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Libro Blanco de Defensa Europea 2030: claves del plan ‘ReArm Europe’ y la iniciativa ‘Readiness 2030’ de la UE

Este artículo detalla los aspectos más importantes del plan de rearme de la UE publicados en el documento titulado «Libro Blanco Conjunto para la Preparación de la Defensa Europea 2030».

La Unión Europea ha presentado un Libro Blanco sobre defensa que establece un plan integral para rearmar Europa y fortalecer sus capacidades defensivas frente a las amenazas actuales y futuras. El documento, titulado «Libro Blanco Conjunto para la Preparación de la Defensa Europea 2030», detalla el plan ‘ReArm Europe’ (rearmar Europa) y la iniciativa ‘Readiness 2030’ (preparación 2030), que buscan transformar la postura defensiva del continente en los próximos años.

Contexto estratégico y amenazas

El Libro Blanco describe un entorno de seguridad en deterioro para Europa, caracterizado por:

  • La guerra en Ucrania y la agresión rusa.
  • La competencia estratégica con China.
  • La inestabilidad en Oriente Medio y África.
  • El aumento de las amenazas híbridas y los ciberataques.
  • La carrera tecnológica mundial actual en áreas como la inteligencia artificial (IA) y la computación cuántica.

Según el documento, «Europa se enfrenta a una amenaza aguda y en aumento». Para solventarlo, «la única forma de garantizar la paz es tener la preparación para disuadir a quienes nos harían daño».

Pilares de ‘ReArm Europe’

El plan se basa en cinco pilares principales:

  • Nuevo instrumento llamado Seguridad y Acción para Europa (SAFE) de hasta 150.000 millones de euros en préstamos.
  • Activación coordinada de la Cláusula de Escape Nacional del Pacto de Estabilidad y Crecimiento.
  • Mayor flexibilidad de los instrumentos de la UE existentes.
  • Contribuciones del Banco Europeo de Inversiones.
  • Movilización de capital privado.

El objetivo es aumentar de forma sustancial el gasto en defensa de los Estados miembros, que alcanzó el 1,9% del PIB combinado de la UE en 2024.

Áreas prioritarias de defensa

El libro blanco identifica siete dominios críticos de capacidades:

  • Defensa aérea y de misiles.
  • Sistemas de artillería.
  • Municiones y misiles.
  • Drones y sistemas anti-drones.
  • Movilidad militar.
  • IA, computación cuántica, ciberguerra y guerra electrónica.
  • Capacitación estratégica y protección de infraestructuras críticas.

Apoyo a Ucrania e integración industrial

El documento enfatiza la importancia de aumentar el apoyo militar a Ucrania e integrar su industria de defensa en el mercado único europeo. Para ello, propone:

  • Proveer dos millones de municiones de gran calibre al año.
  • Lanzar una «Iniciativa de Defensa Aérea» conjunta.
  • Apoyar la producción de drones en Ucrania y en la UE.
  • Extender los corredores de movilidad militar de la UE a Ucrania.

Fortalecimiento de la industria de defensa europea

Se busca crear un mercado europeo de equipos de defensa y fortalecer la base industrial mediante:

  • Agregación de la demanda para aumentar la capacidad de producción.
  • Reducción de dependencias y garantía del suministro.
  • Simplificación y armonización de reglas.
  • Impulso a la innovación disruptiva.
  • Desarrollo de habilidades y talento.

Cooperación internacional

El Libro Blanco destaca la importancia de la cooperación con socios como:

  • OTAN.
  • Estados Unidos.
  • Reino Unido.
  • Noruega.
  • Canadá.
  • Turquía.
  • Países de la región del Indo-Pacífico.

Afirma que «la cooperación con socios es clave para abordar los retos de la defensa europea y la industria de defensa europea».

Acciones inmediatas

El documento establece los pasos necesarios a cambiar en la actualidad:

  • Adopción urgente del Reglamento SAFE.
  • Aprobación del Programa Europeo de Industria de Defensa (EDIP).
  • Aumento de la contratación colaborativa de defensa.
  • Lanzamiento de un diálogo estratégico con la industria de defensa.
  • Presentación de una propuesta de Simplificación Ómnibus de Defensa.

El Libro Blanco concluye que «Europa debe tomar decisiones audaces y construir una unión de defensa que garantice la paz en el continente a través de la unidad y la fuerza».

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¿Quienes son las minorías perseguidas en Siria?

En el complejo escenario de Siria, las minorías han sido blanco de persecuciones y violencia. Sectas religiosas, grupos étnicos y comunidades históricas enfrentan desplazamientos forzados, ataques y discriminación. En este artículo, el alumni del Máster Profesional de Analista Internacional y Geopolítica de LISA Institute, David García Pesquera, explica cómo, en medio del conflicto, su supervivencia está en riesgo.

Tras la caída del dictador Al-Assad y el fin de su control férreo sobre el país, Siria enfrenta un proceso de reestructuración. Este proceso está liderado por el bando rebelde victorioso tras la guerra e incluye grupos heterogéneos. Entre ellos se encuentran desde islamistas radicales hasta rebeldes favorables a una transición democrática.

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El caos impuesto por el terrorismo agrava la falta de claridad sobre el futuro en paz y democracia. Las minorías son las más afectadas, especialmente tras las recientes persecuciones.

Inestabilidad permanente en Siria

La caída del régimen de Al-Assad puso fin a su cruenta dictadura, vigente desde el año 2000. También marcó el fin de la dinastía iniciada por su padre, Hafez Al-Assad, en 1971, y de casi catorce años de guerra civil en Siria. Sin embargo, la situación sigue sin ser estable y muchos sectores poblacionales se encuentran en riesgo de persecución. Dentro de la población siria existen grupos muy variados. Para entender la compleja situación del país, es fundamental atender a sus raíces religiosas.

En las últimas semanas se han registrado enfrentamientos entre las fuerzas leales al expresidente Al-Assad y las que respaldan al actual gobierno. Este último está en manos de Ahmed Huseín al-Charaa, conocido como Abu Mohamed al-Golani en el ámbito de la guerra.

Es sabido que, dentro de los grupos rebeldes que buscaban derrocar la dictadura, había facciones terroristas. Su objetivo era imponer la sharia en todo el país y expulsar a las minorías étnicas y religiosas que no compartieran su visión.

El grupo islamista Hayat Tahrir al Sham nombró a su líder, Al-Charaa, como nuevo presidente. Sin embargo, tanto la organización como su figura son muy controvertidas debido a su pasado en el Frente Al Nusra.

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Al Nusra fue un grupo terrorista islamista radical de origen sunita. En ocasiones, se le denominaba «Al Qaeda en Siria y el Levante» debido a su condición de filial. Formaba parte de una trama de amenazas y agresiones contra las minorías étnicas y religiosas.

El actual Hayat Tahrir al Sham, heredero de Al Nusra, niega tener vínculos con Al Qaeda. Sin embargo, la delgada línea que separa a los grupos rebeldes ha quedado en entredicho tras los últimos ataques.

Dentro de las minorías perseguidas y amenazadas distinguimos tres grupos principales: los cristianos, los alauitas y los drusos. Pasaremos a explicar a estos tres grupos y su relación a través del tiempo, tanto durante la dictadura, la guerra y en el intento de transición que vive el país en el que están sufriendo en sus carnes episodios de crueldad y violencia.

Comunidad alauí y su relación con Al-Assad en Siria

Los alauitas son una minoría religiosa musulmana perteneciente a la rama chiita. Su origen tiene lugar en Siria durante los siglos IX y X y comparte con el resto del islam chiita su creencia en que el imán Alí era el legítimo heredero del profeta Mahoma. Dentro de las prácticas alauitas, que incluirían celebrar la Navidad y el año nuevo zoroastriano, encontramos gran desconocimiento incluso dentro del mundo musulmán.

Representan alrededor del 10% de la población de Siria y componen el segundo grupo religioso más grande del país después de los musulmanes sunitas. Aunque tienen presencia en todo el país, se ubican principalmente en las provincias costeras sirias de Latakia y Tartus, a orillas del Mediterráneo. También se encuentran en Turquía, Irak y Líbano.

La guerra civil en Siria ofreció una visión clara del sistema de lealtades que sostuvo al régimen de Al-Assad. Dicho orden gubernamental se basó principalmente en una asociación dentro del sistema de seguridad entre los alauíes y algunos. Dentro de ellos, los oficiales alauíes son el núcleo de este régimen que se basó en la lealtad a la familia Al-Assad.

Aunque no toda la comunidad alauí está en el poder, algunos de sus miembros sí lo ocupan. El gran número de dirigentes del régimen que provienen de esta comunidad crea vínculos con el gobierno, los cuales pueden ser explotados.

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Cuando la dinastía Al-Assad llegó al poder con Hafez, adoptó una estrategia clara: convertir a la comunidad alauí en su base de apoyo mientras buscaba dividir a los suníes.

Al-Assad animaba a los alauíes a no ser «la comunidad del porcentaje», según su propia expresión. Es decir, a no vivir de forma parasitaria a costa del Estado. Sin embargo, él mismo favoreció su integración masiva en el sector público, tanto civil como militar. Necesitaba fieles en todos los niveles administrativos y estatales para afianzar su poder.

A partir de los años 70, el peso del Estado en la economía disminuyó y los alauíes comenzaron a depender cada vez más de los ingresos estatales. Con Bashar Al-Assad, la contratación masiva de alauíes en la administración pública dejó de ser una estrategia deliberada del presidente. En cambio, se convirtió en el resultado de un proceso de endogamia comunitaria. Según unos estudios recientes, el 80% de los alauíes trabajaban antes de la caída del dictador para el Estado. 

Esta evolución los ha alejado de su pasado como población rural y analfabeta. Ahora, conforman una masa de pequeños funcionarios, obreros del sector público e industrial, así como agentes del servicio secreto y militares. Las élites ya no están formadas por jeques y jefes tribales, sino por oficiales. Estos se ajustan perfectamente al lema «anta ma Assad anta ma nafsak» (estás con Al-Assad, estás contigo mismo).

La mayoría de los alauíes siempre han temido el fin de la dictadura. Un cambio de régimen en Siria podría perjudicarlos, como ocurrió con los dirigentes del régimen de Sadam Huseín tras la invasión estadounidense.

