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¿Qué es el Tratado de No Proliferación Nuclear?

El conflicto entre Israel e Irán ha vuelto a poner en el centro del debate global el papel del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP). Este acuerdo internacional, vigente desde 1970, tiene como principal objetivo evitar la expansión de las armas nucleares, fomentar el desarme y promover el uso pacífico de la energía atómica.

El Tratado de No Proliferación Nuclear es un tratado internacional dirigido a la restricción de la posesión de armas nucleares, al impedimento de la proliferación de las armas de destrucción masiva y a fomentar el uso pacífico de la energía atómica. Con 191 Estados parte, el TNP es el instrumento multilateral con mayor adhesión en materia de control armamentístico y seguridad internacional.

Ya desde 1961, la Asamblea General de las Naciones Unidas advertía en su Resolución 1653 que el empleo de armas nucleares «causaría sufrimiento y destrucción indiscriminados» y sería contrario a las normas del derecho internacional y de la humanidad. Este principio sentó las bases para décadas de esfuerzos diplomáticos en torno a la no proliferación y el desarme nuclear.

El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) es la institución internacional que vela por el cumplimiento del acuerdo en los países firmantes, a través de la monitorización de los programas nucleares y la inspección de las instalaciones. Esta tiene su origen en la propuesta del presidente estadounidense Dwight D. Eisenhower en 1953 denominada «Átomos para la Paz», en la que proponía una estructura internacional que promoviera el uso pacífico de la energía nuclear, al tiempo que evitara su empleo con fines bélicos.

Tres pilares: no proliferación, desarme y uso pacífico de la energía nuclear

El Tratado de No Proliferación Nuclear, abierto a firma en 1968 y en vigor desde 1970, se asienta sobre tres pilares interdependientes que configuran su estructura normativa y operativa:

No proliferación

Según los Artículos I y II del TNP, los Estados poseedores de armas nucleares se comprometen a no transferir tecnología ni armamento nuclear a terceros países. Por su parte, los Estados no poseedores renuncian a adquirir armas nucleares y a recibir asistencia en su fabricación. Este pilar es esencial para prevenir el aumento de actores con capacidad nuclear.

Desarme nuclear

El Artículo VI del TNP establece el compromiso de todos los firmantes para negociar de buena fe medidas que conduzcan al desarme nuclear completo. No obstante, su redacción ambigua ha generado múltiples interpretaciones. Mientras las potencias nucleares alegan estar cumpliendo con negociaciones graduales, países del Movimiento de Países No Alineadosconsideran que existe una obligación vinculante incumplida por parte de los Estados con armamento nuclear.

Uso pacífico de la energía atómica

El Artículo IV del TNP garantiza el derecho soberano de los Estados a desarrollar tecnología nuclear con fines pacíficos, siempre bajo supervisión del OIEA. Este pilar promueve la transferencia de conocimientos y materiales nucleares para la generación de energía, investigación científica y desarrollo económico, siempre y cuando se respete el marco de no proliferación.

Mapa que describe el estatus de los distintos Estados del mundo con respecto al TNP: Estados nucleares y no nucleares firmantes, así como potencias nucleares y no nucleares no firmantes. Fuente: OshoNews

El «club cerrado» del TNP: una arquitectura nuclear desigual

Uno de los aspectos más controvertidos del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) es su estructura jerárquica, que diferencia entre los Estados poseedores de armas nucleares y aquellos que renuncian voluntariamente a desarrollarlas. Esta distinción, formalizada en el tratado con base en la fecha del 1 de enero de 1967 —previa a la entrada en vigor del TNP—, otorga estatus legal de potencia nuclear únicamente a cinco países: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido.

Este núcleo internacional ha sido objeto de críticas por parte de potencias no nucleares, especialmente del Movimiento de Países No Alineados. Desde su perspectiva, el TNP no solo fracasa en impedir la proliferación nuclear, sino que también legitima un reparto desigual del poder estratégico mundial, perpetuando un orden internacional donde unos pocos concentran la disuasión atómica y otros deben someterse a un sistema de supervisión riguroso.

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Mientras que a los cinco Estados nucleares se les impone un compromiso de avanzar hacia un desarme nuclear progresivo (artículo VI), este es interpretado a menudo como una mera declaración de intenciones sin un efecto vinculante al carecer de plazos concretos o mecanismos para ello. Por el contrario, los Estados no poseedores cumplen estrictas obligaciones relacionadas con el desarrollo y transferencia de tecnología nuclear bajo la salvaguardia de la OIEA.

Esta asimetría estructural del TNP ha generado crecientes tensiones en las Conferencias de Revisión del Tratado, en las que muchos Estados demandan avances reales hacia el desarme por parte de las potencias nucleares. Esta situación alimenta la percepción de que el tratado sirve más como herramienta de control geopolítico que como mecanismo auténtico de desarme global.

¿Qué Estados no forman parte?

A pesar de contar con 191 Estados parte, el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) no es universal. Existen países que nunca lo han firmado o que se han retirado formalmente del tratado, cuestionando su legitimidad, eficacia y capacidad de adaptación al contexto estratégico global:

India: rechazo a un tratado que considera discriminatorio

India no forma parte del TNP y ha argumentado que el tratado institucionaliza una desigualdad injustificable entre Estados «poseedores» y «no poseedores» de armas nucleares. Su primer ensayo nuclear tuvo lugar en 1974 (operación SmilingBuddha) y fue seguido por nuevas pruebas en 1998. Desde entonces, se estima que India dispone de material fisible suficiente para más de 150 ojivas nucleares.

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Durante años, Nueva Delhi sostuvo una doctrina de «no primer uso», es decir, no emplear armas nucleares a menos que fuera atacada primero con ellas. Sin embargo, declaraciones del ex asesor de seguridad nacional ShivshankarMenon en 2010 revelaron un matiz estratégico: la promesa de no usar armas nucleares ya no se aplicaría a Estados sin armas nucleares, en una clara referencia a Pakistán.

India ha justificado su rechazo al TNP por considerarlo un tratado defectuoso, al no establecer mecanismos verificables y equitativos. En 2008, la OIEA aprobó un acuerdo de salvaguardias nucleares con India, permitiendo el monitoreo progresivo de sus instalaciones civiles. Este paso fue clave para normalizar su relación con el sistema internacional, aunque sin implicar su adhesión al tratado.

Pakistán: seguridad regional frente a un tratado que considera desequilibrado

Pakistán realizó sus primeras pruebas nucleares en mayo de 1998, como respuesta directa a los ensayos indios. En la actualidad, diversas estimaciones sitúan su arsenal en 170 cabezas nucleares, aunque no existe confirmación oficial.

Islamabad ha rechazado consistentemente firmar el TNP, calificándolo como un tratado discriminatorio que no refleja las necesidades de seguridad de todos los Estados. En 2015, el secretario de Relaciones Exteriores Aizaz Ahmad Chaudhry respondió claramente ante la posibilidad de adhesión: «Pakistán tiene derecho a defenderse, por lo tanto, no firmará el TNP».

La doctrina nuclear pakistaní está fuertemente influenciada por su rivalidad estratégica con India, y su rechazo al TNP se enmarca en una percepción de falta de equilibrio y garantías de seguridad.

Israel: ambigüedad nuclear

Israel mantiene una política de ambigüedad nuclear: nunca ha confirmado ni desmentido oficialmente la posesión de armas nucleares, pero se estima que podría disponer de entre 100 y 200 ojivas elaboradas a partir de plutonio reprocesado en su planta de Dimona.

Desde el punto de vista israelí, su negativa a adherirse al TNP se justifica por lo que el profesor Gerald M. Steinberg denomina «la excepcionalidad israelí»: un país pequeño, rodeado de amenazas regionales constantes y sin garantías de seguridad plenas. En este contexto, su supuesta capacidad nuclear actuaría como un elemento disuasorio frente a ataques existenciales.

En 2009, la Conferencia General del OIEA aprobó una resolución instando a Israel a abrir sus instalaciones al organismo y a adherirse al TNP. La delegación israelí rechazó de plano la propuesta, subrayando que no colaboraría con una resolución que consideraba motivada políticamente.

Corea del Norte: retirada formal y amenaza a la credibilidad del TNP

Corea del Norte se unió al TNP en 1985, pero su adhesión fue meramente táctica: buscaba asistencia tecnológica soviética. En los años noventa, la OIEA descubrió actividades clandestinas en su planta de Yongbyon, lo que desencadenó una crisis internacional. En 1994, se firmó el Marco Acordado, por el que Pyongyang congelaba su programa militar a cambio de ayuda energética y dos reactores de agua ligera.

