En memoria de los 7 agentes del CNI asesinados en Latifiya (Irak)

Análisis

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Contenido creado de la mano del equipo docente de LISA Institute.

Hace 20 años el Centro Nacional de Inteligencia de España (CNI) sufría el mayor atentado de su historia contra ocho agentes del Servicio de Inteligencia en Latifiya, Irak. En homenaje a estos héroes, a continuación, se facilita el contexto y lo que ocurrió ese fatídico 29 de noviembre de 2003.

Contexto histórico del atentado

Después del atentado del 11 de septiembre de 2001 a los Estados Unidos por parte de la organización terrorista Al-Qaeda, todo cambió. A partir de este momento, el concepto de Seguridad en Occidente no volvió a ser el mismo.

El gobierno de Estados Unidos, presidido por George Bush, con un gran apoyo político y social, decidió invadir Irak con la justificación de que existían armas de destrucción masiva y que el régimen de Sadam Huseín (máximo mandatario de Irak), tenía fuertes vínculos con el terrorismo y lo promovía a nivel internacional.

A pesar de que existía una resistencia desde Naciones Unidas a la invasión de este país, la controvertida operación militar se inició el 20 de marzo de 2003, incluso pese a que el entonces Secretario General Kofi Annan la tildase de «ilegal». Con ella, se logró someter rápidamente al régimen de Sadam Huseín. Sin embargo, a continuación, en el intento de estabilizar el país, se produjo una larga lucha contra la insurgencia y una polarización política y social que perduran 20 años después.

En esta coalición de países a favor de la invasión estaban Estados Unidos, Reino Unido y Australia, a los que también se sumó España. Otros países como Francia, Alemania, Bélgica, China o Rusia se negaron a la invasión. Por aquel entonces, España estaba gobernada por el presidente José María Aznar. Este admitió años después que efectivamente no se encontraron armas de destrucción masiva, pero que en ese momento sí que había información que lo apuntaba.

Desde la CIA se hicieron informes que negaban que estas armas de destrucción masiva existieran. El caso más mediático fue el de la espía Valerie Plame. Ella dirigió una investigación sobre las posibles armas de destrucción masiva. Junto con su marido, el diplomático Joe Wilson, lucharon contra al poder mediático del gobierno de EEUU para sacar a la luz la falta de pruebas e inexistencia de dichas armas. Finalmente, la historia confirmó que Valerie Plame tenía razón, pero dicha confirmación no llegó a tiempo para detener ni la invasión ni la posterior guerra.

En ese contexto político y geopolítico ocurrió el atentado. El entonces Director del CNI, Jorge Dezcallar, confesó que sus informes no avalaban la posición del Gobierno de que existieran armas de destrucción masiva. Aun así, el Gobierno de España, decidió apoyar activamente a Estados Unidos y participar en la ocupación de Irak.

El atentado contra los 8 agentes del CNI en Latifiya

El 29 de noviembre de 2003, Alberto Martínez, Luis Ignacio Zanón, Carlos Baró, Alfonso Vega, José Merino, José Carlos Rodríguez y José Lucas Egea fueron las víctimas mortales del atentado perpetrado por fuerzas insurgentes en Irak. Sánchez Riera fue el único superviviente.

Última fotografía de las ocho víctimas del atentado de Latifiya. Fuente: Centro Nacional de Inteligencia.

Aquella mañana, los agentes se dividieron en dos grupos, ya que uno iba a hacer el relevo al otro. De forma conjunta, como es habitual en una transición entre agentes que se incorporan a la misión y otros que regresan a casa, realizaron una serie de visitas a diversos organismos nacionales e internacionales en Bagdad.

Los agentes de inteligencia se distribuyeron en dos vehículos todoterreno, cada uno equipado con un teléfono satelital Thuraya. El primero, un Nissan Patrol blanco, lo conducía Martínez González y estaba ocupado por Merino, Lucas y Zanón. El segundo, un Chevrolet Tahoe azul, estaba al mando de Vega y llevaba a bordo a Baró, Rodríguez Pérez y Sánchez Riera.

Por motivos de discreción, a pesar de los riesgos asociados a cualquier misión en un país en guerra, no se utilizaron vehículos blindados en su misión internacional. En operaciones relacionadas con la inteligencia en zonas hostiles, la mimetización es clave, por lo que se suele recomendar el uso de vehículos locales que no llamen la atención. Si se usaran vehículos oficiales o blindados, serían más fácilmente identificables.

A su vez, la decisión de mantener un perfil bajo y evitar llamar la atención en las aldeas y poblados por los que necesariamente debían cruzar, también influyó en que algunos de los agentes no llevaran los chalecos antifragmentación. Esta es la cruda realidad de los agentes de inteligencia aun a día de hoy en múltiples zonas hostiles o de guerra.

