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Los papables: los candidatos al Trono de Pedro en el próximo Cónclave 

En este artículo, el alumno del Máster Profesional de Analista Internacional y Geopolítico de LISA Institute, Roberto Pozas Lázaro, analiza los perfiles de algunos de los papables más destacados de cara al próximo Cónclave. El objetivo es ofrecer una visión general sobre las trayectorias, posicionamientos y posibles líneas de acción de quienes podrían ocupar el Trono de Pedro. Cabe recordar que, si bien la elección suele recaer en un cardenal, el derecho canónico permite que cualquier obispo o sacerdote pueda ser elegido como Papa.

Tras el fallecimiento o abdicación de un Papa, durante el período conocido como Sede Vacante, corresponde al Colegio Cardenalicio —y específicamente al Camarlengo— la tarea de organizar el Cónclave. Este es el órgano que, desde el siglo XIII, tiene la responsabilidad de elegir al sucesor de Pedro.

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En este marco, emerge la figura del papable, también conocido como Preferiti. Es decir, los cardenales considerados con mayores posibilidades de ser elegidos para ocupar el Trono de San Pedro. Sin embargo, un conocido proverbio católico advierte: «Quien entra al Cónclave como Papa, sale como Cardenal». Esta expresión destaca que tales consideraciones no han de interpretarse de manera predictiva.

Más allá de las probabilidades de que alguno de estos papables sea elegido como el 267.º pontífice de la Iglesia Católica, estos cardenales suelen destacar por sus cualidades personales. También por su trayectoria pastoral, su posicionamiento ideológico, así como por otros aspectos clave en el contexto interno de la Iglesia actual.

¿Qué significa ser papable? 

El término papable proviene de la tradición italiana de referirse a los cardenales con mayores probabilidades de convertirse en el próximo Papa. Aunque este término no tiene un reconocimiento oficial en el derecho canónico, sí adquiere relevancia en un contexto analítico. Especialmente al evaluar las características y capacidades de los posibles sucesores del pontífice.

Entre los factores que se consideran para identificar a un papable destacan aspectos teológicos, políticos y pastorales.

En el ámbito teológico, el candidato debe ser capaz de liderar espiritualmente a miles de millones de personas. También debe garantizar la continuidad y el desarrollo de la doctrina católica. Desde una perspectiva política, es crucial que tenga la habilidad de manejar relaciones diplomáticas con otros Estados. Además, debe preservar la independencia del Vaticano y desempeñar un papel como mediador en conflictos internacionales.

En el terreno pastoral, se valoran cualidades como el carisma, la capacidad de comprender las necesidades de las distintas diócesis y una sólida experiencia en el trabajo pastoral.

La elección del Papa es un proceso de consenso dentro del Colegio Cardenalicio. Comienza informalmente desde el momento en que se produce el fallecimiento o la abdicación del pontífice. Para ello, los candidatos deben contar con el apoyo de diferentes facciones y diócesis. También deben poseer atributos personales sobresalientes y generar un nivel significativo de consenso entre las distintas líneas de pensamiento y necesidades que conviven en la Iglesia.

Los principales papables del próximo cónclave

Pietro Parolin (Italia):

El actual Secretario de Estado del Vaticano y su amplia experiencia diplomática y política lo convierten en un fuerte contendiente. Entre sus fortalezas destacan su habilidad para negociar a nivel internacional, manejar crisis diplomáticas y comprender a fondo tanto la administración vaticana como la política global. Sin embargo, su principal debilidad radica en su cercanía a las estructuras de poder tradicionales de la Iglesia Católica, lo que podría generar resistencias.  

Matteo Zuppi (Italia):

Arzobispo de Bolonia y Presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, se alinea con la facción progresista y es un ferviente seguidor de las reformas impulsadas por el Papa Francisco. Comprometido con las causas sociales, su popularidad entre los fieles y su experiencia en la mediación de conflictos (como en los procesos de paz de Guatemala y Burundi) destacan como fortalezas. No obstante, su afiliación progresista dificulta su aceptación entre los sectores conservadores de la Iglesia.  

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Pierbattista Pizzaballa (Italia):

Patriarca Latino de Jerusalén, sobresale por su experiencia en el diálogo interreligioso y su profundo conocimiento de las necesidades de los cristianos en Medio Oriente. Esto constituye su principal fortaleza. Sin embargo, carece de apoyo en la Curia Romana y su «joven» edad podría ser vista como una desventaja.

Peter Erdö (Hungría):

Arzobispo de Esztergom-Budapest, tiene un perfil intelectual y conservador. Su fortaleza reside en el fuerte respaldo que recibe de la facción conservadora del Colegio Cardenalicio. Aun así, esta postura rígida lo hace intransigente frente a los asuntos sociales y las reformas promovidas por el Papa Francisco. Esto limita su atractivo como candidato.

Ángel Fernández Artime (España):

Cardenal asturiano, se caracteriza por su carisma y enfoque en la educación. Su principal fortaleza es su compromiso con la juventud, como el futuro de la Iglesia y su trabajo con comunidades y minorías marginadas. Por el contrario, su falta de experiencia en la Curia Romana y el escaso apoyo entre los cardenales limitan sus posibilidades.

Fridolin Ambongo Besungu (República Democrática del Congo):

Arzobispo de Kinsasa y Presidente de la Conferencia Episcopal Africana, destaca por su fuerte defensa de la justicia social y su alineación con el ala reformista de la Iglesia. Sin embargo, se muestra crítico con ciertas reformas del Papa Francisco I. Representa a una de las diócesis de más rápido crecimiento en África, lo que es una ventaja significativa. Sin embargo, su limitada exposición global se presenta como una debilidad.  

Robert Sarah (Guinea):

Cardenal guineano y ex prefecto de la Congregación para el Culto Divino, es el candidato más conservador. Su firme defensa de las tradiciones litúrgicas le asegura el apoyo de los sectores tradicionalistas. No obstante, su rigidez y falta de flexibilidad son percibidas como un punto débil en un contexto que exige mayor adaptación.  

Peter Turkson (Ghana):

Cardenal de Cape Coast y Líder del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, se caracteriza por su perfil moderado, tendente al reformismo y diplomático. También destaca por su experiencia en la mediación de conflictos. Su fortaleza radica en su capacidad para representar a la creciente diócesis africana y en su habilidad para unir a diferentes facciones dentro de la Curia.

Sin embargo, su tendencia a ciertas reformas de Francisco I producen el rechazo de los conservadores así como generan dudas sobre su determinación.

Luis Antonio Tagle (Filipinas):

Prefecto del Dicasterio para la Evangelización, es reconocido como el cardenal más carismático, popular y fiel defensor del pontificado de Francisco I. Representa a la cada vez más influyente diócesis asiática, y su principal fortaleza es su capacidad de conexión y liderazgo. Su «juventud» y su fuerte pertenencia a la facción reformista, sin embargo, podrían percibirse como una gran desventaja.

Lo que revelan los papables: claves sobre el futuro rumbo de la Iglesia Católica

La elección del próximo Papa representa un momento crucial para la Iglesia Católica en su esfuerzo por responder a los desafíos de un mundo en constante transformación. Los papables destacados en este artículo reflejan la diversidad de perspectivas, prioridades y enfoques que podrían definir el rumbo de la institución en los años venideros.  

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Desde candidatos con un enfoque reformista y socialmente comprometido, hasta aquellos que representan una postura más conservadora y apegada a la tradición, el Colegio Cardenalicio se encuentra ante una decisión de gran trascendencia.

Más allá de los nombres y perfiles individuales, la elección del nuevo pontífice será una declaración sobre las prioridades y la visión de la Iglesia para enfrentar cuestiones como la justicia social, el diálogo interreligioso, la modernización interna y la preservación de la fe en un entorno globalizado.  

El próximo Papa podría ser una figura de cambio, un conciliador entre facciones o un guardián de la tradición, pero independientemente de quién ocupe el Trono de Pedro, su liderazgo será determinante para guiar a la Iglesia en su misión espiritual y pastoral. La elección que se avecina no solo marcará el futuro de la institución, sino también su relevancia en un mundo que necesita, más que nunca, voces de esperanza, justicia y reconciliación. 

