GeopolíticaLa Inteligencia Artificial y el futuro de la guerra

La Inteligencia Artificial y el futuro de la guerra

Análisis

Darío Calvo Löbbe
Darío Calvo Löbbe
Licenciado en Ciencia Política (UNSAM), Tesis en Relaciones Internacionales (UNSAM), Egresado de la Escuela de Defensa Nacional y Maestrando en la Escuela Superior de Guerra del Ejército Luis María Campos (UNDEF), Egresado de la Universidad Estatal Pedagógica de Moscú, Rusia (MPGU).

Un nuevo mundo ha nacido con el uso de la Inteligencia Artificial en el ámbito militar. En la actualidad existe una nueva carrera armamentista en la que China, Estados Unidos y Rusia pugnan por tener hegemonía en lo que para muchos autores se conoce como “La guerra fría de la Inteligencia Artificial”.

En los últimos años, China ha implementado dentro de sus programas de desarrollo armamentista una inversión de, al menos, 150 mil millones de dólares en tecnología. El objetivo sería el de, en un futuro no tan lejano como puede ser el año 2030, convertirse en país líder en Inteligencia Artificial. Todo esto sin olvidar la intención de Pekín de posicionarse en el centro de la innovación mundial, con una producción valorada en 147.000 mil millones de dólares.

Por otra parte, Rusia ha expresado claramente que la Inteligencia Artificial es la clave para derrotar a los norteamericanos. El líder ruso, Vladímir Putin, confía hasta tal punto en esta tecnología que la considera como el punto de desequilibrio para alcanzar la hegemonía mundial.

Desde Estados Unidos y, frente al desarrollo e importancia que otras naciones están dando a la Inteligencia Artificial, firmó ya en febrero de 2019 la Orden Ejecutiva n.º 13859. Esta está orientada al fin de alcanzar el liderazgo estadounidense en esta materia mediante el “Plan Estratégico Nacional de Investigación y Desarrollo de la IA en los Estados Unidos de América”.

Un nuevo mundo ha nacido con el uso de la Inteligencia Artificial en el ámbito militar. La información de la que se puede disponer gracias a ella es inmensa y puede ayudar a la toma de decisiones. Según algunos expertos como María Inmaculada Mohino Herranz, en no mucho tiempo los nuevos sistemas serán autónomos. Es decir, serán capaces de tomar sus propias decisiones, siempre y cuando la ética lo permita.

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Según la investigadora del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial Esteban Terradas, estos nuevos sistemas ofrecen un amplio abanico de posibilidades como el de incrementar la seguridad de los soldados, mejorar la ayuda humanitaria en cuento al rastreo en zonas catastróficas, la búsqueda y rescate de personas en peligro, el estudio del enemigo para mitigar los ataques, entre muchas otras posibilidades. Sin embargo, la investigadora también advierte que este tipo de tecnología es un arma de doble filo: con estos sistemas inteligentes es posible desarrollar armas con capacidad de destrucción sin límites.

Definiendo los conceptos de Inteligencia Artificial y Guerra

Con el objetivo de contextualizar la ya reconocida por muchos autores como Guerra Fría de la Inteligencia Artificial, exponemos a continuación las definiciones y conceptos tanto de Guerra como de Inteligencia Artificial.

Por un lado, para comprender el concepto de guerra, podemos destacar las definiciones de uno de los teóricos de ciencia militar moderna más influentes de la historia: Carl von Clausewitz. Entre ellas destacamos que la guerra es un acto de fuerza para doblegar al enemigo a nuestra voluntad o una mera continuación de la política por otros medios.

Las definiciones clausewitzianas tienen en cuenta un sentido político, violento y atribuible de la guerra. Por tanto, un hecho violento sin objetivo claro ni posibilidad de atribución no se conformaría como un acto de guerra. En este sentido, el uso de Inteligencia Artificial aplicada al desarrollo de herramientas y artefactos que causen un daño potencial y efectivo hacia un enemigo determinado es, en sí mismo, un elemento para la guerra.

En lo que se refiere a la definición de Inteligencia Artificial, según la Comisión Europea (2018), este término se aplica a los sistemas que manifiesta un componente inteligente, pues son capaces de analizar su entorno y pasar a la acción con cierto grado de autonomía con el fin de alcanzar objetivos específicos. Los sistemas basados en Inteligencia Artificial pueden consistir simplemente en un programa informático.

