DDHHDesertores en Ucrania y el uso de la guerra psicológica

Desertores en Ucrania y el uso de la guerra psicológica

Análisis

Ana García De Paredes Dupuy
Ana García De Paredes Dupuy
Relaciones Internacionales en la Universidad Rey Juan Carlos (URJC). Sus principales intereses son el funcionamiento de las Organizaciones Internacionales y su influencia a nivel global, así como la aplicación del Derecho Humanitario y el análisis geopolítico en el contexto de conflictos armados.

En el siglo XXI, la guerra no es solo física y tiene lugar en el campo de batalla. En este artículo analizamos cómo Ucrania utiliza la guerra psicológica contra los combatientes rusos y cómo cada país trata a sus propios desertores.

Desde el inicio del conflicto, miles de hombres de ambos bandos en edad militar han huido al extranjero para evitar ser llamados a la guerra. Entre los enlistados, se ha producido una deserción masiva de soldados, acompañada de desafíos legales por parte de los despedidos de las fuerzas armadas y el miedo en las familias de los enviados al frente. 

Según Britannica, cuando hablamos de guerra psicológica nos referimos a las tácticas destinadas a reducir la moral y la voluntad de luchar del oponente en el contexto de un conflicto bélico. Estas pueden incluir estrategias relacionadas con el miedo, intimidación, engaño o sorpresa. La distorsión de la realidad y la manipulación de las creencias de los prisioneros de guerra también se enmarcan como técnicas que pueden considerarse una forma de guerra psicológica.

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Aunque a menudo se considera un invento moderno, la guerra psicológica no es algo nuevo. Los militares han utilizado durante mucho tiempo la guerra psicológica para obtener una ventaja sobre los oponentes, permitiéndoles lograr más sin arriesgar la vida de sus soldados o armamento valioso. También se emplea como herramienta para intimidar al bando contrario, con el objetivo de que retrasen o abandonen la intervención militar, lo que puede desembocar en altos niveles de deserción, como es el caso del conflicto ucraniano.

La guerra psicológica es una herramienta común de la planificación militar moderna y la mayoría de los ejércitos modernos del mundo cuentan con unidades especializadas entrenadas y equipadas para este tipo de guerra. Según los analistas, los ucranianos están sabiendo librar una guerra de este siglo, que es la mitad en Internet, aprovechando la debilidad moral del adversario para ganar terreno sin utilizar las armas. Este nuevo enfoque ha funcionado extremadamente bien porque se adelanta a los intentos rusos de reescribir la historia.

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Y es que, desde un punto de vista de defensa, los ucranianos tienen más motivos por los que ir a la guerra contra Rusia. Un mayor número de oficiales rusos se encuentran en desacuerdo con la guerra a la que se han visto arrastrados por su líder, en comparación con los soldados ucranianos, cuya implicación se entiende como una respuesta a esta intrusión injustificada, motivados con el pretexto de defender su país y a su gente, y evitar que este sea destruido. 

La figura del desertor según el Derecho Internacional

Según el Comité Internacional de la Cruz Roja, el desertor es un miembro de las fuerzas armadas que, frente al enemigo o no, comete deserción; es decir, abandona las tropas o su puesto. El Derecho Humanitario Internacional, que se aplica en el contexto de los conflictos armados, no contiene disposiciones relativas específicamente a los desertores. Sin embargo, esto no significa que estos no cuenten con cierta protección legal.

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Si el desertor se pasa al enemigo, este debe tratarlo como un prisionero de guerra. Sin embargo, aunque a menudo son recibidos con los brazos abiertos por las fuerzas a las que desertan, esta rama del Derecho Internacional no prohíbe que puedan ser condenados, ya que antes de desertar, lucharon en el bando opuesto.

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Cuando uno de los ejércitos más potentes del mundo atacó a Ucrania el pasado febrero, todos los hombres ucranianos de entre 18 y 60 años fueron llamados a filas o se unieron a la reserva. A excepción de los padres viudos o los hijos con discapacidades, desde el comienzo de la invasión los hombres en edad militar no tienen permitido salir del país. Sin embargo, no todos los ucranianos o rusos apoyan el servicio militar: muchos han intentado salir para evitar el alistamiento, así como para no separarse de sus familias.

Según las directrices de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), los Estados tienen el derecho de exigir a los ciudadanos que realicen el servicio militar y esto, en sí mismo, no viola los derechos de un individuo. Asimismo, el documento especifica que se debe mantener la posibilidad de objeción de conciencia demostrable.