Sin embargo, en 2003, tras crecientes tensiones con la administración Bush y sospechas sobre un programa paralelo de enriquecimiento, Corea del Norte se retiró formalmente del TNP, siendo hasta hoy el único Estado en hacerlo. Desde entonces, ha realizado varias pruebas nucleares (2006, 2013, 2016, 2017) y afirma poseer misiles balísticos intercontinentales y capacidades termonucleares.

Pese a los múltiples intentos diplomáticos (como las conversaciones a seis bandas o las cumbres entre Donald Trump y Kim Jong-un), Corea del Norte no ha regresado al TNP ni ha permitido el retorno de inspectores del OIEA, representando un desafío directo a la eficacia y universalidad del régimen de no proliferación.

Logros del TNP: ¿qué avances tangibles se han producido?

A pesar de sus limitaciones estructurales y las tensiones geopolíticas recurrentes, el TNP ha logrado avances históricos en varias áreas clave que explican su relevancia actual:

  • Contención efectiva de la proliferación. Uno de los mayores logros del TNP ha sido la limitación de la proliferación nuclear horizontal, es decir, la expansión del número de Estados con armamento nuclear. Antes del tratado, muchos expertos temían un escenario en el que más de 20 o 30 países adquirieran armas atómicas. Sin embargo, a fecha de junio de 2025, solo nueve Estados poseen armas nucleares —de forma oficial o de facto—, mientras que 191 países forman parte del TNP.
  • Sistema internacional de inspección y verificación nuclear. El tratado otorgó un papel central al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) como garante de que los programas nucleares civiles de los Estados no se desvíen hacia usos militares. Este mandato ha dado lugar a un sistema internacional de salvaguardias nucleares, actualmente vigente en más de 130 países. El OIEA realiza inspecciones rutinarias y cuenta con tecnologías avanzadas para verificar que los materiales nucleares no se utilicen con fines armamentísticos.
  • Reducción de arsenales y desarme parcial. Aunque el desarme nuclear completo aún no se ha alcanzado, el TNP ha sentado las bases para acuerdos de gran impacto, especialmente entre las superpotencias nucleares. Entre los principales avances destacan:
    • START I y START II (1991 y 1993): firmados por Estados Unidos y la URSS/Rusia, marcaron un descenso drástico en el número de cabezas nucleares desplegadas.
    • Según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), el número de cabezas nucleares en el mundo ha disminuido de más de 70.000 en los años 80 a unas 12.500 en 2024.
  • Promoción del uso pacífico de la energía nuclear. El TNP también ha sido crucial para fomentar la cooperación internacional en tecnología nuclear con fines pacíficos, especialmente en el ámbito de la energía, la investigación científica y la medicina. A través de programas como AtomsforPeace y con el respaldo técnico del OIEA, más de 30 países operan reactores nucleares civiles.

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¿Cuáles son las ramas del cristianismo?

Una fe nacida hace dos mil años se ha diversificado en tres grandes familias (Iglesia Católica, Ortodoxia y Protestantismo) y en una multitud de tradiciones que reflejan historias, culturas y teologías distintas aunadas en una misma religión.

El cristianismo parte de un origen común. La confesión de que Jesús de Nazaret es el Mesías, la aceptación de la Biblia como Escritura sagrada y la práctica de sacramentos como el bautismo y la Eucaristía. Con el paso de los siglos, sin embargo, diferencias de interpretación teológica, modelos de autoridad, contextos culturales y factores políticos provocaron cismas y reformas que desembocaron en varias ramas del cristianismo.

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La Iglesia Católica

  • La Iglesia Católica Romana. Con más de mil millones de fieles, se considera heredera directa de los apóstoles y mantiene al Papa (sucesor de Pedro) como máxima autoridad espiritual y administrativa. Reconoce siete sacramentos (bautismo, confirmación, eucaristía, penitencia, unción de los enfermos, orden sacerdotal y matrimonio) y posee una estructura jerárquica global que le otorga gran cohesión doctrinal y litúrgica.
  • Iglesias Católicas Orientales. Veintiuna Iglesias sui iuris, desde los ritos bizantino y alejandrino hasta el armenio o el siríaco, están en plena comunión con Roma, pero conservan gobierno propio, liturgias, calendarios y disciplinas particulares. Esta variedad interna muestra cómo la Iglesia Católica engloba múltiples tradiciones dentro de su unidad de fe.

La Ortodoxia Oriental y Oriental Ortodoxa

  • Iglesia ortodoxa oriental. El Gran Cisma de 1054 separó a Oriente y Occidente. Desde entonces, la Iglesia ortodoxa oriental funciona con una organización conciliar, donde varios patriarcados autónomos que comparten la misma fe, celebran la liturgia bizantina y toman decisiones en sínodos, sin un «Papa» único.
  • Iglesias ortodoxas orientales. Iglesias como la Copta (Egipto), la Armenia o la Etíope no aceptaron el Concilio de Calcedonia (451) y desarrollaron cristologías propias. Aunque comparten rasgos litúrgicos antiguos y una fuerte identidad nacional, se diferencian de la ortodoxia oriental clásica en algunos puntos doctrinales.

Las ramas protestantes

A inicios del siglo XVI, Martín Lutero, Juan Calvino y el rey Enrique VIII cuestionaron la autoridad papal, algunas prácticas sacramentales y la relación entre fe y obras, abriendo la puerta a la Reforma protestante y, con ella, a nuevas ramas del cristianismo.

Principales corrientes protestantes

  • Luteranismo: enfatiza la justificación por la fe y la supremacía de la Escritura sobre la tradición.
  • Calvinismo (reformados/presbiterianos): subraya la soberanía de Dios y la doctrina de la predestinación.
  • Anglicanismo: nacido en Inglaterra, combina elementos católicos y reformados, con el Arzobispo de Canterbury como figura simbólica.
  • Otros movimientos: bautistas (bautismo de creyentes), metodistas (santidad personal), pentecostales (énfasis en el Espíritu Santo) y evangélicos, que dan prioridad a la conversión personal y a la Biblia.

Otras tradiciones cristianas

  • Anabaptistas. Surgidos en el siglo XVI, los anabaptistas defendían el bautismo solo de adultos creyentes y abogaban por una reforma radical de la sociedad y de la Iglesia, lo que les llevó a la persecución tanto católica como protestante.
  • Restauracionistas y no trinitarios. Varios movimientos buscaban restaurar el cristianismo «original». Entre ellos se hallan los Adventistas del Séptimo Día, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (mormones) y los Testigos de Jehová, que comparten una lectura propia de la Biblia y, en algunos casos, una visión no trinitaria de Dios.

¿Por qué tantas ramas?

  • Autoridad y tradición. Las disputas sobre quién ejerce la autoridad (el Papa, un concilio o la Biblia en solitario) generaron las principales fisuras eclesiales.
  • Influencias históricas y geopolíticas. Guerras, imperios, colonización y procesos de independencia configuraron el mapa confesional mundial, adaptando la fe a cada cultura.
  • Conflictos teológicos y adaptaciones actuales. Nuevos debates éticos y teológicos, junto a la globalización, continúan dando lugar a escisiones y a redes ecuménicas que buscan puentes entre las ramas del Cristianismo.

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¿Qué es el islamismo y en qué se diferencia del islam?

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El islam es una de las religiones más presentes y determinantes del mundo actual. Más de mil millones de personas lo practican y sus huellas están repartidas por todos los rincones del mapa. No se trata solo de una fe antigua, sino de una tradición viva que ha atravesado imperios, revoluciones y siglos de cambios. Sin embargo, en este universo complejo aparece un término que suele causar muchas dudas: islamismo.

El problema es que muchos lo usan como si fuera lo mismo que islam, pero, aunque suenan parecidos y están emparentados, islam e islamismo no son lo mismo. Uno remite a la religión. El otro, a una ideología política que usa la religión como base. Entender esa diferencia es clave para no perderse en debates que se han repetido a lo largo del tiempo.

Mientras el islam se centra en la relación del creyente con Dios, con sus prácticas, sus textos sagrados y su sentido espiritual, el islamismo apunta a otra cosa: al poder. Es una corriente que busca trasladar los valores islámicos al ámbito público. Gobiernos, leyes, educación, todo bajo una lógica religiosa. No se presenta igual en todas partes. 