Sin embargo, la defensa de sus intereses económicos ha pasado a un segundo plano. Ahora, la comunidad libra una guerra existencial contra una rebelión que perciben únicamente desde un enfoque islamista y anti-alauí. Las persecuciones han marcado su historia. Por ello, el miedo de los alauíes no era infundado y se ha convertido en una realidad.

Los drusos en la guerra civil

El pueblo druso forma parte de un grupo etnoreligioso cuyo origen se remonta a Egipto en el siglo XI como secta dentro del islam. Aunque comenzaron como musulmanes chiíes, pronto quisieron ser considerados como religión independiente, monoteísta y endogámica. Por lo tanto, se trata de una comunidad árabe ubicada principalmente en Siria, Líbano, Israel y Jordania. 

Los drusos (3% de la población siria) mantuvieron una estricta neutralidad en la guerra hasta el verano de 2012. Mientras la revuelta se extendía por la provincia de Deraa, los drusos de la vecina Sueida y los pueblos del Hermón adoptaron una actitud pasiva. A pesar de ser testigos directos de la revuelta y la represión, no tomaron partido.

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Una parte de los religiosos islamistas incitaba a la población a enfrentarse a los drusos, hasta que unos aldeanos drusos fueron secuestrados y liberados tras pagar un rescate. Sin embargo, otros fueron asesinados, como uno de los mayores dignatarios drusos, Jamal Ezzedine junto con 16 de sus compañeros. Fueron secuestrados por el Frente Al Nusra el 19 de diciembre de 2012 y degollados unos meses más tarde.

En un principio, la guerra dividió a los drusos entre defensores y opositores del régimen de Bashar Al-Asad. Tras la guerra de los Seis Días en 1967 y la anexión israelí de los Altos del Golán, donde la mayoría de la población es drusa, muchos decidieron quedarse. Aunque rechazaron el nuevo poder y el pasaporte israelí, continuaron viviendo en la zona.

Sin embargo, con la guerra de 2011, el contacto entre los drusos a ambos lados de la frontera se redujo. Ya no pudieron exportar sus cosechas a Siria ni estudiar en sus universidades, como hacían hasta entonces.

Los cristianos sirios

La comunidad cristiana siria representa menos del 5% de la población y está diseminada por todo el territorio, con una importante concentración en Alepo, Homs, Damasco, Latakia y Hassakeh. Son más bien comunidades urbanas, ya que es la única manera que existe de mantener la comunidad en un entorno rural dominado por el islam. Esto también se debe a que, con anterioridad, las misiones cristianas les permitieron acceder a una enseñanza moderna y a empleos mejor remunerados en las grandes ciudades. 

La comunidad cristiana ha sido durante décadas protegida por la dinastía Al-Assad. A pesar de ser una minoría, nunca habían estado tan debilitados. Desde la independencia en 1945, han perdido dos terceras partes de su influencia. Esto se debe a que su tasa de natalidad es dos veces más baja que la de los musulmanes, mientras que su tasa de emigración es el doble de alta.

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Con  la guerra en 2011, por tanto, la comunidad ya estaba muy debilitada, envejecida y dividida en múltiples ramas. Distinguimos a los griegos ortodoxos como los más numerosos (36%), seguidos de los armenios ortodoxos (22%), de los griegos católicos (12%) y de los armenios católicos (11%). El resto de las comunidades cristianas son los siriacos ortodoxos y católicos, los maronitas, los protestantes y los asirio-caldeos, que constituyen el 20% restante.

Los asesinatos indiscriminados y el futuro cercano

El 29 de noviembre, militantes sirios de Hayat Tahrir al-Sham (HTS), el principal grupo opositor de corte islamista, llegaron al centro de Alepo, la segunda ciudad más grande de Siria. Días después tomaron las ciudades de Hama, Homs y Damasco y el sábado 7 de diciembre Al-Assad huyó del país dirección Rusia y los grupos rebeldes declararon la victoria, izando la nueva bandera siria sobre Damasco. 

Sin embargo, la paz no se ha consolidado. Los últimos enfrentamientos entre leales a Al-Assad y fuerzas del actual gobierno, sumado a la campaña de represión iniciada contra los grupos anteriormente explicados, nos deja un saldo de asesinatos indiscriminados, torturas, ejecuciones y éxodo masivo de cristianos, drusos y alauítas.

El Observatorio Sirio para los Derechos Humanos (OSDH), un grupo con sede en Reino Unido que lleva documentando el conflicto sirio desde su inicio, cifra en más de 1.000 muertos durante las últimas semanas. En concreto, 1.130 muertos, incluidos 830 civiles (cristianos y alauítas principalmente). 

Por lo tanto, entre los fallecidos hay decenas de tropas gubernamentales, así como milicianos armados leales a Al-Assad, que se han enzarzado en enfrentamientos en Latakia y Tartús. Unos 125 miembros de las fuerzas de seguridad gubernamentales dirigidas por islamistas y 148 combatientes pro-Assad han muerto en la violencia, según el informe del OSDH.

En cuanto a las minorías, su persecución responde tanto a represalias tras el conflicto como al islamismo radical. Este no acepta otras ramas del islam ni credos como el cristianismo, practicado en minoría en muchos países de Oriente Medio.

El futuro más cercano no parece esperanzador. Sectores radicalizados de la población siria solo ven el califato como solución, lo que supondría una nueva dictadura, aún más letal para las minorías perseguidas.

Una transición al régimen de carácter democrático no puede articularse basándonos en el odio a minorías o el rencor a apoyos del pasado, porque la reconciliación no llega a buen punto. Si bien el nuevo gobierno ha llamado a la calma y la paz, el apoyo de occidente a esta transición no puede opacar su silencio ante la masacre cometida contra las minorías sirias. 

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Masterclass | Cómo se protege un hacker de un ciberataque

Cómo se protege un hacker de un ciberataque

Masterclass organizada por LISA Institute

Quién participa

👤 Manuel Guerra, ingeniero Linux, criminólogo y profesor del Máster Profesional de Analista Criminal y Criminología Aplicada.

  • A nivel profesional, es profesor en diversas universidades y ponente en ciberseguridad, análisis forense e informática forense. Con más de 15 años de experiencia en forense digital, hacking y respuesta ante incidentes. Actualmente, combina su labor en el Ministerio del Interior con la docencia y divulgación en el ámbito de la ciberseguridad. Además, es profesor en diversas universidades y centros de formación. Es profesor del Máster Profesional de Analista Criminal y Criminología Aplicada.
  • A nivel académico, es graduado en criminología por la Universidad Europea Miguel de Cervantes. Posee múltiples certificaciones en ciberseguridad y análisis forense, entre ellas: certificación de investigador digital forense, análisis forense digital en profundidad, certificación en sistemas de análisis electrónico forense. Es Máster en Programación (Visual Basic.Net, JavaScript, ASP, Visual J++, PHP).

👤 María Aperador es criminóloga especializada en ciberseguridad y directora académica del Máster Profesional de Analista Criminal y Criminología Aplicada.

  • A nivel profesional, dedicada a la concienciación sobre criminología y ciberseguridad en redes sociales, directora académica en LISA Institute del Máster Profesional de Analista Criminal y Criminología Aplicada, tutora de trabajos de final de Grado de Criminología en la UOC, cofundadora de Criminologyfair. Anteriormente, directora de proyectos de prevención de ciberviolencias machistas, de open data para la prevención de la violencia contra las mujeres, formadora en herramientas digitales para la protección digital.
  • A nivel académico, grado en Criminología por la UAB, posgrado en Violencias Machistas por la UAB, máster oficial en Estudios de Mujeres, Género y Feminismo. Actualmente candidata a doctora por la UB en Criminología.

Qué aprenderás en esta masterclass

En un mundo cada vez más digitalizado, la ciberseguridad es un campo en constante evolución. Los ataques son cada vez más sofisticados y dirigidos, y tanto empresas como individuos necesitan estar preparados para proteger su información y su infraestructura.

En la masterclass «Cómo se protege un hacker de un ciberataque», el criminólogo y experto en ciberseguridad Manu Guerra desvelará cómo se protege un hacker ético frente a los ciberataques más avanzados de la actualidad. Aprenderás qué herramientas, metodologías y estrategias utilizan los profesionales de la ciberseguridad para detectar, prevenir y responder a amenazas en tiempo real.

Además…

La masterclass «Cómo se protege un hacker de un ciberataque» forma parte de la serie de los más de 35 webinars en directo que LISA Institute y LISA News han organizado este año en el contexto del Máster Profesional de Analista Criminal y Criminología Aplicada de LISA Institute.

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La guerra justa: de los imperios antiguos a la contemporaneidad y su aplicación por el Kremlin

A lo largo de la historia, la guerra justa ha servido como argumento para justificar conflictos y expansiones territoriales. En la actualidad, esta retórica se ha adaptado a nuevos contextos geopolíticos y tecnológicos. En este análisis, Artiom Vnebraci Popa examina la justificación bélica, sus modalidades, herramientas y técnicas en el contexto antiguo y moderno, con ejemplos actuales y estrategias de defensa ante su uso. 

Hoy en día, la guerra justa se utiliza para legitimar intervenciones militares, como en la Guerra Fría y la Guerra contra el Terrorismo. Sin embargo, esta retórica suele ocultar intereses económicos y políticos.

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Vladímir Putin ha adaptado este discurso para justificar intervenciones en Ucrania y, potencialmente, en Moldavia. Presenta a Rusia como defensora de minorías oprimidas y protectora frente a amenazas externas. Ante estas narrativas, los Estados y organizaciones deben fortalecer sus capacidades defensivas y crear alianzas estratégicas. También es clave promover la transparencia informativa y los valores de paz. Además, deben desarrollar servicios de inteligencia efectivos y aprovechar las tecnologías emergentes para construir una defensa robusta y resiliente.

La guerra justa en la antigüedad: orígenes y fundamentos

El concepto de guerra justa tiene sus raíces en los reinos del Próximo Oriente Antiguo. En esa época, la expansión territorial y la consolidación del poder se justificaban mediante una narrativa ideológica. Esta vinculaba la acción bélica con la ordenación del cosmos.