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Resiliencia frente a disrupciones críticas: lecciones tras un apagón

El apagón en la Península Ibérica reabre el debate sobre la capacidad institucional, técnica y social de adversidades y crisis inesperadas. En este artículo, la alumna del Máster Profesional de Analista Internacional y Geopolítico de LISA Institute, Rosalía Fernández, explica cuáles son las lecciones tras el apagón y lista una serie de consejos y recomendaciones para eventos futuros.

El reciente apagón del pasado 28 de abril de 2025 que afectó diversas zonas del país reabre un debate necesario sobre la capacidad institucional, técnica y social para responder ante disrupciones inesperadas. No se trató únicamente de un fallo eléctrico: fue una alerta sobre la fragilidad de infraestructuras críticas, la dependencia tecnológica creciente y la necesidad de revisar de forma estructurada nuestras estrategias de preparación y respuesta, desde lo local hasta lo global.

En un contexto de riesgos complejos e interconectados —ya sean de origen climático, tecnológico, sanitario o geopolítico—, resulta ineludible abordar la resiliencia sistémica como prioridad de acción pública. La pregunta clave es: ¿estamos preparados?

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Capacidad de respuesta local: el primer eslabón

Los entornos locales son determinantes en la gestión inmediata de cualquier disrupción. El apagón ha puesto en evidencia la existencia de brechas en la activación de planes de contingencia, comunicación de emergencia y atención a colectivos vulnerables. En contraste, países como Japón o Chile —ambos con exposición frecuente a catástrofes naturales— han desarrollado mecanismos robustos de respuesta local, con simulacros periódicos, formación comunitaria y protocolos operativos que articulan eficazmente a autoridades locales, servicios esenciales y ciudadanía.

En el caso español, es preciso fortalecer esta dimensión mediante la actualización práctica de planes de emergencia municipales, el refuerzo de las capacidades técnicas del personal local y la mejora de los canales de comunicación en tiempo real.

Infraestructuras críticas: interdependencia, digitalización y redundancia

El funcionamiento de nuestras sociedades se apoya en sistemas altamente interdependientes: energía, transporte, telecomunicaciones, sanidad y cadena de suministros. Esta interconexión, si bien eficiente, incrementa la exposición ante fallos en un solo nodo. Una estrategia de resiliencia nacional requiere avanzar hacia infraestructuras con capacidad de absorción, sistemas redundantes y protocolos dinámicos de recuperación.

Además, la creciente digitalización de las infraestructuras críticas plantea nuevos desafíos en materia de ciberseguridad. La resiliencia del sistema eléctrico o de las telecomunicaciones no depende solo de su robustez física, sino también de su protección frente a amenazas digitales, que requieren marcos de gobernanza integrados en el ámbito nacional y europeo.

Experiencias como la de Alemania, que ha desarrollado planes federales para garantizar el suministro básico en caso de corte eléctrico prolongado (incluyendo acuerdos con operadores de salud y seguridad), muestran la importancia de contar con marcos normativos actualizados y mecanismos de respaldo efectivos en escenarios de estrés.

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Coordinación multinivel y gobernanza anticipatoria

La gobernanza de las crisis requiere una arquitectura multinivel funcional. Si bien España dispone de planes sectoriales de emergencia y normativas de protección civil, la efectividad real depende de su operatividad conjunta. El reciente apagón refuerza la necesidad de mejorar la coordinación horizontal (entre sectores estratégicos) y vertical (entre niveles de gobierno), así como de integrar la anticipación de riesgos en la planificación territorial y sectorial.

Modelos como el de Suecia —con una Agencia de Contingencias Civiles que coordina a nivel nacional, regional y municipal bajo un enfoque de «defensa total» para emergencias complejas— son referentes útiles para pensar una reforma adaptada al contexto español.

Ciudadanía y tejido social: hacia una cultura de preparación

La resiliencia no es solo institucional, también es comunitaria. La ciudadanía, si bien no debe asumir responsabilidades estructurales, debe estar informada, capacitada y empoderada para actuar ante situaciones críticas. Esto exige avanzar hacia una cultura de preparación donde la autoprotección, la solidaridad vecinal y la participación activa sean componentes del ecosistema de seguridad humana.

El enfoque de «comunidades resilientes» promovido por la Estrategia de Reducción del Riesgo de Desastres de la ONU (Marco de Sendai) es una referencia clave: no hay sistemas robustos sin ciudadanía preparada.

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Multilateralismo, cooperación y resiliencia compartida

En un mundo interconectado, la resiliencia ya no puede entenderse como un asunto exclusivamente nacional. Las infraestructuras digitales, las cadenas logísticas y los flujos energéticos y sanitarios atraviesan fronteras. Por ello, resulta imprescindible fortalecer la cooperación internacional y el multilateralismo técnico para:

  • Compartir buenas prácticas y lecciones aprendidas.
  • Impulsar estándares comunes de preparación.
  • Desarrollar sistemas de alerta temprana regionales.
  • Coordinar respuestas conjuntas ante emergencias transnacionales.

La Unión Europea, a través de iniciativas como el Mecanismo de Protección Civil de la UE o el programa RescEU, ofrece un marco útil para avanzar en interoperabilidad, ayuda mutua y financiación de capacidades de preparación a escala regional. Además, en línea con enfoques integrados como One Health, la resiliencia sistémica exige reconocer las interdependencias entre salud humana, medio ambiente y sistemas tecnológicos, reforzando la planificación intersectorial ante amenazas emergentes.

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Conclusión: de la reacción a la resiliencia estratégica

El apagón debe leerse como un aviso. Aunque la respuesta general evitó consecuencias mayores, también evidenció espacios de mejora. No basta con restaurar el servicio: es necesario reconstruir sobre bases más sólidas. Esto exige:

  • Reforzar las capacidades locales e intermedias.
  • Invertir en infraestructuras resilientes, seguras y ciberprotegidas.
  • Consolidar una cultura institucional de anticipación y aprendizaje.
  • Fomentar la corresponsabilidad ciudadana.
  • Profundizar en la cooperación regional e internacional.
  • Abordar los riesgos desde una perspectiva intersectorial e integral.

La resiliencia no es un estado, sino un proceso. Un proceso continuo, transversal y colectivo que requiere visión estratégica, voluntad política y compromiso social. Solo así estaremos en condiciones de afrontar —y no solo resistir— los desafíos que plantea un siglo marcado por la incertidumbre.


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¿Qué es una infraestructura crítica?

La importancia de la infraestructura crítica quedó patente tras el gran apagón que sufrió la Península Ibérica el 28 de abril de 2025, recordándonos cuán vulnerables somos ante la interrupción de los servicios esenciales.

Una infraestructura crítica es mucho más que un conjunto de cables, tuberías o edificios. Se refiere al entramado de sistemas y servicios esenciales que permiten que la sociedad funcione con normalidad. Desde la electricidad que enciende nuestras casas hasta los hospitales, el agua potable, el transporte o el acceso a internet, todas estas infraestructuras son indispensables para la vida moderna.

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Su importancia radica en que una simple alteración o fallo puede tener consecuencias graves e inmediatas en nuestra vida cotidiana. Por ejemplo, se incluyen las interrupciones en el suministro eléctrico, los problemas en las comunicaciones, caos en el transporte o dificultades para acceder a servicios sanitarios. El gran apagón en la Península Ibérica es un ejemplo claro de cómo la interrupción de una infraestructura crítica puede paralizar un país entero.

Tipos de infraestructuras críticas

Las infraestructuras críticas abarcan diferentes sectores, todos interconectados y esenciales para el bienestar social y económico. A continuación, se detallan los principales tipos.

Energía

  • Redes eléctricas. Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica.
  • Refinerías y almacenamiento. Plantas de procesamiento y depósitos de combustibles fósiles.
  • Gas y petróleo. Infraestructuras de extracción, transporte y almacenamiento de hidrocarburos.

Sin energía, el resto de sectores se ve afectado de inmediato, como evidenció el gran apagón, que paralizó industrias, hogares y servicios públicos.

