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Israel acaba con un comandante de las fuerzas de élite de Hezbolá

Un ataque en el sur de Líbano acaba con Haidar Hashem, comandante naval de la unidad Radwan de Hezbolá.

El Ejército israelí confirmó la muerte de Haidar Hashem, comandante naval de la unidad Radwan de Hezbolá, durante un ataque aéreo cerca de Tiro, en el sur de Líbano. Según un comunicado de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), Hashem era responsable de transferir armas a Hezbolá por vía marítima y participó en la planificación de ataques navales contra Israel. «Las actividades de Hashem eran una amenaza para el Estado de Israel y sus ciudadanos, a la par que representaban una violación flagrante de los entendimientos entre Israel y Líbano», señalaron las FDI.

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El ataque ocurre en un momento de tensión constante, pese al alto el fuego acordado en noviembre, que exigía la retirada de tropas israelíes del sur de Líbano. Sin embargo, el gobierno de Benjamin Netanyahu anunció que mantendrá desplegadas fuerzas en cinco puestos dentro de territorio libanés. Esta decisión de Israel busca no ceder ante grupos como Hezbolá, al que acusa de «violar sistemáticamente los acuerdos mediante ataques continuos».

La ofensiva israelí contra Hezbolá llegó a su punto crítico en septiembre de 2024, con ataques en Beirut y otras zonas, en respuesta al lanzamiento de misiles por parte de la milicia chií en apoyo a Palestina y Hamás. Las FDI justifican estas operaciones como medidas preventivas contra las amenazas a su seguridad. «Responderemos con firmeza a cualquier intento de atacar nuestra soberanía», declaró un portavoz militar, asegurando que Israel actuará «sin restricciones geográficas» para neutralizar objetivos considerados de riesgo.

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China incrementa su gasto militar en defensa en un 7,2% por tercer año seguido

El gasto militar se eleva a 245.600 millones de dólares con los objetivos de desafiar a Estados Unidos, mejorar en la modernización bélica, conseguir la reunificación con Taiwán y apostar por el liderazgo en Inteligencia Artificial.

China aumenta su gasto de Defensa en un 7,2% por tercer año consecutivo, alcanzando los 245.600 millones de dólares, desestimando la propuesta estadounidense de recortar presupuestos militares de grandes potencias. El primer ministro Li Qiang declaró en la Asamblea Nacional Popular (ANP) que el país mantendrá sus esfuerzos para «mejorar la preparación para el combate y salvaguardar la soberanía nacional», calificando el gasto como «completamente necesario». Este incremento ocurre en un contexto de tensiones en el mar de China Meridional, ejercicios militares en el Pacífico y la reivindicación de Taiwán, que Pekín considera parte de su territorio.

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Li Qiang también reiteró la postura oficial sobre Taiwán. «Nos opondremos a las actividades separatistas y a las interferencias externas. Avanzaremos con firmeza en la causa de la reunificación». Estas declaraciones, respaldadas por aplausos en la ANP, reflejan la línea dura del presidente Xi Jinping, quien ha insistido en no descartar el uso de la fuerza para recuperar la isla. Xi también ha enfatizado la modernización militar para reducir la brecha con EE.UU. y prepararse para «hipotéticos enfrentamientos».

Objetivo del 5% de crecimiento

China mantuvo su objetivo de crecimiento económico del 5% para 2025, a pesar de reconocer el impacto de la guerra comercial con EE.UU., agravada por el regreso de Donald Trump. Li Qiang advirtió que el «unilateralismo y proteccionismo son un golpe a la estabilidad de las cadenas de suministro globales», refiriéndose a los aranceles mutuos. Aseguró que China tiene «ventaja institucional», un «mercado vasto con grandes recursos humanos» y «estrategias a largo plazo» para enfrentar estos desafíos.

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De igual modo, el gobierno chino prioriza el desarrollo de IA a gran escala, especialmente tras el éxito de DeepSeek, un modelo de bajo coste que compite con tecnologías estadounidenses. Yang Debin, delegado de Hong Kong, afirmó. «DeepSeek ha roto barreras y demostrado que no se necesitan inversiones millonarias». Li Qiang destacó que 2025 será clave para un «desarrollo explosivo» en este sector, posicionando a China como líder tecnológico.

En definitiva, este aumento militar de China se da mientras aumentan las acciones en el mar de China Meridional (rica en recursos) y Taiwán. Li reconoció la «gran complejidad del entorno exterior», pero insistió en que China no cederá ante las presiones. Además, las tensiones con EE.UU. se intensifican, con ambos países imponiendo aranceles y compitiendo en ámbitos estratégicos, desde la defensa hasta la tecnología.

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Masterclass | Analista internacional: perfil, funciones y salidas profesionales

Analista internacional: perfil, funciones y salidas profesionales

Masterclass organizada por LISA Institute

Quién participa

👤 Ricardo Gómez Laorga, director académico del área de relaciones internacionales y geopolítica en LISA Institute.

  • nivel profesional, anteriormente ha sido director del grado en ciencias de la seguridad en la Universidad Isabel I de Castilla, donde previamente fue coordinador del grado. Además, en esta institución desempeñó la docencia de varias materias relacionadas con la historia, la seguridad y la defensa y las relaciones internacionales. Actualmente, es director académico del área de relaciones internacionales y geopolítica en LISA Institute. Asimismo, es codirector de GEOPOL21, organización colaboradora de LISA Institute y especializada en la divulgación de las relaciones internacionales.
  • nivel académico, posee el grado en historia, el grado en relaciones internacionales y el grado en sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Ha realizado el máster en seguridad y defensa en la Universidad Nebrija y, actualmente, es doctorando en ciencia política y de la administración y relaciones internacionales en la Universidad Complutense de Madrid. Ha llevado a cabo diversas investigaciones relacionadas con las diferentes políticas de la Unión Europea, con especialidad en su política exterior, las cuales pueden ser consultadas en su perfil de Dialnet.

👤 Daniel Villegas (@DanielVillegas), director general de LISA Institute.

  • A nivel profesional, es fundador y director general de LISA Institute. Es asesor en materia de seguridad, inteligencia y ciberseguridad para diversas empresas e instituciones públicas, tanto en Europa como en América. A su vez, es consultor en proyectos para la OTAN, ONU y Unión Europea. Anteriormente, fue responsable de seguridad y análisis en la Unidad de Seguridad y Protección Civil de Metro de Barcelona.
  • A nivel académico, es licenciado en Criminología (UIC), graduado en Prevención y Seguridad Integral y Posgrado Superior en Gestión y Derecho de la Seguridad (EPSI), máster en Mundo Árabe e Islámico (UB), máster oficial en Terrorismo (UNIR), máster en Análisis de Inteligencia (UAB), máster en Cybersecurity Management (UPC), CISA y CSX (ISACA).

Qué aprenderás en esta masterclass

En un contexto de importantes cambios en el panorama político internacional, es crucial conocer cuáles son las oportunidades laborales que se pueden ofrecer en este ámbito. El campo de las relaciones internacionales ofrece un amplio abanico de oportunidades laborales. En un mundo globalizado donde la interconectividad y los cambios políticos y económicos afectan a todos los sectores, la demanda de analistas de relaciones internacionales es cada vez mayor.

Saber cuáles son las posibilidades para el analista internacional es fundamental para saber interpretar el mundo presente, así como la realidad prospectiva que se pueda vislumbrar. Todo ello, desde ámbitos diversos como la seguridad y la defensa, la inteligencia, la economía, la política o el derecho.