En este contexto, la guerra no era solo un acto de conquista material. Se consideraba una misión sagrada destinada a someter lo caótico (lo periférico y limítrofe) a lo ordenado (lo central y civilizado). Esta dialéctica entre el territorio interno, cósmicamente ordenado, y el territorio externo, caótico y pre-cósmico, fue el núcleo ideológico de la guerra justa en la antigüedad.

El mundo externo, al no haberse beneficiado de este proceso ordenatorio, era percibido como caótico y perverso. La ampliación del territorio interno no solo consolidaba el poder del monarca, sino que también lo consagraba como un héroe que contribuía al ordenamiento del caos. El rechazo de los motivos del monarca era interpretado como un rechazo a su imagen y, por ende, a su forma de ordenar el mundo.

Según el marco hitita, el advenimiento del caos provocaba demencia mental. Esto reforzaba la idea de que solo los territorios no ordenados (periféricos y externos) podían oponerse al monarca.

Estos núcleos, que emergían del caos, carecían de legitimidad, ya que actuaban por voluntad propia, no «como ejecutores de la voluntad divina.» El objetivo final era la realización del imperio universal, donde las fronteras de lo interno coincidieran con los últimos puntos geográficos de lo externo. La acción bélica asumía un nivel de santificación, cumpliendo la misión de someter lo caótico a lo ordenado. Esta narrativa se consolidó en la propaganda militar como la retórica de la guerra justa.

Lo justo se traducía en la necesidad de someter lo externo. La guerra, entonces, se santificaba como un acto necesario para restaurar el orden cósmico y proteger la civilización.

A partir de las investigaciones del historiador italiano Mario Liverani, experto en relaciones internacionales en el Antiguo Oriente, se pueden identificar cinco argumentos que justificaban la guerra justa en el Próximo Oriente Antiguo:

  1.  Respuesta a un supuesto cerco de fuerzas caóticas que amenazaban el orden interno. Este argumento se basaba en la creación de un discurso victimista y conspiranoico. En él, el monarca se presentaba como víctima de una conspiración de enemigos externos.
  2.  Respuesta a una ocupación real o imaginada por parte de un enemigo extranjero. Por ejemplo, las instituciones faraónicas obligaban a los países ocupados a presentar un juramento de lealtad. Esto generaba resistencias y rebeliones, que luego eran reprimidas en nombre del orden cósmico. Se trataba de una forma de profecía autocumplida. La élite egipcia sabía de antemano que sus ocupaciones provocarían rebeliones. Estas, a su vez, debían ser sofocadas en nombre del ordenamiento y la seguridad.
  3.  La heroicidad del rey-defensor, que destacaba la figura del monarca como protector de las fronteras del país interno. La exageración de las hazañas del rey en las batallas servía para legitimar su derecho a gobernar.
  4.  Acto necesario para erradicar las divinidades enemigas, que eran percibidas como abandonadas por los dioses debido a su carácter injusto y perverso. Este argumento se apoyaba en rituales y consultas a oráculos que confirmaban el favor divino hacia el monarca.
  5.  Respuesta a transgresiones jurídicas, como la violación de fronteras o la protección a fugitivos. En casos de simetría entre los contendientes, la guerra se convertía en una ordalía. En este contexto, los dioses decidían el resultado en función de la justicia de cada bando.

Esta narrativa no solo justificaba la expansión territorial, sino que también servía para consolidar el poder del monarca y legitimar su autoridad. Este proceso de «criminalización de la otredad», donde los territorios externos eran presentados como amenazas al orden cósmico, sentó las bases de la retórica de la guerra justa contemporánea.

La guerra justa en la contemporaneidad: aplicaciones y modalidades

En el mundo moderno, la guerra justa se ha convertido en una herramienta discursiva para legitimar intervenciones militares y políticas expansionistas.

Este mecanismo moviliza a la opinión pública y consolida el poder estatal. Además, genera un pretexto para las incursiones en territorios ajenos, aunque los objetivos reales sean económicos, políticos o estratégicos, más que morales.

Durante la Guerra Fría, Estados Unidos se presentó como defensor del Free World contra el comunismo soviético. Utilizando la retórica de la guerra justa, justificó su intervención en conflictos como la guerra de Corea (1950-1953) y la guerra de Vietnam (1955-1975). Esta lucha no era solo una cuestión de seguridad nacional, «sino una batalla por la supervivencia de la civilización occidental». Sin embargo, detrás de tal pretexto se ocultaban intereses económicos, como el acceso a recursos estratégicos en el sudeste asiático. Otro ejemplo contemporáneo es la Guerra contra el Terrorismo, iniciada tras los ataques del 11 de septiembre de 2001.

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La retórica de la guerra justa se utilizó para justificar las invasiones de Afganistán en 2001 e Irak en 2003, presentándolas como respuestas necesarias frente al terrorismo yihadista. El presidente George W. Bush declaró: «La guerra contra el terrorismo no terminaría hasta que cada grupo terrorista global fuese derrotado».

No obstante, esta narrativa ocultaba intereses políticos y económicos relacionados con rutas estratégicas y la implantación de esferas de poder estadounidenses en Oriente Próximo. La invasión de Irak, en particular, se basó en la falsa afirmación de que el régimen de Sadam Huseín poseía armas de destrucción masiva.

En la actualidad, la guerra justa se ha adaptado a nuevas realidades geopolíticas y tecnológicas. Se han desarrollado técnicas que justifican intervenciones militares de manera mucho más efectiva. Entre estas técnicas se incluyen la propaganda, la manipulación mediática y el uso de tecnologías de la información. Estas herramientas permiten llegar a un público global y generar apoyo popular para las acciones bélicas.

El lingüista Noam Chomsky destaca que la manipulación mediática es una herramienta poderosa para justificar cualquier tipo de intervención (económica, cultural y/o militar). Según él, esto se logra «simplificando la realidad y presentando al enemigo como una amenaza existencial». Además, el uso de la inteligencia artificial y las redes sociales para difundir mensajes que justifican intervenciones militares plantea serias problemáticas éticas.

Durante la invasión de Ucrania por Rusia en 2022, el Kremlin utilizó redes sociales y bots desinformativos para justificar la intervención. Presentó la guerra como una acción necesaria para proteger a la población rusófona.

Los algoritmos de inteligencia artificial amplificaron estas narrativas, lo que ayudó a generar apoyo popular para la invasión. Además, se manipularon imágenes, se difundieron fake news y se exageraron tanto crímenes reales como inventados del gobierno ucraniano. Esto se hizo a través de testimonios manipulados, en una estrategia que recuerda a los rituales y consultas a oráculos en la antigüedad, donde la legitimidad de la guerra se basaba en una aparente aprobación divina.

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En este caso, la combinación de múltiples estrategias desinformativas promovidas por el Kremlin, junto con su impacto en la comunidad internacional, permitió al gobierno ruso justificar parcialmente su invasión en el este de Ucrania.

La guerra justa de Putin

La retórica de la guerra justa ha sido adaptada por Vladímir Putin para justificar intervenciones militares en Ucrania y, potencialmente, en Moldavia. Utilizando los cinco argumentos propuestos por Mario Liverani, Putin ha construido narrativas que buscan legitimar sus acciones ante la comunidad internacional. Al mismo tiempo, estas estrategias le permiten movilizar el apoyo interno.

En primer lugar, Putin afirmó que la invasión a Ucrania en 2022 era necesaria para proteger a la población rusófona en las regiones del Dombás. Los describió como víctimas de un supuesto genocidio por parte del gobierno ucraniano. Esta narrativa se alinea con el primer argumento de la guerra justa: la ordenación del cosmos desde un discurso victimista, presentando a Rusia como defensora de una minoría oprimida.

En segundo lugar, Putin criminalizó a Ucrania, asegurando que estaba controlada por fuerzas neonazis que amenazaban la seguridad de Rusia. Con esto, deshumanizó al enemigo y lo presentó como una amenaza existencial.

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En tercer lugar, argumentó que la expansión de la OTAN hacia el este representaba una amenaza directa para la seguridad de Rusia. De este modo, justificó la intervención como una medida preventiva ante un peligro inminente. Además, el presidente ruso se ha presentado como un héroe defensor de la patria. Ha reforzado su figura como líder panruso, garantizando la estabilidad y la justicia frente al caos externo.

Putin también ha recurrido a argumentos históricos sesgados. Ha afirmado que Ucrania y, potencialmente, ciertos territorios de Moldavia, forman parte del mundo ruso. Según su discurso, su separación es una injusticia que debe ser corregida. Así, se basa en la idea de restaurar un orden histórico y cultural que, según él, ha sido alterado. Por último, Putin promueve la ideología del Russkiy Mir como una herramienta para justificar la guerra y unificar a los rusos bajo una identidad común.

En un futuro, Putin podría utilizar la retórica de la guerra justa para justificar una intervención en Moldavia, particularmente en la región de jurisdicción especial de Transnistria. Los pretextos y modalidades podrían incluir la protección de la minoría rusófona, con el argumento de que el gobierno moldavo oprime a esa población.

Si Moldavia avanza en su acercamiento a la OTAN o la Unión Europea, el presidente ruso podría presentar esto como una amenaza a la seguridad nacional de Rusia, justificando la intervención como una medida preventiva para evitar la expansión de una alianza hostil. Además, Rusia podría fomentar tensiones internas en Moldavia, apoyando a grupos separatistas o generando conflictos étnicos, para luego presentar la intervención como una respuesta necesaria para restaurar la estabilidad y proteger a la población civil.

Conclusión: ¿qué se puede hacer?

En el contexto actual, donde las amenazas son cada vez más complejas y multifacéticas, es crucial que los Estados, las organizaciones y las empresas adopten una serie de estrategias integrales para fortalecer su defensa y reputación. En el ámbito militar, el fortalecimiento de las capacidades defensivas y la creación de alianzas estratégicas son esenciales para contrarrestar cualquier agresión. Esto incluye la inversión en tecnología avanzada, el entrenamiento riguroso de las fuerzas armadas y la participación en ejercicios conjuntos con aliados.

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Paralelamente, la transparencia informativa y la promoción de valores como la paz y el diálogo son fundamentales para mantener una reputación sólida y contrarrestar la retórica belicista. La creación de una contra narrativa efectiva, respaldada por tribunales internacionales como la Corte Penal Internacional, puede deslegitimar las acciones del agresor y generar presión internacional.