Transporte

  • Aeropuertos y puertos. Entrada y salida de personas y mercancías.
  • Ferrocarriles y metro. Movilidad urbana, interurbana y larga distancia.
  • Carreteras y autopistas. Circulación de vehículos y transporte de bienes.

El colapso del transporte durante el apagón demostró cómo la falta de electricidad puede dejar a miles de personas atascadas y dificultar el acceso a servicios básicos.

Telecomunicaciones

  • Redes móviles y fijas. Comunicación telefónica y acceso a internet.
  • Centros de datos. Almacenamiento y procesamiento de información digital.
  • Satélites y sistemas de emergencia. Coordinación y respuesta ante incidentes.

Durante el apagón, la imposibilidad de comunicarse agravó la sensación de aislamiento y dificultó la coordinación de emergencias.

Importancia de protegerlas

La protección de la infraestructura crítica es vital para evitar situaciones de caos y vulnerabilidad. El gran apagón dejó en evidencia las consecuencias de una falla masiva:

  • Impacto económico. Se estiman pérdidas superiores a los 8.000 millones de euros en las economías afectadas, según INISEG.
  • Impacto social. Comercios cerrados, hospitales funcionando con generadores, colegios suspendidos y millones de personas incomunicadas o atrapadas.
  • Impacto en la seguridad. La interrupción de servicios esenciales puede generar situaciones de emergencia, aumentar el riesgo de accidentes y dificultar la respuesta de las fuerzas de seguridad y emergencias.

La dependencia de la sociedad moderna de estos sistemas hace que su protección y fortaleza sean cuestiones de seguridad nacional y colectiva.

Medidas de resiliencia y seguridad

La resiliencia, es decir, la capacidad de anticiparse, resistir, adaptarse y recuperarse ante incidentes, es clave para garantizar la continuidad de los servicios esenciales. Para ello, se aplican diversas medidas.

Normativas y estándares internacionales

  • Directiva Europea 2008/114/CE. Base para la identificación y protección de infraestructuras críticas en la UE.
  • Ley 8/2011 en España. Define y regula la protección de infraestructuras críticas a nivel nacional.
  • Directiva CER y NIS2. Refuerzan la adaptación y la ciberseguridad en sectores estratégicos.

Estas normativas obligan a operadores y gobiernos a identificar, evaluar riesgos y aplicar planes de protección y respuesta.

Tecnologías de monitorización y respuesta

  • Sistemas de vigilancia y control. Monitorización en tiempo real de redes eléctricas, transporte y telecomunicaciones para detectar anomalías y responder rápidamente.
  • Ciberseguridad. Protección frente a ataques informáticos, cada vez más frecuentes y sofisticados, mediante segmentación de redes, cifrado y autenticación avanzada.
  • Inteligencia artificial y análisis de datos. Herramientas para anticipar riesgos, identificar patrones de amenaza y mejorar la toma de decisiones en situaciones de crisis.

Planes de contingencia y simulacros

  • Planes de continuidad. Estrategias para mantener o restablecer los servicios esenciales ante incidentes graves.
  • Simulacros periódicos. Ensayos para preparar a los equipos de respuesta y a la ciudadanía ante posibles emergencias.
  • Colaboración público-privada. Coordinación entre administraciones, operadores y fuerzas de seguridad para compartir información y actuar de forma conjunta.

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¿Qué es el keynesianismo y cómo influye en la economía global?

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En este artículo te contamos qué es el keynesianismo, cómo surgió esta teoría económica y por qué sigue influyendo en la economía global. 

Las crisis llegan para cambiarlo todo. En los años 30, la Gran Depresión golpeó tan fuerte que tumbó el discurso del libre mercado y abrió paso a una nueva forma de pensar la economía. Lo que antes se creía sagrado (el mercado se regula solo, siempre encuentra equilibrio) quedó en evidencia. El desempleo se disparó, el consumo se desplomó, y los gobiernos, atados de manos, veían cómo sus pueblos se hundían.

Ahí es cuando entró John Maynard Keynes. Economista británico que dijo lo que nadie se atrevía a decir en voz alta: el Estado tenía que intervenir. Que si el mercado no arrancaba solo, alguien debía empujarlo. Que no se podía esperar sentado a que las cosas mejoraran «a largo plazo», porque, como él mismo escribió, «a largo plazo todos estaremos muertos».

¿Cómo funciona el keynesianismo?

Keynes planteaba una idea simple, poderosa y todavía incómoda para muchos: el problema no era la escasez de recursos, sino la falta de demanda. La economía puede tener fábricas, trabajadores y tecnología disponibles, pero si nadie compra, todo se detiene.

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Por eso, el keynesianismo pone el foco en el gasto. Cuando la iniciativa privada se paraliza (por miedo, por incertidumbre, por falta de crédito) el Estado tiene que actuar. ¿Cómo? Gastando. Construyendo infraestructuras, contratando trabajadores, inyectando dinero al circuito económico.

Lo interesante es el efecto en cadena: una obra genera empleo, el empleo empuja el consumo, ese consumo alimenta la producción, y vuelve a empezar. A esto se le llama multiplicador fiscal.

El keynesianismo en la actualidad

El keynesianismo ha vuelto cada vez que la economía se tambalea. Se vio en la crisis de 2008, cuando gobiernos como el de Estados Unidos pusieron miles de millones sobre la mesa para evitar una depresión. También en la pandemia, cuando hasta los países más ortodoxos soltaron el freno del gasto para sostener a sus ciudadanos y a las empresas.

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No obstante, algunos economistas advierten que el exceso de intervención puede traer inflación o generar deuda difícil de sostener. Otros creen que los gobiernos no siempre actúan con la rapidez que requiere una crisis. Pero incluso con sus límites, el enfoque keynesiano sigue siendo la carta que muchos deciden jugar cuando ya no quedan más opciones.

Lo más curioso de esta teoría es su capacidad de adaptación. A casi un siglo de su nacimiento, sigue presente en debates, en decisiones políticas y en la manera en que los Estados enfrentan lo inesperado.

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El Dragón Rojo en aguas azules: la estrategia global de China en el Mediterráneo

El avance de China en el Mediterráneo no es casual ni reciente. A través de acuerdos estratégicos, proyectos de infraestructuras y alianzas con países del sur de Europa y del norte de África, Pekín refuerza su influencia en la región. En este artículo, Salvador Iborra, alumno del Máster Profesional de Analista Internacional y Geopolítico de LISA Institute analiza cómo el equilibrio geopolítico se ve cada vez más condicionado por estos movimientos.

El mar Mediterráneo, cruce de tres continentes, es el extremo más occidental de la Iniciativa de la Franja y la Ruta de la República Popular China. A través de participaciones en los puertos mediterráneos, la construcción de infraestructuras, el comercio y la diplomacia, Pekín pretende hacerse hueco en este mar clave.

China en el Mediterráneo: Europa del Sur y el mar Mediterráneo

La Iniciativa de la Franja y la Ruta está dirigida a 80 países. Estos representan alrededor del 36% del PIB mundial y el 41% del comercio global. Basándose en cinco pilares (a saber, coordinación política, conectividad, aumento del comercio, integración financiera e intercambio de personas), China pretende desarrollar asociaciones en múltiples facetas con países del sur de Europa y de Oriente Medio y Norte de África (MENA).

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La presencia china en la región mediterránea no es nueva. Desde el acceso del país a la Organización Mundial del Comercio en 2001, las manufacturas ‘Made in China’ comenzaron a inundar los mercados de sus Estados ribereños. A ello hay que sumar el aumento de las inversiones chinas y los movimientos migratorios de empresarios y turistas.

La creciente influencia de China en Europa del Sur

La República Popular China se ha convertido en el principal socio importador de la Unión Europea, con un 20% del total. Más concretamente, Estados Mediterráneos como Grecia e Italia han visto en diez años aumentar en un 174% y un 54% las importaciones chinas respectivamente.

Pekín plantea una cooperación bilateral con seis países del arco mediterráneo europeo: Italia, Grecia, Portugal, España, Chipre y Malta. China, como también hizo en su momento con el Mecanismo 16+1 China-Europa Central y Oriental, pretende promover foros de cooperación. Su objetivo es que estos rivalicen con el marco político de la Unión Europea.

