las necesidades, y en un plazo razonable, el gobierno de la región de Tigray se comprometería a aplicar un cese de hostilidades con “efecto inmediato”. También hicieron una petición al gobierno etíope, considerando esencial la toma de medidas efectivas que permitan el acceso humanitario a la región, y así, “el pueblo y el gobierno de Tigray harán todo lo posible para dar una oportunidad a la paz”, añadió.

El secretario general de las Naciones Unidas ha acogido esta pausa de las acciones beligerantes con “esperanza” de acabar de una vez el sufrimiento de millones de personas en el territorio desde la organización se estima que el conflicto ha provocado miles de muertes, y alrededor de dos millones de personas han tenido que huir de sus casas, alcanzando la cifra de unos 5’2 millones las que necesitan ayuda humanitaria.

A pesar de estos aparentes “logros” en el país, se especula que el alto al fuego ya ha sido violado, lo que pone en peligro los esfuerzos para lograr la paz. Se ha informado desde Afar, que los combates aún siguen latentes en dos distritos de la región, y que se observa la acumulación “significativa” de fuerzas tigré a lo largo de la frontera.

Hemos visto como a lo largo de la historia han habido intentos de establecer la paz de manera permanente, que no se han podido llevar a cabo debido al contexto en el que se encontraban durante las negociaciones, o por la violación del acuerdo temporal; por lo que este caso puede que se sume a la larga lista de “intentos fallidos” de establecimiento de paz duradera si los bandos no paran las agresiones o el aumento de tensión para poder llegar a acuerdos que mantengan la estabilidad en la región de forma prolongada.

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Paula Gómez Moñiz

Estudiante de Relaciones Internacionales interesada en Geopolítica y Derechos Humanos. Actualmente realizando prácticas como Analista Internacional en LISA News.

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