InteligenciaUna radiografía de la yihad femenina

Una radiografía de la yihad femenina

Análisis

Lucía Delgado Parra
Lucía Delgado Parra
Graduada en Criminología por la Universidad Rey Juan Carlos. Colaboradora como psicóloga en prácticas en el Tratamiento para Delincuentes Sexuales Juveniles impartido en el Centro de Ejecución de Medidas Judiciales “Teresa de Calcuta”. Voluntaria en sesiones de justicia restaurativa impartidas en la Comunidad de Madrid.

Un análisis sobre el papel de las mujeres en las organizaciones yihadistas desde sus primeras aportaciones, pasando por su proceso de radicalización y cometidos dentro de la organización, hasta su rol en la actualidad.

El fenómeno terrorista ha existido desde tiempos inmemorables y ha sido llevado a cabo por organizaciones e individuos con motivaciones diversas hasta la fecha; pero con un objetivo siempre en común: sembrar el miedo. Fue en 1988 cuando se formalizó la red de terrorismo internacional que marcaría el cambio de milenio a través de su violencia: el Frente Islámico Mundial contra los Cruzados y los Judíos. Su mentor era Osama Bin Laden, líder de Al Qaeda, organización de referencia del terrorismo global.

Durante los primeros años de la década de los 90, Al Qaeda llevó a cabo una creciente actividad terrorista en diferentes países de la Península Arábiga y el Este de África. Al mismo tiempo, se expandía mediante diferentes vínculos en el Magreb o el Sudeste asiático, así como también se introdujo en Europa occidental.

Mediante esta expansión, la organización terrorista consiguió perpetrar atentados letales contra occidentales, entre los que se destacan los atentados cometidos en las embajada estadounidense de Nairobi y Dar es Salaam de carácter suicida en agosto de 1998 o los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos en el que se estrellaron dos aviones contra las Torres Gemelas de Nueva York y, otro más, contra un ala del Pentágono en Washington.

Fue en los años de este último atentado mencionado (el 11S) cuando el fenómeno terrorista de Al Qaeda comenzó a diversificarse y constituirse en tres grandes bloques de terrorismo mundial. Por un lado, Al Qaeda como estructura terrorista global; por otro lado como un heterogéneo conjunto de organizaciones unidas a Al Qaeda central; y, en tercer lugar, en un conjunto de células independientes que estaban guiadas por la ideología y directrices de Al Qaeda global.

Es a partir de este momento cuando también podemos empezar a mencionar al ISIS, otra de las vertientes de Al Qaeda en su división. El ISIS comenzó a tomar relevancia desde la decisión de distanciarse de Al Qaeda global para formar su propia organización yihadista en Siria. De esta manera, el terrorismo a nivel mundial adquirió una naturaleza muy heterogénea y diversificada.

Un ejemplo de ello fueron los atentados del 11 de marzo de 2004 en los trenes Cercanías-Renfe en Madrid. La célula que llevó a cabo estos ataques estuvo liderada por Abu Dahdah y agrupó a miembros de las células Grupo Islámico Armado (GIA) y Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM).

Sin embargo, ninguna de las personas que participaron en este atentado que tantos muertos causó, era mujer. ¿Esto significa que las mujeres no son susceptibles de ser radicalizadas? La respuesta es un rotundo no. Sí lo son y, en este artículo, proporcionaremos una radiografía o perfil de las mujeres yihadistas, su proceso de radicalización y sus cometidos dentro de la organización.

Cuándo aparece por primera vez el concepto de “Yihad femenina”

El Corán, que es el texto sagrado del Islam, establece la superioridad del hombre sobre la mujer. Este aspecto incide significativamente en la menor participación de las mujeres en las actividades yihadistas. Teniendo como punto de partida esta relación de desigualdad entre sexos, los yihadistas han aportado el concepto de “yihad femenina”.

Al Qaeda ha sido una de las organizaciones que han mostrado mayor capacidad de adaptación al entorno, al igual que cualquier otra organización, requiere tener la capacidad adaptativa para mantenerse en pie ante un entorno cambiante. Sin embargo, el papel de la mujer ha seguido interpretándose bajo la concepción ultraconservadora de los textos sagrados.