La objeción de conciencia al servicio militar se refiere a una objeción a dicho servicio que “emana de principios y razones de conciencia, incluso de convicciones profundas basadas en motivos religiosos, morales, éticos, humanitarios o de índole similar”. Tal objeción no se limita a objetores de conciencia absolutos, es decir, aquellos que se oponen a todo uso de las fuerzas armadas o a la participación en todas las guerras. También incluye a los que creen que “el uso de la fuerza está justificado en algunos casos, pero no en otros, y que, por lo tanto, es necesario oponerse al servicio militar en esos otros casos”.

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Según detalla ACNUR, esa objeción de conciencia de un individuo “se puede expresar a través de la deserción o la evasión del servicio militar”. Sin embargo, el hecho de desertar o eludir el servicio militar no es sinónimo de objeción de conciencia como otras motivaciones, ya que pueden estar involucrados el temor al servicio militar o las condiciones de este servicio.

Desertores rusos y cómo Ucrania los utiliza

Aunque el Kremlin ha declarado en repetidas ocasiones que la movilización parcial de más de 300.000 reservistas que convocó el presidente ruso, Vladímir Putin en septiembre ha terminado, diferentes informes indican que no es así. La realidad es que la baja moral de las fuerzas rusas, junto con las extremadamente numerosas bajas, está provocando altas tasas de deserción. 

Cientos de soldados rusos han huido de los combates en Ucrania o se han negado a participar durante las primeras etapas de la guerra. Según informes militares ucranianos, vistos por The Wall Street Journal, analistas militares y funcionarios ucranianos afirman que ha habido miles de deserciones.

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Mientras más de 95.000 soldados rusos han perdido la vida desde que comenzó la invasión de Ucrania, según han indicado las tropas del propio Zelenski, hay otros que asumen su derrota y prefieren no morir en el frente. Para ello, Ucrania ha habilitado numerosas opciones que permiten a los soldados rusos rendirse y no exponerse a la ejecución por alta traición. 

Una de estas técnicas consiste en el envío de un dron que guía a los soldados rusos desertores por la zona que deben circular para no ser vistos y que puedan ponerse a cubierto antes de pasar al lado ucraniano para ser apresados. Ya existen imágenes de soldados que lo han hecho y podría convertirse en una ruta a seguir para futuros soldados que tengan en mente rendirse y no quieran continuar batallando en favor de Vladímir Putin y las tropas chechenas dirigidas por Ramzán Kadírov.

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El pasado 19 de septiembre, solo dos días antes de que el presidente ruso anunciara el reclutamiento de los 300.000 reservistas militares, el Ministerio de Defensa de Ucrania publicaba inicialmente la creación de la web “Hochu Zhit” (“Quiero Vivir”, en español). Esta nacía como resultado a diversos informes que atestiguan las pésimas condiciones militares rusas. Fue entonces cuando Ucrania buscó aprovechar su posición ventajosa para “tentar” a los soldados rusos con una rendición digna frente a la terrible perspectiva de morir en el frente.

Esta no es la primera vez que el país invadido utiliza Internet para atraer a los soldados rusos. Hace unos meses se filtró cómo grupos cibernéticos ucranianos se hacían pasar por mujeres en Tinder, para captar la atención de los militares rusos. De esta manera lograban descubrir su ubicación, y así los bombardeaban o atacaban.

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Sin embargo, solo un mes después de su lanzamiento, el medio de comunicación ucraniano, Kyiv Independent, informaba que el Gobierno de Rusia había prohibido el acceso de la web a los ciudadanos rusos. Según Kiev, dicha página había recibido más de 2.000 solicitudes en solo una semana de miembros del ejército ruso para abandonar sus puestos y entregarse de manera voluntaria a las fuerzas ucranianas.

La plataforma asegura cumplir con los Convenios de Ginebra relativos al trato debido a los prisioneros de guerra. Además, ofrece: asistencia y vigilancia de las condiciones de estancia de los prisioneros de guerra por el Comité Internacional de la Cruz Roja y apoyo jurídico de otras organizaciones internacionales, tres comidas al día, atención médica, y la posibilidad tanto de comunicación regular con familiares, de intercambio por militares de las Fuerzas Armadas de Ucrania que están en cautiverio en la Federación Rusa, y solicitar asilo en Ucrania u otros países europeos.

Ante esta situación, el Proyecto Roskomsvoboda (organización no gubernamental rusa contra la censura) señalaba, el 9 de octubre, que el acceso a la web se bloqueó bajo la autoridad de la Fiscalía General de Rusia. Y es que la invasión rusa de Ucrania ha provocado una guerra cibernética sin precedentes, con hackers de ambos bandos lanzando ataques constantemente.