Hay partidos islamistas que compiten en elecciones y otros que directamente rechazan la política tal como la conocemos. Hay quienes lo promueven con discursos, y otros que lo imponen con armas.

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El islamismo parte del islam, pero lo lee con un objetivo político. Su intención es moldear la sociedad según lo que considera mandatos divinos. Para eso, propone desde reformas legales hasta la creación de Estados basados en la sharía. Hay casos conocidos: los Hermanos Musulmanes en Egipto, que optaron por las urnas, o el Estado Islámico, que eligió la vía más brutal y directa para imponer su visión.

En cambio, el islam como religión propone un camino espiritual que pasa por cinco pilares básicos: declarar la fe, rezar cinco veces al día, dar limosna, ayunar en Ramadán y peregrinar a La Meca. Es una fe practicada en lo íntimo, que no necesariamente se traduce en posiciones políticas. La mayoría de los musulmanes en el mundo vive su religión sin ningún interés en convertirla en un programa de gobierno.

Sunismo y chiismo: dos caminos dentro del islam

Asimismo, hay que sumarle que el islam no es monolítico. Sus dos ramas principales, el sunismo y el chiismo, comparten la base: un solo Dios, Mahoma como profeta, el Corán como guía. Pero se separan cuando se trata de interpretar el liderazgo tras la muerte del profeta.

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Los sunitas (la gran mayoría en el mundo musulmán) consideran que el sucesor debía ser elegido entre los compañeros más cercanos a Mahoma. Por eso, apoyaron a Abu Bakr. Los chiítas, en cambio, defienden que el liderazgo debía quedarse en la familia del profeta, y ahí aparece Ali, su primo y yerno, como figura central. Esa discusión histórica derivó en diferencias doctrinales y en visiones del mundo que siguen vigentes.

Hoy, Irán representa el núcleo del chiismo, mientras que Arabia Saudí es el de los sunitas. Esa división ha alimentado rivalidades geopolíticas, guerras por poder y tensiones que van mucho más allá de la religión.

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¿Qué es el imperialismo y cómo ha moldeado el mundo moderno?

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En este artículo te explicamos qué es el imperialismo, cómo surgió y por qué transformó el mapa mundial.

A finales del siglo XIX, los imperios buscaban expandirse más allá de sus fronteras, en una carrera por el poder, la riqueza y el prestigio internacional. Quien controlaba más territorios, imponía más respeto. En ese contexto, los líderes europeos observaban el mapa del mundo como un tablero lleno de oportunidades por ocupar. Es ahí donde el imperialismo cobra forma.

Aquella etapa (la llamada «era de los imperios») dejó transformaciones que aún perduran. África fue troceada como si se repartiera un tesoro. En Asia, las potencias compitieron por imponer su influencia, mientras que América, bajo el paraguas de la doctrina Monroe, logró librarse de lo peor.

¿Cuáles son las características del imperialismo?

El imperialismo consiste en que un país decide imponer su poder fuera de sus propias fronteras. Lo hace con métodos que van desde la fuerza militar hasta la presión económica. No basta con conquistar un territorio: se trata de moldearlo según los intereses del que manda. Y para lograrlo, las potencias no dudaron en ocupar zonas ricas en recursos y someter a sus poblaciones.

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Parte del impulso imperialista vino de la Revolución Industrial. Las potencias europeas iban sedientas de materias primas, buscaban mercados donde colocar sus productos y buscaban rutas comerciales que no dependieran de terceros.

Otra característica fue el discurso ideológico que lo justificaba. Se hablaba de civilizar, de llevar el progreso a tierras «atrasadas», de difundir valores occidentales. Pero bajo esa máscara se ocultaban jerarquías raciales, explotación sistemática y represión cultural.

Además, los imperios no sólo buscaban riqueza, sino que querían poder mostrar al mundo su fuerza, su capacidad de conquista, su modernidad. Cada colonia era como un trofeo.

Imperialismo vs colonialismo: ¿en qué se diferencian?

Ambos conceptos están relacionados, pero no son lo mismo. El imperialismo es la doctrina que justifica y promueve la expansión. Es la idea de fondo. El colonialismo, en cambio, es la herramienta concreta. Ocurre cuando un país ocupa directamente un territorio extranjero y establece allí su autoridad política, administrativa y social.

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Puede haber imperialismo sin colonos, como ocurrió con Estados Unidos en América Latina, que impuso su voluntad sin necesidad de gobernar directamente. Y también puede haber colonialismo como parte de una estrategia imperialista, como sucedió con el Reino Unido en la India o Francia en Argelia.

Lo que sorprende de todo este proceso es cómo sus efectos todavía se sienten hoy. Muchos de los conflictos, fronteras artificiales o desigualdades económicas que enfrentan países de África, Asia o América tienen origen en esa etapa. Y aunque los imperios cayeron, algunas formas de dominación persisten bajo otros nombres.

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El SPD alemán pide ilegalizar a AfD y la vuelta del servicio militar obligatorio

Los socialdemócratas inician una ofensiva legal contra el partido ultranacionalista y piden un posible retorno de la conscripción en su Congreso celebrado el 29 de junio.

El Congreso del Partido Socialdemócrata alemán (SPD) celebrado el domingo en Berlín respaldó dos pasos de calado: iniciar la recopilación de pruebas para pedir la ilegalización del partido ultranacionalista Alternativa para Alemania (AfD) y permitir el retorno del servicio militar obligatorio si fracasa el reclutamiento voluntario. Con respecto a la primera medida, el secretario general Lars Klingbeil aseguró que «es una tarea histórica para expulsarlos otra vez del Parlamento», al defender la primera iniciativa mientras recordaba que la Constitución «nos da las herramientas necesarias».

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Además, los delegados aprobaron crear un grupo de trabajo que documente la supuesta inconstitucionalidad de AfD y, con ese material, presentar la solicitud ante el Tribunal Constitucional Federal. Klingbeil subrayó el papel decisivo de la Oficina Federal para la Protección de la Constitución (BfV): «Si dicen que es un partido extremista de extrema derecha, no debería haber más vacilaciones». Asimismo, el dirigente acusó a la Unión Cristiano Demócrata (CDU) de prolongar el debate alegando que solo cabe el combate «político» porque «no se puede ilegalizar la frustración».

AfD, con fuerte arraigo en los estados de la antigua Alemania Oriental, ya ha denunciado a la BfV y confía en salir fortalecida si los jueces rechazan la prohibición. Esa reacción se suma de igual modo a la estrategia socialdemócrata, que pretende acelerar el proceso pese a las reticencias de sus socios conservadores.

A favor del servicio militar obligatorio

En la misma cita, el partido abrió la puerta al regreso de la conscripción. El texto aprobado precisa: «No queremos que se active ninguna opción legal para alistar a los reclutas antes de que se agoten todas las medidas para incrementar el alistamiento voluntario» y exige «medidas para reclutar, registrar y hacer seguimiento de los hombres jóvenes susceptibles de realizar el servicio militar».

¿Qué países tienen el servicio militar obligatorio?

El presidente de la Comisión de Defensa del Bundestag, el conservador Thomas Roewekamp, consideró que la formulación «ignora los actuales retos de la política de seguridad» y «solo refleja la posición del SPD». También añadió que «es crucial que haya ya una decisión vinculante sobre las condiciones en las que se tomarán medidas obligatorias para reclutar al número necesario de reclutas». Por su parte, el Gobierno de coalición del canciller Friedrich Merz necesita 60.000 nuevos soldados para cumplir con los compromisos de la OTAN, cifra que reabre el debate sobre la conscripción más de una década después de su abolición.

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LISA Institute impulsa la Prospectiva Estratégica en la Armada de Colombia para la definición de su Entorno Operativo 2050

Del 17 al 19 de junio de 2025, la ciudad de Bogotá acogió el Seminario Internacional de Prospectiva Estratégica y Señales de Futuro, organizado por la Academia Naval de Estudios Estratégicos (ANEES) de la Armada de Colombia. Este evento de alto nivel reunió a expertos internacionales, mandos militares y académicos con el fin de anticipar las transformaciones geopolíticas y tecnológicas que moldearán el entorno marítimo y la seguridad nacional hacia el año 2050.

En el marco de este seminario, el día 19 de junio se celebró un Taller práctico de Prospectiva Estratégica, ofrecido por Daniel Villegas, Director general de LISA Institute y coautor del Framework for Strategic Environment Analysis de la OTAN. El taller se centró en proporcionar a la Armada de Colombia herramientas metodológicas avanzadas para definir su propio Entorno Operativo Futuro (EOF), fortaleciendo así sus capacidades de análisis estratégico y planificación a largo plazo.