El gigante asiático ha conseguido extender su influencia a través de la participación en infraestructuras portuarias y terminales marítimas. La crisis financiera de 2008 fue un acontecimiento crucial. El capital europeo se volvió más escaso, lo que dio a China la oportunidad de intervenir, principalmente aprovechando la ocasión para posicionarse.

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En el caso de Grecia, el emblemático puerto de El Pireo se ha convertido en una pieza clave de la Nueva Ruta de la Seda. Ubicado estratégicamente en la ruta marítima del Canal de Suez-Estrecho de Gibraltar, ofrece acceso al Mar Negro y al interior de los Balcanes a través del sistema ferroviario. 

China, a través de la naviera estatal COSCO, ganó una concesión en 2009 para gestionar dos de los tres muelles de la terminal de contenedores. Posteriormente, adquirió el 51% de las acciones de El Pireo, elevando su contribución al 67% en 2021 al cumplir determinadas obligaciones de inversión.

Desde el inicio de la participación china en 2009 hasta 2023, el volumen de contenedores del puerto ha aumentado de 0,8 millones a 5,1 millones de TEU. Esto marca un aumento del 271,4%. Esto ha llevado a que, en términos de tráfico de contenedores, El Pireo ha pasado a ser el cuarto mayor puerto de Europa.

En Italia, exmiembro de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, Cosco compró un 40% de la terminal italiana de Vado Ligure. Hasta 2016, la empresa también tenía una participación del 50% de la terminal Conateco del puerto de Nápoles, aunque la vendió a MSC.

Pese a que la salida de la iniciativa china por parte de Giorgia Meloni fue un claro mensaje a Pekín del compromiso italiano con sus socios occidentales, su viaje a China en julio de 2024 obedece a un relanzamiento de las relaciones entre ambos países.

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Otros ejemplos son la participación de China Merchants Port Holdings Company Limited en Terminal Link, propietario de una importante terminal de contenedores de Malta. También destacan las inversiones de COSCO en los puertos de Valencia y Bilbao, así como la colaboración del puerto de Marsella con firmas chinas para el desarrollo de proyectos industriales.

Pese a estas inversiones y movimientos, el único puerto en el que COSCO es operador dominante es el del Pireo. En la región mediterránea ocupa el tercer lugar en cuanto a la condición de usuario, por detrás de APM-Maersk y MSC.

África del norte

La relación china con los Estados norteafricanos se realiza principalmente a través de foros bilaterales. Sin embargo, no podemos quitar importancia a los multilaterales, como el Foro para la Cooperación China-África (2000) o el Foro para la Cooperación Sino-Árabe (2004).

Los primeros pasos de Pekín en la región se llevaron a cabo en la década de los 50 del siglo pasado. En ese entonces, el Partido Comunista Chino tendió puentes con los movimientos de liberación nacional del Magreb. En este contexto, la Conferencia de Bandung de 1955 fue un hito para dichas relaciones.

Ese interés romanticista revolucionario se ha trasladado al puramente económico y estratégico, en la evolución que el PCCh ha tenido. El planteamiento chino hace hincapié en el comercio y en los grandes proyectos de infraestructuras en la región. Para ello, lanza líneas de préstamos y otorga ayuda financiera. Dicha ayuda se ampara en el principio de no injerencia de la acción exterior de Pekín, por lo que es mejor recibida que la ayuda occidental, siempre supeditada a la realización de reformas nacionales.

Todos los gobiernos del Magreb han percibido la iniciativa BRI como una oportunidad para solventar sus carencias en infraestructuras y atraer inversiones. Por ello, han firmado memorandos de entendimiento con China. Aunque la UE sigue siendo el principal socio comercial de esta región, China ya ha ocupado una posición considerable, siendo uno de los tres principales importadores en el área.

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Dichas relaciones comerciales se caracterizan por ser desiguales. La exportación china incluye productos de alto valor como electrónica, automóviles o teléfonos. En cambio, la exportación magrebí se centra en materias primas energéticas, minerales o alimentos.

En el campo de la inversión, Pekín ha ganado licitaciones gracias a sus precios competitivos en proyectos como la autopista este-oeste o el nuevo aeropuerto de Argelia. También participa en el proyecto del distrito industrial «Ciudad Mohammed VI Tánger Tech», en Tánger, y ha prometido a Libia apoyo en su desarrollo industrial.

Además, ha acometido inversiones en proyectos de cables submarinos del Mediterráneo, como el cable Hannibal (2009), que conecta Túnez con Italia, y otro que conecta Libia con Grecia.

En el caso egipcio, ambos Estados coinciden con la búsqueda de la multipolaridad y la solidaridad con las potencias emergentes. China, mayor socio comercial de Egipto, tiene un gran interés en la participación en proyectos de infraestructura, especialmente en el Canal de Suez. Dicha arteria es vital para la Ruta de la Seda marítima. Adicionalmente, y en el marco del boom de la industria turística egipcia, los turistas chinos son una fuente importante de ingresos en dicho sector para El Cairo.

Ambiciones de Pekín: ¿estrategia o comercio?

Cabe preguntarse si la acción exterior china en el Mediterráneo obedece a razones puramente comerciales, en el contexto de la Iniciativa de la Franja y la Ruta. O si, por el contrario, responde también a motivos estratégicos. La realidad es que la vocación china obedece a múltiples motivos.

En el terreno geopolítico, China ve a la Unión Europea como un polo importante en el mundo multipolar que se avecina. Ambos actores mantienen vínculos comerciales muy potentes y, aunque Bruselas describe a China como un rival sistémico, también la percibe como un socio para la cooperación. 

Pekín pretende potenciar el papel de Bruselas como un contrapeso a la gran influencia global de Estados Unidos. Dicho papel puede adquirir relevancia dada la crisis que actualmente sufren las relaciones entre estos dos últimos actores tras las amenazas de Trump de la imposición de aranceles o su exclusión en las negociaciones sobre Ucrania en Riad.

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El Mediterráneo europeo cobra más relevancia para Xi Jinping desde la invasión de Ucrania. Las sanciones impuestas por la Unión a Rusia y Bielorrusia, junto con la consecuente desconexión económica, han acabado temporalmente con el Nuevo Puente Terrestre Euroasiático. Esta era una de las rutas del BRI.

Esto ha beneficiado, por ejemplo, a Turquía, ubicada en el Mediterráneo oriental. El potencial del Corredor Medio, que atraviesa Asia Central y Azerbaiyán antes de entrar en el país, ha aumentado. Pero también lo ha hecho el interés por Egipto y por diversos países del Mediterráneo norte, al cobrar más relevancia la ruta marítima.

Otro de los motivos que empuja a Pekín a involucrarse activamente en la región es la profundización de sus alianzas con los países árabes. Con base en el «Documento sobre política árabe», China refuerza la cooperación con dichos Estados mediante la firma de acuerdos de asociación estratégica con países como Egipto o Argelia.

También apoya la solución de dos Estados en el conflicto palestino y facilita a estos países la diversificación de sus socios más allá de Europa o Estados Unidos.

No obstante, también existen otros fines no comerciales que podrían estar moviendo a la República Popular, como por ejemplo la recopilación de inteligencia. Muchos puertos en el mundo, incluidos algunos europeos, emplean el software chino LOGINK, encargado del monitoreo del comercio marítimo.

Proporcionado gratuitamente a puertos, transportistas y organizaciones del sector, ha generado preocupaciones debido al conocimiento que el Gobierno chino podría obtener sobre las vulnerabilidades de las cadenas de suministros occidentales.

Otra preocupación gira en torno a la ventaja informativa de la que podrían gozar las empresas chinas gracias a dicho software. Esto podría constituir una ventaja comercial injusta.

Implicaciones en el terreno geopolítico: la respuesta de Washington y Bruselas

El status quo del Mediterráneo, espacio marítimo compuesto por Estados miembros de la OTAN y de vital importancia para el comercio global, podría verse alterado por la combinación de poder duro y blando chino.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha utilizado la inversión en Europa, el comercio y la arquitectura de seguridad de la OTAN como claves para su asociación con el continente. Las incursiones chinas y la retirada estadounidense de activos para centrarse en Asia-Pacífico en su contención a China abren una ventana para Pekín.