Umayma al-Zawahiri, la segunda esposa del actual líder de Al Qaeda, Ayman al-Zawahiri, mediante un texto publicado en 2009 “Carta a las mujeres yihadistas, promovía la unión de las mujeres a la “yihad” promulgando como función fundamental de la mujer la del acompañamiento al hombre que debía abandonar sus lugares de origen y a sus familias. También alentaba a las mujeres musulmanas a usar el velo considerando que este elemento genera una honorabilidad que las mujeres occidentales no tienen, señalándolas como la principal fuente del mal.

No ostante, en el mismo texto, Unayma hacía referencia también a las mujeres que habían llevado a cabo actos de martirio. Es decir, en cierto modo, la mujer podría no aportar únicamente dedicándose a las labores domésticas y familiares, sino que también podían participar en las labores operativas.

En este sentido, cabe mencionar la tendencia a las acciones suicidas que comenzó a darse en los años anteriores al surgimiento del yihadismo global con Al Qaeda. Las organizaciones que operaban en aquel momento hacían uso de la técnica del suicidio y, en esta, sí había una gran participación femenina.

Estas acciones suicidas llevaras a cabo por mujeres generaron más letalidad que las llevadas a cabo por hombres. Según los datos, las mujeres causaban cuatro veces más muertes además de crear mayor impacto mediático. Con todo, aún no se puede hablar realmente de una aceptación por parte de las organizaciones terroristas de la mujer como combatiente en primera línea de batalla.

Qué dicen los datos de la participación de la mujer

En estos últimos años se ha realizado también una revisión de los datos, tanto cualitativos como cuantitativos, para estudiar el perfil de las personas que participan en actividades yihadistas. Entre ellos destacamos “The Terrorist Age-Crime Curve: An Analysis of American Islamist Terrorist Offenders and Age-Specific Propensity for Participation in Violent and Nonviolent Incidents”, “The Quantitative Analysis of Terrorism and Immigration: An Initial Exploration” , y “Criminal Pasts, Terrorist Futures: European Jihadists andthe New Crime-Terror Nexus”.

Los dos primeros no hacen en su muestra distinción entre sexos por lo que no se puede saber si había alguna mujer. En el último la muestra abarca una totalidad de 79 perfiles yihadistas entre los cuales tampoco mencionan ninguno femenino.

Un estudio que sí que incluye a la mujer yihadista es el realizado por Fernando Reinares, Carola García-Calvo y Álvaro Vicente incluido en el libro “Yihadismo y yihadistas en España: Quince años después del 11-M”. En él, la muestra que se utiliza contiene a un total de 215 individuos, 200 condenados y 15 muertos.

En España, entre los años 2004 y 2018, no aparece ninguna mujer; pero sí entre los detenidos y fallecidos entre 2012 y 2017, en donde el total de casos era un 131 y el 14,7% eran mujeres. Así, se podría señalar como fecha de aparición de las mujeres yihadistas alrededor del año 2012 en el contexto de la insurgencia yihadista en el marco de la guerra en Siria, momento en el que también se configura el ISIS como tal.

Es esta organización la que parece que se fija realmente en la capacidad de las mujeres para difundir propaganda relativa a la ideología del salafismo yihadista, así como para la captación y reclutamiento de más mujeres a través de las redes sociales. Si bien diversos estudios han reflejado cómo la concepción de estas mujeres con respecto al uso de la violencia era igual de apoyada que por los varones, no veían tan positiva la manera de llevarla a cabo.

Consideramos también necesario destacar el estudio realizado por Carola García-Calvo “No hay vida sin yihad y no hay yihad sin hégira: la movilización yihadista de mujeres en España, 2014-2016”. En él la autora realiza un análisis sobre los yihadistas que habían realizado alguna actividad terrorista pertenecientes al ISIS. Así, si se estudió un total de 158 casos, solo 23 eran mujeres.

Del mismo modo, el análisis también hace distinción entre los 208 residentes en España que se trasladaron a Siria e Irak para unirse a las filas del ISIS. En este caso, un 10% eran mujeres de entre los más de 30.000 combatientes terroristas extranjeros que el conflicto ha traído (5.000 personas eran europeas y de ellas el 10% de sexo femenino).

Cuál es el proceso de radicalización de las mujeres yihadistas

El proceso de radicalización que han seguido mayoritariamente las mujeres recogidas en el estudio previamente mencionado era en su modalidad “online” (55,6%). En menor medida se dieron procesos de radicalización mixta, combinando la modalidad “online” y “offline”. En esta última, los agentes adoctrinadores eran generalmente personas conocidas por las futuras militantes, mientras que en el caso de los hombres, el adoctrinamiento suele ocurrir en templos de culto o similares.