La masterclass «Analista internacional: perfil, funciones y salidas profesionales» está diseñada para ofrecer una visión clara y detallada de las diferentes oportunidades de empleo en este ámbito, proporcionando información clave sobre los sectores que más requieren estos perfiles, las habilidades más demandadas y estrategias para insertarse con éxito en el mercado laboral.

Además…

La masterclass «Analista internacional: perfil, funciones y salidas profesionales» forma parte de la serie de los más de 35 webinars en directo que LISA Institute y LISA News han organizado este 2023 en el contexto del Máster Profesional de Analista Internacional y Geopolítico de LISA Institute.

Si no quieres perderte otros eventos y actividades relacionados con la InteligenciaInternacionalDD HH y Ciberseguridad que van a ocurrir próximamente, pincha aquí.

Las claves de la estrategia de Rusia para desafiar a la OTAN y Occidente

La nueva realidad del conflicto ucraniano se ve influenciada por el reforzamiento de posiciones geopolíticas y militares rusas, así como por las negociaciones de paz. En este análisis, el alumni del Máster Profesional de Analista de Inteligencia de LISA Institute, Roberto Mansilla Blanco expone que la disuasión nuclear, el «deshielo» con la administración de Donald Trump y la persistencia de tensiones con la OTAN definen las bases de la nueva estrategia de seguridad de Rusia, aprobada en noviembre de 2024.

La posibilidad de alcanzar una negociación de paz en Ucrania se confirma con el clima de «deshielo» entre Washington y Moscú. Este clima se ha observado en las recientes rondas de contacto realizadas desde mediados de febrero en Riad y Estambul. Esto coloca sobre el tapete la nueva doctrina de seguridad, aprobada en noviembre de 2024 por el presidente ruso Vladímir Putin.

Esta nueva estrategia supone una revisión de la doctrina vigente desde 2012, que ha sido progresivamente contextualizada por la anexión de Crimea en 2014. También por los efectos de la guerra en Ucrania y la confrontación geopolítica con la OTAN.

Utilizando la disuasión nuclear como principal herramienta de poder y negociación, Moscú interpreta este contexto con mayor asertividad. Esto tomando en cuenta el cambio de enfoque, más condescendiente con sus intereses, por parte de la administración de Donald Trump. También considera la certificación de avances militares rusos en el frente ucraniano, a pesar del estancamiento global de este conflicto.

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Bajo este contexto, Putin pretende que se atienda una de sus principales demandas históricas: la creación de una nueva arquitectura de seguridad en Europa que contemple los imperativos geopolíticos rusos. Desde la desintegración de la URSS y el fin de la «posguerra fría», el Kremlin interpreta que Occidente ha desestimado su perspectiva de configurar una nueva arquitectura de seguridad con él.
La nueva doctrina de defensa rusa contempla principalmente esta histórica aspiración.

De 2012 a 2024: cambios en el contexto de las doctrinas de seguridad rusas

En mayo de 2012, poco después de su regreso a la presidencia tras el breve interregno de Dmitri Medveded (2008-2012), Putin impulsó una nueva doctrina de seguridad que fue posteriormente reformada en 2014. Aquí se propuso ampliar el gasto militar en 767.000 millones de dólares estadounidenses para los próximos 10 años

En noviembre de 2024, ocho meses después de obtener su quinta reelección presidencial desde 2000, el mandatario ruso aprueba una nueva estrategia de defensa. Por tanto, entre las doctrinas de seguridad de 2012 y 2024 hay un punto en común: ambas coinciden con nuevos períodos presidenciales de Putin.

La doctrina de 2012 establecía dos imperativos clave:

  • La posibilidad de emplear las fuerzas armadas fuera del territorio de la Federación rusa, con la finalidad de «defender sus intereses y la seguridad internacional». En este sentido, prioriza el imperativo geopolítico en torno a sus «esferas de influencia», en particular las poblaciones étnicas y rusoparlantes en países que pertenecieron a la URSS como Ucrania, los países bálticos y Georgia. Estos países, desde la desintegración soviética, gravitaron en torno a los intereses occidentales.
  • Rusia se reserva el derecho a emplear su arsenal nuclear para rechazar agresiones externas con armamento similar o contrarrestar las realizadas contra sus aliados. También se reserva el derecho a bloquear una acción bélica con otras armas de destrucción masiva.

Desde entonces, muchas cosas han cambiado. La rebelión del Maidán en Kiev (2013-2014) y la reorientación ucraniana hacia Occidente implicaron el proceso de reinserción de la provincia de Crimea a la Federación rusa en marzo de 2014. Esto también marcó el comienzo del conflicto en el Dombás, vigente hasta el momento.

Con Crimea bajo su soberanía, Rusia recobraba una vieja aspiración geopolítica: el control de gran parte del Mar Negro y la posibilidad de navegación de la flota rusa hacia aguas cálidas, vía estrecho de Dardanelos y mar Mediterráneo. Ese mismo año 2014, el Kremlin amplió una reforma de esa doctrina de seguridad, en la que identificaba por primera vez a EE. UU. y la OTAN como amenazas a su seguridad.

La invasión militar rusa de Ucrania en febrero de 2022 permitió a Moscú controlar aproximadamente un 20% del antiguo territorio ucraniano. Este control abarca las provincias de Donetsk y Lugansk (el Dombás), Zaporiyie y Mariúpol, con una mayoritaria presencia de rusoparlantes.

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Una aspiración militar estratégica de Moscú es fortalecer la toma de Járkov.
Esto permitiría crear un cinturón de seguridad y de presión hacia el centro (Kiev) y el sur de Ucrania. Especialmente hacia el apetecido puerto de Odessa en el Mar Negro.
Esto completaría el control ruso del Mar Negro.

En un contexto de incremento del apoyo militar estadounidense a Ucrania con la utilización de misiles balísticos, la nueva doctrina militar rusa de 2024 se resume igualmente en dos puntos clave:

1. Ampliación del concepto de agresión:

Cualquier ataque de un país miembro de una coalición militar, como la OTAN, contra Rusia o sus aliados (específicamente Bielorrusia) será interpretado como una agresión de toda la coalición atlantista. Esto amplía las condiciones para justificar una respuesta militar a gran escala, incluida la posibilidad del uso nuclear.

Esta disposición supone una especie de reproducción a escala rusa del artículo 5 de la Carta Fundacional de la OTAN. Este artículo contempla el principio de defensa colectiva en caso de ataque exterior a un país miembro.

2. Nuevas amenazas identificadas:

Se incluye por primera vez la posibilidad de emplear armas nucleares en caso de un ataque masivo con drones, misiles hipersónicos (Oreshnik ya probado en el frente ucraniano) y otras tecnologías avanzadas. Esto refleja la creciente importancia de estos elementos en los conflictos modernos.

Por otro lado, Rusia ha comenzado a producir en serie refugios móviles KUB-M.
Estos están diseñados para proteger a la población de explosiones nucleares, ondas de choque, radiación y otros peligros.

Estas estructuras multifuncionales, que tienen la apariencia de contenedores reforzados, pueden alojar hasta 54 personas durante 48 horas y ser transportadas fácilmente en camiones.

El estado de las fuerzas armadas en Rusia

Es necesario destacar que Rusia es el país con mayor armamento nuclear. De acuerdo al Stockholm International Peace and Research Institute (SIPRI), Rusia cuenta con 4.030 cabezas nucleares, de las cuales 2.822 son de carácter estratégico y 1.710 está desplegado en misiles balísticos tierra-mar.