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Por su parte, la respuesta de Estados Unidos a la creciente influencia de China sobre una larga lista de puertos, incluidos los mediterráneos que hemos mencionado, ha sido incluir a Cosco en su lista de empresas sancionadas por sus supuestos lazos con el ejército chino.

Aunque esta acción no entraña sanciones específicas, aleja a las compañías estadounidenses y a la infraestructura portuaria del país de la entrada de este actor. Este movimiento ya ha provocado que Grecia pase a analizar el impacto de esto a su puerto de El Pireo, dada la gran influencia que dicha empresa ostenta sobre el mismo.

Adicionalmente, la intensificación de la competición estratégica entre ambas superpotencias ha llevado a que diversos socios mediterráneos de la OTAN revisen la profundización de sus lazos con China: la retirada de Italia de la BRI por parte de Meloni, la revisión de las relaciones por Portugal y el enfriamiento de la influencia china sobre Grecia.

En cuanto a Bruselas, la Unión no ha visto con buenos ojos las iniciativas regionales de China al margen de los foros comunitarios, véase el caso del Mecanismo 16+1 con los países de Europa del Este.

Esto se debe a la preocupación por la posibilidad de que dichos movimientos alternativos socaven la integración y la unidad europeas. Esto ocurriría al aumentar la influencia de actores externos sobre Estados miembros con poder de decisión en la estructura comunitaria.

No obstante, los últimos acontecimientos en Europa provocados por la disruptiva Administración Trump vuelven a poner el foco en las relaciones entre Europa y China. En la reciente Conferencia de Seguridad de Munich, Wang Yi, ministro de Relaciones Exteriores chino, posicionó a su país como un actor capaz de llenar el vacío de Washington.

Si Europa logra equilibrar sus relaciones entre China y Estados Unidos, y avanza hacia una mayor autonomía estratégica con un desacoplamiento de Washington, los esfuerzos chinos en el Mediterráneo podrían tener una jugosa recompensa.


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¿Por qué son importantes las infraestructuras críticas?

El gran apagón del 28 de abril de 2025 en la Península Ibérica demostró que la importancia de las infraestructuras críticas son necesarias, ya que son la base de nuestra vida cotidiana y de la estabilidad de toda la sociedad.

Las infraestructuras críticas son todos aquellos sistemas, activos y servicios esenciales para el funcionamiento seguro y adecuado de una sociedad y su economía. Su característica principal es que, si dejan de funcionar, no existen alternativas viables a corto plazo y el impacto puede ser devastador para la seguridad, la salud pública y la economía. Estos servicios esenciales incluyen:

  • Suministro de energía eléctrica y gas.
  • Abastecimiento de agua potable y tratamiento de aguas residuales.
  • Redes de transporte (carreteras, trenes, aeropuertos, metros).
  • Telecomunicaciones e internet.
  • Servicios sanitarios (hospitales, clínicas, ambulancias).
  • Sistemas bancarios y financieros.
  • Producción y distribución de alimentos.
  • Servicios de emergencia y seguridad pública.

Estos sectores forman la columna vertebral de la vida moderna. Sin ellos, la sociedad se paraliza.

Impacto en la sociedad y la economía

Cuando una infraestructura crítica falla, en cuestión de minutos, millones de personas se pueden quedar sin luz, transporte o telecomunicaciones. Además, los hospitales y demás servicios críticos deben activar sus protocolos, que suelen incluir grupos electrógenos en sus instalaciones que generan electricidad para llevar a cabo sus actividades más esenciales, aquellas que si no se realizan pueden ocasionar la muerte de personas.

Costes económicos directos e indirectos

Las pérdidas económicas de un evento así son enormes. No solo se pierden ingresos por la paralización de empresas y comercios, sino que también se generan gastos extraordinarios por las reparaciones, las emergencias ocasionadas y la recuperación de estos sistemas. Además, la incertidumbre sobre la duración de la interrupción afecta a la confianza de inversores y ciudadanos.

Afectación a la calidad de vida y servicios esenciales

La calidad de vida se ve gravemente afectada. Desde la imposibilidad de cocinar o conservar alimentos perecederos, hasta la suspensión de clases y la dificultad para acceder a servicios médicos. Además, la imposibilidad de pagar con tarjetas o el colapso de los transportes y las comunicaciones puede poner en riesgo vidas humanas y agrava la sensación de inseguridad y vulnerabilidad.

Seguridad nacional y soberanía tecnológica

Riesgos de ciberataques y sabotajes

En la era digital, las infraestructuras críticas son cada vez más vulnerables a ciberataques y sabotajes. Un ataque bien dirigido puede paralizar un país entero, afectar la continuidad de negocios y servicios y poner en jaque la seguridad nacional. Por eso, la ciberseguridad es una prioridad estratégica.

Dependencia de proveedores externos

La globalización y la digitalización hacen que muchas infraestructuras dependan de proveedores y tecnologías extranjeras. Esto puede suponer un riesgo si esos proveedores fallan o si surgen conflictos internacionales. Garantizar la soberanía tecnológica es clave para la resiliencia.

Resiliencia y continuidad de servicios

Estrategias de redundancia y diversificación

Para evitar que una falla provoque un colapso total, es fundamental diseñar infraestructuras críticas con sistemas redundantes y diversificados. Esto significa tener fuentes alternativas de energía, rutas de transporte alternativas y sistemas de respaldo para datos y comunicaciones.

Monitorización en tiempo real

La monitorización continua permite detectar anomalías antes de que se conviertan en crisis. Sistemas inteligentes y sensores conectados ayudan a anticipar problemas y a activar protocolos de emergencia de forma inmediata.

Colaboración público-privada y protocolos de emergencia

La protección de las infraestructuras críticas es una responsabilidad que deben compartir gobiernos, empresas y operadores privados. La cooperación y el intercambio de información son esenciales para responder de forma coordinada ante cualquier amenaza. Los planes nacionales de protección y los protocolos de emergencia deben estar siempre actualizados y probados.

Papel de la ciudadanía y las empresas

La importancia de las infraestructuras críticas recae tanto en los gobiernos como en las grandes empresas operadoras de dichos servicios esenciales. Es por ello que todos, en su conjunto, tenemos un papel en su protección y resiliencia.

  • Concienciación y buenas prácticas. La ciudadanía debe conocer los riesgos y saber cómo actuar en caso de emergencia. Las empresas deben formar a sus empleados y establecer protocolos claros.
  • Inversión en innovación y mantenimiento. Mantener y modernizar las infraestructuras es clave para evitar fallos y adaptarse a nuevas amenazas. La inversión en tecnología, ciberseguridad y mantenimiento preventivo no es un gasto, sino una inversión en seguridad y continuidad de servicios.
  • Formación y simulacros. Realizar simulacros periódicos y formar a trabajadores y ciudadanos en gestión de crisis mejora la capacidad de respuesta ante cualquier incidente.

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Retos y amenazas de las infraestructuras críticas: cómo proteger los servicios esenciales

La resiliencia de las infraestructuras críticas está en juego ante una variedad de amenazas. Entre ellas, los ciberataques sofisticados, los fenómenos naturales extremos e incluso la guerra híbrida y cibernética. Entender y anticipar estos desafíos es clave para garantizar la seguridad crítica y la continuidad de los servicios esenciales.

Las infraestructuras críticas son aquellos sistemas y activos esenciales cuyo funcionamiento es indispensable para la sociedad, la economía y la seguridad nacional. Su interrupción o destrucción tendría un impacto grave en la vida cotidiana y en la estabilidad de una región. Las más esenciales incluyen:

  • Energía: redes eléctricas, plantas de generación, distribución de gas y petróleo.
  • Transporte: aeropuertos, ferrocarriles, carreteras, puertos.
  • Agua: sistemas de abastecimiento, tratamiento y distribución.
  • Telecomunicaciones: redes de comunicación fija y móvil, centros de datos, internet.

