Cómo funciona el polémico sistema de crédito social chino

Análisis

Javier Lara Ruiz
Javier Lara Ruiz
Estudiante del Grado de Relaciones Internacionales en Francia y España. Fue seleccionado como uno de los estudiantes Top Talent Valencia 2023 por el Banco Santander y premiado en múltiples ocasiones por su labor como delegado en simulaciones de las Naciones Unidas, una de ellas en la base de la ONU en Valencia. Además, cuenta con experiencia previa como analista en otros medios. Apasionado por la geopolítica, está altamente interesado en temas sobre Asia y África.

Cruzar un paso de peatones en rojo, el impagos de deudas o no respetar las señales de tráfico puede llevar a un ciudadano chino a perder puntos del sistema de crédito social chino; por el contrario, seguir las normas, trae beneficios como poder ser admitido en un hospital público con mayor facilidad o ventajas para solicitar un crédito. En este artículo te explicamos cómo funciona este polémico sistema en el país.

Del mismo modo que un niño lleva un gomet verde, como sello paternal de aceptación que determina su desempeño en el colegio, el sistema de crédito social chino es el reflejo de la necesidad de aprobación de la sociedad china. Bajo este sistema prácticamente cada mirada, acción y elección del ciudadano chino es registrada y evaluada.

Un gomet verde en la frente, un crédito social alto. Ambos, en esencia, muestran la búsqueda de aprobación que marcan nuestras decisiones. Pero, lejos de una percepción amigable de relación parental se esconde todo un entramado de motivos, medios y consecuencias de un inmenso control poblacional planteando preguntas sobre la libertad individual. Como decía George Orwell en la película 1984: «Despiertos o dormidos, trabajando o comiendo, en casa o en la calle, en el baño o en la cama, no había escape. Nada era del individuo a no ser unos cuantos centímetros cúbicos dentro de su cráneo».

El origen del sistema de crédito social chino

El inicio de este sistema y la construcción de otras políticas chinas se remontan al inicio de las guerras de la información y a la gestación de la nueva era digital. En 1989, Ronald Reagan sostuvo que la revolución de internet y las comunicaciones era un fenómeno imparable y que traería consigo unos elevados niveles mundiales de paz. En otras palabras, los modelos democráticos occidentales se expandirían por todo el planeta.

Ante este posible suceso Shen Weiguang, considerado el padre de las telecomunicaciones y la información china, comprendió que los países con grandes redes eran capaces de introducirse en un Estado e influir desde dentro. Empezar a crear redes y recopilar datos les permitió a principios de siglo empezar a moldear este sistema y, en este sentido, el punto exacto de partida es una copia a un modelo estadounidense de control crediticio. 

Desde finales de los 80, el aperturismo digital trajo consigo el control de datos. El principal objetivo de este sistema piloto era comprender el bajo nivel de fraude e impagos en Estados Unidos. Allí habían logrado un sistema de control a través de una ley que reglamentaba el acceso y el valor de los créditos.

China no tenía un instrumento capaz de consultar los registros financieros y acceder al historial crediticio de sus empresas y ciudadanos. Este sistema trataba de ayudar a los diferentes agentes del mercado a facilitar su toma de decisiones para favorecer un correcto funcionamiento. Extrajeron lo que se entiende en Occidente como solvencia financiera y lo están transformando en una solvencia social.

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El sistema de crédito social que se conoce en la actualidad se presentó de forma oficial en 2014. Durante este tiempo, ha desarrollado diferentes fases y modelos. A día de hoy este sistema está presente en industrias financieras, sanitarias y logísticas y es considerado como un elemento fundamental del propio partido comunista del Gobierno. Además, Pekín ha vetado la entrada de Internet a grandes compañías extranjeras y lo ha sustituido por un sistema de información propio que le permite vigilar y controlar a sus ciudadanos. 

Los objetivos del sistema de crédito social chino

Dentro del tejido que componen cada uno de los miles de millones habitantes chinos, el crédito social es la aguja invisible que une estos hilos hasta crear un tejido resistente que sigue el modelo del Partido y, a través del cual, se asegura el correcto funcionamiento de la sociedad y el seguimiento de sus normas. Cada individuo se convierte en un hilo diferente que hay que tejer, convirtiéndose en un trabajo meticuloso donde cada acción forma parte del tejido y la confianza social. En este vestido social, el crédito no solo mide, sino que también da forma al destino, creando una sociedad perfecta, hecha a medida. A cambio de una cesión de datos sin límites.

El objetivo proclamado por Pekín se ciñe a la mejora de la confianza social y la regulación de diferentes comportamientos que incumplen la responsabilidad ciudadana. Por ejemplo, cruzar un paso de peatones en rojo, fumar en sitios no autorizados, impagos de deudas o no respetar las señales de tráfico son algunos de los ejemplos más estandarizados en el país asiático.

