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Las nuevas relaciones transatlánticas: la OTAN bajo la nueva Administración Trump

LISA Challenge: Geopolitic Task #2

Reto: Los participantes de este LISA Challenge presentaron un análisis geopolítico sobre la política exterior de la Administración Trump y el nuevo orden mundial que se abre tras su regreso a la Casa Blanca.

🏆 GANADOR PLATA 🏆

Título: Las nuevas relaciones transatlánticas: la OTAN bajo la nueva Administración Trump.

Ganador: Borja Nicolás Pérez Escamilla. Estudiante de último curso de Ingeniería Informática por la Universidad Politécnica de Valencia. Actualmente realizando sus prácticas como Business & Strategy Cybersecurity Consultant en Minsait an Indra company. Apasionado por la Ciberinteligencia y la Geopolítica, además de haberse especializado en aspectos de la Ciberseguridad, como la identificación de amenazas, riesgos y vulnerabilidades, y su correcta mitigación.


Análisis

Resumen

La reelección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos en 2024 marca un punto de inflexión en las relaciones transatlánticas y en la estructura operativa de la OTAN. Con una política exterior centrada en el unilateralismo y en la reducción del compromiso militar estadounidense en Europa, la Alianza Atlántica enfrenta desafíos sin precedentes.

Este estudio examina las implicaciones de la nueva administración Trump para la OTAN, evaluando su impacto en la seguridad regional y global, y explorando posibles escenarios futuros para la defensa transatlántica.

Introducción

Desde su fundación en 1949, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) ha sido el pilar de la seguridad colectiva entre Estados Unidos y Europa. Sin embargo, la presidencia de Donald Trump ha introducido una dinámica de incertidumbre en esta relación.

Durante su primer mandato, Trump cuestionó la equidad financiera dentro de la OTAN y mostró escepticismo hacia los compromisos multilaterales. Su reelección en 2024 intensifica estas preocupaciones, especialmente en un contexto donde Europa busca reforzar su autonomía estratégica ante la posibilidad de un menor apoyo estadounidense.

Presión incrementada sobre el gasto en defensa de los aliados

Trump ha criticado consistentemente lo que percibe como una carga financiera desproporcionada de Estados Unidos en la OTAN. En 2023, los 31 miembros de la OTAN gastaron 1,34 billones de dólares, representando el 55% del gasto militar mundial, con EE.UU. aportando el 68% de ese total. La Administración Trump ha exigido que los aliados europeos aumenten su gasto en defensa al menos al 2% de su PIB, e incluso ha sugerido elevar este objetivo al 5%.

Esta presión ha llevado a países como España a anunciar planes para duplicar su gasto en defensa en los próximos cinco años, pasando del 1,32% del PIB en 2024 al 2% en 2029.No obstante, este enfoque ha generado tensiones internas dentro de la Alianza. Mientras que naciones como Polonia han superado el umbral del 2%, alcanzando un 4,12% de su PIB en gasto militar, otros países, como Alemania y España, aún están por debajo de este objetivo. La insistencia de Trump en una mayor contribución financiera podría profundizar las divisiones entre los miembros de la OTAN, afectando la cohesión y eficacia de la organización.

Además, la retórica de Trump ha generado fricciones comerciales entre EE.UU. y la Unión Europea. El presidente ha acusado a la UE de tratar «muy mal» a Estados Unidos en términos comerciales y ha amenazado con imponer aranceles adicionales a productos europeos. Esta situación ha llevado a la UE a considerar contramedidas y ha incrementado las tensiones en las relaciones transatlánticas.

Distanciamiento de EE.UU. y búsqueda de autonomía estratégica europea

La retórica de Trump ha generado incertidumbre sobre el compromiso de EE.UU. con la defensa europea. En 2025, el presidente Trump expresó su intención de retirar tropas estadounidenses de las fronteras orientales de la OTAN, particularmente en los países bálticos, como parte de un acuerdo de paz con Rusia relacionado con Ucrania. Esta posible retirada ha impulsado a los líderes europeos a considerar opciones para garantizar la seguridad del continente sin depender del apoyo estadounidense. Propuestas como la del presidente francés, Emmanuel Macron, de crear un escudo nuclear europeo que combine los arsenales de Francia y el Reino Unido, buscan fortalecer la defensa europea ante la percepción de un compromiso decreciente por parte de EE.UU.

Sin embargo, la implementación de una defensa autónoma europea enfrenta desafíos significativos. La falta de una doctrina de defensa común, las diferencias políticas entre los estados miembros y la dependencia tecnológica de EE.UU. complican la materialización de una capacidad de defensa europea independiente a corto plazo. Además, la propuesta de un escudo nuclear europeo plantea cuestiones complejas sobre control, financiación y las implicaciones geopolíticas de tal iniciativa.

En este contexto, la OTAN ha aumentado la presencia de tropas en el flanco oriental de Europa, con nuevas bases en Polonia y los Estados bálticos. No obstante, el discurso ambiguo de Trump sobre la lealtad de EE.UU. a la OTAN ha generado escepticismo en los gobiernos europeos, que han intensificado su cooperación en el marco de la Política Común de Seguridad y Defensa de la UE.

Relaciones con Rusia: entre la flexibilización y la disuasión

La Administración Trump ha mostrado una postura ambigua hacia Rusia. Por un lado, ha buscado reducir las tensiones y ha propuesto acuerdos de paz que podrían implicar concesiones significativas, como la retirada de tropas estadounidenses de Europa del Este. Por otro lado, miembros de su administración han reconocido la dificultad de que Ucrania recupere territorios como Crimea, sugiriendo que perseguir este objetivo podría prolongar el conflicto.

Esta dualidad en la política hacia Rusia genera incertidumbre entre los aliados de la OTAN, especialmente aquellos en el flanco oriental que perciben a Moscú como una amenaza directa. La posible reducción de la presencia militar estadounidense en la región podría ser vista por Rusia como una oportunidad para expandir su influencia, obligando a la OTAN a reevaluar sus estrategias de disuasión y defensa colectiva.

En respuesta a estas dinámicas, la OTAN ha reforzado su presencia en el mar Negro y ha intensificado los ejercicios militares en Europa del Este. La UE, por su parte, ha impulsado un paquete de sanciones contra Rusia y ha aumentado la asistencia militar a Ucrania, aunque la falta de un respaldo claro de Washington complica la coordinación estratégica.

Además, las negociaciones de paz entre EE.UU. y Rusia, que se llevan a cabo sin la participación de Ucrania ni de los aliados europeos, han suscitado preocupaciones sobre la exclusión de Europa en decisiones clave de seguridad que afectan directamente al continente. Esta situación podría debilitar la cohesión de la OTAN y socavar la confianza entre sus miembros.

Implicaciones para la estabilidad global y conflictos en curso

La reorientación de la política exterior de EE.UU. bajo la administración Trump tiene repercusiones más allá de Europa. La reducción del compromiso estadounidense en conflictos internacionales y la preferencia por soluciones diplomáticas rápidas podrían dejar vacíos de poder en regiones como Oriente Medio y África. Actores como China y Rusia podrían aprovechar estas oportunidades para expandir su influencia, alterando el equilibrio geopolítico global.

Además, la insistencia de EE.UU. en que los aliados europeos asuman una mayor responsabilidad en su propia defensa ha llevado a un aumento en el gasto militar global. En 2024, el gasto militar mundial aumentó un 7,4%, alcanzando los 2,46 billones de dólares. Este incremento refleja una respuesta directa a las cambiantes dinámicas de seguridad y el temor de los países europeos a una menor garantía de seguridad por parte de EE.UU.

Escenarios prospectivos

Se proponen tres escenarios futuros basados en las políticas de Trump:

1. Escenario de Cohesión Moderada: Los países miembros incrementan su gasto en defensa, satisfaciendo las demandas de Trump, lo que mantiene la cohesión de la OTAN pero con una mayor autonomía europea.

2. Escenario de Fractura Controlada: Algunos países europeos deciden reducir su dependencia de Estados Unidos, desarrollando una defensa europea más integrada, lo que genera una fractura controlada dentro de la OTAN.

3. Escenario de Desintegración: La falta de compromiso de Estados Unidos y las tensiones internas llevan a una desintegración gradual de la OTAN, con implicaciones significativas para la seguridad global.

