Los 11 focos de conflicto en Oriente Medio y sus claves geopolíticas

Análisis

David García Pesquera
David García Pesquera
Graduado en Relaciones Internacionales en la Universidad Rey Juan Carlos. Sus principales intereses son la geopolítica, el análisis de conflictos y la seguridad internacional, especialmente en Europa del Este, Oriente Próximo y el Norte de África.

En el complejo escenario de Oriente Medio, una región caracterizada por su inestabilidad y numerosos conflictos geopolíticos, se encuentran confrontaciones que involucran ejércitos regulares, grupos terroristas, milicias armadas y la intervención de terceros estados. En este análisis, el alumno del Máster Profesional de Analista Internacional y Geopolítico de LISA Institute, David García Pesquera examina a fondo los desafíos y complejidades de la región, así como su impacto en las Relaciones Internacionales.

Oriente Medio es una región ubicada en el suroeste asiático que concentra algunos de los mayores desafíos geopolíticos a los que el mundo se enfrenta. Se trata de una zona con numerosos contenciosos abiertos, en los que hay lazos entre sí que hacen de cualquier novedad en la zona, un hecho con repercusión en el resto de los países. La delimitación territorial de esta región no concibe una única versión, ya que hay varios marcos geográficos para abarcarla. Sin embargo, lo que es común es la inestabilidad y el predominio de conflictos armados.

Actualmente, existen 11 focos de conflicto en la zona, que concentran hasta 10 naciones que abarcan 3,7 millones de kilómetros cuadrados y 454 millones de habitantes, lo que supone el 5,6% de la población total mundial. En todo esta área actúan tanto ejército regular, grupos terroristas y milicias armadas. Además, también debemos resaltar la intervención de terceros estados y la importancia que muchos de estos países tienen en las Relaciones Internacionales, lo que dibuja un escenario endiablado en materia de posibles soluciones viables.

Siria: la guerra civil estancada

La guerra en este país se extiende desde hace más de una década y los frentes parecen haber llegado a un punto de estancamiento. El régimen de Basar Al-Asad resiste y ha recuperado el control de las principales ciudades, lo que ha garantizado mayor presencia institucional de Siria en organizaciones como la Liga Árabe, por ejemplo, donde han podido regresar.

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El resto de los actores implicados en la guerra controlan parte del territorio, desde los kurdos, los rebeldes contrarios al gobierno y el terrorismo yihadista. Los rebeldes contaban inicialmente con el respaldo de Occidente, al igual que los kurdos. Sin embargo, el Kurdistán sirio ha sido objeto de bombardeos por parte de Turquía, marcando un punto de enfrentamiento con Estados Unidos. Esto, sumado al apoyo de Rusia e Irán a Al-Asad, los bombardeos jordanos a los traficantes cercanos a su frontera y los ataques israelíes en defensa de los Altos del Golán de las milicias pro iraníes y palestinas de la zona, dificultan una paz pronta y duradera.

Israel y Palestina: desde Gaza hasta Cisjordania

Tras el ataque terrorista perpetrado por Hamás el 7 de octubre de 2023 en el sur de Israel, con más de 1.200 muertos, las hostilidades se han recrudecido. El diagnóstico de la situación actual es el estado de guerra entre el Estado de Israel y Hamás, que controla la Franja de Gaza. Desde los atentados, las Fuerzas de Defensa de Israel han realizado bombardeos en la franja y han incurrido en la parte norte con el objetivo de acabar con el grupo terrorista Hamás, financiado por Irán.

Como consecuencia de ello, gran parte de la población civil se ha visto afectada, con desplazamientos forzosos al sur de la franja, víctimas colaterales y una gran crisis humanitaria. Las cifras aquí superan los 25.000 muertos, muchos de ellos menores de edad.

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Sin embargo, aunque representa la principal actualidad, Gaza no es el único punto de conflicto entre Israel y Palestina. Existen otros frentes como Cisjordania, donde 2023 ya era el segundo año más violento desde 2005 (año del fin de la Segunda Intifada) antes de lo ocurrido el 7 de octubre. La ONU apuntó que hasta 509 personas habrían muerto durante este año, lo que supone el triple que el total de 2008 y 2015. La respuesta en esta zona se articulará en el marco de lo que ocurra en Gaza y los posibles nuevos frentes contra los hutíes, Hezbolá y el aparato antisemita iraní.

La guerra en Yemen y sus efectos en el Mar Rojo

La guerra civil en este país se extiende desde 2014, por lo que este año se cumplirá una década. Se inició tras un golpe de Estado contra el presidente Al-Hadi, con los rebeldes hutíes tomando la capital Saná. Actualmente, el bando rebelde que apoya al expresidente Salé cuenta con el beneplácito de Irán, mientras que las fuerzas partidarias de Hadi tienen el apoyo de Estados Unidos, Arabia Saudí y otros países como Emiratos Árabes Unidos.