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Por poner algún ejemplo, entre ellos estarían los asistentes de voz, programas de análisis de imágenes, motores de búsqueda o sistemas de reconocimiento facial y de voz. Sin embargo, la Inteligencia Artificial también puede estar incorporada en dispositivos de hardware como, por ejemplo, robots avanzados, automóviles autónomos, drones o aplicaciones de Internet de las Cosas (IoT).

Inteligencia Artificial en sistemas de armas

La conexión entre robótica e Inteligencia Artificial originó un giro tecnológico que está cambiando el modo de vida del ser humano. El siglo XX ha supuesto una revolución tecnológica extraordinaria. Evidentemente, los cometidos de carácter militar también están incluidos. Esto supone un grave problema ético y moral, permitiendo a las máquinas tomar la decisión de matar, o no.

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Esto dependerá del grado de autonomía de estos artefactos. En este sentido, según expertos como Aznar Lahoz, el máximo grado de autonomía supone que el arma selecciona el objetivo, lo adquiere y lo combate sin intervención humana. Así, la máquina debe interpretar qué es lo que ocurre a su alrededor. Según Lahoz, a día de hoy ya existen diferentes robots, específicos para cada tarea, capaces de trabajar por tierra, mar y aire. Las tareas que estos pueden desempeñar son muy diversas, desde carga de material, exploración, Inteligencia, reconocimiento e, incluso, el propio ataque.

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La Inteligencia Artificial fue inicialmente orientada hacia el desarrollo de algoritmos para juegos. Sin embargo, su evolución ha permitido que actualmente se oriente también al razonamiento automático, la demostración de teoremas o sistemas expertos que refieren el comportamiento que asume inconscientemente el cerebro para percibir colores. Son olvidar las redes neuronales o los sistemas conexionistas, los cuales son modelos computacionales conectados a través de neuronas artificiales entre sí para transmitir señales, entre otros.

El desarrollo de IA, se evidencia en la universalización de la economía digital, que consiste en transformar los flujos económicos y los modelos de negocios. Esta tendencia se refiere a cuatro tecnologías, entre las que se incluye no solo la Inteligencia Artificial, sino también la analítica del Big Data, Internet y Blockchain. Esta última emplea una base de datos compartida que funciona como un libro para el registro de operaciones de compra y venta o cualquier otra transacción.

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Dentro de este panorama, nos encontramos con el sistema de Visión Artificial, la herramienta principal que permite procesar y analizar imágenes del mundo real, con la finalidad de que estas puedan ser procesadas por un sistema computacional avanzado. La diversidad de aplicaciones que esta técnica genera, permite multiplicar las opciones de control y decisiones tanto en el presente como en el futuro, entre las principales tenemos: reconocimiento facial, detección de objetos, clasificación de imágenes, realidad virtual, análisis y peritajes de videos, entre otras.

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Cómo la Inteligencia Artificial se utiliza en la Guerra

Una de las mayores capacidades de la visión por computadora, que es aceptado por los sistemas de defensa, control y seguridad, es la visión 3D. Esta proporciona a un ordenador, un sistema que funciona de manera similar a como lo haría la visión humana, pero en un proceso digitalizado. En la industria militar, la visión artificial por computadora desarrolló la realidad aumentada, la cual visualiza el entorno a través de elementos sintéticos con imágenes en tercera dimensión de forma coherente y con una perspectiva real hacia el usuario.

Esta forma de establecer el entorno donde operan las fuerzas militares, llevó a crear el denominado RAIOM (Realidad Aumentada para la Identificación de Objetivos Militares). Este utiliza sistemas inteligentes a través de dispositivos móviles, visión por computadora y sensores digitales para el reconocimiento, detección, ubicación, identificación y suministro de información contextual. Dentro de las diferentes variedades de capacidades que tiene el RAIOM se pueden citar, entre otras, la visualización y posicionamiento de objetivos, reconocimiento virtual, cartografía en tercera dimensión y realidad aumentada.

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Para hacernos una idea, actualmente, el tanque de combate Armata T-14 de Rusia puede disparar de forma autónoma y se espera que sea totalmente autónomo en un futuro próximo. El Sea Hunter de la Armada de Estados Unidos, un buque autónomo de guerra de cuatro metros de eslora, se convirtió en el primer buque sin tripulación.

Este último fue diseñado para buscar submarinos enemigos y puede funcionar sin contacto con un operador humano por dos o tres meses seguidos. También es necesario destacar el avión estadounidense X-47B, totalmente autónomo y controlado remotamente por un humano.