Moscú también posee 1.558 cabezas nucleares tácticas (no estratégicas). La Federación de Científicos Estadounidenses confirma esa supremacía nuclear rusa, indicando que posee 5.889 ojivas nucleares por 5.244 de EE. UU. 

No obstante, también existen cuestionamientos sobre la fortaleza militar rusa. El experto en Fuerzas Armadas rusas, Pavel Luzin, considera que la retirada rusa del nuevo Tratado START de misiles balísticos intercontinentales supone un síntoma de debilidad militar para Moscú.

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Datos de diciembre de 2024 estiman que Rusia es la quinta fuerza militar global, con 1,15 millones de personal en servicio activo y 2 millones de personal de reserva. Aunque estas cifras no están completamente confirmadas, en términos de poder terrestre, Rusia posee 4.150 vehículos de combate de infantería, 1.800 tanques de batalla principales y 4.458 artillerías.

A pesar de las variaciones en sus estrategias militares, estos cuatro años de guerra han confirmado claramente las enormes disparidades en el equilibrio militar entre ambos contendientes.

Por otro lado, la popularidad de las Fuerzas Armadas rusas ha aumentado exponencialmente con la guerra en Ucrania. De acuerdo al Centro Levada, el nivel de apoyo a las acciones de las Fuerzas Armadas rusas en Ucrania es del 76% para noviembre de 2024. Este es precisamente el mes en que el Kremlin aprobó la nueva doctrina de seguridad.

Trazando las ‘líneas rojas’ con Occidente

Entre estos nuevos imperativos geopolíticos rusos destacan sus aspiraciones por alejar a la OTAN de las consideradas por Moscú como «esferas de influencia». Estas abarcan el espacio geográfico euroasiático y postsoviético, desde los países bálticos hasta el Cáucaso y Asia Central, con Ucrania como epicentro.

De este modo, bajo el contexto de la nueva estrategia de seguridad rusa, Bielorrusia se convierte en el aliado más firme de Rusia. Esto, para evitar cualquier tipo de ampliación o ataque preventivo por parte de la OTAN.

A finales de 2023, el presidente bielorruso, Aleksandr Lukashenko, incluso aceptó el despliegue del arsenal táctico nuclear ruso en bases militares de territorio bielorruso. En diciembre pasado, Putin y Lukashenko firmaron un acuerdo de despliegue de armamento militar ruso y de misiles hipersónicos en territorio bielorruso. La sintonía entre Moscú y Minsk es un factor estratégico a tomar en cuenta en esta nueva doctrina militar rusa.

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Por otro lado, el control militar, político e institucional ruso tras las anexiones territoriales en Crimea (2014), Donetsk, Lugansk, Zaporiyie y Mariúpol, su nuevo encaje legal dentro de la Federación rusa (2023), abre el compás para que el Kremlin diseñe una nueva estrategia de seguridad. Junto con Bielorrusia y el enclave de Kaliningrado, estas regiones, anteriormente bajo soberanía ucraniana, tendrán un peso específico en la nueva arquitectura de seguridad rusa.

De este modo, y a la espera de cómo se darán esas negociaciones en Ucrania, Rusia pretende conseguir un acuerdo formal por parte de Occidente. Trazará definitivamente sus «líneas rojas» para asegurar compromisos tangibles para su seguridad, en particular abortar cualquier expansión occidental y de la OTAN hacia sus esferas de influencia (Ucrania). Esto podría implicar el despliegue de armamento nuclear. Con ello, Moscú aspira a poner fin a décadas de desencuentros con Occidente en esta etapa de «posguerra fría postsoviética».

Con su nueva doctrina de seguridad, el mensaje de Putin parece orientarse a una premisa: evitar reproducir lo que el Kremlin considera las promesas vacías occidentales de 1991 tras la desintegración de la URSS en lo relativo a la expansión de la OTAN hacia el Este europeo y el espacio ex soviético. Aquí entran tres piezas claves: Ucrania, Georgia y ahora Armenia, que han manifestado sus intenciones de ingreso en la UE y la OTAN. 

Ucrania, Georgia, Armenia y Rusia

En noviembre pasado, Moscú logró neutralizar la posibilidad de una orientación pro occidental georgiana. Bruselas abrió en 2023 las negociaciones de admisión del país caucásico, pero Moscú intervino a través de unas elecciones legislativas muy controvertidas y polarizadas. Por otro lado, tras salir de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), Armenia confirmó su aspiración de iniciar negociaciones de admisión a la UE y la OTAN.

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Por el contrario, los recientes acuerdos de Rusia con Corea del Norte e Irán refuerzan esa perspectiva del Kremlin de asegurar sus posiciones defensivas vía nuevos aliados militares y económicos, ampliando así sus socios exteriores.

En el caso norcoreano, existe una cláusula de apoyo militar mutuo que ha involucrado a Pyongyang como uno de los principales suministradores de artillería para las tropas rusas en Ucrania. También se ha confirmado el envío de unos 12.000 efectivos militares, según fuentes occidentales. En el caso iraní no existe cláusula alguna de cooperación militar; no obstante, Teherán provee de drones a las tropas rusas en el frente ucraniano.

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Vistos estos cambios en la doctrina militar rusa, es pertinente abordar algunas interrogantes:

  • ¿Está Rusia capacitada para una ampliación de operaciones militares más allá de Ucrania, y específicamente contra la OTAN?
  • ¿Se apaciguará Putin si logra sus objetivos en una negociación sobre Ucrania, asegurando sus conquistas territoriales y bloqueando el ingreso de Kiev en la OTAN?
  • El «deshielo de Trump» con Putin, ¿busca socavar la potencialidad del eje sino-ruso, intentando alejar a Moscú de Beijing, su principal aliado estratégico en este marco de tensiones y hostilidad occidental?

La transformación hacia una ‘economía de guerra’ en Rusia

Asimismo, la guerra en Ucrania y la tensión permanente con la OTAN han provocado una transformación significativa dentro de las Fuerzas Armadas rusas. Se ha prestado especial atención al proceso de «militarización» de sectores estratégicos de la economía rusa, con fines tanto bélicos como preventivos.

En palabras de Kirill Dmitriev, director del Fondo de Inversiones Directas y considerado el «cerebro gris» de la economía de guerra de Rusia, «hay una nueva lógica» en cuanto a la estrategia de seguridad rusa y la utilización de recursos económicos.

Esta perspectiva ya fue adelantada en mayo de 2024. El Kremlin designó al economista y tecnócrata Andréi Beloúsov como nuevo ministro de Defensa. Esto ocurrió en el marco de la reordenación gubernamental llevada a cabo con Putin, tras obtener en marzo de 2024 un nuevo período presidencial hasta 2030. El asesor presidencial para Asuntos Internacionales, Yuri Ushakov, ha confirmado este nuevo giro.

Más allá de lo que suceda con las negociaciones en Ucrania, Moscú ya gasta más en defensa que la UE y Reino Unido juntos, de acuerdo al último informe de balance militar publicado por el International Institute for Strategic Studies (IISS). Según sus cálculos, el gasto en Defensa de Rusia se disparó un 42% en precios reales en 2024, hasta alcanzar los 13,1 billones de rublos, el equivalente a USD 462.000 millones calculados en paridad de poder adquisitivo. 

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Por su parte, el presupuesto agregado de todos los países de la Unión Europea y el Reino Unido da un resultado USD 4.000 millones superior. En concreto, los países europeos gastaron 457.000 millones de euros el pasado año, un incremento del 12%.

