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El uso de criptomonedas en el crimen organizado

Las criptomonedas han transformado la estructura financiera global, impulsando economías alternativas y facilitando actividades ilícitas. Grupos criminales y terroristas aprovechan su anonimato para mover grandes sumas de dinero y blanquear activos. En este artículo, Lucas Paulvinoch, alumno del Máster Profesional de Analista Criminal y Criminología Aplicada de LISA Institute, explica cómo, a pesar de su adopción creciente, especialmente en América Latina, la falta de regulaciones claras y la baja supervisión continúan siendo desafíos.

El avance de las criptomonedas ha dado lugar a un nuevo paradigma en la estructura financiera global. Esto ha impulsado tanto la modernización económica como el crecimiento de economías alternativas fuera del sistema bancario tradicional.

En ese marco, las organizaciones criminales y terroristas han sofisticado sus herramientas. Han encontrado en las monedas digitales un método eficiente para mover grandes cantidades de dinero. Este método elimina los riesgos asociados a los métodos convencionales de lavado de activos.

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El crecimiento sin precedentes en la utilización de criptoactivos durante los últimos años ha transformado radicalmente la manera en que se financian y operan tanto las actividades legítimas como las ilícitas. Especialmente tras la pandemia de Covid-19.

Las monedas digitales permiten menores costos de transacción, la agilización de los micropagos, la facilidad para las remesas y nuevas posibilidades de ahorro e inversión. Estos atributos se vuelven especialmente atractivos en países con regímenes económicos caracterizados por la inestabilidad o la alta inflación.  

Tradicionalmente, los grupos criminales han dependido de estructuras como empresas ficticias, cuentas bancarias en paraísos fiscales y transacciones en efectivo. Estas se utilizan para ocultar el origen de sus ingresos ilícitos. Sin embargo, la irrupción de las criptomonedas ha simplificado este proceso. Permite la conversión de dinero ilegal en activos digitales, su transferencia a través de múltiples billeteras anónimas y, posteriormente, su reconversión en dinero lavado o bienes de alto valor.

En el mundo existen más de 10 mil monedas virtuales con diferentes características de filosofía, tecnología o regulación. Y cada día se lanzan nuevas divisas a través de procesos conocidos como Ofertas Iniciales de Monedas (ICO, por sus siglas en inglés).

Este dinamismo del sector ha permitido el ingreso en aluvión de nuevos actores. Esto facilita la inserción de las organizaciones criminales en un ecosistema que se solapa entre varios aspectos: lo abierto y lo oculto, lo identitario y lo anónimo, lo legal y lo ilegal.

En América Latina, la adopción del Bitcoin registra algunos casos ejemplares. Entre ellos están Venezuela, Argentina, Colombia y Brasil, que se encuentran entre los 20 principales del Índice Global de Adopción Cripto.

Estos grupos han recurrido a transacciones en la dark web, plataformas descentralizadas y «mixers» de criptomonedas que fragmentan los montos para dificultar su rastreo. La descentralización y el anonimato de estas transacciones dificultan la detección de flujos de dinero dirigidos a organizaciones terroristas.

Ejemplos recientes han demostrado que grupos como Hezbolá y Al-Qaeda han utilizado billeteras electrónicas anónimas. Estas les han permitido recibir donaciones y financiar operaciones en distintas partes del mundo. En América Latina, un informe de Chainalysis reveló que algunas de estas estructuras han logrado mover fondos a través de intermediarios. Lo han hecho sin ser detectados por las autoridades.

Los riesgos de la digitalización del crimen

La combinación entre altos índices de pobreza, baja bancarización y la existencia de poderosos mercados ilegales ha dado lugar a la presencia de organizaciones criminales de gran complejidad y alcance. Esto ha convertido a América Latina en un caldo de cultivo para la proliferación de esquemas fraudulentos basados en criptomonedas.

En Brasil, el mayor mercado de cripto de la región, los esquemas piramidales han crecido exponencialmente. Estos prometen rentabilidad rápida, lo que ha resultado en estafas masivas.

La población de América Latina registra un índice de los más bajos del mundo en conocimiento promedio sobre criptoactivos. La escasez de información, sumada a la ausencia de regulaciones claras, ha sido un impulsor del uso de criptomonedas para las actividades ilegales. El incremento exponencial de la ciberdelincuencia produjo pérdidas millonarias en países como Argentina, México y Colombia.

La falta de una supervisión financiera estandarizada permite que los grupos criminales exploten las brechas regulatorias. Así, pueden adaptar sus estrategias en función del país donde operan.

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Entre los factores que agravan el riesgo de la digitalización del crimen se encuentra el mayor acceso a internet en entornos de economías con alta informalidad y bajos índices de bancarización.

En ese sentido, se vuelve imperiosa la necesidad de inversión en infraestructuras digitales. Además, es urgente una mayor precisión en las regulaciones de los activos digitales, dado que la rapidez con la que evoluciona la tecnología blockchain ha superado la capacidad de los marcos legales tradicionales para mantenerse vigentes.

De acuerdo con el informe del GFI, solo 6 países en la región han implementado leyes y normativas específicas para el uso de criptomonedas. Este espectro va desde la prohibición total en Bolivia hasta la frustrada designación del Bitcoin como moneda de curso legal en El Salvador.

Frente a este escenario, varios gobiernos han comenzado a implementar medidas para abordar la creciente amenaza del crimen digital.

En Argentina, la creación de la Unidad Fiscal Especializada en Ciberdelincuencia (UFECI) ha permitido avanzar en investigaciones relacionadas con el blanqueo de activos mediante criptomonedas. Brasil ha visto cómo las autoridades identifican redes criminales que utilizan Bitcoin para financiar el tráfico de drogas. Además, han desarticulado esquemas fraudulentos de inversión en criptoactivos.

La implementación de herramientas tecnológicas por parte de los gobiernos y su alianza con el sector privado es fundamental para desarrollar plataformas que permitan rastrear transacciones en blockchain y detectar flujos financieros ilícitos.

Las dificultades de regular la velocidad de las criptomonedas

En este marco, las agencias de seguridad buscan desarrollar métodos más efectivos para la investigación y persecución de los delitos que involucran el uso de criptoactivos. Lo hacen mediante el empleo de tecnología y la actualización de estrategias, dado que las actividades ilícitas en el ciberespacio aumentan en frecuencia y sofisticación a medida que cuentan con mayores disponibilidades.

Los delitos digitales transnacionales, muchas veces complementarios de otras actividades delictivas, afectan en todos los niveles a individuos, empresas privadas, organismos estatales e infraestructuras críticas.

Sin embargo, las transacciones en criptomonedas ligadas directamente a actividades ilícitas aún representan un porcentaje ínfimo. Predomina el dinero en efectivo, que posteriormente se intenta blanquear a través de los activos digitales.

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Es por eso que muchos Bancos Centrales evalúan este último factor para desarrollar sus propias monedas digitales y avanzar en la despapelización del dinero. La inclusión financiera también presenta retos para la seguridad. Los emprendimientos criminales crecieron a la par de la emergencia de una nueva generación de inversores digitales.

El desarrollo de marcos regulatorios sólidos, así como la implementación de sistemas Conoce a tu cliente (KYC, por sus siglas en inglés) y de prevención del lavado de activos y financiamiento del terrorismo (PLA/FT) más estrictos en las plataformas de criptomonedas, son los pasos fundamentales para prevenir sus usos ilícitos.

La rapidez con la que evoluciona la tecnología ha superado la capacidad de las leyes para mantenerse vigente y deja expuestos a los ciudadanos y a las economías de la región. Y las regulaciones se enfrentan a la dificultad de coordinar las necesidades de seguridad con la promoción de la innovación financiera. 

La naturaleza transnacional del crimen digital exige la colaboración entre organismos de seguridad, agencias financieras y el sector privado. La cooperación será clave para diseñar medidas efectivas para el combate del crimen organizado sin generar distorsiones y externalidades negativas en el proceso de digitalización.

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¿Qué es la guerra de los chips y cómo está evolucionando?

La guerra de los chips ha transformado la industria tecnológica en un campo de batalla global, donde las potencias luchan por asegurar su acceso a los semiconductores avanzados. En este artículo, examinamos cómo esta competencia está moldeando la economía global y alterando el equilibrio geopolítico.

En la era digital actual, los semiconductores se han convertido en recursos estratégicos, comparables al petróleo en el siglo XX. La competencia por el dominio en la producción de microchips ha desencadenado una intensa rivalidad entre Estados Unidos, China y otros actores clave.

Esta «guerra de los chips» no solo afecta la economía global, sino que también influye en la geopolítica y la seguridad nacional de diversas potencias. Este artículo analiza los orígenes del conflicto, sus principales protagonistas y las implicaciones futuras de esta batalla tecnológica.

Orígenes del conflicto

El conflicto en torno a los semiconductores tiene sus raíces en la dependencia global de un número reducido de fabricantes. Empresas como Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC) y Samsung dominan la producción de chips avanzados.

A medida que tecnologías emergentes como la inteligencia artificial y el 5G se vuelven fundamentales para el desarrollo económico y militar, el control sobre la producción de chips se ha convertido en una prioridad. Esto también afecta al suministro, que es clave para las grandes potencias.

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En las últimas décadas, la fabricación de semiconductores se ha desplazado hacia Asia, con Taiwán y Corea del Sur liderando el mercado. Estados Unidos, que vio disminuir su cuota de mercado, ha llevado al aumento de preocupaciones sobre la seguridad de sus cadenas de suministro. China, por su parte, ha lanzado ambiciosos programas para reducir su dependencia de fabricantes extranjeros y alcanzar la autosuficiencia tecnológica.

