Las claves para entender el impacto de la adhesión de Finlandia a la OTAN

Análisis

Amanda Osuna Pérez
Amanda Osuna Pérez
Periodista y estudiante del Máster en Periodismo Internacional por la Universidad Rey Juan Carlos, con gran interés en la Historia mundial del siglo XX y su influencia en las relaciones internacionales actuales. Autora de la novela "Desde mi trinchera" y del Podcast "PANGEA".

Este martes, 4 de abril, Finlandia se convierte en el miembro 31 de la Alianza Atlántica coincidiendo con el 74º aniversario de la OTAN. En este artículo te explicamos, en claves, por qué el país nórdico dice hola a la OTAN y adiós a 80 años de no alineamiento y qué impacto tiene esta nueva membresía a nivel geoestratégico.

Finlandia será el miembro 31 de la Alianza Atlántica, poniendo así fin a 80 años de no alineamiento. El proceso no ha sido sencillo, tanto por presiones internas como externas. En el plano internacional, Turquía y Hungría eran los únicos países de los 30 miembros de la OTAN que se oponían a la adhesión del país nórdicoAnkara acusó a Helsinki, pero sobre todo a su vecina Suecia que también opta a la membresía, de no hacer lo suficiente en la lucha contra el terrorismo. Sin embargo, el pasado 30 de marzo el Parlamento turco ratificó la entrada de Finlandia en la Alianza con 276 votos a favor y poniendo fin a meses de bloqueo.

El otro miembro de la Alianza que durante meses también ha bloqueado la situación es Hungría. El primer ministro húngaro, Víktor Orbán, también se mostró reticente a dar luz verde a Finlandia, pese a que en las declaraciones del Ejecutivo los reproches casi siempre iban dirigidos a Suecia, con quien las relaciones son más tensas. Estocolmo ha cuestionado la calidad democrática de Budapest y este les ha achacado una “superioridad moral”. Además, Orbán ya ha alertado de que no aceptaría más críticas a su gobierno, cosa que Estocolmo ha aceptado.

Con todo lo anterior, Estocolmo tendrá que esperar hasta que Ankara y Budapest decidan levantar el veto. Por su parte, el presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, acusó a Suecia de ser un “nido de terroristas”. El pasado mes de enero, Turquía pospuso indefinidamente las conversaciones con Suecia, a quien recrimina no hacer lo suficiente en la lucha contra el terrorismo.

Erdoğan ha recriminado a Estocolmo acoger a miembros de los kurdos, pese a que el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) es considerado una organización terrorista en Suecia y que difundir propaganda del partido está tipificado como delito en la ley sueca. Para contentar al gobierno turco y que este levante el veto, el ministerio de Justicia sueco informó de un endurecimiento de la ley antiterrorista que entrará en vigor el 1 de junio. 

Te puede interesar: Cómo la amenaza terrorista puede beneficiar a Erdogan en las elecciones de 2023

Por qué Finlandia dice hola a la OTAN y adiós a 80 años de no alineamiento

Finlandia ha sido desde mediados del siglo XX un país no alineado. Aunque siempre ha perseguido establecer buenas relaciones con los países de la Europa occidental, tampoco ha podido desentenderse de buscar una buena vecindad con su vecina, ya fuera Unión Soviética o Rusia. Helsinki tuvo que pagar un precio por declararse “cobeligerante” con Hitler en su guerra contra la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial. 

Los finlandeses jamás firmaron el Pacto Tripartito con los nazis pese a las insistencias del Eje, aunque sí se adhirió al Pacto Antikomitern contra la URSS y colaboraron con Hitler durante la Guerra de Continuación, por ejemplo permitiendo a sus tropas operar en territorio finlandés. A diferencia de los húngaros y los rumanos que llegaron hasta el río Volga, los finlandeses se limitaron a colaborar en suelo nacional para, entre otras cosas, no hacer peligrar las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos. La paz que se firmó entre finlandeses y soviéticos en 1944 tenía como condición que Finlandia rompiera la colaboración con Alemania, lo que desembocó en la Guerra de Laponia para expulsar a los nazis.

Terminada la guerra, Finlandia se vio obligada a renunciar al 12% de su territorio y el 20% de su capacidad industrial en favor de la URSS, así como al desplazamiento de alrededor de 400.000 finlandeses en el país. Durante la Guerra Fría, el país nórdico jugó un tenso equilibrio entre el comercio con el COMECON soviético y los acuerdos de Bretton Woods del bloque occidental.