Un gasto europeo combinado inferior al de Rusia, junto con el estancamiento económico, dificulta el aumento del gasto militar. En algunos casos, hay países con onerosas deudas públicas. Esto confirma las contrariedades de la UE para continuar respaldando a Ucrania. Esto se complicaría si se reduce o desaparece el apoyo militar de EE. UU.

El IISS calcula que Rusia elevará su gasto total en Defensa un 13,7% adicional, hasta alcanzar los 15,6 billones de rublos. Esto dejaría el presupuesto militar del país en el 7,5% de su PIB y casi en el 40% del gasto federal ruso. Unas cifras que son difícilmente sostenibles a largo plazo. Pero que en ningún caso han provocado el colapso de su economía en el corto plazo, echando por tierra las previsiones occidentales.

En este sentido, Moscú ha seguido exportando petróleo sorteando las sanciones. Esto le ha permitido sostener su maquinaria bélica al menos el tiempo necesario para culminar la guerra.

Su potencialidad nuclear también le ha permitido ampliar y diversificar sus socios exteriores, especialmente en el considerado sur global. Según el IISS, «Rusia todavía puede soportar el gasto de la guerra». No obstante, el gasto militar ruso representa poco más que el 8% del gasto de la OTAN.

Por otro lado, existen otras perspectivas que contradicen el desempeño real de la economía rusa y su capacidad para mantener el esfuerzo bélico en Ucrania. Esto podría persuadir al Kremlin a permitir las negociaciones como un paréntesis, con la intención de recuperar fortaleza económica y militar.

En este sentido, a Rusia le interesaría poner fin a la guerra debido a los síntomas de deterioro de su cuadro macroeconómico. Además, el Ejército ruso podría estar atravesando problemas de aprovisionamiento para mantener la misma intensidad de combate.

Asimismo, el coste de los salarios de los militares en el frente (unos USD 3.000 mensuales) es ocho veces superior al salario medio en el interior ruso. Rusia despliega unos 570.000 soldados en territorio ucraniano. Si bien no existen datos completamente fiables, en 2024, el promedio mensual de personal militar fuera de combate se situaba entre 30.000 y 35.000 hombres por cada bando

La legitimación social: la Rusia ‘patriótica’ que quiere Putin

La nueva doctrina de seguridad implica otro proceso orientado a su legitimación dentro de la sociedad rusa: fortalecer la perspectiva de una Rusia «patriótica» que vuelve a pisar fuerte en el escenario global.

Mientras las negociaciones de paz para Ucrania dominan la atención internacional, el Kremlin avanza en una decidida agenda de revisionismo histórico y una nueva narrativa nacionalista. Esto con elevados visos de popularidad interna. El Kremlin también se esfuerza por «suavizar» la imagen exterior de Putin, pasando del presidente «belicista» al «pacifista», como se ha comprobado en varias frases de sus discursos desde comienzos de 2025.

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El Kremlin potencia este revisionismo historiográfico como herramienta efectiva de poder dentro de la sociedad rusa. Lo hace al configurar una nueva narrativa nacionalista, fortalecida por los avances militares y la adquisición de nuevos territorios en Ucrania. Este proceso incluye el regreso a la «Madre Rusia» de las poblaciones rusoparlantes del Este ucraniano, recreando la idea geopolítica zarista de Novarrusia, y su integración como «nuevos rusos». Además, se mantiene la permanente confrontación con Occidente, especialmente EE. UU. y la OTAN, y la capacidad rusa de resistir este pulso.

Con ello, el Kremlin se esfuerza por preparar ideológicamente a la sociedad hacia una nueva narrativa que justifique e incluso glorifique el esfuerzo militar en Ucrania.
Esto se presenta como un atenuante ante la permanente hostilidad occidental. Así, los avances militares y el hecho de sostener la posición de evitar el ingreso ucraniano en la OTAN son interpretados (con obvia certeza) como un triunfo geopolítico ruso logrado en el campo de batalla.

Las reminiscencias de la «Gran Guerra Patriótica», la victoria contra el nazismo y el fascismo en la II Guerra Mundial, completan este cuadro de revisionismo histórico «patriótico». Este revisionismo busca recuperar el orgullo y la identidad rusa.

Con todo, y en caso de alcanzarse un acuerdo pacificador en Ucrania, esta campaña propagandista del Kremlin también habrá surtido sus efectos. Esto a la hora de proyectar una imagen conciliadora, diplomática y moderada de Putin, un aspecto que personalmente le interesa al presidente ruso.

La conversión «patriótica» también está reordenando las piezas políticas en Moscú, amparando a nuevas élites «patrióticas» emergentes. Estas desplazan del centro de poder y de la popularidad ciudadana a aquellos oligarcas rusos. Ellos, desde el exterior, se han alejado del Kremlin y denunciado la guerra en Ucrania.

Este proceso abre una nueva geometría de poder en Rusia, que podría arrojar claves prospectivas sobre la consistencia y perdurabilidad del sistema de poder instaurado por Putin, más allá de la finalización de su actual mandato en 2030.

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¿Cómo es el proceso para abandonar la OTAN?

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) es una alianza militar intergubernamental creada en 1949 con el propósito de garantizar la seguridad colectiva de sus miembros a través de la cooperación en defensa y la disuasión ante amenazas externas. Su principio fundamental se basa en el Artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, que establece que un ataque contra uno de sus miembros será considerado un ataque contra todos. Originalmente formada por 12 países, la OTAN ha crecido hasta incluir más de 30 naciones, adaptándose a los cambios geopolíticos y expandiendo sus funciones hacia la gestión de crisis, la lucha contra el terrorismo y la seguridad cibernética. El artículo 13 establece el procedimiento para que un país abandone la OTAN, un proceso que requiere ciertos pasos.

Abandonar la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) implica un procedimiento jurídico preciso definido en el Artículo 13 del Tratado fundacional de 1949, única fuente vinculante para este proceso. Según dicho artículo, un país miembro que desee retirarse solamente debe emitir una notificación formal de denuncia al Gobierno de Estados Unidos, designado como depositario del tratado. El país que desea abandonar no tiene ningún requisito. El único que recoge el artículo 13 exigía que debían haber pasado veinte años de vigencia de tratado, algo que ya se cumplió en 1969En consecuenciala comunicación activa un plazo de espera de doce meses antes de que la salida sea efectiva. Asimismo, el texto especifica que Estados Unidos debe transmitir el aviso a todos los Gobiernos de los países aliados, garantizando transparencia durante todo el proceso.

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Sin embargola OTAN no contempla mecanismos para expulsar a un Estado miembro, lo que convierte la decisión en algo exclusivo del país solicitanteAdemás, durante el año de transiciónel Estado sigue sujeto a las obligaciones del tratado, incluyendo el compromiso de defensa mutua del Artículo 5. Por ejemplo, si una nación iniciara el proceso de retirada, debería mantener su participación en operaciones colectivas hasta el último día de su membresíaEste requisito asegura que la seguridad aliada no esté comprometida durante la transición.

Ningún país ha abandonado la OTAN

A pesar de la claridad del marco legalningún país ha ejecutado el proceso de denuncia formal para abandonar la OTAN desde la fundación de la alianzaTal como señala el Artículo 13el derecho a retirarse existe, pero su aplicación sigue siendo un escenario hipotéticoCuriosamenteel tratado tampoco exige una justificación explícita para la salida, limitándose a requerir el cumplimiento del plazo y la notificaciónEn otras palabrasun miembro podría abandonar la OTAN sin explicar motivos, aunque esta opción contradiría la lógica de cooperación estratégica que sustenta la alianza.

