GeopolíticaUn balance de los Acuerdos de Abraham

Un balance de los Acuerdos de Abraham

Análisis

Paula Gómez Moñiz
Paula Gómez Moñiz
Estudiante de Relaciones Internacionales interesada en Geopolítica y Derechos Humanos. Actualmente realizando prácticas como Analista Internacional en LISA News.

Se acerca el segundo aniversario de los Acuerdos de Abraham y Arabia Saudí e Israel podrían estar avanzando en su cooperación. Los frutos de los acuerdos propiciados por Estados Unidos para posicionar a Israel como principal potencia en la región siguen creciendo a costa de la pérdida de la causa palestina.

La formalización de las relaciones entre Israel, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin mediante los acuerdos de Abraham el 15 de septiembre de 2020 supuso un gran éxito diplomático de Israel. Con la firma de estos se reconoce el derecho a existir del estado judío desde cuatro países árabes, lo que supone uno de los logros de la estrategia israelí para normalizar sus relaciones con los países de la región.

Ninguno de los dos estados del Golfo Pérsico ha participado con Israel en una guerra directa debido a que su fundación fue posterior al auge de las guerras árabe-israelíes, por lo que no ha dificultado demasiado el llegar a un acuerdo. Además Baréin cuenta con una gran comunidad judía en sus fronteras que incluso participa en la vida política del país, lo que ha propiciado que reconozca al estado judío y que se desvíe de la posición árabe de boicotear las relaciones comerciales de Tel Aviv.

Desde la posición de los Emiratos, no se puede decir que han sido tan fluidas y desde sus inicios calificaron Israel como un “enemigo” de los pueblos árabes. Sin embargo, la amenaza que supone Irán para los países de Oriente Medio hizo que desde Abu Dabi hubiera acercamientos hacia el estado judío y mantuvieran una postura común.

La firma de estos nuevos acuerdos de paz ayudó a reforzar también los que ya tenía con Egipto y Jordania, donde existía una preocupación por si sus relaciones iban a torcerse tras tantos años sin avances. Otro logro tras los acuerdos fue el reconocimiento de Israel por parte de Marruecos a mano de las concesiones otorgadas por Estados Unidos como el reconocimiento del Sáhara marroquí.

Con la celebración de la Cumbre del Neguev a finales de marzo de este 2022 en la que se reunieron los ministros de exteriores de Egipto, Israel, EAU, Marruecos, Baréin y Estados Unidos, se materializó la alianza árabe-israelí que se está forjando poco a poco y a la que cada vez más países se están uniendo. Además, en esta se hizo visible el gran impacto que tiene EEUU en el reconocimiento de Israel, siendo el único país occidental en participar en las reuniones.

El nuevo objetivo de la ampliación de los socios israelíes es Arabia Saudí que, aunque mantenga su posición de apoyo a la causa palestina, está comenzando a establecer acuerdos que normalizan las relaciones entre ambos países. El ministro de transportes israelí, Merav Micheli, informó que se está trabajando con Arabia Saudí en relación con el sobrevuelo de las aerolíneas israelíes sobre su territorio, lo que se considera un paso hacia el establecimiento de relaciones entre Tel Aviv y Riad.

La cooperación entre estos países abre la puerta a la monarquía saudí que ve que la creación de una alianza regional puede cumplir uno de sus objetivos principales: contrarrestar el poder iraní, su principal enemigo en la zona. Es ahí donde puede encontrar un incentivo para unirse y reconocer la soberanía de Israel.

Además, estos países podrán también poner solución a los bloqueos iraníes del Estrecho de Ormuz, de donde sale parte del petróleo hacia los mercados internacionales, y contrarrestar la amenaza que supone el acceso iraní a través de Yemen hacia el mar arábigo.

