DestacadoMedios de comunicación rusos al servicio de la ofensiva híbrida

Medios de comunicación rusos al servicio de la ofensiva híbrida

Análisis

Paula Laguna
Paula Laguna
Responsable de LISA Comunidad en LISA Institute. Profesional junior de Relaciones Internacionales con conocimiento e interés en Derecho Internacional Público y en Derechos Humanos. Interesada en el escenario geopolítico de Rusia y el espacio postsoviético. Tesis sobre las estrategias de desinformación y manipulación de medios en las nuevas guerras.

Como se viene observando en los últimos años, actualmente no es necesario recurrir a la guerra convencional para lograr los objetivos de la misma. Los instrumentos que Rusia pone en práctica para extender su influencia y sus objetivos —entre los que se destacan tratar de disminuir la influencia de Occidente y poner en duda la robustez de los sistemas democráticos— son de carácter diverso.

Tras el fin de la Guerra Fría y el desmoronamiento de la Unión Soviética hace ya 30 años, en Rusia afloró una crisis de identidad nacional considerable. No obstante, la llegada al poder en el año 2000 del presidente Vladímir Putin —tras el mandato de 9 años del expresidente Boris Yeltsin— trajo consigo un cambio íntegro y una reestructuración en la política de Estado, sin perder la esencia soviética. 

Desde el momento en el que Putin llega al poder, se hace evidente la importancia que le confiere a los medios de comunicación, entendiendo a estos como una parte determinante del soft power del país. A partir de entonces, los instrumentos informativos se conciben como una potencial ventaja estratégica que podría utilizarse para ayudar, por una parte, a levantar el ánimo entre los ciudadanos de Rusia y, por otra, a proyectar una idea de “resurgimiento del gigante ruso” y de fortaleza de la nación tras la crisis. 

De esta forma, los medios de comunicación siguen una estrategia de difusión de mensajes patrióticos, apoyados en la idea de la excepcionalidad rusa a través de la propaganda, sin perder la idea de que el entretenimiento será formato predominante de los contenidos que fluyen por el sistema de comunicación. Este pensamiento se puede ver reflejado en la programación de los principales canales televisivos del Kremlin, como Rossiya 1, que junto a NTV, aglutinan el mayor porcentaje de audiencia televisiva en el ámbito federal basándose en la idea del entretenimiento como método de captación y afiliación al régimen.

En esta línea se va a ver cómo los medios pasan a formar una parte activa importante, tanto de la política nacional, como de cara a la acción exterior del país. 

La estrategia de Moscú con esta nueva visión del entramado mediático pasaba a ser la siguiente: en primer lugar, persuadir y conquistar la opinión pública entre las fronteras internas del país, reforzando esa idea de orden y sensación de grandeza de la que su población había gozado en la época soviética y, en segundo lugar transmitir esta misma perspectiva hacia las antiguas repúblicas exsoviéticas y hacia Occidente. Al igual que sucedía en tiempos de la URSS, las políticas con respecto a la información y propaganda llevadas a cabo por el Kremlin se caracterizan por estar diseñadas para consolidar y perpetrar el papel dominante de las élites del Estado.

En la primera mitad del siglo XIX, si a algún dirigente comunista se le ocurría cruzar los límites de la libertad de pensamiento establecidos por el régimen, era común ver cómo desde los centros de poder de la URSS se recurría a la filtración de bulos y mentiras a través de los medios de comunicación para minar su carrera profesional.

A partir de la década de los 90, la transformación integral que sufre el país configura un sistema de medios de comunicación desde una visión más capitalista, marcado tanto por el deseo de control político en los contenidos, como por la necesidad de alcanzar a través de ellos beneficios económicos.

Para ello, las autoridades rusas ponen en práctica un férreo control de la información en el plano legislativo. De esta forma se va a observar en el país represión judicial hacia la existencia de medios independientes, sometidos a grandes presiones institucionales e invisibilizados entre la maraña de medios dominantes afines a los intereses del gobierno.