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Finalmente, durante el proceso de salida es importante mencionar la importancia del Gobierno estadounidense como salvaguarda jurídicoTras recibir la notificaciónlos Estados Unidos deben informar al resto de miembros, cerrando así el ciclo formal de abandono del aliado. Este mecanismo, aunque sencillo en teoría, refleja la interdependencia institucional. Aunque la salida de un aliado alteraría el equilibrio geopolítico, la puerta sigue abierta por si acaso. Como resume el tratado, «cualquiera de las Partes podrá dejar de serlo, un año después de haber notificado su denuncia».

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Yuji Iwasawa elegido nuevo presidente de la Corte Internacional de Justicia

El juez japones asume la presidencia del principal órgano judicial de la ONU, con sede en La Haya, encargado de resolver disputas entre Estados y emitir opiniones consultivas sobre cuestiones jurídicas internacionales.

El juez japonés Yuji Iwasawa ha sido elegido el lunes 3 de marzo de 2025 como nuevo presidente de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), sustituyendo al magistrado libanés Nawaf Salam, quien renunció en enero para liderar el gobierno de su país. Según un comunicado de la CIJ, Iwasawa ocupará el cargo hasta febrero de 2027, fecha que marcaba el fin del mandato original de Salam. Este cambio se produce mientras la corte aborda casos de alto perfil, como la denuncia de Sudáfrica contra Israel por presunto genocidio en Gaza.

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La elección de Iwasawa coincide con decisiones recientes de la CIJ que exigen a Israel tomar «todas las medidas» para proteger a la población palestina y declarar que su política de asentamientos viola el derecho internacional. La Corte Internacional de Justicia (CIJ) es el principal órgano judicial de las Naciones Unidas, establecido en 1945 y con sede en La Haya (Países Bajos). Su labor consiste en resolver disputas legales entre Estados miembros de la ONU mediante sentencias vinculantes. Aborda conflictos territoriales, violaciones de tratados o cuestiones de soberanía. Además, emite opiniones consultivas sobre cuestiones jurídicas planteadas por órganos de la ONU, aunque estos dictámenes no son obligatorios. La CIJ actúa como garante del derecho internacional público, asegurando la aplicación de normas como la Carta de la ONU, y sus decisiones buscan fomentar la solución pacífica de disputas entre naciones.

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¿Qué implica para Ucrania la suspensión de la ayuda militar de Estados Unidos?

Análisis de las consecuencias para Ucrania del posible fin de la ayuda militar de Estados Unidos contra Rusia. Se expone lo aportado por Estados Unidos y Occidente desde el principio de la guerra y si Europa puede suplir la aportación de Washington en caso de no alcanzar un acuerdo de paz.

La decisión de la administración Trump de suspender toda ayuda militar a Ucrania marca un punto de inflexión crítico y una medida de presión sin precedentes para Kiev, cuyas repercusiones se sentirán en el frente de batalla. Desde su toma de posesión en enero de 2025, el presidente estadounidense ha endurecido progresivamente su postura hacia Ucrania, condicionando el apoyo a un compromiso explícito con negociaciones de paz que Zelenski considera incompletas al no tener garantías de seguridad de otro ataque ruso en el futuro. Este pulso diplomático alcanzó su máxima tensión a principios de marzo. El día 28 de febrero, Zelenski no suscribe el acuerdo de minerales con Estados Unidos. A partir de ahí, Trump ordenó congelar envíos en armas y municiones y ordenó la suspensión de toda ayuda militar. Este ultimátum tendría como objetivo forzar concesiones ucranianas.

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El impacto inmediato recae en la capacidad defensiva de Ucrania, que hasta ahora dependía en un 30% del equipamiento estadounidense, según datos del Center for Strategic and International Studies (CSIS). Aunque Europa mantiene 40.000 millones de dólares en ayuda militar pendiente, el ritmo de entrega no compensa la urgencia. Los misiles de fabricación estadounidense, por ejemplo, tardan hasta 24 meses en producirse. Mientras tanto, fuentes del Institute for the Study of War advierten que Putin podría explotar esta ventana de vulnerabilidad para aumentar las ofensivas, repitiendo la estrategia de 2024 cuando algunos retrasos en la ayuda occidental permitieron avances rusos. No obstante, Ucrania no se queda de brazos cruzados. Como asegura Asia Times, ha multiplicado su producción doméstica de drones hasta superar el millón anual, un dato que Zelenski celebró como su «mejor argumento para la paz».

Lo que ha aportado Estados Unidos

Estados Unidos ha inyectado 65.900 millones de dólares en asistencia militar a Ucrania desde febrero de 2022, según datos del Departamento de Defensa, convirtiéndose en el principal proveedor de armamento occidental y muy por encima del segundo, Alemania (17.000 millones aprox.). Esta cifra incluye desde sistemas de defensa aérea Patriot y NASAMS (capaces de interceptar misiles balísticos) hasta 3.000 misiles Stinger y 10.000 lanzadores Javelin. Además, la artillería juega un papel clave. En total se han enviado 200 obuses de 155 mm con tres millones de proyectiles, suficientes para sostener meses de combates intensos, complementados con 700.000 morteros y 72 lanzacohetes HIMARS. Sin embargo, el apoyo no se limita a armas: 300 vehículos blindados Bradley5.000 Humvees y 20 helicópteros Mi-17 han reforzado la movilidad en el frente desde 2022.

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El mecanismo de entrega combinaba velocidad y planificación a largo plazo. Por un lado, la Presidential Drawdown Authority (PDA) permitía enviar equipos directamente de los arsenales estadounidenses (72 envíos desde 2021), como los 1.000 millones en defensa antiaérea aprobados en enero de 2025. Por otro lado, la Ukraine Security Assistance Initiative (USAI) firmaba contratos con la industria bélica para reponer existencias y desarrollar nuevas capacidades, con 6.000 millones destinados a municiones avanzadas en 2024. Aunque inicialmente hubo restricciones (como prohibir el uso de misiles ATACMS en suelo ruso que luego Biden permitió a final de su mandato), desde junio de 2024 se permiten ataques transfronterizos cerca de Járkov. Así, mientras los Bradley blindados protegen a las tropas, los drones Switchblade (de los que se han entregado miles) ofrecen vigilancia y precisión.

¿Puede Ucrania resistir sin Estados Unidos?

La capacidad de Ucrania para resistir a Rusia sin ayuda estadounidense depende de tres factores. El primero, el volumen de armamento europeo, la velocidad de entrega y la adaptación. Hasta marzo de 2025, la UE ha comprometido 48.700 millones de euros en asistencia militar directa (según datos del Consejo Europeo), complementados con un nuevo paquete de 20.000 millones propuesto por la alta representante Kaja Kallas para compensar el vacío dejado por EE.UU. Sin embargo, el desafío no es solo financiero. Europa debería acelerar la producción de municiones (actualmente en 28.000 proyectiles mensuales, muy por debajo de los 60.000 aproximados que consume Ucrania semanalmente) y resolver cuellos de botella logísticos.

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Entre ellos, la falta de trenes adaptados para transportar tanques Leopard. Aunque países como Polonia y Alemania han duplicado sus envíos de obuses de 155 mm, la industria bélica europea tarda 18 meses en fabricar un solo lanzador HIMARS, un ritmo incompatible con la urgencia del frente. Las debilidades técnicas podrían compensarse con innovación. Por ejemplo, los sistemas antiaéreos NASAMS noruegos (que neutralizan el 94% de los drones rusos) y los drones Bayraktar TB2 turcos demuestran que Europa posee tecnología efectiva, aunque a menor escala. Asimismo, la Misión de Asistencia Militar Europea (EUMAM) ha entrenado a 80.000 soldados ucranianos desde 2022, mejorando su interoperabilidad con equipos occidentales.

