El fin del acuerdo del grano y la militarización en el mar Negro

Análisis

Marta Soriano Palacios
Marta Soriano Palacios
Analista internacional en prácticas en LISA News. Estudiante de último año en Relaciones Internacionales y Comunicación Corporativa en la Universidad Rey Juan Carlos. Apasionada en la investigación en geopolítica con el fin de abordar los desafíos presentes y futuros y entender su impacto a nivel internacional.

Tras suspender el acuerdo del grano a mediados de julio de 2023, el Kremlin también anunció que considerará como posibles transportistas de cargamento militar y, por tanto, potenciales objetivos bélicos, a todos los barcos que se dirijan a puertos ucranianos a través del mar Negro. La escalada de la tensión en esta región clave para la seguridad europea y el comercio internacional, está provocando también el aumento de la militarización en una zona ya tensa de por sí. En este análisis te explicamos las implicaciones regionales e internacionales de la suspensión del acuerdo del grano y qué podría hacer la comunidad internacional para desescalar las tensiones.

El mar Negro, una relevante vía marítima que conecta Europa del Este con Asia Occidental, ha sido escenario de conflictos endémicos y crecientes tensiones geopolíticas entre las potencias regionales y mundiales en los últimos años. La rápida militarización de los territorios bajo el control de Rusia ha desencadenado una carrera armamentística que profundiza las preocupaciones de Occidente y sus aliados acerca de la seguridad en la región. 

Como te contamos en el Boletín Semanal de LISA News, el pasado 17 de julio de 2023, y pocas horas antes de que expirara oficialmente, Dmitry Peskov, portavoz del presidente ruso, Vladímir Putin, anunció el fin de los acuerdos del mar Negro, también conocidos como acuerdos del grano paralizándose la exportación de cereales desde Ucrania.

El Kremlin también declaró tras la suspensión del pacto que considerará como posibles transportistas de cargamento militar y, por tanto, potenciales objetivos bélicos, a todos los barcos que se dirijan a puertos ucranianos a través del mar Negro. Esta situación está provocando la militarización del mar Negro, una zona ya tensa frente a Moscú por la alta presencia costera de miembros de la OTAN. La situación en la región es altamente preocupante: Moscú ha aumentado la ofensiva contra la navegación en las aguas de puertos ucranianos y las infraestructuras de Odesa y Nicolaiev y Estados Unidos advierte que Rusia podría instalar minas que dañen a barcos civiles en la zona y culpar a Ucrania por estas acciones. 

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¿Qué implicaciones tiene el fin del acuerdo del grano en la seguridad de la región del mar Negro?

En el contexto de la guerra ruso-ucraniana, el control de las infraestructuras en el mar Negro supone una ventaja competitiva con respecto al enemigo. La firma del acuerdo del grano en julio de 2022, un acuerdo auspiciado por Naciones Unidas (ONU) y que involucra a Rusia, Ucrania y Turquía, resultó fundamental para garantizar la continuidad del flujo internacional de alimentos y de cereales. Ucrania, como exportador clave de cereales, utilizó el corredor humanitario establecido para abastecer a países en necesidad de asistencia alimentaria, como Afganistán, Etiopía, Somalia, Sudán y Yemen.

Desde el año 2020, los mercados mundiales han vivido una escalada de precios inevitable debido a la inflación. Con el cierre de los puertos ucranianos, la estrategia de Rusia disparará el precio de los cereales, algo que podría perjudicar su influencia internacional con Estados afectados como Egipto, una nación con la que Putin desea establecer fuertes vínculos. Sin embargo, Putin, en una estrategia de soft power también ha prometido que entregará gratis hasta 50.000 toneladas de grano a seis países africanos

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Las prioridades deben ser claras: o contener el aumento de los precios en los mercados de alimentos o perjudicar la economía de Ucrania. Rusia podría enfrentarse a las consecuencias de una decisión que podría generar la insurrección social de ciertos países como ocurrió con el aumento de los costos de cereales en 2008 y 2010. La comunidad internacional experimentó en ambas ocasiones la conocida Primavera Árabe que trajo consigo la caída de los gobiernos en Túnez y Egipto, además de provocar crisis que desembocaron en guerras civiles en Siria y Yemen. A pesar de ello, la iniciativa del grano, que en su momento pareció haber dado tregua a una inminente crisis humanitaria global durante el conflicto bélico, no puso un freno real a la ofensiva de Rusia.

