Destacado¿Cómo sería una invasión de China a Taiwán?

¿Cómo sería una invasión de China a Taiwán?

Análisis

Lucía Carbayo
Lucía Carbayo
Colaboradora en LISA News. Especializada en el ámbito de los Estudios Internacionales y de la Ciencia Política. Interesada en el ámbito de la Seguridad Internacional, los procesos de paz y de resolución de conflictos internacionales.

Para contrarrestar la influencia de Estados Unidos, las tropas chinas están realizando ejercicios militares alrededor de la costa de Taiwán y algunos expertos temen que el siguiente paso sea la invasión. En LISA News te explicamos cuáles son los posibles escenarios si se produjera la invasión de Taiwán y cuál sería la capacidad de respuesta del último.

Desde hace décadas Taiwán es un foco de conflicto entre China y Estados Unidos. La reciente visita de Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, desató la ira del gobierno de China, que considera a Taiwán parte de su territorio.

Pekín ha respondido con ejercicios militares, aéreos y navales a gran escala alrededor de las islas. Mediante estos simulacros, pretende contrarrestar los intereses de Washington. En Taiwán temen una posible invasión por parte del régimen chino, y las fuerzas militares ya se preparan para una contraofensiva. 

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Taiwán se encuentra a unos 120 kilómetros de la costa suroriental de China, lo que resulta una ubicación clave para la política exterior de Pekín, pues el control de Taiwán le daría más poder sobre el mar de China meridional. Más allá de su posición estratégica, China también tiene intereses económicos y políticos en la isla. 

Si China invadiera Taiwán se desataría una guerra asimétrica. Según explican en el EOM, medio que participa como profesorado del Máster Profesional de Analista Internacional de LISA Institute, una guerra asimétrica es un conflicto, por lo general armado, en el que existen grandes diferencias cualitativas o cuantitativas entre las capacidades de ambos bandos. 

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Por este motivo, el contrincante más débil tiene que adoptar estrategias y tácticas no convencionales para defenderse y salvar las diferencias, tales como la guerra de guerrillas, el terrorismo, el secuestro o la guerra psicológica. Este es, por ejemplo, el tipo de guerra que estamos viendo entre Rusia y Ucrania.

La estrategia taiwanesa: defenderse como un “puercoespín”

El problema principal es que, si China finalmente decide atacar la isla, el margen de respuesta para contraatacar es muy escaso. Para David Ochmanek, investigador de defensa del think tank RAND Corporation, “las fuerzas estadounidenses y aliadas podrían tener entre una semana y 10 días para derrotar esta invasión o aceptarla como un hecho consumado”.

China cuenta con un número de efectivos, equipos y armamento militar mucho mayor que Taiwán, y además tiene un presupuesto en Defensa 13 veces superior al de su vecino. Debido a su desventaja militar, algunos analistas coinciden en que Taiwán podría emplear la conocida como “estrategia del puercoespín”, desarrollada por el diario Taipéi Times.

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Esta curiosa denominación responde al símil entre la respuesta defensiva del puercoespín, que se protege mediante tres capas de púas, con la estrategia militar de defensa de las tropas taiwanesas.

Fuente: BBC

La defensa de las tropas de Taiwán también se organiza en tres “capas” o posiciones. La primera de ellas, a la que los analistas denominan como la “capa exterior”, es la relativa a la Inteligencia y al reconocimiento. Desde hace décadas, Taiwán ha desarrollado un sistema de alerta temprana para evitar el efecto sorpresa de China.

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“Resistir al enemigo en la orilla opuesta, atacarlo en el mar, destruirlo en la zona litoral y aniquilarlo en la cabeza de playa”, es lo que propone el manual. Para afrontar una guerra asimétrica, Taiwán considera prioritario desplegar armas defensivas, móviles y ocultas, como misiles antiaéreos y antibuque, antes que hacerse con cazas y submarinos, que suponen un coste mayor.

Así, Pekín “tendría que comenzar cualquier invasión con una ofensiva basada en misiles de medio alcance y ataques aéreos para eliminar las instalaciones de radar, las pistas de aterrizaje y las baterías de misiles de Taiwán”.

Para responder al atacante y evitar que el ejército chino desembarque en el territorio, Taiwán se hace valer de su “capa intermedia”. Esta consta de un despliegue de fuerzas navales, como pequeñas embarcaciones armadas con misiles, para una guerra de guerrillas en pleno mar con el apoyo de aviones de combate suministrados por Estados Unidos.

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La última de las capas sería, por un lado, la geografía de la isla, con escarpadas montañas, pocas playas y gran parte del territorio urbanizado, lo que dificultaría el desembarco de los soldados y otorgaría ventaja a las tropas taiwanesas. En última instancia, el ejército de Taiwán, formado por más de un millón de reservistas.

En la tercera capa serían también claves las armas móviles, versátiles y fáciles de ocultar, como se ha demostrado en Ucrania con los sistemas portátiles de misiles Javelin y Stinger, que han dificultado la ofensiva rusa.

Un enjambre de drones como alternativa

Algunos analistas estadounidenses defienden que una de las escasas opciones para una victoria taiwanesa sería el empleo de enjambres masivos de drones para confundir al ejército chino.