Los cinco mayores asistentes a Ucrania / Extraído de: RTVE / Fuente: Kiel Institute for the World Economy

No obstante, hay dos carencias irreemplazables. En primer lugar, la inteligencia satelital estadounidense (que proporciona el 70% de los datos para ataques de precisión) y los sistemas Starlink, vitales para las comunicaciones en campoSin ellos, Ucrania perdería la capacidad para ejecutar contraofensivas coordinadas. Sin embargo, podría mantenerse a la defensiva aprovechando su producción doméstica de drones (1,2 millones anuales), el despliegue de 300.000 soldados europeos adicionales y el aumento de gasto de unos 250.000 millones de euros anuales, propuesto por los think tanks Bruegel e Instituto Kiel para disuadir a Rusia.

Europa supera la ayuda financiera y humanitaria estadounidense, aunque habría un gran vacío

Si hay algo que Europa ha demostrado es la capacidad superior a Estados Unidos en movilizar ayuda financiera y humanitaria para Ucrania, un hecho respaldado por cifras. Según el Instituto Kiel, los países europeos (incluyendo a la UE y países miembros, Reino Unido y Noruega) han comprometido en total 132.000 millones de euros (55% aprox.) hasta 2025 frente a los 114.000 millones de Estados Unidos aportados para ayuda militar, financiera y humanitaria desde el comienzo de la contienda (45% aprox.). El Mecanismo para Ucrania de la UE prevé además 50.000 millones de euros hasta 2027 para reconstrucción y 28.200 millones en asistencia macrofinanciera entregados desde 2022 para cubrir gastos básicos del Estado ucraniano.

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Además, la UE ha desplegado una red logística sin precedentes. Entre ellos, 154.000 toneladas de suministros médicos y energéticos enviados a través de centros en Polonia, Rumanía y Eslovaquia, junto al traslado de pacientes a hospitales europeos. En el ámbito humanitario, Europa aporta en torno al 70% de los fondos mundiales, con 1.870 millones de euros asignados para 2025 por la Comisión Europea, frente a los 2.600 millones acumulados por Estados Unidos desde 2022. Sin embargo, la paralización de Estados Unidos en estas áreas financieras y humanitarias dejaría también un vacío evidente y difícil de costear por Europa.

La clave del porqué hay mayor ayuda europea en ayuda humanitaria está en la arquitectura institucional. Mientras EE.UU. depende de aprobaciones del Congreso (paralizadas en 2025 por Trump), la UE activó instrumentos como el Fondo Europeo de Apoyo a la Paz, que movilizó 6.100 millones hasta 2024, y el Fondo de Ayuda a Ucrania, con 5.000 millones adicionales. Sin embargo, esta ventaja no se traslada al ámbito militar. Así, mientras los europeos garantizaban mayor estabilidad económica y atención a civiles, los estadounidenses mantenían su hegemonía en el campo de batalla. Ahora, el futuro incierto prevé que una paralización de ayuda estadounidense mermaría a Ucrania en los ámbitos militar, financiero y humanitario, aunque el que mayor saldría perjudicado sería el militar.

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¿Por qué Ucrania sigue en la misma encrucijada después de tres años en guerra?

En marzo de 2025, Ucrania se enfrenta a un futuro incierto mientras se negocian los términos de paz con Rusia. Con la guerra aún en curso, las potencias occidentales buscan equilibrar la presión militar y económica. En este artículo, la alumni del Máster Profesional de Analista Internacional y Geopolítico de LISA Institute, Inmaculada Herrera, analiza cómo los líderes europeos ultiman los detalles para garantizar la soberanía de Ucrania y frenar la expansión rusa.

Desde el mismo día del inicio de la guerra, Zelenski solicitó ayuda para poder concluirla cuanto antes. El 28 de febrero de 2022 comenzaron unas negociaciones en las que se expusieron las diferentes posturas que terminaron con el levantamiento de Rusia de la negociación, cuando estaban a punto de llegar a un acuerdo. 

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Esta ha sido la última negociación en la que las dos partes han enfrentado sus posturas. Desde el inicio, Turquía e Israel ejercieron de mediadores neutrales y, con el consenso de Estados Unidos, Alemania y Francia intentaron un esfuerzo de paz. Los esfuerzos mediadores de Turquía e Israel, consiguieron que los ministros de exteriores, Lavrov y Kuleba llegaran a reunirse.

Primer intento de paz en Ucrania

La invasión rusa dio comienzo el 24 de febrero de 2022. Ese mismo día, el propio Zelenski, solicitó a Emmanuel Macron que intercediera ante Rusia. El 28 de febrero se produjeron reuniones de equipos negociadores en Bielorrusia y después en Turquía, ejerciendo como mediadores tanto Turquía como Israel. La posición rusa pasó de solicitar la rendición a solicitar la neutralidad ucraniana; por su parte, Kiev buscaba la garantía de seguridad de un tercero para evitar nuevos conflictos. Desde el 28 de febrero hubo siete consultas que culminaron en marzo con un comunicado conjunto:

  • Ucrania sería un estado neutral no nuclear.
  • Recibiría garantías del Consejo de Seguridad de la ONU, además de Canadá, Alemania, Israel, Polonia y Turquía en caso de agresión.
  • Proceso de consulta de 15 años sobre el estatus de Crimea.
  • Derecho a retomar los oblast de Lugansk y Donetsk por parte de Ucrania.
  • La no entrada de Ucrania en la OTAN.
  • Rusia se comprometía a reducir sus actividades militares cerca de Kiev y a permitir una vía para el acceso de Ucrania en la UE.

Otras medidas añadidas eran la capacidad futura de las Fuerzas Armadas ucranianas. También se incluía la prohibición del despliegue de armamento extranjero en suelo ucraniano y la distancia del despliegue de misiles.

Por su parte, Rusia exigía la prohibición del «fascismo, el nazismo, neofascismo y nacionalismo agresivo». También pedía la derogación de algunas leyes posteriores a la II Guerra Mundial sobre memoria histórica relacionadas con el nacionalismo ucraniano.

Además, añadía la exigencia de unanimidad de todos los estados garantes de la integridad ucraniana para intervenir en el futuro. Mientras tanto, del lado ucraniano se pedía un criterio de independencia individual de cada Estado para garantizar esa paz.

¿Por qué fracasó?

Tras la reunión de los ministros de exteriores, era evidente que las partes habían avanzado lo suficiente como para llegar al fin del conflicto. Sin embargo, el 9 de abril de 2022, Boris Johnson decidió viajar a Kiev con el mensaje de que Putin es un criminal de guerra y no debería sentarse a negociar. Al tiempo que le transmite que los miembros de la OTAN, no están dispuestos a respaldar la garantía de seguridad ofrecida. 

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Rusia finalmente se levantó de las negociaciones. Es aquí donde se produce un giro en el camino de la paz. Por un lado, Estados Unidos estaba muy interesada en una Rusia debilitada, tanto por la guerra como por las sanciones comerciales. Por otro lado, tampoco deseaba adquirir un compromiso que pudiera llevarla a un enfrentamiento directo con Rusia a través de Ucrania.

En aquel momento, Ucrania estaba consiguiendo victorias militares. Además, las masacres de Bucha e Irpin le daban el respaldo moral que necesitaba para salir victoriosa de la fracasada negociación. A partir de este momento, la posición ucraniana sobre el conflicto se endurece notablemente. Johnson sale de Kiev con el compromiso de inyectar 630 millones de libras en ayudas.