Estados Unidos vs. China: La carrera tecnológica

Estados Unidos ha impuesto sanciones estrictas a China para limitar su acceso a tecnología avanzada. En 2022, el gobierno estadounidense prohibió la exportación de chips de última generación y equipos de fabricación a empresas chinas, afectando a gigantes como Huawei. Esta política buscaba frenar el desarrollo de China en sectores estratégicos como la inteligencia artificial y la computación cuántica, donde el acceso a semiconductores avanzados es crucial.  

Como respuesta, China ha incrementado sus inversiones en la industria local de semiconductores, con el objetivo de reducir su dependencia de proveedores extranjeros. Empresas como Yangtze Memory Technologies Corp (YMTC) han acelerado sus esfuerzos para desarrollar tecnologías propias. Sin embargo, aún enfrentan desafíos en la producción de chips de alta gama.

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Pekín también ha intensificado sus adquisiciones de patentes y talento extranjero para cerrar la brecha tecnológica con Occidente. En 2025, la competencia entre China y Estados Unidos por el control de la cadena de suministro de chips ha alcanzado nuevas dimensiones. Esto es especialmente relevante con la creciente importancia de las tecnologías de inteligencia artificial, donde los chips de alto rendimiento juegan un papel fundamental.

Por otro lado, Washington ha promovido la Ley CHIPS y Ciencia. Con esta ley, busca incentivar la producción de semiconductores en territorio estadounidense y reducir su vulnerabilidad ante la dependencia de Taiwán y otros países asiáticos.

Con una inversión de 280,000 millones de dólares estadounidenses, esta legislación busca reconstruir la capacidad industrial estadounidense y garantizar la competitividad del país en el futuro tecnológico. Sin embargo, el proceso de recuperación de la industria estadounidense enfrenta desafíos adicionales con la llegada de Trump este 2025.

El presidente Donald Trump ha solicitado al Congreso la derogación de la Ley CHIPS. Argumenta que los subsidios a la industria de semiconductores representan un gasto innecesario y que los fondos podrían utilizarse para reducir la deuda nacional.

Esta propuesta ha generado incertidumbre en el sector tecnológico y entre los legisladores. La eliminación de la Ley CHIPS podría afectar inversiones significativas y proyectos en curso destinados a fortalecer la producción nacional de semiconductores. A pesar de la oposición presidencial, empresas líderes en el sector, como Intel, TSMC y Broadcom, han mostrado resiliencia. Sus acciones han mantenido una tendencia positiva en el mercado.

En resumen, aunque la Ley CHIPS y Ciencia ha impulsado inversiones significativas en la industria de semiconductores de EE. UU., las recientes propuestas de derogación por parte del presidente Trump introducen incertidumbre. Esto afecta el futuro de estas iniciativas y su impacto en la competitividad tecnológica del país.

El papel de Taiwán y la importancia estratégica de TSMC

Taiwán es el epicentro de la fabricación de chips avanzados, con TSMC liderando el mercado. La isla produce más del 60% de los semiconductores a nivel global y alrededor del 90% de los chips más avanzados. Esto la convierte en un punto clave en la tensión entre China y Estados Unidos. Pekín ha dejado en claro su interés en reunificar a Taiwán con el territorio continental, lo que plantea serios riesgos para la estabilidad de la cadena de suministro global.

El dominio de TSMC en la fabricación de chips más avanzados ha llevado a que tanto Estados Unidos como China intenten asegurar su acceso a sus productos. Washington ha presionado para que TSMC establezca fábricas en territorio estadounidense. Por su parte, Pekín ha reiterado su postura de que Taiwán es una parte inalienable de China, lo que podría derivar en un conflicto de mayor escala en el futuro.

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Este 2025, la situación en Taiwán sigue siendo uno de los principales focos de atención internacional.

La isla continúa siendo un pilar fundamental en la fabricación de chips de última generación, y cualquier interrupción en su producción podría tener repercusiones a nivel mundial. La vulnerabilidad de Taiwán ante posibles amenazas militares de China ha llevado a que el mundo preste una atención sin precedentes a su estabilidad.

Además, cualquier interrupción en la producción de semiconductores taiwaneses podría causar una crisis en sectores clave como la industria automotriz, la inteligencia artificial y la defensa, afectando a economías de todo el mundo.

Europa y otros actores en la Competencia Global

Europa, Japón y Corea del Sur también han tomado medidas para fortalecer sus capacidades en semiconductores. La Unión Europea lanzó la Ley de Chips Europea para fomentar la producción local y reducir su dependencia de Asia.

Con una inversión de más de 43.000 millones de euros, el bloque busca posicionarse como un actor clave en la industria y evitar vulnerabilidades en su cadena de suministro. Desde el inicio del año, la Ley de Chips Europea ha comenzado a mostrar resultados. Ha habido un aumento en la producción local de estos chips, especialmente en los sectores automotriz y de inteligencia artificial.

Japón ha impulsado asociaciones con Estados Unidos y otros países para reactivar su industria de semiconductores, que en las décadas de 1980 y 1990 fue líder en el sector. Este país se ha consolidado como un jugador clave en la producción de chips especializados para vehículos eléctricos y autónomos, un sector que ha crecido rápidamente debido a la creciente demanda global de estos vehículos.

Además, Japón ha intensificado sus esfuerzos para asegurar la estabilidad de su suministro de semiconductores, dada la dependencia de la industria automotriz local y el impulso hacia la electrificación.

En 2025, el gobierno japonés aumentó su inversión en semiconductores para reforzar la industria, aumentando su presencia en la cadena global de suministro. En noviembre de 2024, el gobierno japonés asignó 200.000 millones de yenes (aproximadamente 1.280 millones de dólares) para fortalecer a Rapidus, una nueva empresa local de semiconductores, con el objetivo de competir con las grandes firmas globales como TSMC. 

Corea del Sur, por su parte, sigue consolidándose como uno de los principales productores de chips, con Samsung y SK Hynix a la cabeza. Ambas empresas son actualmente líderes en la producción de memoria DRAM, una pieza fundamental para los sistemas de inteligencia artificial, servidores y dispositivos móviles.

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En respuesta al crecimiento global de la demanda de chips avanzados para AI y tecnología 5G, el gobierno surcoreano ha anunciado planes para invertir más de 450.000 millones de dólares en la próxima década. Este esfuerzo tiene como objetivo mantener su posición dominante en el mercado global y hacer frente a la creciente competencia, especialmente de China y Estados Unidos.

Además, en noviembre de 2024, se confirmó que Corea del Sur asignaría 10.000 millones de dólares en préstamos para apoyar la expansión de sus industrias de semiconductores en el futuro cercano.

Consecuencias y perspectivas futuras

La guerra de los chips está redefiniendo el comercio global y las relaciones internacionales. La fragmentación de la cadena de suministro podría aumentar los costos y ralentizar la innovación tecnológica. Además, la creciente rivalidad entre China y Estados Unidos podría desembocar en una mayor militarización de la tecnología.

La creciente inversión en semiconductores por parte de gobiernos de todo el mundo está llevando a una expansión masiva de las fábricas y centros de investigación en diversas regiones. Esto podría reconfigurar el panorama global de las tecnologías en los próximos años.

El aumento de restricciones comerciales y las políticas de nacionalismo tecnológico están llevando a que cada país intente desarrollar su propia industria de semiconductores.

Sin embargo, la fabricación de chips es un proceso extremadamente complejo que requiere miles de millones de dólares en inversión y décadas de desarrollo. Esto dificulta la autosuficiencia total. Además, la competencia entre gigantes tecnológicos como NVIDIA y Broadcom está acelerando la innovación, lo que podría tener un impacto directo en la velocidad y la capacidad de los chips de inteligencia artificial, dando forma al futuro de la computación.

La guerra de los chips no solo afecta a las economías de los países involucrados, sino que también tendrá un impacto significativo en la manera en que las tecnologías avanzadas se distribuyen a nivel global. En 2025, la carrera por la supremacía en semiconductores se intensifica. Los avances en inteligencia artificial y computación cuántica redefinen lo que es posible en la tecnología moderna.

En resumen, la guerra de los chips es un conflicto multifacético que involucra a diversas potencias globales, cada una con sus propias estrategias y objetivos. Este enfrentamiento tecnológico continuará moldeando la economía y la geopolítica mundial en las próximas décadas.

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El mapa de los choke points en el mundo

En este artículo te mostramos los choke points más importantes de todo el mundo y su importancia geoestratégica en el comercio mundial.

Los choke points o puntos de estrangulamiento son estrechos pasajes marítimos que conectan dos grandes masas de agua y resultan críticos para el comercio internacional, ya que el tránsito se concentra forzosamente. Aproximadamente el 80% del comercio mundial se transporta por mar, lo que convierte estos ajustados pasos en arterias vitales para la economía mundial. Pueden ser naturales o artificiales, y su importancia estratégica radica en que pueden controlarse para obtener ventajas geopolíticas y económicas. Además, su configuración espacial limitada permite el control de rutas de transporte con recursos mínimos.

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En términos militares, los choke points representan ubicaciones tácticas donde una fuerza menor puede bloquear o monitorear el avance de un contingente mayor. Asimismo, en logística comercial, estos cuellos de botella geográficos determinan las rutas de navegación global y el flujo de mercancías, convirtiéndose en activos geoestratégicos de primer orden.

La vulnerabilidad inherente de los choke points deriva de su insustituibilidad y de las limitaciones físicas que imponen. Por consiguiente, su control otorga grandes ventajas en términos de seguridad nacional, influencia regional y capacidad de proyección de poder. Todos ellos son fundamentales para el comercio internacional y la movilidad estratégica. En el mundo existen ocho choke points primarios que resultan esenciales. Además, hay otros muchos más que son secundarios, ya que no afectan directamente a todo el mundo.