Los procesos de reclutamiento “online” suelen estar marcados por la facilidad y agilidad con la que la información se transmite a través de internet. Esto produce que el adoctrinamiento pueda llevarse a cabo en un corto espacio de tiempo, además de proporcionar a las mujeres una visión del Califato que parece que causa un efecto de “estado de enamoramiento”.

A modo de ejemplo, se puede mencionar el caso de Samira en 2013, una mujer de 30 años casada con un marroquí en España, que, tras ser madre, comienza a invertir sus ratos libres en navegar por internet. Especialmente por Facebook.

Es aquí donde comienzan sus conversaciones con una especie de “novio virtual” que le promete una “vida pura” en defensa de la “Sharia”, ley del Islam. Tal fue el adoctrinamiento de Samira que se convirtió ella misma en reclutadora, llegando a convertirse en el “imán” de predicación salafista de hasta 40 mujeres.

Por otra parte, otro aspecto destacable de este caso es la manera en la que se dirigió Samira a su marido. Ella llegó a enseñarle una imagen de su “novio virtual”, un combatiente extranjero, siendo sus palabras textuales: “Este sí es un hombre de verdad y no tú”. Este hecho refleja el apoyo a la violencia también por parte de mujeres yihadistas, tal y como se mencionaba anteriormente.

Este afán por la violencia en las mujeres, a pesar de no ser ellas quienes la llevan a cabo en general, sí que las llevan a realizar labores de propaganda y consiguen sembrar el terror en la población, que es, al fin y al cabo, el fin del terrorismo.

Se destaca también aquí el caso de una mujer nacida en Marruecos, pero criada en las Islas Canarias, llamada Soukaina. Tras varios años siguiendo la corriente del salafismo yihadista, el 11 de marzo de 2015 escribe un tuit en el que dice: “Os deseamos un feliz 11M españoles y manténganse preparados para lo que viene con el permiso de Allah”.

Diferencias del perfil yihadista entre hombres y mujeres

A pesar de la dificultad de establecer un perfil concreto de hombres y mujeres que se dedican a actividades terroristas con origen en la ideología del salafismo yihadista, sí que se podrían determinar una serie de características que permiten configurar un patrón con tendencia a repetirse en los individuos.

Se aportan aquí los datos del estudio mencionado anteriormente de Carola García-Calvo (2014-2016), elaborando así una comparativa entre sexos.

La diferencia sustancial que se observa con respecto a la juventud de las mujeres, encontrándose la mayor parte de ellas entre los 19 y 28 años se debía, en parte, a su especial vulnerabilidad y facilidad de reclutamiento.

También por el especial interés del ISIS por adoctrinar a mujeres que se encuentren en un estado de fertilidad “óptimo” para que, al llegar a sus países de destino, puedan contraer matrimonio y procrear a las siguientes generaciones de yihadistas. En estas edades, además, no se suelen tener otras cargas familiares que les truncaran cumplir con su misión.

Por su parte, es necesario añadir el predominio de la nacionalidad española entre las mujeres yihadistas. Un 56,5% había nacido en España. De las extranjeras, el 34,8% eran nacionales marroquíes y el 39,1% había nacido en Marruecos; de las residentes en España, el 65,2% eran de segunda generación. 

Estos datos reflejan la concurrencia del fenómeno “homegrown”; es decir, el proceso de reclutamiento y adoctrinamiento yihadista que ha venido sucediendo en España y que está generando este tipo de militantes nacionales.

Por último, cabe destacar el sector de servicios como el sector donde han estado empleadas la mayoría de mujeres yihadistas (al igual que los hombres). En contraposición a éstos, no se encontraron antecedentes penales en las mujeres.

Cuáles son las principales motivaciones de las mujeres yihadistas

Continuando con el análisis de las mujeres detenidas en España entre 2013 y 2016, se encontraron entre sus principales motivaciones para unirse al salafismo yihadista aquellas relacionadas con las emociones y la afectividad en un contexto. Por un lado, la ya mencionada relacionada con el estado de “enamoramiento” y, por otro lado, el “odio” hacia los no musulmanes o musulmanes que no participan en su ideología.