Pese a las buenas relaciones con el bloque capitalista, el Tratado militar YYA (Pacto Finno-Soviético de Amistad, Cooperación y Asistencia Mutua) seguía manteniendo a Finlandia muy cercana a la órbita de la URSS, ya que este acuerdo permitía que los soviéticos entraran en el país en el caso de agresión. Al no ser Helsinki una república socialista soviética ni miembro del Pacto de Varsovia, el YYA daba cierta tranquilidad al Kremlin.

Te puede interesar: Cómo el apoyo militar puede condenar a Ucrania a la lenta derrota

Solo tres meses después de la caída de la URSS, Finlandia pidió formalmente el ingreso en la Unión Europea, de la que forma parte desde 1995. Helsinki prefirió mantener su neutralidad y no adherirse a la OTAN en aquel momento, aunque sus colaboraciones con la Alianza no han sido un secreto, como ocurrió en Afganistán. La entrada en la UE no encerraba el mismo carácter militar que sí lo tiene el pertenecer a la Alianza Atlántica.

Sin embargo, la guerra de Ucrania ha puesto sobre la mesa de Finlandia los peligros de tener a Vladímir Putin como vecino, con quien las relaciones se han deteriorado en los últimos años. La invasión de Ucrania es la ocupación más grande desde la Segunda Guerra Mundial y el país nórdico, que comparte más de 1.300 kilómetros de frontera, ha decidido que es un buen momento para acogerse al artículo 5 de la OTAN, el derecho a la defensa mutua en caso de agresión. Si Putin comenzó la guerra para, entre otras cosas, frenar la expansión de la OTAN, lo que ha conseguido es ampliar su frontera con la Alianza en 1.300 kilómetros (a la espera de la posible entrada de Suecia también).

Te puede interesar: Masterclass | ¿Ejército OTAN o Europeo? | con Geopol21

Con la adhesión de Helsinki, la OTAN consolida su influencia en el Báltico y gana un ejército moderno y poderoso, de 23.000 tropas en un país de más de cinco millones y medio de habitantes. Casi un tercio de la población adulta es reservista y el servicio militar es obligatorio para todos los hombres al cumplir los 18 (voluntario para las mujeres). Esto hace que el ejército finlandés sea uno de los más grandes de Europa en relación con su población.

No se trataría solo de recursos humanos, sino de una localización geoestratégica debido a la cercanía con Kola, una península al norte de Rusia que sirve de base de la Flota del Norte y almacena armamento nuclear. Además, San Petersburgo, la ciudad más importante de Rusia después de Moscú, quedaría a poco más de 200 kilómetros de territorio de la OTAN. La Alianza también manejará nuevas informaciones que el Estado finlandés haya recabado sobre Moscú gracias a sus servicios de Inteligencia.

Finlandia, el país “más feliz del mundo”, cuenta con un sistema que le permite estar preparado para unirse a la OTAN. Con un ejército moderno y una inversión del 2% del PIB en Defensa (exactamente la cifra que exige la Alianza a sus miembros y que solo cumplen siete de los 30), la adhesión de Finlandia supone para la OTAN una batería de nuevos y ricos recursos que pueden alterar la situación geopolítica en el Báltico y en el Ártico

No obstante, la entrada de los finlandeses en la Alianza sin sus vecinos suecos dificulta el acceso de la OTAN al país, ya que no se podría entrar por tierra. La Alianza Atlántica también ganaría con Suecia uno de los ejércitos más preparados de Europa, con una población civil que cuenta con cierta cultura militar, puesto que el servicio militar vuelve a ser obligatorio. El ejército sueco es uno de los 25 mejores del mundo, pese a no alcanzar el 2% del PIB inversión en Defensa como le pediría la Alianza (no llega al 1,3%) y que solo cumplen siete de los 30. Un armamento avanzado y especializado y unas tropas bien entrenadas podrían reafirmar el pleno control de la OTAN en la región nórdica.

Para terminar es importante destacar que no solo la Alianza se ve fortalecida como quizá Putin no esperó que ocurriera cuando decidió invadir Ucrania, también se ve reforzada la narrativa rusa de que la OTAN se está expandiendo hacia el Este y está rodeando a Rusia poniendo en riesgo su seguridad. Como afirmó el expresidente ruso, Dmitry Medvedev: “Si Suecia y Finlandia se unen a la OTAN, la longitud de las fronteras terrestres de la alianza con la Federación de Rusia se duplicará con creces. Naturalmente, estas fronteras tendrán que fortalecerse”.

Te puede interesar:

Actualidad

Dejar respuesta:

Por favor, introduce tu comentario!
Introduce tu nombre aquí