ActualidadLa Danza del Dragón y hacia dónde va la hegemonía global

La Danza del Dragón y hacia dónde va la hegemonía global

Análisis

Eloy De los Ojos Cea
Eloy De los Ojos Cea
Jurista con Máster en Estudios Internacionales apasionado de las Relaciones Internacionales, Derecho Internacional y los movimientos sociales.

Un análisis sobre la competición geopolítica entre Estados Unidos y China en la región del Pacífico, el contexto en el que surge esta disputa y qué podemos esperar del futuro.

La celebración del XX Congreso del Partido Comunista de China ha eclipsado, aunque fuera momentáneamente, la sobreexposición existente sobre el conflicto de Ucrania. Y no es para menos, dado el cada vez mayor papel que el gigante asiático está teniendo en la esfera internacional.

Si pudiéramos retroceder 30 años, muchos de nosotros nos sorprenderíamos si nos dijeran que la influencia del todopoderoso Estados Unidos iba a ser cuestionada por lo que por entonces se consideraba un país en desarrollo, territorialmente grande y con potencial, pero atrasado respecto a Occidente en todos los sentidos.

Hoy en día, de acuerdo a los datos del Banco Mundial, China cuenta con un crecimiento del 8% anual de su PIB per cápita frente al 5,5% de Estados Unidos. Además, Pekín tiene cada vez una mayor influencia a nivel mundial, especialmente desde la pandemia de Covid-19, y es uno de los principales centros tecnológicos del mundo, además de la tercera (e, incluso, segunda) potencia militar global.

Estados Unidos no se ha quedado de brazos cruzados frente al aumento de influencia de China. Desde antes de los tiempos de la Administración Obama, la Casa Blanca ha centrado sus esfuerzos en minimizar el crecimiento de la influencia de Pekín en el Pacífico y consolidar el papel de los Estados Unidos como garante de la libertad a nivel mundial.

Te puede interesar: La importancia del Indo-pacífico para la OTAN (y para China)

La estrategia llamada “Reequilibrio con Asia-Pacífico” ha terminado en una cruenta guerra comercial entre ambas potencias que no para de aumentar la tensión existente, con constantes demostraciones de fuerza por ambas partes. También ha dado el pistoletazo de salida a la carrera armamentística y tecnológica que ya comienza a atisbarse como los antecedentes de un potencial conflicto en el Pacífico.

Uno de los mayores éxitos de Pekín fue la firma en 2020 de la RCEP, un acuerdo de libre comercio para el Pacífico Sur que engloba a 15 países de la región. Entre ellos se encuentran Australia, Japón, Nueva Zelanda o Corea del Sur que representan casi un tercio del PIB y del comercio mundial.

Frente al claro expansionismo chino en la región, Estados Unidos ha rediseñado su estrategia en la invirtiendo ingentes cantidades de dinero en los países de la zona con el objetivo de acercarlos a su causa. Además, también ha firmado acuerdos como el AUKUS, una alianza estratégica militar entre Australia, Reino Unido y Estados Unidos.

La situación actual es, por lo tanto, determinante para los próximos años. Sin embargo, antes de entrar más en detalle, es necesario tener claro el contexto en el que surge esta disputa y la situación de los oponentes.

La hegemonía estadounidense y el “Auge del Dragón”

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se alzó como la principal potencia mundial. Así comenzó una fase expansionista que solo se vio amenazada por la Unión Soviética, que pugnaba por arrebatarle el puesto. Si bien la Guerra Fría enfrentó a estas potencias, la competición entre ambas se dio principalmente en tierra firme. Con la derrota del Imperio japonés al final de la guerra, el océano Pacífico quedó en manos de los estadounidenses que se convirtieron en los principales garantes de la seguridad de los países de la región, tales como Australia, Corea, Filipinas o Japón.

La caída de la Unión Soviética en los años noventa y el fin de la Guerra Fría trajeron una excepcionalidad en la Historia en cuanto a que se dio la sorprendente situación de que la superpotencia hegemónica no tenía un rival claro que amenazara su posición. Es aquí donde algunos autores comenzaron a defender la polémica teoría del Fin de la Historia. Estos defendían que la cíclica dualidad de hegemonía mundial y pretendientes al poder había terminado quedando Estados Unidos como superpotencia mundial hegemónica sin oposición.

Te puede interesar: ¿Sabes cuál es la Teoría del Fin de la Historia?

Es en este contexto que se da el “Auge del Dragón”. Desde su apertura en la década de los setenta al mercado internacional, China comenzó a atraer inversión extranjera a raudales viendo enormes beneficios en un país fuertemente industrializado con una mano de obra muy barata en comparación con otros países más desarrollados.

Durante años, la industria china se especializó en la producción masiva de todo tipo de bienes de consumo a bajo coste. Mientras, invertían el dinero ganado en financiar la formación de sus mentes más brillantes en los mejores centros de aprendizaje del mundo y en comprar y replicar con exactitud la tecnología occidental más puntera.