Una necesidad militar crítica: anticiparse a los tiempos posnormales

El taller arrancó con una reflexión sobre el entorno actual. Villegas se basó en lo que Ziauddin Sardar, Director del Center for Postnormal Policy & Futures Studies, denominó “Tiempos Posnormales”, caracterizados por una aceleración sin precedentes del cambio tecnológico, la complejidad de las relaciones geopolíticas y la aparición de fenómenos inesperados.

Estos tiempos presentan cuatro características fundamentales:

  • Velocidad (Speed): los cambios suceden a un ritmo vertiginoso.
  • Alcance (Scope): los efectos de los cambios son globales.
  • Escala (Scale): el impacto de cada cambio es masivo.
  • Simultaneidad (Simultaneity): múltiples disrupciones ocurren a la vez.

A estas se suman tres grandes desafíos:

  • Complejidad: interrelación creciente de variables estratégicas.
  • Caos: imposibilidad de control absoluto.
  • Contradicciones: coexistencia de tendencias divergentes.

En este contexto, no se trata de predecir el futuro, sino de prepararse para navegarlo con resiliencia, anticipación y adaptación

¿Por qué desarrollar capacidades en prospectiva estratégica?

Daniel Villegas argumentó que, para garantizar su autonomía estratégica, la Armada de Colombia necesita potenciar capacidades propias en prospectiva estratégica. No se puede depender únicamente de estudios externos o visiones de aliados: cada nación debe generar análisis ajustados a su realidad, necesidades y amenazas.

Entre las principales razones de tener autonomía estratégica para definir el Entorno Operativo Futuro están:

  • Reducir la incertidumbre operacional.
  • Anticiparse a amenazas emergentes (conflictos híbridos, ciberamenazas, guerra cognitiva…).
  • Diseñar capacidades navales pertinentes y sostenibles.
  • Mejorar la resiliencia institucional ante sorpresas estratégicas.
  • Optimizar la planificación del talento humano.
  • Desarrollar la soberanía tecnológica.
  • Reforzar la interoperabilidad en redes aliadas y regionales.

Fases para definir un Entorno Operativo Futuro (EOF)

Villegas presentó un proceso estructurado en nueve fases, basado en las mejores prácticas internacionales, y adaptado a las necesidades de la Armada de Colombia:

  1. Fundamentación estratégica e institucional.
  2. Planificación estratégica del análisis.
  3. Revisión bibliográfica y documental.
  4. Consulta y participación multidisciplinar.
  5. Construcción de escenarios prospectivos.
  6. Síntesis y definición de tendencias clave.
  7. Identificación de implicaciones para las Fuerzas Armadas.
  8. Toma de decisiones estratégicas acorde al EOF 2050.
  9. Revisión continua como proceso adaptativo.

Métodos y técnicas empleadas para analizar el futuro

Durante el taller se compartió un catálogo de 27 métodos y técnicas que permiten crear análisis prospectivos sólidos. Algunos de los que se enfatizaron fueron:

  • Horizon Scanning: exploración sistemática del entorno para identificar señales débiles de cambio.
  • Futures Wheel: técnica para visualizar los efectos en cadena de un cambio o tendencia.
  • Escenarios: construcción de narrativas plausibles de futuros alternativos.
  • Wargaming: simulación de situaciones de conflicto para validar estrategias.
  • Trend Impact Analysis: análisis del impacto de tendencias actuales considerando eventos disruptivos.
  • Wild Cards: exploración de eventos altamente improbables pero de gran impacto.
  • Structural Analysis: análisis de las interrelaciones entre variables clave.
  • Backcasting: técnica para definir un futuro deseado y trabajar hacia atrás para identificar los pasos necesarios.

Resultados y lecciones clave en Prospectiva estratégica

El taller permitió a los más de 100 oficiales de la Armada de Colombia presentes:

  • Comprender la importancia de institucionalizar la prospectiva estratégica.
  • Visualizar los futuros posibles hacia 2050.
  • Identificar vulnerabilidades y oportunidades.
  • Explorar el impacto de tecnologías emergentes.
  • Iniciar el diseño de una doctrina propia.
  • Reconocer la necesidad de crear una Unidad de Prospectiva Estratégica bien dimensionada y con los recursos humanos, técnicos y metodológicos necesarios.

Conclusión: la prospectiva estratégica como palanca de autonomía estratégica

Daniel Villegas enfatizó: “En un mundo caracterizado por la volatilidad, la incertidumbre y la aceleración tecnológica, disponer de capacidades avanzadas en prospectiva estratégica no es un lujo, sino una necesidad vital para cualquier fuerza armada que aspire a proteger su soberanía y objetivos estratégicos”.

El taller representó un paso importante para que la Armada de Colombia pueda anticipar los retos del siglo XXI y diseñar capacidades operativas pertinentes para los escenarios futuros.

Recursos complementarios sobre Prospectiva y Estrategia

El Supremo de EEUU frena las cautelares nacionales contra las órdenes de Trump

El Alto Tribunal estadounidense, de mayoría conservadora, cree que detener las órdenes del presidente es un abuso de las competencias por parte de las cortes federales.

El Tribunal Supremo de Estados Unidos otorgó a la Administración Trump una victoria jurídica clave al acotar la potestad de los tribunales federales para dictar «medidas cautelares a nivel nacional» contra sus órdenes ejecutivas, un mecanismo que había frenado iniciativas presidenciales sobre migración y otros frentes.

Trump llevaba meses denunciando esos bloqueos, que habían paralizado deportaciones de migrantes irregulares y la expulsión de supuestos pandilleros enviados a la cárcel CECOT de El Salvador. Además, un informe del Servicio de Investigación del Congreso documentó 25 fallos de alcance nacional entre el 20 de enero y el 29 de abril. Estos casos iban desde la financiación federal hasta la ciudadanía por nacimiento, asunto al que alude la sentencia del viernes.

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La opinión mayoritaria, redactada por la jueza Amy Coney Barrett, sostiene que «si un tribunal concluye que el Poder Ejecutivo ha actuado ilegalmente, la respuesta no es que el tribunal exceda su poder también» y recuerda que «los tribunales federales no ejercen una supervisión general del poder ejecutivo». La bancada progresista, a través de Sonia Sotomayor, replicó con dureza que «de un plumazo, el presidente ha convertido nuestra Constitución en una burla solemne», acusando a los jueces conservadores de «ceder, en lugar de mantenerse firme» frente a los designios de la Casa Blanca.

Trump celebra la decisión

El presidente estadounidense celebró la sentencia que restringe las «medidas cautelares a nivel nacional» usadas contra sus órdenes ejecutivas. El mandatario explicó que «un juez federal local de izquierda radical podía decidir la política de toda la nación y ahora ya no puede hacerlo». Además, calificó el fallo de «enorme» y «una de las decisiones más grandes», subrayando que «un juez de Massachusetts no puede influir en Oklahoma ni en otros lugares de la nación».

El dictamen, emitido el viernes, afecta procesos sobre inmigración, financiación federal y diversidad, aunque mantiene pendiente la cuestión de la ciudadanía por nacimiento. La jueza Amy Coney Barrett, en nombre de la mayoría conservadora, explicó que los tribunales federales solo «resuelven casos y controversias conforme a la autoridad que les ha otorgado el Congreso».

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Invertir más en Defensa: necesidad urgente, pero con inteligencia, estrategia y cooperación público-privada

La guerra ha vuelto a Europa y la seguridad ya no puede darse por sentada. La Cumbre de la OTAN marca un punto de inflexión: invertir en Defensa es urgente, pero no basta con aumentar el gasto. Hace falta una estrategia inteligente, sostenida en la cooperación público-privada, la innovación tecnológica y una verdadera cultura de defensa. En un mundo inestable, garantizar la libertad y la prosperidad exige preparación, liderazgo y visión de Estado.

El retorno de la guerra convencional a Europa, la progresiva erosión del orden multilateral liberal y la emergencia de potencias revisionistas han obligado a replantear los cimientos de la seguridad euroatlántica. La reciente Cumbre de la OTAN en La Haya marca un punto de inflexión en este proceso: la defensa vuelve al centro de las prioridades políticas y presupuestarias.