Se trata de una unión más que por la paz, por la hegemonía en la región en contraposición de países no árabes; no solo se habla de Irán, sino también de Turquía. Cada vez se desconfía más del país otomano debido a las aspiraciones expansionistas del presidente turco, que ya ha establecido un eje de cooperación con Libia para sobreponerse a las otras potencias del mediterráneo, es por ello que no quieren que ocurra lo mismo hacia Oriente Medio.

Es por ello que expertos como Alberto Priego, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Pontificia de Comillas, no cree que la Casa de Saud tarde más de 24 meses en formalizar un acuerdo de normalización de relaciones que establezca un marco de cooperación entre Riad y Tel Aviv. Ante una aceptación de Arabia Saudí, se prevé un “efecto dominó” que terminaría de completar la aspiración israelí en el mundo árabe.

La evolución de las relaciones árabe-israelíes

Tel Aviv ha estado luchando desde la proclamación de su independencia el 14 de mayo de 1948 por David ben Gurion en tierras palestinas. No pasaron ni 24 horas cuando los ejércitos de sus vecinos árabes, Egipto, Jordania, Siria, Líbano e Irak invadieron sin éxito el nuevo estado judío, el cual a sorpresa de todos, supo defenderse exitosamente. La llegada de este nuevo país a la región supuso que durante la ultima mitad del siglo XX la tensión aumentara y los enfrentamientos fueran protagonistas  en el panorama internacional.

Para los países de Oriente Medio se trataba de un propósito establecido en la carta fundacional de la Liga Árabe. En ella se establecía la necesidad de evitar que la minoría judía estableciera un estado independiente en tierra Palestina, por lo que en el momento de la creación por parte de ben Gurion, unieron fuerzas para intentar evitarlo. Desde entonces ataques propiciados desde el estado judío así como de la coalición árabe, han protagonizado el panorama internacional.

En 1956, tras la nacionalización del canal de Suez por parte de Egipto, Israel llevó sus tanques al Sinaí para llegar al paso, la ONU, EEUU e incluso la Unión Soviética presionaron al joven país para que retirara sus tropas; En 1967 Tel Aviv inició la Guerra de los Seis Días contra Egipto, Siria y Jordania; de nuevo, Siria y Egipto atacaron a Israel en el Sinaí a finales de 1973; en los ochenta las tropas israelíes invadieron el Líbano… constantes ataques que se vieron apaciguados con el lanzamiento de los Acuerdos de Camp David.

No fue hasta 1979 cuando se firma la paz con El Cairo, un proceso iniciado con la visita del jefe de estado egipcio en 1977 al país con el que llevaba más de tres décadas en conflicto, siendo el primer estado árabe que visita el territorio desde su fundación. Estados Unidos apoyó los Acuerdos de Camp David que se iniciaron tras la sorprendente visita, y derivaron en la firma de paz entre ambas naciones.

Mientras que para Washington supuso un gran triunfo diplomático, Egipto fue aislado por parte de sus socios de la Liga Árabe con los que había luchado históricamente, para ellos este acto de paz fue una traición.

A pesar de que la organización estableció que la normalización con Israel se llevaría a cabo con la condición inamovible de que los judíos abandonaran las tierras palestinas, con el paso de los años, las relaciones árabe-israelíes han ido mejorando en detrimento de la lucha del pueblo palestino.

En 1994 el rey Hussein de Jordania fue el siguiente en dar el paso para normalizar la situación con Israel, y poco a poco se han ido sumando a lo largo de los años según ha ido cambiando el panorama internacional a través de diferentes tratados y acuerdos. Uno de los momentos que se consideran clave en el reconocimiento del estado judío fue la Primavera Árabe, cuando los regímenes vieron peligrar su poder y se vieron presionados por EEUU.

La firma de los Acuerdos de Abraham el 15 de septiembre de 2020, formalizaron las relaciones entre EAU y Bahréin con Israel. Unas negociaciones con los países del golfo que llevaban en curso desde 1990 y que desde entonces no habían logrado ningún nuevo acuerdo después del reconocimiento de Jordania, a pesar de presentar acercamientos por parte de países como Marruecos y Túnez.