Conclusiones

La reelección de Donald Trump plantea desafíos significativos para la cohesión y operatividad de la OTAN. La presión sobre los aliados para incrementar su gasto en defensa, la posibilidad de una reducción del compromiso militar estadounidense en Europa y el enfoque ambiguo hacia Rusia generan incertidumbre en el futuro de la Alianza Atlántica.

Ante este panorama, Europa se encuentra en una encrucijada: fortalecer su autonomía estratégica o continuar dependiendo del liderazgo estadounidense, con los riesgos que ello implica. Iniciativas como el escudo nuclear europeo o el refuerzo de la Cooperación

La PESCO podría consolidarse en respuesta a la imprevisibilidad de la política exterior de Trump. La OTAN, por su parte, debe adaptarse a un entorno geopolítico en transformación, redefiniendo sus estrategias de defensa colectiva y asegurando que su estructura siga siendo relevante en un mundo cada vez más multipolar. La cohesión interna, la modernización de sus capacidades militares y la formulación de una estrategia clara ante la creciente influencia de Rusia y China serán factores determinantes en la viabilidad futura de la Alianza.

En función de cómo evolucionen estas dinámicas, la OTAN podría salir reforzada con una mayor cohesión y autonomía de sus miembros o, por el contrario, debilitada por divisiones internas y una disminución del compromiso estadounidense.


Masterclass sobre Geopolítica y Estados Unidos

El quiebre del sistema multilateral basado en reglas: una mirada desde la exploración espacial y sus implicaciones geopolíticas

LISA Challenge: Geopolitic Task #2

Reto: Los participantes de este LISA Challenge presentaron un análisis geopolítico sobre la política exterior de la Administración Trump y el nuevo orden mundial que se abre tras su regreso a la Casa Blanca.

🏆 GANADOR BRONCE 🏆

Título: El quiebre del sistema multilateral basado en reglas: una mirada desde la exploración espacial y sus implicaciones geopolíticas.

Ganador: Artiom Vnebreaci Popa. Licenciado en Filosofía y Letras por la UAB. Experto en Estudios Culturales y Estudios del Futuro. Máster en Mediterráneo Antiguo y Oriente Próximo por la UOC. Máster en Derechos Humanos por la UB. Posgrado en Análisis de Inteligencia por el Instituto Universitario Gutiérrez Mellado. Especialización en Ciencias del Islam, Experto en Estudios Iraníes y Técnico Avanzado en Dirección de Operaciones Psicológicas. Actualmente estudiante en EAE Business School: Transformación Digital; UGR: Máster en Estudios del Islam y Hebreo; UNED: Grado en Antropología. Es alumno certificado del Curso de HUMINT (nivel 1), Curso de Experto en Análisis de Inteligencia y Curso de Autoprotección en Conflictos Armados de LISA Institute.


Resumen

El siguiente ensayo analiza cómo la exploración espacial refleja y agudiza la crisis del orden internacional basado en reglas. La competencia por recursos espaciales, la militarización del espacio y el posible contacto extraterrestre evidencian la falta de gobernanza global efectiva, lo que podría desencadenar conflictos geopolíticos de escala planetaria.

Se examinan las asimetrías de poder, la erosión del multilateralismo, y los desafíos éticos y sociopolíticos de la explotación espacial. Propuestas como una «Internacional Global de la Cooperación y Defensa Espacial» y un «Protocolo Flexible de Contacto Extraterrestre» buscan promover un marco regulatorio sólido para garantizar un futuro espacial justo y sostenible.

Introducción

El sistema multilateral, pilar del orden internacional desde la Segunda Guerra Mundial, enfrenta desafíos sin precedentes. La rivalidad entre potencias, el auge del nacionalismo, la creciente influencia del sector privado y la erosión de instituciones internacionales cuestionan la viabilidad de un orden global cooperativo. En este contexto, la exploración espacial emerge como un nuevo escenario de estas tensiones, donde el espacio, lejos de ser un ámbito pacífico, se convierte en un campo de batalla estratégico. Las asimetrías de poder, la competencia por recursos y la falta de regulación amenazan con profundizar la erosión del sistema multilateral.

Este ensayo explora cómo la nueva realidad internacional, marcada por la competencia espacial, refleja y acelera la crisis del orden internacional. A través del análisis de la explotación de recursos espaciales, la militarización del espacio y el posible contacto extraterrestre, se argumenta que la falta de gobernanza global efectiva en este ámbito pone en riesgo la cooperación y podría desencadenar conflictos geopolíticos de escala planetaria. Para fortalecer el rigor analítico, se incorporan datos y estudios recientes, como los informes de la Oficina de las Naciones Unidas para Asuntos del Espacio Exterior (UNOOSA) y análisis de expertos en geopolítica espacial, que evidencian la urgencia de abordar estos desafíos.

El espacio como nueva frontera geopolítica

Desde el lanzamiento del Sputnik en 1957, el espacio ha sido un ámbito de competencia entre potencias. No obstante, en las últimas décadas, la exploración espacial se ha transformado radicalmente. La Era Espacial 2.0 del siglo XXI se caracteriza por la participación de actores no estatales y la creciente militarización del espacio, redefiniendo las fronteras de la geopolítica. Los satélites, esenciales para comunicaciones, navegación e inteligencia militar, son vulnerables a ataques. Según datos de la Union of Concerned Scientists (2023), hay más de 8,000 satélites en órbita, con una inversión global en exploración espacial que supera los $400 mil millones anuales.

Paralelamente, la Luna y los asteroides cercanos a la Tierra son de interés por su potencial económico-energético, particularmente por recursos como el helio-3, níquel y cobalto. La competencia por estos recursos evidencia las limitaciones del sistema multilateral. Aunque el Tratado del Espacio Exterior de 1967 establece que el espacio es patrimonio común de la humanidad, su aplicación práctica es ambigua.

La falta de mecanismos para regular la explotación de recursos y la asignación de derechos de propiedad conlleva un vacío legal que podría desencadenar conflictos y tensiones similares a los precedentes de la problemática del Ártico.

La militarización del espacio y el quiebre del orden multilateral

La militarización del espacio representa el mayor desafío para el sistema multilateral. Durante la Guerra Fría, el espacio fue un ámbito tanto de competencia como de cooperación. Sin embargo, en las últimas décadas, la competencia estratégica entre Estados Unidos, China y Rusia ha escalado hasta una carrera armamentista espacial. China y Rusia, por ejemplo, han desarrollado capacidades antisatélite y programas de estaciones nucleares conjuntas en la Luna, mientras que Estados Unidos ha creado la Fuerza Espacial.

Esta militarización aumenta la escalada de conflictos y socava la cooperación internacional, reflejando un problema mayor en el sistema internacional: la erosión de normas y acuerdos multilaterales debido a la hipercompetición basada en la desconfianza. En el espacio, donde las normas son más débiles, este quiebre de cooperación es aún más evidente. Según un informe del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS, 2022), la inversión en tecnologías de defensa espacial ha aumentado un 15% anual desde 2015, lo que subraya la urgencia de establecer un marco regulatorio internacional más robusto.

La explotación de recursos espaciales y la asimetría de poder

La explotación de recursos espaciales plantea otro desafío crítico. La Luna, Marte y los asteroides contienen recursos valiosos, como el helio-3, esencial para la fusión nuclear, y metales raros como el platino. Sin embargo, su explotación podría exacerbar las desigualdades entre países. Las naciones con capacidad tecnológica y financiera, como Estados Unidos, China y la Unión Europea, tendrían una ventaja estratégica, marginando a los países en desarrollo.

Esta asimetría de poder podría profundizar las divisiones en el sistema internacional. En lugar de promover la cooperación, la competencia por recursos espaciales podría llevar a una nueva modalidad de colonialismo. Este escenario no solo sería injusto desde los postulados éticos, sino que también podría desestabilizar el orden internacional al enfrentar potencias emergentes con las ya consolidadas. Para abordar este desafío, se propone la creación de un «Fondo Global de Recursos Espaciales», administrado por la ONU, que redistribuya los beneficios de la explotación espacial de manera equitativa.

El impacto sociológico del contacto extraterrestre y el quiebre del orden multilateral

El posible contacto con inteligencia extraterrestre plantea desafíos científicos y sociopolíticos sin precedentes. Según Neal (2014), en su artículo Preparing for Extraterrestrial Contact, la falta de un marco regulatorio global efectivo podría generar respuestas descoordinadas, exacerbando tensiones geopolíticas. El Instituto SETI ha desarrollado protocolos de comunicación para un posible contacto, incluyendo pautas para la transmisión de mensajes y evaluación de riesgos biológicos.