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El momento del ataque a los 8 agentes del CNI

Una hora después del trayecto y debido a que la autopista estaba cortada, los agentes decidieron ir por la «ruta Jackson». Esta estaba en peores condiciones y cruzaba múltiples aldeas y poblados, lo cual incrementaba considerablemente la amenaza, pero era la única opción viable para no prolongar el viaje y llegar a tiempo a base.

Repentinamente, se produjo la emboscada, totalmente premeditada y organizada, como se supo después del atentado. Uno de los dos coches fue atacado por disparos de una AK-47, una de las armas más utilizadas por los grupos insurgentes y organizaciones terroristas en Oriente Medio. Uno de los agentes, el conductor, falleció en el acto. Su muerte provocó que uno de los coches no pudiera continuar con la ruta y quedara embarrado en la calzada. 

Los agentes de Inteligencia españoles, tan solo disponían de armas cortas, frente a armamento de guerra con fusiles y granadas de los terroristas. Por lo tanto, la situación era muy crítica. Unos momentos después, cuando ninguno de los dos coches podía ya avanzar y existían varias bajas españolas, los agentes que sobrevivieron al primer ataque, intentaron contactar con su coordinador del CNI en Madrid, pero entre las explosiones y los disparos no lograron escucharse las coordenadas de su ubicación. Por ello, fue tarea imposible hacer llegar helicópteros para un apoyo aéreo.

Fueron treinta minutos de intensos tiroteos y explosiones en el que los agentes del CNI resistieron y defendieron su posición, hasta que su munición y los ataques cada vez más intensos desde diferentes posiciones se lo permitieron.

En ese momento, Sánchez Riera fue en busca de ayuda o de un vehículo que les sacase de ese infierno. Así, cruzó la carretera y caminó hasta que, a la salida, se cruzó con una mezquita cercana. Allí, una multitud enfurecida se abalanzó sobre él, ya que detectaron que se trataba de un “enemigo” huyendo de la emboscada. Le arrebataron su pistola, lo golpearon y trataron de maniatarlo para introducirlo en el maletero de un automóvil.

En ese momento, una persona entre la multitud, se acercó a él y le dio un beso en la mejilla, un gesto de amistad común entre los árabes, lo que calmó a la turba de agresores y permitió que abandonara la zona en un taxi. A pesar de que Sánchez Riera logró regresar más tarde al lugar de los acontecimientos acompañado por la policía de Latifiya, ya era demasiado tarde. Media hora después del inicio del enfrentamiento, los vehículos todoterreno ardían en llamas y todos sus compañeros yacían sin vida en sus posiciones.

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Las 9 llamas que honran su memoria

El Centro Nacional de Inteligencia, en su acceso principal a la sede central, esculpió un monumento con nueve llamas que honra la memoria de los héroes: aquellos miembros del CNI que dieron su vida por defender los intereses de España y de los españoles.

Monumento con nueve llamas que honra la memoria de los ocho agentes. Fuente: Centro Nacional de Inteligencia

Ocho de esas nueve llamas tienen nombre propio: Carlos Baró Ollero, José Antonio Bernal Gómez, José Lucas Egea, Alberto Martínez González, José Ramón Merino Olivera, José Carlos Rodríguez Pérez, Alfonso Vega Calvo y Luis Ignacio Zanón Tarazona.

Todos fallecieron en el otoño de 2003 en Irak: José Antonio Bernal falleció en Bagdad el 9 de octubre, y los demás compañeros en Latifiya el 29 de noviembre. La novena llama está dedicada a todos los que dieron su vida, en secreto, al servicio de España y cuyos nombres no se conocerán.

A su vez, una de las principales salas de reuniones de la Sede Central del CNI fue bautizada con el nombre de “Héroes de Irak” en su honor:

Sala de reuniones de la Sede Central del CNI bautizada como “Héroes de Irak”. Fuente: Centro Nacional de Inteligencia.

El propio Centro, escribe el siguiente fragmento en su memoria:

“Aquel otoño terrible en Irak, nuestros compañeros demostraron quiénes eran: héroes. Sus nombres serán asociados para siempre con esa palabra. Su heroísmo no se limitó a la misión en Irak. El dolor por la pérdida fortaleció al Centro, porque no hay mejor maestro que el sufrimiento. Su recuerdo contribuyó a salvar vidas de otros que vinieron detrás y nos dio sabiduría y valor, haciendo que los miembros del Centro nos sintiésemos orgullosos de pertenecer a él. La memoria de nuestros héroes siempre permanecerá viva. Porque nunca mueren aquellos a los que no se olvida.

Monumento con nueve llamas que honra la memoria de los ocho agentes. Fuente: Centro Nacional de Inteligencia

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