Además, es imperativo desarrollar servicios de inteligencia efectivos y flexibles, capaces de anticiparse y responder a las amenazas emergentes. Estos servicios deben trabajar en estrecha colaboración con equipos especializados en amenazas híbridas, que combinan tácticas convencionales y no convencionales, para garantizar una respuesta rápida y coordinada.

La participación activa de la sociedad civil y el uso de tecnologías emergentes, como la ciberseguridad y la inteligencia artificial, también son componentes clave para construir una defensa robusta y resiliente. En conjunto, estas estrategias no solo fortalecen la capacidad de defensa, sino que también promueven una cultura de paz, justicia y verificación, esenciales para la estabilidad y el progreso global.

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Trump, Rusia y China: ¿está Washington buscando quebrar la alianza sino-rusa con el pacto en Ucrania?

Mientras impulsa negociaciones con Putin para alcanzar la paz en Ucrania, Donald Trump adopta un esquema agresivo de aranceles contra China. En este análisis, el alumni del Máster Profesional de Analista de Inteligencia de LISA Institute, Roberto Mansilla Blanco explica esta estrategia, cuyo objetivo es restablecer una perspectiva geopolítica ya concebida durante su primer mandato en la Casa Blanca: dar curso al «deshielo» con Rusia para intentar quebrar la asociación estratégica sino-rusa.

La «línea directa» entre Donald Trump y Vladímir Putin, centrada en una posible negociación de paz en Ucrania, también dirige la atención hacia otro actor clave: China, el principal aliado geopolítico de Rusia.

Desde hace más de dos décadas, Beijing y Moscú han consolidado una asociación estratégica integral al más alto nivel. Con la guerra en Ucrania, esta relación ha evolucionado hasta convertirse en una alianza de intereses conjuntos en distintos escenarios globales. De este modo, el presidente chino Xi Jinping se ha convertido en el principal aliado de Putin a la hora de sortear las sanciones occidentales. 

El contexto actual de deshielo ruso-estadounidense implica observar con atención en qué medida este escenario puede ejercer influencia en esa asociación estratégica sino-rusa.

El pasado 1.º de marzo, Xi Jinping se reunió en Beijing con el secretario del Consejo de Seguridad de Rusia, Serguéi Shoigú. En un comunicado conjunto, reafirmaron su relación como «vecinos amistosos y verdaderos amigos» y fortalecieron la asociación estratégica como un «compromiso a largo plazo». Además, ampliaron la cooperación en ámbitos económicos, comerciales, de inversiones, culturales, educativos y deportivos.

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Beijing también mostró su apoyo al diálogo entre Putin y Trump por Ucrania. Asimismo, el presidente chino aceptó la invitación de Putin para asistir a Moscú el próximo 9 de mayo y conmemorar el 80.º aniversario de lo que en Rusia se denomina la «Gran Victoria Patriótica» contra el fascismo en la Segunda Guerra Mundial.

El análisis del momento actual en las relaciones entre EE. UU., Rusia y China, con el foco en una posible negociación sobre Ucrania, plantea dos cuestiones principales:

  • Definir en qué consiste la asociación estratégica entre Rusia y China y en qué medida supone un desafío a la hegemonía estadounidense
  • Contextualizar la reorientación de las prioridades geopolíticas de Trump, Putin y Xi ante un posible escenario de posguerra en Ucrania, en un contexto de crecientes tensiones geopolíticas y geoeconómicas entre EE. UU. y China.

Rusia y China: una asociación estratégica que desafía la hegemonía estadounidense

En su libro China and Russia: Four Centuries of Conflict and Concord (2023), Philip Snow argumentó que, a pesar de sus altibajos, la relación entre ambos países ha sido «largamente productiva» y con expectativas de «duración a largo plazo». Su condición de grandes potencias euroasiáticas les ha otorgado una relevancia global.

En octubre de 2024 se cumplió el 75.º aniversario del establecimiento de relaciones bilaterales entre China y Rusia, iniciadas en 1949 entre la República Popular China (RPCh) y la entonces URSS. Este vínculo surgió en un contexto marcado por la Guerra Fría, la confluencia de intereses ideológicos en la construcción del socialismo y el proceso de descolonización de posguerra.

Desde entonces, la relación bilateral ha transitado por diversas etapas, incluso con una breve confrontación militar en 1969 por disputas fronterizas. En 1990, poco antes de la disolución de la URSS, Moscú y Beijing resolvieron estas diferencias fronterizas.

Un año después, la RPCh reconoció oficialmente a la Federación de Rusia, otorgándole legitimidad como principal heredera e interlocutora de la extinta URSS. En un sistema de «posguerra fría» marcado por la caída del Muro de Berlín (1989) y la posterior desintegración soviética, China y Rusia avanzaron en la configuración de una asociación estratégica integral, basada principalmente en la denominada «Coexistencia Pacífica», resumida en estos principios:

  • La regularización de los encuentros y cumbres de Alto Nivel.
  • Cooperación y coordinación de carácter bilateral.
  • Un esquema mutuo de consultas sobre los asuntos internacionales.
  • Fomento de los intercambios no gubernamentales.

Desideologizada la relación bilateral desde 1991, bajo los mandatos en Beijing y Moscú de Deng Xiaoping, Borís Yeltsin, Jiang Zemin, Vladímir Putin, Hu Jintao, Dmitri Medvédev, de nuevo Putin y Xi Jinping, esta fue consolidándose progresivamente en un eje geopolítico euroasiático sino-ruso. Su capacidad efectiva en términos políticos, institucionales, militares, económicos, tecnológicos, comunicativos y culturales le ha permitido desafiar la hegemonía occidental y fomentar las bases de un sistema multipolar.

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Desde 2012, cuando Xi Jinping llegó al poder, él y Putin se han reunido en más de 40 ocasiones en diversas cumbres bilaterales y multilaterales. Esto los convierte en los líderes chino y ruso que más veces se han encontrado. Este aspecto revela tanto la sintonía personal entre ambos líderes como la geopolítica entre ambos países. 

Fue precisamente en las semanas previas a la invasión militar rusa de Ucrania cuando esta asociación elevó sus niveles de alianza geopolítica. El 5 de febrero de 2022, en Beijing, se celebró la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno. Con motivo de este evento, Putin fue uno de los pocos jefes de Estado que asistió personalmente.

Allí, Putin y Xi sellaron un nuevo acuerdo de asociación «sin límites» que incluía una cláusula de defensa mutua en caso de agresión por parte de Occidente y la OTAN. Además, el pacto contemplaba nuevos instrumentos geopolíticos y militares, como el AUKUS, dentro de sus respectivas esferas de influencia, mencionando a Ucrania y Taiwán. Desde entonces, China y Rusia han aumentado sus ejercicios militares conjuntos desde el Mar Báltico hasta el Mar de Japón

Este nivel de asociación ha demostrado su complementariedad económica, aunque con ciertos desequilibrios. La economía rusa depende en mayor medida de China, ya que el 26% de su comercio total es con su vecino asiático. En contraste, Rusia solo representa el 3% del comercio exterior chino.

Forzado por la invasión de Ucrania y la virulenta reacción occidental, Putin tuvo que emprender un proceso de «asianización» geopolítica y geoeconómica con China. Al mismo tiempo, este giro incluyó un proceso preventivo de «desoccidentalización», motivado por las crecientes tensiones con EE. UU. y la Unión Europea.

No obstante, aunque ha mostrado mayor condescendencia con los intereses de su aliado ruso, China ha mantenido su neutralidad en la guerra ruso-ucraniana. No ha menoscabado la importancia del diálogo y la negociación como herramientas de resolución del conflicto. Beijing ha sido muy cauto al evitar un respaldo explícito a la invasión militar rusa, así como a la anexión, vía referéndums populares, de las repúblicas de Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia a la Federación Rusa.

Durante una visita a Moscú en marzo de 2023, Xi Jinping reafirmó su compromiso de impulsar la «asociación estratégica integral de coordinación China-Rusia en la nueva era». Este compromiso tenía en cuenta los cambios en el equilibrio de poder internacional. También resaltaba la responsabilidad mutua de ambos países en «promover la gobernanza global en una dirección que se corresponda con las expectativas de la comunidad internacional».

En la capital rusa, Xi se despidió de Putin con una declaración que, por su significado histórico, confirmó la convergencia de intereses entre ambos líderes. «Se están acelerando cambios tremendos en todo el mundo, como no se habían visto en un siglo», afirmó. En Occidente, esta declaración fue interpretada como un desafío.

Por su parte, Putin respaldó las propuestas chinas enmarcadas en la Iniciativa de Seguridad Global, la Iniciativa de Desarrollo Global y la Iniciativa de Civilización Global. Ambos mandatarios firmaron dos declaraciones conjuntas. La primera sobre la Profundización de la Asociación de Coordinación Estratégica Integral en la Nueva Era. La segunda sobre el Plan de Desarrollo Pre-2030 en Prioridades de Cooperación Económica China-Rusia.

En mayo de 2024, Xi y Putin reforzaron aún más esta asociación estratégica durante una cumbre en Moscú. En esa ocasión, manifestaron su preocupación por los intentos de Washington de «desestabilizar el equilibrio estratégico».

Visto en perspectiva, y en medio de la guerra en Ucrania, Beijing y Moscú mantuvieron su compromiso de ampliar la cooperación diplomática e institucional. Esta asociación también se refleja en otros ámbitos, como las votaciones conjuntas en el Consejo de Seguridad de la ONU. Además, se manifiesta en la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) y los BRICS.

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En la reciente cumbre de Kazán (Rusia), celebrada en octubre pasado, se aprobó una nueva ampliación de los BRICS. Otros esquemas de intereses mutuos, más centrados en Asia Central, giran en torno a la Iniciativa china de la Franja y la Ruta y la rusa de la Unión Económica Euroasiática.

Xi Jinping busca mantener firme la relación estratégica con Rusia, un proveedor clave de materias primas para China. La seguridad energética es un aspecto fundamental de esta relación. Sin embargo, las sanciones estadounidenses contra cargueros petroleros rusos y la política arancelaria de Trump han generado distorsiones en el comercio energético entre ambos países.