El 21 de abril, Estados Unidos anunció ayuda militar por importe de 800 millones de dólares. A partir de este momento, tanto el apoyo militar como las ayudas financieras a favor de Ucrania para el mantenimiento de la guerra se sucederán. Esta situación continuará hasta la actualidad.

Con posterioridad, ha habido otras cumbres y reuniones en las que, si bien se ha tratado el tema de Ucrania de forma principal o asociada, los acuerdos alcanzados se centraron en la cantidad de dinero o armamento con los que intentar equilibrar el conflicto. Todos los esfuerzos de Zelenski se han ido centrando en la consecución de armamento y apoyo militar. Su objetivo ha sido hacer frente a la guerra y convertir en aliados a los diferentes países, buscando el aislamiento de Rusia.

Cronología actual de la guerra en Ucrania

El viernes 28 de febrero de 2025, justo tres años después del comienzo de la guerra, se debía firmar un acuerdo bilateral entre Ucrania y Estados Unidos sobre la utilización de las tierras raras ucranianas por los norteamericanos. Este acuerdo debía suponer una compensación por los miles de dólares invertidos desde el inicio de la guerra. Los altos mandatarios de ambos países escenificaron, frente a las cámaras de televisión, argumentos y reproches que deberían haber sido resueltos por las delegaciones diplomáticas antes de llegar al momento de la firma. De manera muy abrupta, la firma no se produjo.

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La firma del acuerdo Trump/Zelenski, hubiera planteado la incómoda realidad de un principio del fin de la guerra no consensuado con los socios europeos por parte de Estados Unidos. La imagen de una Europa ninguneada tras los enormes esfuerzos realizados durante este tiempo era muy desalentadora. Por otro lado, Zelenski se presentaba a la firma de un acuerdo bilateral que, si bien se antojaba muy desigual, traicionaba a sus socios europeos, no haciéndoles partícipes ni en el acuerdo, ni en la firma, ni en el contenido. Posiblemente, tampoco contaba con mayores márgenes.

2 de marzo de 2025: la reunión en Londres

Tras la abrupta salida del líder ucraniano de Washington. Londres y su Primer Ministro, han sido el refugio del Primer Mandatario, donde gran parte de los países de la OTAN, así como Ursula von der Leyen y el presidente del Consejo Europeo. Se han reunido para sentar las bases sobre las que Ucrania y Europa estarían dispuestas a negociar un acuerdo que culminará en un futuro en la paz. Estas bases se centran en cuatro puntos:

  1. Mantener el flujo de ayuda militar a Ucrania mientras la guerra continúa y aumentar la presión económica sobre Rusia.
  2. Cualquier paz duradera debe garantizar la soberanía y seguridad de Ucrania, y Ucrania debe estar presente en cualquier negociación de paz.
  3. En caso de acuerdo de paz, los líderes europeos trabajarán para disuadir cualquier futura invasión de Rusia en Ucrania.
  4. Se establecerá una «coalición de voluntarios» para defender a Ucrania y garantizar la paz en el país.

Las cuestiones básicas que se plantean son dos, por un lado, ¿cómo continuar con el apoyo militar y hasta cuándo? y, por otro, ¿habrá merecido la pena?

Respecto de la primera cuestión, surgen nuevas dudas. El apoyo norteamericano. Continuar el apoyo actual no parece probable. Una limitación del apoyo permitiría alargar el conflicto, pero Trump ya ha dejado clara su voluntad de preservar el bolsillo de los norteamericanos y una tercera posibilidad sería dejar un apoyo testimonial que le permitiera dar cobertura satelital con poca más implicación y seguir dentro del conflicto.

Su objetivo es quedarse con las tierras raras con las que contaba de manera casi inmediata el día 28 de  febrero. La industria no descansa. Cualquier posición que adopte no le apartará fácilmente de apropiarse a modo de compensación de las tierras raras. 

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La siguiente pregunta es: ¿hasta cuándo? Decidir el momento en el que Ucrania esté lo suficientemente preparada para sentarse a negociar con Moscú. Preparar ese escenario va a necesitar, sin lugar a dudas, un compromiso mucho mayor al realizado hasta ahora por los países europeos, con el consiguiente riesgo de escalada e implicación y tiempo.

El incremento de los presupuestos de defensa, la compra de armamento e incluso la posibilidad de crear un ejército europeo son una necesidad perentoria para salvar los próximos cuatro años de mandato Trump en los que occidente se va a encontrar casi solo o completamente solo para defender sus amenazas y evitar el colapso de la OTAN. Además, pondrá a prueba las capacidades de liderazgo externo e interno de los distintos mandatarios. Pero todo ello no es inmediato. El peor escenario posible es la salida norteamericana de la organización.

 La «coalición de voluntarios» no deja de ser un eufemismo para evitar un choque directo occidental con Rusia. ¿Estamos preparados para recibir a esos voluntarios de vuelta en cualquier condición?

Hay que tener presente que tanto Rusia como China están observando los acontecimientos. A la vista de estos puntos del acuerdo, cabe preguntarse si, respecto de las condiciones que hoy se plantean, son mejores que aquellas que se desaprovecharon al inicio de la guerra.

Es evidente que los mandatarios reunidos en Londres, han despertado y tomado las riendas para que el fin de la OTAN no quedara escenificado el 28 de febrero y han aprovechado para tomar conciencia de la necesidad de una Defensa Europea. Por otro lado, asumen innumerables riesgos que, pasado este momento inicial, han de traducir a los ciudadanos de los respectivos países, así como demostrar voluntad de ejercer liderazgos reales que les van a implicar tanto tomar decisiones difíciles como asumir las consecuencias.

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En 2022 se tuvo la oportunidad de alcanzar la paz y, si bien las medidas que trascendieron, se podrían intentar reproducir en futuras conversaciones. Es importante destacar, que la tercera medida excluye a Estados Unidos como garante de las fronteras ucranianas en un futuro. En esta ocasión la gran damnificada es la ONU, a la que ni se la menciona. El escollo de un posible enfrentamiento directo de Estados Unidos arrastrado por el conflicto en un tercer país fue un problema esgrimido en las primeras negociaciones.

Con base en este «singular matiz» han transcurrido tres años de guerra en los que la industria del armamento ha crecido espectacularmente, se han reconfigurado los mercados energéticos y Europa ha vivido el mayor movimiento migratorio tras las ll Guerra Mundial, más de 6 millones de personas han huido de Ucrania adquiriendo la condición de refugiados. Más de 5 millones de desplazados dentro del país y su población sufrirán un descenso dinámico hasta 2052, de entre el 21% y el 31% de su población.


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¿Cómo los sesgos cognitivos influyen en la vulnerabilidad cibernética?

Los sesgos cognitivos pueden ser una puerta abierta para los ciberataques, ya que afectan nuestra toma de decisiones en línea. A través de ellos, los ciberdelincuentes manipulan nuestras percepciones para engañarnos. En este artículo, María Aperador, Directora Académica del Área de Criminología y Ciberseguridad de LISA Institute y coordinadora del Máster Profesional de Analista Criminal y Criminología Aplicada, nos explica cómo identificarlos para proteger nuestra seguridad digital.

La seguridad online se ha convertido en una preocupación tanto para nosotros, las personas, como para las organizaciones. Sin embargo, muchas de las vulnerabilidades no provienen de fallos técnicos o tecnológicos, sino de errores humanos influenciados por sesgos cognitivos.