Paralelamente, la UNESCO ha propuesto directrices éticas para la interacción con civilizaciones extraterrestres, enfatizando la preservación cultural y la no explotación de recursos alienígenas. El impacto psicológico y cultural de un contacto extraterrestre sería profundo; el contacto podría desencadenar una crisis existencial colectiva, similar a la Revolución Copernicana, pero a una macroescala. Además, una civilización tecnológicamente superior plantearía desafíos a la soberanía humana, requiriendo un marco regulatorio internacional sólido para evitar conflictos y promover la cooperación.

Conclusión y escenarios futuros.

El posible contacto con vida extraterrestre plantea escenarios diversos que requieren preparación global. En primer lugar, civilizaciones basadas en química no orgánica, como los «xenomorfos» del videojuego Dead Space, podrían generar riesgos biológicos sin precedentes, exigiendo protocolos de cuarentena y bioseguridad avanzados, similares a los desarrollados durante la pandemia de COVID-19.

En segundo lugar, formas de vida cuánticas o energéticas, como las «Protomoléculas» de la serie televisiva The Expanse, desafiarían nuestra comprensión de la física, impulsando una carrera por tecnologías revolucionarias y planteando dilemas éticos profundos. Finalmente, la simbiosis entre vida extraterrestre y recursos estratégicos, como la especia melange en Dune, podría exacerbar desigualdades y rivalidades, dando lugar a un nuevo colonialismo espacial.

Estos escenarios subrayan la necesidad de una gobernanza espacial robusta. Una propuesta clave es la creación de una «Internacional Global de la Cooperación y Defensa Espacial», inspirada en modelos como el CERN o la Estación Espacial Internacional, que supervise la exploración y explotación del espacio, establezca normas equitativas y fomente la colaboración internacional.

Paralelamente, un «Protocolo Flexible de Contacto Extraterrestre» debería establecer pautas claras para la comunicación y el intercambio de información con civilizaciones alienígenas, adaptándose a escenarios de cooperación o conflicto.

La cooperación internacional es esencial para maximizar los beneficios y minimizar los riesgos del contacto extraterrestre. Mientras una civilización pacífica podría ofrecer avances científicos y tecnológicos transformadores (como en la película Arrival de Denis Villeneuve), una hostil representaría una amenaza existencial, como los «Reapers» en el videojuego Mass Effect. Un marco regulatorio sólido y una gobernanza global efectiva son, por tanto, fundamentales para garantizar que la exploración espacial y el contacto extraterrestre se gestionen de manera responsable y en beneficio de toda la humanidad.


Masterclass sobre Geopolítica y Estados Unidos

Guyana solicita la intervención de la CIJ por la injerencia de Venezuela en el Esequibo

El país sudamericano pide al organismo internacional de justicia que detenga el intento de Venezuela de celebrar elecciones en el Esequibo

El Ministerio de Exteriores de Guyana anunció este jueves 6 de marzo de 2025 que ha solicitado a la Corte Internacional de Justicia (CIJ) intervenir frente a los planes de Venezuela de celebrar elecciones regionales en la disputada región del Esequibo. Según un comunicado oficial, «Guyana solicita a la corte que ordene a Venezuela abstenerse de realizar cualquier acto que afecte su territorio soberano, incluida la región del Esequibo». Esta es la segunda ocasión en que Guyana pide medidas provisionales a la CIJ, debido a las elecciones previstas para el próximo 25 de mayo, cuyos preparativos ya afectan directamente a la población guyanesa y a su soberanía territorial.

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Previamente, el 1 de diciembre de 2023, la CIJ ya había ordenado a Venezuela abstenerse de acciones que pudieran modificar la situación actual del Esequibo, instando a ambas partes a evitar cualquier paso que pudiera agravar o extender el litigio territorial. La tensión entre ambos países se incrementó recientemente después de que Venezuela anunciara medidas para detener las actividades petroleras de ExxonMobil autorizadas por Guyana en zonas marítimas pendientes de delimitación. El presidente venezolano, Nicolás Maduro, criticó duramente a Estados Unidos luego de que Washington calificara como «inaceptable y una clara violación del territorio marítimo internacionalmente reconocido de Guyana» la presencia de buques venezolanos cerca de instalaciones petroleras.

El Esequibo: la geopolítica detrás de la disputa territorial entre Venezuela y Guyana

La disputa territorial sobre el Esequibo, una región de casi 160 mil km² rica en recursos naturales como petróleo, gas, minerales y potencial turístico, se remonta casi dos siglos atrás. Actualmente administrado por Guyana conforme al dictamen arbitral de 1899, el conflicto se reactivó en 2015, cuando la empresa estadounidense ExxonMobil descubrió grandes yacimientos de petróleo frente a las costas de la región en disputa. Este hallazgo incrementó las tensiones entre Venezuela y Guyana, llevando a que, en 2018, Guyana solicitara a la Corte Internacional de Justicia (CIJ) una resolución sobre la validez del Laudo Arbitral de 1899 que definió la frontera entre ambos países. En 2023, la situación se agravó cuando Venezuela celebró un referéndum consultivo sobre la anexión del Esequibo, lo que llevó a una escalada en las tensiones. El territorio disputado representa aproximadamente dos tercios del área total de Guyana.

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El ascenso de Turquía: ¿cómo está expandiendo su influencia hacia el Océano Índico?

Turquía ha aumentado su influencia en regiones clave, con un interés creciente en el Océano Índico. A pesar de su política exterior ambiciosa, enfrenta desafíos internos y geopolíticos que limitan su alcance. En este artículo, Salvador Iborra, alumno del Máster Profesional de Analista Internacional y Geopolítico de LISA Institute, analiza cómo el país intenta utilizar su creciente influencia para equilibrar las dinámicas de poder en áreas estratégicas.

Turquía se ha convertido en una de las potencias medias más relevantes del mundo recientemente. Localizada en un territorio puente entre Europa y Asia, ha expandido su influencia en regiones como Oriente Medio, el Cáucaso y los Balcanes.

También ha extendido su presencia en los mares Mediterráneo y Negro. Sus ambiciones no quedan ahí. Pretende acercarse a otras regiones, como Asia Central y África del Norte, utilizando los vínculos históricos que mantiene con estas. No obstante, hay una pretensión menos conocida: entrar en el Océano Índico.

El camino de Ankara hacia el Índico

En octubre de 2022, el presidente Erdoğan presentó «El siglo de Turquía». Este proyecto está compuesto por programas que pretenden situar al país entre las diez primeras potencias mundiales en términos tan variados como el económico, el tecnológico, el diplomático y el militar.

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En palabras de Sánchez Tapia, «la visión contempla un papel activo de Turquía a nivel regional». El país busca desarrollar relaciones constructivas y mutuamente beneficiosas con todos los estados en su vecindario. Turquía pretende establecer «ejes de paz», reforzando lazos con países de lengua y cultura turca en Asia Central. También quiere estrechar vínculos con países musulmanes en África y el sudeste asiático, expandiendo su presencia por todo el mundo de manera independiente. De este modo, se desprende de sus relaciones jerárquicas con las naciones occidentales.

El Océano Índico es otra pieza clave en el rompecabezas de las aspiraciones turcas. El documento de Política Exterior Nacional de 2023 destacó la importancia estratégica del Índico en relación con la seguridad energética y las cadenas de suministro turcas. También es mencionado en la Estrategia Naval turca de 2015 como un área estratégica. Se señala que Turquía debía mejorar su interoperabilidad a través de la «adquisición de bases logísticas e instalaciones portuarias locales».

¿Qué pasos está tomando Turquía?

Ankara lleva invirtiendo en su flota naval desde hace décadas. Numerosos proyectos de la industria de defensa se han acelerado desde que Erdoğan comenzase a gobernar en 2002.

Apoyándose en la doctrina turca «Mavi Vatan», que proporciona una base legal, diplomática, financiera y política para la ampliación de la jurisdicción marítima turca, el país pretende afirmar su soberanía e intereses en su entorno marítimo próximo.

En 2025, los astilleros turcos están construyendo 31 buques de guerra. Entre ellos se encuentran un portaaviones y un destructor con capacidad para llegar al Índico. Serhat Guvenc, profesor de relaciones internacionales en la Universidad de Estambul, ha señalado que la Armada turca trata de ampliar su alcance global. Esto lo hace centrándose en aguas internacionales, yendo más allá del concepto regional de «Mavi Vatan».