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La ruptura del pacto estuvo seguida de una serie de eventos que ponen en peligro el litoral del mar Negro. El Ministerio de Defensa de Rusia, en un comunicado, advirtió que consideraría a todos los buques que naveguen en aguas del mar Negro hacia puertos ucranianos como posibles portadores de carga militar. Esto implica que podría haber ataques a buques civiles, así como una escalada del conflicto más allá de las fronteras de Kiev, pues se considerará que los países de dichos buques estarán participando en el conflicto del lado del régimen ucraniano.

A raíz de ello, los aliados de Occidente se encuentran en la búsqueda de rutas alternativas, siendo Turquía una vía en el punto de mira. Ankara, uno de los tres grandes importadores de grano ucraniano, sopesa el escoltamiento de los buques de carga. Sin embargo, si la decisión sale adelante existirán riesgos de enfrentamiento entre las armadas rusas y turcas en el mar Negro.

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¿Por qué es tan importante el control del mar Negro?

La situación geográfica del mar Negro, aunque privilegiada, es un verdadero pozo de tensiones geoestratégicas que enfrenta constantemente a las potencias. Cinco de los seis países que bordean el mar Negro tienen relaciones con la OTAN: Turquía, Bulgaria y Rumanía son miembros plenos, mientras que Georgia y Ucrania, aunque son Estados independientes colaboran en ocasiones con la Alianza. El único país restante es Rusia, que considera una invasión a su esfera de influencia la expansión y las actividades de la OTAN.

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La interdependencia económica establecida en el actual orden mundial, así como la geografía del mar Negro, hacen que sea un imperativo asegurar la paz y estabilidad de la zona, ya que todo evento que ocurra no solo repercutirá directamente en los países litorales, sino que tendrá amplias implicaciones para el comercio y la seguridad globales. Ello se debe a dos razones:

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El progresivo rearme de Rusia y la OTAN en el mar Negro

La disolución de la Unión Soviética en 1991 implicó una reducción en el alcance operativo de las fuerzas rusas, lo que llevó a una aparente sensación de estabilidad duradera. Sin embargo, dos décadas más tarde, con Putin a la cabeza y los beneficios de la industria energética que llenarían las arcas rusas, Moscú sería capaz de reconstruir su poder militar con las Reformas de Serdyukov en 2008 y el posterior Plan Estatal de Armamento 2011-2020. A partir de ahí, Rusia llevaría a cabo una política exterior de reivindicaciones territoriales sobre los países post soviéticos. Para presionar a Occidente, sin cruzar las fronteras duras, el Kremlin emplea tácticas de coerción militar que impidan la explotación de las aguas y el movimiento de una alineación euro atlántica.

El expansionismo militar ruso ha experimentado una evolución desde una silenciosa militarización hasta adoptar una política de agresión militar directa. Uno de los principales métodos militares que ha caracterizado esta política de expansión es el uso de conflictos regionales como pretexto para mantener su presencia política y militar en el área del mar Negro. En las últimas tres décadas, Rusia ha utilizado toda la zona como frente de seguridad contra Occidente, lo que ha provocado conflictos prolongados en zonas marcadas por la inestabilidad de movimientos separatistas. El Kremlin aprovecha este marco para ocupar, abastecer y gestionar las zonas a través de lo que califica como operaciones de mantenimiento de paz.

A partir de 2008, se inicia activamente un proceso de rearme con intervenciones en regiones separatistas como Abjasia y Osetia del Sur en Georgia, seguidas por posteriores conflictos en Transnistria, Moldavia y el Nagorno Karabaj. No obstante, serían la anexión de Crimea en 2014 y el conflicto en curso con Kiev, el resultado final de una creciente militarización que permite a Moscú consolidar una posición de mayor influencia y control sobre el Mar Negro.