Los ciberdelincuentes explotan estas debilidades psicológicas para manipular a sus víctimas y obtener información confidencial. En este artículo, exploraremos el estado de la cuestión, las estrategias preventivas y qué hacer en caso de haber caído en una trampa cibernética.

El papel de los sesgos cognitivos en la ciberseguridad

Los sesgos cognitivos son atajos mentales que nuestro cerebro utiliza para procesar información de manera rápida. Aunque son útiles en muchas situaciones, también nos hacen propensos a errores de juicio que los ciberdelincuentes pueden explotar.

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Algunos de los sesgos más comunes en la ciberseguridad incluyen:

  1. Sesgo de urgencia: Los atacantes crean una sensación de urgencia para forzar decisiones precipitadas, como en el phishing que advierte sobre una cuenta bloqueada o un premio por tiempo limitado.
  2. Sesgo de autoridad: Las personas tienden a confiar en figuras de autoridad. Los ciberdelincuentes se hacen pasar por directivos de empresas o representantes gubernamentales para inducir a la acción sin cuestionamiento.
  3. Sesgo de familiaridad: Los usuarios confían en mensajes o enlaces que parecen provenir de fuentes conocidas, lo que facilita ataques como la suplantación de identidad (spoofing).
  4. Sesgo de confirmación: La gente busca información que valide sus creencias. Esto hace que los usuarios sean más susceptibles a fake news o ataques de desinformación.
  5. Efecto halo: Se confía en un sitio web o correo electrónico solo porque su diseño es profesional y bien estructurado, sin verificar su autenticidad.

Estos sesgos son aprovechados en ataques como phishing, ingeniería social y fraudes en línea, donde el engaño no está en la técnica, sino en la manipulación de la percepción y el juicio de la víctima.

¿Cómo los sesgos cognitivos afectan nuestra toma de decisiones en ciberseguridad?

Para minimizar la vulnerabilidad ante estos ataques psicológicos, es fundamental desarrollar una mentalidad crítica y adoptar buenas prácticas de ciberseguridad.

1. Educación y concienciación

  • Reconocer los sesgos cognitivos y cómo afectan nuestras decisiones en línea.
  • Participar en formaciones sobre seguridad digital y técnicas de ingeniería social.
  • Verificar la información antes de actuar, especialmente si involucra datos personales o financieros.

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2. Aplicación de medidas de seguridad

  • Autenticación en dos factores (2FA): Añadir una capa adicional de protección.
  • Uso de gestores de contraseñas: Evitar patrones predecibles y contraseñas reutilizadas.
  • Filtrado de correos sospechosos: Configurar alertas para detectar posibles intentos de phishing.

3. Desarrollo de una mentalidad crítica

  • Dudar de correos y mensajes con tono alarmista o que soliciten acción inmediata.
  • Corroborar fuentes antes de compartir información.
  • No confiar ciegamente en remitentes familiares, sino verificar su autenticidad por otros medios.

¿Qué hacer si hemos sido víctimas de un ciberataque?

Si ya hemos caído en una trampa digital, es fundamental actuar rápidamente para mitigar los daños.

1. Contener el Daño

  • Cambiar inmediatamente las contraseñas de las cuentas comprometidas.
  • Activar la verificación en dos pasos si no estaba configurada.
  • Desconectar el dispositivo de la red si se sospecha que está infectado.

2. Notificar y reportar

  • Contactar con el banco si se han revelado datos financieros.
  • Reportar el incidente a las autoridades o plataformas afectadas (ej. Google, redes sociales, empresas de seguridad).
  • Advertir a contactos si la cuenta ha sido comprometida para evitar suplantaciones.

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3. Recuperación y Aprendizaje

  • Revisar los dispositivos con software antivirus actualizado.
  • Reflexionar sobre cómo ocurrió el ataque y tomar medidas para evitar futuras vulnerabilidades.
  • Mantenerse actualizado con nuevas amenazas y estrategias de protección.

Los sesgos cognitivos son una de las mayores amenazas en el ámbito de la ciberseguridad, ya que los ciberdelincuentes explotan nuestras propias limitaciones cognitivas para engañarnos.

La mejor defensa es la educación, la implementación de buenas prácticas de seguridad y el desarrollo de una mentalidad crítica que nos ayude a detectar y evitar engaños. En un entorno digital donde la información es poder, aprender a cuestionar y verificar, puede marcar la diferencia entre ser una víctima más o un usuario ciberseguro.

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Los países más extensos del mundo

Explora las naciones más grandes por territorio, su ubicación y su impacto en el mundo.

El mapa muestra a los 30 países más extensos del mundo de los más de 200 que existen. Rusia lidera con una extensión que abarca 17.098.242 kilómetros cuadrados. Su tamaño equivale a aproximadamente el 11% de las tierras del planeta. Este país, situado entre Europa y Asia, no solo es el más grande. También es uno de los más diversos en términos de paisajes y husos horarios, con un total de once. Le siguen Canadá y Estados Unidos, ambos en América del Norte, con 9.984.670 y 9.833.517 kilómetros cuadrados respectivamente, consolidando a este continente como hogar de algunos de los países más extensos del planeta.

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Asia cuenta con 7 países en la lista, donde destacan China, India, Kazajistán, Arabia Saudí, Indonesia, Irán y Mongolia. Por su parte, África es el continente con mayor representación, con 13 países que incluyen a Argelia, República Democrática del Congo (RDC), Sudán, Libia, Chad, Níger, Angola, Mali, Sudáfrica, Etiopía, Mauritania, Egipto y Tanzania. Sin embargo, sus países no ocupan las primeras posiciones en comparación con los gigantes de Asia y América. En América aparecen 8 países (Canadá, Estados Unidos, Brasil, Argentina, Groenlandia, México, Perú y Colombia). En Europa no hay ningún país, a excepción de Rusia, que el lado occidental se sitúa en dicho continente.

Además de los datos territoriales, es interesante observar cómo algunos países poseen características geográficas únicas debido a su tamaño. Por ejemplo, Groenlandia (2.166.086 km²), aunque políticamente vinculada a Dinamarca, es la isla más grande del mundo cubierta principalmente por hielo. Por otro lado, Kazajistán (2.724.900 km²) es el país sin salida al mar más extenso del planeta. En Oceanía, Australia es el único país del continente con una superficie de 7.741.220 kilómetros cuadrados.

Extensión no implica población

Aunque un país sea extenso, esto no implica que esté densamente poblado. Por ejemplo, Rusia, el país más grande del mundo con más de 17 millones de kilómetros cuadrados, tan solo tiene una densidad de población de apenas 9 habitantes por kilómetro cuadrado. Esto se debe a que grandes áreas de su territorio, como Siberia, tienen climas extremos que dificultan los asentamientos humanos. De igual modo, Canadá, Groenlandia y Australia, también entre los países más grandes, tienen densidades muy bajas debido a sus vastas regiones desérticas o heladas que limitan la habitabilidad.

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Por el contrario, países pequeños como Bangladesh o los Países Bajos pueden tener densidades altísimas debido a factores como terrenos fértiles y climas favorables que facilitan la agricultura y el desarrollo urbano. Además, las condiciones económicas y políticas también influyen. Mientras que Mongolia, con solo 2 habitantes por kilómetro cuadrado, tiene grandes áreas de estepa y desierto poco desarrolladas, Japón (con menos territorio, pero una alta densidad poblacional) ha optimizado su espacio con infraestructura avanzada. En definitiva, la extensión territorial no garantiza una población numerosa si las condiciones naturales o humanas no lo permiten.

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