En 2022, China se convirtió en el principal consumidor de petróleo ruso. Para 2023, los suministros rusos hacia China aumentaron un 40 % respecto al año anterior. Sin embargo, el panorama en 2025 es distinto. China e India han comenzado a diversificar sus fuentes de energía, buscando nuevos socios en Oriente Medio, África y América Latina.

Beijing intenta manejar con destreza las presiones occidentales contra Rusia derivadas de la guerra en Ucrania. Su principal objetivo es evitar que estas sanciones provoquen una eventual desestabilización interna en Rusia.

Alejar a Occidente de las áreas de influencia sino-rusas en el espacio euroasiático constituye un elemento de conjunción de intereses para Xi y Putin. Pero la realpolitik puede dictar otros derroteros que impliquen eventualmente alterar los compromisos estratégicos establecidos entre Moscú y Beijing. 

Reorientaciones geopolíticas desde el Atlántico hasta Asia-Pacífico

El «deshielo» de Trump con Putin, aunque impredecible por las dinámicas del conflicto ucraniano y la geopolítica global, refleja un reacomodo de intereses. Este ajuste involucra a EE. UU., Rusia y China, considerando también la actitud controvertida del mandatario estadounidense.

Rusia y Trump: ¿un nuevo intento de acercamiento a Occidente?

Consolidada la asociación estratégica integral con Beijing, Moscú buscará vía Trump una ventana de apertura con Occidente cerrada desde la invasión a Ucrania. No obstante, la declaración europea de rearmarse y mantener el apoyo militar a Ucrania, recientemente suspendida por Trump, abre varias incógnitas. Estas pondrán a prueba los resortes de este incipiente «deshielo» entre la Casa Blanca y el Kremlin.

Estas interrogantes se ciernen principalmente sobre los intereses rusos en esta nueva etapa de relaciones con EE. UU. y cómo manejará esos equilibrios con China. No existen expectativas certeras que reflejen la posibilidad de un quiebre abrupto o un leve distanciamiento dentro del eje sino-ruso. En perspectiva, Rusia agradece a China el apoyo brindado en estos tres años de guerra en Ucrania. 

No obstante, Putin y las élites rusas aspiran a iniciar una etapa de pragmatismo con Occidente. Su objetivo es restaurar con normalidad las relaciones diplomáticas y económicas.

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Si bien la «desoccidentalización» y «asianización» de Putin fortalecieron la cooperación económica con China, India, Turquía, Irán, Corea del Norte, Arabia Saudita, Qatar y Emiratos Árabes Unidos, esta estrategia también permitió a Moscú sortear con fluidez las sanciones occidentales. A pesar de ello, las élites y la sociedad rusa siguen viendo a Occidente como un destino más atractivo en términos económicos, turísticos y de ocio. Asimismo, Moscú ansía el retorno de las inversiones y la relación comercial con Occidente, aunque bajo nuevas condiciones. Estas buscan beneficiar a los productores rusos, según lo ha anunciado el Kremlin.

Desde la invasión a Ucrania, una nueva élite de poder se ha instaurado en Rusia. Se trata de una oligarquía política y económica que espera ser respetada y aceptada por sus contrapartes en el exterior. Esto también implica un proceso de «nuevo contrato social» entre el Kremlin y la sociedad rusa, basado principalmente en imperativos de seguridad nacional.

El trato de Trump con Putin para avanzar hacia la paz en Ucrania refuerza aún más la legitimidad del mandatario ruso ante sus ciudadanos. Además, neutraliza cualquier tentativa de disidencia sobre las operaciones militares en Ucrania.

Por otro lado, en su objetivo de restituir el estatus de Rusia como potencia mundial, Putin calcula estratégicamente este «deshielo» con Trump. Su intención es posicionarse como un interlocutor capaz de moderar la creciente tensión geopolítica y geoeconómica entre EE. UU. y China.

China

Por otro lado, China tiene otras preocupaciones y expectativas. Beijing observa con inquietud la posibilidad de que el actual «deshielo» ruso-estadounidense le permita a Trump dirigir con mayor fuerza sus intereses contra China. Esta situación podría darse si Putin obtiene garantías para alcanzar una nueva arquitectura de seguridad con Occidente. Beijing calcula que, si Rusia y EE. UU. logran solucionar sus diferencias más allá de la guerra en Ucrania, la administración Trump podría concentrarse en su principal rival estratégico: China.

Hasta ahora, Xi aspiraba a convertirse en el interlocutor capaz de abrir un canal de diálogo entre Putin y Occidente. Su objetivo era sentar al presidente ruso en una mesa de negociaciones por Ucrania. Sin embargo, el actual contexto de fricciones entre Trump y el presidente ucraniano Volodímir Zelenski, sumado al «deshielo» con Putin, ha colocado a China en una posición incierta. No hay garantías reales de que Washington acepte a Beijing como un actor clave en las futuras negociaciones de paz para Ucrania.

Es por ello que China ha acelerado una vía de cooperación con Europa. Su objetivo es ejercer un equilibrio de mayor consenso global que modere la apuesta unilateral de Trump y Putin para decidir el futuro de Ucrania. Beijing siempre ha defendido el diálogo como mecanismo de solución de controversias y la participación de todos los actores en la negociación. 

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Washington siempre vio con recelo la posibilidad de que China se convirtiera en un actor clave para la pacificación en Ucrania. Su capacidad de interlocución tanto con Putin como con Zelenski le daría un papel protagónico, restando influencia a EE. UU.

Por su parte, Beijing ansía la finalización del conflicto como un bálsamo que le permita neutralizar el esfuerzo bélico de su aliado ruso. Al mismo tiempo, busca reforzar su cooperación con Moscú y convertirlo en un interlocutor válido para equilibrar la actual confrontación geopolítica y geoeconómica impulsada por EE. UU.

Si este escenario se concreta, Beijing necesitará al menos el apoyo irrestricto de Rusia, que hasta ahora se ha beneficiado de la neutralidad china en el conflicto ucraniano. En ese contexto, China podría exigir un quid pro quo, un factor de reciprocidad de alto nivel geopolítico que pondrá a prueba la alianza sino-rusa.

Atento a lo que suceda con el pacto Trump-Putin para Ucrania, las tensiones con Taiwán y los nuevos equilibrios de seguridad en Asia-Pacífico, China anunció un aumento del 7,2 % en su presupuesto militar para 2025. Esta medida está claramente enfocada en la disuasión contra EE. UU. y confirma el avance del proceso de modernización de sus Fuerzas Armadas.

El interés geoeconómico también es clave para China. Si Rusia normaliza su relación con EE. UU. y las sanciones son suspendidas, su economía podría reorientarse hacia los mercados occidentales. Esto reduciría su dependencia de China, especialmente en exportaciones energéticas y de materias primas.

Un dato refleja esta posibilidad. En 2024, el comercio entre Rusia y China alcanzó los 245.000 millones de dólares, un récord. Sin embargo, esta cifra sigue por debajo de los 270.000 millones de dólares que Rusia tenía con la Unión Europea en 2021, antes de la invasión a Ucrania.

Estados Unidos

Finalmente, EE. UU. está más enfocado en calcular hasta dónde llegará la apuesta de «deshielo» de Trump con Putin. Al mismo tiempo, acelera medidas punitivas en materia arancelaria contra China.

Durante su primer discurso sobre el Estado de la Nación tras retornar a la Casa Blanca, realizado ante el Congreso el pasado 4 de marzo, Trump dedicó una parte importante de su atención en defender su política proteccionista y su apuesta por los aranceles como herramienta de presión económica. Ese mismo día, el mandatario estadounidense había aplicado tarifas de importación del 25% a Canadá y México y un 10% adicional para China. Por el contrario, Washington también presiona nuevos acuerdos comerciales en el Canal de Panamá con la finalidad de alejar a China de esta esfera de influencia.

El enfrentamiento directo entre Trump y Zelenski en el Despacho Oval el pasado 28 de febrero y la abrupta decisión de Washington de suspender la ayuda militar y de inteligencia a Ucrania (vital en su esfuerzo bélico contra Rusia) no fue exactamente bien recibida por la sociedad estadounidense. De acuerdo con un sondeo de The Wall Street Journal, un 69% de los encuestados aseguró que Rusia es el culpable de la guerra y solo un 9% acusó a Ucrania de ser la responsable. Un 83% de los encuestados tiene una mala imagen de Putin. Por otro lado, la discusión entre Trump y Zelenski generó una caída del 13% en la popularidad del mandatario estadounidense.

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Tras suspender la ayuda militar y de inteligencia a Ucrania, Trump, probablemente persuadido ante el anuncio europeo de rearme como mecanismo de autonomía estratégica en materia defensiva y su firmeza a la hora de mantener el apoyo militar a Ucrania, incluso con el envío de ayuda militar (Francia), también ha buscado presionar a Putin anunciando la posibilidad de aumentar la escala de sanciones contra Rusia si esta no atiende su propuesta de paz en Ucrania. 

Pero no es solo Ucrania. Entra aquí un inesperado actor: Irán. Los mensajes enviados por Washington hacia Teherán para negociar su programa nuclear suponen un brete por parte de Trump con la finalidad de interferir en el reciente acuerdo suscrito entre Rusia e Irán vigente para los próximos 20 años.

Washington está considerando a Moscú como mediador en las negociaciones sobre la renovación del «acuerdo nuclear con Irán». El secretario de prensa de Putin, Dmitri Peskov, confirmó que durante las conversaciones en Riad se abordó el tema de Irán, especialmente en cuanto a forzarle a renunciar a su programa nuclear militar a cambio del levantamiento de las sanciones. 

Por otro lado, la «entente» Trump-Putin tiene otro escenario geopolítico de interés para EE. UU., Rusia y China: el Ártico. De manera confidencial, Washington y Moscú estarían discutiendo la extracción conjunta de recursos naturales en el Ártico, incluyendo el desarrollo de rutas comerciales. Una fuente de la Casa Blanca indicó que Washington ve la cooperación en el Ártico como una forma de debilitar los lazos entre Rusia y China, que desde hace tiempo vienen impulsando acuerdos de cooperación conjunta, incluso militar, en esa zona. 