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Por ahora, Rusia reina militarmente el mar Negro. A pesar de la gran presencia de miembros de la Alianza del Norte, la organización cuenta con un pobre despliegue de fuerzas navales, En contraste, las alarmas de peligro de ataque se disparan con las cuatro bases aéreas y cinco navales que posee el Kremlin en la zona, así como el papel esencial de Crimea como zona de operaciones militares. La renovación y restauración de los almacenes de la base de Krasno Kamenka aumentan el temor de despliegue de sistemas nucleares, que tendrían alcance a la mayor parte de Europa; y misiles antibuque de largo alcance.

La prolongada pasividad de Occidente en la región ha contribuido en gran medida a que la política imperialista de Rusia sea una realidad. Natia Seskuria, miembro asociado del Royal United Services Institute, asegura que la importancia estratégica del mar Negro ha sido ignorada por la OTAN, que debería haber desarrollado hace tiempo una estrategia coherente en la región. A pesar de que los Estados miembros de la Alianza ostentan un significativo poder militar en comparación con Rusia, se encuentran notablemente fragmentados en términos de geografía, estructura de mando y diversidad de culturas estratégicas. A su vez, la falta de diálogo se refuerza con la divergencia de intereses entre las naciones, así como por las distintas percepciones de amenaza con respecto a Rusia.

Por ejemplo, en 2015, se puso en marcha la iniciativa de los Nueve de Bucarest, o B9, que aborda cuestiones relevantes en el flanco oriental de la alianza, incluido el mar Negro. Sin embargo, el componente meridional del B9 (Rumanía y Bulgaria) y toda la zona del mar Negro recibieron menos atención de la OTAN a la hora de promover sus intereses de seguridad que el componente septentrional del B9 (Polonia y los países bálticos). 

La necesidad de corregir este desequilibrio comienza cuando la agresión rusa se hizo evidente. En conjunto, se ha manifestado un notorio incremento en la actividad del mar Negro tras los resultados de las cumbres de la OTAN. En la Cumbre de Gales, en 2014, la OTAN adoptó medidas para reforzar la frontera oriental de la Alianza y abandonó toda cooperación con Rusia, establecida en el Concepto Estratégico de 2010. Ello se suma a las decisiones de la Cumbre de Bruselas en 2021, cuando se desarrolló la cooperación con Georgia y Ucrania frente a amenazas híbridas y el refuerzo de la postura marítima. Finalmente, en la Cumbre de Madrid en 2021, se estableció por primera vez el Concepto Estratégico de la OTAN en el mar Negro donde se acordó aumentar de 40.000 efectivos en estado de alerta máxima a 300.000 en los ámbitos aéreo, terrestre y marítimo.

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A pesar de todos estos avances, la Alianza y sus Estados miembros reaccionaron de forma tardía al estallido de la guerra en Ucrania, desplegando tropas y equipos a lo largo del flanco oriental. El ministro de Exteriores ucraniano, Dmytro Kuleba, afirmó durante una conferencia sobre la seguridad del mar Negro en abril de 2023, que Occidente jamás tuvo una visión activa sobre la región y que era «el momento de que el mar Negro se convirtiese en un mar de la OTAN, como el mar Báltico» para lograr la seguridad, estabilidad y desarrollo de la zona durante el conflicto.

Turquía: el contrapeso en la balanza Rusia-OTAN

La hegemonía geográfica de Ankara procede del control de los estrechos del Dardanelos y el Bósforo, vías marítimas por donde atraviesan los barcos desde el mar Negro hacia el resto del mundo. Desde 1936, año donde se ratificó el Tratado de Montreux, Turquía posee un papel relevante en la región al garantizar el libre paso de buques civiles en tiempos de paz, y, en tiempos de guerra, limitar el desplazamiento de los navíos militares de países fuera del litoral bajo un límite máximo de tonelaje y días. Es por ello que, frente al imperialismo de Moscú y los recientes esfuerzos de la OTAN sobre la región, la política de seguridad turca lleva a cabo una función de contrapeso en las tensiones. 