Principales choke points en el mundo

Ubicación de los principales choke points en el mundo. En rojo los más importantes, y en amarillo los secundarios.
  • Canal de Panamá. Choke point marítimo de esclusas de 77 km de longitud que atraviesa el istmo de Panamá en América Central. Conecta el océano Pacífico con el Atlántico, permitiendo a los barcos evitar la ruta alrededor del Cabo de Hornos, ahorrando aproximadamente 8.000 millas náuticas y 21 días de viaje. Actualmente, está administrado por la Autoridad del Canal de Panamá. Su importancia radica en ser el enlace crítico entre los mercados occidentales y asiáticos.
  • Estrecho de Gibraltar. Conecta el mar Mediterráneo con el océano Atlántico, separando Europa de África. Con solo 14 km de ancho en su punto más estrecho, este paso natural ha sido históricamente una de las principales rutas marítimas mundiales. El control del estrecho está compartido entre España y Marruecos, que cooperan en la designación de vías marítimas y el establecimiento de esquemas de separación de tráfico. La importancia del Estrecho de Gibraltar es tal que la Marina Real Británica lo considera uno de sus tres principales puntos de estrangulamiento estratégicos, junto con el canal de la Mancha y la brecha GIUK.
  • Canal de Buena Esperanza. Situado en el extremo sur de África, representa una ruta alternativa clave cuando otros choke points como el canal de Suez o el Estrecho de Bab el-Mandeb están bloqueados. No es un estrecho como tal, sino un punto de navegación que requiere rodear el continente africano. No existe un control específico sobre esta ruta, ya que se encuentra en aguas internacionales. Sin embargo, Sudáfrica mantiene influencia en esa región. Su importancia estratégica aumenta significativamente durante crisis en otras rutas marítimas, aunque supone un aumento de miles de millas náuticas adicionales comparado con la ruta del canal de Suez.
  • Estrecho del Bósforo. Une el Mar Negro con el mar de Mármara, que a su vez lleva al mar Mediterráneo. Este estrecho de 31 km de longitud y menos de 1 km de ancho en algunos puntos divide la ciudad de Estambul y separa Asia de Europa. Turquía ejerce el control absoluto sobre este estrecho, regulado por la Convención de Montreux de 1936. Además, es la única salida marítima para países como Ucrania, Rusia, Georgia y Bulgaria hacia el Mediterráneo, lo que es vital para las exportaciones del mar Negro.
  • Canal de Suez. Es una vía artificial de 193 km que conecta el mar Mediterráneo con el mar Rojo a través del istmo de Suez en Egipto. Permite a los barcos viajar entre Europa y Asia sin tener que rodear África, ahorrando aproximadamente siete días de viaje. Administrado por la Autoridad del canal de Suez, este canal representa uno de los puntos de estrangulamiento más críticos del mundo. Miles de embarcaciones y miles de millones de toneladas de carga transitan anualmente por este choke point. Su importancia es tal que maneja casi el 10% del comercio mundial y transporta varios millones de barriles de petróleo diarios.
  • Bab el-Mandeb. Conocido históricamente como la «Puerta de las Lágrimas», conecta el Golfo de Adén con el mar Rojo. Con solo 18 millas en su punto más estrecho, los petroleros deben pasar por un espacio de navegación de apenas dos millas de ancho en ambas direcciones. Su control está disputado entre varios países de la región, incluyendo Yemen, Yibuti y Eritrea, con presencia militar internacional debido a su importancia estratégica. Este estrecho es muy importante, ya que permite el acceso al canal de Suez desde el océano Índico.
  • Estrecho de Ormuz. Ubicado entre Omán e Irán, conecta el Golfo Pérsico con el golfo de Omán y el mar Arábigo. Con 21 millas de ancho en su punto más estrecho, los barcos deben navegar por un canal de apenas dos millas de ancho en cada dirección. Irán ejerce bastante control sobre este estrecho, ya que forma la costa norte del mismo y posee varias islas estratégicas en la zona. Está considerado el punto de estrangulamiento más importante del mundo para el petróleo. Además, aproximadamente un quinto del comercio mundial de gas natural licuado transita por este estrecho.
  • Estrecho de Malaca. Conecta el mar de China Meridional con el océano Índico, entre Malasia e Indonesia. En su punto más estrecho mide apenas 1,5 millas náuticas, convirtiéndolo en uno de los pasos más ajustados del mundo. Su control está compartido principalmente entre Singapur, Malasia e Indonesia, con patrullas navales de potencias como Estados Unidos e India. Es el principal punto de estrangulamiento en Asia, permitiendo a los barcos tomar la ruta más corta entre los proveedores del golfo Pérsico y los mercados asiáticos como China, Japón y Corea del Sur. Transporta aproximadamente el 40% del comercio mundial y es vital para el suministro energético de China.

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¿Guerra comercial o Geoeconomía monetaria? El plan oculto de Trump con los aranceles

Desde su regreso a la presidencia en enero de 2025, Donald J. Trump ha recuperado y exacerbado su doctrina «America First». A diferencia de su primer mandato, en esta ocasión los aranceles no parecen ser un instrumento aislado de presión comercial, sino una palanca multifuncional diseñada para alterar —desde dentro y hacia fuera— el equilibrio económico global. Lejos de una mera guerra comercial, podría tratarse de una estrategia de geoeconomía monetaria, cuyo objetivo geopolítico es reducir el valor real de la deuda, debilitar la dependencia externa y reposicionar a Estados Unidos como polo industrial hegemónico.

Una economía sobre una montaña de deuda

A inicios de 2025, la deuda federal estadounidense alcanza los 36,2 billones de dólares, el 122% del PIB, según el U.S. Department of the Treasury. Esta deuda genera una presión asfixiante sobre los presupuestos públicos, especialmente en un entorno donde el 25% del gasto federal se destina al pago de intereses, según la Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO). La situación se agrava con la maduración de más de 9,2 billones de deuda pública durante el año, lo que obliga a refinanciar a tasas elevadas.

La Reserva Federal, aunque inició recortes moderados en 2024, mantiene los tipos en un 4,5%. Estas tasas, necesarias para contener la inflación post-COVID y postguerra en Ucrania, también encarecen el refinanciamiento del Tesoro y ralentizan el crecimiento económico.

Este contexto convierte la deuda pública en el mayor talón de Aquiles estructural de Estados Unidos. Si no se gestiona eficazmente, limita la capacidad del país de actuar económicamente en el plano internacional… a menos que se encuentren fórmulas para «reducirla» sin recortar el gasto: como devaluarla mediante inflación inducida.

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¿Un plan para presionar a la Reserva Federal?

Tanto en la carrera a la Casa Blanca durante su campaña, como en reiteradas ocasiones en su segundo mandato, está exigiendo a la Reserva Federal que baje los tipos de interés, tildándola de estar en contra de los intereses de EEUU. 

El banco central estadounidense, no debería tener mandatos políticos, sino meramente económicos. En sus estatutos tiene un doble mandato:

  • Mantener baja la inflación.
  • Conseguir el pleno empleo.

Dado que Trump no ha conseguido con su presión influir en la FED, dada la independencia formal de este organismo, ha decidido pasar a la acción, provocando un contexto que fuerce a la FED a bajarlos, llevándola a un callejón sin salida.

¿Cómo lo pretende conseguir? A partir de abril de 2025, Trump ha impuesto aranceles generalizados decenas de países. Aunque la ponderación escogida para cada país se ha establecido en base al déficit comercial relativo con EEUU, a continuación, se destacan los impuestos a potencias geopolíticas mundiales o regionales:

  • Entre el 51% y el 60%, se encuentra únicamente China, con un arancel acumulado del 54% por parte de EE.UU. (resultado de sumar el 34% vigente más un 20% ya aplicado anteriormente), lo que refleja la posición estratégica de contención económica hacia su principal rival sistémico.
  • Entre el 41% y el 50%, aparece Vietnam, que enfrenta un arancel del 46%, consolidándose como uno de los países más afectados por la política comercial estadounidense debido a su creciente peso en la cadena de suministro global, especialmente como alternativa a China.

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  • Entre el 31% y el 40%, se ubican Taiwán y Indonesia, ambos con un 32%, junto con Sudáfrica, que enfrenta un 30%. Estos países ocupan posiciones clave en la geoeconomía regional: Taiwán por su liderazgo en semiconductores, Indonesia por su influencia en el sudeste asiático y Sudáfrica como principal socio industrial africano.
  • Entre el 21% y el 30%, se agrupan India y Corea del Sur, con aranceles del 26%, y Japón, con un 24%. Esta franja incluye a potencias asiáticas con alto nivel tecnológico y gran peso geopolítico, lo que sugiere una intención de presión estratégica para renegociar ventajas en sectores clave como tecnología, automoción o propiedad intelectual.
  • Entre el 11% y el 20%, encontramos a la Unión Europea, con un arancel del 20%, y Israel, con un 17%. Ambos son aliados tradicionales de Washington, pero compiten en sectores industriales y tecnológicos donde EE.UU. busca reposicionar su producción.

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  • Entre el 1% y el 10%, están Reino UnidoArabia SaudíEgiptoBrasil y Argentina, todos con un arancel del 10%. Este tramo agrupa a socios estratégicos o potencias regionales con relaciones estables o dependientes de EE.UU. en términos energéticos, agrícolas o de seguridad, y a los que se les mantiene un trato arancelario relativamente benigno.

Estas medidas provocan efectos macroeconómicos inmediatos:

  • Aumento de costes de importación → inflación de costes.
  • Tensión en las cadenas logísticas globales → encarecimiento de bienes intermedios.
  • Menor confianza de los consumidores → reducción del consumo interno.

El resultado: un escenario propicio para una recesión técnica.