Estos sectores están cada vez más interconectados y digitalizados, lo que multiplica los retos y amenazas de las infraestructuras críticas en la actualidad.

Principales retos

Ciberseguridad

La digitalización ha convertido a las infraestructuras críticas en objetivos prioritarios para ciberataques. Los sistemas OT (tecnología operativa) y SCADA, fundamentales para la gestión y control de estos servicios, presentan vulnerabilidades que pueden explotarse por actores maliciosos. Entre los retos más relevantes se encuentran:

  • Ransomware: secuestro de datos y sistemas a cambio de un rescate, con potencial de paralizar servicios esenciales.
  • Amenazas persistentes avanzadas (APT): ataques prolongados y sofisticados, a menudo respaldados por estados, que buscan infiltrarse y permanecer ocultos en los sistemas.
  • Vulnerabilidades OT: uso de protocolos obsoletos, falta de segmentación de redes y autenticación débil, que facilitan accesos no autorizados y daños físicos.

Obsolescencia tecnológica y actualización de sistemas

Muchos sistemas industriales y de control operan con tecnologías antiguas que no reciben actualizaciones de seguridad regulares. Esta obsolescencia dificulta la integración de nuevas defensas y expone a las infraestructuras a ataques que aprovechan vulnerabilidades conocidas.

La migración a sistemas más modernos implica desafíos técnicos, económicos y de continuidad operativa, lo que retrasa la adopción de mejores prácticas de seguridad.

Interdependencia y cascada de fallos

Las infraestructuras críticas no funcionan de manera aislada. Estas dependen unas de otras para operar. Por ejemplo, el suministro de agua requiere energía eléctrica; el transporte depende de las telecomunicaciones, y así sucesivamente.

Debido a esa interdependencia se crea el riesgo de «efecto dominó». Esto significa que un fallo o ataque en un sector puede desencadenar una cascada de interrupciones en otros servicios, amplificando el impacto y complicando la recuperación.

Principales amenazas

Fenómenos naturales extremos y cambio climático

El aumento de eventos climáticos extremos (inundaciones, incendios, olas de calor, terremotos) representa una amenaza en aumento para la fortaleza de las infraestructuras críticas. Estos fenómenos pueden dañar instalaciones físicas, cortar suministros y dificultar las labores de emergencia.

Además, el cambio climático multiplica la frecuencia e intensidad de estos eventos, exigiendo una adaptación constante en el diseño y la protección de infraestructuras.

Amenazas internas y errores humanos

Sin embargo, no todos los riesgos provienen del exterior. Los errores humanos, la falta de formación adecuada o incluso el sabotaje interno pueden comprometer la seguridad crítica. De igual modo, la manipulación incorrecta de sistemas, la mala gestión de actualizaciones o la divulgación accidental de información sensible son causas frecuentes de incidentes.

Amenazas externas: sabotajes y crimen organizado

El crimen organizado, los actores maliciosos e incluso algunos estados buscan explotar las vulnerabilidades de las infraestructuras críticas para obtener beneficios económicos, causar daños o desestabilizar regiones enteras. El sabotaje físico, el robo de datos y la extorsión mediante ciberataques son tácticas cada vez más habituales.

Por ello, la sofisticación de estas amenazas exige respuestas coordinadas entre organismos públicos y privados, así como una actualización constante de las estrategias de defensa para evitar sufrir la guerra híbrida y cibernética.

Estrategias de mitigación

  • Redundancia y diversificación de recursos. Implementar sistemas redundantes y diversificar las fuentes de suministro ayuda a garantizar la continuidad operativa ante fallos o ataques. La segmentación de redes, el respaldo de datos y la duplicación de infraestructuras críticas minimizan el riesgo de interrupciones prolongadas.
  • Normativas, estándares y buenas prácticas. El cumplimiento de normativas internacionales y la adopción de estándares de seguridad son fundamentales para elevar el nivel de protección. Las buenas prácticas incluyen la autenticación multifactor, el cifrado de comunicaciones y la actualización continua de software y hardware.
  • Formación, simulacros y colaboración público-privada. La capacitación constante del personal y la realización de simulacros permiten identificar debilidades y mejorar la respuesta ante incidentes. La colaboración entre entidades públicas y privadas, así como la cooperación internacional, son claves para compartir información, recursos y mejores prácticas en la protección de infraestructuras críticas.

Los retos y amenazas de las infraestructuras críticas son cada vez más complejos en el mundo interconectado y digitalizado del siglo XXI. Desde la ciberseguridad hasta los fenómenos naturales, pasando por el crimen organizado y los errores humanos, la resiliencia y la seguridad crítica de estos sistemas requieren vigilancia y adaptabilidad.

El fortalecimiento de la seguridad crítica pasa por la inversión en tecnología, la actualización de sistemas, la formación del personal y la cooperación entre todos los actores implicados. Solo así se puede anticipar y mitigar los retos y amenazas de las infraestructuras críticas y garantizar la continuidad de los servicios esenciales para la sociedad.

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Radiografía de la industria de defensa española en 2025

España busca acelerar el compromiso de alcanzar el 2% del PIB en gasto militar, como se consensuó con el resto de países miembros de la OTAN. El presente artículo analiza, desde una perspectiva técnica y económica, cómo se estructura este nuevo gasto, cuáles son sus principales destinos y qué implicaciones tiene para la industria de defensa española.

En la actualidad, el panorama de la defensa en España vive una transformación profunda marcada por una decisión clave: acelerar el compromiso de alcanzar el 2% del PIB en gasto militar, tal y como establece el objetivo consensuado por los países miembros de la OTAN. Este cambio en la dirección presupuestaria implica un impacto considerable tanto en la planificación de las Fuerzas Armadas como en el tejido empresarial e industrial que da soporte a las capacidades militares del país.

Desde 2014, cuando se firmó en la cumbre de Gales el acuerdo para elevar la inversión en defensa, España ha ido evolucionando lentamente en esta materia. En el último informe disponible de la OTAN, correspondiente al ejercicio 2024, se refleja que el gasto español en defensa alcanzó el 1,24% del PIB. Esta cifra se sitúa por debajo de la media aliada, pero ha servido como punto de partida para una revisión acelerada de las políticas presupuestarias en 2025. En este contexto, el Gobierno ha anunciado que el nuevo objetivo es alcanzar el umbral del 2% del PIB destinado a defensa antes de que finalice el año 2025, adelantando así los plazos inicialmente previstos en el marco de la OTAN.

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¿Cuánto se gasta y en qué se invierte?

El Ministerio de Defensa ha estimado que el gasto consolidado para 2025 rondará los 15.000 millones de euros. Esta cifra no solo incluye el presupuesto directamente asignado al ministerio, sino también los programas gestionados por otros departamentos, como el Ministerio de Industria, que ha asumido un papel activo en el impulso de tecnologías relacionadas con la defensa y la seguridad. La orientación de este gasto se distribuye principalmente en tres grandes áreas: los programas especiales de armamento y modernización, la inversión en tecnologías duales y el refuerzo de las condiciones del personal militar.

En lo que respecta a los programas de modernización, se han reactivado con fuerza diversas iniciativas que estaban en fase de desarrollo o ejecución desde hace varios años. Entre ellas se encuentra la construcción de las nuevas fragatas F-110, que representan un avance en capacidades de guerra antisubmarina y defensa aérea, y que se están produciendo en los astilleros de Navantia. También continúa el despliegue del vehículo de combate 8×8 Dragón, destinado a sustituir a los antiguos blindados del Ejército de Tierra. Asimismo, cobra protagonismo el programa de desarrollo del Futuro Sistema Aéreo de Combate (FCAS), un ambicioso proyecto europeo compartido con Alemania y Francia que pretende desarrollar una plataforma de combate de sexta generación con altas capacidades tecnológicas y de conectividad.

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Innovación tecnológica y economía dual

Otra línea de gasto relevante es la que se dirige al ámbito de la innovación. En este sentido, se ha establecido una partida de más de mil millones de euros gestionada por el Ministerio de Industria para financiar tecnologías consideradas de uso dual, es decir, con aplicación tanto civil como militar. Este tipo de iniciativas pretende fomentar la colaboración con pymes, startups y centros de investigación, con especial interés en áreas como la inteligencia artificial, la robótica, la computación cuántica, la ciberseguridad o los sistemas de mando y control avanzados. El objetivo es dotar al país de una base industrial y tecnológica más autónoma, capaz de responder a las necesidades estratégicas sin depender exclusivamente de proveedores extranjeros.