Incluso Arabia Saudí presentó una propuesta de paz en la década. Este reconocimiento y normalización tardó tanto debido a que entre los requisitos que siempre se han impuesto desde estos países para establecer la paz, se encontraba el de la retirada de Cisjordania.

Además, se destaca que a pesar de que el fin de la Guerra Fría fue un factor que disminuyó el impacto y la fuerza de los estados anti-israelíes, el auge de movimientos como los Hermanos Musulmanes, el extremismo en la región y que aún no temían el poder que ganaría Irán en la zona hicieron que los proyectos de acuerdos de paz quedaran suspendidos.

El papel de Estados Unidos en el reconocimiento israelí

Washington siempre ha jugado un papel clave en el establecimiento de relaciones con el estado israelí. Con Barack Obama a punto de salir de la Casa Blanca, John Kerry, su secretario de estado, declaró que “no habrá una paz avanzada y separada con el mundo árabe sin el proceso palestino y sin la paz palestina. Todo el mundo tiene que entenderlo”

Jorge Cachinero, colaborador del Real Instituto Elcano considera que con estas declaraciones, se limitaba la existencia de uno de los dos estados al perturbar el “statu quo” entre Israel y la Autoridad Palestina, además de condenar el progreso de cualquier negociación entre ambos pueblos. Es por ello que puede que este discurso haya sido una de las razones por las que Israel ha expandido notablemente su influencia en otros continentes como Asia, África y América Latina bajo el gobierno de Benjamin Nethanyahu.

Pero la entrada de Trump en la Casa Blanca ha destacado especialmente. El expresidente de los Estados Unidos fue el promotor de los Acuerdos de Abraham “tras décadas de división y conflicto, hoy marcamos el amanecer de un nuevo Medio Oriente”, según destacaba en un acto en la Casa Blanca.

Su alineación proisraelí no se ha ocultado en ningún momento, en 2017 incluso anunciaba el traslado de la embajada de Tel Aviv a Jerusalén, reconociendo esta última como su capital. Esta ciudad es sagrada para ambas religiones, y ha sido objeto de disputa históricamente, por lo que al romper con la política que los gobiernos anteriores, así como la comunidad internacional había mantenido, indignó al pueblo palestino.

Todo se trata del interés que el presidente siempre ha puesto en desarrollar la capacidad de la militar en la zona en contraposición con Irán, además de sacar beneficio a través de la venta de armas a los países la zona y así aumentar el beneficio de su industria armamentística; eso sí, siempre que la principal potencia militar de la región sea Israel.

Emiratos Árabes Unidos fueron recompensados por parte de los occidentales con la construcción de una base militar estadounidense en su territorio, suponiendo también una mejora de las relaciones comerciales, científicas y tecnológicas con ambos países.

Donald Trump también fue el promotor de la normalización de las relaciones con Marruecos, otorgándole un aliado fuerte en su disputa con Argelia, así como el reconocimiento oficial del Sáhara Occidental como marroquí a cambio del reconocimiento de Israel.

Junto al reconocimiento marroquí, Sudán se unió a la lista de países que apoyarían a Israel y buscarían beneficio dentro de la alianza, así a finales de 2020 el Sáhara pasaría a ser reconocido por EEUU como marroquí, y el gobierno sudanés saldría de la lista negra de patrocinadores del terrorismo.

¿Quién gana qué al reconocer a Israel?

Hemos visto cómo a pesar del rechazo inicial a la instauración de un régimen judío en tierra musulmana cada vez son más los países que se suman al reconocimiento de Israel. ¿Cuáles son los motivos?

El auge del poder de Irán en la región y la preocupación por el crecimiento de los movimientos islámicos extremistas es uno de los motivos por los que estos países “abandonan” la causa palestina y establecen relaciones con Tel Aviv, visto como un gran aliado militar fundamental para estabilizar la región en forma de bloque y que, además, cuenta con el apoyo incondicional de Estados Unidos.