Te puede interesar: Curso de Experto en China

Esta estrategia de ingeniería inversa cimentó las bases de la industria tecnológica china, piedra angular del desarrollo del país. Es a partir de la Administración Obama que Estados Unidos comienza a verle las orejas al lobo, y rota por primera vez en casi 300 años el centro de su atención al Sudeste asiático. A partir de aquí los esfuerzos estadounidenses se focalizarán en tratar de entorpecer por todos los medios el crecimiento chino, que comienza a resquebrajar la imagen de Estados Unidos como la superpotencia sin oposición y protectora del mundo libre.

Esto lo vimos durante los peores meses de crisis sanitaria de la Covid-19 cuando China se convirtió en el principal exportador de material sanitario y personal formado para muchos países del mundo. Mientras, la primera potencia del mundo se encontraba inmersa en una crisis social sin presentes con miles de fallecidos diarios por la pandemia. Irónicamente, fue gracias a la pandemia que China se alzó como faro para algunos países del mundo durante los meses más oscuros y pasó de ser el país culpable de la crisis al líder en los esfuerzos por sobreponerse a la misma.

Te puede interesar: ¿Existe relación entre la invasión de Ucrania y la nueva ola de coronavirus en China?

Esta rivalidad entre potencias no ha hecho más que crecer a medida que Pekín cimentó su influencia en el Sudeste asiático, tratando de expulsar a los estadounidenses de una región que han controlado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y que los chinos consideran dentro de su ámbito de influencia.

La hegemonía por el Pacífico Sur

Tradicionalmente China ha sido una potencia continental con poca presencia marítima. Si nos vamos a los mapas, podemos apreciar cómo la capacidad de expansión del gigante asiático se ve muy limitada por su posición geográfica. En el Mar Amarillo, en la costa norte del país, podemos apreciar la forma de una gigantesca bahía formada por la península de Corea y la península de Shadong. Más al sur, en el mar de la China Oriental, la actividad china se ve limitada al este por Japón y, al sur, por la isla de Taiwán. Ambos países, al igual que Corea del Sur, aliados de Estados Unidos.

Si vamos más al sur, en el mar de la China Meridional, encontramos a Filipinas, también aliado tradicional de Estados Unidos junto con Malasia e Indonesia y otros países que ven en las aspiraciones expansionistas chinas una amenaza a su integridad territorial. Es esta situación la que ha llevado a China a invertir grandes cantidades de dinero en el desarrollo de una flota naval que permita al país operar en las principales rutas comerciales del mundo localizadas en el mar Meridional.

Te puede interesar: ¿Cuáles son las rutas marítimas más importantes del mundo?

En este sentido, las tensiones con los países de la región no han hecho sino acrecentarse, especialmente con Filipinas, Australia, Nueva Zelanda y, principalmente, Taiwán. Estos países ven con ojos de preocupación cómo la armada china no para de aumentar su presencia y poderío en la región. Especialmente preocupante es para Taiwán, como decimos, el momento en el que el país se encuentra a raíz de la tensión tras la visita de Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, a la isla. 

Te puede interesar: ¿Por qué la visita de Pelosi a Taiwán es una línea roja para China?

El presidente chino, Xi Jinping, mencionó en su discurso del XX Congreso del Partido Comunista chino la intención de “continuar con el proceso de unificación unificación con la isla de forma pacífica, pero sin descartar el uso de la fuerza y todas las medidas que fueran necesarias”. Durante su discurso, el presidente chino también acusó a “fuerzas extranjeras” de tensar la situación, lo que ha hecho saltar todas las alarmas.

Te puede interesar: Economía, pandemia y hacia dónde va la China de Xi

La situación no es para menos. Desde la separación oficial de la isla con el continente al fin de la Guerra Civil china, Taiwán ha sido el bastión de la autodenominaba “República de China”, lugar donde se aglutina principalmente la oposición al régimen de Pekín. En este sentido, Taiwán cuenta a día de hoy con un reconocimiento limitado como Estado al haber ido, de forma progresiva, a lo largo del siglo XX la República Popular de China (o China continental) maniobrando para minar su legitimidad.

Es así que lo único que separa a la isla de la adhesión definitiva a la República Popular es precisamente la presencia estadounidense en la región, que apoya tanto económicamente como a nivel militar al reducto opositor. Una de las principales armas de Taiwán para garantizar su supervivencia es la producción de productos como los semiconductores o famosos microchips.

A día de hoy, los semiconductores son el núcleo de la tecnología más puntera y uno de los recursos más valiosos del mundo. En este sentido, Taiwán es el principal productor a nivel mundial de esta valiosa tecnología lo que le permite mantener la protección estadounidense a la par que hace que Pekín mire a la isla con ojos aún más codiciosos.

Te puede interesar: Semiconductores en Taiwán: ¿maldición o “escudo de silicio” frente a China?

Las diferentes estrategias de China y EEUU

La actitud de China no se limita al ámbito militar. Siendo fiel a su forma de ver el mundo, el principal esfuerzo chino continua siendo la inversión de ingentes cantidades de dinero en el extranjero que le permitan expandirse y ganar influencia.