Más allá de los años de conflicto, hay que destacar la geopolítica detrás de esta guerra, que tiene mucho que ver con la ubicación estratégica de Yemen. Se encuentra en pleno Mar Rojo y estrecho de Bab el-Mandeb, principal ruta marítima entre Asia y Europa por donde circula entre el 12% y el 15% del comercio marítimo internacional, destacando el comercio de petróleo procedente del Golfo Pérsico. Durante los últimos meses y en respuesta a los bombardeos de Israel sobre la Franja de Gaza, los rebeldes hutíes han comenzado a atacar buques occidentales en el Mar Rojo, poniendo en riesgo esta ruta comercial y la estabilidad regional.

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Así pues, se articula una coalición internacional liderada por Estados Unidos, con la colaboración de Reino Unido, Alemania, Baréin, Canadá, Dinamarca, Grecia, Países Bajos, Noruega, Seychelles y Singapur. Se acuña el término Operación Guardián de la Prosperidad con el objetivo de proteger la seguridad de los buques en la zona. El 11 de enero Estados Unidos y Reino Unido bombardearon más de 60 posiciones hutíes en Yemen con el objetivo de cortar sus suministros y evitar así el alza de los precios de las materias primas. Sin embargo, se puede provocar una mayor reacción en cadena con misiles hutíes contra Israel, más ataques en el Mar Rojo y un recrudecimiento de la guerra civil.

Armenia y Azerbaiyán: tensión en el Cáucaso

El conflicto entre ambos países tiene como epicentro la región de Nagorno Karabaj o República de Artsaj (nombre armenio). Se trata de un enclave montañoso situado en pleno Cáucaso que ambos países reclaman como propio, ya que pese a estar dentro de las fronteras de Azerbaiyán, la mayoría étnica es armenia. Tras dos guerras con victorias repartidas desde la independencia de ambos países, Azerbaiyán (más rico y mejor armado que su vecino en la actualidad) inició el pasado septiembre la campaña definitiva de bombardeos y avances terrestres que forzó el desplazamiento de más de 100.000 personas y el control total de la zona.

El principal elemento a destacar en la geopolítica de este conflicto es que las dinámicas de actuación se alejan de las presentes en otras contiendas en esta zona del mundo, ya que observamos unos posicionamientos distintos en materia de alianzas, destacando especialmente la cuestión religiosa.

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Por un lado, Israel (judaísmo) apoya y proporciona armamento a Azerbaiyán (islam chiíta), mientras que Irán (islam chiíta también) ha garantizado proteger las fronteras actuales de Armenia (cristianismo ortodoxo) y ha amenazado a Bakú con tomar represalias ante una posible invasión ya en territorio internacionalmente reconocido como parte de Armenia. El principal motivo detrás de esta unión es la presencia de minorías azeríes en el norte de Irán que actúan como grupos desestabilizadores del régimen de los ayatolás.

El futuro de este conflicto vislumbra una posible invasión total de Armenia como país soberano por parte de Azerbaiyán. El objetivo principal sería liberar un corredor que conecte Najicheván con el resto de Azerbaiyán y Turquía a través del sur de Armenia. Tanto la Unión Europea como Estados Unidos guardan silencio en contra del presidente azerí Aliyev, ya que Bakú se ha convertido en un gran suministrador de gas natural ante la situación actual con Rusia. Incluso existen planes para el desarrollo de un gasoducto a través de Georgia, Turquía y los Balcanes directo a pleno continente europeo.

Líbano: crisis permanente y un posible nuevo frente con Israel

El Líbano vive con preocupación los efectos de una grave crisis económica que desde 2019 es catalogada como una de las tres más graves desde el siglo XIX, según el Banco Mundial. El aparato gubernamental está muy dañado, a lo que se suma una posible guerra que no depende de las propias instituciones libanesas, sino de su vecino Israel y la milicia armada Hezbolá, financiada por Irán.

Desde los ataques del 7 de octubre en Israel, la posibilidad de apertura de un nuevo frente en el norte con Líbano está sobre la mesa. Durante los últimos meses, el fuego cruzado a ambos lados de la frontera ha sido un motivo recurrente para hacer pensar que la entrada de Hezbolá en la guerra forzaría un conflicto a mayor escala del que existe actualmente en Gaza y Cisjordania. El propio líder de Hezbolá Hasán Nasralá, ha dado varios discursos en los que la retórica grandilocuente no esconde la escasa voluntad de ir con todo contra uno de los ejércitos más poderosos del mundo.

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Uno de los momentos de más tensión fue el asesinato de uno de los líderes de Hamás por parte de Israel tras un bombardeo selectivo en Beirut y el posterior lanzamiento de un antitanque que acabó con la vida de dos civiles israelíes. En caso de entrar en la guerra Hezbolá, toda la sociedad libanesa se vería afectada, ya que aunque los combatientes de esta milicia están más organizados que Hamás y cuentan con experiencia como guerrilleros en conflictos como Siria, la guerra sería más cruenta que en 2006 y arrastraría al país a la Edad de Piedra según palabras del Ministro de Defensa de Israel.