Asimismo, Trump está cortejando a India y Japón como nuevos ejes geopolíticos de influencia para contrarrestar el poder chino. No obstante, India y Rusia tienen a China como un socio estratégico (más importante en el caso ruso, sin menoscabar las diferencias geopolíticas y limítrofes sino-indias) vía BRICS y otros foros multipolares orientados a disminuir la hegemonía occidental y “atlantista”.

Es perceptible el clima de escepticismo ante la posibilidad de que Washington pueda romper la relación entre Rusia y China, dado el avanzado nivel de asociación estratégica integral entre ambos países y su voluntad de construir un sistema multipolar contrario a los intereses hegemónicos de EE. UU. En este terreno de expectativas imprevisibles manifestadas por el «deshielo» con Putin, Trump juega sus cartas con la intención de propiciar un eventual clima de desconfianza mutua entre Moscú y Beijing, aunque con escaso nivel de asertividad.

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Euro digital: qué es, cómo funciona y cuándo estará disponible

El Banco Central Europeo acelera el lanzamiento del euro digital, un medio digital de efectivo disponible para todos los ciudadanos de la Eurozona. Sin embargo, su posible aplicación plantea interrogantes a algunos sectores de la población. En este artículo te explicamos todo sobre esta nueva medida, sus funcionalidades y sus críticas. Si te interesa aprender más, te recomendamos el Curso de Experto en la Unión Europea (UE) de LISA Institute.

El euro digital es una propuesta del Banco Central Europeo (BCE) para crear una moneda digital oficial que complemente al dinero en efectivo y a los métodos de pago electrónicos existentes. Según la definición técnica del BCE, «un euro digital sería un medio digital de efectivo minorista emitido por el Eurosistema (compuesto por el Banco Central Europeo y los bancos centrales nacionales de la zona del euro) disponible para todos los ciudadanos en la zona del euro». Este proyecto busca ofrecer a los ciudadanos una opción segura y accesible para realizar pagos electrónicos cotidianos. Incluiría compras en tiendas físicas y online y transferencias entre particulares. Con esto, aseguran que garantizará la soberanía monetaria europea y reducirá la dependencia de proveedores privados no europeos.

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Según el BCE, el euro digital no pretende sustituir al efectivo, sino complementarlo. Para ello, aseguran que se adaptarán a las nuevas tendencias de pagos digitales y responderán al aumento de la demanda de soluciones electrónicas seguras. «Actualmente, no existe ninguna opción de pago digital europea que abarque toda la zona del euro. 13 de los 20 países dependen de esquemas internacionales para los pagos con tarjetas. El euro digital sería un medio de pago electrónico europeo accesible y aceptado en todos los países de la zona del euro», asegura el organismo europeo.

Su implementación permitiría realizar pagos instantáneos sin costes adicionales dentro de toda la zona euro, incluso sin conexión a internet en ciertas situaciones. Con esto, el BCE asegura que habrá privacidad y facilidad de uso. Ahora mismo, el BCE se encuentra en una fase de preparación que concluirá en octubre de 2025, durante la cual se definirán las reglas operativas del euro digital y se seleccionarán proveedores para desarrollar su plataforma tecnológica. Posteriormente, está previsto que se presente el Reglamento de la UE destinado al euro digital y los países deberán adaptar sus legislaciones para introducir la norma en una fecha determinada.

¿Cuándo entra en vigor?

El euro digital aún no tiene una fecha oficial de entrada en vigor, ya que su emisión depende de la finalización de varias etapas. Actualmente, el proyecto se encuentra en la fase de preparación, que comenzó en noviembre de 2023 y está prevista para completarse en octubre de 2025. Durante esta etapa, el Banco Central Europeo (BCE) está definiendo aspectos técnicos. Entre ellos, el reglamento operativo del euro digital y la selección de proveedores para desarrollar su infraestructura. Sin embargo, la decisión final sobre su emisión solo se tomará una vez que el proceso legislativo europeo haya concluido y los colegisladores den su aprobación.

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Si bien el BCE ha señalado que el euro digital podría estar disponible para los ciudadanos a partir de 2027, esto dependerá de los avances legislativos y técnicos. Según Christine Lagarde, presidenta del BCE, es «crucial que las instituciones europeas aceleren los trabajos para garantizar que la moneda digital cumpla con los estándares de seguridad, privacidad y accesibilidad necesarios». De este modo, el euro digital se posicionaría como un complemento al efectivo y a las opciones privadas de pago digital, ofreciendo una solución moderna para las transacciones cotidianas en toda la zona euro.

Funcionalidades del euro digital

Incluirá una serie de funcionalidades diseñadas para facilitar los pagos cotidianos y promover la inclusión financiera en la zona del euro. Estas son algunas de las características principales que tendrá, según el Banco Central Europeo (BCE) y las autoridades europeas.

  • Pagos instantáneos y seguros. Permitirá realizar transacciones rápidas y fiables en tiendas físicas, en línea o entre particulares, sin importar el proveedor de servicios de pago ni el país dentro de la zona euro.
  • Uso sin conexión a Internet. Los usuarios podrán efectuar pagos offline mediante dispositivos como teléfonos móviles o tarjetas inteligentes, lo que garantiza su funcionalidad incluso en situaciones sin acceso a la red.
  • Pagos recurrentes automatizados. Será posible programar pagos periódicos, como el alquiler o servicios, de manera sencilla y eficiente.
  • Accesibilidad. Estará disponible para todos los ciudadanos y empresas de la zona euro, sin necesidad de tener una cuenta bancaria vinculada. Además, será gratuito para sus funciones básicas.
  • Privacidad. Aunque cumplirá con las normativas contra el lavado de dinero, el BCE asegura que no rastreará los hábitos de pago de los usuarios, garantizando un nivel superior de privacidad respecto a otros métodos digitales.
  • Interoperabilidad con efectivo y cuentas bancarias. Los usuarios podrán convertir euros digitales en efectivo o transferirlos a cuentas bancarias mediante cajeros automáticos o aplicaciones vinculadas.
  • Límite en el saldo almacenado. Se establecerá un tope en la cantidad de euros digitales que una persona o empresa podrá mantener en su monedero digital, para preservar la estabilidad financiera.

Críticas

Su posible implementación ha generado un gran debate y críticas de ciertos sectores de la sociedad europeas en diferentes países. A continuación, se detallan los principales argumentos de desconfianza y escepticismo que han surgido en torno a esta iniciativa.

  • Pérdida de privacidad financiera. Una de las preocupaciones más destacadas es la posibilidad de que el euro digital elimine el anonimato en las transacciones financieras, algo que sí permite el dinero en efectivo. Cada operación quedaría registrada, lo que podría facilitar la vigilancia gubernamental y el control sobre las finanzas personales. Aunque el BCE ha prometido proteger la privacidad, muchos expertos consideran que los mecanismos propuestos son insuficientes y temen que se utilice para monitorizar o restringir actividades económicas en el futuro.
  • Riesgo de control estatal. Algunos críticos advierten que el euro digital podría convertirse en una herramienta para aumentar el control estatal sobre las finanzas de los ciudadanos. Esto incluye la posibilidad de imponer restricciones sobre cómo y dónde se puede gastar el dinero, lo que limitaría la libertad económica. Este temor se agrava con la percepción de que podría ser usado para sancionar o bloquear transacciones en casos específicos, como actividades consideradas «indeseables» por los gobiernos.
  • Impacto en el sistema bancario. El euro digital podría desestabilizar el sistema bancario tradicional al reducir los depósitos en bancos privados. Esto afectaría su capacidad para otorgar créditos, especialmente a pequeñas y medianas empresas, lo que podría derivar en una crisis financiera. Para evitar esto, se han propuesto límites al uso del euro digital (como un máximo de 3.000 euros por usuario), pero estas restricciones podrían hacerlo menos atractivo para los ciudadanos.
  • Vulnerabilidad a corridas bancarias. En tiempos de crisis financiera, los ciudadanos podrían retirar masivamente sus depósitos bancarios para transferirlos al euro digital, considerado más seguro al estar respaldado por el BCE. Esto podría acelerar corridas bancarias y agravar las crisis económicas.
  • Exclusión digital y brecha generacional. Podría excluir a sectores vulnerables de la población, como personas mayores o aquellas con acceso limitado a tecnología digital. Según estudios, los mayores de 64 años muestran una fuerte resistencia a adoptarlo debido a su preferencia por métodos de pago tradicionales. Además, existe preocupación por la falta de infraestructura tecnológica adecuada en algunas regiones para garantizar una adopción plena.
  • Costes elevados e incertidumbre. Su implementación implica grandes costes. Además, persisten dudas sobre si el BCE tiene la capacidad técnica para gestionar un sistema tan complejo sin interrupciones ni fallos.
  • Desconfianza. En países como Alemania y España, una parte de la población desconfía del euro digital debido a temores sobre la pérdida de autonomía financiera y los posibles abusos por parte del BCE o los gobiernos nacionales. Además, su implementación sin un proceso de votación en referéndum en la UE también ha generado inquietud entre ciudadanos y expertos que consideran que no se han debatido ni resuelto adecuadamente todos los aspectos técnicos y legales a la sociedad.

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Malí, Burkina Faso y Níger abandonan la Organización Internacional de la Francofonía

Los tres países africanos abandonan la OIF tras su suspensión antaño debido a los golpes de Estado. En 2024 crearon la Alianza de Estados del Sahel y también abandonaron la CEDEAO.

Mali, Burkina Faso y Níger han anunciado su retirada de la Organización Internacional de la Francofonía (OIF). La decisión se comunicó oficialmente por los gobiernos de los tres países entre el 17 y el 18 de marzo, tras años de tensiones con Francia, sanciones y la suspensión de sus membresías en la OIF debido a los golpes militares recientes en esos países. «Mali no puede seguir siendo miembro de una organización cuyas acciones son incompatibles con los principios constitucionales basados en la soberanía del Estado», señaló el Ministerio de Relaciones Exteriores maliense en una carta dirigida a su homólogo francés.

Mapa de la Organización Internacional de la Francofonía. En azul, miembros y asociados; en verde, observadores; en rojo, miembros suspendidos.