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Ante una desaceleración, la Reserva Federal se enfrenta a la disyuntiva de mantener los tipos y agudizar el estancamiento, o reducirlos y asumir más inflación. Y es ahí donde radica la hipótesis central: Trump estaría provocando deliberadamente una contracción moderada para forzar a la Fed a recortar los tipos, lo que permitiría:

  • Inyectar liquidez.
  • Estimular los mercados financieros.
  • Inflar la economía y reducir el valor real de la deuda pública.

Es decir, los aranceles no serían un fin en sí mismos, sino una herramienta de política macroeconómica indirecta. Un riesgo calculado con dividendos potenciales: restablecer el margen fiscal del gobierno estadounidense a costa de una inflación controlada.

Fabricar miedo… y nuevas fábricas en territorio estadounidense

Más allá del efecto monetario, los aranceles también buscan reconfigurar las cadenas de valor globales. Frente a décadas de deslocalización hacia Asia, Trump apuesta por una «repatriación industrial»:

  • En 2024, la inversión en manufactura en EE.UU. alcanzó un récord de 225.000 millones de dólares, según el Joint Economic Committee del Congreso.
  • Siemens anunció 285 millones de inversión en plantas en California y Texas.
  • Intel, TSMC y Samsung siguen ampliando fábricas de microchips en Arizona, Ohio y Nueva York.

Estos proyectos, en conjunto, han generado más de 120.000 empleos industriales directos en tres años. A medio plazo, esto supone:

  • Reducción de la dependencia estratégica de China, especialmente en sectores como semiconductores y productos farmacéuticos.
  • Fortalecimiento del «Made in USA».
  • Mejora de la resiliencia y autonomía industrial ante futuras crisis de suministros.

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Este proceso se inserta en una estrategia más amplia de «friendshoring» y «nearshoring», donde Estados Unidos busca sustituir la manufactura china por países aliados o por producción nacional directa, recuperando soberanía económica.

Forzar una estrategia negociadora global

Los aranceles no sólo afectan a productos, sino que se han convertido en una herramienta diplomática multilateral. El comercio, en manos de Trump, es un arma de negociación:

  • China, pese a sus represalias del 34%, ha mostrado disposición a renegociar acuerdos agrícolas y de propiedad intelectual.
  • La UE teme una nueva ola de aranceles al automóvil (similar a 2018-2020), y ha reactivado canales diplomáticos con Washington.
  • México y Canadá enfrentan presiones para reformular ciertos puntos del T-MEC, especialmente en el sector energético y farmacéutico.

En todos los casos, el patrón se repite: Trump presiona con el comercio para obtener concesiones estratégicas, ya sea en seguridad tecnológica, energía o inversiones.

Esto redefine las reglas del comercio internacional y fortalece la autonomía estratégica de Estados Unidos, obligando a otros bloques a reordenar sus prioridades, incluso dentro del G20 y la OMC.

¿Improvisación o doctrina geoeconómica?

Este enfoque, más que un simple populismo económico, se aproxima a una doctrina sistémica de geoeconomía aplicada, donde los aranceles cumplen funciones múltiples:

  • Disparar inflación selectiva para erosionar el valor real de la deuda.
  • Repatriar industria clave para blindar la soberanía tecnológica.
  • Redefinir tratados multilaterales mediante presión económica.
  • Presionar a la Fed sin vulnerar su independencia institucional.

En suma, es una estrategia compleja, de ejecución arriesgada, pero con lógica interna. El precio: tensión internacional, caída bursátil temporal y riesgo de sobrecalentamiento inflacionario. El beneficio: reindustrialización, alivio fiscal y mayor autonomía geopolítica.

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Conclusión: Trump usa los aranceles como arma geoestratégica

En la política económica de Trump, los aranceles son una herramienta de manipulación estructural del tablero geopolítico, no una simple barrera aduanera. Funcionan como:

  • Palanca fiscal (vía inflación).
  • Palanca monetaria (presión sobre la Fed).
  • Palanca industrial (fomento del «reshoring»).
  • Palanca diplomática (renegociación de tratados).

Si la estrategia prospera, podría consolidar un modelo económico alternativo al de la globalización liberal: una economía nacionalista, resiliente y centrada en el control de los ciclos económicos internos. Si fracasa, podría conducir a un estancamiento con inflación, a una recesión prolongada y/o a una crisis de confianza internacional.

La historia económica reciente nos enseña que las medidas comerciales rara vez son únicamente comerciales. En el caso de Trump, los aranceles parecen insertarse en una estrategia que combina economía, diplomacia y poder interno

Su objetivo no es ganar una guerra comercial… sino forzar un cambio sistémico. ¿Estamos entonces ante una improvisación populista o ante una doctrina de geoeconomía aplicada? Todo apunta a lo segundo. Porque en el tablero global del siglo XXI, el poder no solo se mide en divisiones militares o reservas de divisas. Se mide también en capacidad de presión, resiliencia productiva y control sobre los tiempos del ciclo económico. 

Y en ese juego, Trump no está haciendo política comercial. Está haciendo geopolítica monetaria.


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Trump amenaza con vetar proyecto de ley que limitaría su poder arancelario

Un proyecto bipartidista busca que el Congreso apruebe decisiones arancelarias presidenciales en 60 días. Los senadores republicanos y demócratas Grassley y Cantwell impulsan la legislación para frenar las «guerras comerciales devastadoras». Sin embargo, el líder republicano de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, defiende la autonomía presidencial en política comercial.

La Casa Blanca ha amenazado con eliminar un proyecto de ley bipartidista presentado en el Senado que restringiría la capacidad del presidente Donald Trump para imponer aranceles unilateralmente. La propuesta legislativa, impulsada por el senador republicano Chuck Grassley y la senadora demócrata Maria Cantwell, obligaría al presidente a notificar al Congreso en un plazo de 48 horas sobre la imposición de aranceles e incluir un análisis de su impacto económico. Posteriormente, requeriría la aprobación de los legisladores en un plazo de 60 días. «Si se aprueba, este proyecto de ley obstaculizaría peligrosamente la autoridad y el deber del presidente de determinar nuestra política exterior y proteger nuestra seguridad nacional», advirtió la oficina de Administración y Presupuesto de la Casa Blanca, según informó NBC News.

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Los promotores de la iniciativa defienden que es necesario establecer controles sobre las decisiones arancelarias presidenciales. Días atrás, Grassley y Cantwell argumentaron en un comunicado conjunto que «las guerras comerciales» pueden ser «devastadoras», por lo que «el Congreso tiene el deber de frenar las acciones que causen daño» al país. Esta postura refleja la preocupación bipartidista sobre el impacto que podrían tener aranceles impuestos sin supervisión legislativa en consumidores y empresas estadounidenses, especialmente tras las recientes imposiciones masivas de Trump del ‘Día de la Liberación’.

Sin embargo, la propuesta enfrenta resistencia no solo desde la Casa Blanca, sino también desde el liderazgo republicano en la Cámara de Representantes. El presidente de la Cámara, Mike Johnson, ha expresado su apoyo a mantener la autonomía presidencial en política comercial. «Creo que hay que darle al presidente la libertad, el margen para hacer lo que fue elegido para hacer: reactivar la economía y equilibrar de forma adecuada nuestro comercio», declaró Johnson. Esta división entre republicanos del Senado y la Cámara complica las perspectivas de aprobación de la legislación, que necesitaría superar el veto presidencial con mayorías cualificadas en ambas cámaras.

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Cuando el comercio se convierte en conflicto: la primera guerra comercial global

La nueva administración estadounidense ha optado por dinamitar el modelo que había defendido su propio país desde el final de la Segunda Guerra Mundial. En este artículo, el alumno del Máster Profesional de Analista Internacional y Geopolítico de LISA Institute, Roberto Pozas Lázaro, analiza cómo el comercio, en lugar de ser un motor económico, se está utilizando como una herramienta de consolidación de poder, transformándose en una guerra comercial de primer orden.

Durante décadas, el libre comercio fue el principio fundamental del orden internacional dominante, considerado como el motor que modelaba los comportamiento estatales, promoviendo la interdependencia y el crecimiento económico global. Sin embargo, este paradigma ha experimentado un cambio radical. La globalización, en lugar de ser un fenómeno de cooperación, se ha convertido en una arena de confrontación política y estratégica, donde los aranceles, las sanciones y el control de las cadenas de suministro se han establecido como las nuevas herramientas de presión y dominación.

La administración estadounidense ha optado por dinamitar el modelo que había defendido su propio país desde el final de la Segunda Guerra Mundial. En un giro de carácter casi imperialista, se busca, mediante el proteccionismo, revitalizar la debilitada economía interna, mientras se da cumplimiento a un programa político que parece carecer de coherencia, prometiendo recortes impositivos al mismo tiempo que se imponen aranceles.

Lo que comenzó en la primera legislatura como una crónica anunciada, se ha cumplido en el inicio de lo que podría considerarse la Primera Guerra Mundial Comercial de la historia reciente. Estados Unidos, obsesionado con debilitar a China, parece dispuesto a destruir todo a su paso para lograrlo. No obstante, las decisiones tomadas tendrán un impacto global de proporciones sin precedentes, afectando todos los sectores y regiones del planeta.

Este artículo analiza cómo el comercio, en lugar de ser un motor económico, se está utilizando como una herramienta de consolidación de poder, transformándose en un instrumento geopolítico de primer orden. La Primera Guerra Mundial Comercial ya no es solo una metáfora; es una realidad palpable, tan tangible como las consecuencias económicas y sociales que inevitablemente generará.

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Estados Unidos: el epicentro de la guerra comercial

La Gran Guerra Comercial no puede comprenderse sin tener en cuenta el papel crucial que desempeña el principal actor económico mundial: Estados Unidos, y especialmente, el liderazgo de quien pretende tomar las riendas. Donald Trump. Durante su administración, la política comercial de Estados Unidos experimentó un cambio drástico, moviéndose hacia un enfoque proteccionista y unilateral. A pesar de que con la llegada de Joe Biden al poder se esperaban grandes transformaciones hacia el multilateralismo y la diplomacia, las tensiones impuestas por la administración anterior no solo se mantuvieron, sino que incluso se intensificaron.