Todo ello son particularidades del sistema de medios en la Rusia actual, el cual se caracteriza por su alta concentración empresarial y por la lealtad de los medios al poder. Esta relación reside en que desde la primera llegada de Vladímir Putin a la presidencia se ha realizado en el país un seguimiento especial de los medios con la finalidad de congregarlos en torno al gobierno y poner en práctica una acción informativa unilateral.

La idea de tener unos instrumentos informativos bajo una estrategia unificada y afines al gobierno está tan arraigada en el pensamiento estratégico ruso, que en 2001 se ampliaron las restricciones relacionadas con las inversiones extranjeras en los medios de comunicación rusos.

Sin embargo, en lugar de buscar nacionalizar abiertamente los medios de comunicación, el Kremlin prefiere elegir cuidadosamente a periodistas y propietarios de estos medios que apoyen régimen, de esta forma, tratan de evitar recurrir a una censura explícita, que visiblemente, podría reducir los índices de popularidad del gobierno. Así, Rusia consigue establecer una falsa sensación de libertad de información en el país entre la ciudadanía rusa, con base a la abundancia de canales informativos.

Una de las consecuencias directas de esto es que, sobre todo los jóvenes, han dejado de ver la televisión porque desconfían de este medio y por ello buscan alternativas para mantenerse informados. La mayor parte de la gente joven se ha refugiado en Internet, en redes sociales… y en este contexto es donde han surgido figuras como la del bloguero Alexei Navalny, que nace de denunciar la corrupción del Estado. Es por esto por lo que el Kremlin en los últimos años ha empezado a elaborar legislación nueva con respecto al control de Internet, entendiendo este como un filón desde el punto de vista doméstico que se escapa a su control informativo.

La manipulación y distorsión informativa se enfoca, en esta línea, hacia campañas de desprestigio o descrédito contra las fuentes de información más críticas con el régimen. Para mantener la credibilidad de su política fuerte, las autoridades consideran que deben persuadir a los ciudadanos de que cualquier problema social o económico del Estado es causado por enemigos internos o externos, en este caso, actores prooccidentales.

A pesar de que el artículo 29 de la Constitución rusa ampara la libertad de expresión y de prensa, garantizando la independencia de estos y manteniendo que la censura está prohibida en el país, la realidad resulta ser muy distinta.

“La presión que padecen los medios de comunicación independientes no deja de aumentar […]: leyes liberticidas; asfixia y control de las principales publicaciones; bloqueo de sitios web informativos; cortes de la conexión a internet”, relata Reporteros Sin Fronteras en su informe anual sobre la Libertad de Prensa en el mundo.

“Las grandes cadenas de televisión inundan a los ciudadanos con propaganda. Mientras tanto, el ambiente se vuelve asfixiante para aquellos que cuestionan el discurso patriótico y neoconservador del gobierno o que, simplemente, buscan defender un periodismo de calidad. La legislación contra el extremismo y la concerniente a la soberanía del país, aplicadas de manera selectiva, sirven de pretexto para encarcelar a periodistas y blogueros” Como se vio en el caso de Navalny, encarcelado en Rusia desde hace un año tras un intento de envenenamiento por parte del régimen.

Reporteros Sin Fronteras explica que los periodistas que cubren acontecimientos relacionados con Navalny se enfrentan en Rusia a obstáculos sin precedentes para su trabajo y, a veces, incluso violentos. “Los periodistas independientes corren el riesgo de ser declarados injustamente “agentes extranjeros” –como se ha llamado a algunos medios de comunicación y a las principales organizaciones defensoras de la prensa–”, añade la organización.

En la clasificación mundial que todos los años elabora la organización RSF, Rusia se encuentra actualmente en el puesto 150 de 180 países. Este índice se realiza a través de un estudio que valora y analiza en cada Estado, entre otros valores, el grado de independencia de la que gozan medios de comunicación, la pluralidad de opiniones representadas en los medios, la transparencia de los procedimientos que afectan a la libertad de información o el registro de los actos de violencia que se emprenden contra periodistas y medios de comunicación.