La portavoz de la OIF, Oria Vande Weghe, expresó su preocupación por estas salidas durante una entrevista en TV5 Monde: «Esperamos que estas decisiones no sean permanentes. En la última cumbre, cinco nuevos miembros se unieron, lo que demuestra que algunos países ingresan mientras otros se van». Por su parte, los gobiernos militares de Burkina Faso y Níger también han criticado a la organización por lo que consideran una falta de respeto hacia sus procesos políticos internos y han optado por fortalecer alianzas con otros países como Rusia. «Los tres hemos participado activamente como miembros fundadores animados por los ideales de acercamiento a través de la cooperación multilateral basada en la promoción de la diversidad lingüística y cultural, y el diálogo entre civilizaciones».

Además de abandonar la OIF, los tres países decidieron retirarse de la Comunidad Económica de Estados del África Occidental (CEDEAO) para formar una nueva Alianza de Estados del Sahel (AES). Este movimiento busca redefinir sus relaciones internacionales y distanciarse de las instituciones vinculadas a sus antiguas potencias coloniales. El comunicado de la AES asegura que «los jefes de Estado, fieles a las aspiraciones profundas de sus pueblos y decididos a defender sus legítimos intereses, han decidido soberanamente la retirada». Además, un portavoz del gobierno de Níger expresó que «la soberanía nacional es la prioridad». Sin embargo, defienden que «durante 55 años de existencia, estos tres países que hoy conforman la AES han contribuido de manera significativa a la construcción y el fortalecimiento de esta organización».

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La Organización Internacional de la Francofonía se fundó en 1970 en Niamey, Níger, con el objetivo principal de promover el idioma francés y fomentar la cooperación política, educativa, económica y cultural entre sus miembros. Actualmente, cuenta con 49 miembros plenos, cuatro miembros asociados y diez miembros observadores. Su sede está en París.

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Google compra la empresa israelí de ciberseguridad Wiz

El gigante tecnológico integrará Wiz a Google Cloud tras pagar 32.000 millones de dólares, lo que supone su mayor adquisición de la historia de la compañía.

Google anunció el 18 de marzo de 2025 la compra de la empresa israelí de ciberseguridad Wiz por 32 mil millones de dólares, convirtiéndose en la mayor compra realizada por el gigante tecnológico hasta ahora. Según informó el director ejecutivo de Google, Sundar Pichai, esta operación «impulsará la mejora de la seguridad en la nube» y aseguró que los productos de Wiz seguirán disponibles en plataformas competidoras como Amazon Web Services, Microsoft Azure y Oracle Cloud.

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Una vez completada la adquisición, Wiz se integrará dentro de Google Cloud. Assaf Rappaport, cofundador y director ejecutivo de Wiz, destacó que ambas empresas están «plenamente comprometidas a seguir apoyando y protegiendo a sus clientes en las principales nubes, ayudándolos a mantenerse seguros dondequiera que operen». Además, subrayó que esta unión representa «un momento emocionante» que reforzará su misión de mejorar la seguridad y prevenir brechas de seguridad mediante «recursos adicionales y una profunda experiencia en inteligencia artificial».

Anteriormente, Google ya había intentado adquirir Wiz en el año 2024. Sin embargo, según Financial Times, aquella negociación fracasó por algunas preocupaciones sobre las posibles infracciones a las normas antimonopolio de Estados Unidos. Actualmente, el gigante tecnológico enfrenta dos demandas antimonopolio del Departamento de Justicia estadounidense relacionadas con sus negocios en los motores de búsqueda y la publicidad digital. Aunque perdió la primera demanda y está apelando dicha sentencia, aún está pendiente la resolución final sobre la segunda.

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Wiz es una empresa israelí-estadounidense especializada en seguridad informática en la nube, fundada en enero de 2020 por Assaf Rappaport, Yinon Costica, Roy Reznik y Ami Luttwak. Su plataforma analiza infraestructuras alojadas en proveedores como Amazon Web Services, Microsoft Azure, Google Cloud Platform y Oracle Cloud Infrastructure, detectando vulnerabilidades que podrían ser explotadas para acceder a recursos sensibles o extraer datos confidenciales. Wiz ha experimentado un rápido crecimiento desde su creación. Actualmente, cuenta con una gran plantilla distribuida principalmente entre Norteamérica, Europa e Israel.

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Ciberataques rusos contra España: una ofensiva silenciosa con fines estratégicos

España se ha convertido en un objetivo prioritario de ciberataques, con una creciente ofensiva contra infraestructuras críticas y organismos gubernamentales. En este artículo, la alumni del Máster Profesional de Analista de Inteligencia de LISA Institute, Almudena de la Encarnación, analiza como grupos vinculados a Rusia buscan desestabilizar y generar incertidumbre.

Desde que comenzó la invasión rusa a Ucrania en 2022, España ha sido un firme defensor del gobierno ucraniano, brindando apoyo diplomático, humanitario y militar. Esta postura ha puesto al país en la mira de actores hostiles, especialmente de Rusia. Moscú ha utilizado el ciberespacio como un campo de batalla adicional en su guerra híbrida.

En los últimos meses, los ciberataques contra infraestructuras críticas y entidades gubernamentales españolas se han intensificado. Esto revela una estrategia bien organizada para desestabilizar y desviar la atención de la nación ibérica.

Gráfico, Gráfico circular

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.

En el contexto actual de los conflictos bélicos, el ciberespacio se ha convertido en un campo de guerra fundamental. No es solo un terreno de enfrentamiento entre grandes potencias, sino también un medio para ejecutar acciones invisibles y difíciles de atribuir.

Los ciberataques de actores no estatales, como los grupos de hackers, son frecuentes. Sin embargo, los ataques provenientes de estados nación están adquiriendo una dimensión más compleja. No solo buscan desorganizar sociedades desde dentro, sino también enviar mensajes políticos, influir en decisiones gubernamentales y sembrar discordia en las relaciones internacionales.

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En el caso de España, su postura favorable a Ucrania, un aliado clave en la región, la ha convertido en un blanco prioritario de ciberataques. En particular, los ataques rusos forman parte de una estrategia más amplia de desestabilización política y militar a través de medios no convencionales.

Uno de los métodos más comunes que se han utilizado en los ataques rusos contra España es el ataque de denegación de servicio distribuido (DDoS). Aunque estos ataques no suelen comprometer la integridad de la información, generan un impacto significativo. Sobrecargan los servidores de las víctimas con una cantidad masiva de peticiones, provocando la caída temporal de los servicios afectados.

Recientemente, varios ministerios y organismos gubernamentales españoles han sido víctimas de estos ataques. Las entidades que han sufrido las consecuencias de estos ataques incluyen:

  • Ministerio de Cultura y Deporte (mcu.es)
  • Ministerio de Ciencia e Innovación (ciencia.gob.es)
  • Ministerio de Asuntos Exteriores (exteriores.gob.es)
  • Servicio de emergencias 112 (112.es)
  • Y otros más…

Si bien estos ataques no comprometen directamente la confidencialidad de los datos, interrumpen la disponibilidad de servicios críticos tanto para los ciudadanos como para la administración pública. Este tipo de ataque tiene un objetivo claro: perturbar las operaciones gubernamentales, crear confusión y debilitar la percepción de fiabilidad del gobierno ante la ciudadanía.

Herramientas y tácticas utilizadas en los ciberataques

Los ciberataques DDoS se han ejecutado utilizando una variedad de herramientas y tácticas. Los atacantes suelen recurrir a redes de bots (botnets), que son grupos de dispositivos infectados controlados remotamente. Estos dispositivos incluyen ordenadores personales, servidores y otros equipos conectados a la red. Sin el conocimiento de sus propietarios, se utilizan para realizar ataques masivos.

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Además, en ocasiones se emplean técnicas de amplificación de ataques, donde el volumen de tráfico se incrementa aprovechando vulnerabilidades en servidores de DNS o protocolos de amplificación. Esto permite a los atacantes generar un volumen de tráfico mucho mayor al de un ataque convencional.

Algunos de estos ataques han sido anunciados en foros de la darknet y en canales de Telegram, lo que sugiere una coordinación por parte de grupos organizados con objetivos específicos. Este patrón revela una planificación estructurada y una posible alineación con los intereses de estados nación, como Rusia, que buscan ejercer presión sobre sus objetivos.

El papel de los grupos de hackers en los ciberataques

Los atacantes detrás de estos incidentes han sido atribuidos a grupos como ‘Diplomat’ y ‘Z-PENTEST ALLIANCE’. Ambos son conocidos por sus operaciones de hostigamiento cibernético contra países de la OTAN, especialmente aquellos que han expresado un apoyo activo a Ucrania en el conflicto.

Estos grupos han mostrado capacidades avanzadas en términos de la ejecución de ciberataques, utilizando tanto técnicas de DDoS como otras formas de intrusión cibernética.
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El grupo ‘Diplomat’, en particular, ha sido vinculado con ciberataques a gobiernos y organizaciones internacionales que se oponen a las políticas de Rusia. Por su parte, ‘Z-PENTEST ALLIANCE‘ ha sido vinculado a operaciones de espionaje y desestabilización cibernética. Aunque no se ha confirmado su relación directa con el Kremlin, se cree que estos grupos operan con la protección implícita de Rusia o de actores afines.

Motivación política detrás de los ciberataques

El objetivo principal de estos ataques parece ser la desestabilización política, no solo a nivel nacional, sino también a nivel internacional. Los ciberataques de esta naturaleza forman parte de una guerra híbrida más amplia. En ella, acciones no convencionales como la desinformación, los ataques digitales y el espionaje se emplean para generar confusión, socavar la moral de la población y aumentar las tensiones internas y externas.

En este caso, los ataques DDoS tienen un objetivo claro: interrumpir la operatividad de las instituciones gubernamentales españolas y, a través de esa interrupción, mostrar la vulnerabilidad de un miembro de la OTAN que se ha mostrado fuertemente comprometido con el apoyo a Ucrania.

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Estos ataques no solo responden a las sanciones y presiones internacionales que enfrenta Rusia por su invasión, sino que también buscan imponer un costo a las naciones que respaldan a Ucrania.

La ciberseguridad, por lo tanto, se ha convertido en un componente clave dentro de la estrategia de guerra híbrida de Rusia. Al atacar infraestructuras críticas, Rusia no solo busca dañar a sus adversarios, sino también socavar la confianza en el gobierno y generar una sensación de inseguridad en la población.