Te puede interesar: Cómo influye la idiosincrasia china en la crisis en Taiwán

Estos meses la estrategia china ha dado un golpe demoledor a Estados Unidos al lograr estrechar mediante grandes inversiones y acuerdos comerciales sus relaciones con Filipinas, uno de los aliados tradicionales de Estados Unidos en la región como ya hemos comentado previamente. Pero, si hay algo que ejemplifique el “auge pacífico” de China, es el ambicioso proyecto de la Nueva Ruta de la Seda, a través de este proyecto está también cimentando sólidas relaciones entre algunos países europeos y la superpotencia asiática.

Según algunos analistas esta estrategia de influencia podría cambiar en los próximos meses y años. Un ejemplo de ello sería cómo durante el discurso de Xi Jinping durante el XX Congreso del Partido Comunista Chino la palabra estrella fue “Seguridad” por encima de “Economía.

En lo referente a las acciones más recientes de Estados Unidos, este octubre, la Administración Biden publicó su nueva Estrategia de Seguridad Nacional donde reconoce a China como “el único competidor con tanto la intención como la capacidad económica, diplomática, militar y tecnológica de remodelar el orden internacional”.

La Administración Biden también ha continuado estrechando el cerco sobre las empresas chinas, especialmente en el ámbito tecnológico, limitando su acceso a la tecnología estadounidense y aplicando sanciones de todo tipo. Además, las flotas estadounidenses cuentan con un gran despliegue en el Sudeste asiático como medida disuasoria para una China cada vez más envalentonada.

De esta forma, Washington deja claro que no tiene ninguna intención de renunciar a su influencia en la región. Curiosamente, el conflicto en Ucrania se ve para algunos como un soplo de aire fresco para la demacrada imagen estadounidense que ha podido recuperar mucho del terreno perdido tras su completa inactividad durante la pandemia mundial. De esta forma, para algunos analistas, se reafirma como líder del mundo (especialmente frente a Occidente) y garante de la seguridad internacional, al mismo tiempo que se enriquece con la venta de recursos fósiles y de armamento a Europa.

Te puede interesar: ¿Es real el declive de Occidente?

Igualmente, parece que la estrategia estadounidense continúa centrándose especialmente en mantener a los Estados del Pacífico lo mas alejado posible de la influencia China. Ejemplo claro de ello es el ya mencionado Acuerdo Aukus, una alianza diseñada para contener la expansión china. También los acercamientos que Washington tuvo especialmente durante la Administración Trump con India con el objetivo de incentivar la rivalidad con Pekín en la región continental.

Hacia un futuro incierto

La histórica reelección de Xi Jinping como Secretario General del Partido Comunista chino con una aparente inexistente oposición interna en el Consejo de Estado le convierte en una de las figuras más poderosas de la historia reciente de China. Además, como dato, la Revista Forbes le considera el hombre más poderoso del mundo.

Si bien la reunificación con Taiwán sigue en la agenda del líder chino, los desafíos económicos internos y la constante presión ejercida por Estados Unidos en la región continuan consumiendo los principales esfuerzos chinos. Si algo ha demostrado la guerra de Ucrania es que nada es predecible en las Relaciones Internacionales. Los datos actuales parecen indicar que China continúa, pese a ser de forma suave, una fase de crecimiento y desarrollo que puede durar algunos años todavía antes de sentirse lo suficientemente preparadas como para desafiar el orden internacional estadounidense.

En este sentido, la situación del Pacífico Sur parece, ahora mismo, difícil de escalar en un verdadero conflicto armado. Más bien, parece que China continuará su estrategia de inversión en países en desarrollo y fortalecimiento de la Nueva Ruta de la Seda, su proyecto más ambicioso. Este octubre hemos visto la adquisición del 25% del puerto de Hamburgo por parte de la empresa estatal china Cosco. Esto no quita que, en caso de agresión o sentirse seriamente amenazada, China no pueda responder de forma contundente y eficaz en las regiones limítrofes de sus costas, si bien es cierto que el dominio de las aguas profundas continúa siendo estadounidense.

Sea como fuere, lo que está claro es que nos encontramos en un momento histórico donde no solo está en juego la posición de las superpotencias en el ranking mundial, sino la misma configuración del sistema internacional. Las próximas décadas definirán el futuro no solo de China o Estados Unidos sino de todo el globo.

Los analistas internacionales y geopolíticos deberán seguir con atención las señales que dejarán si China logra imponerse en su región con influencia y desbancar a Estados Unidos como director de la orquesta internacional o si, por el contrario, se convierte en otro aspirante más pasando a formar parte de la leyenda del Fin de la Historia.

Te puede interesar:

Eloy De los Ojos Cea

Jurista con Máster en Estudios Internacionales apasionado de las Relaciones Internacionales, Derecho Internacional y los movimientos sociales.

spot_img

Actualidad

Dejar respuesta:

Por favor, introduce tu comentario!
Introduce tu nombre aquí

spot_img