El Gobierno sostiene que estas lacras sociales están, de alguna manera, ligadas con la carencia de civismo, y que la creación de una confianza social requiere la creación de unos estándares de comportamiento. La idea es asegurar un correcto funcionamiento del individuo al verse evaluado su fiabilidad como ciudadano. Los objetivos del crédito social se centran mucho en aplacar los comportamientos nocivos, en parte porque las burocracias nunca han recopilado datos positivos. 

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¿Cómo recopila los datos el sistema de crédito social chino?

Atractivos por fuera, dulces y cremosos por dentro, pero más insalubres que un bollo industrial. Así se muestran los diferentes sistemas de recopilación de datos. Desde cámaras de vigilancia, transacciones, redes sociales, trabajo, historial médico, transportes, etc. En el documental «China, mi mujer tiene crédito social» del periodista francés Sébastien Le Belzic se pueden apreciar multitud de ejemplos sobre la captación diaria de datos y su impacto en la vida cotidiana. 

Muchas veces enmascarados por el avance y la comodidad, acaban obligando al consumidor a ceder sus datos. Estas empresas tienen influencia directa del Estado desde sus esferas de dirección y a su vez están obligadas a cooperar a través de la ley de inteligencia china. Destacan aplicaciones como Alipay, app de pago desarrollada por Alibaba; Taobao, página de compras como Amazon; WeChat, el WhatsApp chino desarrollado por Tencetn; Douying, el TikTok chino propiedad de Bytendance.

La recopilación de datos es una vigilancia inadvertida y continuada. Todo queda digitalizado inmediatamente: «el ojo que todo lo ve». Aproximadamente en las calles hay 1 cámara de vigilancia cada 5 habitantes, siendo evidentemente el país con más cámaras de vigilancia del mundo. De las 20 ciudades con más cámaras, 18 son chinas. Empresas chinas como Hikvision y Dahua que tienen el 40% de las cámaras de vigilancia de todo el planeta. Por otro lado, los organismos estatales también son evaluados para garantizar la máxima lealtad.

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¿Qué ocurre con la información que se recopila a través del sistema de crédito social chino?

Todos estos datos son recopilados, analizados y grabados en el perfil digital de cada individuo. La pérdida o la obtención de puntos afecta a la vida de las personas. Poder ser admitido en un hospital público con mayor facilidad, planificar viajes, obtener un visado rápido, fechas para renovar el pasaporte, pedir subvenciones y becas, poder fraccionar pagos, coger libros de las bibliotecas, solicitar un crédito, obtener descuentos en el transporte público… Beneficios sencillos a cambio de seguir las reglas.

El sistema está creado en un bucle que se retroalimenta. Por ejemplo, la compra de productos por Alibaba aumenta tu puntuación en otros sistemas como Sesame Credit, una aplicación utilizada para analizar tu fiabilidad crediticia. Las puntuaciones se basan en diversos factores, incluido el historial de crédito, el tipo de compra y otros comportamientos, otorgando beneficios diarios e incitando a comprar en esta plataforma. De esta forma, no solo tienen una gran ventaja, sino que pueden llegar a controlar el mercado.

Llegados a este punto. ¿Quién dice que no puedan controlar también lo que se consume? De una forma disimulada podrían ser capaces de moldear gustos. Manipular la alimentación de una persona actual parece algo utópico, pero quizás no lo sea para las generaciones futuras. Ya manipulan todo su contenido, esto puede ser el siguiente paso.

Cómo funciona el sistema de crédito social chino

Es como un videojuego real donde cada día surge una nueva oportunidad para subir o bajar de nivel. Aun así, su funcionamiento es muy complejo dada la libertad que tienen las administraciones locales en incluir diferentes aspectos a su propio crédito social. El sistema aún sigue en una fase experimental y su integración nacional se espera que sea de una forma lógica y natural para evitar críticas en su fase prematura. Los problemas de calidad y la tipificación de datos son los principales obstáculos para desarrollar un sistema a escala nacional.

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De forma simple se puede entender que los diferentes sistemas de captación de datos serían una tarta. En general, suelen ser aplicaciones que todos los usuarios utilizan día a día. Los vendedores de esta tarta serían las empresas y el gobierno es el encargado de facilitar todos los ingredientes. Para que las empresas tecnológicas, responsables de desarrollar nuevas formas de captación de datos, sean los reposteros del pastel.

La confianza impersonal también es un aspecto básico para entender este sistema. El Gobierno no sabe a ciencia cierta cómo se comporta, ni como se comportaron cada uno de sus ciudadanos. Pero, el futuro es lo único que se puede cambiar. Este sistema basa su funcionamiento en que el individuo tenga unas consecuencias para que sus actos futuros sean los correctos. Al final, el sistema de crédito social funciona mediante una recopilación de datos de multitud de fuentes. Estableciendo una puntuación y marcando una serie de recompensas o castigos que moldean el comportamiento de las personas

Existen grandes de consecuencias tanto positivas como negativas en torno al sistema de crédito social chino. Principalmente, nos encontramos ante el comportamiento ejemplar por el precio de un control poblacional. El aumento de las buenas actitudes es un hecho. Según una encuesta, las personas con baja puntuación llegan a abrir la aplicación 12 veces más que aquellos que se encuentran en una buena reputación. 