Esto no quiere decir que estos países hayan olvidado la cuestión palestina pero sí se ha convertido en un tema frustrante en el que décadas de esfuerzo no han servido “para nada”. La solución de los dos estados propuesta inicialmente se vuelve cada vez más complicada y puede ser por ello por lo que ha sido dejada de lado priorizando el comenzar a cooperar en la región.

Puede que al ver esta “inamovilidad” de la situación los estados árabes se percibiera como una política más fructífera el establecer relaciones con Israel para poder avanzar a nivel regional y poder centrarse en otras cuestiones como el poder de Irán o el yihadismo.

Otro de los grandes incentivos para reconocer al estado judío son las concesiones estadounidenses como hemos visto en el caso de Marruecos. EAU y Bahréin también obtuvieron sus recompensas. Los estados del Golfo recibieron aviones de combate F-35 estadounidenses para su defensa antiaérea, aumentó la cooperación con Israel en ámbitos clave para los países como son la seguridad, ciencia e Inteligencia, a lo que se suma cómo ha aumentado el turismo israelí en estos países.

Sin embargo, el gran ganador de los Acuerdos de Abraham, como destaca Jorge Cachinero es Israel. El país ahora es considerado un “aliado de primer nivel” en la región, a pesar, incluso, de “entregar mucho más de lo que va a recibir en el intercambio material con sus nuevos socios”. Para Israel las inversiones recibidas por los países del Golfo son “suficientes” ya que el reconocimiento de su soberanía es “lo más valioso”.

Como en todo acuerdo en los Acuerdos de Abraham también hay perdedores. El actor más perjudicado es la Autoridad Palestina que considera una “traición” el reconocimiento de Israel por parte de, precisamente, aquellos que han apoyado su causa históricamente. Si sus propios aliados ya no van a defender la solución de los estados ni van a presionar a su gran enemigo convertido en socio regional… ¿Quién va a hacerlo?

Esta situación es similar a la del Frente Polisario, que cada vez ve más frustrado su deseo de terminar de ser la colonia más antigua del mundo para convertirse en un estado soberano independiente. El apoyo estadounidense a la monarquía marroquí a través de un intercambio de reconocimientos ha allanado el camino a otros países a hacer el mismo movimiento, como ha sido el caso de España.

Otro actor regional clave que puede verse perjudicado por los Acuerdos de Abraham es Irán que también considera una “traición” los pasos dados por los países árabes que han establecido relaciones con Israel. Sin embargo, no es solo la causa palestina lo que podría verse como una amenaza para el país, sino la propia creación de un bloque de oposión regional que va a intentar mermar todos sus movimientos en su expansión hacia países inestables como Líbano o Yemen.

Israel cada vez está más cerca de completar su sueño: el reconocimiento y respeto de sus países vecinos. Sin embargo, los intereses de estos están mermando los objetivos de pueblos árabes como el palestino y el saharaui, que cada vez les supone más difícil colarse en la agenda internacional para poner una solución a sus conflictos.

El miedo a que las potencias no árabes tengan un gran poder en la región, está provocando que los países de Oriente Medio se unan a otro actor que tampoco es árabe y que, históricamente, ha sido visto como un “enemigo” e “invasor.” Tel Aviv está demostrando notablemente su poderío e influencia de la mano de Estados Unidos en la región. Hay analistas que incluso se plantean la posibilidad de que en un futuro pudiera desaparecer la Liga Árabe y que surgiera una nueva organización que pudiera incluir al estado judío finalmente reconocido al mismo nivel que el resto de sus vecinos.

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Paula Gómez Moñiz

Estudiante de Relaciones Internacionales interesada en Geopolítica y Derechos Humanos. Actualmente realizando prácticas como Analista Internacional en LISA News.

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