La política comercial bajo las administraciones de Trump y Biden

La primera administración de Trump sentó las bases para que Estados Unidos desmantelara muchos de los principios que habían guiado su política comercial desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Trump justificó su giro hacia el proteccionismo al señalar que las políticas comerciales de China, la Unión Europea y otros actores internacionales representaban una amenaza para los intereses de los trabajadores e industrias estadounidenses, al tiempo que buscaba reducir el déficit comercial de EE.UU. con otras potencias.

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Durante la administración Biden, algunas de las políticas del expresidente Trump se mantuvieron, especialmente en lo relacionado con China. Aunque Biden adoptó un enfoque más multilateral y diplomático, las tensiones comerciales con Pekín continuaron, sobre todo en temas como la propiedad intelectual, las subvenciones estatales y la manipulación de la divisa. Biden también mantuvo la presión sobre China, pero con un tono y estilo más diplomático, apuntando a una estrategia de alianzas internacionales para frenar la expansión de Pekín.

Con la renovación de Donald Trump como presidente, ni siquiera han transcurrido seis meses de legislatura para que esta «nueva» administración diera inicio a lo que ya se perfila como la Primera Guerra Mundial Comercial. La imposición masiva de aranceles ha alcanzado a todos los países, incluidos territorios remotos como las Islas Heard y McDonald, desprovistas de población. Este giro radical en la política comercial de Estados Unidos ha provocado una sacudida global en los mercados, generando caídas masivas y alterando las dinámicas económicas internacionales.

Medidas contra China, Europa y otros actores clave

El principal objetivo de la política comercial de Estados Unidos sigue siendo China. En un contexto en el que el gigante asiático está consolidando su posición como una superpotencia mundial que amenaza con reemplazar a EE.UU., se puede observar el cumplimiento de la «Trampa de Tucídides», teoría que describe cómo el ascenso de una potencia desafiante genera tensiones con la potencia establecida. A través de sanciones y restricciones, Estados Unidos busca frenar la expansión de China, especialmente en su sector tecnológico, el cual ha sido percibido como una amenaza directa a la seguridad nacional estadounidense.

La guerra comercial también ha afectado a Europa, tradicionalmente uno de los aliados más cercanos de Estados Unidos. A pesar de su relación histórica, Europa ha sido blanco de aranceles, siendo los sectores más perjudicados los de acero, automóviles, agricultura y aeroespacial. Incluso países como México y Canadá, que forman parte del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, han sufrido las consecuencias de estas políticas, poniendo en entredicho la continuidad de este acuerdo trilateral.

Redefinición de las cadenas de suministro y el concepto de «friend-shoring»

Un concepto clave en esta nueva política comercial es el «friend-shoring», que significa la deslocalización de las cadenas de suministro hacia países aliados. Esta estrategia busca reconfigurar la producción a nivel global, alejándose de la dependencia de países competidores como China. El «friend-shoring» tiene como objetivo trasladar las fábricas y las cadenas de producción a países aliados o a los llamados satélites de Estados Unidos, construyendo una red de confianza mutua para reducir los riesgos asociados con la dependencia de China. Sin embargo, esta política se enfrenta a un obstáculo importante: la actual falta de fiabilidad de Washington, lo que podría hacer que muchos países duden de las promesas de alianzas estratégicas duraderas.

China: del taller del mundo al competidor estratégico

China ha evolucionado de ser la «fabrica del mundo», es decir que su principal factor económico y comercial fuesen los productos de poco o escaso valor añadido, a ser una potencia económica y comercial mundial de renombre. Esta evolución ha sido gracias a una serie de políticas y estrategias del gigante asiático que no solo buscan mantener su posición como el mayor exportador mundial, sino también convertirse en competidor directo de las grandes potencias económicas como EE.UU, Japón o la UE.

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La estrategia económica de China en las últimas décadas ha estado centrada en consolidar su mercado interno, fortaleciendo su industria y reduciendo al mínimo su dependencia de economías externas. Entre las políticas más destacadas se encuentran los subsidios a sectores considerados estratégicos por el gobierno de Pekín, como las tecnologías de semiconductores, las energías renovables y la automoción.

Otra de las políticas fundamentales de China ha sido la búsqueda de máxima independencia económica o nacionalismo económico. A través del impulso y la creación de grandes corporaciones tecnológicas como Huawei, Tencent y Xiaomi, entre otras, China ha logrado desafiar a gigantes tecnológicos extranjeros, especialmente a los estadounidenses.

Por último, es esencial mencionar el concepto de «circulación dual», que constituye otro pilar clave de la política económica china frente a los ataques estadounidenses. Este concepto busca equilibrar el desarrollo económico internacional con el impulso de la economía interna. Se enfoca en la innovación y la autosuficiencia en sectores estratégicos como la energía, los semiconductores y la inteligencia artificial, con el objetivo de reducir la dependencia de las cadenas de suministro extranjeras. Esta estrategia resulta crucial en la confrontación económica con Estados Unidos.

Además de las medidas que China ha implementado de manera gradual en los últimos años, la reciente imposición de aranceles por parte de Estados Unidos ha provocado una respuesta directa de Pekín, que ha optado por replicar la política de Washington y aplicar aranceles similares a los productos estadounidenses. Esta estrategia contrasta notablemente con la postura adoptada por su vecino Vietnam, que ha optado izar la bandera blanca y ha evitado entrar en la confrontación comercial.

La reacción de China no se hizo esperar, y en respuesta, el presidente Donald Trump ha amenazado con duplicar los aranceles a China si el país no retrocede en sus contramedidas. Esta dinámica, marcada por una escalada de medidas proteccionistas, refleja un escenario de creciente tensión comercial entre ambas potencias, donde las negociaciones y las amenazas se convierten en herramientas clave en la búsqueda de influencia económica y política.

Europa y el Sur Global en la guerra comercial

La guerra comercial también repercute de manera significativa en otros actores clave, como Europa, India, Japón, y especialmente en los países del Sur Global. Estas naciones, que habían logrado insertarse en el mercado internacional gracias a la globalización, ahora enfrentan grandes desafíos debido a las alteraciones del comercio global impulsadas por esta nueva confrontación económica.

En lo que respecta a Europa, el bloque ya venía mostrando señales de desconfianza hacia Estados Unidos, especialmente a raíz de los acontecimientos relacionados con Ucrania, lo que ha forzado a la Unión Europea a avanzar con su plan de autonomía estratégica. Este plan, de naturaleza principalmente industrial y militar, ha adquirido aún más relevancia con la imposición de aranceles por parte de Washington, lo que ha sumido a Europa en una crisis comercial, similar a la que vivió durante la primera legislatura de Trump.

En respuesta, la Unión Europea han impuesto aranceles recíprocos a Estados Unidos, aunque también han mostrado disposición para negociar. Además, la Unión Europea está trabajando activamente en diversificar sus socios comerciales. En este sentido, se están dando pasos importantes hacia acuerdos con Iberoamérica y, recientemente, se ha cerrado pactos con varios países de Asia Central, como parte de una respuesta estratégica a las iniciativas chinas en la región. Esta diversificación también refleja una voluntad europea de reducir su dependencia de Estados Unidos y de fortalecer su independencia económica en un contexto global cada vez más incierto.

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Por otro lado, el Sur Global, que engloba a una diversidad de países en África, América Latina y Asia, enfrenta los efectos más dramáticos de la guerra comercial. Estos países, que históricamente se beneficiaron de la globalización, ahora se ven atrapados en las tensiones entre las grandes potencias. La guerra comercial está exacerbando problemas como el encarecimiento del acceso a la tecnología, la inflación descontrolada y el aumento de la deuda pública, lo que está llevando a una desindustrialización progresiva en muchas de estas economías. Además, muchas naciones del Sur Global dependen de la exportación de recursos naturales y manufacturas baratas, y se encuentran en una situación difícil para competir en un sistema global cada vez más polarizado.

Estos países enfrentan una capacidad limitada para adaptarse a los rápidos cambios del sistema económico mundial, lo que les coloca en una posición vulnerable frente a las decisiones de las grandes potencias. Las tensiones comerciales, lejos de ser un fenómeno aislado, están impactando profundamente las economías más frágiles, creando un círculo vicioso de desigualdad que podría profundizar aún más la brecha entre el Norte y el Sur.

¿Un nuevo orden comercial?

La transformación del comercio internacional en un campo de batalla geopolítico marca el inicio de una nueva era, donde la economía ya no es solo una cuestión de eficiencia o competencia, sino una herramienta de poder.

La llamada «Primera Guerra Comercial Global» no solo enfrenta a Estados Unidos y China, sino que reconfigura la arquitectura del sistema mundial, arrastrando a aliados, rivales y a las economías más vulnerables a un conflicto de consecuencias impredecibles. Mientras las grandes potencias maniobran en busca de supremacía, el resto del mundo lidia con las turbulencias de un orden internacional cada vez más fragmentado. En este contexto, comprender esta guerra comercial no es una cuestión de análisis económico, sino de lectura estratégica del futuro que se está construyendo, un futuro donde el comercio, lejos de unir, puede dividir más que nunca.

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Aumenta el fraude deepfake ante la inacción de Google, Meta y TikTok

Las plataformas tecnológicas fallan en detener el aumento de fraude con deepfakes pese a contar con tecnología avanzada. Además, la evolución de la IA generativa impulsa el aumento de estas estafas. Si esto sigue así, aumentarán significativamente estos engaños mientras las grandes tecnológicas priorizan beneficios sobre seguridad.