Esta Cumbre ha dejado sobre la mesa un compromiso claro y cuantificable por parte de los aliados: destinar, de aquí a 2035, un 5 % del PIB a las necesidades esenciales de defensa y seguridad. La fórmula acordada —un mínimo del 3,5 % del PIB en gasto militar directo y un 1,5 % adicional en capacidades relacionadas con la seguridad— marca un punto de inflexión en el esfuerzo colectivo de los países miembros para adaptarse a un entorno geoestratégico cada vez más volátil e incierto.

Este compromiso no debe interpretarse simplemente como una carrera por aumentar las cifras de gasto, sino como una hoja de ruta que exige que el dinero invertido sea empleado con cabeza, sosiego e inteligencia estratégica.

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Un contexto que exige ecosistemas de Defensa

Los líderes de la Alianza han recordado que el Artículo 5 del Tratado de Washington —la defensa colectiva— no es retórica vacía: es un compromiso tangible de proteger a mil millones de ciudadanos. Y las amenazas no son menores:

  • Rusia sigue constituyendo un desafío estructural para la seguridad euroatlántica, con una estrategia de desgaste en Ucrania y una modernización continua de su aparato militar.
  • El terrorismo global mantiene su capacidad de desestabilización en diversas regiones.
  • Las nuevas amenazas híbridas —ciberataques, desinformación, sabotajes— exigen respuestas ágiles y eficaces.
  • La rivalidad sistémica con potencias globales como China plantea escenarios a largo plazo que requieren resiliencia, preparación y unidad.

Todo ello obliga a fortalecer nuestra Cultura de Defensa, así como nuestras capacidades de disuasión, defensa, gestión de crisis, cooperación público-privada, soberanía tecnológica e innovación dual.

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Disparidad de gasto en Defensa entre regiones y países

La disparidad del gasto en Defensa entre países es una amenaza en sí misma, especialmente para los que menos invierten.

Gasto militar a nivel mundial por regiones, 1988-2024. Fuente: Trends in World Military Expenditure, 2024 (SIPRI).

Para comprender la dispar distribución del gasto nacional, a continuación, se ofrece un listado de una selección de las principales potencias globales y regionales, ordenadas por valores absolutos:

  • EEUU: 3,4% PIB (997.000 millones de USD)
  • China: 1,7% PIB (314.000 millones de USD).
  • Rusia: 7,1% PIB (149.000 millones de USD).
  • Alemania: 1,9% PIB (88.500 millones de USD).
  • India: 2.3% PIB (86.100 millones de USD).
  • Reino Unido: 2,3% PIB (81.800 millones de USD).
  • Rabia Saudí: 7,3% PIB (80.300 millones de USD).
  • Francia: 2.1% PIB (64.700 millones de USD).
  • Japón: 1.4% PIB (55.300 millones de USD).
  • Israel: 8.8% PIB (46.500 millones de USD).
  • Italia: 1.6% PIB (38.000 millones de USD).
  • Turquía: 1.9% PIB (25.000 millones de USD).
  • España: 1.4% PIB (24.600 millones de USD).
  • Brasil: 1.0% PIB (20.900 millones de USD).
  • México: 0.9% PIB (16.700 millones de USD).
  • Colombia: 3.4% PIB (15.100 millones de USD).
  • Irán: 2.0% PIB (7.900 millones de USD).

Estados Unidos sigue liderando el ranking de los TOP15 países con mayor gasto en Defensa, seguido de lejos por China, Rusia, Alemania e India respectivamente.

Gasto militar a nivel mundial por regiones, 1988-2024. Fuente: Trends in World Military Expenditure, 2024 (SIPRI).

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Por qué debemos gastar más… pero gastar mejor.

La cifra del 5 % del PIB establecida en la Cumbre de la OTAN es ambiciosa, pero no debería ser un fin en sí misma. La clave está en cómo se gasta, en qué se invierte y con qué objetivos:

  1. No basta con comprar más armamento: es imprescindible modernizar las fuerzas armadas, adaptarlas a los retos del siglo XXI y garantizar su interoperabilidad dentro de la OTAN y con socios estratégicos.
  2. Invertir en capacidades clave: ciberdefensa, inteligencia, mando y control, defensa espacial, sistemas autónomos, tecnologías emergentes, infraestructuras críticas resilientes, municiones de precisión, defensa antiaérea, y movilidad estratégica.
  3. Preparar a las personas: un componente esencial del esfuerzo es la concienciación, formación continua y la especialización del personal militar y civil, así como la preparación de la sociedad en su conjunto frente a crisis y conflictos de toda índole. Desde programas de Cultura de Defensa para la ciudadanía, hasta la preparación adecuada de reservistas y ciber-reservistas, pasando por tener plantillas militares y policiales con un mayor grado de especialización.
  4. Industria de defensa y soberanía tecnológica: todos los países en general necesitan reforzar su base industrial y tecnológica de defensa para no depender en exceso de capacidades externas. La inversión debe contribuir a la autonomía estratégica, al desarrollo económico y a la innovación, especialmente en Europa y más concretamente en España.
  5. Transparencia y control del gasto: el esfuerzo financiero debe estar acompañado de un escrutinio riguroso para asegurar que las inversiones producen capacidades reales y efectivas, evitando derroches y duplicidades.

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Reflexiones que contribuyen a una mayor concienciación colectiva en Defensa

  • La seguridad no es gratuita: en un mundo inestable, pensar que la paz y la libertad están garantizadas sin esfuerzo es una ingenuidad peligrosa.
  • La defensa es un pilar del bienestar: sin seguridad, no puede haber prosperidad económica ni cohesión social. La inversión en defensa es una inversión en estabilidad y en el futuro.
  • La industria de defensa genera empleo y tecnología: cada recurso económico invertido en defensa genera actividad económica, empleo de alto valor añadido e innovación tecnológica con aplicaciones duales, que aportan retorno tanto a nivel militar como civil, tanto en el sector público como en el sector privado.
  • El coste de no invertir es mucho mayor: la historia demuestra que la falta de medios y capacidades ante ciertas amenazas genera conflictos más costosos, tanto en vidas como en recursos.
  • Autonomía estratégica: una España y una Europa más fuerte en defensa, fomenta la autonomía y soberanía estratégica, menos dependiente de terceros actores en un mundo multipolar donde las alianzas y rivalidades cada vez son más difusas e interesadas.

Conclusión

En resumen, invertir más en defensa no es militarismo ni belicismo. Es una obligación moral hacia las generaciones presentes y futuras para garantizar su libertad, seguridad y prosperidad. Es lo más coherente en un mundo incierto donde la disuasión y las capacidades de defensa van a definir el porvenir de cualquier Estado y su soberanía real.

Potenciar el multilateralismo formando parte de organismos internacionales, regionales y/o político-militares es solo parte de la solución. Como toda relación humana, las alianzas geopolíticas y redes de confianza requieren ser cuidadas y reforzadas de forma permanente, siendo conscientes de la importancia del esfuerzo compartido, tanto en buenos como en malos momentos.

Por último, esta mayor inversión debe planificarse no de forma partidista ni cortoplacista, sino con visión de Estado, con consenso social y con la inteligencia que requiere un esfuerzo tan relevante. No podemos permitirnos improvisaciones, ni despilfarros, ni discursos vacíos.

La seguridad nacional y la defensa colectiva merecen la mejor planificación, gestión y liderazgo. Nuestros líderes políticos, militares y empresariales deben sentir y asumir gran parte de la responsabilidad, pero también el resto de la sociedad, donde cada uno debemos estar a la altura de las circunstancias.

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¿Qué es la Conferencia de Financiación para el Desarrollo de la ONU de 2025 y por qué es importante para el Sur Global?

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Durante los días 30 de junio hasta el 3 de julio de 2025, Sevilla se convertirá en el epicentro del multilateralismo. Todo el panorama internacional pondrá sus miradas en la capital hispalense donde se debatirá sobre la financiación para el desarrollo al más alto nivel. En este artículo, Javier Pera presenta la conferencia, sus ejes temáticos clave, y la importancia de su dimensión transnacional, al mismo tiempo que se reflexiona sobre su posible impacto y beneficios para la comunidad internacional en su conjunto, para el Sur Global, y para España y Sevilla como sede.

La Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo consiste en un foro internacional de Naciones Unidas celebrado recurrentemente. En la Conferencia se debate acerca de la reforma de la financiación para el desarrollo y de la arquitectura financiera internacional a distintos niveles, con el objetivo de alcanzar exitosamente la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Sevilla acogerá la cuarta edición tras las anteriores en Monterrey 2002, Doha 2008 y Addis Abeba 2015. Con el objetivo de comprender plenamente los desafíos que enfrenta esta IV edición, es imprescindible repasar los avances de las anteriores citas, y, sobre todo, destacar las principales diferencias del contexto global actual, que requiere nuevos enfoques prioritarios y soluciones más ambiciosas. 

En Monterrey 2002 se firma el primer gran acuerdo político global sobre financiación para el desarrollo, denominado Monterrey Consensus. Este acuerdo reconoció responsabilidades compartidas en áreas clave como movilización de recursos domésticos, comercio o deuda, con propuestas y compromisos concretos como el 0,7% del PIB para la ayuda oficial al desarrollo.

Doha 2008 ratificó el consenso anterior, además de añadir un enfoque en igualdad de género y sostenibilidad ambiental, así como un llamamiento a la reforma de la gobernanza de las instituciones globales.

Por último, Addis Abeba 2015 adopta la Addis Ababa Action Agenda, integrada en la Agenda 2030, y definió 7 áreas de acción prioritarias: recursos públicos, finanzas privadas, cooperación, comercio, deuda, asuntos sistémicos, ciencia e innovación. Por último, también puso énfasis en aspectos éticos y legales como la transparencia, rendición de cuentas y la lucha contra flujos ilícitos. 

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Sevilla 2025: ¿Qué cambia?

Esta cumbre, además de tener en consideración los ejes principales abordados en las tres anteriores, depende de un contextual actual que presenta desafíos urgentes más allá de los tradicionales.

En primer lugar, las tensiones recientes en comercio internacional y el auge del proteccionismo presentan una amenaza para la apertura económica que fue clave en Monterrey y Doha. Por otro lado, el endeudamiento alarmante del Sur Global ha amplificado las desigualdades y dependencias económicas, y ha puesto sobre la mesa la necesidad de innovar en mecanismos de alivio y restructuración de deuda. Adicionalmente, la crisis climática presiona fuertemente, con la urgencia y necesidad de financiar adaptación sostenible en países vulnerables. Finalmente, vuelve a aparecer la necesidad de reformar el sistema financiero global. Adicionalmente a los marcos anteriores, urge la necesidad de combatir dos nuevas amenazas; la innovación en el ámbito financiero, y la pérdida de confianza en los modelos multilaterales.

Considerando los principales avances previos y el contexto geopolítico actual, surge la incógnita de si Sevilla 2025 actuará como una nueva etapa en el proceso reformador del sistema financiero internacional, o si por el contrario representará un paréntesis o punto de inflexión donde deban priorizarse nuevas amenazas emergentes.

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Ejes temáticos y eventos clave

La estructura del programa es diversa, está definida de forma equilibrada y dinámica, siendo su composición es la siguiente: El lunes 30 de junio tienen lugar Opening Segment and First Plenary Meeting, Second Plenary Meeting, y Multi-stakeholder round table 1: “Mobilizing and aligning domestic public resources”.

El martes 1 de julio se celebra Multi-stakeholder round table 2: “Leveraging private business and finance”, Multi-stakeholder round table 3: “Revitalizing international development cooperation”, Third Plenary Meeting y Fourth Plenary Meeting.

El miércoles 2 de julio tienen lugar Multi-stakeholder round table 4: “Upholding the multilateral trading system, and harnessing the potential of science, technology and innovation”, Multi-stakeholder round table 5: “Realizing a development-oriented sovereign debt architecture”, Fifth Plenary Meeting y Sixth Plenary Meeting.

Por último, el jueves 3 de julio se celebra Multi-stakeholder round table 6: “Reforming the international financial architecture and addressing systemic issues”, Seventh Plenary Meeting and Eighth Plenary Meeting and closing of the Conference.

Las Sesiones Plenarias reúnen a Altos Representantes de Estados Miembros, así como de otras organizaciones internacionales, y consisten en espacios de debate amplios y generalistas, con un tono más político-institucional y cuyo objetivo es llegar a consensos generales y adoptar los resultados oficiales de la conferencia.

Por su parte los Multi-stakeholder round table se centran en temáticas específicas: inversión privada, cooperación para el desarrollo, comercio, ciencia o innovación. Su enfoque y formato es más dinámico, pues incluye panelistas (ministros y autoridades), y discussants, quienes representan al sector privado, bancos de desarrollo, sociedad civil… Su propósito es enriquecer el debate con perspectivas e intereses diversos, orientar acciones o generar recomendaciones técnicas.  

Este tipo de encuentros demuestra que, para afrontar los grandes desafíos del desarrollo global, ya no basta con decisiones entre gobiernos; es necesario escuchar también a quienes ejecutan los proyectos sobre el terreno, financian las iniciativas o representan a las comunidades afectadas.

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Una cumbre transnacional, no intergubernamental

La IV Conferencia de Financiación para el Desarrollo consta de un factor diferencial que la posiciona como una cumbre atípica y original en el sistema multilateral tradicional. Se trata de la participación e involucración de actores más allá del Estado y las organizaciones internacionales: sociedad civil, sector privado, bancos multilaterales… Esta dinámica inclusiva, ha sido acuñada como transnacionalismo inclusivo, y refleja un giro institucional clave por varias razones. 

A rasgos generales, el formato multi-actor genera más legitimidad, pues representa los intereses de las partes involucradas de forma absoluta; fomenta la co-creación de soluciones desde una dirección horizontal y no jerárquica, y por último aumenta la transparencia y la justicia internacional, y por ende la implementación efectiva de los acuerdos. Este último factor es determinante considerando la desconfianza actual hacia las instituciones internacionales y el cuestionamiento de su efectividad.

Además, este tipo de modelos recuperan la confianza en el multilateralismo, pues en un contexto envuelto por decisiones unilaterales y el triunfo del minilateralismo, Sevilla representa un refortalecimiento del multilateralismo más puro, pero también integrador e inclusivo.

Finalmente, desde el punto de vista social, el modelo multi-actor genera grandes implicaciones sociales. Al incluir a actores no estatales, se acerca la negociación y la toma de decisiones a la ciudadanía, dándose lo que se denomina la democratización de la diplomacia. De este modo, no tan solo se impulsa la participación e inclusión de todos los sectores, sino que se logra humanizar, descentralizar y llevar a cualquier nivel, debates financieros y económicos que se escapan del alcance del ciudadano promedio. Es decir, los asuntos tratados en este tipo de cumbres se asocian con estándares políticos, institucionales y ciertamente elitistas. Dada esta democratización de la diplomacia, es posible fomentar el interés ciudadano por cuestiones complejas, pero que repercuten en sus vidas.

¿Quién gana con Sevilla 2025?

A pesar de que este tipo de cumbres suelen ser beneficiosas para todos los actores en su conjunto, hay una serie de ellos que se posicionan como principales beneficiarios.

El Sur Global puede lograr este puesto, pues las propuestas debatidas buscan reformar las reglas de un sistema financiero internacional que generalmente los perjudica: deudas inasumibles, acceso limitado a financiación climática… Esta cumbre da voz directa al Sur Global y a los países en desarrollo, desde dentro del debate y no desde la periferia como en otros modelos de negociación minilaterales o exclusivos.

Por otro lado, España y Sevilla también salen muy beneficiados, aunque en otro sentido. Sevilla se proyecta como una ciudad global, capaz de acoger eventos de alto nivel, con conexión institucional y con atractivo internacional. Además, los beneficios indirectos también complementan el factor reputacional: atracción de futuras cumbres, impulso económico y turístico…

Sin embargo, no todos los actores salen igualmente beneficiados. Las grandes potencias y multinacionales acostumbradas a operar en un sistema desigual, muchas veces obtienen ventajas mediante mecanismos financieros opacos o prácticas extractivas sobre países más vulnerables. Así es como se perpetúan las dinámicas desiguales globales existentes en la actualidad, que han generado ese desequilibrio entre el Norte Global y el Sur Global.

En definitiva, los grandes beneficiarios de esta cumbre son los Estados más vulnerables del planeta, la ciudadanía en su conjunto, y las voces que rara vez tienen voz en la mesa, demostrándose así como esta democratización de la diplomacia y el transnacionalismo inclusivo están destinados a luchar por la equidad y sostenibilidad.

