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Guía para viajar a una zona hostil o de guerra

Análisis

LISA Institute
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Contenido creado de la mano del equipo docente de LISA Institute.

En esta guía te explicamos los principales riesgos de viajar a una zona hostil o de guerra, las preguntas que deberías hacerte antes de tomar ninguna decisión y consejos básicos para aquellos que quieran y deban, por motivos profesionales, desplazarse a un país en conflicto.

Periodistas (como enviados especiales o corresponsales de guerra), voluntarios o cooperantes, militares en misión internacional, personal diplomático… Hay varios motivos por los que las personas deciden (o aceptan) viajar a una zona hostil o de guerra. No obstante hay una cuestión que todos ellos deben comprender de antemano: siempre tiene un coste personal.

Viajar a una zona hostil o de guerra siempre debe planificarse. Si no es la primera vez que lo hacemos, hay que entender que el proceso es muy complejo y que debemos tener en cuenta múltiples factores antes de decidir emprender el viaje.

Algunos de estos factores que tenemos que valorar antes de tomar ninguna decisión podrían ser el entender los riesgos reales del viaje que vamos a emprender; saber (y comprender el contexto) del país al que viajamos; conocer fuentes fiables en terreno; valorar si realmente estamos preparados física y mentalmente; conseguir la documentación obligatoria y recomendada para viajar (visados, seguros, vacunas…), conseguir el material necesario y realizar un “plan de contingencia” para cada posible riesgo y ensayarlo.

Qué tener en cuenta antes de tomar ninguna decisión

El grado de tensión, exigencia mental y de fortaleza emocional requierido a la hora de viajar a una zona hostil o de guerra es tal que, por lo general, aquellos que lo experimenta rara vez vuelven a ser los mismos. Esto no tiene por qué ser necesariamente “dramático”, pero es una realidad a tener en cuenta.

En el mejor de los casos, la persona que regresa desde una zona hostil o de guerra suele experimentar, como mínimo, una desconexión con la realidad cotidiana de amigos y parientes. Además, también existe el riesgo de quedar “enganchado” a la adrenalina y desarrollar dificultades para disfrutar de opciones laborales menos intensas.

Muchos trabajadores que tienen que viajar a zonas hostiles o de guerra sufren estrés, problemas para conciliar el sueño o para concentrarse o el llamado síndrome de estrés postraumático. Si, además, han sido testigos de atrocidades o sufrido experiencias traumáticas, pueden incluso desarrollar problemas psicológicos de diversa índole.

Hay además que considerar como una realidad la posibilidad de sufrir secuelas físicas graves o quedar mutilado. El fotógrafo portugués Joao Silva (coautor del libro “El club del bang bang“) perdió ambas piernas tras pisar una mina en Afganistán en 2010.

También es necesario prepararse mentalmente para la posibilidad de verse afectado por sucesos trágicos como pueden ser los asaltos, secuestros, violaciones o la muerte de un compañero o conocido.

Qué debemos saber antes de viajar a una zona de guerra

Nadie debería viajar a una zona de guerra o conflicto sin formación concreta y experiencia a la hora de operar para poder analizar los riesgos y afrontar las posibles situaciones adversas a las que seguramente nos debamos enfrentar.

Viajar a una zona hostil debería ser SIEMPRE una decisión voluntaria. Si no se está plenamente convencido de ello, la elevada exigencia mental y anímica que supone operar en un área de alto riesgo puede conducir a un colapso emocional y padecer de forma más intensa y grave cualquier suceso traumático.

Es conveniente evitar los momentos de euforia exagerada que pueden conducir a un exceso de autoconfianza y a asumir riesgos innecesarios. Te podemos aquí el ejemplo de un joven fotógrafo español que estaba cubriendo la guerra de guerrillas del Frente Polisario en los años 80 y se apresuró a tomar una foto nocturna del muro construido por el Ejército marroquí en el Sáhara. Al utilizar el flash para conseguir una mayor iluminación atrajo el fuego de las baterías marroquíes. Su deseo de lograr la mejor imagen posible había condicionado una situación de enorme peligro para sí mismo y para los guerrilleros que le escoltaban.