Las listas negras son una de las consecuencias más controvertidas y efectivas de este método. Cuando te sentencian por impagos, tu nombre es publicado y todo tu entorno es conocedor de ese delito. Al mismo tiempo que las compañías de transporte y los bancos son capaces de negarte la venta de sus servicios. Las sanciones pueden ser muy duras. 

Existen diferentes listas negras, pero la crediticia es la más conocida del país. Las entidades respetan las listas negras y la inclusión se queda grabada en el expediente del ciudadano o de la empresa. El objetivo es que si te han incluido en una lista negra el individuo se vea afectado también por el resto de los organismos. Provocando una avalancha de represión que el individuo muy difícilmente puede deshacerse. 

Acciones tan cotidianas como saltarse un semáforo, fumar en lugares prohibidos, además de su correspondiente sanción administrativa, conlleva ciertas restricciones: como la prohibición de viajar en avión o en trenes de alta velocidad e irse de vacaciones. Por si fuera poco, se llegan a publicar en pantallas LED por las ciudades las identidades de estos infractores y el motivo de su denuncia pública. El acoso puede llegar a tal punto que al individuo se le instale un mensaje de denuncia al politono del teléfono cada vez que recibe una llamada para que todos lo escuchen. Tal es el acoso y el rechazo social que muchos de ellos optan por disculparse públicamente por redes sociales. Las empresas también son evaluadas y sancionadas de la misma forma que los ciudadanos por parte de las agencias estatales. 

Aunque la consecuencia, quizás, más llamativa para los ciudadanos es ver reflejado en su teléfono móvil una reducción de puntuación cuando cometen alguna infracción clasificando a los ciudadanos por niveles. Para hacerse una idea se entiende por ciudadano modelo aquel que se encuentra alrededor de los 800 puntos y un ciudadano bajo el que está por debajo de los 350 puntos. Según del nivel puedes fraccionar pagos, obtener un visado más rápido, etc. Sin embargo, estas escalas de puntos varían según la administración local. Algunas empiezan por los 1000 puntos y van bajando de rango, otras facilitan la obtención de puntos.

¿Qué piensa el ciudadano chino del sistema de crédito social chino?

Este sistema tiene muchas críticas y opiniones dispares. El funcionamiento, su origen y sus objetivos preocupan al convertirse casi en un mundo digital del que nadie puede ni salir, ni esconderse. Todo queda grabado y almacenado. ¿Elige la población esta forma de vida?

Artistas locales como Deng Yufeng protestan contra la manipulación del gobierno en defensa de la libertad individual de las personas. En una de sus reivindicaciones demostró que se necesitaban dos horas para recorrer una calle en China sin ser grabado por las cámaras de vigilancia. De esta forma trata de despertar la atención de una población sedada. El artista denuncia la falta de redición de cuentas por parte del Estado. No hay nadie quien les juzgue y les controle.

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Recientes estudios han demostrado que el conocimiento de información negativa en contra del crédito social ha reducido un 12% su legitimidad, aunque el apoyo es altamente superior, alrededor de un 80%. El problema es la dificultad de leer información no sesgada en China. En un análisis sobre noticias del crédito social, solo el 2.8% incluían alguna información contraria a este sistema. A su vez, esto permitió también descubrir que tenía un mayor efecto negativo entre los que solamente recibían información de los medios de comunicación estatales.

Por otro lado, el crédito social puede provocar la creación de una sociedad de varias velocidades. La discriminación y la exclusión social puede tener importantes consecuencias, además de poder perjudicar a las minorías sociales. Las clasificaciones altas y bajas pueden crear nuevos estratos sociales que dejen de ser establecidos por el dinero y se posicionen según la fidelidad hacia el gobierno.

El crédito social se ha convertido en toda una corriente de pensamiento y se puede decir que es el proteccionismo de las políticas sociales. Algunos sostienen que la única forma de evitar grandes problemas sociales es limitando la libertad de sus ciudadanos. Entendiéndose este sistema como una forma de gobernanza más que una herramienta de coacción. Parece ser que el fin justifica los medios. Es una práctica que muchos países pueden, perfectamente, llevar a cabo y quizás realizan. Es imposible no recopilar datos en esta época. Los secretos siguen siendo secretos. No porque no se sepan, sino porque no se cuentan.

Pese a todas las críticas y «apoyos», algunas investigaciones han demostrado que aún faltan evidencias claras para demostrar que todo es un plan conjunto y controlado del gobierno. La principal preocupación emana del inmenso poder que tiene esta herramienta y todo lo que la rodea. Sus características propias y la situación que la engloba la convierten en una poderosa amenaza y, aun así, cabe ser precavidos porque sigue en su fase de desarrollo y su lenta inclusión hace que su ciudadanía no se muestre totalmente disconforme a pesar de la potencial amenaza de control total.

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