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El arma nuclear: un cambio de paradigma con la guerra total

La amenaza de una nueva guerra global ya no es una simple hipótesis. Las potencias nucleares vuelven a estar cara a cara, en un tablero cada vez más inestable. Miquel Ribas, alumno del Máster Profesional de Analista Internacional y Geopolítico y el Curso de Experto en China de LISA Institute, analiza este contexto donde el poder nuclear, la economía y el liderazgo irracional marcan el rumbo del siglo XXI.

En 1945 finalizó la Segunda Guerra Mundial. Fue el conflicto que causó el mayor número de víctimas mortales, tanto militares como civiles. También provocó la destrucción masiva de ciudades e infraestructuras. Tras la caída de las potencias del Eje, los llamados Aliados se reunieron en una serie de conferencias. Su objetivo era diseñar el nuevo orden mundial que surgiría tras el fin de la guerra.

Uno de los objetivos buscados fue la creación de una institución de gobernanza global que pudiera prevenir la repetición de una masacre en tales condiciones. Para ello, nació la Organización de las Naciones Unidas (ONU), cuyas funciones principales eran el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, tal como se reconoce en el Artículo 1.1 de la Carta de la Organización.

Sin embargo, la ONU ha demostrado ser ineficaz en las funciones de policía global que ejerció el Reino Unido en el siglo XIX y Estados Unidos en el XX. De igual manera, el diseño institucional no brindó garantías viables. Estableció un órgano, el Consejo de Seguridad, en el cual los cinco miembros permanentes han tenido derecho a veto. Por tanto, disponen de la capacidad de bloquear resoluciones que puedan perjudicar sus intereses. El derecho a veto significa que la ONU jamás podrá emprender ninguna acción contra una superpotencia, lo que las exime del cumplimiento del derecho internacional.

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En este contexto, más que la creación de la ONU, según la escuela realista de relaciones internacionales, el desarrollo de la bomba nuclear por parte de Estados Unidos, y la posterior adquisición de este armamento por parte de la URSS en 1949, fueron los acontecimientos clave que evitaron una confrontación directa entre Moscú y Washington. Como consecuencia, también se evitó una guerra global durante la Guerra Fría.

Además, en ciertos casos desde 1945, la bomba nuclear se consideró una forma de economizar en la guerra debido a su poder destructivo masivo. Este permitía arrasar ciudades enteras en comparación con los recursos que habrían debido asignarse a las armas convencionales.

El verdadero poder del arsenal nuclear reside no solo en su poder destructivo, sino también en su capacidad disuasoria. En este contexto, las dos superpotencias evitaron enfrentamientos directos, basándose en un equilibrio de poder fundado en el terror y en la destrucción mutua asegurada.

Esta dinámica se reflejó, por ejemplo, durante la era de Jruschov en la URSS, cuando el líder soviético buscó reducir el volumen de las fuerzas armadas soviéticas. Intentó economizar el gasto militar, compensándolo con un refuerzo del arsenal nuclear. Algo similar ocurrió con la carrera armamentista de Ronald Reagan y su Iniciativa de Defensa Estratégica, que apostaba por mejorar las capacidades tecnológicas para generar mayor daño con un menor número de misiles.

Sin embargo, si bien la existencia de arsenales nucleares por parte de un pequeño grupo de potencias no impidió el surgimiento de conflictos, esto no evitó nuevos enfrentamientos. Durante la Guerra Fría no reaparecieron guerras totales como las que sacudieron Europa en la primera mitad del siglo XX. En su lugar, emergieron nuevas formas de guerra por delegación o subsidiaria.

Estas se libraban entre dos bandos: en ocasiones interestatales, como Corea o Vietnam, con rasgos de conflictos convencionales clásicos, y otras veces intraestatales, como en Afganistán o Nicaragua, entre una fuerza gubernamental y organizaciones paramilitares. Cada bando era respaldado por una superpotencia, aunque sin involucrarse directamente en el conflicto.

Esta nueva modalidad, alejada del modelo de conflicto convencional, condujo al surgimiento de las llamadas guerras de cuarta generación. Se trata de conflictos asimétricos, en los que una organización paramilitar puede combatir en condiciones de inferioridad frente a fuerzas armadas regulares. Sin embargo, logra prolongar sus actividades con el objetivo de debilitar al poder estatal y forzarlo a abandonar la lucha por puro agotamiento.

Ni la existencia de la bomba nuclear ni de la bomba termonuclear (bomba de hidrógeno) han conseguido prevenir o erradicar los conflictos. En este contexto, ninguna potencia ha renunciado a la guerra como instrumento político. Al fin y al cabo, como dijo el militar prusiano Karl von Clausewitz, la guerra es el ejercicio de la política por otros medios.

Además, como añadió Einstein tras la Segunda Guerra Mundial, refiriéndose a la tecnología militar: «todo ha cambiado excepto nuestra forma de pensar». El concepto de guerra sigue vigente; lo que ha cambiado es la manera de hacerla.

Nuevas formas de guerra: perdida de relevancia del poder militar por otros poderes

Pese a que las guerras se han librado generalmente a través del poder militar, éste no es la única manera de llevar a cabo una guerra ya que, en la actualidad los conflictos se pueden librar a partir de múltiples instrumentos que pueden generar mayor daño que el uso de la potencia militar. El coronel Pedro Baños define que loe elementos que configuran el poder mundial son:

  1. Potencia militar
  2. Capacidad económica
  3. Diplomacia
  4. Servicios de inteligencia
  5. Recursos naturales
  6. Territorio y población
  7. Potencialidades intangibles
  8. Conocimiento y tecnología
  9. Comunicación estratégica

En los últimos años, con la creación del orden internacional liberal surgido del Consenso de Washington de 1989, el poder militar ha perdido importancia gradualmente. Ha cedido terreno frente a otras formas de poder ejercidas por potencias emergentes. La URSS se derrumbó sin que la OTAN tuviese que disparar un solo tiro. Su colapso se debió a la ineficiencia del sistema económico de planificación centralizada y los problemas internos del modelo comunista.

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Además, en los años ochenta, Washington vinculó la producción de armamento al desgaste de los recursos del complejo militar soviético. A principios de esa década, mientras EE.UU. destinaba el 6 % de su producto nacional bruto (PNB), la URSS debía dedicar el 12 %. Esta diferencia reflejaba la presión sobre la economía soviética. Se trataba de una estrategia para ahogar a una economía ya debilitada, forzándola a invertir más en defensa que en productos de consumo o de primera necesidad.

China, actualmente, ejerce su poder mediante relaciones económicas y comerciales, así como por la dependencia que muchos países tienen de sus productos. Un ejemplo es el caso de Mongolia, cuyo comercio bilateral con China representa solo el 0,15 % del total chino. Sin embargo, para Ulán Bator, el 90 % de sus exportaciones van dirigidas a China. Esto significa que, si China dejara de comprar productos mongoles, Mongolia colapsaría, mientras que Pekín apenas lo notaría.

De manera similar, en la guerra de Ucrania, el principal factor disuasorio de Putin ha sido el uso de recursos energéticos y agrícolas. Estos sirven para disuadir a ciertos países de apoyar a Ucrania o para ganar respaldo del Sur Global. Varios de estos países dependen del trigo y la energía rusa para garantizar su seguridad alimentaria y su abastecimiento energético.

Esto ha dado lugar a conflictos que ya no son únicamente de base militar, como ocurría durante la Guerra Fría entre EE.UU. y la URSS. Ahora también se manifiestan en ámbitos comerciales y tecnológicos. Lo vemos en las continuas disputas entre Washington y Pekín por la hegemonía global. En el contexto actual, esa hegemonía está más vinculada a economía, recursos naturales y tecnología que al poder militar. De hecho, la capacidad económica podría considerarse el verdadero poder, por encima del músculo bélico o de la potencia militar.

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Esto no significa que el poder militar deba ignorarse o ser infravalorado. Ha demostrado ser útil en ciertos conflictos, como las dos Guerras del Golfo. En ambas, coaliciones internacionales lideradas por EE.UU. derrotaron sin dificultad al Iraq baazista de Saddam Hussein. Lo hicieron gracias a su superioridad aérea y terrestre, especialmente con los tanques Abrams-1, que destruyeron fácilmente los carros de combate soviéticos empleados por Bagdad.

Otro ejemplo del uso eficaz del poder militar es la intervención rusa en Siria, que salvó al presidente Al Asad de la derrota. Sin embargo, no deben ignorarse los fracasos. Entre ellos, el de Israel frente a organizaciones no estatales como Hezbolá y Hamás. O el caso de Estados Unidos en Afganistán contra los talibanes, donde el poder militar no fue decisivo.