A primera vista, Turquía no parece sembrar dudas sobre la orientación del país en esta confrontación. Ankara es un miembro de la Alianza del Norte y apoya los frentes opuestos a Rusia en las guerras de Libia, Siria y Azerbaiyán. A pesar de ello, con la entrada al poder de Erdoğan hubo una reconstrucción de la política exterior turca. El contacto y los acercamientos con los intereses de Rusia son mayores, especialmente debido a que no existen presiones de apoyo a la agenda de derechos humanos y democracia que abandera Occidente. Sin embargo, las exportaciones de armas de Turquía a Ucrania, el apoyo a la adhesión de este país a la OTAN y la negativa a reconocer a Crimea como rusa, son claros indicios de que Ankara está dispuesta a no tener en cuenta los deseos del Kremlin.

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¿Qué podría desescalar las tensiones en el mar Negro?

Mejora de las infraestructuras

Con la ruptura del acuerdo del grano, la libre navegación del mar Negro se verá limitada a corto plazo. Por ello, la exportación de cereales deberá en su lugar hacerse por vía terrestre y a través de los puertos del Danubio. Consecuentemente, esto aumentará los costes de transporte y añadirá presión a los suministros futuros por la caída de beneficios de los agricultores ucranianos. Aunque las deterioradas redes ferroviarias, de carreteras y marítimas de Rumanía y Bulgaria ya fueron un salvavidas durante el comienzo de la crisis de los cereales, hoy las infraestructuras siguen siendo inadecuadas para el transporte de alimentos, de personal y de equipos militares, haciendo muy necesaria la inversión de Occidente en ellas. 

Las acciones rusas han afectado gravemente la seguridad marítima y la libertad comercial de los buques, por ello, la mejora en las redes rebajará las tensiones militares por la restringida navegación al distribuir las zonas de importaciones y exportaciones de Ucrania. Para lograrlo, los responsables políticos deberán impulsar la conectividad fluvial del Danubio, que hoy está infrautilizado a pesar de su potencial estratégico, e incluirlo en el presupuesto de la Iniciativa de los Tres Mares, programa que pretende impulsar el desarrollo de las infraestructuras y la conectividad regional.

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Implementar una estrategia holística en la seguridad del mar Negro

Mejorar sustancialmente las capacidades de Rumanía y Bulgaria no es suficiente para disuadir la fuerte presencia de Rusia en la costa. La OTAN necesita desarrollar una política de liderazgo en el litoral junto con Turquía, por su gran capacidad militar, Moldavia y Georgia. Este enclave marítimo se comparte con Rusia, por lo que reforzar la seguridad en la zona y preservar la paz tras los conflictos será posible, según Alina Inayeh, experta en el German Marshall Fund, con una política de formato limitado a los Estados ribereños miembros y socios de la OTAN. De esta forma, se evitaría el efecto dominó que podría darse con las alianzas en la zona. 

Implementar iniciativas de paz para abordar conflictos prolongados

La capacidad de Rusia de emplear esos territorios y poblaciones para sus objetivos políticos y militares puede reducirse considerablemente con esta medida. Dado que la perpetuación de estos conflictos solo favorece a Moscú y no beneficia a las partes directamente involucradas en el enfrentamiento, la transformación de estas situaciones mediante medidas pacificadoras se vuelve crucial para alcanzar una solución más justa y sostenible.

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¿Qué puede pasar en el Mar Negro?

La situación en el mar Negro, marcada por tensiones geopolíticas y conflictos prolongados, vive una de las mayores escaladas de militarización tras la ruptura del acuerdo del grano. Especialmente, la disputa por el control de infraestructuras y recursos, así como las rutas de transporte marítimo, ha exacerbado las rivalidades entre las potencias regionales y mundiales.

A pesar de los avances en el fortalecimiento de la seguridad por parte de la OTAN y sus aliados en la región, aún existen riesgos de que un completo bloqueo del mar Negro provoque un conflicto militar con los países ribereños. De igual manera, los expertos señalan que este escenario es poco probable, ya que Rusia podría dañar a países con los que pretende establecer relaciones sólidas y mejorar su legitimidad global como hegemonía alternativa a Occidente.

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