A menudo se tiende a olvidar la importancia del contexto local a la hora de viajar a la una zona hostil o de guerra o suele ser complicado entender las complejidades del lugar al que estamos viajando. Todo lo que podamos averiguar sobre el lugar al que nos dirigimos es determinante y puede ser crucial.

Clima. Es un dato fundamental tanto para saber qué tipo de ropa debemos llevar para nuestra actividad diaria como para tener en cuenta posibles riesgos de enfermedades contagiosas o tropicales, e incluso de situaciones extremas: inundaciones, tormentas de arena, posibles caídas bruscas de la temperatura, etc.

Composición étnica y estructura social. Las rivalidades étnicas pueden suponer un problema serio: por ejemplo, llevar un chófer que pertenece a cierto clan cuando te paran en un control de carretera rival puede generar un conflicto.

Sistema de gobierno. Obviamente no es lo mismo trabajar en un país con un sistema nominalmente democrático que en una dictadura, por lo que nuestra planificación variará conforme a ello y todo dependerá de cuál sea nuestro objetivo. Por lo general, las temáticas humanitarias (refugiados llegados del país vecino, emergencias médicas) o económicas (inversión extranjera, proyectos energéticos) suelen ser bien recibidas, incluso por las dictaduras.

Estabilidad política. Conocer el grado de satisfacción de la población local con sus gobernantes, y los mecanismos que éstos utilizan para mantenerse en el poder, puede llegar a ser muy útil, así como saber quiénes son los principales grupos de la oposición y cuál es su grado de organización

Cuestiones territoriales. Es necesario conocer hasta qué punto las autoridades controlan la totalidad del territorio, y, en caso de que no sea así, quiénes están al mando en cada área. Saber quién manda y quién influye en quien manda en cada región es vital.

Situación del conflicto. No es lo mismo llegar a un lugar donde se están disparando los primeros tiros que a una guerra que lleva meses o años en marcha. La volatilidad y la inestabilidad, y por tanto también los riesgos asociados varían.

Crimen y secuestros. En algunos lugares es posible tomar un taxi en el mismo aeropuerto hasta el hotel que hayamos decidido (es preferible que nos vaya a buscar alguien de confianza, al menos en ese primer contacto con el país), mientras que en otros puede ser un riesgo absolutamente inaceptable.

Permisos y acreditaciones. Hay que averiguar qué documentación vamos a necesitar. Por ejemplo, el Kurdistán iraquí otorga visados de entrada en el mismo aeropuerto a la mayoría de las nacionalidades del mundo, pero no es posible viajar al resto de Irak sin un visado válido.

También te recomendamos adquirir experiencia como viajeros realizando viajes progresivamente más complicados antes de poner el pie en una zona hostil o de guerra. Realizar excursiones como mochileros por algún país de e Asia Central, África, el Cáucaso o algunas partes remotas de América Latina pueden ser un magnífico entrenamiento.

Como elegir el alojamiento en una zona de guerra

A la hora de elegir el alojamiento en el que nos hospedaremos es fundamental tener en cuenta el entorno en el que se encontrará y las medidas de seguridad del edificio. Por este motivo, te ofrecemos una serie de consejos acerca de la elección del alojamiento en una zona hostil o de guerra:

  • Se debe evitar a toda costa que el alojamiento esté en una calle de un solo sentido o un callejón sin salida, que puede convertirse en una ratonera.
  • Averigua cómo es la zona donde está situado: la composición étnica del barrio (crucial en lugares como Irak, Egipto, Líbano, Siria, Irán, etc.), si hay delincuencia común abundante, si alguna milicia o grupo criminal organizado opera allí, etc.
  • Averigua qué hay alrededor: un edificio oficial concreto, por ejemplo, puede ser objeto de atentado. Es importante tener localizado el hospital y la estación de policía más cercana, y aprenderse de memoria la ruta hasta estos puntos.
  • Estudia las rutas de salida de la ciudad desde allí. ¿Hay una manera rápida de llegar al aeropuerto o a una zona segura del país si las cosas se ponen feas? Depende mucho de la situación local, pero en ocasiones (especialmente en contextos de gran inestabilidad) puede ser preferible alojarse en los suburbios de la ciudad para que las carreteras no se vean bloqueadas.
  • Reúne toda la información que puedas sobre quién más se aloja en ese mismo edificio. Por ejemplo, si un hotel es la base de una misión internacional de pacificación puede convertirse en objetivo como ha sucedido en Mali y otros lugares en multitud de ocasiones.
  • Toda información personal, empresarial e institucional es accesible vía Internet. La mayoría es de acceso público y solo alguna es de acceso restringido. Saber cómo buscar y encontrar información en Internet es clave.

Además, una vez en el alojamiento también debemos tener en cuenta otro tipo de medidas como:

  • Como mínimo, debe tener iluminación exterior abundante. Si es un hotel, que tenga recepción 24 horas, y preferiblemente cámaras de seguridad y guardias en la puerta.
  • Es preferible que nuestra habitación no esté en la planta baja, incluso si tiene rejas, porque es más vulnerable en caso de ataque.
  • Las habitaciones con balcones no son seguras, incluso aunque parezca que hay mucha distancia hasta el siguiente balcón y esté a bastante altura.
  • Idealmente, la habitación tampoco debería estar en un punto muy elevado, lo que incrementa su vulnerabilidad a ataques con lanzacohetes y supone un peligro mayor en caso de incendio (no solo dificulta la huida, sino que los chorros de agua de los bomberos no llegan).
  • Evita las habitaciones de la fachada principal o frente al aparcamiento para minimizar el efecto de un posible atentado. Lo mejor es un cuarto que dé a la parte trasera del edificio o al patio interior.
  • Localiza los accesos y salidas del edificio. Si es posible, elige una habitación cercana a una salida de emergencia.
  • Comprueba la seguridad de puertas, ventanas y cerraduras de forma permanente.
  • Deja señales como celo, cinta o un papel pequeño en las intersecciones de las puertas y marcos o incluso un pequeño objeto detrás de la puerta para verificar al llegar si alguien ha accedido a tu habitación en tu ausencia.

La seguridad es importante en cualquier sitio, pero especialmente en zonas en las que las autoridades o el sistema legal establecido no pueden garantizar tus derechos y libertades. Si vas a viajar a una zona de riesgo es importante que conozcas en detalle todas las medidas preventivas y de seguridad para garantizar tu seguridad y reducir cualquier riesgo o amenaza. Además, antes de decidir iniciar el viaje es necesario hacerse algunas preguntas:

Esta última cuestión no es banal. La organización Reporteros Sin Fronteras recomienda tratar de arreglar cualquier desavenencia o disputa con familiares y amigos antes de viajar a una zona hostil o de guerra, para evitar que un asunto sin resolver nos mine la moral y la concentración durante el viaje. 

Hay ocasiones en las que, por orgullo, inercia, presiones de nuestros jefes y otros motivos podemos vernos arrastrados a una misión o viaje en un entorno hostil que en realidad no queremos llevar a cabo.

En este sentido, es necesario ser honesto con uno mismo, conocer los propios límites y saber hasta dónde podemos llegar. Es mejor no afrontar un viaje a una zona de guerra o a un entorno peligroso si mentalmente no estamos al cien por cien. 

Si tienes o debes viajar a una zona hostil o de guerra te recomendamos encarecidamente el Curso de Prevención o Seguridad para Zonas Hostiles o de Guerra de LISA Institute. En él encontrarás multitud de guías y consejos prácticos así como lecciones aprendidas y ejemplos reales vividos por los Profesores en primera persona, al haber estado expuestos por motivos profesionales a multitud de estos riesgos en todos los continentes.

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