Al fin y al cabo, la guerra es una cuestión de azar. La superioridad militar ya no garantiza inclinar la balanza, como ocurría en guerras convencionales del pasado. Antes, el bando con más armas solía mantener el equilibrio de poder. El que tenía menos capacidad militar quedaba automáticamente en desventaja.

El factor humano siempre ha sido considerado el más relevante en una contienda. Este factor explica el éxito de los talibanes, los muyahidines y el «sumud» palestino. Su perseverancia constante ha logrado resistir al poder militar de Estados como Israel, entre otros.

El futuro de las guerras: ¿el regreso a una nueva guerra total con armas nucleares?

El continente europeo, que ha sufrido los efectos más devastadores de la guerra tras haber sido campo de batalla de ambas guerras mundiales, ha vivido un cambio significativo. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, sólo ha experimentado las Guerras de los Balcanes como conflicto armado relevante.

Internamente, la creación y el desarrollo del proyecto europeo y la generación de interdependencia económica entre los países han eliminado el riesgo de guerra. A lo largo de estos años, con la excepción de las Guerras de los Balcanes, Europa probablemente ha experimentado el período de paz más largo de su historia.

Sin embargo, la operación militar especial ordenada por el Kremlin ha vuelto a plantear el espectro de la guerra convencional.

Este riesgo se ha acentuado con la escalada de tensiones entre Teherán y Tel Aviv, así como con la decisión de la Administración Trump de llevar a cabo un ataque quirúrgico contra las instalaciones nucleares iraníes en Isfahán, Natanz y Fordo. Esta operación, conocida como Martillo de Medianoche, ha llevado al presidente ruso a expresar su temor por una posible Tercera Guerra Mundial.

El historiador militar Gwynne Dyer, agregaba que había tres grandes cambios que podían llevar al sistema internacional al nuevo desorden. En su opinión estos aspectos eran: el cambio climático, el ascenso de nuevas potencias y la proliferación nuclear. Estos tres cambios se están produciendo actualmente. Desde la Primavera Árabe y la guerra en Siria, junto con el auge del Estado Islámico en Irak y Siria, ha surgido una crisis de refugiados en Europa.

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Es probable que los movimientos migratorios del sur al norte se deban a las debilidades económicas de los países del Sur Global. Estas debilidades son consecuencia del modelo de relaciones conocido como división norte-sur. También influyen las hambrunas provocadas por el auge de grupos de extrema derecha. Estos grupos defienden el fortalecimiento del Estado-nación frente a los modelos de integración supranacional y promueven una línea dura contra la inmigración.

Estos factores podrían conducir a la desestabilización y al colapso de las relaciones internacionales y generar, consecuentemente, nuevos conflictos. 

Por otro lado, el historiador militar añadió que el surgimiento de nuevas potencias podría explicarse mediante la teoría de la llamada «trampa de Tucídides», introducida por Graham Alison. Esta teoría sostiene que, en general, una potencia en declive que se siente amenazada por otra en ascenso suele acabar conduciendo a la guerra. Desde el final de la Guerra Fría, Estados Unidos ha llevado a cabo numerosas intervenciones militares en la antigua Yugoslavia, Iraq y Afganistán, buscando usar su poder para generar un cambio de régimen.

Sin embargo, a lo largo de la Guerra Global contra el Terror, los rivales estratégicos de EE.UU. fueron potencias intermedias o débiles, que no representaban una amenaza global. Esta misma correlación de fuerzas se observó en el caso de Rusia en 2009 con Georgia, en las acciones de Israel en Líbano y Gaza, y en la intervención militar de Arabia Saudita en Yemen. El objetivo saudí era aplastar la resistencia del movimiento Ansar Allah, comúnmente conocido como los hutíes. Todos estos conflictos tuvieron un alcance local o regional, sin afectar directamente la estabilidad ni la seguridad internacional.

A pesar de ello, la situación ha cambiado en los últimos años. La guerra en Ucrania es actualmente un enfrentamiento con Rusia, la principal potencia nuclear del mundo. En Oriente Medio también está involucrado Irán, considerado la principal potencia regional junto con Israel y Arabia Saudí. Estas naciones cuentan con capacidades militares convencionales, terrestres y balísticas que resultan significativas en el panorama actual.

Además, en la región del Indo-Pacífico se está desarrollando una carrera armamentística preocupante. Tokio ha decidido revisar el artículo 9 de su Constitución, que impone el pacifismo, y reforzar sus capacidades militares. También persiste la tensión estructural entre Seúl y Pyongyang, así como la cuestión no resuelta de Taiwán. A esto se suma el conflicto entre las dos potencias nucleares del océano Índico, India y Pakistán, por su histórica disputa territorial sobre Cachemira.

Finalmente, existe el peligro de la proliferación nuclear. El Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) ha fracasado. Fue firmado en 1968 y entró en vigor en 1970, motivado por la obtención de la bomba nuclear por parte de la República Popular China en 1964. En aquel entonces, solo los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad poseían armas nucleares y el TNP buscaba evitar que nuevas potencias pudiese adquirir esta tipología de armamento.

Actualmente, son nueve, y existe el riesgo de una mayor proliferación, como se observa en el caso de Irán, que ha estado desarrollando un programa nuclear desde 2002, o Corea del Norte, que abandonó el TNP en 2003 y obtuvo armas nucleares tres años después. Igualmente, la República Popular China ha mejorado significativamente sus capacidades nucleares.

Por otro lado, los tratados de limitación de armamento (tanto convencional como nuclear) firmados entre Washington y Moscú desde la llegada de Gorbachov al poder, en 1985, hasta la primera década del siglo XXI han sido olvidados o algunas de las principales potencias se han retirado.

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Un ejemplo destacado tuvo lugar en 2019 cuando EE.UU. y Rusia, tras la decisión de Washington, se retiraron del Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF por sus siglas en inglés), el cual prohibía los misiles balísticos y de crucero terrestres con alcances de 500 a 5.500 kilómetros.

Del liderazgo racional hacia la irracionalidad: ¿la nueva gran amenaza?

Todo esto nos lleva a pensar que estamos ante un nuevo desorden global que puede conducir a una nueva confrontación. Por primera vez, esta confrontación podría implicar un choque directo entre potencias nucleares, algo que nunca ocurrió durante la Guerra Fría. En este sentido, es necesario advertir sobre el peligro que representa el factor humano en el ejercicio del liderazgo. Los actores internacionales están dirigidos por este factor, el cual condiciona directamente su racionalidad.

Esto nos invita a reflexionar sobre si las grandes potencias actúan desde la racionalidad o si, por el contrario, se guían por impulsos e irracionalidad. La falta de reflexión puede conducir a decisiones peligrosas. Putin, por ejemplo, ha sido históricamente un líder racional y calculador, que evita asumir riesgos innecesarios en política exterior. Sin embargo, en el caso de Ucrania, subestimó las consecuencias de su acción.

De igual manera, Netanyahu ha decidido extender la guerra más allá de las fronteras de la llamada Palestina histórica, a todo Oriente Medio, entendiendo que prolongarla es la mejor estrategia para mantenerse en el poder.

Finalmente, está el caso de Trump, igualmente relevante, ya que para el Pentágono, un ataque a territorio iraní siempre se ha considerado una línea roja, ya que la superioridad aérea no es suficiente para derrotar al régimen iraní, sino que se requiere una intervención militar terrestre, e Irán es una fortaleza geográfica muy difícil de invadir protegido por cordilleras de montaña y extensos desiertos.

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El ideal kantiano de paz perpetua, al que Occidente parecía haberse acostumbrado, ha muerto, y volvemos a una era bélica más peligrosa que nunca, dado que se están produciendo enfrentamientos directos con potencias nucleares.

Todo esto, que ocurre tanto en Oriente Medio como en Ucrania, puede llevar a reflexionar sobre si la llamada trampa de Tucídides se ha extendido a nivel global, reflejando un declive de Occidente, que se ve obligado a recurrir a la guerra de matriz militar para frenar el auge de Oriente, dada su incapacidad para hacerlo por otros medios, como la economía.

Tucídides dijo que «El fuerte hace lo que quiere y el débil sufre lo que debe» y lamentablemente parece que esa es la dinámica que guía las relaciones internacionales, haciendo irrelevante el derecho internacional con el problema añadido de que las grandes potencias, con su accionar irracional, nos están llevando a un entorno muy volátil con importantes implicaciones para la seguridad internacional y la economía.


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