Irak: entre dos potencias

Pasadas más de dos décadas tras la invasión y posterior guerra de Irak en 2003, el país en la actualidad se encuentra entre dos frentes que le pueden llevar al caos. Por un lado, se erradicó el control del Daesh de parte de su territorio y se acabó el estado de guerra crónico. Pero, sin embargo, los actos terroristas siguen siendo muy frecuentes y la dicotomía entre Estados Unidos e Irán sitúa a Irak de nuevo en posición de debilidad. Ya no cuenta con un posicionamiento propio como una potencia regional dentro de Oriente Próximo.

El territorio iraquí cuenta con bases estadounidenses y la presencia de todavía 2.500 efectivos de ese país, lo que contrasta con las posibles relaciones tormentosas con Teherán. Los años de ocupación estadounidense revolvieron el entramado social del país, causando enfrentamientos entre sunitas y chiítas, convirtiéndose estos últimos en nuevos colaboradores de la Guardia Revolucionaria de Irán. Por lo tanto, parte de Irak es vista como un centro de operaciones occidental, mientras que otra parte articula una alternativa que provoca el caos social.

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Desde los ataques del 7 de octubre, Irán habría lanzado hasta un centenar de ataques contra bases americanas en Irak. La respuesta de Estados Unidos comprendió el asesinato de hasta una treintena de milicianos chiítas, entre ellos uno de los líderes en la zona, Mushtak Taleb al Saidi. El gobierno de Irak denunció ante las Naciones Unidas los ataques de Irán y ha manifestado su voluntad de que Estados Unidos retire sus tropas presentes.

Irán y Pakistán: Baluchistán

A lo largo de este artículo se ha mencionado a Irán como actor importante en la zona, pero desde el exterior. Si analizamos el papel de Irán a nivel global, se nos presenta como el líder del eje de resistencia, término acuñado tras la expansión de la influencia regional del país con la caída de Sadam Huseín y que expone una serie de alianzas que tienen por objetivo contrarrestar el poder de Israel y Estados Unidos en la zona. Así es como Irán comienza a apoyar a grupos terroristas, milicias armadas, minorías étnicas, partidos políticos y regímenes autoritarios siempre y cuando vayan de conformidad con sus intereses.

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Todos los entramados que implican a Irán son principalmente en el exterior. Sin embargo, existe una región dentro de la propia nación persa, donde el conflicto también es muy activo: Baluchistán. Se encuentra en el sureste del país, cercana a Pakistán. La tensión se ha disparado las últimas semanas con ataques cruzados, en una zona en la que el separatismo, el contrabandismo y el terrorismo son muy frecuentes.

Irán lanzó misiles y drones contra objetivos del grupo yihadista suní e independentista Yeish al Adl en el Baluchistán paquistaní. El ataque elevó la preocupación por afectar a Pakistán, una potencia nuclear. Islamabad, que hizo pública una enérgica protesta y llamó a consultas a su embajador en Teherán, respondió dos días después en la parte de ese territorio que controla Irán con el bombardeo de presuntas bases insurgentes baluchíes. Pese a ambos incidentes y las quejas recíprocas de ambos gobiernos, los dos países se han apresurado a resaltar sus buenas relaciones.

Todo ello ocurre tras el atentado terrorista atribuido al Estado Islámico en la ciudad iraní de Kerman el 3 de enero, con más de 80 muertos. Pese a que no hay una relación directa de esta situación con la situación de Israel desde el 7 de octubre, Teherán sí que ve necesidad de mostrar fortaleza en otros contextos y apaciguar fricciones internas, frente a sus enemigos y a la opinión pública internacional.

Kurdistán: pueblo sin Estado en tensión

Los kurdos son la mayor minoría étnica sin Estado propio en todo el mundo. La reivindicación de un Kurdistán independiente atañe territorialmente a Turquía, Irán, Irak, Siria y una escasa porción del Cáucaso sur. En el caso de Turquía, la lucha contra el terrorismo del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) se ha cobrado más de 45.000 muertos. Las provincias de mayoría kurda se encuentran entre las más pobres del país y el reciente avance de las fuerzas turcas ha desplazado los combates a las vecinas Siria e Irak.

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El gobierno turco bombardea con frecuencia posiciones del PKK en Siria e Irak, por lo que el norte de ambos países concentra la actividad armada asociada al conflicto kurdo. Pese a la protesta de las autoridades regionales del Kurdistán y del Gobierno federal en Bagdad, que denuncian una violación de su soberanía, Ankara ha continuado con estas campañas. 

El conflicto kurdo constituye uno de los mayores puntos de fricción en la OTAN, ya que Estados Unidos apoya la administración autónoma que los kurdos sirios han establecido en el norte del país, chocando así con Turquía. Ankara considera la zona un refugio de terroristas, pero aquí también encontramos fuerzas del gobierno Al-Asad, rusos y estadounidenses desplegados, por lo que la intensidad de los combates puede abrir nuevas contiendas.

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