Google, TikTok y Meta (propietaria de Instagram, Facebook, WhatsApp y Threads) enfrentan un aumento de las críticas por su aparente inacción frente a la proliferación de estafas mediante deepfakes en sus plataformas, a pesar de contar con algoritmos avanzados capaces de detectar contenido fraudulento. Estas plataformas continúan beneficiándose económicamente de anuncios engañosos mientras los usuarios caen víctimas de fraudes sofisticados. En Australia, un caso reciente involucró al presentador Eddie McGuire, cuya imagen fue utilizada en un deepfake que estafó a una pareja por 500.000 dólares australianos a través de un anuncio de Google. Esto llevó al propio McGuire a denunciar públicamente que las grandes tecnológicas «deberían saber más».

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Además, estas plataformas suelen eliminar el contenido fraudulento de manera reactiva, solo después de que las víctimas denuncian el delito, en lugar de implementar medidas proactivas. Meta fue demandada por el experto financiero Martin Lewis tras la circulación de un deepfake suyo en Facebook, lo que eventualmente llevó a la empresa a comprometerse a ofrecer un botón para reportar anuncios sospechosos a los usuarios del Reino Unido. Sin embargo, las herramientas publicitarias de estas plataformas siguen facilitando el trabajo de los estafadores, permitiéndoles dirigir sus mensajes engañosos a los usuarios más susceptibles.

Los deepfakes, una estafa cada vez más presente

Los deepfakes son medios sintéticos donde la apariencia de una persona se reemplaza por la de otra mediante inteligencia artificial (IA), o donde se crea una identidad sintética desde cero con IA generativa. Esta tecnología se basa en redes neuronales llamadas autoencoders y redes generativas antagónicas (GANs), que funcionan como sistemas de compresión-descompresión que aprenden a reducir imágenes faciales a sus características esenciales para luego reconstruirlas con modificaciones. Con el avance tecnológico, lo que comenzó como un simple intercambio de rostros ha evolucionado hasta convertirse en una herramienta capaz de crear videos y audios que pueden engañar incluso a expertos.

Actualmente, las estafas con deepfakes están diversificándose rápidamente. En TikTok, por ejemplo, cuentas con miles de seguidores han promocionado productos de bienestar sin respaldo científico utilizando deepfakes de supuestos expertos. Asimismo, celebridades como MrBeast, Elon Musk, presentadores de la BBC y muchas personalidades más han sido víctimas de deepfakes que promocionan estafas. Paralelamente, en el ámbito laboral, una empresa de ciberseguridad contrató involuntariamente a un ciberdelincuente norcoreano que utilizó un deepfake durante cuatro entrevistas de video y pasó verificaciones de antecedentes.

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El aumento de estas estafas ha llevado al desarrollo de herramientas de detección de deepfakes, como el detector de OpenAI, capaz de identificar imágenes generadas por DALL-E 3 con una precisión del 98,8%, o Sensity AI, que ofrece detección multimodal con una precisión del 95-98%. No obstante, según la Asociación de Administradores de Valores de Norteamérica (NASAA), se prevé que las estafas relacionadas con IA y criptomonedas aumenten significativamente en el futuro, utilizando plataformas como Facebook, Instagram, Telegram y TikTok como principales vectores. En Norteamérica, se ha registrado un incremento del 1740% en fraudes con deepfakes, y se proyecta que las pérdidas facilitadas por tecnologías de IA generativa asciendan a 40.000 millones de dólares en Estados Unidos para 2027.

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Cómo el desarrollo tecnológico frena el contrabando y el tráfico ilícito

El contrabando y el tráfico ilícito evolucionan, y también lo hacen las herramientas para combatirlos. Drones, inteligencia artificial y Blockchain ya no son ciencia ficción, sino aliados clave en la seguridad global. En este análisis, Artiom Vnebraci Popa presenta una mirada crítica sobre las oportunidades y retos de las tecnologías disruptivas en el marco de la automatización.

El desarrollo de las tecnologías emergentes se encuentra en una fase de transformación de sectores múltiples (entre ellos la seguridad, la logística y la vigilancia). Este trabajo analiza el impacto de tecnologías como los drones, el Internet de las Cosas (IoT), la robótica, la Blockchain, la Inteligencia Artificial (IA), el Aprendizaje Automático (ML) y el Big Data en la lucha contra actividades ilícitas, como el contrabando. También examina su rol en mejorar la trazabilidad y transparencia en las cadenas de suministro.

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No obstante, el uso de estas tecnologías plantea desafíos relacionados con la protección de los sistemas, la privacidad ciudadana y su posible mal uso por actores hostiles. Es fundamental implementar estrategias de mitigación, como la monitorización constante y la encriptación. También resulta clave desarrollar marcos regulatorios sólidos que garanticen un uso responsable, transparente y sostenible.

Contexto histórico de la técnica 

A lo largo de la historia de la humanidad, las transformaciones que han supuesto un cambio disruptivo en los modelos sociales y sus técnicas han estado marcadas por innovaciones que modificaron profundamente la relación del ser humano con su entorno. Desde las revoluciones cognitivas (50.000 a.C.) surgidas en África (que habilitaron capacidades como la cooperación y la empatía), hasta la innovación agrícola en el Medio Oriente (10.000 a.C.), que significó un punto de inflexión. Este avance impulsó la transición hacia un modelo agricultor y asentamientos posnómadas. También destacan las revoluciones científico-industriales, propias de la modernidad y la contemporaneidad (1500 a.C. hasta la actualidad).

Así, nos encontramos en la puerta de una posible revolución denominada la Cuarta Revolución Industrial (Industria 4.0).

Esta inyecta posibilidades cualitativas al modelo innovador y se caracteriza por la fusión de tecnologías que funden (desdibujan) las líneas entre lo biológico, lo físico, lo digital y lo virtual. Estas tecnologías emergentes no solo conllevan cambios meramente técnicos, sino repercusiones de calibre económico, social y espiritual.

El impacto de la Industria 4.0 plantea la cuestión de si nos encontramos ante otra etapa más en la línea del progreso del ser humano, o si esta proveerá nuevas formas de entender el mundo que puedan conducir a una revolución de magnitudes más amplias. Se plantea incluso que pueda ser un preludio de la Revolución de la Singularidad, una fase histórica en la que la interfaz cyborg altere el devenir de nuestra raza y del planeta. Con todo ello, está por ver qué caminos tomará tal fase y cuál será nuestra función en relación con esta.

De momento, el ser humano sigue adaptándose (como siempre ha hecho) a las múltiples variedades y variables de esta. De esta forma, y en relación con las herramientas que esta pre-Revolución 4.0 nos brinda, es importante destacar su potencial para la creación de entornos más seguros, equitativos y sostenibles. Así, el presente trabajo sostiene que será de vital importancia aplicar dichos elementos a temáticas relacionadas con la seguridad, tanto a nivel local como global, especialmente en lo que respecta al contrabando y al tráfico ilícito.

Tecnologías digitales en relación al tráfico y contrabando

El tráfico y el contrabando en cualquiera de sus vertientes (personas, armas, estupefacientes, falsificaciones; es decir: bienes o servicios) en la época contemporánea se considera un desafío a la par que peligro. Este peligro puede traducirse tanto en cuestiones de seguridad nacional, como de derechos humanos o del medioambiente. De forma clásica, el seguimiento y registro de tales actividades ha mantenido unas formulaciones analógico-rudimentarias por falta de recursos y capital humano.

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Pero es en este contexto, en el que las tecnologías tanto digitales como disruptivas demuestran un amplio potencial transformador en los procedimientos de prevención, seguimiento, control y mitigación. Sin embargo, la sociedad se acaba adaptando a los cambios tarde o temprano y esto deriva en una democratización de la técnica y la tecnología. Así, existen riesgos asociados al uso de tal tecnología. Los actores criminales podrían explotar las vulnerabilidades de estos sistemas e incluso adoptarlas para sus propias agendas. Por hiperuso, el hiper-uso de las tecnologías de este calibre y la desnaturalización del ser humano podría des-responsabilizar al mismo de sus acciones, de esta forma alterando las premisas básicas de los Derechos Humanos. 

Así, el contrabando y el tráfico ilícito representan uno de los mayores desafíos para los sistemas democráticos a nivel global.

Según la UNODC, el tráfico de drogas genera entre 200.000 y 400.000 millones de dólares anuales, mientras que el comercio de productos falsificados provoca pérdidas superiores a los 700.000 millones. Estas actividades no solo tienen un impacto económico, sino que también alimentan redes criminales transnacionales. Fomentan el terrorismo, la corrupción y graves violaciones a los derechos humanos, como el tráfico de personas, armas y drogas.

En la actualidad, el contrabando ha evolucionado gracias a la globalización, convirtiéndose en una actividad altamente organizada y diversificada. Las rutas tradicionales han sido reemplazadas por caminos rurales y de circunvalación para evitar controles aduaneros, lo que dificulta su detección y combate.

Tecnologías que combatan el tráfico ilícito

Para enfrentar esta problemática, los actores estatales y no estatales han comenzado a implementar tecnologías disruptivas de la Industria 4.0. Entre ellas se encuentran el Internet de las Cosas (IoT), el análisis de Big Data, la inteligencia artificial (IA) y el Blockchain.

Estas herramientas permiten un control más transparente de la logística de mercancías y disuaden a los actores criminales de llevar a cabo sus actividades.

Sin embargo, su implementación en entornos complejos, como puertos y fronteras, presenta desafíos significativos. Esto se debe al alto volumen de mercancías y a la falta de recursos adecuados. A pesar de estos obstáculos, estas tecnologías están demostrando ser fundamentales en la lucha contra el contrabando.