Al contrario que los varones, las mujeres no disponían, en general, a motivaciones ideologías o “utilitarias”, pero sí se pueden encontrar algunos casos, como se ha visto, de mujeres que justifican el uso de la violencia o que aceptan el suicidio como mártir.

Así pueden ser atraídas por una serie de atractivos selectivos como pueden ser las recompensas religiosas como la del acceso al paraíso, lavar anteriores pecados o alcanzar la “inmortalidad” entre otras como las recompensas sociales, el honor o la fama.

En este contexto se pone de manifiesto el caso de nueve mujeres yihadistas que planteaban perpetrar una serie de atentados suicidas en Filipinas y que habían preparado artefactos explosivos de fabricación casera en sus domicilios. Esta célula de mujeres terroristas fue desarticulada por las autoridades filipinas en el mes de febrero de 2021.

Por último, en este ámbito, se extrae un similar porcentaje de participación en actividades yihadistas por motivos existenciales o identitarios entre ambos sexos, rondando este el 21% en cada uno. Estos datos pueden deberse a la necesidad de aportar un “sentido vital”, superar las “crisis existenciales” por las que los futuros militantes pasan a lo largo de sus vidas, especialmente en su juventud. Así se muestran más “vulnerables” a la ideología del salafismo violento y puede surgir como respuesta la necesidad de afirmación de una “identidad colectiva”.

Un repaso a los casos que involucran a mujeres yihadistas en España

La primera operación antiterrorista llevada a cabo en España y en la que fueron detenidas dos mujeres tuvo lugar en agosto de 2014, en la llamada operación “Kibera”. Las mujeres, una de ellas menor de edad, fueron interceptadas cuando trataban de salir de Melilla y entrar en Marruecos, desde donde pretendían llegar a Iraq y unirse al ISIS.

Posteriormente, en diciembre de ese mismo año, la Policía Nacional desmanteló una red yihadista dedicada al reclutamiento y captación de mujeres. Estos actos eran realizados por otras cuatro mujeres jóvenes a través de redes sociales como WhatsApp o Facebook.

Según las investigaciones éstas eran ágiles en internet y estaban muy radicalizadas y comprometidas con la causa. Su intención era la de llevar a las reclutadas a Siria e Iraq para que sirvieran como “guerreras yihadistas” al ISIS. En este caso el mensaje que transmitían estaba relacionado con las “crisis existenciales” que ocurrían en Occidente.

El año siguiente en el mes de abril era detenida una pareja en Turquía (ella, española, él, marroquí), tras haber huido de España unos meses antes con su bebé y con intenciones de unirse al ISIS, estando “plenamente integrados” en su ideología.

Unos meses más tarde, en julio, una joven fue arrestada tras haberse casado con un marroquí y haberse convertido al Islam. Ella se radicalizó a través de foros de internet y comenzó a realizar labores de adoctrinamiento. No obstante, no consiguió trasladar a ninguna de las diez chicas con las que mantenía el contacto.

En septiembre de 2015 también eran detenidas dos jóvenes: una de 18 años en Valencia y otra de 19 años en Girona. Ambas por realizar también labores de propaganda y adoctrinamiento a través de internet. Un mes más tarde se desarticulaba otra red de captación de voluntarios, especialmente mujeres, para enviarles al ISIS. De los cuatro detenidos, dos eran mujeres.

En octubre de ese año también se detenía a una mujer de 22 años de Huelva que se había convertido en secreto al Islam unos meses antes, engatusada por las palabras de tres combatientes del ISIS que le prometían una vida en el “paraíso de los hermanos”. Fue detenida intentando viajar a Turquía, sabiendo únicamente nociones básicas de árabe, reflejando así una “radicalización exprés”.

También en ese mismo mes se desarticulaba, en una operación conjunta entre las Policía Nacional y las autoridades marroquíes, una célula yihadista que se dedicaba a la captación de mujeres, pero también de hombres, para enviarlos a Siria e Iraq. Entre los captadores detenidos había dos mujeres. Un año más tarde, en noviembre de 2016, se detiene a otra mujer en una operación de la Policía Nacional, junto a otras tres personas, que formaban parte de una red terrorista dedicada al reclutamiento y adoctrinamiento de jóvenes y niños en Ceuta.