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Desde el punto de vista diplomático, Turquía está reforzando sus lazos con los Estados de África oriental y del Cuerno de África. A finales de 2024, Etiopía y Somalia llegaron a un acuerdo tras casi una década de rivalidad. Etiopía, sin acceso al mar desde 1993 tras la independencia de Eritrea, ha tenido como uno de sus objetivos principales la búsqueda de un acceso fiable al mismo. Yibuti sirvió como un salvavidas para el país, pero la dependencia de este pequeño Estado dejó a Etiopía en una situación de vulnerabilidad.

Para acabar con ella, firmó un acuerdo con Somalilandia en 2023. Esta es una región autoproclamada independiente de Somalia. El acuerdo le otorga acceso a su puerto a cambio de un reconocimiento formal. Esta acción provocó una respuesta incendiaria de Somalia que, viendo su integridad territorial amenazada, llamó a la comunidad internacional a oponerse a Etiopía.

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En un hecho que no ha tenido excesiva atención en el escaparate internacional, Erdoğan consigue mediar exitosamente en este conflicto y continúa posicionando a Turquía como un socio fiable y pragmático en dicha región.

No solo es un logro diplomático. El acuerdo habilitará a empresas turcas para participar en importantes proyectos de infraestructura portuaria, redes de transporte e instalaciones comerciales. Pero esto es solo la punta del iceberg de un proceso que lleva en marcha años.

Turquía y Somalia mantienen una estrecha relación desde 2011, tras la visita del presidente Erdoğan al país durante una devastadora hambruna. En ese contexto, muchos somalíes se sintieron abandonados por la comunidad internacional.

Desde entonces, combinando soft power y hard power, Ankara tiene un papel protagonista en el país. Ha proporcionado más de mil millones de dólares en ayuda en 10 años, tiene una base militar que dota de entrenamiento al ejército somalí, está realizando exploraciones de petróleo y gas en las aguas somalíes y administra, a través de Albayrak, el puerto de Mogadiscio.

En cuanto a otras naciones, Turquía ha firmado acuerdos de cooperación y entrenamiento militar con Yibuti. También ha ofrecido su mediación para resolver el conflicto sudanés, ostenta el control de la isla Suakin y se ha convertido en un proveedor de drones a Etiopía.

Turquía más allá del Cuerno de África

La influencia turca no se detiene en el estrecho de Bab el-Mandeb. Uno de los socios ribereños del Índico más importantes para Erdogan es Pakistán.

La relación entre ambos países comenzó cuando los musulmanes del entonces Raj británico noroccidental (Pakistán preindependiente) apoyaron a los turcos en la Guerra de Independencia turca de 1919. Actualmente, ambos Estados mantienen una relación que Turquía describe como de «una íntima amistad y hermandad».

Mientras Pakistán niega su reconocimiento a Armenia y el genocidio armenio, Turquía apoya las pretensiones pakistaníes sobre Cachemira, una vieja reivindicación del país. Ambos países mantienen acuerdos bilaterales muy estrechos en campos como la cooperación militar y la defensa, iniciativas de doble nacionalidad, un acuerdo comercial preferencial y la asociación estratégica. Por ejemplo, en el terreno de la cooperación naval, ambas armadas realizan ejercicios navales conjuntos. Además, en 2018 firmaron un acuerdo por el que Ankara vende a Islamabad cuatro corbetas, el cual fue el contrato más grande hasta la fecha para la industria de defensa turca.

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También ha estrechado sus lazos con naciones insulares del Índico de valor estratégico como son Maldivas y Seychelles. Muizzu, el presidente de la primera, hizo su primer viaje como presidente a Turquía. En un movimiento que ha alejado al país aún más de la influencia india, en 2024 realizó una compra de drones Bayraktar TB2 por un valor de 37 millones de dólares. Estos drones, que ya están en combate en otros conflictos como la Guerra de Ucrania o la segunda guerra del Alto Karabaj, jugarán un papel crucial en la seguridad marítima y en operaciones de reconocimiento.

Las Seychelles, muy próximas geográficamente a Somalia, socio turco, también están acercándose a Ankara. Turquía, cada vez más implicada en la seguridad marítima del Cuerno de África, tiene un gran valor para este pequeño país en operaciones contra la piratería. 

Por último, es imperativo mencionar la Asia Anew Initiative. Mostrada al público por el ministro de asuntos exteriores turco en 2019, es una iniciativa que pretende reforzar los lazos turcos con el continente asiático y dotar al país de un papel aún más relevante en dicho continente. Esta visión es multisectorial, pues pretende mejorar la cooperación en terrenos como la defensa, comercio, energía y alta tecnología.

Así, Turquía pretende beneficiarse de manera más efectiva de las oportunidades generadas por el desarrollo del continente asiático. Este se ha convertido en la región más importante del planeta en este siglo.

Este enfoque estratégico se ve claramente en cómo Turquía y la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) han pasado de tener un volumen comercial de 17 billones de dólares en 2004 a 75 en 2021. También se ha reflejado en la inversión recíproca entre ambas, que para el caso de la ASEAN es de 10.300 millones invertidos en Turquía.

¿Cuál es la naturaleza de las ambiciones de Turquía?

Durante la puesta en servicio en 2011 del buque TCG Heybeliada Erdoğan declaró que los intereses nacionales turcos eran “residentes en el canal de Suez, sus mares adyacentes y desde allí se extienden hasta el Océano Índico”. Pese a adoptar una retórica panislámica y neo-otomanista, los compromisos del país son, de momento, comerciales y de seguridad

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En este sentido, Turquía pretende seguir consolidando su condición de exportador de armas emergente y expandir su floreciente industria de defensa. Ya hemos visto arriba acuerdos de ventas militares a diversos países, pero cada vez son más: los Bayraktar TB-2 a Etiopía, tanques Kaplan junto a Indonesia, exportaciones a Catar o un memorando sobre productos de defensa con Malasia. Cabe señalar cómo India está vetada de la importación de armas turcas, en un claro gesto a su aliado pakistaní.

Su posición en el Índico también obedece a la protección de sus valiosas cadenas de suministro procedentes de Asia. Estas son vitales para alimentar su industria química y automovilística.

Cuando Estados Unidos y Reino Unido comenzaron a lanzar ataques contra los activos hutíes en Yemen, lo hicieron en respuesta a los ataques de la milicia chií a buques en el Mar Rojo. La actitud de Erdoğan fue muy crítica. El presidente entiende que la inestabilidad en este espacio marítimo y en el Índico occidental amenaza a sus intereses estratégicos en el Cuerno de África y sus importaciones.

Lo cierto es que, aunque la política exterior turca parezca ambiciosa en áreas como el Cuerno de África, no deben sobreestimarse sus limitadas capacidades de poder duro. No hay que olvidar que el país tiene unas cargas de seguridad fronterizas. Estas empujan a que sus activos estén desplegados más cerca de su territorio nacional.

La cuestión kurda en la frontera turco-siria, un Oriente Medio y un Cáucaso inestables, y un Mar Negro que sigue en disputa militar desde la invasión rusa de 2022. No obstante, esta creciente influencia oportunista de Turquía podría ser aprovechada por Estados Unidos y sus socios. Esto permitiría contrarrestar la influencia china en África oriental y en algunos Estados ribereños del Índico.

Erdoğan, con su creciente autonomía estratégica y en un proceso de diversificación de relaciones, podría ser también un gran activo para Pekín. Esto le permitiría contrarrestar a India junto a Pakistán.

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¿Cuál ha sido la respuesta de Maduro ante las nuevas presiones internacionales?

En 2025, Venezuela se seguirá enfrentando a una situación política y económica de gran complejidad bajo el liderazgo de Nicolás Maduro. En este artículo, te contamos cómo las presiones internacionales y las medidas internas del gobierno están moldeando el futuro del país.

Las elecciones presidenciales de julio de 2024 fueron objeto de controversia, con la oposición y parte de la comunidad internacional cuestionando su legitimidad y denunciando irregularidades en el proceso.

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A pesar de las críticas, Maduro asumió un tercer mandato en enero de 2025, intensificando las tensiones tanto internas como externas. En respuesta, la comunidad internacional ha incrementado las presiones sobre su gobierno, implementando nuevas sanciones y medidas diplomáticas. Ante este escenario, surge la pregunta: ¿cómo ha respondido Maduro a estas recientes presiones internacionales?