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Por un lado, el Internet de las Cosas (IoT) es una de las tendencias clave en la industria moderna. Se refiere a la conexión de una gran cantidad de objetos a la red global, permitiendo la recopilación de datos en tiempo real. En el contexto del contrabando, sensores instalados en contenedores y medios de transporte pueden monitorear la geolocalización, la estructura física y la temperatura de las mercancías. Cualquier irregularidad, como cambios de ruta o alteraciones en el estado de los productos, puede ser detectada y asociada a actividades ilícitas. Estos datos son transmitidos en tiempo real a las autoridades competentes, permitiendo una intervención rápida y eficaz.

Por otro lado, el Big Data representa un conjunto de métodos y herramientas para procesar grandes volúmenes de información estructurada y no estructurada. Sus características principales incluyen el volumen, es decir, la cantidad masiva de datos, y la velocidad, relacionada con la rapidez de generación y procesamiento. También destacan la variedad, que alude a la diversidad de fuentes; la veracidad, que se refiere a la fiabilidad de los datos; y el valor, entendido como su utilidad para mejorar procesos.

En el ámbito del contrabando, el Big Data permite identificar patrones sospechosos y alertar a las autoridades sobre posibles actividades ilícitas. Un ejemplo destacado es el puerto de Shenzhen, donde el monitoreo en tiempo real detecta cambios de peso o desvíos en la carga. En casos de patrones repetidos, se activan protocolos de seguridad más rigurosos, lo que ha demostrado ser efectivo en la prevención del contrabando

A su vez, la Inteligencia Artificial (IA) y el Machine Learning (ML) también están jugando un papel crucial en esta lucha. El ML es una técnica que permite a las computadoras aprender de datos históricos y realizar predicciones sin intervención humana constante. En el contexto del contrabando, estos sistemas pueden analizar patrones de movilidad, transacciones comerciales y comportamiento de tráfico. A partir de ello, es posible identificar las rutas y métodos utilizados por las redes criminales.

Por ejemplo, en el puerto y aeropuerto de San Petersburgo, se emplean modelos de IA y ML para predecir rutas de tráfico ilegal, especialmente en casos de tráfico de personas. Estos sistemas se adaptan constantemente a las tácticas cambiantes de los traficantes, mejorando su eficacia con el tiempo. A pesar de los avances tecnológicos, la implementación de estas herramientas enfrenta desafíos significativos. La falta de recursos y la complejidad de los entornos logísticos limitan su adopción generalizada. Además, es crucial garantizar la interoperabilidad entre los diferentes actores institucionales para maximizar el impacto de estas tecnologías.

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La cooperación entre autoridades portuarias, fronterizas, empresas y fuerzas de seguridad es esencial para crear un sistema integrado y eficiente. Los modelos predictivos basados en inteligencia artificial (IA) y Machine Learning (ML) permiten anticipar las rutas que las mafias utilizan para el tráfico ilegal de personas. Analizan datos como rutas, horarios de vuelo, modos de transporte y comportamientos en fronteras. Gracias a ello, identifican patrones sospechosos, como movimientos inusuales de grupos, que podrían indicar tráfico sexual u otras formas de explotación.

Una vez detectados, se pueden tomar medidas preventivas, como intervenciones en puertos, aeropuertos o estaciones de tren, para desmantelar redes criminales. Además, estos sistemas no solo actúan de forma reactiva, sino que también predicen futuras rutas y métodos utilizados por las mafias, permitiendo una aproximación proactiva.

Aún y así, el autoaprendizaje no se limita a sistemas virtuales, como los algoritmos, sino que también se extiende a hardware, como robots autónomos y drones. Estos dispositivos, incluso de bajo presupuesto, permiten un seguimiento más eficaz de mercancías. Empresas como Amazon, JustEat y DHL ya utilizan drones para entregas, mientras que Google desarrolla VANTs para ayuda humanitaria en desastres naturales. Sin embargo, más allá de las entregas, los drones están siendo utilizados en vigilancia policial y control de fronteras, como en Turquía y Bielorrusia.

En el contexto del contrabando, los drones pueden monitorear zonas de difícil acceso, como montes o áreas rurales. Mediante sensores IoT, rastrean mercancías en tiempo real. Esto permite detectar desvíos o alteraciones en las rutas de transporte. En lugares como Barcelona, los drones han sido utilizados para introducir contrabando en prisiones, incluyendo teléfonos, drogas y armas. Por ello, la vigilancia de drones hostiles se ha vuelto crucial. Además, la integración de drones y robots en sistemas de monitoreo permite una respuesta rápida y coordinada, minimizando riesgos humanos y reduciendo costos operativos.

Otra tecnología clave es el Blockchain, que ofrece un registro transparente e inmutable de transacciones, mejorando la trazabilidad de mercancías desde su origen hasta su destino. Su descentralización garantiza seguridad y confianza, ya que ningún actor controla el sistema. En logística, el Blockchain permite rastrear flujos de materias primas, detectar fraudes y automatizar procesos mediante contratos inteligentes, eliminando intermediarios y reduciendo costos.

Además, su integración con IoT permite monitorear condiciones de suministro en tiempo real, asegurando la integridad de los datos. De esta forma, en el control del contrabando, el Blockchain verifica la legalidad de los bienes, evitando falsificaciones. Un ejemplo exitoso es Agrichain en Australia, que supervisa cadenas de suministro agrícolas, detectando productos no certificados o caducados. Estas tecnologías no solo optimizan la logística, sino que también fortalecen la confianza entre los actores involucrados, ofreciendo soluciones innovadoras para combatir el tráfico ilícito.

Riesgos y vulnerabilidades: ¿cómo proceder?

Las tecnologías emergentes, como el Internet de las Cosas (IoT), la inteligencia artificial (IA), el Big Data y el Blockchain, aunque revolucionarias, no están exentas de riesgos y vulnerabilidades. Estas herramientas, que pueden mejorar la eficiencia y la seguridad en muchos ámbitos, también pueden ser explotadas por actores malintencionados para fines ilícitos. Por ejemplo, el IoT puede ser utilizado para espionaje o manipulación de sensores, el Blockchain para transacciones ilegales o lavado de dinero, y la IA para automatizar procesos de contrabando a gran escala.

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Además, estas tecnologías enfrentan desafíos técnicos, como la vulnerabilidad a ciberataques, el alto consumo energético, los sesgos en los algoritmos y la dificultad para escalar sistemas. Estos problemas no solo limitan su efectividad, sino que también generan implicaciones éticas. Entre ellas, destacan la violación de la privacidad, la discriminación social y la afectación de derechos fundamentales, como la presunción de inocencia.

Para contrarrestar estos riesgos, es esencial implementar estrategias de mitigación:

  • En el caso del IoT y el Big Data, se recomienda el uso de protocolos de cifrado, auditorías constantes y sistemas de actualización remota. 
  • Para la IA, es crucial entrenar modelos con datos diversos y representativos, además de utilizar hackers éticos para probar y mejorar la seguridad. 
  • En cuanto a la robótica, se sugiere aislar sistemas externos y realizar auditorías funcionales periódicas. 
  • Finalmente, en el Blockchain, es importante establecer controles de acceso y monitorear los bloques en tiempo real

Estas medidas buscan no solo prevenir el mal uso de las tecnologías, sino también garantizar su aplicación ética y responsable, protegiendo los derechos humanos y fortaleciendo la confianza en su uso. Además, se necesitan marcos regulatorios sólidos y una visión holística que priorice la sostenibilidad, seguridad y transparencia, fomentando la colaboración internacional para crear sistemas más resilientes y responsables.

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Similitudes y diferencias de la cultura de inteligencia entre China y Europa

La seguridad no se entiende igual en todos los países. Mientras Europa apuesta por la cooperación entre ciudadanos y Estado, China combina vigilancia y control social. Esta diferencia marca cómo se construye la cultura de inteligencia en cada región.

El glosario de inteligencia define a la cultura de inteligencia como «El conjunto de conocimientos que la sociedad debe tener sobre la necesidad, el fin y la función de un servicio de inteligencia, de manera que perciba como propias las cuestiones relacionadas con su seguridad, su libertad y la defensa de sus intereses».

En un mundo interconectado como el de la actualidad, los riesgos trascienden el control de nuestras fronteras. Esto implica la necesidad de aumentar la cooperación entre instituciones gubernamentales y la sociedad civil para garantizar la seguridad de cada individuo. Además del conocimiento de la sociedad respecto a los servicios de inteligencia, es importante que tengan el acceso a las herramientas necesarias para participar en esta producción de inteligencia.

¿Qué tipos de herramientas? Para algunos las herramientas pueden ser tener los medios para advertir, es decir, HUMINT. Saber a quién ir y a dónde ir en el caso de que se encuentren en una situación con indicadores inusuales. A medida que la cultura de inteligencia aumenta, también los métodos para implementarla.

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Las fuentes OSINT ocupan un rol importante en la adquisición de información por medio de fuentes abiertas, como imágenes, vídeos, descripciones públicas, cifras o audios. Pero, ¿dónde queda dibujada la línea entre la información que proporcionamos voluntariamente y la información que legalmente pueden recopilar sobre nosotros? La respuesta varía dependiendo del estado y sus niveles de democracia. 

Así como cada país tiene su propia identidad histórica y cultural, tienen su propia manera de operar cuando se trata de servicios de inteligencia. El siguiente artículo explorará las similitudes y diferencias en la cultura de inteligencia en Europa y China. 

Concepto de seguridad en distintos gobiernos: ¿Democracia o Patriotismo? 

Todos los Estados fundamentan sus medidas de seguridad en la buena fe o en el propósito de contribuir al bienestar de la humanidad. Con la cultura de la inteligencia se busca que los ciudadanos compartan este concepto. Sin embargo, se entiende de maneras distintas dependiendo de las prioridades del estado.