Posteriormente, en enero de 2017 la Guardia Civil detiene en Madrid a una mujer de nacionalidad mexicana por un presunto delito de adoctrinamiento, acusada de una “intensa labor de publicación y distribución de contenidos propagandísticos afines al terrorismo yihadista”. En febrero de ese año también se detiene a una mujer española de 36 años acusada de colaborar con el ISIS y realizar un intensa labor de propaganda yihadista. Tenía intenciones de llegar a zona sirio-iraquí con sus cuatro hijos.

En julio de 2017 resultan detenidas en el aeropuerto Madrid-Barajas dos mujeres que venían de Turquía y estaban casadas con combatientes extranjeros. Según declaró respecto a este caso el Ministerio del Interior, “el nivel de adoctrinamiento en el extremismo religioso hace de estas personas una amenaza potencial para la Seguridad Nacional. Su vinculación con miembros muy activos de la organización las convierte en elementos clave para ser utilizadas como “facilitadoras” para la organización terrorista en España.

El 23 de julio de 2019 la Guardia Civil detiene en Lugo a una mujer de 45 años que se había radicalizado y tenía intenciones de recrear los atentados de Barcelona con una furgoneta. En noviembre de ese año una mujer de 24 años es detenida en Valencia acusada de pertenecer a la organización yihadista y de haber realizado delitos de financiación y apología al terrorismo.

En el año 2020, la Policia Nacional lograba neutralizar una célula yihadista que se dedicaba también a reclutar y adoctrinar a mujeres que se uniesen a la ideología salafista para extender la religión y ser madres de los futuros muyahidines.

Y, por último, el pasado 1 de febrero la Policía Nacional desarrolló, en varias provincias de España, una operación en donde detuvieron a tres personas, siendo una de ellas una mujer. Todos acusados de haber colaborado en actividades de financiación del terrorismo a través de un complejo entramado empresarial, con el fin de enviar dinero a los combatientes terroristas extranjeros.

Una tendencia en aumento que no hay que perder de vista

A través de todos estos casos, en los que sólo se está mencionando lo ocurrido en España, se observa cómo tras la autoproclamación del ISIS, la presencia de las mujeres en actividades terroristas yihadistas parece haber ido en aumento.

Fue en 2019 cuando la Agencia para la Cooperación Policial Europea, EUROPOL, declaraba temer que el ISIS recurriera más aún a la participación femenina en el terrorismo yihadista. La organización perdió el territorio en Oriente Próximo y podría recurrir a las mujeres para su “repoblación”.

Es decir, no como combatientes en primera línea de batalla, sino como nuevas captadoras y reclutadoras, tal y como lo habían venido haciendo: adoctrinando a más mujeres que se sumergieran en la doctrina del salafismo yihadista y contribuir a crear las siguientes generaciones de terroristas mediante la “yihad sexual”.

Este hecho refleja también el error que se cometería en caso de menospreciar la figura de la mujer yihadista: el poder de captación que han demostrado tener constituye también la base de supervivencia del ISIS. Además el nivel de adoctrinamiento y sumisión de las mujeres yihadistas y su radicalización es igual de fuerte y puede llegar a ser tan interioridad como el del sexo opuesto. Si bien, el “empoderamiento” de la mujer yihadista no puede relacionarse con una situación de igualdad entre hombres y mujeres, sí se hace notar con respecto al terrorismo de Al Qaeda global.

Tal y como se extrae de la variedad de casos documentados en el artículo, las labores de las mujeres continúan siendo de propaganda, reclutamiento, adoctrinamiento, repoblación, labores domésticas y de atención al marido y sus descendientes, así como en actos suicidas que les lleven al martirio (aspecto apoyado por la organización al generar un mayor impacto).

Además, otro aspecto preocupante para las sociedades y que tampoco debe dejarse de lado es el hecho de que pueden llevar a cabo estas acciones sin ningún tipo de formación en el extranjero ni elevada financiación: pueden ser una amenaza para la seguridad nacional desde sus respectivos hogares.

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Lucía Delgado Parra

Graduada en Criminología por la Universidad Rey Juan Carlos. Colaboradora como psicóloga en prácticas en el Tratamiento para Delincuentes Sexuales Juveniles impartido en el Centro de Ejecución de Medidas Judiciales “Teresa de Calcuta”. Voluntaria en sesiones de justicia restaurativa impartidas en la Comunidad de Madrid.

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