Entramado de medios nacionales

Las élites rusas se muestran especialmente interesadas por el volumen de tráfico que maneja la televisión en el país. Es por ello por lo que el Kremlin, como se menciona anteriormente, ejerce un férreo control del flujo informativo y de las narrativas preponderantes en el discurso de las tres grandes cadenas de televisión nacionales rusas.

El entramado de los principales medios audiovisuales nacionales lo componen las siguientes entidades: 

En primer lugar, el papel de Gazprom, compañía nacional líder del país en extracción y comercialización de gas y petróleo, es fundamental. Este gigante empresarial, que también aglutina medios de comunicación, en 2001 adquiere por mandato judicial el imperio mediático privado Media-Most. Fruto de ello, Gazprom Media obtiene importantes plataformas, como la cadena de televisión NTV, que actualmente cuenta con una audiencia de 120 millones de televidentes entre Rusia, Europa, EE. UU. y Oriente Medio.

Esta cadena, que anteriormente se mostraba crítica con el gobierno, desde la absorción por parte de Gazprom Media se ha visto totalmente afín y en línea con las políticas del régimen. También, bajo su control están otros medios influyentes en el país, como la emisora moscovita Echo of Moscow, una de las más sintonizadas o el diario Isveztia, con publicaciones históricas sobre la época comunista. 

Por otra parte, se menciona la corporación rusa de radiotelevisión VGTRK, de propiedad estatal. Agrupa siete cadenas de televisión, la más destacada entre ellas, el canal Rossiya 1, que junto a NTV, aglutinan el mayor porcentaje de audiencia televisiva en el ámbito federal. Además, esta asociación posee cinco emisoras de radio de cobertura nacional. 

Por último, es importante destacar el entramado privado CTC Media. Asimismo, este último tiene una gran influencia en el país, siendo propietario de cinco canales televisivos, con presencia también en dos de las repúblicas exsoviéticas, Kazajistán y Uzbekistán. A pesar de ser un medio privado, tiene tanto alcance en el país porque sus contenidos no tratan temas políticos, cerciorándose así de evitar problemas con el gobierno. 

Dejando a un lado las cadenas dedicadas al ámbito nacional, existen también en Rusia otros medios de comunicación con vocación internacional igual de importantes. 

La agencia de noticias Sputnik es uno de los instrumentos que más utiliza la Federación Rusa en su guerra informativa. Este medio forma parte del entramado mediático “Rossiya Segodnya” que, en 2013, se consolidó mediante la unión de la emisora de radio La Voz de Rusia, la agencia de noticias Ria Novosti y Sputnik, con una sólida vocación de influencia internacional y expansionismo mediático, operando en total en 30 idiomas y 34 países. 

Internacionalmente, Sputnik ha sido considerado como un servicio de propaganda del gobierno ruso. De hecho, la empresa Facebook, señaló al medio como autor intelectual de la creación de páginas web en su red social que se hacían pasar por medios independientes

Para completar la redacción del entramado mediático ruso es importante precisar que Dozhd, medio de comunicación políticamente independiente, también llegó a tener su espacio en la televisión. En 2011 un grupo de periodistas independientes crearon esta emisora con el objetivo de cubrir las protestas contra la victoria de Vladímir Putin en las elecciones legislativas de ese año.

La cadena fue acogida con gran éxito, llegando hasta una audiencia diaria de 20 millones de espectadores. Sin embargo, tras el conflicto vivido en Crimea en 2014 y la postura crítica del medio ante la anexión rusa, el gobierno les tildó de “fascistas” y se les retiró la emisión por vía satélite y por cable. Debido al abandono masivo de espectadores y patrocinadores fueron relegados desde entonces a emitir a través de internet.

Paula Laguna

Responsable de LISA Comunidad en LISA Institute. Profesional junior de Relaciones Internacionales con conocimiento e interés en Derecho Internacional Público y en Derechos Humanos. Interesada en el escenario geopolítico de Rusia y el espacio postsoviético. Tesis sobre las estrategias de desinformación y manipulación de medios en las nuevas guerras.

spot_img

Actualidad

Dejar respuesta:

Por favor, introduce tu comentario!
Introduce tu nombre aquí

spot_img