¿Cuáles son las nuevas amenazas internacionales a las que se enfrenta el presidente Maduro? 

Sanciones y medidas recientes

Tras las disputadas elecciones de 2024, Estados Unidos, la Unión Europea y varios países de América Latina han intensificado las sanciones contra el gobierno venezolano. El 10 de enero de 2025, la Unión Europea amplió su paquete de sanciones, añadiendo a 15 personas involucradas en la manipulación de los resultados electorales del 28 de julio, elevando el total de sancionados a 70 individuos.

Paralelamente, Estados Unidos impuso sanciones a 21 altos funcionarios venezolanos, acusándolos de «fraude electoral» y «represión» contra opositores. Estas medidas incluyen la congelación de activos y prohibiciones de viaje, buscando aislar económicamente al gobierno de Maduro y presionar por reformas democráticas.

 Motivos detrás de las sanciones  

Las sanciones se fundamentan en denuncias de violaciones de derechos humanos, represión política y falta de transparencia en el proceso electoral de 2024. Informes internacionales señalan posibles vínculos del gobierno venezolano con actividades ilícitas, como el narcotráfico y el lavado de dinero, lo que ha llevado a la comunidad internacional a tomar medidas más estrictas.

¿Cómo ha respondido Maduro en el ámbito diplomático?

Declaraciones oficiales y postura del gobierno  

En respuesta a las sanciones, Maduro ha condenado enérgicamente las acciones de la comunidad internacional, calificándolas de «intervencionismo» y «guerra económica» contra Venezuela. Ha acusado a Estados Unidos y a la Unión Europea de intentar desestabilizar su gobierno y de interferir en los asuntos internos del país.

Ruptura y tensión con países específicos  

Las relaciones diplomáticas de Venezuela con varias naciones se han deteriorado. Con España, Maduro ha advertido sobre la «injerencia» española en los asuntos venezolanos y ha llamado a consultas a su embajadora en Madrid. Con Estados Unidos, la tensión aumentó tras la visita del enviado especial de Donald Trump, Richard Grenell, a Caracas en enero de 2025. En América Latina, las relaciones con Brasil y Colombia se han vuelto más tensas debido a las críticas de sus nuevos gobiernos hacia el régimen de Maduro y su apoyo a las sanciones internacionales.

¿Qué estrategias políticas internas se han adoptado para hacer frente a estas nuevas presiones?

Control del poder y medidas internas  

Para consolidar su control, el gobierno de Maduro ha implementado reformas legales destinadas a reducir el poder de la oposición. Una de las medidas más destacadas es la promulgación de la «Ley Simón Bolívar» que prevé penas de hasta 30 años de cárcel para quienes apoyen sanciones internacionales contra Venezuela, así como la inhabilitación política por 60 años y la confiscación de propiedades. 

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Asimismo, se ha intensificado la censura mediática, restringiendo el acceso a información crítica en redes sociales y clausurando medios de comunicación independientes. El gobierno ha cerrado más emisoras y ha bloqueado páginas web que publicaban noticias sobre las sanciones internacionales. Además, han aumentado los cuerpos de policía en las calles donde se han registrado manifestaciones contra el gobierno. 

Esta nueva legislación ha generado un clima de incertidumbre entre la oposición y la sociedad civil, ya que un número elevado de periodistas y organizaciones han denunciado que se trata de un mecanismo para silenciar cualquier voz crítica dentro del país. Esta ley podría apoyar el fortalecimiento de la represión del régimen del presidente maduro, dificultando aún más las posibilidades de que el país lleve a cabo una transición democrática.

Propaganda y discurso nacionalista  

Maduro ha intensificado el uso de los medios estatales para promover un discurso de «resistencia» frente al «imperialismo» extranjero. Se han organizado eventos y marchas para movilizar a sus seguidores y reforzar la narrativa de que Venezuela está siendo atacada por potencias extranjeras que buscan socavar su soberanía.

En sus discursos, ha hecho constantes referencias a la «guerra híbrida» en contra de Venezuela y ha promovido la creación de comités de defensa popular en barrios vulnerables para fortalecer la lealtad al chavismo. A su vez, el gobierno ha incrementado la producción de documentales y programas de televisión que exaltan los logros de la Revolución Bolivariana y condenan las sanciones extranjeras.

En este aspecto, el aparato propagandístico del chavismo ha fortalecido las campañas mediáticas en plataformas digitales, con el objetivo de construir una narrativa favorable al gobierno. A través de diferentes programas televisivos, uso de redes sociales y publicaciones oficiales, se enfatiza la idea de que Venezuela sigue siendo víctima de una conspiración internacional. 

Maduro en búsqueda de nuevas alianzas internacionales  

Fortalecimiento de relaciones con aliados tradicionales 

Como respuesta ante la política de aislamiento occidental, Venezuela ha buscado fortalecer sus relaciones con aliados tradicionales como China, Rusia e Irán. Se han firmado nuevos acuerdos comerciales y militares para mitigar el impacto de las sanciones y asegurar el apoyo político en foros internacionales.

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Apoyo en organismos multilaterales

El gobierno de Maduro ha intentado reforzar su posición en organismos regionales como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Además, ha buscado respaldo en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y otras instituciones internacionales para legitimar su gobierno y contrarrestar las sanciones.

¿Cuáles son las consecuencias e impacto de la respuesta de Maduro?  

Reacción de la comunidad internacional  

Las respuestas de Maduro han sido recibidas con críticas por parte de Estados Unidos, la Unión Europea y organizaciones de derechos humanos, que consideran que el gobierno venezolano continúa violando los derechos fundamentales y socavando la democracia. Es probable que estas acciones resulten en nuevas sanciones o medidas de presión diplomática.

Efectos en la economía venezolana  

Las sanciones han agravado la crisis económica en Venezuela, impactando la inflación, el comercio y la calidad de vida de los ciudadanos. Aunque el gobierno ha intentado paliar la situación con medidas internas y acuerdos internacionales, la economía sigue en declive.

Opinión pública y estabilidad política en Venezuela  

Dentro del país, las reacciones son mixtas. Mientras algunos sectores siguen apoyando a Maduro, otros muestran un creciente descontento ante el deterioro económico y la falta de libertades. La posibilidad de nuevas protestas o una escalada del conflicto interno sigue latente.

La respuesta de Maduro a las presiones internacionales ha sido desafiante, reforzando su discurso antiimperialista y buscando apoyo en aliados estratégicos. A corto y mediano plazo, Venezuela podría enfrentar un mayor aislamiento internacional y una crisis económica más profunda, lo que podría desembocar en nuevas negociaciones o una radicalización del gobierno.


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Hegemonía y recursos hídricos: el Mekong como arma geopolítica

El Mekong es un recurso vital, pero también un campo de batalla geopolítico. En este artículo, el alumno del Máster Profesional de Analista Internacional y Geopolítico de LISA Institute, Alejandro Vigo, explica cómo su gestión afecta la economía y estabilidad del Sudeste Asiático, generando tensiones entre los países ribereños.

El río Mekong (Lancang en chino) es el más largo del Sudeste Asiático, con una longitud de aproximadamente 4.900 km. El curso de este río se origina en la meseta tibetana, en China. Fluye hacia el sur a través de la provincia de Yunnan. Luego, continúa su recorrido por Myanmar, Laos, Tailandia y Camboya. En Camboya, comienza su delta y se divide en dos mitades: el Mekong y el Bassac.

A su vez, estos se dividen en seis y tres grandes canales, respectivamente. Todos ellos forman, en conjunto, los llamados «Nueve dragones» en Vietnam. Finalmente, desembocan en el mar de China Meridional. La cuenca del Mekong se divide en dos regiones: el Alto Mekong, que comprende su tramo en China, y el Bajo Mekong, que abarca a los demás países de su recorrido.

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El agua es un recurso clave para la estabilidad y el desarrollo de cualquier sociedad. En el caso del Mekong, es un recurso estratégico fundamental para el desarrollo económico y la estabilidad geopolítica del Sudeste Asiático. Este río es una fuente vital de agua dulce, que abastece a comunidades enteras para el consumo humano, la agricultura, la producción hidroeléctrica y el mantenimiento de ecosistemas naturales. Esto es especialmente relevante en la Cuenca Baja del Mekong (LBM, por sus siglas en inglés), una región mayormente rural que depende del río y de las tierras adyacentes para su sustento.