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Cómo Rusia y Ucrania tratan a sus propios desertores

Ante la prolongación del conflicto, algunos combatientes rusos pidieron públicamente a Vladímir Putin que se investiguen las condiciones del campo de batalla y la legalidad de sus despliegues en el frente. En una entrevista con The Guardian, un soldado ruso que luchó cerca de Kiev, Járkov y este de Ucrania, se quejaba de estar “completamente exhausto”. Este aseguró que se había puesto en contacto con un abogado y que lamentaba llevar meses sin ver a su mujer.

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“Es agotador, toda mi unidad quiere un descanso, pero nuestros superiores dicen que ahora mismo no nos pueden sustituir”, explica. Son numerosas las quejas de los combatientes sobre la falta de soporte material, médico y alimenticio, durante períodos considerables de tiempo. Como consecuencia a estas condiciones, se estima que hay más de 100.000 soldados rusos que desean desertar y unos 22.000 reclutas bielorrusos que han abandonado su país para evitar participar. 

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Todos ellos se enfrentan a años de persecución, debido a su actitud contra esta guerra, y esperan encontrar ayuda en los países de refugio, siendo los principales puntos de recepción el sur del Cáucaso, además de los estados europeos y de la UE, con la excepción de Polonia y los países Bálticos. Sin embargo, cualquier petición de visado por parte de un ciudadano ruso a cualquier miembro de la Unión Europea deberá pasar primero por una evaluación profunda en materia de seguridad.

Este es el ejemplo de Nikita Chibrin, desertor de la brigada rusa comandada por el uzbeko Azatbek Omurbekov, a la que se atribuye la masacre cometida en Bucha. Chibrin solicitó asilo en España el pasado mes de noviembre tras escapar de Rusia escondido en un camión.

No habían pasado ni seis horas desde que El Confidencial divulgó su presencia en España cuando varios agentes del Servicio Federal de Seguridad (FSB), heredero del KGB, se presentaron en la casa de su madre, situada en Yakutz, a muchos miles de kilómetros al este de Moscú, en el Extremo Oriente ruso. “Ella está con Putin”, afirmaba. “Sé que la han interrogado, pero no he logrado hablar con ella. Me lo ha contado mi mujer y, hasta donde yo sé, todavía no la han tocado. Amenazan con torturarme y con matarme si vuelvo a Rusia. En el mejor de los casos, pasaría entre quince y veinte años en la cárcel”.

En Ucrania, la situación de los desertores tampoco es favorable. Según un informe de Inteligencia visto por The Independent, ha habido un aumento en la deserción a medida que decae la moral. Según un asistente de Zelenski, declaró en la BBC, cada día mueren hasta 200 soldados ucranianos y hay señales de que la moral de los combatientes pueda estar empezando a decaer.

El informe describe que el aumento en las muertes provoca “un efecto seriamente desmoralizador en las fuerzas ucranianas, así como un efecto material muy real; los casos de deserción aumentan cada semana”. El pasado 13 de diciembre, el Parlamento ucraniano aprobaba el proyecto de ley Nº 8271 que, si finalmente es promulgado por el presidente Zelenski, impondría una pena de prisión de tres a 10 años a un soldado condenado por “desobediencia”.

Además de desobedecer directamente una orden, amenazar con violencia o desertar de la unidad conllevaría una pena potencial de cinco a 10 años de prisión. La deserción comprobada ante combate acarrearía un mínimo de cinco y un máximo de 12 años de prisión.

Resulta paradójico que, si bien los insumisos ucranianos no son un plato de buen gusto para las autoridades ucranianas, no pase lo mismo con los desertores rusos. Todos estos aspectos y declaraciones son solo una evidencia más de la ventaja psicológica que Ucrania pretende lograr a expensas de Rusia.

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El conflicto en Ucrania está a punto de entrar en su segundo año, y aunque ambas partes necesitan una pausa, los ucranianos se encuentran mejor equipados y motivados para seguir, y se espera que mantengan esta presión. Frente al aparente dominio y dimensión militar rusa, Ucrania ha logrado encontrar vías alternativas para imponerse ante su adversario, lo que consolida un poco más su figura de posible vencedor.

Editado por:

Paula García Mora. Manager de LISA News. Periodista especializada en Relaciones Internacionales y Comunicación con experiencia en agencia de noticias, periódico impreso, medios digitales. Mi vocación es hacer del mundo un lugar más seguro, justo y protegido a través de la información.

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