La diferencia principal entre la manera en la cual Europa y China elaboran su cultura de inteligencia yace en su concepto de seguridad. En Europa, la prioridad es la seguridad humana. Esto se refiere a «la libertad de los individuos frente a las inseguridades básicas causadas por graves violaciones de los derechos humanos». Esta definición es común en las democracias liberales, y se enfoca en el bienestar individual y en el ejercicio de derechos fundamentales.

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En China, en cambio, la prioridad es la seguridad nacional. Su Ley de Seguridad Nacional define que «La seguridad nacional se refiere al régimen estatal, la soberanía, la unidad e integridad territorial, el bienestar de las personas, el desarrollo económico y social sostenible y otros intereses importantes del Estado. Esto implica estar relativamente libres de peligros y amenazas internas y externas, así como la capacidad de garantizar un estado continuo de seguridad».

Este entendimiento busca la preservación de la identidad nacional y la unidad del Estado, reflejando que su concepción de seguridad va más allá del individuo. Simultáneamente, busca desarrollar su vida interna sin interferencias extranjeras. Garantiza su autonomía y control interno frente a influencias que puedan desestabilizar su estructura política y social. El artículo 11 de esta ley establece que la sociedad en su conjunto tiene la responsabilidad y obligación de contribuir a la preservación de la seguridad nacional. De este modo, se consolida un enfoque de vigilancia y control compartido entre el Estado y los ciudadanos.

Esto se alinea con el concepto clásico de patriotismo, entendido como la lealtad y compromiso con la protección y el fortalecimiento de la nación. 

Cultura de inteligencia en China y Europa: implementación

En Occidente debatimos la relación entre nuestra privacidad y la democracia. Ambas van de la mano de nuestra protección de datos personales y las fuentes OSINT. Sin embargo, ¿qué ocurre en países con mayores medidas de vigilancia?

En el transporte público de Londres, es muy probable que hayas escuchado el anuncio «see it, say it, sorted» (verlo, decirlo, arreglado). Esta es una iniciativa de la policía de transporte para concientizar y motivar a la comunidad a participar en la seguridad pública en Reino Unido. Proporciona las herramientas necesarias tanto para informarse como para tomar acción en caso de ser necesario.

En España, desde 2003, se ha buscado implementar la política de cultura de inteligencia. El objetivo es sensibilizar a la sociedad sobre el CNI y cerrar la brecha que existía entre los civiles y las instituciones. Parte de estos esfuerzos se llevaron a cabo en el ámbito universitario, con la intención de formar a los estudiantes. También se buscó que los académicos contribuyeran al desarrollo de la política y que encontraran un espacio para impartir sus cátedras y seminarios. Estos son dos ejemplos del incentivo a la cultura de inteligencia en Europa. Ambos buscan prevenir la actividad terrorista y preservar la democracia de manera reactiva y defensiva.

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En China, la cultura de inteligencia es distinta. Sí, han tomado medidas para concientizar a los ciudadanos en cuanto a su responsabilidad con la seguridad. De hecho, tienen un día asignado como el Día de la Educación para la Seguridad Nacional. Con esta iniciativa buscan que los ciudadanos comprendan y apoyen los servicios de inteligencia (como el Ministerio de seguridad del Estado, MSS) para salvaguardar la soberanía, el desarrollo y el orden social.

No obstante, en China llevan la cultura de inteligencia a otro nivel. Sus medidas de vigilancia producen informantes no solo por cultura de inteligencia, sino también por el impacto que esto puede tener en su crédito social.

El dominio del partido Comunista Chino no depende solo de la tecnología, sino de la lealtad de sus ciudadanos. El actual sistema de vigilancia tiene antecedentes desde las dinastías imperiales y Mao Zedong, pero ha sido adaptado a la era y modernizado. En las ciudades, la presencia de cámaras de vigilancia es omnipresente, abarcando desde postes de luz hasta el interior de supermercados y cafeterías, donde incluso los encuentros sociales quedan registrados. Este sistema de vigilancia masiva plantea serias implicaciones para las libertades individuales, generando un dilema entre la seguridad y el respeto a los derechos fundamentales. 

Un ejemplo claro y cotidiano es el uso de Didi (similar a Uber). Desde el momento en el que aceptas el carro, la primera notificación que recibirás es que por tu seguridad, el recorrido entero será grabado. Esto suena como una medida inofensiva, e incluso, un motivo por el cual sentirse en cierto grado tranquilo con el recorrido.

A la vez, Didi recopila y utiliza Big Data para generar reportes sobre el uso de su servicio que podrían ser de interés para el Estado. Estas aplicaciones proporcionan grandes volúmenes de datos, los cuales pueden ser utilizados con fines de seguridad nacional y vigilancia estatal. Esto es posible gracias al consentimiento que das al principio y está legitimado por la Ley de Protección de Información Personal en China.

En China, la cultura de inteligencia es fusionado con medidas de vigilancia que resultan ajenas a los principios de libertad y democracia en Europa. 

Contrastes de la cultura de inteligencia en Europa y China

Los contrastes entre la cultura de inteligencia en Europa y China reflejan los distintos conceptos de seguridad. También evidencian las diferencias entre una perspectiva más individualista y libre, y otra más colectiva y centrada en el deber.

La participación de la sociedad civil en Europa es voluntaria, y se busca mediante la sensibilización sobre los servicios de inteligencia. La cultura de inteligencia se considera un elemento clave para garantizar la seguridad. Los ciudadanos se sienten alentados a contribuir a la seguridad colectiva, sin que esto signifique una invasión de su privacidad. De este modo, encuentran un equilibrio entre la democracia y los derechos humanos fundamentales. Europa depende en mayor medida de la cultura de inteligencia para fortalecer la cooperación entre las instituciones gubernamentales y la sociedad civil. 

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En China, por otro lado, aunque existe una conciencia pública sobre la seguridad, la cultura de inteligencia no se limita solo a la sensibilización. También implementa medidas de monitoreo y vigilancia para garantizar la seguridad nacional. El control estatal y el patriotismo se sitúan por encima de la libertad individual, convirtiendo a los ciudadanos en informantes y en una parte integral de un sistema de control social. La fusión de la cultura de inteligencia y la vigilancia resalta una aproximación distinta a la inteligencia, en comparación con los países democráticos europeos.

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Jornada informativa | Máster Profesional en Ciberseguridad, Ciberinteligencia y Ciberdefensa

Máster Profesional en Ciberseguridad, Ciberinteligencia y Ciberdefensa

Jornada informativa organizada por LISA Institute

📅 Martes 26 de mayo de 2026

🕛 17.00h (CET)

👥 Daniel Villegas, director general de LISA Institute y David Vázquez, director académico del Área de Ciberseguridad y Criminología de LISA Institute

📍 Online 

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Quién participa

👤 Daniel Villegas (@DanielVillegas). Director general de LISA Institute.

  • A nivel profesional, es fundador y director general de LISA Institute. Es asesor en materia de seguridad, inteligencia y ciberseguridad para diversas empresas e instituciones públicas, tanto en Europa como en América. A su vez, es consultor en proyectos para la OTAN, ONU y Unión Europea. Anteriormente, fue responsable de seguridad y análisis en la Unidad de Seguridad y Protección Civil de Metro de Barcelona.
  • A nivel académico, es licenciado en Criminología (UIC), graduado en Prevención y Seguridad Integral y posgrado superior en Gestión y Derecho de la Seguridad (EPSI), máster en Mundo Árabe e Islámico (UB), máster oficial en Terrorismo (UNIR), máster en Análisis de Inteligencia (UAB), máster en Cybersecurity Management (UPC), CISA y CSX (ISACA).

👤 David Vázquez, director académico del Área de Ciberseguridad y Criminología de LISA Institute.

A nivel profesional, es director académico del Área de Ciberseguridad y Criminología de LISA Institute, donde ejerce el rol de director académico del Máster de Ciberseguridad, Ciberinteligencia y Ciberdefensa, así como del Máster de Analista Criminal y Criminología Aplicada. Anteriormente, ha sido director de formación a nivel regional en el ámbito institucional, liderando programas formativos estratégicos. Cuenta con experiencia como consultor en sistemas y ciberseguridad en diversas empresas internacionales del sector tecnológico.

A nivel académico, es graduado en Relaciones Internacionales y máster oficial en Análisis de Inteligencia y Ciberinteligencia por la Universidad Nebrija, y máster en Ciberseguridad y Hacking Ético

¿Cuáles son los objetivos?

El principal objetivo de esta jornada informativa es el de informar acerca del Máster Profesional de Ciberseguridad, Ciberinteligencia y Ciberdefensa de LISA Institute, pero además, analizaremos el mercado laboral y las oportunidades que hay en la actualidad y en un futuro.

Concretamente, se tratarán estos temas:

  • Presentación de LISA Institute y de todos los servicios gratuitos que presta a los alumnos antes, durante y después del Máster.
  • Análisis de los motivos y tendencias que hacen la profesión en Ciberseguridad, Ciberinteligencia y/o Ciberdefensa disciplinas con mucho futuro en el sector público y privado.
  • Las características principales del Máster: 100% online, interactivo e inmersivo, de 9 meses de duración, flexible, con doble titulación universitaria y dirigido tanto a técnicos como no técnicos.
  • Cuál es el valor diferencial del máster: mentores profesionales en activo, grupos de trabajo multidisciplinares, potenciación de la marca personal, laboratorios y certificados profesionales para potenciar empleabilidad.
  • A quién va dirigido
  • Quiénes son los profesores y mentores
  • Programa académico acorde al Marco de competencias del Foro Nacional de Ciberseguridad y de la Agencia Europea de Ciberseguridad.
  • Recursos, software y herramientas de laboratorios para los alumnos
  • Prácticas curriculares y extracurriculares durante el Máster
  • Salidas profesionales y bolsa de trabajo
  • Cómo inscribirse, becas y facilidades de pago

Jornada informativa anterior

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