Imagen 1. Cuenca del Mekong. Fuente: Conservation.org 2021.

La importancia de los recursos hídricos del Mekong

El Mekong es la segunda vía fluvial con más biodiversidad del mundo, después del Amazonas. Los recursos del río han sido fundamentales para establecer la prosperidad económica en la región, proporcionan agua, alimentos y energía a una población de unos 70 millones de personas. La mayoría de estas comunidades basa su dieta en el arroz, el pescado y otros animales acuáticos.

En cuanto a la pesca, el río alberga la tercera población de peces más diversa del mundo, solo superada por las cuencas de los ríos Amazonas y Congo. Además, es el escenario de la pesca continental más grande del planeta. Con una captura total estimada en 2,3 millones de toneladas y un valor de 11.000 millones de dólares estadounidenses al año, representa el 20% de las capturas mundiales de pescado de agua dulce.

El caudal del río varía según el régimen de monzones. Disminuye durante la estación seca (diciembre-abril) y aumenta en la estación húmeda (mayo-noviembre). Este cambio genera fenómenos extraordinarios, como el flujo inverso del río Sap en Camboya, similar al del Nilo en Egipto, lo que favorece la pesca.

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Además, esta contracción prolonga las inundaciones estacionales en el delta del Mekong, lo que beneficia el cultivo de arroz. Esto garantiza empleo y seguridad alimentaria en la subregión. Gracias a ello, países como Tailandia y Vietnam se han convertido en dos de los tres principales exportadores de arroz del mundo. Tailandia y Vietnam representan el 15,1% y el 11,1% del total mundial, respectivamente, solo por detrás de India (30,8%).

La importancia de este cultivo es tal que la producción alimenta directamente a otros 300 millones de personas, cinco veces más que la población que habita su cuenca. Estas fluctuaciones naturales se combinan con un gran desnivel, especialmente en la zona alta del Mekong. Allí, el río desciende 4.500 metros a lo largo de su curso en China hasta alcanzar la frontera con Myanmar. En la segunda mitad de su recorrido, el desnivel se reduce a 500 metros, pero siguen siendo frecuentes los saltos y cascadas. Entre ellas, destacan las de Khone en Laos.

Esta topografía otorga al Mekong un enorme potencial hidroeléctrico, estimado en 60.000 megavatios (MW). Este potencial es comparable a la capacidad nuclear de Francia, el segundo mayor productor de energía nuclear del mundo después de EE. UU., con 61.370 MW. En los últimos años, el Mekong se ha convertido en un motor clave para el desarrollo industrial y la seguridad energética de los países ribereños. La demanda ha aumentado debido a su bajo coste operativo, su capacidad para generar electricidad de forma continua y su potencial para reducir la dependencia de combustibles fósiles. Como consecuencia directa de esto, se han completado o están en construcción 745 represas en toda la cuenca del río Mekong.

Imagen 2. Mapa de todas las presas del Mekong. Fuente: Stimson

Represas en el Mekong: principal riesgo para la seguridad hídrica

Los estudios realizados por expertos, tanto dentro como fuera de la región, incluido el último análisis de Stimson a través del Mekong Dam Monitor, han demostrado de manera consistente los devastadores efectos económicos y ambientales de estas represas. Estos efectos afectan los procesos agrícolas y pesqueros del Mekong en sus llanuras aluviales, especialmente en el delta, donde millones de personas obtienen su sustento. Entre los impactos se incluyen la pérdida de biodiversidad, el desplazamiento de comunidades locales y la alteración de los flujos de agua esenciales para la agricultura.

La construcción masiva de represas ha bloqueado las rutas migratorias de los peces. Esto podría provocar un descenso de sus poblaciones de más del 40% en la próxima década, según algunos estudios. Además, el Mekong transporta grandes cantidades de limo rico en nutrientes. Estos sedimentos son esenciales tanto para la alimentación de los organismos acuáticos como para la fertilización del suelo agrícola. Sin embargo, los sedimentos quedan atrapados detrás de los embalses, lo que reduce la fertilidad del suelo y altera el equilibrio ecológico del delta. Este fenómeno no es exclusivo del Mekong, ya que también ocurre en otros países, como China con las Tres Gargantas o Egipto con la presa de Assuan.

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Por otro lado, la construcción de presas contribuye al desplazamiento de población. Este desplazamiento ocurre tanto de forma directa (personas reasentadas debido a la construcción de una presa, su embalse o infraestructura asociada) como indirecta (comunidades cuya seguridad alimentaria y medios de vida se ven comprometidos por la reducción de los recursos agrícolas y pesqueros). Además, se generan impactos económicos generales.

Aunque las cifras de desplazados son dispersas, según datos disponibles, ya se habrían reasentado aproximadamente 300.000 personas. Laos es uno de los países más afectados. En 2011, se estimó que el desarrollo de la energía hidroeléctrica en este país provocaría el reasentamiento de entre 100.000 y 280.000 personas, lo que representaría entre el 1% y el 4% de la población total.

China es la principal potencia geopolítica en la región, operando a día de hoy 12 grandes presas en el curso principal del Alto Mekong. Entre ellas se destacan la presa de Xiaowan y la de Nuozhadu, que son algunas de las más grandes del mundo. Estas presas tienen la capacidad de almacenar alrededor del 50% del agua utilizable de toda la cuenca del Mekong.

Al controlar las presas en la cabecera del río, que contribuyen con un 20% a un 70% del caudal (dependiendo de la estación seca o húmeda), China tiene la capacidad de regular los flujos de agua de manera unilateral. Esto le otorga una ventaja significativa en la gestión del agua. Además, a lo largo de la cuenca del Mekong, las empresas chinas están involucradas en la financiación y construcción de muchas de las presas.

Imagen 3. Principales presas del curso del Mekong. Fuente: Stimson

China es, a su vez, el principal inversor en Laos, un país sin salida al mar y con escasos recursos. Laos ha definido la energía hidroeléctrica como su única oportunidad para un rápido crecimiento económico. Con la ambición de convertirse en «la batería del sudeste asiático», China está utilizando el Mekong para ampliar su producción energética y satisfacer la demanda regional de energía. De hecho, el 71% de la energía que produce proviene de plantas hidroeléctricas, y se espera que para 2025 la electricidad represente un cuarto de sus exportaciones.

Esta demanda está creciendo, especialmente por parte de Tailandia, el mayor consumidor de energía del Bajo Mekong. Tailandia importa más del 60% de su energía, especialmente hidrocarburos, y busca diversificar su dependencia energética. Esto contribuye a la financiación de los planes hidroeléctricos de Laos.

Camboya, por su parte, es el país más pobre y el más vulnerable a los efectos adversos de las perturbaciones en el caudal de los ríos. Esto se debe a que casi la totalidad del país forma parte de la cuenca del Mekong. Al mismo tiempo, enfrenta uno de los precios de energía más altos de la región.

Por ello, el gobierno ha desarrollado nuevas vías para reducir los precios y estimular el desarrollo económico mediante la generación hidroeléctrica. Empresas chinas, como la estatal Sinhydro (el mayor desarrollador de energía hidroeléctrica del mundo), han financiado la mayoría de los proyectos hidroeléctricos de Camboya. Esto ha reafirmado al país, junto a Laos, como un socio incondicional de Pekín en la región.

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Entre estos proyectos destacan las megapresas de Sambor y Stung Treng. Sin embargo, un informe encargado por el gobierno camboyano aplicó una moratoria de construcción  hasta el año 2030 debido a sus amenazas a la biodiversidad.

Aunque menos vulnerable que Nom Phem, Vietnam depende en gran medida de su delta, que genera el 18 % de su PIB (más de 40 mil millones de dólares). Además, mantiene tensiones con Pekín por la soberanía de las islas Paracelso y Spratly en el mar de China Meridional. Vietnam teme que el control chino sobre el Mekong se convierta en una herramienta de presión geopolítica mediante la «diplomacia de la llave de paso».

Además de las dinámicas de dependencia y poder, la gobernanza del Mekong representa uno de los desafíos más complejos de la región. Este desafío se ve agravado por la competencia entre dos organizaciones multilaterales que buscan ejercer influencia sobre la gestión del río.