Impacto en España y la respuesta del gobierno

A pesar de la naturaleza no destructiva de los ataques DDoS, el impacto de estos sobre la operatividad del gobierno y la confianza de los ciudadanos no debe subestimarse. La caída de los sitios web gubernamentales, aunque temporal, afecta la capacidad de los ciudadanos para acceder a servicios esenciales, como la asistencia en emergencias y la información vital proveniente de organismos oficiales.

En respuesta a estos ataques, España ha reforzado sus capacidades de defensa cibernética. El Centro Criptológico Nacional (CCN) y otros organismos de seguridad han incrementado la vigilancia y el monitoreo de la red para detectar y mitigar ataques en tiempo real. Asimismo, se ha solicitado la colaboración de otros aliados internacionales para fortalecer las defensas cibernéticas y compartir información sobre las amenazas emergentes.

Sin embargo, la respuesta efectiva a estos ataques requiere un enfoque integral que no solo incluya la defensa reactiva, sino también una estrategia proactiva que identifique y neutralice las amenazas antes de que se materialicen. Esto implica una mejora constante de las capacidades de inteligencia cibernética y una colaboración más estrecha entre los países miembros de la OTAN.

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El Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK): causas y consecuencias de su disolución

El Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) se enfrenta a su posible disolución tras 40 años de conflicto con Turquía y alrededor de 45.000 muertos entre combates y atentados. En este artículo, Francisco Javier Peña, alumno del Máster Profesional de Analista de Inteligencia de LISA Institute, explica el motivo detrás de esta decisión de abandonar las armas y por qué podría ser clave para futuras negociaciones de paz.

Desde su formación en 1978, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) ha experimentado cambios en sus objetivos y acciones. Esto lo ha convertido en uno de los principales desafíos para el gobierno turco, especialmente tras el aumento de las hostilidades en 1984, con combates en el este del país y ataques terroristas contra objetivos civiles y militares.

A pesar de haber alcanzado varios acuerdos con el gobierno turco y vivir etapas de relativa paz, el pueblo kurdo nunca ha logrado garantizarse seguridad plena ni un territorio definido. Sus aspiraciones abarcan diferentes regiones de Turquía, Siria, Iraq e Irán.

La captura del fundador y líder del PKK, Abdullah Öcalan, en 1991, a través de una operación conjunta entre la CIA y el MIT (el servicio de inteligencia turco), supuso un punto de inflexión. Este hecho cambió las relaciones entre el gobierno de Ankara y los dirigentes del PKK. Öcalan está sentenciado actualmente a cadena perpetua, aunque inicialmente se le condenó a muerte.

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Tras la llegada al poder de Recep Tayyip Erdoğan en agosto de 2014, las negociaciones entre ambas partes se tensaron. Esto provocó un aumento de las acciones militares tanto del ejército turco como de la rama armada del PKK. Las operaciones militares del ejército turco se han llevado a cabo tanto en territorio nacional como en suelo sirio e iraquí.

Motivos de la disolución del PKK

Tras 47 años de actividad, Öcalan compartió con una delegación del Partido Popular por la Igualdad y la Democracia (DEM), a la que dio audiencia en la cárcel, una carta titulada «Llamado a la paz y a una sociedad democrática». En ella, llamaba a la disolución completa del Partido de los Trabajadores del Kurdistán, así como a sus filiales en el extranjero.

La disolución del grupo terrorista proviene de la propuesta del aliado ultranacionalista del presidente Erdoğan, Devlet Bahçeli. Este sugirió darle la libertad condicional a Öcalan si conseguía el desmantelamiento del PKK. Bahçeli es un aliado clave en el mandato de Erdoğan.

Tras 25 años entre rejas y con un distanciamiento entre sus directrices y las acciones reales del PKK, Öcalan aboga por el abandono de las armas y la búsqueda de una solución diplomática.

Algunos de los argumentos que expone el dirigente en la carta para la disolución del Partido de los Trabajadores del Kurdistán son los siguientes:

  • El debilitamiento de la agrupación por dinámicas internas.
  • El aumento de la concienciación social sobre la identidad kurda en el país.
  • La necesidad de alcanzar una sociedad democrática.

Aliados y enemigos del PKK

A pesar de no tener un Estado propio, el PKK ha conseguido tener la suficiente notoriedad como para contar con aliados importantes a nivel internacional, especialmente en la región de Oriente Medio:

  • Las Unidades de Protección Popular (YPG): son una milicia kurda en territorio sirio, formada durante la Guerra Civil Siria (2011-actualidad). Su mayor aportación ha sido combatir al Estado Islámico (ISIS) con el apoyo de Estados Unidos. Además, han sido una amenaza para la dictadura de Bashar al Assad y el principal objetivo militar turco en territorio sirio.
  • Las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS): una coalición militar que combatió contra al Assad en la Guerra Civil Siria liderada por las YPG. Destacan por contar en sus filas con miembros de diferentes minorías étnicas y religiosas de la zona y por haber sido un aliado estratégico muy importante en la lucha contra el Daesh.

Por otro lado, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán tiene varios enemigos en la zona, ya que lo consideran una organización terrorista con presencia en varios países.

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  • Turquía: es el principal actor interesado en la disolución del PKK. Desde su origen, el PKK ha sido un elemento disruptivo en la política turca, llegando incluso a encontrar representación en el parlamento turco a través del Partido Democrático de los Pueblos (HDP), que evolucionó al Partido de la Igualdad y la Democracia de los Pueblos (DEM). 

Existe una opinión dividida entre la población turca hacia el pueblo kurdo. Los sectores más nacionalistas y conservadores, como el propio Erdoğan, consideran que debe eliminarse esta amenaza para la soberanía del Estado turco. El hecho de haber realizado ataques terroristas durante décadas es un factor de peso en la opinión pública turca. Sin embargo, en los sectores de izquierdas se busca dar visibilidad a las demandas de la minoría kurda en el país y conseguir una solución diplomática.

  • El Ejército Nacional Sirio (ENS): contrario a la familia Assad y apoyado militarmente por Turquía. Han combatido contra las YPG y las FDS, así como tratado de tomar el control de algunas zonas kurdas en Siria, como la ciudad de Manbij. Combatieron junto a HTS para derrocar a Basher al Assad.
  • Hayat Tahrir al-Sham (HTS): el grupo terrorista, liderado por Ahmed Hussein al Sharaa (también conocido como Abu Mohamed al Yolani), exmiembro de Al Qaeda, se hizo con el gobierno de Siria en diciembre de 2024 tras derrocar al dictador Bashar al Assad, quien se refugió en Rusia bajo la protección de Vladímir Putin. Recientemente, han realizado ataques contra minorías religiosas en el país, como los cristianos alauitas. El PKK podría ser uno de sus principales objetivos debido a su influencia en el norte del país.

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  • El Estado Islámico (ISIS, Daesh): es un enemigo transversal al resto de actores de la zona. El ISIS, de ideología yihadista salafista, busca establecer un califato regido por la sharía (la ley islámica) en Siria e Irak, derrocando a los gobiernos establecidos y eliminando a las minorías religiosas de la zona.
  • Estados Unidos: mantienen una relación complicada. Turquía es un miembro importante de la OTAN y ejerce presión contra las demandas kurdas. Por otro lado, el PKK y, sobre todo, las YPG, han demostrado ser aliados clave contra el Estado Islámico.

La posición de Turquía

La relación entre el gobierno de Turquía y el PKK ha vivido múltiples episodios de acercamientos y distanciamientos. Especialmente desde la llegada de Erdoğan a la presidencia turca, el PKK ha sido combatido en suelo turco, sirio e iraquí. Además, Turquía ha contado con el apoyo de Estados Unidos y de la Unión Europea, actores que también reconocen al PKK como organización terrorista.

La última ofensiva militar turca a gran escala comenzó en agosto de 2024, cuando Turquía realizó múltiples bombardeos sobre diferentes objetivos estratégicos. El gobierno turco ha contado con el apoyo del Ejército Nacional Sirio sobre el terreno, contrario a la recientemente derrotada dictadura de Bashar al Assad. Con el debilitamiento del país, han buscado incrementar su influencia en las zonas de control kurdo.

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Por otra parte, a pesar de ser miembro de la OTAN y de la Unión Europea, Turquía mantiene buenas relaciones con Rusia. Ambos países han realizado operaciones militares conjuntas en territorio sirio y cerrado múltiples acuerdos comerciales, especialmente en los sectores energético y armamentístico. Sin embargo, a finales del año 2024 la postura del Kremlin cambió y se opuso a permitir más ataques turcos contra las posiciones kurdas. Esto ocurrió por la posibilidad de aumentar la inestabilidad en una zona volátil. En ese momento, Gaza y Líbano estaban ocupados por Israel, y poco después, cayó el régimen de Bashar al Assad.

Posibles consecuencias de la disolución del PKK

La disolución del Partido de los Trabajadores del Kurdistán supondría el fin de más de 40 años de enfrentamiento directo entre el ejército de Turquía y la población kurda. Aunque la decisión de los dirigentes de la organización aún está por confirmarse, todo parece indicar que la disolución del PKK, así como la de sus filiales fuera de Turquía, será una realidad en el corto plazo.

Si la posición de Erdoğan es la correcta, el desmantelamiento del PKK podría ser el primer paso para el inicio de unas negociaciones de paz. Estas negociaciones buscarían satisfacer tanto las exigencias del gobierno turco como las necesidades de la población kurda. Sin embargo, es importante señalar que el pueblo kurdo cuenta con más de 35 millones de personas, distribuidas principalmente entre Turquía, Siria, Iraq e Irán. Esto complicaría alcanzar unos términos definitivos próximamente.

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Los enfrentamientos entre el PKK y el gobierno turco han dejado más de 45.000 muertos entre militares, combatientes y civiles. Tantos años de combate pueden motivar a una parte de los militantes kurdos a no deponer las armas de forma inmediata. Esto podría llevarlos a buscar una reorganización, aunque implique reformular sus aspiraciones.

El caso de las YPG es especialmente relevante, ya que han sido un punto de tensión entre Estados Unidos y Turquía durante años. Tras la llegada de al Sharaa al gobierno sirio, Erdoğan amenazó con retomar las acciones militares contra las posiciones de las YPG en el norte del país. Estas se verían debilitadas seriamente si se mantuvieran contrarias a la disolución del PKK.

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