Mejora de condiciones para el personal militar

En paralelo a estas inversiones en capacidades materiales y tecnológicas, el presupuesto de 2025 contempla también una mejora en las condiciones del personal militar. En los primeros meses del año se aprobó una transferencia de más de 340 millones de euros destinada a incrementar de forma lineal el salario mensual de los miembros de las Fuerzas Armadas en 200 euros. Esta medida responde a una demanda sostenida por parte de las asociaciones profesionales del sector y se enmarca dentro de una estrategia para mejorar la retención de talento y la profesionalización de los cuerpos militares.

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La industria nacional de defensa: actores y oportunidades

Todo este esfuerzo inversor tiene un impacto directo sobre la industria nacional de defensa, que se encuentra en fase de expansión. El ecosistema está liderado por un pequeño grupo de grandes contratistas, como Indra, Navantia, Escribano, SAPA o Thales España, que concentran el grueso de los contratos. No obstante, también se está fomentando la participación de empresas medianas y pequeñas mediante licitaciones específicas y consorcios orientados a programas europeos.

Según estimaciones del sector, las empresas españolas podrían recuperar hasta 9.000 millones de euros en contratos derivados de los nuevos planes de inversión, una cifra que representa aproximadamente el 30% del total previsto para los próximos veinte meses.

Cooperación europea y autonomía estratégica

El marco europeo también ha sido determinante para esta transformación. La Comisión Europea, a través del llamado «plan Von der Leyen», ha establecido mecanismos de financiación comunitaria para el desarrollo de capacidades militares conjuntas, con el objetivo de fortalecer la autonomía estratégica del continente y reducir la dependencia de proveedores externos, especialmente en un contexto marcado por tensiones geopolíticas crecientes. España participa en varios de estos programas, lo que multiplica las oportunidades para la industria nacional y facilita la integración en cadenas de suministro internacionales.

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Retos de ejecución y control presupuestario

Pese a este impulso, el proceso no está exento de retos. Uno de ellos tiene que ver con la gestión y ejecución eficaz del presupuesto. La necesidad de acelerar los proyectos y garantizar el cumplimiento de plazos exige una planificación rigurosa y una coordinación estrecha entre los distintos actores implicados: administración central, industria, centros de investigación y socios internacionales.

Además, otro desafío relevante es asegurar mecanismos de control y transparencia en el uso de los recursos, especialmente en un contexto en el que parte del aumento del gasto se ha canalizado mediante disposiciones que permiten reordenar partidas presupuestarias sin necesidad de aprobación parlamentaria, algo que ha sido objeto de debate técnico e institucional.

Implicaciones internacionales y posicionamiento en la OTAN

En cuanto al componente internacional, la aceleración del gasto sitúa a España en un nuevo posicionamiento dentro de la OTAN, donde hasta ahora se encontraba entre los países con menor esfuerzo presupuestario.

Con este aumento, no solo se busca cumplir con los compromisos adquiridos, sino también aumentar la influencia en los procesos de decisión y planificación estratégica de la Alianza, en un momento en que se revisan los modelos de disuasión, defensa territorial y capacidades de respuesta rápida.

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Impacto económico y perspectivas a medio plazo

Desde el punto de vista económico, el refuerzo del gasto en defensa actúa también como dinamizador de determinados sectores industriales, en especial aquellos relacionados con la alta tecnología. La creación de empleo cualificado, la atracción de inversión extranjera y la generación de propiedad intelectual son algunos de los efectos indirectos que se proyectan en el medio plazo. No obstante, también se requiere un análisis constante sobre la eficiencia del gasto, la sostenibilidad de los compromisos asumidos y el equilibrio con otras políticas públicas.

Conclusión: una nueva etapa para el sector defensa

En síntesis, la radiografía del gasto en defensa en España en 2025 refleja un cambio de ciclo caracterizado por una notable intensificación de la inversión, una diversificación de objetivos estratégicos y una fuerte interacción entre el Estado y la industria.

La orientación del nuevo presupuesto busca reforzar las capacidades nacionales, contribuir a la seguridad colectiva en el marco europeo y atlántico, y posicionar a la industria española como un actor relevante en los principales programas internacionales.

La consolidación de estos objetivos dependerá en gran medida de la implementación efectiva de los programas en marcha, de la cooperación interinstitucional y de la capacidad del ecosistema nacional para adaptarse a los nuevos estándares tecnológicos y operativos que definirán el futuro de la defensa en Europa.

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¿Qué es un ciberataque?

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En este artículo te explicamos qué es un ciberataque, cómo se puede llevar a cabo y qué tipos existen. Desde ataques diseñados para robar dinero hasta ofensivas capaces de colapsar ciudades enteras.

Hoy no podemos hacer prácticamente nada sin una red de por medio. Las llamadas, los mensajes, ver una serie, incluso trabajar o pedir comida a domicilio… Todo pasa por sistemas digitales que operan en segundo plano, casi invisibles. Cada clic deja rastro, cada conexión abre una puerta y detrás de esas puertas, hay ciberdelincuentes esperando su oportunidad.

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Los ciberataques ya no son una amenaza lejana ni una fantasía de ciencia ficción. De hecho, en España no se descarta que un ciberataque esté detrás del reciente apagón eléctrico que dejó durante horas a varias ciudades sin electricidad. El resultado: confusión, calles a oscuras, negocios cerrados y un país entero preguntándose qué había pasado. Porque en un mundo donde todo depende de la red, basta un fallo (o un ataque bien dirigido) para ponerlo todo patas arriba.

¿Qué es un ciberataque?

Un ciberataque es un asalto digital, un intento de entrar en sistemas, redes o dispositivos para robar, sabotear o directamente destruir información. El atacante no siempre busca llevarse algo, sino que a veces solo quiere provocar el máximo daño posible.

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Lanzar un ciberataque no requiere recursos infinitos. Un portátil, una buena conexión y los conocimientos adecuados son suficientes para paralizar una empresa o desactivar infraestructuras críticas. Desde una cafetería pública o un país a miles de kilómetros, un hacker puede desconectar hospitales, bloquear bancos o hacer que un país entero se tambalee.

¿Cómo se realiza un ciberataque?

Todo depende del objetivo. A veces, basta con un correo infectado, una descarga de una aplicación falsa o una página web manipulada. Otras veces, el atacante simplemente se aprovecha de errores básicos: servidores desactualizados, contraseñas débiles, sistemas mal configurados.

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Una vez dentro, no suele actuar enseguida. Puede quedarse oculto, espiando, preparando el terreno hasta que llega el momento de inyectar un virus que apaga servidores, desconecta sistemas de control o altera redes críticas como las eléctricas. Un apagón masivo, por ejemplo, podría provocarse alterando los programas que sincronizan la energía, descoordinando las centrales y desencadenando un colapso a gran escala.

Tipos de ciberataques

Estas son las principales estrategias que usan los atacantes:

Malware

Software malicioso que infecta dispositivos para dañarlos, robar información o convertirlos en armas digitales. Hay virus que se activan de inmediato y otros que permanecen dormidos durante meses, esperando el momento justo.

Phishing

Correos o mensajes que imitan comunicaciones legítimas para engañar a las víctimas y robarles contraseñas, números de tarjeta o acceso a cuentas críticas. Muchos de estos ataques apenas tardan minutos en comprometer a una empresa entera.

Ransomware

Programas que bloquean sistemas o cifran archivos, exigiendo un rescate para devolver el control. A veces, aunque se pague, los datos nunca se recuperan y la información acaba filtrada en la web oscura.

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Ataques DDoS

Saturan un servidor o una red con tráfico falso hasta que se caen o quedan inutilizados. No buscan robar, solo hacer ruido y paralizar los servicios el tiempo suficiente para causar daño o distraer de un ataque más grande.