Además, Estados Unidos está desarrollando proyectos como el ATLAS (Advanced Targeting and Lethality Automated System), que incorpora la IA a los tanques para identificar y atacar objetivos al menos el triple de rápido que con el actual proceso manual. Hoy por hoy, existen formas de sistemas mixtos: humanos con capacidades aumentadas o reforzadas por máquinas. Esta interconexión alcanza, con la robotización, un alto grado de sofisticación y poder que conforman un enjambre y ejecuta las órdenes recibidas.

Consideradas como la base sobre la cual se articula esta revolución de armamento, las tecnologías de la información, complementadas por la robótica y la Inteligencia Artificial se han integrado en nuevas plataformas, sensores y armas para transformar la concepción, planeamiento y conducción de las operaciones.

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Más específicamente, estas tecnologías han permitido que las plataformas incrementen su conectividad, utilicen diseños y materiales que les permitan pasar inadvertidas ante los sistemas de detección y algunas sean dirigidas remotamente o con inteligencia artificial para operar en escenarios de riesgo sin exponer vidas humanas.

El armamento de precisión e inteligente también permite que un proyectil sea lanzado fuera del alcance enemigo e impacte contra el objetivo con un solo disparo. Esto reduce los daños colaterales, limita el factor humano o la aversión a atentar contra vidas humanas, simplifica la logística y reduce el coste político, económico y social de cualquier acción armada.

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¿Qué podemos esperar del futuro?

Con relación al futuro de la guerra, se podría avizorar que, en la guerra terrestre, las grandes unidades típicas de las guerras de los siglos XIX y XX serán reemplazadas por fuerzas más pequeñas y robotizadas, distribuidas en red y organizadas de forma modular según la misión a realizar.

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De esta forma podrán desplegarse fácilmente a grandes distancias, avanzarán dispersas batiendo los blancos con precisión y rapidez y realizarán una amplia gama de actividades (desde el apoyo a la paz a acciones de guerra) en escenarios muy diversos.

En los océanos, la integración en red de sensores, plataformas y armas permitirá incrementar el control de las zonas marítimas colindantes a las aguas territoriales y dificultar sensiblemente cualquier acceso no autorizado desde el mar. Esto pone en grave riesgo a las flotas enemigas, que deberán mantenerse a gran distancia de la costa y desarrollar procedimientos específicos para proyectar el poder, superar las estrategias anti-acceso y denegación de áreas enemigas, operar en el litoral y realizar ataques tierra adentro.

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En el aire, la integración de sensores, plataformas semi-furtivas, armas inteligentes y drones permiten batir objetivos a gran distancia, con enorme precisión y sin apenas daños colaterales. Esto motivará la progresiva sustitución de los aviones tripulados por robots aéreos capaces de realizar las labores de sus homólogos tripulados con un coste humano, material y económico mucho menos.

La previsible desaparición del vuelo tripulado, seña identitaria de la aviación desde sus orígenes, tendrá enormes efectos corporativos, pues la sustitución del piloto, por aviones dirigidos o autónomos alterará para siempre tanto la naturaleza como el espíritu de cuerpo del poder aéreo.

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En el contexto de este análisis se demuestra que la decisión fundamental para la robotización de los ejércitos occidentales ya se ha hecho y es irreversible. En el corto plazo, las ganancias son demasiado tentadoras para sacrificarlas por posibles problemas y riesgos futuros.

Este desarrollo, sin embargo, tiene un alto potencial para alterar la forma en que la guerra se ha desarrollado, peleado y pensado. Si es posible librar una “guerra incruenta” con robots o virus informáticos, lamentablemente la opción bélica podría convertirse en la solución preferida, dando lugar a una nueva era de neo intervencionismo

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Estas intervenciones, sin embargo, serán muy diferentes de los que hemos visto en el pasado reciente. Estas serán, enfocadas territorial y políticamente hablando, más clandestinas y más letales.

En este análisis se ha realizado un esfuerzo de investigación bibliográfica y mediática del desarrollo profuso e instrumental de la Inteligencia Artificial, el desarrollo de sistemas de armas combinados e inteligentes y la consecuente derivación en las doctrinas militares del futuro, no tan lejano. El caso presentado en este artículo, también publicado en LISA News sobre la guerra de Nagorno Karabaj, no es más que una pequeña muestra de la guerra distópica del mañana.

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Darío Calvo Löbbe

Licenciado en Ciencia Política (UNSAM), Tesis en Relaciones Internacionales (UNSAM), Egresado de la Escuela de Defensa Nacional y Maestrando en la Escuela Superior de Guerra del Ejército Luis María Campos (UNDEF), Egresado de la Universidad Estatal Pedagógica de Moscú, Rusia (MPGU).

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