InteligenciaCómo los modelos militares pueden adaptarse al mundo corporativo

Cómo los modelos militares pueden adaptarse al mundo corporativo

Análisis

Manuel Robledo
Manuel Robledo
Oficial de Inteligencia Fuerzas Armadas (España). Profesor de LISA Institute. Máster en Inteligencia, Geopolítica y Seguridad en el mundo contemporáneo (UNED). Curso Avanzado de Inteligencia y Seguridad (Escuela de Guerra del Ejército).

Manu Robledo, Oficial de Inteligencia de las Fuerzas Armadas de España y profesor del Máster Profesional de Analista de Inteligencia de LISA Institute, acerca la ciencia de la Inteligencia al mundo corporativo y expone las similitudes entre el mundo militar y el empresarial.

La Inteligencia es un componente fundamental de la dirección ejecutiva y del control sobre las operaciones en curso, inseparable tanto del propio ejercicio del mando como de las operaciones. La Inteligencia precisa, oportuna y relevante es fundamental para la planificación y la conducción de operaciones exitosas.

En este sentido, la Inteligencia “efectiva” descubre las debilidades de la competencia y cómo pueden ser explotadas para proporcionar una ventaja decisiva. Por el contrario, las deficiencias en la Inteligencia pueden llevar a confusión, indecisión, pérdidas innecesarias, fracaso de proyectos o, incluso, la propia salida de los mercados.

Podemos ver que la Inteligencia es algo más que información. Es el análisis y la síntesis de la información que proporciona una evaluación significativa de la situación, las condiciones existentes y las capacidades del adversario. También es decisiva para estimar posibles condiciones futuras y cursos de acción de la competencia, ayuda en el desarrollo y evaluación de cursos de acción propios, así como en la protección de nuestra organización contra los efectos de la acción del rival.

Si bien utiliza capacidades y técnicas especializadas en el desarrollo de un producto útil, no es un “proceso oscuro” aislado de otras funciones. De hecho, la Inteligencia “efectiva” requiere un enfoque firme en las necesidades de los “jefes”. Lo que, a su vez, exige la integración con todos los aspectos de la planificación y ejecución operativa. Sin embargo, lo que separa la Inteligencia de los otros aspectos del mando y el control es el hecho de que debe lidiar directamente con la voluntad independiente y hostil del competidor.

Debido precisamente a que la Inteligencia intenta mirar al futuro, a pesar de las incógnitas significativas, el producto siempre se basará en estimaciones, no en certezas. Los usuarios de Inteligencia siempre deben recordar que ésta puede reducir, pero nunca eliminar la incertidumbre, que es una característica inherente de la confrontación y actuar en consecuencia.

Así las operaciones se desarrollan en un marco complejo de factores ambientales que conforman su naturaleza y afectan a sus resultados.

Planeamiento de proyectos

Hemos dicho que la Inteligencia ayuda a prevenir eventos adversos, a anticiparnos a los competidores o eventos cambiantes, apoya la toma de decisiones, la seguridad tanto física como multifacética (seguridad en la información, en las comunicaciones…) y aporta elementos clave en los que apoyar nuestras líneas de acción. Pero nos vamos a centrar ahora en el planeamiento de proyecto.

La Inteligencia tiene diferentes maneras de intervenir en los procesos de planeamiento, aportando determinados “inputs” previstos en cada una de sus fases. Normalmente, las grandes empresas suelen acogerse a procedimientos para realizar sus planeamientos. Sin embargo, esto baja de intensidad hasta desaparecer según la entidad de esas empresas va bajando. En el ámbito militar no ocurre así: el proceso de planeamiento se replica hasta el nivel más bajo.

Además de esta realización, que garantiza un planeamiento ordenado y procedimientado al más bajo nivel, tanto el ámbito militar como el corporativo se enfrenta a situaciones en las que se ha de planear ante imprevistos, sin apenas margen de tiempo y con grados elevados de incertidumbre.

Son casos en los que el planeamiento también está estructurado y, respecto a la incertidumbre, acudiendo una vez más a las premisas de la Inteligencia (oportunidad y fiabilidad) como siempre hemos de primar la oportunidad, especificando claramente los niveles de certidumbre en los que nos movemos.

De esta manera a la hora de seleccionar un curso de acción, los decisores podrán incluir el factor de riesgo adecuado y considerarán si la operación tiene balance de riesgo/beneficio que haga variable su ejecución.

De este modo, las capacidad y recursos, ya sean al nivel que sea y se origine el proyecto en el nivel que se origine, se sacará el máximo partido a estos recursos y capacidades, tanto técnicos como humanos.

Adaptación del modelo

Aplicado a los proyectos empresariales, el modelo está asociado a una determinada estructura de “planeamiento”, pero, a grandes rasgos, se puede adaptar a cualquiera. Aunque, obviamente, es recomendable disponer de procedimientos de planeamiento.

El cuadro de la cabecera incardina el área de Inteligencia en un grupo de procesos en el ámbito de la gestión de proyectos. Así, y siguiendo la estructura que venimos enunciando, asociaríamos al grupo de procesos de inicio el juicio inicial de Inteligencia. Éste servirá para ubicar al equipo en el entorno adecuado con todas sus variables. Se desprenderán las primeras necesidades de Inteligencia y se empezarán a vislumbrar los riesgos, al aportar la visión de todo aquello que se nos pone en contra.

Al pasar al grupo de procesos de planificación le aplicamos un grupo paralelo de planeamiento de Inteligencia, que dará con las necesidades o requisitos prioritarios e identificará los medios para obtener la información que no tenemos y necesitamos. También comenzará a implementar las medidas de protección y contra inteligencia con el fin de mantener el proyecto bajo la debida clasificación de seguridad y, por supuesto, a salvo de la competencia.

Llegados hasta este punto habremos estudiado a conciencia el entorno y nos habremos preparado exhaustivamente para desenvolvernos en él, tendremos desarrolladas nuestras líneas de acción y diseñaremos su puesta en marcha iniciando así la ejecución del proyecto.

Llegados al Grupo de procesos de ejecución, su “par” será el grupo de procesos de conducción de Inteligencia, que emitirá órdenes/misiones de obtención a sus células destinadas a localizar la información. Al mismo tiempo aplicará las herramientas de análisis en tiempo real sobre los eventos y acontecimientos derivados de la puesta en marcha de las acciones que han de conducir a la realización del proyecto.

Habremos establecido el proceso de gestión de necesidades y coordinación de la obtención y estaremos ya difundiendo Inteligencia mientras el ciclo, ya perfectamente activo, estará reiniciándose constantemente. Tendremos un programa de obtención que actualizaremos en todo momento, mediante órdenes de obtención preguntas a los escalones superiores o paralelos.

En el grupo de procesos de cierre nos valdremos de la Inteligencia a través del grupo de procesos de explotación, que se encargará de las lecciones identificadas/aprendidas que darán en el futuro inmediato con creación de buenas prácticas incorporando así conocimiento.

Se encargará además de actualizar las bases de datos de inteligencia con todo lo obtenido y analizado y que, una vez cerrado el proyecto, contribuirán a la consolidación del éxito y a identificar futuras acciones rentables.

Este artículo es un fragmento del libro «La inteligencia como herramienta anticipativa» que también ha sido publicado previamente en la newsletter «Inteligencia para la empresa».

Manuel Robledo

Oficial de Inteligencia Fuerzas Armadas (España). Profesor de LISA Institute. Máster en Inteligencia, Geopolítica y Seguridad en el mundo contemporáneo (UNED). Curso Avanzado de Inteligencia y Seguridad (Escuela de Guerra del Ejército).

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