Por un lado, la Comisión del Río Mekong (MRC), creada en 1995, reúne a Laos, Camboya, Tailandia y Vietnam con el objetivo de promover el desarrollo económico sostenible de la cuenca y gestionar sus recursos de manera coordinada. La MRC cuenta con el respaldo de socios internacionales como la Unión Europea, Estados Unidos, Japón, el Banco Asiático de Desarrollo y la FAO, lo que le otorga una dimensión más global.

Sin embargo, su capacidad de acción está limitada. Esto se debe a la ausencia de China y Myanmar como miembros de pleno derecho. También a la falta de mecanismos vinculantes para regular el uso del agua entre los países miembros. Por otro lado, en 2016, China impulsó la Cooperación Lancang-Mekong (LMC). Esta plataforma alternativa, a diferencia de la MRC, sí incluye a China y Myanmar.

Bajo el pretexto de la cooperación para el desarrollo económico, la LMC ha servido a Pekín para consolidar su influencia sobre los países ribereños. Esto se ha logrado mediante el financiamiento de grandes proyectos hidroeléctricos e infraestructuras clave. Aunque la LMC ofrece incentivos económicos, su estructura está claramente orientada a los intereses estratégicos chinos. Esto ha generado preocupaciones entre los países río abajo sobre la falta de transparencia y la manipulación de los flujos hídricos.

El Mekong no es solo un recurso natural vital, sino también un campo de batalla geopolítico. En él, las relaciones de poder y dependencia determinan el equilibrio de la región. China ha consolidado su posición como la «ficha de dominó» más poderosa, estableciendo una relación asimétrica con los países del Bajo Mekong.

Además, sin un acuerdo multilateral vinculante que regule el uso del Mekong de manera equitativa, la región seguirá expuesta a la instrumentalización del agua como arma geopolítica. Esto afectará no solo la seguridad hídrica y alimentaria, sino también la estabilidad del sudeste asiático en su conjunto.


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¿Qué fue el Pacto de Varsovia y cuál es su relación con la OTAN?

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El Tratado de Amistad, Colaboración y Asistencia Mutua, mejor conocido como Pacto de Varsovia, fue una alianza militar formada por los países de Europa del Este para contrarrestar la amenaza de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

En 1955, en plena Guerra Fría, la Unión Soviética fundó el pacto como una respuesta directa al rearme de Alemania Occidental y su reciente ingreso a la OTAN. Para la URSS, la amenaza de un bloque militar capitalista fortalecido y la posibilidad de una Alemania rearmada eran preocupaciones clave.

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Si bien el Tratado de Washington, que dio origen a la OTAN, se firmó en 1949, la iniciativa del Pacto de Varsovia no surgió sino hasta seis años después, cuando la presión por la situación en Alemania se hizo insostenible para la Unión Soviética.

¿Qué países formaban parte del Pacto de Varsovia?

El líder soviético Nikita Jrushchov conformó el pacto con los siguientes países:

  • Unión Soviética (URSS)
  • Alemania Oriental (República Democrática Alemana – RDA)
  • Polonia
  • Checoslovaquia
  • Hungría
  • Rumania
  • Bulgaria
  • Albania (aunque se retiró en 1968 por diferencias con Moscú)

Además, tres países se mantuvieron como observadores:

  • República Popular China
  • Corea del Norte
  • Mongolia

Un caso especial fue Yugoslavia, que, a pesar de ser un país comunista, nunca se unió al Pacto de Varsovia debido a las tensas relaciones entre su líder, Josip Broz Tito, y la Unión Soviética, especialmente tras la ruptura con Stalin en 1948.

Los objetivos del Pacto de Varsovia

El principal objetivo del Pacto de Varsovia era reforzar el dominio comunista en Europa del Este y servir como una contrapartida militar a la OTAN. La URSS no podía permitirse quedar en desventaja ante un bloque militar occidental unificado, por lo que decidió crear su propia alianza defensiva y ofensiva.

En términos formales, los ocho países miembros del pacto se comprometieron a:

  • Defender a cualquier miembro que fuera atacado por una potencia extranjera.
  • No interferir en los asuntos internos de los demás países firmantes.
  • Respetar la soberanía y la independencia política de cada nación.

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Sin embargo, en la práctica, la Unión Soviética era la que tomaba las decisiones dentro del pacto y lo usaba para mantener el control sobre los países que lo integraban. Si en algún lugar el gobierno comunista estaba en riesgo, la URSS no dudaba en intervenir con su ejército. Así pasó en Hungría en 1956, en Checoslovaquia en 1968 y en Polonia en 1981, cuando las protestas y las ganas de cambio dentro de estos países hicieron que Moscú mandara tropas para frenar cualquier intento de salirse de su influencia.

A nivel militar, el Pacto de Varsovia contaba con una fuerza enorme. Según datos de la OTAN en 1987, el bloque comunista tenía:

  • 6 millones de soldados (700,000 más que la OTAN, que tenía 5.3 millones).
  • Casi 70,000 tanques de guerra, en comparación con los 28,000 de la OTAN.

Todo esto estaba dirigido por un Estado Mayor conjunto, aunque la última palabra siempre la tenía Moscú.

A pesar de su magnitud, el Pacto de Varsovia nunca se utilizó contra un enemigo externo, sino que sirvió principalmente como un instrumento de control soviético sobre Europa del Este. Con la caída de la Unión Soviética, el Pacto de Varsovia también llegó a su fin. Se disolvió oficialmente el 1 de julio de 1991 en Praga.

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¿Qué pasa hoy con los países que formaban parte del Pacto de Varsovia?

Hoy en día, la mayoría de los países que integraron el Pacto de Varsovia forman parte de la OTAN. De los 30 miembros actuales de la OTAN, varios fueron antiguamente parte de la URSS o del Pacto de Varsovia:

  • Albania
  • Bulgaria
  • Hungría
  • Rumania
  • Polonia
  • República Checa y Eslovaquia (anteriormente Checoslovaquia)
  • Alemania Oriental (integrada en Alemania reunificada)
  • Estonia, Letonia y Lituania (antiguas repúblicas soviéticas)

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¿Cuántos continentes hay en el mundo?

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Cuando pensamos en la cantidad de continentes, la respuesta parece sencilla: siete. Sin embargo, ¿realmente son siete? ¿O tal vez cinco o seis? En este artículo te contamos lo que debes saber.

A pesar de que el The World Factbook y la Enciclopedia Britannica (una plataforma con más de 250 años de historia) reconocen y enumeran siete continentes: Asia, África, América del Norte, Sudamérica, Antártida, Europa, y Oceanía, la verdad es que no existe un consenso global. 

¿Qué es un continente?

Para entender las diferencias en la clasificación de los continentes, es importante primero comprender qué define exactamente a un continente. Geográficamente, un continente se describe como una gran extensión de tierra emergida, separada por océanos. 

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Sin embargo, desde una perspectiva geológica, un continente es una parte de la corteza terrestre que «flota» sobre el manto de la Tierra, formada por capas de roca que se han ido acumulando durante millones de años. Esta dualidad entre lo geográfico y lo geológico es uno de los factores que alimentan el debate sobre cuántos continentes hay en el mundo.

Modelos tradicionales y contemporáneos sobre los continentes

Aunque el modelo de siete continentes es el más reconocido en muchos países, algunos estudios y enfoques científicos sugieren que este número podría no ser correcto. Por ejemplo, en algunos lugares se enseña que América es un solo continente, reduciendo el número total a seis

Asimismo, la división tradicional de Europa y Asia como continentes separados es cuestionada, ya que ambos están geográficamente unidos, lo que lleva a algunos a considerar esta región como un solo continente llamado Eurasia.

Además de los continentes tradicionales, también existen microcontinentes y continentes sumergidos, que complican aún más la clasificación. Uno de los ejemplos más sorprendentes es Zelandia, un continente casi completamente sumergido bajo el océano Pacífico, con solo Nueva Zelanda y algunas islas sobresaliendo.

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Este descubrimiento ha llevado a algunos científicos a replantearse la existencia de un continente más, lo que eleva el número de continentes a ocho en ciertos modelos geológicos.

El caso de América del Norte y Eurasia

Un estudio reciente de la Universidad de Derby ha puesto en duda la noción clásica de que existen siete continentes, proponiendo que América del Norte y Eurasia podrían no haberse separado completamente. Este hallazgo, basado en el análisis de las placas tectónicas, sugiere que estas dos grandes masas de tierra podrían ser consideradas como un solo continente. 