Los enjambres masivos son “un grupo de sUAS (pequeños sistemas aéreos autónomos no tripulados) en red que operan de forma colaborativa para alcanzar objetivos comunes con un operador presente o remoto”. Los dispositivos que forman el enjambre están interconectados y se dirigen al mismo tiempo.

Su funcionamiento se basa en el empleo de láseres que se encargan de transmitir la información entre los drones, lo que permite que el enjambre sea independiente y comparta datos de forma instantánea.

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El enjambre serviría para mejorar los sensores de alerta de los aviones. Además, si hubiera una cantidad suficiente de drones, se podrían emplear como señuelos para confundir a los visores de radar chinos. Estos últimos tendrían demasiados objetivos y desperdiciarían misiles y otros recursos defensivos en los señuelos.

Cuáles serían los obstáculos para China

Por otro lado, los analistas señalan que una invasión de China a Taiwán a través de cualquiera de los tres dominios tradicionales -tierra, mar y aire- sería compleja para Pekín por varias razones.

En primer lugar, la ofensiva marítima se complica porque el acceso a la isla, a través del mar, supone un obstáculo logístico para que China desembarque a sus soldados. La teoría militar sostiene que una fuerza atacante debe superar en número a los defensores en una proporción de 3 a 1.

Howard Ullman, exoficial de la Marina de los Estados Unidos y profesor de la Escuela de Guerra Naval de los EE. UU señala que “con una fuerza de defensa potencial de 450.000 taiwaneses, China necesitaría más de 1,2 millones de soldados (de una fuerza activa total de más de 2 millones) que tendrían que ser transportados en muchos miles de barcos”.

En el caso en el que Estados Unidos interviniera para detener la invasión marítima de China, el Ejército de Liberación Popular chino (ELP) contaría con más de 2.000 misiles armados de forma convencional, muchos de los cuales se han desarrollado teniendo en cuenta los portaaviones de la Marina de los EE.UU. En particular, los más preocupantes serían los DF-26 y DF-21D de China, conocidos como “asesinos de portaaviones”.

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Flight Global revela que el ejército chino está en posesión de 1.600 aviones de combate en la región, en comparación con Taiwán, que solo cuenta con 300. Por su parte, Estados Unidos tiene más de 2.700 aviones de combate alrededor del mundo.

Sin embargo, cabe destacar que Taiwán cuenta con el suministro estadounidense de misiles antiaéreos Stinger y baterías de defensa antimisiles Patriot. Además, la isla ha estado fabricando sus propios misiles durante tres años.

Una posible ofensiva de China podría incluir usar su arsenal de misiles balísticos de corto, medio e intermedio alcance que pueden alcanzar objetivos lejanos, como las bases aéreas estadounidenses en el pacífico. De esta forma, como disminuirían los refuerzos más cercanos.

Según informan los expertos, el ejército chino necesita un lugar cerca del continente para aterrizar y desembarcar. Este podría ser la capital de Taiwán, Taipéi, una ciudad estratégica por su ubicación e instalaciones portuarias y aeroportuarias.

Otra de las dificultades a las que se enfrenta China, es la falta de experiencia de sus tropas en la batalla. La última vez que el Ejército Popular de Liberación combatió fue en 1979, durante la guerra contra Vietnam.

Sin embargo, los expertos señalan que el ejército chino también podría atacar Taiwán con medidas que distan de la invasión, pero que aun así producirían daños en la isla. Estas podrían ser la toma las islas taiwanesas periféricas, la implantación de un confinamiento sobre la isla principal.

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“En un escenario de confinamiento, el gobierno chino tomaría efectivamente el control de las fronteras aéreas y marítimas de Taiwán”, subrayan Robert Blackwill y Philip Zelikow en un informe para el Consejo de Relaciones Exteriores de Estados Unidos.

La ambigüedad “estratégica” de EE.UU

A pesar de que Estados Unidos haya retirado su apoyo a Taiwán, país sobre el que también mantiene intereses históricos, todavía no ha hecho públicos sus planes de acción en el caso de que China invada la isla. De esta forma, Washington sostiene una postura ambigua, denominada por los expertos y por el propio presidente de Estados Unidos como “ambigüedad estratégica”.

Esta postura no solo busca disuadir a China de invadir Taiwán, sino también disuadir a Taipéi de proclamar su independencia -Pekín ha amenazado con atacar si lo hace- al no poder asegurar la intervención de Estados Unidos.

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“De alguna manera, esa ambigüedad (…) nos ha permitido mantener la paz y estabilidad en el Estrecho de Taiwán durante varias décadas y en múltiples administraciones”, declaró recientemente el asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca, Jake Sullivan.

Pocos son los expertos que opinan que Estados Unidos se quedaría de brazos cruzados ante una invasión de China a Taiwán abriendo un nuevo conflicto que no beneficiaría a ninguna de las partes. Los analistas destacan que el peor escenario sería un fallo de cálculo en plena tensión que escalaría la situación.

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Lucía Carbayo

Colaboradora en LISA News. Especializada en el ámbito de los Estudios Internacionales y de la Ciencia Política. Interesada en el ámbito de la Seguridad Internacional, los procesos de paz y de resolución de conflictos internacionales.

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