Inyección de SQL

Consiste en manipular bases de datos mal protegidas mediante comandos maliciosos. Así, los atacantes pueden robar, alterar o borrar información crítica sin que los responsables de la empresa se den cuenta a tiempo.

Ataques a la cadena de suministro

En lugar de atacar directamente a un gran objetivo, los hackers vulneran a sus proveedores o socios. Desde ahí, consiguen acceso privilegiado a sistemas más grandes, saltando las barreras de seguridad desde dentro.

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La amenaza de los ciberataques al sector energético

Según diferentes informes se está percibiendo un aumento de los ciberataques dirigidos al sector energético. En este artículo te explicamos cuáles han sido los más relevantes en los últimos años y cuál está siendo la respuesta de la Unión Europea a estas amenazas a las infraestructuras críticas.

Las infraestructuras más importantes para un país son aquellas que abastecen de los servicios esenciales a sus ciudadanos como pueden ser el agua, la energía, la alimentación o la salud. En este sentido, una amenaza sobre las mismas sería crítico para el funcionamiento de cualquier país y es por ello que se denominan infraestructuras críticas.

Cada país de la Unión Europea cuenta con sus propias medidas de protección frente a los ciberataques o a los desastres naturales que afecten a las mismas. En España se aplica la Ley 8/2011 del 28 de abril por la que se establecen medidas para la protección de estas infraestructuras críticas. A nivel europeo existe la Directiva 2008/114/CE del Consejo de la Unión Europea sobre la identificación de infraestructuras críticas europeas y la necesidad de mejorar su protección.

A finales del pasado mes de junio la Unión Europea también llegó a un acuerdo político sobre la directiva relativa a la resiliencia de las entidades críticas con el objetivo de tratar de reducir las vulnerabilidades y fortalecer las infraestructuras críticas ante desastres naturales, terrorismo o emergencias sanitarias. 

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Según la Unión Europea, en los últimos años han surgido diferentes desafíos entre los que se encuentran los ataques terroristas, desastres naturales o emergencias sanitarias que han demostrado la necesidad de aumentar la resiliencia de las entidades críticas europeas. 

Además este mes el Parlamento Europeo y el Consejo de la Unión Europea han acordado ampliar las infraestructuras críticas añadiendo las infraestructuras digitales, los mercados financieros, la banca, la salud el espacio, el agua potable, las aguas residuales, el medio ambiente, la administración pública y la producción y distribución de alimentos, ya que antes no estaban consideradas como tal.

De esta forma todas ellas estarán a partir de ahora protegidas con la Directiva de 2008, y se adoptarán medidas comunes para todos los Estados Miembros. Próximamente tendremos novedades legislativas sobre la protección de infraestructuras críticas que son «realmente necesarias» tras 14 años.

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Sin embargo, según los expertos, uno de los principales problemas es que la legislación no está teniendo tan en cuenta como debería los retos de las nuevas tecnologías. Estos avances suponen que las infraestructuras críticas sean más vulnerables a los ciberataques, sobre todo en casos relacionados con ciberterrorismo.

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Aumento de ciberataques al sector energético

En el caso de las infraestructuras críticas del sector energético, desde el Foro Económico Mundial (WEF) insiste en la necesidad de colaboración en Ciberseguridad debido a que el sector está cada vez más interconectado. En 2021 el sector energético sufrió más de 451 mil ciberataques en el mundo, lo que supone un incremento del 28% respecto al año anterior debido a que el sector está entrando de lleno en el mundo digital.

Según el último informe de X-Force Threat Intelligence Index 2022, el sector energético está en cuarta posición en relación a las industrias más afectadas por los ataques en el ciberespacio, siendo el ransomware el modo de ataque más utilizado (25%). Por otro lado, las empresas más afectadas son las que centran su actividad en relación al gas y el petróleo siendo víctimas principalmente de ciberataques con troyanos, DDoS y phising.

Según advierte Rimel Fraile Fonseca, experto de Digiware, uno de los sectores más afectados por el cibercrimen es el energético. Fonseca también alerta de cómo los informes revelan un incremento «sustancial» de los ciberataques en los últimos años en este sector a medida que la transformación digital se ha extendido en este mercado con ataques cada vez más sofisticados a las infraestructuras críticas.

Además, según el informe Cyber Priority, que explora el estado de la Ciberseguridad en el sector energético, la mayoría de profesionales que trabajan en el sector de la energía, energías renovables, petróleo y gas creen que es probable que un ataque cibernético en la industria cause paradas operativas (85%) y daños a los activos de energía e infraestructura crítica (84%). La investigación de DNV también alerta que la preocupación por este tipo de amenazas ha aumentado desde el comienzo de la invasión rusa a Ucrania.

En España, el pasado mes de mayo el Ministerio del Interior lanzó un aviso generalizado a todas las empresas involucradas en algún tipo de infraestructuras críticas del sector energético para que incrementases sus controles ante el riesgo de ciberataques.

A raíz del análisis realizado por los expertos del Centro Nacional de Protección de Infraestructuras Críticas del sector energético en la Unión Europea, se recomendó a las empresas españolas también reforzar sus mecanismos de ciberseguridad en el contexto de la guerra en Ucrania y la dependencia del gas y petróleo que Rusia envía a Europa.

De esta forma, el Centro Nacional de Protección de Infraestructuras Críticas y Ciberseguridad (CNPIC) de España avisó a importantes empresas española que gestionan infraestructuras críticas para que se preparen ante posibles ciberataques, entre ellas, la Red Eléctrica de España (REE). Ante esta situación, el sector energético ha invertido 600 millones de euros en startups tecnológicas para protegerse ante los ciberataques.

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Principales ciberataques al sector energético

En los últimos años uno de los ataques más importantes a las infraestructuras críticas relacionadas con la energía ocurrió en el año 2010 cuando una planta nuclear en Natanz (Irán) sufrió un ciberataque mediante el malware Stuxnet deshabilitando 1.000 centrifugadoras y suspendiendo el trabajo de la planta. Otro ataque relevante ocurrió en 2015 cuando el malware BlackEnergy3 atacó la red eléctrica de Ucrania dejando a más de 250.000 personas sin luz durante más de 6 horas. En 2017 destacamos el caso del malware Triton que tomó el control del sistema de seguridad instrumentado de la estación de trabajo de Arabia Saudí con la intención de desencadenar una explosión que pudo evitarse por un error de codificación.

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Más recientemente destacamos el ciberataque a SolarWinds, un administrador de tecnologías de la información con más de 33.000 clientes (incluyendo Microsoft, la NASA o el Pentágono), que derivó en que los ciberdelincuentes consiguieron acceder a toda la información de las compañías y entidades públicas y el ciberataque de DDoS del grupo pro-ruso Killnet que atacó a las instituciones estatales de Lituana en el mes de junio de este año aumentando el riesgo y preocupación por el incremento de amenazas dirigidas a los sistemas industriales en el contexto de la guerra de Ucrania.

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Según los expertos podríamos estar ante la primera ciberguerra que, al no suceder en el plano físico como la guerra tradicional, no tiene fronteras. Esto lleva a que todos los países busquen maneras de protegerse ante estas amenazas teniendo en cuenta que los objetivos de los ciberataques podrían ser las infraestructuras críticas del país.

Según los expertos las empresas necesitan estar mucho más protegidas y es necesario continuar aumentando la inversión en ciberseguridad. A nivel global, la concentración de inversiones se encuentra en EEUU con un 50%, mientras que Europa cuenta con el 40%, el restante 10% se divide entre LATAM, Asia, Oriente Medio y África, donde empiezan a crecer.

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Las primeras medidas recomendadas por los expertos para fortalecer las ciberdefensas en las infraestructuras críticas deberían ser, en primer lugar, localizar el punto vulnerable a los ataques. Es decir, todas las empresas deberían contar con profesionales de seguridad cibernética en su plantilla, sobre todo aquellas empresas que sean más vulnerables o cuyo ataque tenga consecuencias más devastadoras.

Además, las empresas de energía sólo centran su riesgo en su propia empresa, sin tener en cuenta que también son vulnerables en toda la cadena de suministro, lo que incluye a clientes y proveedores.

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