El estudio revela que las placas tectónicas de América del Norte y Eurasia continúan en proceso de separación, lo que implica que el número de continentes podría ser diferente al tradicionalmente aceptado. 

Si bien el concepto de microcontinente ya existía, la evidencia actual sugiere que podríamos estar subestimando la cantidad de continentes que realmente existen bajo las aguas del planeta.

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¿Quiénes son los musulmanes y en qué creen?

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En el mundo hay muchas religiones, siendo el cristianismo la más extendida. Sin embargo, el Islam es la segunda más grande, con más de 1.9 mil millones de musulmanes.

El Islam no es solo una fe, sino una forma de vida que guía a los musulmanes en lo social, familiar y espiritual. Creen en un solo Dios, Allah, y en su mensaje transmitido a través de profetas como Abraham (Ibrahim), Moisés (Musa) y Jesús (Isa), siendo Mahoma (Muhammad) el último mensajero, según la tradición islámica.

¿En qué creen los musulmanes?

Los musulmanes basan su fe en seis principios fundamentales:

  • Dios (Allah): Es único, sin hijos ni asociados.
  • Ángeles: Seres espirituales que cumplen la voluntad divina.
  • Libros sagrados: Incluyen la Torá, los Salmos, el Evangelio y el Corán.
  • Profetas: Dios ha enviado guías a la humanidad a lo largo de la historia.
  • Día del Juicio: Cada persona será juzgada por sus acciones.
  • Destino divino: Todo sucede bajo la voluntad de Dios.

Más allá de estas creencias, los musulmanes practican su fe a través de los Cinco Pilares del Islam, que son obligaciones fundamentales para todo creyente:

  • Shahada: Testimonio de fe en Allah y en Mahoma como su profeta.
  • Salat: Oración cinco veces al día en dirección a La Meca.
  • Zakat: Contribución obligatoria a los más necesitados.
  • Sawm: Ayuno durante el mes de Ramadán.
  • Hajj: Peregrinación a La Meca al menos una vez en la vida si es posible.

La historia de los musulmanes

El Islam nació en el siglo VII en La Meca (actual Arabia Saudita). Mahoma, nacido en 570 d.C., comenzó a recibir revelaciones del arcángel Gabriel a los 40 años, con el mensaje de adorar solo a Allah y abandonar la idolatría.

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Al principio, su mensaje no fue aceptado por la mayoría de los habitantes de La Meca, lo que llevó a la Hégira (622 d.C.), cuando Mahoma y sus seguidores emigraron a Medina. Desde allí, el Islam creció hasta que, en 630 d.C., los musulmanes reconquistaron La Meca, consolidando su fe en la región.

Tras la muerte de Mahoma en 632 d.C., el liderazgo musulmán pasó a los califas, quienes expandieron el Islam por el Medio Oriente, África del Norte, Europa y Asia. Durante la Edad de Oro del Islam, ciudades como Bagdad y Córdoba se convirtieron en grandes centros de conocimiento y cultura.

A lo largo de la historia, la comunidad musulmana se ha dividido en dos grandes ramas:

  • Sunitas (75-90%): Creen que el liderazgo del Islam debía ser elegido por consenso.
  • Chiitas (10-13%): Creen que solo los descendientes de Ali, el yerno de Mahoma, debían liderar la comunidad musulmana.

También existen otras corrientes menores, como el sufismo, que enfatiza la espiritualidad y la introspección, así como ramas menos conocidas como el jariyismo, el ibadismo y los ahmadíes, que han surgido en diferentes momentos históricos.

¿Cuántos musulmanes hay en el mundo y en qué países viven?

Actualmente, el Islam es la segunda religión más grande del mundo, con más del 24% de la población mundial. Se estima que hay musulmanes en 49 países, aunque su presencia varía según la región.

Países con más musulmanes 

Según datos del World Population Review, estos son los países con más musulmanes:

  • Indonesia: 242,700,000
  • Pakistán: 240,760,000
  • India: 200,000,000
  • Bangladés: 150,800,000
  • Nigeria: 97,000,000
  • Egipto: 90,000,000
  • Turquía: 84,400,000
  • Irán: 82,500,000
  • China: 50,000,000
  • Argelia: 43,737,096

En 2021, los países con el mayor porcentaje de musulmanes son en su mayoría naciones del norte de África y Asia. Maldivas encabeza la lista con un 100% de su población musulmana, seguida por Mauritania con un 99.89%. Otros países con una alta proporción de musulmanes incluyen Somalia (99.8%), Afganistán (99.7%), e Irán (99.4%).

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También se encuentran en esta lista regiones disputadas como el Sahara Occidental, que alcanza un 99.4% de musulmanes, aunque se descalifica como país debido a que no es reconocido por las Naciones Unidas. Yemen y Argelia siguen de cerca con un 99.07% y 99%, respectivamente. Marruecos, con un 99% de su población musulmana, y Mayotte, con un 98.8%, completan el top 10.

Estos porcentajes reflejan la gran influencia del islam en estas naciones, marcando su identidad religiosa y cultural. No obstante, en Europa y América, los musulmanes forman minorías significativas, destacando en países como Francia, Reino Unido y Estados Unidos.

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Meta implementa en Europa el reconocimiento facial para evitar estafas y recuperar cuentas

Los objetivos de Meta con el reconocimiento facial son evitar las estafas con anuncios fraudulentos que suplantan a famosos y agilizar la recuperación de cuentas. Esta medida se aplicará en la Unión Europea y Reino Unido.

La tecnológica Meta ha informado del inicio de la implementación de tecnología de reconocimiento facial en todos sus servicios en la Unión Europea y Reino Unido para identificar y bloquear anuncios fraudulentos que suplanten a figuras públicas. Esta medida será opcional para las celebridades que deseen implementarlo. Para su funcionamiento, comparará las imágenes de perfil oficiales en Facebook e Instagram con las usadas en anuncios sospechosos. Si se detecta una coincidencia y se confirma cualquier intento de estafa, el contenido se eliminará automáticamente. Según Meta, este proceso en tiempo real es «más rápido y preciso» que las revisiones manuales.

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La iniciativa busca frenar el aumento de estafas que utilizan la imagen de actores, youtubers u otras personalidades para engañar a usuarios y obtener información sensible o dinero, o cualquier otro tipo de engaño. Los sistemas analizarán los rostros en los anuncios, cruzando datos con las cuentas verificadas de las celebridades que decidan activar la función. Meta ha subrayado que esta tecnología solo se aplicará con consentimiento explícito de los usuarios afectados, alineándose con las políticas de la compañía que prohíben contenidos fraudulentos.

Aunque la herramienta mejora la capacidad de detección, Meta asegura que mantendrá equipos humanos para revisar determinados casos complejos que puedan surgir. La compañía además reiteró que las políticas de sus plataformas «no admiten este tipo de contenidos ni comportamientos», reforzando su compromiso con la seguridad. Esta medida llega en un momento de máxima presión regulatoria en la UE para combatir los fraudes digitales, aunque también genera debates sobre el equilibrio entre privacidad y seguridad.

Reconocimiento facial para recuperación de cuentas

Meta ha anunciado también el lanzamiento de un sistema de verificación mediante ‘video selfie’ para ayudar a usuarios de la UE, Reino Unido y Corea del Sur a recuperar cuentas de Facebook o Instagram comprometidas. Este método, disponible desde este miércoles 5 de marzo de 2025, compara el video con fotos de perfil existentes usando reconocimiento facial, un proceso que tarda alrededor de un minuto. Según la compañía, el sistema detecta accesos no autorizados y verifica la identidad del usuario legítimo de forma más rápida y precisa que otros métodos.

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La compañía ha informado que los videos recopilados para esta acción se encriptan y almacenan de manera segura, usándose solo una vez para la verificación. Meta asegura que elimina los datos faciales generados tras la comprobación, independientemente del resultado, y que los videos nunca se publican en los perfiles con el objetivo de equilibrar la eficacia con la protección de datos de los usuarios, reduciendo cualquier riesgo de filtración o uso indebido.

Aunque este nuevo método es una opción adicional entre los métodos de recuperación, Meta destaca su robustez frente a los ataques maliciosos o robos de cuentas. Al requerir un video en tiempo real, el sistema dificulta el uso de grabaciones generadas por IA o suplantaciones. Además, la tecnológica argumenta que esta tecnología prioriza la seguridad sin comprometer la privacidad, alineándose con estándares regulatorios en las regiones mencionadas.

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